I Vísperas – Domingo V de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO IV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Como una ofrenda de la tarde,
elevamos nuestra oración;
con el alzar de nuestras manos,
levantamos el corazón.

Al declinar la luz del día,
que recibimos como don,
con las alas de la plegaria,
levantamos el corazón.

Haz que la senda de la vida
la recorramos con amor
y, a cada paso del camino,
levantemos el corazón.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 140: ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Señor, te estoy llamando, ve de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
Un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

SALMO 141: TÚ ERES MI REFUGIO

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio

y mi lote en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

LECTURA: Rom 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que Él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A Él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cuántas son tus obras, Señor.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

R/ Y todas las hiciste con sabiduría.
V/ Tus obras, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios.

PRECES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor.

  • Padre todopoderoso, haz que florezca en la tierra la justicia
    — y que tu pueblo se alegre en la paz.
  • Que todos los pueblos entren a formar parte en tu reino,
    — y obtengan así la salvación.
  • Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
    — y sean siempre fieles a su mutuo amor.
  • Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
    — y concédeles la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
    — y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 9 de febrero

Lectio: Sábado, 9 Febrero, 2019
1) Oración
Señor: concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda, también, a todos los hombres. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Marcos 6,30-34

Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
3) Reflexión
• ¡El evangelio de hoy está en vivo contraste con el de ayer! De un lado, el banquete de la muerte, promovido por Herodes con los grandes del reino en el palacio de la Capital, durante el cual Juan Bautista fue asesinado, (Mc 6,17-29). Por el otro lado, el banquete de vida, promovido por Jesús con el pueblo hambriento de Galilea allí en el desierto (Mc 6,30-44). El evangelio de hoy nos trae la introducción a la multiplicación de los panes y describe la enseñanza de Jesús.

• Marcos 6,30-32. La acogida dada a los discípulos. “Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco» Estos versículos nos muestran como Jesús formaba a sus discípulos. No se preocupaba sólo del contenido de la predicación, sino que también del descanso. Los llevó a un lugar tranquilo para poder descansar y hacer una revisión.
• Marcos 6,33-34. La acogida a la gente. La gente percibió que Jesús había ido por el otro lado del lago, y se fue detrás procurando alcanzarle, andando por tierra, hasta el otro lado. “Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”. Al ver aquella multitud, Jesús sintió dolor, “pues estaban como ovejas sin pastor”. El olvida el descanso y se pone a enseñar. Al percibir a la gente como oveja sin pastor, Jesús empieza a ser pastor. Empieza a enseñar. Como dice el Salmo “¡El Señor es mi pastor! ¡Nada me falta¡ Fortalece mi alma; me guía por el recto sendero por amor de su Nombre. Aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo; tu bastón y tu vara me confortan. Tu preparas ante mi una mesa, frente a mis adversarios” (Sal 23,1.3-5). Jesús quería descansar junto con los discípulos, pero la necesidad de la gente lo lleva a dejar de lado el descanso. Algo semejante aconteció cuando se encontró con la samaritana. Los discípulos fueron a buscar comida. Al volver, dijeron a Jesús: “Maestro, ¡come algo!” (Jn 4,31), pero él respondió: “Tengo un alimento que ustedes no conocen” (Jn 4,32). El deseo de atender la necesidad de la gente samaritana le lleva a no pensar en el hambre. “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” (Jn 4,34). En primer lugar atiende a la gente que lo busca. La comida viene después.
• Y se puso a enseñarles muchas cosas. El evangelio de Marcos dice muchas veces que Jesús enseñaba. La gente quedaba impresionada: “¡Una nueva enseñanza! ¡Dada con autoridad! ¡Diversa de los escribas!” (Mc 1,22.27). Enseñar era lo que Jesús más hacía (Mc 2,13; 4,1-2; 6,34). Era su costumbre (Mc 10,1). Más de quince veces Marcos dice que Jesús enseñaba, pero raramente dice lo que enseñaba. ¿Es que a Marcos no le interesa el contenido? ¡Depende de a qué se le llama contenido! Enseñar no es sólo una cuestión de enseñar nuevas verdades a la gente. El contenido que Jesús tenía para dar no se manifestaba sólo en las palabras, sino también en los gestos y en su manera de relacionarse con la gente. El contenido no está nunca desligado de la persona que lo comunica. Jesús era una persona acogedora (Mc 6,34). Quería mucho a la gente. La bondad y el amor que se desprendían de sus palabras formaban parte del contenido. Contenido bueno sin bondad es como leche derramada. Esta nueva manera de enseñar de Jesús se manifestaba de muchas maneras. Jesús acepta a sus discípulos no solamente a hombres, sino también a mujeres. Enseña no sólo en la sinagoga, sino en cualquier lugar donde hubiera gente dispuesta a escucharle: en la sinagoga, en casa, en la playa, en el monte, en la llanura, por el camino, en el barco, en el desierto. No crea una relación de alumno-profesor, sino de discípulo a maestro. El profesor da clases y el alumno está con él durante ese tiempo. El maestro da testimonio y el discípulo vive con él muchas horas al día. ¡Es más difícil ser maestro que profesor! Nosotros no somos alumnos de Jesús, ¡somos discípulos y discípulas! La enseñanza de Jesús era una comunicación que desbordaba de la abundancia de su corazón en las formas más variadas: como conversación que trata de esclarecer los hechos (Mc 9,9-13), como comparación que hace que la gente piense y participe (Mc 4,33), como explicación de lo que el mismo hacía (Mc 7,17-23), como discusión que no huye de lo que es polémico (Mc 2,6-12), como crítica que denuncia lo que es falso y equivocado (Mc 12,38-40). Era siempre un testimonio de lo que él mismo vivía, ¡una expresión de su amor! (Mt 11,28-30).
4) Para la reflexión personal
• ¿Qué haces tu cuando debes enseñar a los otros algo de la fe y de la religión? ¿Imita a Jesús?

• Jesús se preocupa no sólo del contenido, sino también del descanso. ¿Cómo fue la enseñanza de religión que recibiste en tu infancia? Los/las catequistas ¿imitaban a Jesús?
5) Oración final
¿Cómo purificará el joven su conducta?

Observando la palabra del Señor.
Te busco de todo corazón,
no me desvíes de tus mandatos. (Sal 119,9-10)

Domingo V de Tiempo Ordinario

Palabra

¿Cuándo se descubre quién es Jesús? Hay muchos que le conocen de oídas. Otros le entregan su tiempo y energías, pero no su corazón. Algunos se han encontrado con El, el Señor, y sienten, estremecidos, quién es (tan humanamente próximo y tan sobrecogedor, a un tiempo) y por qué tiene tales pretensiones con aquellos a los que llama (la fe incondicional y la misión de ser pescadores de hombres, nada menos).

La diferencia de contexto es total en la vocación de Isaías 6 (el templo, el fuego, la visión teofánica) y en la de Pedro (la tarea de la pesca, el abandono confiado en la palabra de Jesús y la sorpresa de una eficacia desproporcionada). La realidad es más densa y significativa en el caso de Pedro, aunque no lo parezca.

Vida

Con Jesús, el lugar de la misión no es el templo, sino el mundo. La teofanía más plena se da en la fe, y no necesita experiencias extraordinarias. El objeto de la misión abarca a la humanidad entera; no se limita a Israel.

Pero parece que, para constatar la eficacia de la misión, necesitamos signos especiales, como la pesca desproporcionada. Pedro, sin embargo, ha comprendido que el signo de la pesca muestra el signo portentoso de Dios, a Jesús, el Mesías, en quien se manifiesta la santidad de Dios en persona.

El creyente realiza su tarea del Reino lo más honradamente posible. Sabe que la eficacia depende de la fe, pues sólo ésta deja a Dios el éxito de nuestros esfuerzos. Cuando podemos recoger los frutos, nos alegramos; pero la verdad es que nos sorprende. Y a veces tanto, que se nos abren los ojos hasta quedarnos anonadados delante de Dios. ¿Quién es Dios para servirse de nuestra miseria?

¿Quién soy yo para que alguien crea en Dios a través de mí?

¿Por qué se ha fijado el Señor en mí para traer su Reino a la tierra?

La eficacia de Dios tiene poco que ver con nuestros esquemas y previsiones. Sólo con los años, cuando se es fiel a la tarea y se confía, a pesar de todo, se comprueban las maravillas de la acción de Dios.

Javier Garrido

Comentario del 9 de febrero

Tras el «ensayo misionero» los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús. Era el momento de compartir experiencias, poniendo en común todo lo que habían hecho y enseñado. Esta comunicación podía ser muy útil, además de reconfortante, para todos. Jesús sabe valorar este momento de puesta en común y les invita a retirarse a un sitio tranquilo para descansar un poco. El objetivo ahora era descansar, algo que no les permitía la gente que les rodeaba, pues eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Con este fin, tomaron una barca y se alejaron del bullicio a la búsqueda del ansiado sitio de retiro. Pero he aquí –nos dice el evangelista- que muchos, al verles marcharse, se les adelantaron por tierra, y cuando Jesús y los apóstoles desembarcaron se encontraron de nuevo con una multitud mayor de la que habían dejado en la otra orilla, y sus planes iniciales se vinieron abajo. A Jesús le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

El incidente narrado resulta aleccionador. La pretensión de Jesús es descansar algún tiempo en compañía de sus discípulos que acababan de regresar de su intenso viaje misionero con el imperioso deseo de compartir experiencias. Pero sus planes se ven trastocados por la providencia divina. La multitud que pretendían dejar atrás se la vuelven a encontrar de nuevo inesperadamente. Dios se la ha puesto delante. Y la reacción de Jesús ante esta contrariedad no es despedirles con malos modos, ni siquiera tirando de cortesía, sino prestarles atención una vez más empujado por la caridad. Ve su necesidad real, les ve como ovejas sin pastor, siente lástima de ellos y se pone a enseñarles como si dispusiera de todo el tiempo del mundo, como si ya no hubiese necesidad de descansar. Y es que ante las exigencias de la caridad nada puede anteponerse. La caridad auténtica reclama la atención inmediata. Lo demás puede esperar: el descanso, la oración, la comunicación amistosa, la comida.

Pero resulta curioso. Aquí Jesús no parece salir al paso de una urgencia o de una situación que requiriese de una respuesta inmediata o de un socorro inaplazable. Se habla de un estado general de desorientación en la gente allí congregada, como ovejas sin pastor. Y lo que reclama la situación es una palabra orientadora, una enseñanza. Pero ¿no podía esperar este alimento hasta nueva ocasión, hasta pasados unos días? Además, también sus discípulos reclamaban su atención en esos momentos, también ellos necesitaban de esa tranquilidad que les ayudase a recomponer ideas o a recuperar fuerzas desgastadas. No obstante, Jesús da prioridad al hambre de esa multitud congregada para escuchar su palabra. Se ve impelido a saciar esa hambre que no puede esperar. El deseo de sus discípulos y el suyo propio, deseo de descansar, sí puede esperar.

La prioridad de Jesús viene marcada por el amor compasivo: se ocupa de aquellos por quienes siente lástima en ese momento. Podían darle pena también sus discípulos, cuyos propósitos quedaban momentáneamente frustrados; pero el reclamo de los necesitados estaba por delante. Insisto, son las exigencias de la caridad que tiene un fuerte componente de compasión y que se ve impelida de modo inexcusable e inaplazable por la necesidad que reclama socorro inmediato. ¿Es ésta nuestra prioridad? ¿No es verdad que muchas veces aplazamos el socorro para otro momento más oportuno o favorable? ¿Y en qué situación dejamos al pobre que nos tiende la mano? Creemos que siempre habrá una segunda o una tercera vez, pero puede que no la haya. La misericordia, para que sea eficaz, tiene que ser diligente; aunque también es verdad que no todo el mundo se deja ayudar, al menos en el modo en que nosotros pretendemos prestarles ayuda. Aun teniendo en cuenta la complejidad de las situaciones de necesidad que reclaman una respuesta por nuestra parte, la conducta de Jesús es para nosotros normativa. Por eso no podemos dejar de mirarnos en él como en un espejo; por eso hemos de tener muy en cuenta sus acciones y reacciones, y sus prioridades.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 3. Las finalidades de las Facultades eclesiásticas son:

§ 1. cultivar y promover, mediante la investigación científica, las propias disciplinas, es decir, aquellas que directa o indirectamente están relacionadas con la Revelación cristiana o que sirven de un modo directo a la misión de la Iglesia y, por ende, y, ante todo, ahondar cada vez más en el conocimiento de la Revelación cristiana y de lo relacionado con ella, estudiar a fondo sistemáticamente las verdades que en ella se contienen, reflexionar a la luz de la Revelación sobre las cuestiones que plantea cada época, y presentarlas a los hombres contemporáneos de manera adecuada a las diversas culturas;

§ 2. dar una formación superior a los alumnos en las propias disciplinas según la doctrina católica, prepararlos convenientemente para el ejercicio de los diversos cargos y promover la formación continua o permanente de los ministros de la Iglesia;

§ 3. prestar su valiosa colaboración, según la propia índole y en estrecha comunión con la jerarquía, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal en toda la labor de evangelización.

Domingo V de Tiempo Ordinario

La primera lectura, (Lc. 5, 1-11) recoge el momento en el que los Apóstoles consienten en seguir a Jesús, tras su propuesta de convertirlos en pescadores de hombres.

La expresión “dejándolo todo le siguieron” tiene mucha más “miga” que lo que parece a primera vista. Jesús les convoca a que le sigan.

“A que le sigan para hacer ¿qué? Para iniciar un movimiento de transformación del mundo que había de extenderse a todos los individuos y pueblos de la tierra y, esto, hasta la consumación de los tiempos.

Jesús no vino a organizar una especie de academia en la que se expusieran importantes lecciones de contenido religioso, a la manera como actuaron los grandes pensadores griegos en el campo de la Filosofía. NO. Vino a comprometer a los hombres para una empresa en la que se debería ACTUAR desde dentro del mundo, a la manera de la sal sobre la comida o de la levadura en la masa, impregnándolo de sentido transcendente.

Tampoco concibió a la Iglesia que el iniciaba, como un lugar de piedad individual, una especie de cofradía de la oración en el que la gente se reuniera exclusivamente para establecer un contacto espiritual con Dios.

La piedad individual, como la colectiva, es imprescindible como elemento sustentador del espíritu, pero, no como meta final de la convocatoria de Jesús. La oración es el alimento que mantiene en forma a los encargados de transformar el mundo. Es como la gasolina en los coches. Sin ella no funcionan, pero su misión no es llenar el motor para que este “lleno” sino para que el vehículo sea capaz de realizar la misión que se le encomiende.

Jesús convoca, a los que quieran seguirle, para instaurar en el mundo una serie de valores que marquen nuevas pautas de comportamiento en la vida matrimonial, política, empresarial, educativa, etc. y hasta religiosa. Todo, hasta la antigua religión judía, no digamos las paganas, adquiere nuevas dimensiones desde la perspectiva de las enseñanzas de Jesús.

Es un movimiento que no solo quiere sentar las bases de un nuevo orden político-social sino ofrecer una nueva visión de toda la realidad existente. Es “contar” con la visión que Dios tiene de las cosas que constituyen nuestro diario quehacer, sea el que sea.

Y hacer esto sintiéndonos miembros vivos de una tradición iniciada por el mismo Jesús y sus Apóstoles. No somos productos flotantes “imaginadores de utopías”, sino eslabones de una cadena de transmisión que se inició hace 2000 años.

Tampoco somos meros sucesores, sino herederos de un patrimonio religioso que hemos de recibir, guardar, adecuar a los tiempos y transmitir a la siguiente generación. Formamos parte de una tradición en el sentido más profundo de la palabra: Traemos hasta nosotros lo que nuestros antepasados vivieron y creyeron, lo hacemos nuestro y lo ofrecemos a nuestros sucesores en las categorías propias de la civilización del siglo XXI.

Desde los tiempos en los que predico Jesús se viene trasmitiendo lo mismo en lo esencial, porque eso es intocable, pero con distinto ropaje.

Jesús no nos ha entregado la revelación para que nos entretengamos con ella a la manera de quien nos ofrece una novela para pasar una tarde de invierno. NO. No ha sido esa su intención. Su voluntad clara y expresa era convocarnos para su misma misión que Él explicito como voluntad de que el mundo arda, que se queme todo cuanto tiene de malo, de falso y aparezca uno nuevo donde se entienda la familia como una unidad de amor entrañable, las empresas como centros de producción en armonía, la política como forma de encauzar los afanes individuales hacia la consecución del bien común, el mundo como la unión fraternal de toda la humanidad concebida como la gran familia de los hijos de Dios.

Por desgracia estamos todavía muy lejos de esto pero eso no nos debe desanimar porque, a pesar de todo, la humanidad va progresando.

Si comparamos nuestros tiempos con épocas pasadas en las que las guerras de dominación estaban a la orden del día con sus salvajes venganzas, pillajes, violaciones, sometimiento de gente sencilla a ser vendida como esclavos, arrancando a las madres sus hijos e hijas para venderlas como mera mercancía, es indudable que se han dando pasos en la buena dirección. En la época de los romanos, con ser los fundadores del derecho y de Grecia, padres de la Ética, ni se les pasó por la imaginación la defensa de los derechos humanos que, al menos teóricamente, hoy nadie se atreve a discutir.

Tampoco debe desanimarnos la grandeza de la misión porque como decía San Pablo en la segunda lectura (1ª Cor. 15, 1-11) no estamos solos en ese empeño: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí; pues he trabajado más que los demás”

Tampoco debe agobiarnos nuestras propias deficiencias, nuestros defectos. El profeta Isaías, primera lectura, nos anima a ello: Tu maldad queda borrada, tu pecado está perdonado”. (Isa. 6, 1-2, 3-8)

Nada de miedos ni de escrúpulos. El señor también sabía cómo eran y cómo iban a resultar sus Apóstoles y sin embargo les dijo que le siguieran para iniciar la gran obra de la evangelización del mundo.

Es lo mismo que ahora nos dice a nosotros. ¿Responderemos como los Apóstoles o dejaremos que otros hagan lo que deberíamos haber hecho nosotros, o aún peor, que quede sin hacer? Es nuestra responsabilidad. No defraudemos a Dios. AMÉN

Pedro Sáez

El conocimiento de Dios

1. «Reconocer» significa volver a conocer o profundizar en el conocimiento. Ahora bien, hay un conocimiento superficial que no entraña compromiso, y hay un conocimiento bíblico o cristiano que entraña experiencia, conversión, compromiso. Sólo cabe anunciar el mensaje cristiano cuando se ha experimentado la fe en la propia vida, junto a los compañeros de brega.

2. En realidad, antes de conocer nosotros a Dios, Dios nos conoce a nosotros y nos invita a conocerle. El conocimiento de Dios pasa a través de Jesús de Nazaret. También Jesús (como Dios) lleva la iniciativa: llama, habla y enseña desde su pleno conocimiento del Padre. A Dios le conocemos a través de sus signos, que son siempre de magnanimidad («gran redada de peces») y de generosidad compartida («las dos barcas»).

3. Conocer a Dios requiere obediencia (remar), confianza (echar las redes) y vida en comunidad (contar con los compañeros). Pero el objetivo último es seguir a Jesús dejándolo todo: de este modo se participa en el ministerio cristiano. Naturalmente, debemos conocernos a nosotros mismos: nuestra limitación («no hemos cogido nada»), nuestra condición («soy un pecador») y la gratuidad con que se nos regala todo («asombro»).

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Oímos la llamada de Dios a trabajar con los demás?

¿Nos reconocemos pecadores ante la grandeza de Dios?

Casiano Floristán

La gracia del llamado

En la Biblia encontramos numerosos relatos de vocación profética. Este domingo nos trae tres de esos casos.

La imagen de la pesca

Muchas cosas ocurren en los evangelios al borde del lago de Genesaret, el mar de Galilea. Es un lugar en el que se concentra mucha gente (cf. Lc 5, 1). Jesús pide la colaboración de unos pescadores y desde sus barcas cumple su tarea de anunciar el evangelio a los pobres (cf. v. 3).

Un solo nombre es mencionado, el de Simón, que será el primer llamado (cf. v. 10). A la enseñanza a la muchedumbre, sigue un diálogo más cercano con los pescadores que le habían permitido predicar. Conversación que gira alrededor del trabajo de esas personas (cf. v. 4-5). Así entenderán mejor lo que Jesús va a decirles. La fracasada experiencia de pesca en la noche pasada los dispone al escepticismo, como nos ocurre a menudo cuando no obtenemos lo que nos habíamos propuesto, piensan que no hay nada que hacer; pero Simón confía: «Por tu palabra echaré las redes» (v. 5). El resultado les asombra y además les obliga a trabajar en equipo, se hacen más compañeros (cf. v. 6-7).

Anuncio del Reino por Jesús (cf. v. 1-3) y pesca, trabajo cotidiano de esas personas (cf. v. 4-7) son así ligados. El gesto del Señor ilumina a Simón que con humildad se declara pecador (cf. v. 8-9). Sucede lo mismo con Santiago y Juan (cf. v. 10). Ese trío de antiguos pescadores constituye el núcleo de los discípulos. Son convocados a colaborar con Jesús en el anuncio del Reino, es algo totalmente nuevo y radical para ellos («dejándolo todo, le siguieron», v. 11), Jesús se hace comprender empleando el lenguaje que pueden entender: «Serás pescador de hombres, dijo a Simón» (v. 11). Es un diálogo sencillo y pedagógico que nos da una pauta: el evangelio debe proclamarse desde la vida diaria de las personas. Al margen de esa experiencia el anuncio no muerde sobre la realidad.

Un encargo

La tarea evangelizadora es un encargo. Su punto de partida está en una llamada de Dios. Transmitimos lo que por gracia hemos recibido (cf. 1 Cor 15, 3). En el punto de partida de la misión de Pablo está su experiencia directa del Señor resucitado (cf. v. 8). Nos toca hacer que el don de Dios dé fruto en nosotros, también ese esfuerzo está presidido por la gracia (cf. v. 10). Ese primado de la gracia es el contenido mayor del evangelio que es necesario predicar, creemos en el amor gratuito de Dios (cf. v. 11). La vocación profética de Isaías arranca también de su contemplación de Dios (cf. 6, 5); ante la llamada, como Pedro, se reconoce poca cosa. El Señor le da valor y finalmente Isaías se rinde: «Aquí estoy, mándame» (v. 8).

Lo que sigue para el profeta después de expresar su disponibilidad, no será fácil. Pero podrá enfrentar esas dificultades con serenidad porque sabe que en el servicio a sus hermanos la gracia del Señor lo acompaña.

Gustavo Gutiérrez

¿Más humanos sin Dios?

Por tu palabra, echaré las redes.

Hoy todos nos sentimos humanistas. Todos estamos de acuerdo en que, de una manera o de otra, debemos buscar la liberación plena de la humanidad.

El verdadero problema surge cuando nos preguntamos cómo se puede hacer al hombre más humano.

A partir, sobre todo, de L. Feuerbach y C. Marx, la crítica atea a la religión ha insistido en que es necesario suprimir a Dios para lograr el nacimiento del verdadero hombre. Sólo cuando «el ser humano sea el ser supremo para el hombre», la humanidad se pondrá en camino hacia su verdadera liberación.

Que el ser humano sea el dios y creador de sí mismo puede resultar ciertamente seductor al hombre contemporáneo. Pero, ello no quiere decir que lo haga más humano.

Quizás, la cuestión más decisiva para el futuro de la fe entre nosotros sea la de saber si el ser humano puede ser más humano sin Dios. ¿Cuándo es el hombre más grande y más humano, cuando sabe vivir desde la fe en el Dios liberador de Jesús, o cuando se le diviniza y se le deja solo, como dueño y señor de su existencia?

El mensaje de Jesús es un verdadero reto. Según el evangelio, ninguna persona puede darse a sí misma la salvación plena que anda buscando desde lo más hondo de su ser.

Sólo cuando aceptamos a Dios como único Señor y lo sabemos acoger como origen y centro de referencia de todo su ser y su quehacer, podemos alcanzar nuestra verdadera medida y dignidad. Desde Dios podemos descubrir los verdaderos límites de nuestro ser y la grandeza de nuestro destino.

¿Es posible alcanzar la salvación total desde nuestro esfuerzo autónomo y solitario? ¿Es posible existir alguna vez como un ser autónomo, dueño de su existencia?

Lo importante es verificar cuál es el «dios» al que nos sometemos y de quien hacemos depender nuestra vida. Descubrir cuál es el «dios» público o privado al que adoramos.

En realidad, para cada uno de nosotros, «nuestro dios particular» es aquél al que rendimos totalmente nuestro ser. Todos conocemos el nombre de muchos de estos dioses: dinero, salud, éxito, sexo, poder, trabajo, rendimiento, prestigio, eficacia…

El relato evangélico nos invita a reflexionar «en nombre de quién estamos echando las redes». Pues es fácil pasarse toda la vida luchando sin lograr llenar de contenido verdaderamente humano nuestra existencia diaria.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 9 de febrero

Después de enviar a sus discípulos a la misión, el Evangelio nos presenta los resultados de este envío: «le contaron todo lo que habían hecho y enseñado» (Mc 6,30). Jesús tiene una propuesta a sus discípulos: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». La situación en la que ellos se encontraban es dramática, pues no encontraban tiempo ni para comer. Sabemos del valor que tiene la comida, no apenas para reponer las fuerzas, sino también para afianzar los lazos de comunión, algo que se está perdiendo en nuestra sociedad con las fast food y el ritmo enardecido de la vida urbana.

Si por un instante miramos nuestro ritmo semanal, puede ser que nos descubramos cansados: nos explotamos a nosotros mismos al exigir un rendimiento personal y laboral interminable. Incluso nuestros descansos están en función del trabajo. Descansar supone reconectar con nuestro interior, dedicar tiempo a Dios. Es verdad que muchas personas están en búsqueda de la meditación, lo que es algo muy bueno. Pero la meditación cristiana nos ofrece la oportunidad única de estar con Aquel que es nuestra fuente. Solo Él puede reponer nuestras fuerzas con su pan, con su propia vida.

La propuesta de Jesús es sencilla: romper con el activismo. Ni siquiera la actividad misionera debe ser continua. Todos tenemos necesidad del descanso, desconectarnos de los aparatos electrónicos para ir a la fuente de nuestra existencia. Sin vida interior, sin espiritualidad no es posible sacar buenos frutos en la misión. Cuando cultivamos la vida interior, con la oración, la lectura de la Palabra, la adoración, estaremos en condiciones de “sentir compasión” de los dolores de aquellos que vienen al nuestro encuentro.

Os invito a rezar accediendo en el enlace abajo con la canción Venid Conmigo de Ain Karem, que es una invitación a descansar en Cristo nuestras preocupaciones, nuestras actividades, nuestra vida, y a reponer nuestras fuerzas.

Eguione Nogueira, cmf