Vísperas – Martes V de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES V TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant.  El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nostoros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

  • Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
    — que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.
  • Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
    — devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.
  • Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
    — y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.
  • Que los niños imiten tu ejemplo
    — y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Acoge a los difuntos en tu reino,
    — donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 12 de febrero

Lectio: Martes, 12 Febrero, 2019
1) Oración
Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Marcos 7,1-13

Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-. Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?» Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinden culto,
ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.
«Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.» Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: `Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán -es decir: ofrenda-‘, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»
3) Reflexión
• El Evangelio de hoy habla de las costumbres religiosas de aquel tiempo y de los fariseos que enseñaban estas costumbres a la gente. Por ejemplo, comer sin lavarse las manos o, como ellos decían, comer con manos impuras. Muchas de estas costumbres estaban desligadas de la vida y habían perdido su sentido. Sin embargo se conservaban o por miedo o por superstición. El Evangelio nos trae algunas instrucciones de Jesús respeto de esas costumbres.

• Marcos 7,1-2: Control de los fariseos y libertad de los discípulos. Los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén, observaban como los discípulos de Jesús comían con manos impuras. Aquí hay tres puntos que merecen ser señalados: a) Los escribas eran de Jerusalén, ¡de la capital! Significa que habían venido para observar y controlar los pasos de Jesús. b) Los discípulos ¡no se lavaban las manos para comer! Significa que la convivencia con Jesús los llevó a tener valor para transgredir las normas que la tradición imponía a la gente, pero que habían perdido su sentido para la vida. c) La costumbre de lavarse las manos, que hasta hoy, sigue siendo una norma importante de higiene, tenía para ellos un significado religioso que servía para controlar y discriminar a las personas.
• Marcos 7,3-4: La Tradición de los Antiguos. “La Tradición de los Antiguos” transmitía las normas que debían de ser observadas por la gente para conseguir la pureza exigida por la ley. La observancia de la pureza era un asunto muy serio para la gente de aquel tiempo. Ellos pensaban que una persona impura no podía recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán. Las normas de pureza eran enseñadas para abrir el camino hasta Dios, fuente de paz. En realidad, sin embargo, en vez de ser una fuente de paz, las normas eran una prisión, un cautiverio. Para los pobres, era prácticamente imposible observar las muchas normas, las costumbres y las leyes. Por esto, ellos eran despreciados como gente ignorante y maldita que no conocía la ley (Jn 7,49).
• Marcos 7,5: Escribas y fariseos critican el comportamiento de los discípulos de Jesús. Los escribas y fariseos preguntaban a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?” Ellos fingen que están interesados en conocer el porqué del comportamiento de los discípulos. En realidad, critican a Jesús porque permite que los discípulos no cumplan con las normas de pureza. Los fariseos formaban una especie de hermandad, cuya principal preocupación era la de observar todas las leyes de la pureza. Los escribas eran los responsables de la doctrina. Enseñaban las leyes relativas a observancia de la pureza.
• Marcos 7,6-13 Jesús critica la incoherencia de los fariseos. Jesús responde citando a Isaías: Este pueblo me honra sólo con los labios, pero su corazón sigue lejos de mí (cf. Is 29,13). Insistiendo en las normas de pureza, los fariseos vacían de contenido los mandamientos de la ley de Dios. Jesús cita un ejemplo concreto. Ellos decían: la persona que ofrece al templo sus bienes, no puede usarlos para ayudar a los padres necesitados. Así, en nombre de la tradición vaciaban de contenido el cuarto mandamiento que manda amar al padre y a la madre. Estas personas parecían muy observantes, pero lo eran sólo hacia fuera. Por dentro, ¡su corazón quedaba lejos de Dios! Como dice el canto: “¡Su nombre es el Señor y pasa hambre, y clama por la boca del hambriento, y muchos que lo ven pasan de largo, a veces por llegar temprano al Templo!”. En el tiempo de Jesús, la gente, en su sabiduría, no concordaba con todo lo que se le enseñaba. Esperaba que un día el mesías viniese a indicar otro camino para alcanzar la pureza. En Jesús se realiza esta esperanza.
4) Para la reflexión personal
• ¿Conoces alguna costumbre religiosa de hoy que ya no tiene mucho sentido, pero que sigue siendo enseñado?

• Los fariseos eran judíos practicantes, pero su fe activa era desligada de la vida de la gente. Por eso, Jesús los criticó. Y hoy, ¿Jesús nos criticaría? ¿En qué?
5) Oración final
¡Yahvé, Señor nuestro,

qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Al ver tu cielo, hechura de tus dedos,
la luna y las estrellas que pusiste,
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el hijo de Adán para que de él te cuides? (Sal 8,2.4-5)

Meditación litúrgica

Los humanos vamos todos en pos de la felicidad. Y, por lo mismo, podemos ir de decepción en decepción. La Palabra de Dios nos invita a la verdadera dicha. Es patrimonio de quien confía en el Señor. Se experimenta en la pobreza, es decir, en la apertura total del corazón a Dios. Hay que fundar la vida en lo absoluto, en el Señor. En caso contrario, la misma decepción hace desdichado. Los textos bíblicos del presente domingo advierten sobre el camino de la felicidad. Luego no valdrán ya los lamentos existenciales.

La primera carta a los Corintios expresa hoy el sentido de la fe. Está fundado en la resurrección de Cristo. Sin este hecho, no habría remisión de los pecados.

Lo absoluto y lo relativo. La aridez y el fruto

Jeremías trae a colación unas máximas de sabiduría. Las agrupa, contraponiéndolas, entre maldiciones y bendiciones. Lucas, de semejante guisa, presentará las bienaventuranzas: cuatro dichas y cuatro ayes; una manera muy original con relación a las ocho bienaventuranzas de san Mateo.

Entra en juego aquí el tema de lo absoluto y lo relativo. O, mejor, del Absoluto y de las criaturas, todas ellas sometidas a la relatividad y, por tanto, a la imperfección y a la limitación. Éstas, por su misma naturaleza, no pueden dar solidez a la vida de ninguna persona. El problema radica en dejarse deslumbrar y cautivar por las personas y las cosas. El profeta trata de la confianza absoluta en el hombre. Como si la salvación pudiera venir de éste. Los salmos advertirán también de la inutilidad de abandonarse a los jefes o de confiar la construcción de la ciudad exclusivamente a los hombres. No es demasiado difícil concretar en qué realidades tenemos puesta la esperanza. Se busca la aprobación de los hombres, la sombra de los poderosos, se ansía el mismo poder y la riqueza… Esto de muchas y múltiples maneras.

El corazón, en verdad, sólo puede confiar en Dios. Entonces el hombre echa raíces personales, mantiene su lozanía espiritual y da frutos de bondad. Éste es el realmente bendito y alabado. Éste es el verdadero santo. Ninguna decepción de la vida le defrauda. Tiene muy claro que Dios no decepciona. Y que las cosas relativas, con su valor relativo, nunca son fundantes. El hombre de fe aquilata la perspectiva exacta de la realidad. Sabe que la carne no es fuerte, que los cardos son cardos y que la aridez del desierto no da frutos. Es prudente, como el que edifica su casa sobre la roca.

En definitiva, somos llevados ante Jesús. Él nos mira, en tanto que discípulos, y nos proclama dichosos. Es bueno fijarse en el tono personal de las bienaventuranzas lucanas: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los cielos». Estos «makarismos» nos implican. Jesús nos considera discípulos y lo somos. Debemos perfeccionarnos para llegar a tener la felicidad y la alegría prometidas. Usando el tono realista, hay que pedir a Dios que nos haga pobres, hambrientos, capaces de soportarlas lágrimas y el odio… por causa del Hijo del hombre. Y suplicar ardientemente que nos sea evitado el caer en la vanidad de tantas poses halagadoras, pero totalmente inanes.

El sentido de la fe

Pablo, a propósito de la resurrección de los muertos, lleva la argumentación a su cénit. Afirma rotundamente la resurrección de Cristo como hecho fundamentador de la fe y con todo su valor soteriológico o salvador.

El apóstol anuncia, porque es testigo, la resurrección de Cristo. Algunos de la comunidad niegan la de los muertos. Si éstos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.¡Puestos a discutir, lógica por lógica! El argumento toma todo su empuje: si Cristo no ha resucitado, la fe cristiana es absurda, no hay remisión de los pecados y los muertos se han perdido. Remacha el clavo: «si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados». Pero, lo cierto es que Cristo realmente resucitó y que es el primero de todos.

La Palabra de Dios invita a sopesar la resurrección como base de la fe. Importa muy mucho que la espiritualidad cristiana valore la dinámica pascual de la salvación. Y que caiga en la cuenta del valor soteriológico de este misterio. En efecto, el misterio pascual se hace presente, con toda su fuerza, en la celebración de los sacramentos que actualizan la redención. La Pascua es la luz real de nuestra fe. Es causa de salvación. Hay que meditar esta realidad tan grande y tan básica. Hay que pedir el don de penetrar en el sentido de la resurrección del Señor. Hay que mesurar la vida cristiana, en toda su plenitud de eternidad, como consecuencia del conresucitar con Cristo. La muerte no es otra cosa que un paso pascual -valga la redundancia-, un éxodo del exilio a la patria. El Credo proclama la esperanza en la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Una plegaria

Se pedirá hoy al Señor que descubramos la senda de la verdadera felicidad. Y que, por ello, nos haga prudentes. En el sentido de la virtud de la prudencia como consejera de la acción acertada.

La plegaria deberá clamar por la liberación de la vanidad y del espejismo de tantas cosas y de tantas personas. Porque, a menudo, la vida cristiana puede menguar y desviarse por la conversión de lo relativo en absoluto. Se da, entonces, una idolatría que desemboca en la maldición, la esterilidad y la desdicha personal.

El salmo 16 (15) brinda una oración muy cordial: «Yahvé, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras; la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es primorosa para mí».

También es oportuna la recitación del salmo 63(62): «Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma…»

Otra pista será la súplica del don de las bienaventuranzas.

Finalmente, en conexión con la segunda lectura dominical, cabría una recitación del Credo.

JOAN GUITERAS
ORACIÓN DE LAS HORAS

Comentario del 12 de febrero

El pasaje evangélico de Marcos nos pone al tanto de las controversias de Jesús con los fariseos. En este caso el motivo de la disputa es «la tradición de los mayores» o simplemente «la tradición» que, según la mentalidad judaica, debe ser observada en su totalidad y sin discusión. Formando parte de esa tradición estaba la norma de pureza ritual que prescribía lavarse las manos antes de las comidas, además de otros lavados como los de vasos, jarras y ollas. No se trata de una simple norma higiénica, sino de una norma ritual de carácter religioso: un lavarse para purificarse. Los fariseos y letrados de Jerusalén observan cómo los discípulos de Jesús comen con manos impuras, es decir, sin haberse lavado las manos para purificarse. De este modo estaban contraviniendo una norma de pureza de la más auténtica tradición judía. Y Jesús no parece darle importancia a esta negligencia, puesto que no corrige la conducta descuidada de sus discípulos. De ahí la acusación que dirigen al Maestro: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de sus mayores? La censura se hace radicar, por tanto, en el quebrantamiento de una norma tradicional: no siguen la tradición de sus mayores.

Ante esta acusación Jesús reacciona denunciando un vicio muy notable en ellos, un vicio ya denunciado tiempo atrás por el profeta Isaías: la hipocresía. E hipocresía es honrar a Dios con los labios, pero no con el corazón. Pero semejante división hace de la alabanza divina un culto vacío; porque si no brota de dentro, del corazón, son palabras vacías, que no transportan nada auténtico, ni amor, ni afecto, ni sentimiento de adoración. Y aquí viene lo más grave de la reprensión de Jesús: Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Y les pone un ejemplo para que no haya lugar a equívocos o a fáciles escapatorias. El mandamiento de Dios dice por medio de Moisés: «Honra a tu padre y a tu madre» y «El que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte».

Jesús entiende que este mandamiento implica el respeto y el cuidado de los padres en su situación de invalidez o de ancianidad. Pero, al parecer, los fariseos habían introducido una nueva norma en su tradición que permitía o determinaba entregar al templo los bienes destinados al socorro de los padres. De esta manera obstaculizaban o impedían a los hijos el piadoso deber de atender o ayudar a sus padres ancianos. La norma de entregar los bienes al templo se convertía de hecho en un precepto (humano) que impedía a los hijos cumplir el mandamiento divino de honrar, es decir, de atender al padre y a la madre en su desvalimiento. Invalidaban, por tanto, la palabra de Dios, con sus implicaciones, con una norma tradicional que se habían dado a sí mismos.

En esta norma –ofrecer los bienes al templo- había sin duda motivos religiosos (tal vez, mantener la magnificencia del culto), pero ni siquiera estos motivos bastaban para anular el mandamiento de Dios que prescribía algo tan natural como el cuidado del padre y de la madre. También en esta suplantación de la ley divina por la humana (a todas luces menos humana que la divina) advertía Jesús hipocresía, tanta hipocresía como en el rito purificatorio del lavado de las manos. De nada servía lavarse las manos, si el interior permanecía sucio o impuro. Era un lavado exterior que no significaba ni alteraba el estado interior. Por eso, semejante comportamiento podía calificarse de hipócrita, porque ocultaba la realidad bajo una apariencia engañosa, porque lo que trasladaba al exterior no era expresión de lo que latía dentro.

También nosotros deberíamos someter nuestra conducta al juicio crítico, pero depurador, de Jesús, porque puede que no diste tanto de esa actitud farisaica caracterizada por la hipocresía. También en nuestra práctica religiosa hay comportamientos hipócritas, apariencias de lo que no es, ropajes que ocultan realidades inconfesables, palabras huecas, suplantaciones engañosas, exterioridades vacías de contenido, intenciones torcidas. Por todo ello necesitamos contemplarnos detenidamente en el espejo de la palabra de Jesús para que él ponga al descubierto lo que se nos oculta y purifique nuestras intenciones.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 6. Solamente las Universidades y las Facultades canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, y organizadas según las normas de esta Constitución, tienen derecho a conferir grados académicos con valor canónico[73], quedando a salvo el derecho peculiar de la Pontificia Comisión Bíblica[74].


[73] Cf. can. 817 CIC; can. 648 CCEO.

[74] Cf. Motu proprio Sedula cura: AAS 63 (1971) págs. 665 ss., y Decreto de la Pont. Comisión Bíblica Ratio periclitandae doctrinae: AAS 67 (1975), págs. 153 ss.

Recursos – Domingo VI de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UN PÓSTER O PROGRAMA DE LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE

(Como una forma de preparación a los días de la Campaña contra el Hambre, utilizamos hoy sus símbolos para sensibilizarnos a la solidaridad. La ofrenda la puede hacer cualquier persona comprometida con la dimensión caritativa en la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco este símbolo de la Campaña contra el Hambre, de la cual, bien sabemos, que se dirige a superar las fronteras para expresar el amor y la dimensión universal de la caridad. Con él te quiero ofrecer mi compromiso y el de toda la comunidad, nuestro deseo de vivir en concreto el mandamiento del amor, no sólo con los/as más cercanos y cercanas ideológica, geográfica y sanguíneamente, sino también con cualquier persona, por el mero hecho de ser tu imagen, tu hijo y tu hija.

PRESENTACIÓN DE UN PAN Y UNA JARRA DE VINO

(Pueden hacer la ofrenda dos personas, y una de ellas será la que diga:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, te traemos este pan y este vino, signos del Cuerpo entregado y de la Sangre derramada de tu Hijo por nosotros y nosotras. Él los quiso unir en su última Cena, dejándonos, así, señal de que su Encarnación había de culminarse en su muerte, para que nada de lo nuestro se le escapara. Con ellos queremos unir nuestra ofrenda y la de tantas personas que en tantos lugares siguen entregándose, como Jesús mismo, en favor de los y las más débiles y marginados/as.

PRESENTACIÓN DE UNA BOLSA CON DINERO

(Puede hacer la ofrenda una de las personas adultas de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo esta bolsa con dinero. Bien sabes que es uno de los motivos fundamentales de nuestras luchas y nuestros esfuerzos. Sin él, los hombres y mujeres de hoy vivimos inseguros. Realmente él es nuestro apoyo existencial. Y, sin embargo, Tú viviste la radical pobreza y dijiste que los y las que como Tú la vivieran serían bienaventurados/as. Señor, hoy te lo ofrecemos, confiando que Tú nos enseñes a poner nuestros corazones sólo en Ti.

PRESENTACIÓN DE UNA REVISTA DEL CORAZÓN

(Hace la ofrenda una de las mujeres de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, por mi parte, Señor, esta revista de las llamadas del corazón, que enseña sólo el lado feliz de la vida, el de las risas, las satisfacciones, el triunfo y la fama. Pero no es oro, sino oropel de todo lo que habla. Es superficialidad y trivial. Al ofrecértela hoy, yo quisiera entregarte mi disponibilidad a descubrir que de los y las que lloran y sufren es el Reino de los cielos: donde realmente está la semilla de la felicidad que nunca acaba.

PRESENTACIÓN DE UNA ACTIVIDAD PASTORAL

(Se trata de que cualquiera de los miembros comprometidos de la comunidad en una de sus actividades relacionadas con la evangelización de los alejados/as o de una actividad socio-caritativa con los marginados/as, exprese el compromiso de todos y de todas para la transformación del mundo y de la sociedad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí tienes una de las actividades pastorales de nuestra comunidad, que expresa nuestro compromiso de dar testimonio de tu Reino en medio del mundo y de la sociedad en que vivimos y de nuestros deseos de que cambien y caminen en la dirección última del Reino. Con ella queremos expresar que no nos inhibimos del mundo en el que vivimos ni que cruzamos los brazos ante la esperanza firme que tenemos de llegar a gozar en tu propio Reino. Sin embargo, te pedimos hoy fortaleza, tanto para la comunidad como para cada uno, cada una de nosotros y de nosotras para que no nos cansemos nunca en la proclamación del Evangelio y en luchar en favor de los valores de la verdad, la justicia, la libertad, la paz y la solidaridad, que son los que, en el tiempo definitivo, regirán la convivencia en los Cielos.

Oración de los fieles – Domingo VI de Tiempo Ordinario

“Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza”, leíamos en la primera lectura, con esa misma confianza presentamos nuestras necesidades diciendo:

TE LO PEDIMOS CON FE, SEÑOR.

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que, plantados junto al río de la Vida, no dejen de dar fruto y su sombra cobije a todo tu pueblo que es la Iglesia. OREMOS

2. – Por los gobernantes y los que les rodean, para que vean en las bienaventuranzas, una senda a seguir. OREMOS

3. – Por la paz en el mundo y la fraternidad entre todos los hombres. OREMOS

4.- Por los enfermos y por los que sufren el azote del hambre, para que sepan que hay hermanos dispuestos a ayudarles, consolarlos y darlos de comer. OREMOS

5. – Por todos aquellos que se han alejado de la Iglesia o cuya fe se ha enfriado, para que encuentren en Jesucristo resucitado la luz que lleva a la casa del Padre. OREMOS

6. – Por las familias cristianas, para que encuentren en Cristo la alegría del amor compartido. OREMOS

7. – Por todos nosotros y nuestras necesidades que tu conoces, socórrenos y acompáñanos. OREMOS

Señor, escucha las necesidades que tu pueblo te implora. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.


Con la confianza puesta en el Señor traemos a su presencia nuestra pobreza, nuestro dolor, nuestra incomprensión, con la seguridad de que Él las transformará para llegar a ser “dichosos”. Y respondemos:

GUÍA, SEÑOR. A TU PUEBLO

1.- Por la Iglesia; para que, como Jesús, sienta compasión por esas personas que se sienten marginadas, que no cuentan, que son despreciadas… y les haga ver que está a su lado para ayudarles. OREMOS

2.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes; para que muestren la dicha de trabajar por los valores del evangelio aunque para ello haya que pasar dificultades. OREMOS

3.- Por los que viven tan sólo del poder, del dinero, de la fama; para que entiendan que eso mismo puede llevarles a la esclavitud, a la pobreza, y a la injusticia. OREMOS

4.- Por todos los que lloran a causa del dolor, del desamor, de la incomprensión; para que se den cuenta que esas lágrimas se pueden transformar en dicha buscando los verdaderos valores de confianza, perdón, generosidad, aceptación, paciencia… OREMOS

5.- Y hoy especialmente pedimos por los enfermos y por los hambrientos y pidamos por su curación y por el fin de sus sufrimientos. OREMOS

6.- Por las familias, marcadas por la desunión, la violencia, los malos tratos, la incomprensión, la indiferencia; para que busquen remedio en personas que pueden ayudarles y no se refugien en lo fácil de la separación, sino que luchen: por el auténtico encuentro, por el perdón, por la escucha, por el diálogo… OREMOS

7.- Por nosotros; para que salgamos de nuestra comodidad y nos impliquemos en este mundo de pobreza y opresión dando “como decía la Madre Teresa” hasta hacernos daño. OREMOS

Que te sean agradables, Señor, estas peticiones que con la mayor confianza hemos traído a tu presencia, para que tu bondad nos conceda lo que nosotros no podemos esperar con nuestros méritos.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – 12 de febrero

El Concilio Vaticano II recordó –ya lo venían diciendo los teólogos- que existe una jerarquía de verdades, es decir, que no todos los contenidos de nuestro Credo tienen el mismo peso. Lo mismo se puede decir de los preceptos morales por los que nuestra vida se rige; quizá por ello siempre distinguió la Iglesia entre pecados graves y leves.

Nos enseñó además el Concilio a distinguir entre Tradición y tradiciones, así, con mayúscula y minúscula. La palabra Tradición (¡de la misma raíz que “traición”!) significa entrega; es impagable el servicio que nos hizo la generación anterior al “entregarnos”, transmitirnos, su fe. Y lo mismo estamos llamados a hacer nosotros. Eso es la Tradición. Y para ello no tenemos otro medio que los conceptos y comportamientos humanos, limitados y pobres. Surgen las explicaciones y complicaciones, con el riesgo de ocultar bajo hojarasca el tesoro central. Eso fue lo que Jesús detectó y fustigó: el revestimiento humano del plan de Dios había llegado a ocultar el contenido divino de dicho plan. Los judíos se lavaban a la vuelta del mercado, por si los productos adquiridos habían pasado por manos de personas “despreciables”: algún pecador público, algún pagano… Jesús enseñará qué es lo que realmente contamina.

Desgraciadamente a veces hemos dado culto a pequeñeces, incluso a prácticas sin sentido; nos hemos enzarzado en discusiones bizantinas, nos hemos excomulgado por nimiedades. Por minucias hemos juzgado y condenado al hermano, olvidando que juzgarle y condenarle era mucho más grave que sus pequeños errores o trasgresiones. El evangelio nos tiene que ayudar a centrarnos, a entrar en el fondo del corazón y ver críticamente qué se aloja allí: ¿verdad? ¿comprensión? ¿prejuicios? ¿rencores?…

Y no concluyamos nuestra reflexión sin volver al Génesis, a esa visión harmónica del mundo y de la humanidad. Los animales quedan a disposición del hombre, los vegetales permitirán que hombres y animales vivan, el hombre es destinado a formar familia en entrega diferenciada, a poblar la tierra…  Son cosas de experiencia cotidiana que el autor desea que veamos en sintonía con el plan de Dios; les busca una causa u origen (lo que técnicamente se llama “etiología”).

Finalmente, el autor inculca que el hombre no se olvide de dar culto a su Creador; de ahí su insistencia en la santidad del séptimo día. Es sencillamente la llamada a que, periódicamente, nos detengamos a contemplar el don de Dios y le demos gracias por tanta bondad y hermosura.

Severiano Blanco cmf