Vísperas – Miércoles V de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES V TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste,

que el agua del camino es amarga…, es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siendo el alma triste hasta la muerte triste…

El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansao labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras…, y se llena de estrellas,
Serño, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? +

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 1, 22. 25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sin para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:

Muestra, Señor, tu caridad.

  • Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
    — guárdala de todo mal y haz que creca en tu amor.
  • Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
    — y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.
  • Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
    — alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
    — y dales posesión de tu reino.

Unidos fraternalmente, como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la nohe; tú que eres inmutable, danos siempre firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 13 de febrero

Lectio:  Miércoles, 13 Febrero, 2019
1) Oración
Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Marcos 7,14-23

Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» -así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
3) Reflexión
• El Evangelio de hoy es la continuación del asunto que meditamos ayer. Jesús ayuda a la gente y a los discípulos a entender mejor el significado que la pureza tiene ante Dios. Desde siglos, para no volverse impuros, los judíos observaban muchas normas y costumbres relacionadas con comida, bebida, ropa, higiene del cuerpo, lavado de los vasos, contacto con personas de otra religión y raza, etc. (Mc 7,3-4) No tenían permiso para entrar en contacto con los paganos y para comer con ellos. En los años 70, época de Marcos, algunos judíos convertidos decían: “Ahora que somos cristianos tenemos que abandonar estas costumbres antiguas que nos separan de los paganos convertidos.” Pero otros pensaban que debían continuar a observar estas leyes de la pureza (Cf. Col 2,16.20-22). La actitud de Jesús, descrita en el evangelio de hoy, nos ayuda a superar el problema.

• Marcos 7,14-16: Jesús abre un nuevo sendero para que la gente se acerque a Dios. Dice a la multitud: “¡Todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle!” (Mc 7,15). Jesús invierte las cosas: lo impuro no viene de fuera para dentro, como enseñaban los doctores de la ley, sino de dentro para fuera. De este modo, nadie más precisa preguntarse si esta o aquella comida o bebida es pura o impura. Jesús coloca lo puro y lo impuro a otro nivel, a nivel del comportamiento ético. Abre un nuevo sendero para llegar hasta Dios y, así, realiza el deseo más profundo de la gente.
• Marcos 7,17-23: En casa m casa, los discípulos piden explicación. Los discípulos no entendieron bien lo que Jesús quería decir con aquella afirmación. Cuando llegaron a casa pidieron una explicación. A Jesús le extraño la pregunta de los discípulos. Pensaba que habían entendido la parábola. En la explicación a los discípulos va hasta el fondo de la cuestión de la pureza. ¡Declara puros todos os alimentos! Es decir: ningún alimento que entra en el ser humano puedo volverlo impuro, pues no va hasta el corazón, sino que va al estómago y termina de nuevo fuera del ser humano. Sino que lo que vuelve impuro, dice Jesús, es aquello que sale del corazón para envenenar la relación humana. Y enumera: prostitución, robo, asesinato, adulterio, ambición, etc. Así, de muchas maneras, por la palabra, por la convivencia, Jesús fue ayudando a las personas a ver y a conseguir la pureza de otra manera. Por la palabra, purificaba a los leprosos (Mc 1,40-44), expulsaba a los espíritus impuros (Mc 1,26.39; 3,15.22 etc.), y vencía la muerte que era fuente de toda impureza. Gracias a Jesús que la toca, la mujer excluida como impura queda curada (Mc 5,25-34). Sin miedo a ser contaminado, Jesús come junto con las personas consideradas impuras (Mc 2,15-17).
• Las leyes de la pureza en el tiempo de Jesús. La gente de aquella época se preocupaba mucho por la pureza. La ley y las normas de la pureza indicaban las condiciones necesarias para que alguien pudiera presentarse ante Dios y sentirse en su presencia. No era posible presentarse ante Dios de cualquier manera. Pues Dios es Santo. La Ley decía: “¡Sed santos, porque yo soy santo!” (Lv 19,2). Los impuros no podían llegar cerca de Dios para recibir de él la bendición prometida a Abrahán. La ley de lo que es puro e impuro (Lv 11 a 16) se escribió después del cautiverio en Babilonia, unos 800 años después del Éxodo, pero tenía sus raíces en la mentalidad y en las antiguas costumbres del pueblo de la Biblia. Una visión religiosa y mítica del mundo llevaba a la gente a apreciar cosas, animales y a las personas, desde la categoría de la pureza (Gn 7,2; Dt 14,13-21; Nm 12,10-15; Dt 24,8-9).
En el contexto de la dominación persa, siglos V y IV antes de Cristo, ante la dificultad de reconstruir el templo de Jerusalén y para la supervivencia del clero, los sacerdotes que estaban en el gobierno del pueblo de la Biblia ampliaron las leyes de la pureza y la obligación de ofrecer sacrificios de purificación por el pecado. Así, después del parto (Lv 12,1-8), de la menstruación (Lv 15,19-24) o de la cura de una hemorragia (Lv 15,25-30), las mujeres debían ofrecer sacrificios para recuperar la pureza. Los leprosos (Lv 13) o quienes entraban en contacto con cosas y animales impuros (Lv 5,1-13) también debían ofrecer sacrificios. Una parte de estas ofrendas quedaba para los sacerdotes (Lv 5,13). En el tiempo de Jesús, tocar un leproso, comer con un publicano, comer sin lavarse las manos, y tantas otras actividades, etc.: todo esto volvía impura a la persona, y cualquier contacto con esta persona contaminaba a los demás. Por esto, las personas “impuras” debían ser evitadas. La gente vivía con miedo, amenazada siempre por tantas cosas impuras que amenazaban su vida. Estaba obligada a vivir desconfiando de todo y de todos. Ahora, de repente, ¡todo cambia! A través de la fe en Jesús, era posible conseguir la pureza y sentirse bien ante Dios, sin que fuera necesario observar todas aquellas leyes y normas de la “Tradición de los Antiguos”. ¡Fue una liberación! ¡La Buena Nueva anunciada por Jesús sacó a la gente de la defensiva, del miedo, y le devolvió las ganas de vivir, la alegría de ser hijo y hija de Dios, sin miedo a ser feliz!
4) Para la relación personal
• En tu vida, ¿hay costumbres que consideras sagrados y otros que consideras no sagrados? ¿Cuáles? ¿Por qué?

• En nombre de la Tradición de los Antiguos, los fariseos olvidaban el Mandamiento de Dios. Esto ¿acontece hoy? ¿Dónde y cuándo? ¿También en mi vida?
5) Oración final
La salvación del honrado viene de Yahvé,

él es su refugio en tiempo de angustia;
Yahvé lo ayuda y lo libera,
él lo libra del malvado,
lo salva porque se acoge a él. (Sal 37,39-40)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 8, 36-37

<

p style=»text-align:justify;»>36Porque¿de qué le sirve a un hombre ganar todo el mundo y arruinar su vida?
37Porque¿qué daría un hombre a cambio de su vida?

<

p style=»text-align:justify;»>8, 36-37. Nada es más precioso que la vida (escatológica). La doble sentencia que viene a continuación subraya la importancia de esta victoria a través de la renuncia. La respuesta implícita a la pregunta de por qué habría que «querer» seguir a Jesús sigue con la afirmación de que nada hay más valioso que «la vida» ofrecida por el discipulado. Aquí la atención se dirige intensamente a la persona. El sujeto no se define ya vagamente como «alguien» o «alguno», como en 8,34-35 y de nuevo en 8,38; ahora, por el contrario, se trata de un «ser humano», el lector que ha de afrontar una elección dramática entre la muerte y la vida: el «mundo» y su alma. Y el sentido intenso de participación personal se incrementa por el empleo de la pregunta retórica. En 8,36-37 la idea básica es el lugar común expresado por la frase «Nadie puede llevarse nada consigo» cuando muera. Nada es más precioso que la vida, de modo que nadie debería poner en peligro su existencia por bagatelas; qué habría de bueno en la mayor posesión si no hay poseedor alguno que disfrute de ella? 
Pero en nuestro pasaje esta noción del interés propio se profundiza y apocaliptiza. El énfasis no se sitúa ahora simplemente en la vida física, sino en la vida verdadera del yo. La psyche, la «vida» o el «yo», es la «única cosa necesaria» (cf. Lc 10,42), el requisito previo para disfrutar de todo lo demás; si se pierde el sujeto indispensable, no hay posibilidad de disfrute. La pérdida de la psyche a la que se refiere el texto no es la muerte física cuando concluye el plazo útil de vida asignado a cada uno, sino también el juicio post-mortem al final de este mundo, que se aproxima rápidamente.

Comentario al 13 de febrero

Decía Jesús a la gente: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro, lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. La frase en sí misma requiere de una explicación complementaria, y Jesús la da cuando sus discípulos, ya en casa, se la piden. El Maestro aclara que lo que entra de fuera no hace impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre; y el evangelista puntualiza: Con esto declaraba puros todos los alimentos.

Por tanto, cuando Jesús hablaba de lo de fuera se estaba refiriendo a alimentos que entran en el canal digestivo, se metabolizan y se desechan en la letrina. Ninguno de estos alimentos puede considerarse impuro, a diferencia de lo que pensaba un judío formado en la mentalidad levítica de la antigua ley. Según esta mentalidad existían alimentos puros e impuros, y los impuros estaban prohibidos para un judío observante de la ley. Pero Jesús corrige esta mentalidad. Para él, la impureza no radica en los alimentos, que sólo llegan al vientre, pero que no tocan el corazón. La impureza no se contrae por un contacto meramente externo; tiene que tocar el corazón. Porque si el interior del hombre no queda involucrado no puede hablarse ni de pureza ni de impureza. Para que se dé una u otra tiene que verse afectado el corazón del hombre, esto es, su interioridad.

Por eso, dirá a continuación: Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro. Es lo que sale de dentro lo que hace impuro al hombre.

Jesús enumera un elenco de maldades que van desde los simples, aunque malos, propósitos hasta los actos manifiestamente deshonestos como fornicaciones, robos y homicidios, desde disposiciones y actitudes como la codicia, la envidia o el orgullo, hasta actos concretos de injusticia, fraude o desenfreno. Pero el hecho de que salgan de dentro no significa que no tengan su origen o causa detonante fuera, porque de fuera llegan las tentaciones o las malas influencias y fuera están también los objetos desencadenantes de la codicia, la lujuria o el robo.

Es evidente que para que la tentación tenga eficacia debe ser acogida en el interior. El fruto siempre sale de dentro, pero la semilla que da origen al fruto viene de fuera. No obstante, para que eche raíces y germine la semilla tiene que entrar en el seno adecuado; si no entra en el corazón, seguirá siendo algo exterior, que no mancha propiamente al hombre porque no le toca interiormente. Luego si lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre, sólo pueden hacerle impuro las cosas que han logrado entrar en su corazón, porque el mismo hombre les ha dado cabida. Y una vez concebida la maldad, podrá engendrar las maldades reseñadas: fornicaciones, injusticias, fraudes, homicidios, frivolidades, desenfreno. Se trata siempre de maldades que tienen su matriz en el interior del hombre y cuyo parto requiere de una previa concepción. Tanto las buenas como las malas acciones suelen seguir un proceso: primero se conciben y luego se ejecutan. Por eso salen de dentro, aunque lo que sale de dentro antes haya sido sembrado. Que el Señor nos permita recibir la semilla del bien y rechazar la del mal para engendrar únicamente buenas obras.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Comentario Domingo VI de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, dame Tu mirada para esos a quienes declaras bienaventurados, para acoger ese camino de plenitud. Aunque “echen fuera mi nombre” sé que me acoges de modo especial. No dejes de darme Tu Palabra de esperanza que me abra horizonte, AMEN.

 

Lc 6, 17a, 20-26

«17aY, habiendo bajado con ellos, [Jesús] se detuvo en un lugar llano.[vv. 17b-19]
20Y él, habiendo elevado sus ojos hacia sus discípulos, decía:

“Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios;21bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados;bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis;

22bienaventurados sois cuando las gentes os odien y cuando os aparten y repro- chen y echen fuera vuestros nombres como ‘cosa mala’ por causa del Hijo del hombre;

23Estad alegres en aquel día y saltad de gozo, porque he aquí que vuestra recom- pensa [será] mucha en el cielo, porque así hacían sus padres a los profetas.

24Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque tenéis vuestro consuelo!
25¡ay de vosotros, los que estáis saciados ahora, porque tendréis hambre! ¡ay de los que reís ahora, porque lamentaréis y lloraréis!

26¡ay, cuando todas las gentes hablen bien de vosotros, porque así hacían sus padres a los falsos profetas!

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después del evangelio del domingo pasado, Lucas retoma el trazado narrativo de Marcos y nos va relatando diversas curaciones y disputas de Jesús al hilo del evangelio marcano. Inmediatamente después de la elección de los Doce en el monte (Lc 6,12-16), Jesús va con ellos a un paraje llano. Comienza el evangelio de hoy. Es la versión lucana del “Sermón de la Montaña” de Mateo. En Lucas, el primer discurso de Jesús es más breve y menos orgánico que en Mateo. Las 8 bienaventuranzas de éste son modificadas por Lucas en 4 bienaventuranzas y 4malaventuranzas. Después de nuestro evangelio, Lucas continuará con su“Sermón del Llano” con la sección dedicada al amor a los enemigos (Lc 6,27-35).

 

TEXTO

El v. 17a nos presenta la situación: Jesús y sus doce discípulos bajan del monte y se detienen en un lugar llano. El siguiente sumario de actividad de Jesús (vv. 17b-19) no está recogido en el evangelio dominical.

Los vv. 20-26 son el comienzo del discurso de Jesús, impactante por su contenido e interpelante por la maciza presencia de la 2a persona del plural. La estructura, en claroscuro, tiene dos partes:

a) vv. 20b-23: las 4 bienaventuranzas;
b) vv. 24-26: las 4 malaventuranzas, los 4 ayes.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Lucas hace un tratamiento especial de las bienaventuranzas. En Mateo, ellas son una especie de “programa de vida” de tal valor ético que recibirá una recompensa celestial. Lucas, en cambio, las presenta junto a las malaventuranzas para indicar un tema predilecto: el cambio de situación entre el presente y el futuro. Dios provocará una inversión de situación (cf. la parábola del pobre Lázaro en Lucas 16). Is 55,8 ya nos transmitía este oráculo de Dios: “No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos». ¿Nos preocupamos de orientar nuestras personas y vidas según el estilo de Dios?

• Hay una doble inversión de situaciones en el texto. La primera inversión: Jesús llama bienaventurados a pobres, hambrientos, sufrientes y perseguidos. Y alerta severamente a ricos, saciados, satisfechos y alabados.

• La segunda inversión se cifra en la oposición ahora y el futuro. Conociendo las preferencias de Dios, conviene situarnos en el ahora con unas condiciones quenos den provecho cuando llegue el momento definitivo en el que Dios “haga nuevas todas las cosas”. ¿Qué tendríamos que modificar?

• La continua presencia de pronombres y adjetivos de la 2ª persona del plural confiere al texto un fuerte sentido de interpelación. Para los discípulos de entonces y de ahora. ¿En qué medida y con qué fuerza consideras estas palabras dichas para ti/para vosotr@s? ¿A qué te/os mueven?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo VI de Tiempo Ordinario

6º Domingo del Tiempo Ordinario
17 febrero 2019

Jeremías 17, 5-8; Salmo 1; 1Corintios 15, 12.16-20; Lucas 6, 17.20-26

Porque de Ustedes es el Reino de Dios

En aquel tiempo, Jesús descendió del monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y de Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón. Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo:

«Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán. Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas. Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!»

Reflexión

Con la multitud detrás, Jesús habla a los apóstoles y les dice: “Dichosos ustedes los pobres…” ¿Por qué son pobres los apóstoles? (Dejaron todo para seguir a Jesús.) Jesús después les explica por qué han hecho una buena decisión en dejarlo todo para seguirlo: “de ustedes es el Reino de Dios”. ¿Cómo se imaginan al Reino de Dios? Jesús les sigue diciendo: “Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.” Los apóstoles a veces pasaban hambre porque no tenían casa. Iban con Jesús de pueblo en pueblo y dependían de la generosidad de otros. Jesús seguía: “Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.” Los Apóstoles posiblemente extrañaban a sus familias y a sus casas y se ponían tristes, pero Jesús les daba esperanza de que esto cambiaria. Jesús seguía: “Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan…por causa del Hijo del hombre.” ¿Por qué hay personas que odian a los seguidores de Jesús? (Los hacen sentirse culpables de sus pecados, pero no quieren cambiar) Jesús les quiere enseñar que no es fácil ser seguidor de Cristo, pero les promete una felicidad que nunca se acabará en el Reino de Dios. En cambio, los que noquieren seguir a Jesús, tendrán pobreza, hambre, y tristeza para toda la eternidad.

 

Actividad

Cortar palabras y pegar las que nos llevan al Reino de Dios en las frutas del árbol. Pegar en las frutas podridas en el piso las palabras que nos alejan del Reino de Dios.

Oración

Señor, Padre Santo, pon el deseo del Reino de Dios en nuestros corazones para seguirte siempre, en los tiempos buenos y en los tiempos difíciles. No dejes que las cosas de este mundo nos alejen de Ti. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo VI de Tiempo Ordinario

¿Has oído hablar de un hombre llamado Charles M. Schultz? Escribió una tirilla cómica llamada Rabanitos (Peanuts en inglés) que ha estado saliendo diariamente en periódicos desde el 1950. ¡Rayos! ¡Eso es desde antes de que ustedes nacieran! Los personajes principales en esa tirilla cómica son Charlie Brown (Carlitos), Lucy, Linus, Shroeder y un perro llamado Snoopy.

Charles Schultz también ha escrito muchos libros. Uno de mis favoritos es “¡La felicidad es una mantita caliente!” El libro trata mayormente de un niñito llamado Linus quien lleva consigo una adorable y suavecita manta azul doquiera va. Linus carga esa manta para sentirse seguro. De acuerdo a Schultz, “Todos tienen cosas que los hacen sentir seguros.” ¿Sabes qué? ¡Cuando nos sentimos seguros, también nos sentimos felices!

Jesús tuvo algo que decir acerca de ser felices. Nuestra lección bíblica de hoy es uno de esos momentos. Las enseñanzas comienzan al estar rodeado Jesús de una gran cantidad de gente. ¿Has notado que donde quiera que Jesús estuviera, muchas personas le seguían? ¿Por qué crees que era así? Tal vez fuera porque muchos estaban enfermos, discapacitados o heridos y deseaban que Jesús los sanara. Quizás algunos sintieran turbación en sus mentes y habían escuchado que Jesús podía sacar demonios y espíritus malignos con solo decir una palabra. Es decir, muchas personas venían a Jesús porque habían escuchado lo que él podía hacer por ellos y eso es exactamente lo que ocurre en la lección bíblica de hoy. La Biblia dice que las personas se conglomeraron alrededor de Jesús y trataron de tocarlo porque estaba saliendo poder de él y sanaba a todos. ¿Crees que eso hacía feliz a la gente? ¡Desde luego que sí!

Jesús entonces dirigió la mirada a sus discípulos y dijo:

“Dichosos ustedes los pobres,
    porque el reino de Dios les pertenece.
Dichosos ustedes que ahora pasan hambre,
    porque serán saciados.
Dichosos ustedes que ahora lloran,
    porque luego habrán de reír.
Dichosos ustedes cuando los odien,
    cuando los discriminen,
    los insulten y los desprestigien
    por causa del Hijo del hombre.

Alégrense en aquel día y salten de gozo, pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los profetas.”

Noten que Jesús no dijo: “Dichosos son aquellos que tienen mucho dinero” o “Dichosos aquellos que tienen suficientes alimentos para comer y cenan en restaurantes caros.” Ni siquiera dijo: “Felicidad es una mantita caliente.” Lo que dijo fue: “Cuando me sigas, la felicidad llegará. ¡Salten de gozo! Una gran recompense les espera en el cielo.”

Amado Padre, ayúdanos a recordar que nunca encontraremos felicidad buscando las cosas que este mundo ofrece. La verdadera felicidad solo la podremos conseguir al seguir a Jesús. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Comentario al evangelio – 13 de febrero

Quienes participamos diariamente en la Eucaristía, habremos podido observar que hoy se nos ofrece una nueva narración de la creación, que hemos meditado hace un par de días. Hoy se nos dice en prosa, bajo el género de hermosa leyenda, lo que antes se nos dijo en un solemne poema. Los Santos Padre hablaban de la admirable condescendencia de Dios, que nos transmite su verdad en lenguaje humano y con las formas y géneros usuales entre nosotros.

Además el autor bíblico echa mano de leyendas ya existentes en el Oriente Medio, pero pedagógicamente purificadas para nosotros. Un mito muy conocido hablaba de una guerra entre los dioses buenos y los dioses malos; los primeros habrían vencido, y con la sangre de los malos habrían amasado el barro para crear al hombre. Omitiendo estos datos politeístas y burdos, el Génesis nos enseña, con gran sencillez y profundidad, que somos terrenos y supraterrenos: barro modelado por Dios y vivificado por su aliento. Debemos comprometernos con la materia, con el planeta, sin olvidar que somos más que materia.

Y a esa antropología se añade una teología de la creación, como algo hermoso, útil y puesto al servicio del hombre. Dios desea un mundo harmónico, bello y fértil, y un hombre feliz como centro de la creación. Lo uno y lo otro tan excelente que Dios mismo bajará a “pasear con el hombre a la hora de la brisa”.

Pero junto a ello está la historia del “árbol misterioso”, que no se debe tocar. También figuraba en leyendas corrientes, a las que el autor del Génesis da un nuevo contenido. El hombre de todas las épocas ha pretendido dominar lo divino, manipular a Dios; ha practicado magia y brujería, adivinación por cuantos medios se ha imaginado, nigromancia; se ha negado a respetar el misterio de Dios. Y esto continúa: por ahí están los autodenominados “videntes”, los echadores de cartas, los brujos, los que dicen que tienen “poderes”… Quizá incluso se han multiplicado en nuestro tiempo, como contrapeso al secularismo que ha pretendido negar todo espacio a Dios. Pero la increencia no se combate con superstición, sino con auténtica fe, que implica “respeto” a Dios; “ahora ya sé que temes a Dios”, se le dice a Abrahán. Seamos admiradores y buenos cuidadores de la creación, y agradecidos y respetuosos con el Creador.

Y no podemos concluir sin hacer un subrayado en el evangelio. A propósito del joven David, a quien Dios elegía para ser rey de Israel y prefiguración del futuro mesías, dice el anciano Samuel que “los hombres ven la apariencia, mientras que el Señor se fija en el corazón” (2Samuel 16,7). Si algo fustigó Jesús fueron las exterioridades que no iban acompañadas de la correcta actitud interior; ¿qué sentido tienen purificaciones externas, “lavarse las manos”, cuando lo que está sucio es el corazón? Hagamos hoy nuestro el conocido cántico: “Danos, Señor, un corazón nuevo; derrama en nosotros un espíritu nuevo”.

Severiano Blanco cmf