Vísperas – San Cirilo y San Metodio

VÍSPERAS

JUEVES V TIEMPO ORDINARIO

SAN CIRILO, monje y SAN METODIO, obispo

PATRONOS DE EUROPA

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

SALMO 111

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

CÁNTICO del APOCALIPSIS

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éstos son los hombres santos, amigos de Dios, pregoneros insignes de la verdad divina.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éstos son los hombres santos, amigos de Dios, pregoneros insignes de la verdad divina.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

  • Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
    — haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.
  • Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
    — santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.
  • Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
    — llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.
  • Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
    — no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
    — salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma famlia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 14 de febrero

Lectio: Jueves, 14 Febrero, 2019

1) Oración inicial

Oh Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 10,1-9

Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir. Y les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros.’

3) Reflexión

● En el tiempo de Jesús había otros movimientos que, como Jesús, procuraban vivir y convivir de forma nueva, por ejemplo, Juan Bautista, los fariseos y otros. Muchos de ellos formaban también comunidades de discípulos (Jn 1,35; Lc 11,1; Hec 19,3) y tenías sus misioneros (Mt 23,15). ¡Pero había una gran diferencia! Por ejemplo, los fariseos, cuando iban a misión, iban prevenidos. Pensaban que no podían confiar en la comida de la gente que no siempre era ritualmente “pura”. Por esto, llevaban bolsa y dinero para poder cuidar de su propia comida. Así, en vez de ayudar a superar las divisiones, estas observancias de la Ley de la pureza debilitaban aún más la vivencia de los valores comunitarios.

● La propuesta de Jesús es diferente. Trata de rescatar los valores comunitarios que se estaban extinguiendo, y procura renovar y reorganizar las comunidades para que fueran nuevamente una expresión de la Alianza, una muestra del Reino de Dios. Es lo que nos muestra hoy el evangelio que describe el envío de los 72 discípulos:

● Lucas 10,1: La Misión. Jesús envía a los discípulos a los lugares a donde él mismo debe ir. El discípulo es el portavoz de Jesús. No es dueño de la Buena Nueva. El los envía de dos en dos. Esto favorece la ayuda mutua, pues la misión no es individual, sino que es comunitaria. Dos personas representan mejor que una la comunidad.

● Lucas 10,2-3: La corresponsabilidad. La primera tarea es rezar para que Dios envíe a los obreros. Todo discípulo y discípula debe sentirse responsable de la misión. Por esto tiene que rezar al Padre para la continuidad de la misión. Jesús envía a sus discípulos como corderos en medio de lobos. La misión es tarea difícil y peligrosa. Pues el sistema en que vivían y en el que seguimos viviendo era y sigue siendo contrario a la reorganización del pueblo en comunidades vivas. La Misión para la cual Jesús envía a los 72 discípulos trata de rescatar cuatro valores comunitarios:

● Lucas 10,4-6: La hospitalidad. Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y discípulas de Jesús no pueden llevarse nada, ni bolsa, ni sandalias. Sólo pueden y deben llevar la paz. Esto significa que deben confiar en la hospitalidad de la gente. Pues el discípulo que va sin nada, llevando apenas la paz, muestra que confía en la gente. Acredita que va a ser recibido, y la gente se siente respetada y confirmada. Por medio de esta práctica, el discípulo critica las leyes de exclusión y el antiguo valor de la hospitalidad. No saludar a nadie por el camino significa, probablemente, que no se debe perder tiempo con cosas que no pertenecen a la misión.

● Lucas 10,7: El compartir. Los discípulos no deben andar de casa en casa, sino permanecer en la misma casa. Esto es, deben convivir de forma estable, participar de la vida y del trabajo de la gente del lugar y vivir de lo que reciben en cambio, pues el obrero merece su salario. Esto significa que deben confiar en el compartir. Así, por medio de esta nueva práctica, ellos rescatan una antigua tradición de la gente, critican la cultura de acumulación que marcaba la política del Imperio Romano, y anunciaban un nuevo modelo de convivencia.

● Lucas 10,8: La comunión de mesa. Los discípulos deben comer lo que la gente les ofrece. No pueden vivir separados, comiendo su propia comida. Esto significa que deben aceptar la comunión de mesa. En el contacto con la gente no pueden tener miedo a perder la pureza legal. Actuando así, critican las leyes de la pureza que estaban en vigor y anunciaban un nuevo acceso a la pureza, a la intimidad con Dios.

● Lucas 10,9a: La Acogida a los excluidos. Los discípulos deben ocuparse de los enfermos, curar a los leprosos y expulsar los demonios (Mt 10,8). Esto significa que deben acoger dentro de la comunidad a los que de ella fueron excluidos. Esta práctica solidaria critica la sociedad que excluye y apunta hacia saldas concretas.

● Lucas 10,9b: La llegada del Reino. Si todas estas exigencias son respetadas, los discípulos pueden y deben gritar a los cuatro vientos: ¡El Reino ha llegado! Pues el Reino no es una doctrina, ni un derecho canónico, ni un catecismo, sino que es una nueva manera de vivir y convivir a partir de la Buena Nueva que Jesús nos trae: Dios es Padre y por esto todos somos hermanos y hermanas. Educar para el Reino no es en primer lugar enseñar verdades y doctrinas, sino que es una nueva manera de vivir y de convivir, una nueva forma de actuar y de pensar.

4) Para la reflexión personal

● ¿Por qué todas estas actitudes recomendadas por Jesús son señal de la llegada del Reino de Dios?

● ¿Cómo realizar hoy aquello que Jesús pide: “No llevar bolsa”, “no ir de casa en casa”, “no saludar a nadie por el camino”, anunciar el Reino?

5) Oración final

La ley de Yahvé es perfecta,
hace revivir;
el dictamen de Yahvé es veraz,
instruye al ingenuo. (Sal 19,8)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 74. Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús (cf. Jn 14,6). Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los confines del mundo:

«Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las generaciones» (DV 7).

Comienza pues con este texto de 1Tim 2, 4, Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Dos afirmaciones, en 1Tim 2, 4. Es voluntad de Dios la salvación de todos los hombres y además, de una forma determinada, conociendo la verdad. Lo primero que Dios quiere que todos los hombres se salven, hay que recordar, para entender tal cosa, que Dios ha querido que se salven libremente, porque uno podría decir, si Dios quiere que todos los hombres se salven, pues que nos salve Él. En su mano está salvarnos. Si Él es Dios. Pero cuando dice ese texto que todos los hombres se salven, está suponiendo que quiere que se salven libremente. Y que por lo tanto la salvación no solamente es cosa de Dios, sino también es cosa nuestra. Supone nuestra colaboración, supone que nosotros nos abramos a acogerla. Siempre se ha distinguido en la teología católica entre dos cosas: la redención objetiva y la redención subjetiva. La redención objetiva refleja lo que Dios ha hecho para que nosotros nos salvemos. Es decir, Dios nos salvó entregando a su hijo al mundo. Dios salvó al mundo entregando a su Hijo por nuestra salvación. Esa es la redención objetiva. Objetivamente hablando estamos salvados en Cristo. Ahora bien, hay otro tipo de textos, textos bíblicos, que subrayan la redención, no la objetiva, sino la subjetiva. Eso Dios lo ha hecho, objetivamente hablando nos ha entregado la salvación en Cristo. Nos ha salvado en Cristo. Pero subjetivamente hablando ahora cada uno tiene que acogerlo, tiene que abrirse a ello. Ahora soy yo el que puedo rechazar la redención de Cristo o puedo acogerla. Por lo tanto esa expresión Dios quiere que todos los hombres se salven. ¿Es que podría ocurrir acaso que alguien se pierda en contra de lo que Dios había deseado para él? Pues sí, claro que puede ocurrir. Porque la decisión de Dios de hacernos libres, conlleva que incluso nuestra libertad puede ser utilizada en contra de lo que es la voluntad de Dios. Es impresionante tal cosa. Dios nos ha hecho libres, incluso con la posibilidad de que utilicemos mal nuestra libertad en contra de la voluntad de Dios.

Entonces la pregunta posible no es ¿entonces para qué nos ha hecho Dios libres? Porque claro si haciéndonos libres podemos pecar, podemos negar el plan de Dios. Obviamente hay que decir que la libertad del hombre, que en el fondo es crearnos a su imagen y semejanza, que llevemos impresa en nuestra naturaleza la imagen y semejanza de Dios, claro que esa libertad conlleva riesgos, pero también es verdad que posibilita una dignidad en el hombre infinitamente superior que si nos hubiese hecho a nosotros sin libertad, como otros los demás seres de la creación. Yo suelo decir que una de las pruebas de que en este mundo hay más bien que mal es que estoy convencido de que Dios no hubiese creado al hombre libre si de ello no se hubiese derivado, más bien que mal. Del hecho de que se halla creado libre al hombre se derivan posibles males. Pero del hecho de que Dios ha creado libre al hombre se derivan muchos bienes, muchos episodios heroicos, muchas entregas al prójimo y entregas a Dios son conmovedoras. Dios, sabiéndolo todo, siendo omnisciente, conociendo el pasado, el presente y el futuro, nos creó libres sabiendo que de ello se iban a derivar más bienes que males. Esto es una explicación concreta pero digamos que Dios quiere que todos los hombres se salven, pero nosotros podemos frustrar esa voluntad de Dios. Lo impresionante es que si el hombre se empeña en no aceptar la salvación de Dios, recuerdo haber utilizado aquí una expresión que suena fuerte, porque parece que es casi como si uno dijese una blasfemia, pero no lo es, literalmente hablando es cierta, que si el hombre no quiere salvarse, si se cierra a la salvación, no le puede salvar ni Dios. Incluso Dios tiene que respetar la decisión del hombre que se niega a salvarse.

Por lo tanto la afirmación primera de 1Tim 2, 4, Dios quiere que todos los hombres se salven, y como lo quiere, va a hacer todo lo posible y lo imposible por ello. No cejará, no descansará. El hecho de que nos halla creado libres no quiere decir que la actitud de Dios sea decir, como eres libre, halla tú. Porque el celo y el amor, respetarán la libertad del hombre, pero el hecho de que respeten la libertad del hombre no quiere decir que Dios se vaya a cruzar de brazos. No se va a cruzar de brazos. Recuerdo por ejemplo, es una comparación, una metáfora que pongo al respecto. A veces, en el trabajo pastoral, cuando igual le invitas a un joven a asistir a unos ejercicios espirituales o asistir a un retiro, asistir a una peregrinación, y lo estás intentando animar, entonces, uno dice, consúltalo en casa a ver si ellos que te dicen… Vamos a ir a Lourdes a hacer un campamento, o lo que fuere, una cosa así. Entonces viene el joven de casa y tú le preguntas a ese joven ¿qué te han dicho en casa? ¿Qué te ha dicho tu padre, tu madre…? Ahí se suele ver mucho qué tipo de padre, que tipo de madre tiene. Si vibra con la fe, si no vibra con ella. Y recuerdo, de mis años de trabajo pastoral en la parroquia, que por desgracia solía haber bastantes jóvenes que venían diciendo, a mí me ha dicho que haga lo que me parezca a mí, que ya soy libre, que ya soy mayorcito y que tengo que elegir, que haga lo que a mí me parezca. Otros venían diciendo, me han dicho que yo tengo que decidir pero me han insistido mucho en que sería bueno para mí que fuese, que tal… ¿Qué quiero decir con esto? Que no es únicamente decir bueno como Dios nos ha creado libres pues ahora haz esto o lo que te dé la gana. No obviamente tendrás que elegir tú, es verdad que yo no me voy a cruzar de brazos viendo que eliges mal, sino que voy a hacer todo lo posible para intentar convencerte, para intentar abrirte los ojos, para intentar enamorarte del bien y de la verdad. Dios respeta nuestra libertad pero obviamente intenta conducirla, sin violentarla, intenta conducirla hacia el bien. Por sugerencia, no por violentarla empujándola, sino por atracción, mostrando su bondad, mostrando su belleza para que así nuestra libertad sea atraída hacia el bien.

Y la segunda parte de 1Tim 2, 4, Dios quiere que todos los hombres se salven y llegue al conocimiento de la verdad. Es decir, uno podría decir aunque el hombre no conozca la verdad, también se puede salvar en su ignorancia. Sí, eso puede ocurrir. Puede ocurrir que alguien que no conozca la verdad inculpablemente por su parte, porque nadie se la ha explicado, porque nadie se la da. Él pueda alcanzar la salvación porque en la medida en que él ha sido fiel a lo que ha conocido en conciencia y nadie le ha mostrado la verdad, entonces Dios le juzgue desde el grado milimitado de conocimiento que ha tenido de la verdad, se puede salvar también por ignorancia, etc. Eso no podrá ser nunca el desiderátum, el deseo de Dios. El deseo de Dios no es que la gente se salve por ignorancia. El deseo de Dios es que teniendo en cuenta la dignidad del hombre, nos salvemos conociendo la verdad, abriendo los ojos a la verdad. Esto es importante porque esto tiene después sus aplicaciones concretas. Por ejemplo yo le voy a predicar a alguien el evangelio de Jesucristo porque veo que está muy alejado del conocimiento de la verdad y que tiene actitudes en su vida muy contrarias a la dignidad del hombre. Y digo, pero como él no es cristiano, pues mira total no peca, porque nadie le ha dicho que eso que está haciendo es una barbaridad, pues casi mejor no predicarle o que está haciendo mal, porque si le predico yo que está haciendo mal, a partir de ahí ya no tiene excusa de que desconoce las cosas, casi más vale dejarle en su ignorancia y así se salva más fácil. Ese tipo de razonamiento hay que rechazarlo totalmente. Nosotros estamos llamados, en la dignidad del hombre, estamos llamados a vivir abiertos a la verdad y no de espaldas a ella. Además, ese argumento de decir, siempre será más fácil que el hombre se salve en la ignorancia que conociendo las cosas, no vale, es al revés. Siempre será más fácil que el hombre se salve conociendo la verdad que no conociéndola. Siempre será más fácil.

Por ejemplo, imaginar la siguiente aplicación. En África hay tribus que viven totalmente ignorantes del mensaje de Jesucristo, que él ha sido la revelación del Padre enviada al mundo, y viven en sus religiones animistas, llenas de supersticiones, por ejemplo con una serie de ritos y de gurús que verdaderamente pueden llegar a esclavizar al hombre. Con ritos e invocaciones de espíritus, haciendo sufrir tremendamente a las tribus, explotando a las personas… O viven por ejemplo en un régimen de poligamia, con todo lo que eso supone de falta de respeto a la dignidad de la mujer, etc., de que los hijos no crezcan sin ver un modelo de respeto entre sus padres… Va alguien y dice, para qué vamos a ir a predicar el evangelio a esas personas, porque si les predicamos el evangelio, entonces a partir de esa predicación ya van a ser responsables del mal que hacen. Más vale dejarle en su ignorancia y Dios les salvará por ignorancia. Eso no es entender la revelación de Jesucristo. Dios nos ha enviado a su Hijo para que el hombre se salve, para que la salvación sea posible e incluso no sólo sea posible sino que sea más fácil, esté más a nuestra mano. Es mucho más fácil salvarse conociendo a Jesucristo que no conociéndole. Entre otras cosas porque conocer a Jesucristo dignifica, por ejemplo en esas tribus, que he puesto yo ese ejemplo, de África, les permitirá conocer a Jesucristo, liberarse de todas las manipulaciones, de todas esas teorías espiritistas, etc… Y les permitirá vivir el matrimonio de una manera que dignifica a la mujer y los hijos crecen en una concepción de matrimonio estable. Con lo cual, nosotros predicamos no sólo el deseo de Dios de que el hombre se salve, sino que lo haga conociendo la verdad. No en la ignorancia, sino conociendo la verdad. Ese es el versículo 1Tim.

Seguimos adelante y dice que lo hacemos gracias al conocimiento de Cristo Jesús. Cristo Jesús, de quien dice el evangelio de San Juan que es camino, verdad y vida. Si Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, lógicamente tendremos que darla a conocer al mundo. Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino por mí. Por tanto sería un pecado por parte nuestra que habiendo Dios Padre revelado el camino para llegar a él, nosotros lo ocultemos. Pero quién eres tú para ocultarlo, quién eres tú para no hacer todo lo posible para que ese camino de salvación, el camino de salvación, se conozca. Sería una gran responsabilidad, por parte de quienes hemos recibido la revelación, de esconderla. Si me permitís un ejemplo, imaginaros un padre que tiene 5 hijos. Y llega el momento en que al padre se le acerca la hora de su muerte y no están con él los cuatro hijos pequeños, únicamente está el mayor, el primogénito y entonces le llama a su lecho de muerte al hijo mayor y le dice, mira no están aquí tus hermanos, pero tú eres el hermano mayor. Te voy a dejar para ellos este testamento, el testamento de sus bienes como de sus últimas voluntades para ellos. Y entonces el hijo mayor recibe el encargo de transmitírselo a sus hermanos pequeños. Imaginaros que muere el padre y el hijo dice, voy a dedicarme yo a ir a mis hermanos a buscarle a cada uno, que uno vive aquí, el otro allá… Voy a estar yo llamándoles por teléfono y que estoy muy ocupado… que no su hubiesen ido fuera, que se hubiesen quedado aquí, y no se lo transmite… Un ejemplo. Previamente cometería un grave pecado porque él ha sido elegido como primogénito, como hermano mayor, como el instrumento el vehículo para comunicar el testamento del padre a los demás. Por eso se insiste tanto en este texto en ese compromiso moral que adquirimos de transmitir a todos la revelación, hasta los confines del mundo. Y termina diciendo, con un texto de Dei Verbum: “Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos, se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido en todas las edades”. La gracia de Dios, el amor de Dios, la misericordia de Dios ha consistido en dos cosas, primero en revelarse, en comunicarse y segundo en garantizarnos que ese que él ha comunicado, eso que él ha revelado se va a conservar. Que no se va a perder. Porque podría ser un riesgo que Dios ponga en nuestras manos su mensaje y nosotros como irresponsables que somos, terminamos por perderlo, terminamos por olvidarlo, por deformarlo. No, Dios no sólo ha puesto en manos de la Iglesia su revelación, sino que además nos ha garantizado que su Espíritu Santo estará con nosotros, para que esa revelación no se deforme, para que se mantenga íntegra. Para que se mantenga íntegra es la promesa de que el Espíritu Santo nos asiste y que nos acompañará en esa encomienda que nos hizo de transmitir la revelación, predicarla, difundirla hasta que él vuelva en su gloria.

Comentario del 14 de febrero

Después de haber elegido de entre sus discípulos a Doce para que estuvieran con él, ahora designa a setenta y dos para enviarlos por delante a esos lugares y pueblos adonde pensaba ir él. Luego les envía para que preparen de algún modo su llegada a tales lugares. Y les envía como obreros: pocos para una mies tan abundante; y con una petición a quien es Dueño de todo, incluida la mies: que mande obreros a su mies, puesto que el envío de tales obreros depende esencialmente de Él, aunque también de quienes han de estar dispuestos a poner sus manos, su boca y su inteligencia al servicio de esta misión. En cuanto obreros, merecerán su salario, pero éste no rebasa los límites de la subsistencia diaria: la comida y la bebida que tengan en la casa que les haya acogido. No se hace referencia a otro tipo de salario que el que da para el sustento diario.

Y al tiempo que les envía: ¡Poneos en camino!, les da ciertas instrucciones: Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Han de ir con la conciencia de ser sólo corderos, aunque se hallen en medio de lobos y sientan las garras y fauces de esos lobos muy cerca de ellos. Nunca deben perder la mansedumbre propia de los corderos, por muy hostil que se les presente el ambiente que les rodee. El cordero ha de estar dispuesto a ser llevado al matadero. Pero han de saber que en los lugares a que son enviados se encontrarán con lobos que les enseñarán los dientes. No por eso deben detenerse ni dejar de anunciar que el Reino de los cielos está cerca.

Jesús entiende que la misión de tales discípulos no requiere de otros medios: ni talega, ni alforja, ni sandalias de repuesto. Todo eso acabaría estorbándolos. ¿Para qué quieren talega o alforja si la casa que les acoja les proporcionará lo necesario para ese día: techo y comida? Les prohíbe incluso que se detengan a saludar a nadie por el camino. El anuncio del Reino no permite «detenciones» ni distracciones en su ejercicio. Su único objetivo debe ser llegar cuanto antes a esos lugares que se les ha asignado para la misión. No debe haber otras paradas con otros objetivos que les desviarían de esta finalidad: anunciar la cercanía del Reino.

Nada más llegar a su destino han de dar (y, por tanto, también desear) la paz, y esa paz o conjunto de bienes mesiánicos, descansará sobre todos los hombres y mujeres de paz que habiten en esa casa o lugar. Sólo la gente de paz recibirá la paz que ellos portan. Si allí no hubiera gente de paz, se produciría un efecto-rechazo y la paz que ellos intentaban darles volvería a sus donantes. En el pueblo en que sean bien recibidos, han de aceptar con gratitud la comida que les ofrezcan (porque el obrero merece su salario), pero sin olvidar aquello para lo que han llegado a ese lugar: para anunciar que el Reino de los cielos está cerca y para significarlo en la curación de los enfermos que haya. Pero cuando no los reciban deberán hacer un acto público de desagravio. Saldrán a la plaza y dirán: Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros, como haciendo ver que no quieren nada con aquellos ingratos que han rechazado el don de Dios que les llega por su medio. Pero deben saber, a pesar de su persistente sordera, que, lo quieran o no lo quieran admitir, el Reino de Dios está cerca. Semejante rechazo no quedará sin consecuencias: aquel día le será más llevadero a Sodoma que a ese pueblo. Y todos sabían lo que le había ocurrido al pueblo de Sodoma.

¿Por qué concede Jesús tanta importancia a este anuncio que tiene el tono de un pregón? ¿Por qué deben saber esos pueblos que el Reino de Dios está cerca? ¿Qué puede significar para sus vidas la aceptación de semejante noticia? La cercanía del Reino no puede desconectarse de la actividad mesiánica del mismo Jesús en medio de su pueblo. La implantación del Reino no es otra cosa que la presencia benéfica (salvífica) del Salvador que hace sentir su efecto salvífico ya en el mundo. La cercanía del Reino de Dios es la cercanía del mismo Dios en su Hijo encarnado, la cercanía de Dios en la humanidad de Jesucristo. Acoger este anuncio es acogerle a él y acoger su mensaje, su perdón y su salvación. Y acoger el don salvífico de Dios que se hace presente en su humanidad es muy importante. Ese don transformará al hombre, le convertirá en habitante del Reino y le hará vivir en la paz, el amor, la justicia, la misericordia, la fraternidad y el gozo que imperan en ese Reino.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 8. Las Facultades eclesiásticas erigidas o aprobadas por la Santa Sede dentro de Universidades no eclesiásticas, que confieren grados académicos tanto canónicos como civiles, deben observar las prescripciones de esta Constitución, respetando los acuerdos bilaterales y multilaterales que hayan sido estipulados por la Santa Sede con las distintas Naciones o con las mismas Universidades.

Dios nos invita a confiar en él

El mensaje cristiano es un mensaje lleno de esperanza. El Evangelio nos invita constantemente a mirar más allá de esta vida, pues creemos en un Dios que nos espera tras la muerte, en la Vida Eterna. Para ello,Dios nos invita a confiar en Él. Poniendo en Él nuestro corazón y viviendo como nos enseña en el Evangelio llegaremos a esta vida dichosa del Reino de los Cielos. Esta esperanza cristiana resuena a lo largo de la liturgia de la palabra de este domingo.

1. Maldito quien confía en el hombre; dichoso quien confía en el Señor. En la primera lectura de este domingo, el profeta Jeremías nos sitúa ante una doble tesitura: o confiar en el hombre o confiar en Dios. Hay que tener en cuenta que aquí, el profeta Jeremías entiende por confiar en el hombre el poner toda la confianza sólo en lo humano, en lo mortal, dando así la espalda a Dios. Jeremías asegura que la vida de quien confía sólo en el hombre y se olvida de Dios será como un desierto árido, donde no puede crecer la vida. Sin embargo, quien confía en el Señor será como un árbol lleno de vida, junto a una corriente de agua, y que no dejará de dar fruto. Del mismo modo se expresa el salmista en el salmo de la Eucaristía de este domingo. Queda así ante nosotros una doble vía, una bifurcación ante la que hemos de tomar una dirección. Cuántas veces hemos podido experimentar lo efímera que es la esperanza que se apoya sólo en lo humano, en lo mortal. Es una confianza efímera. Sin embargo, ante esto, Jeremías nos propone la confianza en Dios, que nunca se acaba. Se convierte así para nosotros como una corriente de agua que no termina, que constantemente nutre las raíces del árbol de nuestra vida. Aunque venga el duro calor del verano y apriete la sequedad, el árbol plantado junto a una corriente de agua no se seca y sigue dando fruto. Si queremos una vida duradera y fecunda, nuestra confianza ha de estar puesta en el Señor. Recuerdo aquí la oración tan conocida de santa Teresa de Jesús: “Todo se pasa, Dios no se muda. Quien a Dios tiene nada le falta”.

2. Porque nuestra recompensa será grande en el cielo. Pero esa confianza que nos da el Señor no está fundada en beneficios aquí en la tierra, más bien al contrario. En el Evangelio de hoy escuchamos las Bienaventuranzas en la versión de san Lucas, compuestas por cuatro Bienaventuranzas y cuatro “ayes”. No es la versión más conocida, pero también nos muestran el mismo camino: quienes sufren aquí en la tierra, los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los perseguidos, serán recompensados en el Cielo; mientras que los que tienen de todo, los ricos, los que están saciados, los que ahora ríen, los que son aplaudidos y aquellos de quienes todo el mundo habla bien, ya han recibido su recompensa aquí en la tierra. El mensaje de las Bienaventuranzas es un mensaje de esperanza en la Vida Eterna. No se trata de llorar porque sí, o de pasar hambre sin ningún sentido, o de padecer por el mero hecho de padecer. Sino que es una llamada a mirar más allá de la vida aquí en la tierra. Pues los cristianos esperamos la vida del Cielo. Esta Vida Eterna tiene un solo camino, que es el mismo camino que siguió Jesús: la cruz. La cruz, el sufrimiento, la entrega de la propia vida se convierten así en el camino que lleva a la Gloria. Es, en definitiva, seguir las huellas de Cristo, que no buscó el éxito aquí en la tierra, que no procuró tener de todo e incluso un poco más, sino que se reservó todo esto para el Cielo.

3. Si Cristo no ha muerto, nuestra fe no tiene ningún sentido. Cualquiera que pueda estar leyendo esto puede pensar que es absurdo lo que estamos diciendo. ¿Cómo puede ser que el camino por el que nos lleve Cristo nos haga sufrir? ¿Cómo puede ser eso de una vida más allá de la que tenemos aquí en la tierra? ¿Es que podemos esperar algo más de lo que ya tenemos aquí? La verdad es que, si seguimos mirando sólo hacia abajo, al suelo, todo esto que nos propone el Evangelio es un sin sentido. Pero el cristiano no mira al suelo, sino que mira hacia lo alto, hacia el Cielo. Cristo ha resucitado. Ésta es nuestra fe: murió por nosotros y al tercer día resucitó. Esto es lo que da sentido a todo lo demás. Entonces sí podemos entender que una vida de cruz, de sufrimiento, de entrega, puede tener sentido: pues si Cristo ha muerto y ha resucitado, nosotros, si morimos cada día a nosotros mismos también llegaremos a la Vida Eterna con Él. Entonces sí tiene sentido el mensaje de las bienaventuranzas.

Que sepamos confiar más en Él para ser así como árboles plantados al borde de una corriente de agua, el agua de la esperanza cristiana fundada en la resurrección de Cristo. Pidamos a Dios en esta Eucaristía que nos dé una fe grande para poder aceptar los sufrimientos de esta vida con alegría, pues tenemos la esperanza de la resurrección.

Francisco Javier Colomina Campos

Dichosos los pobres: ¡Ay de vosotros los ricos!

Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura en la que había un gran número de discípulos y mucha gente del pueblo de toda Judea, de Jerusalén y del litoral de Tiro y Sidón.

Entonces Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, comenzó a decir:

«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, pues seréis hartos.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

“Dichosos los pobres:

¡Ay de vosotros los ricos!”

Dichosos seréis si os odian los hombres, si os expulsan, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame por causa del hijo del hombre. Alegraos aquel día y saltad de gozo, porque vuestra recom- pensa será grande en el cielo. Así trataban también sus padres a los profetas».

«Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestra consolación! ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis! ¡Ay de vosotros cuando os alaben todos los hombres! Así alababan sus padres a los falsos profetas».

Lucas 6, 17.20-26

Comentario del Evangelio

Lo primero que Jesús dice cuando baja del monte es sobre los pobres. Muchas veces no nos damos cuenta que Jesús estuvo siempre con los pobres, que para él los pobres era lo más im- portante.
Nosotros debemos hacer lo que Jesús hacía y por eso debemos estar con los pobres, ayudándo- les en lo que podamos. Porque los cristianos pensamos que todas las personas son iguales y por eso, no hay derecho a que haya personas que no tengan para comer o no tengan donde vivir. Esa es nuestra misión como Iglesia.

Para hacer vida el Evangelio

• Pregunta qué cosas se están haciendo en tu parroquia para ayudar a los pobres.

• ¿Por qué debemos los cristianos estar cerca de los pobres? ¿Qué cosas podemos hacer para ayudarles?

• Escribe un compromiso para poder hacer algo en tu parroquia para ayudar a los pobres.

Oración

Porque Jesús nos invita
a ser felices,
a tener menos cosas
para ser más libres,
a ser mansos
para sentir equilibrio interior,
a trabajar por la justicia
para lograr el reino,
a ser pacificadores
para generar bienestar,
a biendecir de los demás,
recalcando lo positivo,
a llorar junto a los que sufren
o están solos,
a ser rechazados
o malinterpretados
por nuestra opción,
a sentir hambre
o evitar que otros la sufran
y a colaborar en la instauración del Reino de Dios,
que será la explosión de felicidad y de Amor para todos.

Estamos invitados a la felicidad

No podemos ser tristes
los cristianos,
no podemos ser gente rutinaria,
no podemos relacionarnos con frialdad,

no podemos vivir lamentándonos,
no podemos ser criticones
y protestones,
no podemos generar malestares,
no podemos pasar inadvertidos,
no podemos vivir sin amar,
no podemos esconder nuestra relación con Dios.

Porque Jesús nos invita
a ser felices,
a tener menos cosas
para ser más libres,
a ser mansos
para sentir equilibrio interior,
a trabajar por la justicia para lograr el reino,
a ser pacificadores
para generar bienestar,
a biendecir de los demás, recalcando lo positivo,
a llorar junto a los que sufren o están solos,
a ser rechazados
o malinterpretados
por nuestra opción,
a sentir hambre
o evitar que otros la sufran
y a colaborar en la instauración del Reino de Dios,
que será la explosión de felicidad y de Amor para todos.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo VI de Tiempo Ordinario

• El género literario de la Bienaventuranza es clásico en la Biblia para expresar la felicidad que proviene de Dios(1Re 10,8; Sal 1,1).

• Jesús se dirige al grupo de “sus discípulos” (20) en presencia de mucha gen- te venida de todas partes, en especial de lugares del extranjero –“Tiro y Sidón” (17) son dos ciudades importantes de la costa fenicia, fuera de los límites de Israel–. De esta manera Lucas da un mensaje a la Iglesia, “sus discípulos”, a la que se ha incorporado gente de todo el mundo. Y el mensaje es para “felicitarles” o para advertirles.

• Con la contraposición entre las bienaventuranzas (22-23) y las amenazas (24-26), Lucas presenta el Reino de Dios como la inversión de la situación actual: Dios opta por darse, por dar su Reino, a quienes ahora y aquí se encuentran en necesidad. Y es una opción que no puede justificar de ninguna forma esta situación injusta: por ello aparecen enseguida y en paralelo las amenazas a los“ricos, hartos…”. Se trata de transfor- marlo todo ahora y aquí.

• Jesús se dirige a sus discípulos: “los pobres”, los que “tienen hambre”, los que “lloran”, los “odiados por su causa” (20-22). Para ellos la salvación“ahora” ya ha llegado en Jesús: el Reino es “vuestro”. Dios “ahora” ya está con ellos, pobre con ellos, crucificado con ellos. Así, Dios mismo pone de manifiesto la injusticia: en la cruz de Jesús queda denunciado todo el mal que sufren los pobres.

• El Evangelio de Lucas es especialmente sensible a la predilección de Jesús, que es la de Dios, por los pobres (Lc 4,18; 7,22; 14,13.21; 16,19-26; 19,8).

• “Llegará un día” (23) que el Reino será de ellos en plenitud. La resurrección de Cristo será la de ellos. De aquí que el discípulo pueda “alegrarse y hacer fiesta” (23), no porque sean pobres, no porque sufran … sino porque en esa situación viven los que están en el camino de Jesús, el camino del Dios-amor, el camino del amor de los hermanos. Son “dichosos” porque Dios está a su lado.

• Las amenazas (24-26) también están dirigidas a “vosotros” (24.25.26). Quiere decir que en la misma comunidad de los discípulos a la que se dirige Lucas, hay algunos que con los años, han olvidado el origen de su camino de seguimiento de Jesús. Ya no siguen un camino: se han instalado en una religión. Por otra parte, tienen el corazón ocupado en ellos mismos -en sus riquezas- y no dejan lugar a los otros, ni a Dios. Cuando las riquezas son el consuelo de una persona, la encierran en sí misma y llegan a ocupar toda su vida.

• Los “¡Ayes!” contra los ricos no aparecen en Mateo. Las Bienaventuranzas y los Ayes los encontramos también en el Magnificat (Lc 1,51-53) o en la parábola de Lázaro (Lc 16,19). Son palabras que resuena como advertencia y amenaza: toda confianza puesta en la riqueza es engañosa (Lc 12,19). Pero también es una llamada a convertirse y dirigir nuestra misericordia hacia los más débiles (Lc 6,36).

• En todo caso, Lucas recuerda a todos los discípulos, los primeros y los segundos, que no se deben dejar seducir por las riquezas ni vivir satisfechos de si mismos e indiferentes a las necesidades de los demás. En otro lugar del Evangelio de Lucas, Jesús dice: “no podéis servir a la vez Dios y al dinero” (Lc 16,13).

• La cuarta amenaza (26) advierte al discípulo que debe temer a los halagos. Porque son una mala señal. El camino de Jesús no es el del éxito según el mundo. Cuando una mirada al mundo nos dice que no hay justicia para todos, los elo- gios a los cristianos indican de qué lado estamos (o quieren que estemos).

Comentario al evangelio – 14 de febrero

Mientras el mundo comercial celebra a San Valentín (sin saber quizá nada de dicho santo; hay varios con ese nombre), nosotros recordamos a dos grandes evangelizadores que sembraron la fe cristiana en la Europa oriental y cuya herencia se encuentra hoy principalmente en las Iglesias ortodoxas, aunque también en las católicas de rito bizantino.

El papa Juan Pablo II declaró a los santos Cirilo y Metodio Patronos de Europa, subrayando así la pluralidad de ritos de nuestro continente, con su célebre expresión de que la Iglesia tiene que respirar con los dos pulmones: el oriental y el occidental. Es una invitación al enriquecimiento de nuestra espiritualidad, a la misión y al ecumenismo. Muchas de las Iglesias herederas de estos santos han sufrido en el silgo XX dura persecución y martirio bajo los regímenes comunistas. Se merecen especial veneración.

Las lecturas litúrgicas son de orientación misionera. El libro de los Hechos nos presenta un gran avance de la fe cristiana, que no estaba destinada solo a los judíos, la etnia de Jesús, sino a todo el mundo. Los paganos, que estaban “sin esperanza y sin Dios en este mundo” (Ef 2,12), se alegran inmensamente de que les llega la luz de la fe. Esto nos hace mirar a nuestro tiempo: la Iglesia crece constantemente, pero casi 5000 millones de seres humanos no han oído todavía hablar de Jesús.

El evangelio nos recuerda que Jesús, ya en su tiempo, deseó realizar la misión contando con colaboradores, aquel grupo de seguidores que son prefiguración de toda la Iglesia que surgirá después. A los enviados les predice persecuciones (“en medio de lobos”); ¡cuánto entienden de esto los pueblos evangelizados por Cirilo y Metodio!

El mensaje no puede ser otro que el de la paz. Si el evangelio no deja paz en los corazones, es señal de que el mensajero se ha equivocado en la exposición. Desgraciadamente abundaron en otra época predicadores de amenaza y amedrentamiento; con cierta admiración, y diferenciándole de otros de su tiempo, decía de la predicación del P. Claret el filósofo Balmes: “nada de terror, suavidad en todo”. “Evangelio” es palabra griega que significa “anuncio agradable”; desnaturalizarlo sería un gran pecado. El mismo pasaje que hemos leído le da como contenido la cercanía del “Reino de Dios”; y, cuando Dios reina, el hombre disfruta de paz, de plenitud, está feliz.

Jesús quiere, además, que el mensajero lleve el evangelio como incorporado a su atuendo, o simbolizado por su vida. Sería contradictorio que el que anuncia al Dios providente anduviese ansioso por llenar sus alforjas y talegas. Otra versión lucana del discurso (Lc 9) prohíbe además al enviado llevar bastón: mensajero de la paz, será más convincentes si viaja indefenso. Y no puede perder el tiempo en los ceremoniosos saludos judíos a los transeúntes (“no saludéis por el camino”), pues retardaría lo que urge transmitir; el mensaje es tan importante que su entrega no admite dilación. Finalmente, el evangelizador debe cultivar la cercanía cordial con el receptor de su anuncio, la cual se manifiesta en comer a una misma mesa. Hermoso programa para evangelizadores de hoy.

Severiano Blanco cmf