Jueves V de Tiempo Ordinario

Hoy es 14 de febrero.

Es muy fácil despistarse en el camino y a veces nos metemos por atajos que no siempre nos llevan a vida de mayor calidad humana y cristiana. Este momento de oración, puede ayudarte a tomar de nuevo el camino correcto. No importa el ritmo, sino ir en la dirección correcta. Abre tu corazón a la escucha de la palabra. El Señor te está esperando.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 10, 1-9):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»»

¿Cómo va madurando mi fe en medio del dolor y sufrimiento que no faltan en mi vida? ¿Mantengo la esperanza o veo que nada tiene sentido? ¿En qué o en quién me apoyo para sostenerme en la dificultad?

Jesús me invita a seguirle, camino que también incluye la cruz. Y puedo sentir temor como persona humana que soy. Pero él me anima, porque perder con él es ganar. Quiero optar por lo que da pleno sentido a mi vida. ¿Dónde pongo mis pérdidas y mis ganancias?

Las palabras de Jesús son una llamada a creer. Más allá incluso de lo razonable. Y ponerlo todo tras sus huellas. Quiero vivir mi compromiso con la fuerza del Señor. ¿Qué me detiene?

El pasaje de Lucas es un texto breve en sus palabras, pero denso de contenido. Al leerlo de nuevo, abre tu corazón con el deseo de que el Señor vaya haciéndote permeable hacia su mensaje para llevarlo a la vida diaria. Se necesita un proceso lento, no es fácil ni rápida la asimilación del evangelio de Jesús. Pero en él encontramos la fuerza y la luz necesarias para su realización.

Ya voy terminando este encuentro contigo, Señor. Quiero agradecerte cuanto me has comunicado en él. Mira mis deseos, acepta mi voluntad de seguir cada vez con mayor fidelidad. Ayúdame a hacer realidad ese sueño de mejorar mi persona para mejorar el mundo. Gracias, Señor, por tanto como me regalas.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.