I Vísperas – Domingo VI de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Luz que te entregas!
¡Luz que te niegas!
A tu busca va el pueblo de noche:
alumbra su senda.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas,
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla;
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMO 118: HIMNO A LA LEY DIVINA

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

SALMO 15: EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano;
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA: Col 1, 2b-6b

Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R/ Su gloria sobre los cielos.
V/ Alabado sea el nombre del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

PRECES
Demos gracias al Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y, recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

  • Padre lleno de amor, te pedimos por el Papa, y por nuestro obispo:
    — protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.
  • Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
    — para que así tengan también parte en su consuelo.
  • Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
    — y haz que encuentren pronto el hogar que desean.
  • Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
    — para que a nadie falte el pan de cada día

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Ten, Señor, piedad de los difuntos
    — y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sencillos de corazón, concédenos vivir por tu gracia de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 16 de febrero

Lectio:  Sábado, 16 Febrero, 2019
1) Oración
Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Marcos 8,1-10
Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.» Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?» Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos le respondieron: «Siete.» Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanutá.
3) Reflexión
• El texto del evangelio de hoy nos trae la segunda multiplicación de los panes. El hilo que une los varios episodios de esta parte de Marcos es el alimento, el pan. Después del banquete de la muerte (Mc 6,17-29), viene el banquete de la vida (Mc 6,30-44). Durante la travesía del lago, los discípulos tienen miedo, porque no entendieron nada de la multiplicación del pan en el desierto (Mc 6,51-52). En seguida, Jesús declara puros todos los alimentos (Mc 7,1-23). En la conversación de Jesús con la mujer Cananea, los paganos van a comer las migas que caen de la mesa de los hijos (Mc 7,24-30). Y aquí, en el Evangelio de hoy, Marcos relata la segunda multiplicación del pan (Mc 8,1-10).
• Marcos 8,1-3: La situación de la gente y la reacción de Jesús. La multitud, que se reúne alrededor de Jesús en el desierto, estaba sin comer. Jesús llama a los discípulos y expone el problema: “Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. ¡Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino! En esta preocupación de Jesús despuntan dos cosas muy importantes: a) La gente olvida casa y comida para ir detrás de Jesús en el desierto. Señal de que Jesús tiene que haber tenido una simpatía ambulante, hasta el punto que la gente le sigue en el desierto y ¡se queda tres días con él! b) Jesús no manda resolver el problema. Apenas manifiesta su preocupación a los discípulos. Parece un problema sin solución.
• Marcos 8,4: La reacción de los discípulos: el primer mal-entendido. Los discípulos piensan en una solución, segundo la cual alguien tiene que buscar pan para la gente. No se les pasa por la cabeza que la gente misma puede tener una solución. Y dicen: “¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos, aquí en el desierto?” Con otras palabras, piensan en una solución tradicional. Alguien tiene que recaudar dinero, comprar el pan y distribuirlo a la gente. Ellos mismos perciben que, en aquel desierto, esta solución no es viable, pero no encuentran otra para resolver el problema. Es decir: si Jesús insiste en no mandar a la gente de vuelta a casa, ¡no habrá solución para el hambre de la gente!
• Marcos 8,5-7: Jesús encuentra una solución. Primero, pregunta cuántos panes tienen: “¡Siete!” En seguida, manda la gente a sentarse. Después, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran. Hizo lo mismo con los peces. Como en la primera multiplicación (Mc 6,41), la forma en la que Marcos describe la actitud de Jesús recuerda la Eucaristía. El mensaje es éste: la participación en la Eucaristía tiene que llevarnos a dar y a compartir con los que no tienen pan.
• Marcos 8,8-10: El resultado. Todos comieron, quedaron saciados y ¡hasta sobró! Solución inesperada, nacida desde dentro del pueblo, desde lo poco que habían traído. En la primera multiplicación, sobraron doce cestos. Aquí, siete. En la primera había cinco mil personas. Aquí, cuatro mil. En la primera, había cinco panes y dos peces. Aquí, siete panes y algunos peces.
• El peligro de la ideología dominante. Los discípulos pensaban de una manera, Jesús piensa de otra manera. En la manera de pensar de los discípulos emerge la ideología dominante, la manera común de pensar de las personas. Jesús piensa de forma diferente. No es porque una persona va con Jesús y vive en comunidad que ya es santa y renovada. En medio de los discípulos, cada vez de nuevo, se infiltraba la mentalidad antigua, ya que el “fermento de Herodes y de los fariseos” (Mc 8,15), esto es, la ideología dominante, tenía raíces profundas en la vida de aquella gente. La conversión que Jesús pide va más allá y más al fondo. El quiere llegar a la raíz y erradicar los varios tipos de “fermento”:
* el “fermento” de la comunidad encerrada en si misma, sin apertura: “¡Quien no está en contra, está a favor!» (Mc 9,39-40). Para Jesús, lo que importa no es si la persona es o no miembro de la comunidad, lo importante para él es si hace o no el bien que la comunidad debe realizar.
* el “fermento” del grupo que se considera superior a los otros. Jesús responde «No sabéis con qué espíritu estáis siendo animados» (Lc 9,55).
* el “fermento” de la mentalidad de clase y de competitividad, que caracterizaba la sociedad del Imperio Romano y que se infiltraba ya en la pequeña comunidad que estaba comenzando. Jesús responde:»El primero que sea el último» (Mc 9, 35). Es el punto en que más insistió y del que más dio testimonio: “No he venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45; Mt 20,28; Jn 13,1-16).
* el “fermento” de la mentalidad de la cultura de la época que marginaba a los pequeños, a los niños. Jesús responde:” ¡Dejad que los niños vengan a mí!” (Mc 10,14). El pone a los niños como profesores de los adultos: “Quien no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lc 18,17).
Como en el tiempo de Jesús, también hoy la mentalidad neoliberal renace y reaparece en la vida de las comunidades y de las familias. La lectura orante del Evangelio, hecha en comunidad, puede ayudarnos a cambiar vida y visión y a seguir convirtiéndonos, siendo fieles al proyecto de Jesús.
4) Para la reflexión personal
• Entre amigos y con los enemigos puede que haya malentendidos. ¿Cuál es el malentendido entre Jesús y los discípulos en ocasión de la multiplicación de los panes? Jesús, ¿cómo se enfrenta a estos malentendidos? Tú, ¿has tenido algún malentendido en casa, con los vecinos y en la comunidad? ¿Cómo has reaccionado? Su comunidad, ¿ha enfrentado ya algún malentendido o conflicto con las autoridades del ayuntamiento o de la iglesia? ¿Cómo fue?
• ¿Cuál es el fermento que hoy impide la realización del evangelio y que debe ser eliminado?
5) Oración final
Señor, tú has sido para nosotros
un refugio de edad en edad.
Antes de ser engendrados los montes,
antes de que naciesen tierra y orbe,
desde siempre hasta siempre tú eres Dios. (Sal 90,1-2)

Con alegría

Son cosas de los que ya somos mayores. Me he acordado hoy en misa, de la canción de los payasos: “Así planchaba, así, así”.

Y es que he sacado una escoba, un libro, un plato… Y ante ello, los niños ponían cara triste. Hay que trabajar con esos objetos

Al cambiar Jesús el agua en vino, he recordado que Jesús lo que hace es convertir la realidad, el quehacer duro, la vida rutinaria en alegría, en buen humor, en vino nuevo. Que dure la fiesta.

Es penosa la cantidad de personas que encontramos en la vida quejándose, lamentándose, sintiéndose mal. Es preciso realizar el signo de cambiar el agua de la rutina en vino de salvación.

Me encanta cuando recorro las casas del pueblo y oigo a las mujeres cantar mientras barren. Lo mismo que cuando veo a los obreros silbar mientras trabajan en la obra.

Hacer de la realidad una oportunidad gozosa. Da gusto cuando nos encontramos con personas felices en su quehacer. Si se trata de médicos, ya tienen los enfermos asegurada la mitad de la sanación.

Se me ha ocurrido muchas veces, y en alguna ocasión lo he realizado, dar el pésame al empezar la celebración de la Eucaristía, porque las caras de las personas reflejan tristeza, seriedad…

Qué alegría siento cuando hay algún niño muy pequeño en misa y se escapa y sube al altar. Es una gozada. Ojalá hubiese muchos más niños. Puede ocurrir que las personas mayores no estemos alegres porque algo nos molesta o nos duele.

Podríamos usar la risa y la alegría como elementos para sanar a las personas. Podría el médico mandar a las personas acudir a la Eucaristía como elemento para curarnos.

Que estamos pocos, pues fenomenal. Que somos mayores, estupendo. Los que participamos, podemos hacerlo con cara y corazón festivo. ¡Demos gracias al Señor nuestro Dios!

La alegría es fruto de la paz y de la serenidad. Aunque los problemas sean fuertes, tener un ánimo sereno y acoger la fuente de alegría que Jesús hace brotar en nuestro ser.

Me pregunto muchas veces “¿cómo podemos decir que anunciamos la Buena Noticia?” Algo falla pues no llega a las personas con esa frescura y gozo.

Igual es que las personas que participamos en las celebraciones, somos mayores y tenemos un carácter más bien serio. Ojalá la fuerza del Espíritu nos alegre y podamos decir sonriendo y cantar aquello de “así barría, así, así,… así barría, que yo la vi”.

Gerardo Villar

Comentario del 16 de febrero

Remito al comentario del ocho de enero sobre Mc 6, 34-44, que nos refiere el primer relato de la multiplicación de los panes. Mc 8, 1-10 nos ofrece un segundo relato que apenas difiere del primero. Pero el evangelista lo presenta como una nueva multiplicación de panes y peces. Es lo que da a entender cuando dice: Por aquellos días, estando de nuevo (πάλιν) reunida mucha gente y no teniendo qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si les despido en ayunas, van a desfallecer por el camino.

De nuevo se habla de muchedumbre y de nuevo se invoca la compasión como motivo de la actuación de Jesús en esas circunstancias. Pero en este caso no se dice que Jesús vea a la gente como ovejas sin pastor, sino como personas en riesgo de desfallecer por el camino si se les despide en ayunas. También los discípulos advierten la desproporción entre los medios y los fines: ¿De dónde sacar pan aquí, en despoblado, para saciar a tantos? Pues sólo disponían de siete panes. De nuevo el mandato de Jesús de tomar asiento en el suelo, su acción de gracias sobre los panes y su partición y repartición, tarea en la que colaboran sus discípulos, que son quienes sirven los panes partidos a la gente. Los inmediatos colaboradores son también los más inmediatos testigos del hecho milagroso. Y a nos panes se añadieron unos cuantos peces, que también fueron bendecidos y repartidos. El relato subraya nuevamente la saciedad de la gente tras haber comido y las sobras recogidas, hasta llenar siete canastas, a pesar de la gran cantidad de comensales, unos cuatro mil.

Sea una nueva multiplicación, sea un segundo relato de la misma multiplicación, lo cierto es que se usa el mismo esquema narrativo y se presta a una interpretación similar; por eso acabo de remitir a mi anterior comentario. El relato nos invita no sólo a la admiración del hecho sorprendente y maravilloso, sino también a la colaboración con el agente de semejante hecho de compasión y beneficencia. Dios nos quiere como colaboradores de sus portentosas obras, no sólo repartiendo lo que él pone en nuestras manos, sino también poniendo en sus manos lo que él puso previamente en las nuestras, es decir, lo que ya tenemos en nuestro poder. He ahí la base para el milagro, pues Dios puede multiplicar con extrema celeridad nuestros escasos recursos. Mediando la caridad y el poder de Dios, lo posible ser hará real si le proporcionamos los escasos bienes de que disponemos. Y el efecto de esta conjunción de fuerzas y medios será siempre la saciedad de los beneficiarios. Que el Señor nos encuentre disponibles para que se obre el milagro.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Las bienaventuranzas

1. Tras bajar del monte al llano, según Lucas (o al subir al monte, según Mateo), pronunció el Señor las bienaventuranzas, mediante las cuales se transmutan todos los valores a partir de la sabiduría del Evangelio. Las bienaventuranzas —dirigidas, según Lucas, a los discípulos (cristianos) y al pueblo (toda la humanidad)constituyen el programa nuclear del reinado de Dios y responden a una aspiración profundamente humana. El mensaje de las bienaventuranzas es un ideal cristiano de vida y un mensaje liberador para todos. Dios no bendice situaciones de carestía injusta, sino actitudes de justicia.

2. Jesucristo, situado en la base, se pone al lado de los pobres, afligidos, hambrientos y perseguidos, porque quiere que haya justicia. Ama a todos, pero a unos llama «dichosos» (a los pobres), mientras que amonesta severamente a otros (a los ricos).

Lucas describe cuatro bienaventuranzas y cuatro «malaventuranzas»: Jesús llama «dichosos» a los desgraciados que sufren injustamente, y «desgraciados» a los ricos de este mundo, establecido como sistema injusto. Los humillados son elevados, y los prepotentes desenmascarados. Esta palabra evangélica de bendición y de maldición no se pronuncia desde la revancha, sino desde la justicia y la caridad.

3. Es intolerable que unas personas o pueblos mantengan sometidos o esclavos a otros en una sociedad que se cree libre, justa e incluso religiosa. La miseria del hambre (pan injustamente repartido), del dolor (especialmente del indebido) y del odio (racismo, desprecio, marginación) debe ser abolida. Sólo la justicia es capaz de romper con el sistema diabólico. El evangelio de Lucas se mueve en un nivel social con exigencias radicales.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Cuáles son en realidad nuestros valores?

¿Creemos de verdad en el mensaje de las bienaventuranzas?

Casiano Floristán

El sermón de la llanura

La articulación de lecturas en la liturgia dominical encierra frecuentemente una clave de interpretación. Esto ocurre con las lecturas de este domingo que a primera vista no presentarían una relación clara entre ellas.

Una interpelación

El evangelio nos presenta el inicio del sermón de la llanura (lo que en Mateo es el sermón de la montaña). Jesús descendió del monte, donde había pasado la noche en oración y se encuentra con «un grupo grande de discípulos del pueblo» (v. 17). Lucas gusta resaltar con frecuencia esta presencia de las multitudes en torno a Jesús. Lo que les va a decir no son consejos exquisitos sólo para unos pocos; vale para todos los «que habían venido para oírle y ser curados» (v. 18).

«Levantando los ojos hacia sus discípulos» (v. 20), de manera muy directa, dirigiéndose a ellos, los que están delante de él, va dejando caer cuatro bienaventuranzas para los pobres, los que tienen hambre ahora, los que lloran ahora, los odiados y perseguidos por causa del Hijo del hombre (cf. v. 20-22). Enuncia asimismo cuatro muy severas amonestaciones a los ricos, a los que ahora están satisfechos y ríen, elogiados por todos (cf. v. 24-26). Los que habían venido «a oírle» debieron sentirse sin duda aludidos e interpelados. El estilo de predicación no deja escapatoria. Cada uno debe descubrir en qué grupo los está colocando Jesús. Sus palabras suenan ajuicio escatológico, en el que quedan definitivamente relacionados el «ahora» de situaciones tan opuestas con el futuro del Reino de hartura y felicidad o con el futuro de irremediable carencia y aflicción sin consuelo.

El juicio de Dios

Es claro que Jesús se está refiriendo a condiciones de vida reales: pobreza y sus consecuencias de hambre, desgracia y persecución; riqueza y sus repercusiones de satisfacciones, risas y elogios. Y es claro también que al confrontarlas con el futuro escatológico, que con él se inaugura, proclama una inversión —la «inversión mesiánica»— de situaciones: los que ahora tienen hambre y lloran encontrarán plenitud y alegría, los que ahora están saciados y ríen sentirán hambre y aflicción. No se trata de revancha histórica, sino de juicio de Dios, que pone al descubierto la verdad profunda de las vidas humanas —ubicaciones concretas, aspiraciones, escala de valores y estilos de vida— ante el anuncio del acontecimiento de la salvación y el reino de Dios.

Por eso mismo se trata de un juicio para la conversión, de una llamada a cambiar ahora actitudes y ubicación en la historia, aspiraciones y proyectos en razón del Reino futuro que Jesús anuncia ya presente y actuante. La fe en la resurrección de Jesús sin la cual nuestra fe sería vana, según dice Pablo a los corintios (cf. 1 Cor 15, 17), abre la existencia humana hacia un horizonte de esperanza que trasciende «esta vida» terrena (v. 19). Nos aporta una clave nueva para entender y afrontar situaciones y proyectos, para dirimir en qué ponemos nuestra confianza última: «Confiar en un hombre y buscar su fuerza en la carne» o «confiar en el Señor» como expresa la primera lectura (v. 5.7).

Las bienaventuranzas y amonestaciones de Jesús sobre situaciones humanas tan cercanas y concretas constituyen puntos de referencia precisos para orientarse y caminar sin perderse. Y también sin dejarse deslumbrar por criterios y escalas de valores mundanos, a través de las realidades de esta vida, nuestro «ahora», con la esperanza abierta por la resurrección de Jesucristo.

Gustavo Gutiérrez

Depende de cosas pequeñas

Todos buscamos la felicidad y todos vamos a por ella. ¿La conseguimos todos, muchos pocos?Pero… ¿Qué es la felicidad. ¿Cómo lograrla? Hoy el evangelio proclama con cierta solemnidad quiénes son o somos felices. Pero ya desde el primer golpe nos deja descolocados. Nos dice bienaventurados, dichosos, felices los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que ahora lloráis. Bienaventurados cuando os odien, cuándo os excluyan, os insulten…

No llego a comprender, a aceptar estas afirmaciones: El presentar como deseables situaciones que humanamente no parce que lo sean. A las personas nos cuesta aceptar el pensamiento de Jesús. Incluso a personas bien preparadas. El dinero y otros valores (como dar rienda suelta a todas las pasiones) no dan automáticamente la felicidad, aunque muchos lo crean o lo creamos. ¿Qué actitud tomar ante la vida?. Los dos extremos: el despilfarro y el rigorismo no parecen los más acertados. Austero equivale a mortificado, severo, sencillo, sin alardes. La austeridad, permite un crecimiento sostenible con la importancia que se da estos días a este adjetivo “sostenible”. Nos empuja a cuidar de la madre tierra, del planeta azul, de la única despensa de la que disponemos. La austeridad por tanto nos abre amplios horizontes.

Si hacemos caso de las encuestas, la mayoría de la gente se siente feliz, aunque si se pregunta de uno en uno, por separado, las respuestas no son tan optimistas. Sospecho que las personas somos bastante torpes en éste capítulo del amor, a pesar de que al “atardecer de la vida seremos juzgados sobre el amor”. Respecto a la felicidad, nuestro comportamiento no suele ser ni lógico ni coherente. “Queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implica. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar. No queremos relaciones, queremos amigos con derecho a roce. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo. Queremos todos los beneficios sin ningún coste, Queremos comprometernos un poco pero no al 100%”.

Todos queremos ser felices. Para serlo es necesario (está demostrado) que tenemos que ser capaces de querer al otro, al vecino, al prójimo. Es decir haciendo tareas que beneficien a los demás. Ser útil, amar y ser amado. Con una dosis de estas tres actitudes en la mochila podemos caminar por la vida. Algo de esto decía el escritor y teólogo Thomas Chalmerse. Para éste la felicidad consiste en tener algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar. En realidad no nos pone las cosas difíciles. Más aún cuando se trata de cosas pequeñas.

Josetxu Canibe

Contacto humano

Cuando el único afán de las personas es verse libres de todo sufrimiento, resulta insoportable el contacto directo con el dolor y la miseria de los demás.

Por eso se explica que muchos hombres y mujeres se esfuercen por defender su pequeña felicidad, evitando toda relación y contacto con los que sufren.

La cercanía del niño mendigo o la presencia del joven drogadicto nos perturba y molesta. Es mejor mantenerse lo más lejos posible. No dejarnos contagiar o manchar por la miseria.

Privatizamos nuestra vida cortando toda clase de relaciones vivas con el mundo de los que sufren y nos aislamos en nuestros propios problemas, haciéndonos cada vez más insensibles al dolor ajeno.

Son muchos los observadores que detectan en la sociedad occidental un crecimiento de la apatía, la indiferencia e insensibilidad ante el sufrimiento de los otros.

Hemos aprendido a amurallarnos detrás de las cifras y las estadísticas que nos hablan de la miseria en el mundo y podemos calcular cuántos niños mueren de hambre cada minuto, sin que nuestro corazón se conmueva demasiado.

Incluso, las imágenes más crueles y trágicas que pueda servirnos la TV quedan rápidamente relegadas y olvidadas por el telefilme de turno.

El gran economista J.K. Galbraith ha hablado de la creciente «indiferencia ante el Tercer Mundo». Según sus observaciones, el aumento de riqueza en los países poderosos ha aumentado la indiferencia hacia los países pobres. «A medida que aumentó la riqueza, se podía haber esperado que la ayuda aumentara a partir de la existencia de recursos cada vez más abundantes. Pero he aquí que ha disminuí- do la preocupación por los pobres tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo rico».

La actitud de Jesús hacia los marginados de su tiempo resulta especialmente interpeladora para nosotros.

Los leprosos eran segregados de la sociedad. Tocarlos significaba contraer impureza y lo correcto era mantenerse lejos de ellos, sin contaminarse con su problema ni su miseria.

Jesús no sólo cura al leproso sino que lo toca. Restablece el contacto humano con aquel hombre que ha sido marginado por todos.

La sociedad seguirá levantando fronteras de separación hacia los marginados. Son fronteras que a un creyente sólo le indican las barreras que ha de traspasar para acercarse al hermano necesitado.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 16 de febrero

El autor del Génesis, perteneciente a la sociedad agrícola de su tiempo, sabe que las cosechas no siempre se corresponden con el sudor derramado sobre el campo, y que las culebras se arrastra por la tierra… Conoce, además, los dolores que acompañan al parto. Sobre todo, es consciente de que el hombre busca una felicidad que, en vez de salirle al encuentro, parece huir de él: las puertas del paraíso anhelado son infranqueables. En su reflexión sobre tanto mal, se pregunta por las causas, y elabora una respuesta imaginativa; nuevamente nos encontramos con el género etiología.

Ese mundo idílico, supuestamente perdido a causa del pecado, en realidad no existió nunca. La Biblia no enseña cosmogénesis, ni entiende de glaciaciones, o de evolucionismo. Pero ciertamente sabe que muchos males de nuestro mundo proceden de la maldad moral del hombre, con la cual Dios no está de acuerdo. Y sabe que quien está en harmonía con sus hermanos y con Dios lleva en sí mismo un manantial de felicidad.

Por otra parte, ve al ser humano como el centro de la creación, la cual camina hacia donde él la conduzca. Y eso lo expresa mediante el deterioro que todo sufre cuando el hombre deteriora su propia existencia; “el hombre es el pastor del ente”, escribió un filósofo del siglo pasado. San Pablo dirá que la creación está sometida a la vanidad por uno que la sometió, no por propia responsabilidad. Y al mismo tiempo formula una esperanza: cuando el hombre sea plenamente recuperado, redimido, también la creación participará de la gloria de los hijos de Dios, cuya manifestación está aguardando con dolores como de parto… (Rm 8, 22).

Mientras tanto, la Iglesia celebra anticipada y sacramentalmente esa omnipresencia del bien. El mandato de Jesús “dadles vosotros de comer” es el origen de una fiesta de la fraternidad. Sobre lo poco que el hombre puede aportar, viene el poder de Jesús y aparece algo así como un mundo nuevo; se cumple la petición de un himno vespertino que dice: “Si poco fue el amor en nuestro empeño/ de darle vida al día que fenece/, convierta en realidad lo que fue un sueño/ tu gran amor, que todo lo engrandece”.

Efectivamente, la multiplicación de los panes que narra Marcos es la aparición de un mundo nuevo. Se sacia el hambre material y tiene lugar también un acontecimiento de comunión humana y una anticipada celebración eucarística; el evangelista narra la acción de Jesús con las mismas palabras de la Última Cena. El grupo es numeroso, y el milagro sucede fuera de Palestina, en tierra pagana. Los seguidores de Jesús se juntan con muchos extraños: “los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán” (Sal 47,9). Ya no hay hambre, ya no hay disensión, ya no existe el extranjero. Cuando abrimos a los demás el corazón y la capaza, Jesús actúa, y se anticipa “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21,1), el objeto de nuestra esperanza.

Severiano Blanco cmf