Depende de cosas pequeñas

Todos buscamos la felicidad y todos vamos a por ella. ¿La conseguimos todos, muchos pocos?Pero… ¿Qué es la felicidad. ¿Cómo lograrla? Hoy el evangelio proclama con cierta solemnidad quiénes son o somos felices. Pero ya desde el primer golpe nos deja descolocados. Nos dice bienaventurados, dichosos, felices los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que ahora lloráis. Bienaventurados cuando os odien, cuándo os excluyan, os insulten…

No llego a comprender, a aceptar estas afirmaciones: El presentar como deseables situaciones que humanamente no parce que lo sean. A las personas nos cuesta aceptar el pensamiento de Jesús. Incluso a personas bien preparadas. El dinero y otros valores (como dar rienda suelta a todas las pasiones) no dan automáticamente la felicidad, aunque muchos lo crean o lo creamos. ¿Qué actitud tomar ante la vida?. Los dos extremos: el despilfarro y el rigorismo no parecen los más acertados. Austero equivale a mortificado, severo, sencillo, sin alardes. La austeridad, permite un crecimiento sostenible con la importancia que se da estos días a este adjetivo “sostenible”. Nos empuja a cuidar de la madre tierra, del planeta azul, de la única despensa de la que disponemos. La austeridad por tanto nos abre amplios horizontes.

Si hacemos caso de las encuestas, la mayoría de la gente se siente feliz, aunque si se pregunta de uno en uno, por separado, las respuestas no son tan optimistas. Sospecho que las personas somos bastante torpes en éste capítulo del amor, a pesar de que al “atardecer de la vida seremos juzgados sobre el amor”. Respecto a la felicidad, nuestro comportamiento no suele ser ni lógico ni coherente. “Queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implica. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar. No queremos relaciones, queremos amigos con derecho a roce. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo. Queremos todos los beneficios sin ningún coste, Queremos comprometernos un poco pero no al 100%”.

Todos queremos ser felices. Para serlo es necesario (está demostrado) que tenemos que ser capaces de querer al otro, al vecino, al prójimo. Es decir haciendo tareas que beneficien a los demás. Ser útil, amar y ser amado. Con una dosis de estas tres actitudes en la mochila podemos caminar por la vida. Algo de esto decía el escritor y teólogo Thomas Chalmerse. Para éste la felicidad consiste en tener algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar. En realidad no nos pone las cosas difíciles. Más aún cuando se trata de cosas pequeñas.

Josetxu Canibe