Vísperas – Jueves VI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES VI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.

No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junt a Dios eternamente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrate al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sore el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le pagen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Lïbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 1, 22-23

Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis visto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y dudadera.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Elevemos nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:

Bendice a tu pueblo, Señor.

  • Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa y a nuestro obispo,
    — a los que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.
  • Protege, Señor, nuestros pueblos y ciudades
    — y aleja de ellos todo mal.
  • Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
    — siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.
  • Conseva el propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
    — para que sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna
    — y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión de los santos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 21 de febrero

Lectio: Jueves, 21 Febrero, 2019
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sencillos de corazón; concédenos vivir por tu gracia de tal manera, que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 8,27-33
Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.» Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo.» Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy habla de la ceguera de Pedro que no entiende la propuesta de Jesús cuando habla de sufrimiento y de cruz. Pedro acepta a Jesús como mesías, pero no como mesías sufriente. Está influenciado por la “levadura de Herodes y de los fariseos”, es decir, por la propaganda del gobierno de la época que hablaba sólo del mesías como rey glorioso. Para entender bien todo el alcance de esta ceguera de Pedro es importante colocarla en su contexto literario.
• Contexto literario: El evangelio de Marcos trae tres anuncios de la pasión y muerte de Jesús: el primero en Mc 8,27-38; el segundo en Mc 9,30-37 y el tercero en Mc 10,32-45. Este conjunto, que va de Mc 8,27 a Mc 10,45, es una larga instrucción de Jesús a los discípulos para ayudarlos a superar la crisis provocada por la Cruz. La instrucción es introducida por la curación de un ciego (Mc 8,22-26) y, en definitiva, está clausurada por la curación de otro ciego (Mc 10,46-52). Los dos ciegos representan una ceguera de los discípulos. La curación del primero ciego fue difícil. Jesús tuvo que realizarla en dos etapas. Igualmente difícil fue la curación de la ceguera de los discípulos. Jesús tuvo que hacer una larga explicación respecto del significado de la Cruz, para ayudarlos a percibir algo, pues era la cruz la que estaba provocando en ellos la ceguera. Veamos de cerca la primera curación del ciego:
• Marcos 8,22-26: La primera curación del ciego. Un ciego pide a Jesús que le cure. Jesús lo cura, pero de forma distinta. Primero, lo lleva fuera de la aldea. Luego le escupe en los ojos, impone las manos y pregunta: ¿Ves algo? Veo personas; parecen árboles que andan. Percibe sólo una parte. Confunde árboles por personas, o personas por árboles. Solamente en su segundo intento Jesús le cura. Esta descripción de la curación del ciego introduce la instrucción a los discípulos. En realidad, el ciego era Pedro. El aceptaba a Jesús como mesías, pero solamente como mesías glorioso. ¡Percibía solamente una parte! No quería el compromiso de la Cruz. Se servirá también de diversos intentos para curar la ceguera de los discípulos.
• Marcos 8,27-30. Descubrimiento de la realidad: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Jesús pregunta: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”. Ellos responden relatando las diversas opiniones: -“Juan Bautista”. -“Elías o uno de los profetas”. Después de oír las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro respondió: “¡El Señor, el Cristo, el Mesías!” Esto es, el Señor es aquel que ¡el pueblo está esperando! Jesús concuerda con Pedro, pero le prohíbe hablar de esto con la gente. ¿Por qué lo prohíbe? En aquel tiempo, todos esperaban la venida del mesías, pero cada uno a su manera: unos como ¡rey, otros como sacerdote, doctor, guerrero, juez, profeta! Ninguno parecía estar esperando al mesías servidor sufriente, anunciado por Isaías (Is 42,1-9).
• Marcos 8,31-33. Primero anuncio de la pasión. En seguida, Jesús comienza a enseñar que él es el Mesías Siervo y afirma que como Mesías Siervo anunciado por Isaías, pronto será condenado a muerte en el ejercicio de su misión de justicia (Is 49,4-9; 53,1-12). Pedro se espanta, llama a Jesús a un lugar apartado para desaconsejarle. Y Jesús responde a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» Satanás es una palabra hebraica que significa acusador, aquel que aleja a los demás del camino de Dios. Jesús no permite que alguien lo aleje de su misión. Literalmente el texto dice: “¡Atrás de mí, Satanás!” Pedro debe seguir a Jesús. No debe invertir los papeles y pretender que Jesús le siga a Pedro.
4) Para la reflexión personal
• Todos creemos en Jesús. Pero algunos le entendemos a Jesús de una forma, otros de otras. ¿Cuál es hoy la imagen común que la gente tiene de Jesús? ¿Cuál es la respuesta que la gente daría hoy a la pregunta de Jesús? Yo, ¿qué respuesta le doy?
• ¿Qué nos impide reconocer a Jesús como Mesías?
5) Oración final
Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 75. Cristo nuestro Señor, en quien alcanza su plenitud toda la Revelación de Dios, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas, que Él mismo cumplió y promulgó con su voz» (DV 7).

 

En la plenitud de la revelación, Dios Padre nos envía a su hijo Jesucristo. Es la plenitud de la revelación. Acordaros de ese texto del inicio de la carta a los Hebreos que leíamos: “Antiguamente Dios habló a nuestros padres a través de los profetas… pero en la plenitud de los tiempos, nos ha hablado a través de Jesucristo”Y dio a luz a la Iglesia para encomendarle, no sólo encomendarle, para pedirle, para mandarle, como un imperativo suyo, un imperativo del amor, que transmitiese esa revelación, que la guardase como un texto que Dios deposita en sus manos y que la Iglesia está llamada a difundir. La razón de ser de la Iglesia es esa. No es autocontemplarse, sino que es ser testigo de lo que ha recibido. Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis. La Iglesia es, por su propio espíritu fundacional, la Iglesia es totalmente deseo de donación, de salir de sí misma, de ir en busca de la oveja perdida. No hay ningún hijo que se quede sin recibir el testamento del Padre. Por eso Cristo no sólo entrega la revelación sino que al entregar la revelación, obviamente funda la Iglesia. La da a luz. Hoy existe un error, bastante difundido, a veces en ambientes teológicos, en los que viene a decir que Jesucristo no es que fundase la Iglesia, puso algunas bases para que después, posteriormente los apóstoles, la fundasen. Quiero poner a vuestra consideración este error bastante extendido, como si Jesucristo no hubiese tenido una intención explícita de fundación de la Iglesia, como si él mismo no hubiese dado los pasos sustanciales para ello. Jesucristo fundó la Iglesia, claro. Ahora ya sabemos que la palabra fundar no podemos entenderla en el sentido moderno que hoy se entiende por la palabra fundar, porque para nosotros la palabra fundar es un acto jurídico ante notario y levantando acta. Obviamente ya sabemos que no se entiende en ese sentido fundar. Pero cuando Jesucristo convoca a los doce apóstoles y pone a Pedro como cabeza del colegio apostólico. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.Y cuando les dice id y bautizad, id y perdonad los pecados, id y proclamad el evangelio…Y cuando insiste aquellos que dejen por mí casa y padre y madre y hermanos…Obviamente Jesús ha dado luz a la Iglesia, a fundado la Iglesia. Por eso no sólo entregó la revelación y la dejó ahí de una manera desestructurada. Jesucristo entregó su revelación a una Iglesia que tenía ya esa estructura de Iglesia y que era consciente que tenía que acoger, respetar y transmitir ese mensaje de la revelación.

Cuando se dice por cierto, una pequeña aclaración. Cuando se dice eso de que Jesucristo entregó su evangelio al mundo, la palabra Evangelio se utiliza como un sinónimo de la revelación. Por ejemplo el evangelio qué se refiere únicamente a los cuatro evangelios, no se refiere a los Hechos de los Apóstoles. No, la palabra evangelio está utilizada como sinónimo de la Palabra entera. Las cartas de San Pablo, todo lo que ha sido reconocido por la Iglesia como Palabra de Dios. O sea, que hablamos indistintamente aquí dentro de la palabra evangelio es sinónimo de Sagrada Escritura. No sólo los cuatro evangelios sino la Sagrada Escritura, el libro de los Hechos de los Apóstoles y la carta a los Hebreos, etc.

Dice este texto que el evangelio es fuente de toda verdad salvadora y norma de conducta. Fuente de toda verdad  salvadora y fuente de toda norma de conducta. Esa revelación, esa Palabra de Dios que se transmite, es para todos nosotros, es tan importante. Es caer en cuenta que en ella comienza un proyecto totalmente nuevo para nosotros. Fuente de toda norma de conducta. Porque es Dios el que nos ha hablado y para nosotros no es lo mismo partir de la opinión de los hombres, que obviamente serán contradictorias, de lo que es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, de lo que es la voluntad de quien nos ha creado, de quien nos ha redimido. ¿Qué quiere Dios de mí? Os imagináis que ahora nosotros pudiésemos tener como una especie de línea directa en la que uno dice, a ver qué quiere Dios de mí. Como el hombre, como esa tendencia ansiosa que tiene el hombre, cuando recurre a las supersticiones para ver que le dicen las cartas, o una sesión espiritista. Existe esa tendencia a querer saber. Claro que esa tendencia ha sido acogida por Dios y contestada en la revelación, no en las supersticiones, en la revelación. Dios nos ha revelado lo que quiere para nosotros y nos ha dicho lo suficiente. Es verdad que no nos ha transmitido curiosidades, pero nos ha dicho lo suficiente. Y todo el hombre que quiera saber lo que Dios quiere de él, puede descubrirlo en la revelación que Dios le ha transmitido. Abriéndose a la revelación, entrando en camino de oración, discernimiento, irá conociendo lo que Dios quiere para él. Por lo tanto el camino es este, el camino no es superstición, el camino no es el de la ignorancia, el camino es el de abrirse a la revelación, explicada por la Iglesia, discernida también por nosotros en la oración, en el acompañamiento personal, que también la Iglesia nos hace. Este es el camino.

Comentario del 21 de febrero

A la pregunta de Jesús a sus discípulos: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?, Pedro, quizá como portavoz del grupo, respondió: Tú eres el Mesías. La versión de Mateo añade alguna cosa a la de Marcos, pero ésta parece más cercana a los orígenes. A juicio de Pedro, o de su inspirador, Jesús no era un profeta más, un Elías, un Juan Bautista o cualquier otro profeta; esto era lo que pensaba la mayor parte de la gente que tenía buena opinión de él. Otra, muy distinta, era la opinión de sus enemigos o adversarios.

Decir Mesías era decir Ungido del Señor para llevar a cabo la misión encomendada, ungido y enviado. La denominación le confería una singularidad que le colocaba por encima de los profetas. Pero Jesús, aun reconociendo el acierto de la designación (era algo que le había sido revelado a Pedro por el Padre celestial), les prohíbe terminantemente divulgarlo.

Ya sabemos que la expresión podía dar lugar a equívocos y prestarse a interpretaciones falsas o abusivas. Al Mesías podía confundírsele con un líder carismático capaz de emprender una campaña revolucionaria y violenta; y esto era siempre motivo de alarma para los dirigentes del pueblo y las autoridades imperiales. Quizá aquí se encuentre la razón de la terminante prohibición de Jesús. Eso es lo que parecen indicar al menos sus instrucciones y precisiones: El Hijo del hombre –les decía- tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días.

Él lo tenía muy claro. Por eso podía explicarlo con toda claridad. Su futuro mesiánico no será el de un militar triunfante, ni el de un hábil político, sino el de un condenado a muertepor las autoridades legítimamente constituidas; ni siquiera el de un condenado a muerte tras haber sido capturado en una campaña militar después de haber cosechado repetidos triunfos en campañas diversas, sino el de un condenado a muerte que había sufrido previamente la incomprensión de los que estaban investidos de autoridad judicial y habían hecho recaer sobre él la grave acusación de blasfemia. Su futuro es, pues, el de un condenado a muerte, pero también el de un resucitado (a los tres días) de entre los muertos: un futuro en el que habrá sufrimiento, y sufrimiento abundante (el Hijo del hombre tiene que padecer mucho), pero también gloria, porque el condenado es un hombre inocente y superará el juicio de Dios; más aún, será constituido por el Dios que le rescata de la muerte juez supremo, juez de vivos y muertos, incluidos los mismos jueces que le habrán condenado injustamente a una muerte ignominiosa o muerte en cruz y entre dos malhechores.

Cuando Pedro, que no entiende ni acepta este diseño de futuro, se lo lleva aparte, como si tuviera ascendencia sobre él, y lo increpa para que deseche pensamientos tan nefandos, se hace merecedor de un severo reproche por parte de Jesús, y en presencia de los demás (porque quería que los demás se enterasen para que no alimentasen las mismas fantasías), lo increpó: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

La reacción de Jesús resulta casi violenta; tiene la dureza de las descalificaciones. Está viendo momentáneamente en su discípulo a un aliado de Satanás, que pretende desviarle de su camino y, por tanto, apartarlo de la voluntad de su Padre, cuando él no ha venido para otra cosa que para cumplir esta voluntad y llevar a término sus designios. Pensar como los hombres es aquí no pensar como Dios y, por tanto, oponerse en cierto modo a sus planes, que es lo que hace expresa y radicalmente el demonio, ese mismo que le tienta a hacer actos de poder como transformar las piedras en panes o arrojarse desde el alero del templo, el mismo que le tienta a seguir su trazado y a someterse a su poderío haciendo un simple acto de adoración, el mismo que le tentará por boca de los miembros del Sanedrín a bajar de la cruz estando clavado a ella. Tras la increpación de Pedro ve Jesús al mismo tentador del desierto. Ello explica seguramente la dureza de la respuesta: ¡Apártate de mi vista!

Nosotros hoy podemos ver las cosas desde otra perspectiva diferente a la que tenía Pedro (y los demás discípulos) en aquel momento. Nosotros vemos hoy las cosas desde los acontecimientos consumados y desde sus interpretaciones redentoras. Por eso disponemos de más y mejores elementos de juicio para hacernos una idea más ajustada a la realidad de tales hechos, es decir, disponemos de una información que nos permite pensar menos como los hombres y más como Dios, pues el pensamiento de Dios lo vemos reflejado en la historia de su Hijo encarnado. Aun así, nos sigue costando mucho asimilar el pensamiento (=plan) de Dios sobre su Hijo y su obra salvífica, culminada en el Calvario, como nos cuesta también, y quizá mucho más, asimilar el proyecto de Dios sobre cada uno de nosotros, un proyecto de gloria, pero que pasa inevitablemente por la cruz.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 15. Las Autoridades académicas son personales y colegiales. Son autoridades personales en primer lugar el rector o presidente y el decano. Autoridades colegiales son los distintos organismos directivos, como los consejos de Universidad o de Facultad.

El amor cristiano a los enemigos

1. A vosotros los que me escucháis os digo: haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian… Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso… Amad a vuestros enemigos.

Debemos tener en cuenta que el amor cristiano llega mucho más lejos que el amor puramente afectivo y sentimental. Afectiva y sentimentalmente no podemos amar a todas las personas que conocemos y con las que nos relacionamos, porque el amor puramente afectivo y sentimental depende de unas causas psicológicas que nuestra voluntad no siempre puede controlar y dirigir. Pero el amor cristiano, el que Cristo nos pide, es otra cosa: es querer el bien para todos, incluidos los enemigos, y no desear nunca el mal a nadie. En este sentido, sí podemos afirmar con rotundidad que un cristiano sí pude y debe bendecir a los que le maldicen y orar por los que le calumnian. Tampoco debemos confundir nunca el amor cristiano con el olvido de los males que algunas personas nos hayan hecho. Podemos perdonar siempre, aunque no siempre podamos olvidar. El ejemplo supremo para un cristiano debe ser siempre Cristo y Cristo perdonó a sus enemigos y rezó a su Padre para que les perdonara: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” dijo en la cruz, refiriéndose a los que le estaban matando violenta y cruelmente. Y es que el corazón de Cristo era el corazón de Dios que, como nos dice hoy el salmo 102, el salmo responsorial, es un corazón compasivo y misericordioso, que perdona todas nuestras culpas y nos colma de gracia y de ternura. Los que queremos ser buenos cristianos amemos, pues, a todas las personas, incluidos nuestros enemigos, bendigamos a los que nos maldicen y oremos por los que nos calumnian. Quizá lo que más fácilmente podemos hacer siempre es rezar por los que nos quieren mal y nos hacen el mal. Oremos, por tanto, como buenos cristianos, por todos, amigos y enemigos, por los que hablan bien de nosotros y por los que hablan mal, por los que nos quieren bien y por los que nos quieren mal. Esto es lo que nos exige nuestro amor cristiano, el amor de Cristo.

2. Abisay dijo a David: Dios pone hoy al enemigo en tu mano. Déjame que lo clave de un golpe con la lanza en la tierra. No tendré que repetir. David respondió: No acabes con él, pues ¿quién ha extendido su mano contra el ungido del Señor y ha quedado impune?

La escena que nos relata hoy el libro de Samuel entre el rey Saúl y el que sería el rey más famoso de Israel, David, la conocemos bien todos los que hemos leído la Biblia. El rey Saúl consideraba a David su enemigo y quería matarlo porque este era más querido que él por el pueblo. Al futuro rey David se le presenta ahora la oportunidad de matar a su rey legítimo y ser nombrado él mismo rey de Israel. David renuncia a matar a su rey porque lo considera “el ungido de Yahvé”. Aún hoy día la actitud de David, renunciando a matar a su enemigo, el rey, nos parece de una grandeza de ánimo inmensa y nos enseña a valorar en su justa medida a todos los que legal y socialmente están por encima de nosotros. Aprendamos a distinguir entre la bondad y el justo comportamiento de los cargos políticos y sociales por un lado y el respeto que debemos tener siempre a su autoridad legítima, por otro, aunque no aprobemos su comportamiento.

3. Hermanos: El primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante. Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual.

Así es nuestra condición humana, como nos dice muy bien san Pablo en esta su primera carta a los Corintios. Como seres humanos, somos descendientes de Adán y de Cristo, pero como cristianos debemos saber comportarnos siempre en nuestra vida diaria como auténticos discípulos de Cristo. Esto no es nada fácil, porque los frutos de la carne se oponen a los frutos del espíritu y el hombre viejo se resiste a dejarse dirigir por el hombre nuevo. Que se lo pregunten al mismo san Pablo, cuando él mismo nos dice que más de una vez hace lo que no quiere y no hace lo que, como hombre nuevo, querría hacer. Esta lucha la vamos a tener dentro de nosotros hasta que nos muramos; no renunciemos nunca a la misma, aunque a veces nos cueste mucho. Como buenos cristianos tratemos de ser siempre buenos discípulos de Cristo.

Gabriel González del Estal

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo

«Yo os digo a vosotros que me escucháis: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os calumnian. Al que te abofetea en una mejilla, ofrécele también la otra; a quien te quita el manto, dale también la túnica. Da a quien te pida, y no reclames a quien te roba lo tuyo. Tratad a los hombres como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis? También los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis el bien a los que os lo hacen, ¿qué mérito tendréis? Los pecadores también lo hacen. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos otro tanto. Pero vosotros amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar re- muneración; así será grande vuestra recompensa y seréis hijos del altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y con los malvados. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso».

«No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; se os dará una buena medida, apretada, rellena, rebo-sante; porque con la medida con que midáis seréis medidos vosotros».

Lucas 6, 27-38

Comentario del Evangelio

Hoy Jesús nos pide algo que es difícil: perdonar a las personas cuando nos hacen daño, amar a los enemigos. Cuando nos hacen algo malo solemos sacar de dentro lo peor de nosotros mismos: odio, rencor… Pero Jesús nos pide justamente lo contrario; que veamos en las personas con las que nos llevamos mal una oportunidad de hacer el bien. Sabemos que no es fácil, pero Jesús no nos pide lo que es fácil, sino lo que está bien…

Aprendamos de lo que nos dice Jesús y seamos personas capaces de sembrar el bien y el Amor cuando las cosas se ponen feas, tengamos o no razones para estar enfadados.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe el nombre de alguna persona con la que esta semana has tenido alguna discusión o con las que no te lleves bien.

• ¿Por qué nos enfadamos las personas unas con otras? ¿Qué nos pide Jesús que hagamos cuando hay problemas entre nosotros?

• Escribe un compromiso para poder hablar con esa persona con la que tienes algún problema.

Oración

Si adoptáramos tu forma de vivir,
Jesús, todo sería distinto.

Comenzaríamos queriéndonos
a nosotros mismos,
con ese amor ciego con que Dios
nos quiere.
Creeríamos en nuestras posibilidades
y potencias interiores
y pondríamos en marcha
todos nuestros recursos.
Querríamos también a todas las personas,
descubriríamos el valor oculto
que todas poseen
y la gran obra que el Señor
ha creado en cada uno.
Amaríamos a nuestros enemigos
y a todos los que nos han hecho daño,
porque perdonaríamos como Tú, Padre,
hasta setenta veces siete, es decir, siempre y todo,
limpiando nuestra mente de memorias
y resentimientos.

Si te hiciéramos caso, Jesús

Si adoptáramos tu forma de vivir, Jesús, todo sería distinto.
Comenzaríamos queriéndonos

a nosotros mismos,
con ese amor ciego con que Dios
nos quiere.
Creeríamos en nuestras posibilidades
y potencias interiores
y pondríamos en marcha
todos nuestros recursos.
Querríamos también a todas las personas,
descubriríamos el valor oculto

que todas poseen
y la gran obra que el Señor
ha creado en cada uno.
Amaríamos a nuestros enemigos

y a todos los que nos han hecho daño,
porque perdonaríamos como Tú, Padre,
hasta setenta veces siete, es decir, siempre y todo,

limpiando nuestra mente de memorias y resentimientos.
Tendríamos un corazón compasivo
y misericordioso como el tuyo,
sensible al dolor del hermano,
atento a sus necesidades.

No perderíamos el tiempo
en maledicencias ni juicios ajenos,
sino que disculparíamos siempre

y entenderíamos todo.
Viviríamos el Amor en todo momento

y relación,
siendo provocadores de encuentros,
de amistad, de compañerismo

y de fraternidad alrededor.
Si viviéramos como nos enseñaste,
Jesús, no andaríamos nunca preocupados

ni agobiados,
nos dejaríamos sosegar por Ti
y elegiríamos siempre de la vida

la mejor parte,
que es la de gozar la vida con tu compañía,
tu impulso y tu Espíritu. Gracias, Señor.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo VII de Tiempo Ordinario

• Proseguimos el Evangelio. Jesús se dirige a los discípulos, “a os que me escucháis” (27). Habla a los que están en la situación de las Bienaventuranzas, concretamente a los que son “perseguidos”.

• Jesús propone una manera de responder a la situación injusta de persecución, de “odio”, de “exclusión”, de “ofensa”: se trata de responder de forma activa, no pasiva.

• Esta nueva relación engendra un nuevo comportamiento con los demás. Hacer y desear (bendecid, rezad) el bien (28); desarmar la violencia con la no violencia (29); generosidad si limites (30); amor desinteresado y no proceder como los descreído (32-34).

No se habla de obedecer a Dios, sino de parecerse a él, de actuar como él actúa (hijos del altísimo) (35).

Misericordiosos, compasivos (36).

No erigirse en censor de los demás, el perdón obtiene perdón (37), la generosidad, generosidad.

• No se trata, pues, de encajar una maldición (28), o de encajar cualquier otra ofensa(29-30) y aguantarse. Se trata de responder activamente con “la bendición”, con la gratuidad (30.34), con el amor hecho acción, no una palabra vacía aunque sea bonita. Sólo así haremos añicos la dinámica de la violencia.

• El Antiguo Testamento nos habla de los enemigos de Israel como enemigos de Dios, y del enemigo personal como rechazado por Dios, ya que el justo y el piadoso están bajo la protección de Dios. Sin embargo a veces se pide al israelita que no se alegre con la caída de su enemigo (Prov 24,17) o se le pide que dé de comer al enemigo hambriento (Prov 25,21). Normalmente el amor y el perdón del enemigo aparecen limitados a los adversarios israelitas (1 Sm 24,26), a los que son del mismo pueblo y tienen la misma religión. El odio al enemigo aparece en el Antiguo Testamento como algo natural (Sal 35).

• De este modo, Jesús va más allá no sólo de la ley del talión, muy bíblica: ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie (Ex 21,14), que tenía la finalidad de poner un límite a la prepotencia del más fuerte y a la venganza sin control (Gn 4,23-24). Va más allá, también, de la regla de oro: No hagas a otro lo que a ti no te agrada (Tb 4,15); lo que el Antiguo Testamento presentaba en negativo, Jesús lo formula en positivo:»Tratad a los demás como queréis que ellos os traten» (31).

• A sus discípulos, a nosotros, nos propone que vivamos y actuemos como lo hace Dios, «que es bueno con los malvados y desagradecidos» (35) y es «compasivo» (36). En esta manera de actuar se manifestará que somos «hijos» de Dios (35). Una de lascaracterísticas de este estilo de vida es la gratuidad (32-34): la bondad, el amor, la misericordia… de Dios son gratuitos. Tan gratuitos como puede ser un banquete cuando los comensales son pobres: Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos (Lc 14,12-14).

• Que el «Padre» (36) es «compasivo» ya lo había dicho el Antiguo Testamento. Dios está lleno de ternura y compasión, como un padre o una madre por sus hijos (Ex 34,6; SI 103,13).

• Las frases pasivas de este texto -«no seréis juzgados», «no seréis condenados», «seréis perdonados», «se os dará», «os verterán una medida generosa» (37-38)-, de acuerdo con las formas bíblicas de expresión, tanto pueden referirse a la acción de Dios (Mc 4,24) como también pueden entenderse de las relaciones entre nosotros (Mt 7,1-2).

• «No juzguéis», «no condenéis» (37); al contrario, «perdonad», «dad» (37-38): en esta generosidad podemos hallar la auténtica felicidad (Lc 6, 20-23), la que halla Zaqueo cuando lo comparte todo con los pobres (Lc 19,8).

• Por tanto, no se trata de juzgar ni, menos aún, de condenar a los que piensan de modo distinto, ni siquiera a los que nos causan daño. Ante una campaña electoral, por ejemplo, lo que hay que priorizar es la pregunta por los pobres, por los trabajadores, por los jóvenes…: ¿qué programa los tiene en cuenta?

Comentario al evangelio – 21 de febrero

La vida es un camino en el que hasta el último día podemos aprender cosas nuevas.

Así también el discipulado cristiano: seguir al Maestro es un continuo aprendizaje. Es verdad que hay un primer momento de formación más intensa. Pero nunca llegamos a saberlo todo, y siempre hemos de estar abiertos a la sorpresa.

Hoy los discípulos tienen esa experiencia. Jesús les va instruyendo por el camino. Y en esta ocasión utiliza el método de las preguntas. Quiere saber qué dicen de Él. Qué piensan otros, y qué piensan los discípulos. Pedro parece dar la respuesta correcta: en su convivencia con el Maestro comienza a intuir lo que representa… pero no le da el auténtico significado. Jesús lo intuye, y por eso les instruye sobre el tipo de Mesías que Él quiere encarnar: su mesianismo pasa por la cruz, en la esperanza de la resurrección.

Entonces Pedro muestra que no ha entendido nada. Quiere él marcar las pautas, dictar el modo, señalar el camino. Y ante ello, Jesús dice las palabras más duras que encontramos en el Evangelio para uno de los suyos: “¡Quítate de mi vista, Satanás!…”. Es mucho lo que está en juego. Él no quiere ser mal interpretado. Por eso, desde el amor a Pedro, es también capaz de corregirle con firmeza, para que corrija la visión que tenía de su misión.

Hoy es un buen día para reflexionar sobre nuestra imagen de Jesús. Es muy fácil quedarse solamente con una de sus facetas. Jesús, según la Palabra, es el enviado del Padre, el Hijo del hombre -hermano de todos-, el Maestro de vida, el sanador de los necesitados, el cordero entregado y el Señor del mundo. Todo eso, como puente hacia el Padre y como inaugurador del Reino.
Después de veintiún siglos, Él quiere seguir instruyendo a sus discípulos, por el camino, para que continuemos su misión en nuestros días.

Luis Manuel Suárez CMF