Vísperas – Cátedra del apóstol San Pedro

VÍSPERAS

LA CÁTEDRA DEL APÓSTOL SAN PEDRO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Tu barca de pescador,
que llegó de Roma al puerto,
va siguiendo el rumbo cierto
que le trazara el Señor.

La va llevando el amor
siempre a nuevas singladuras.
En las borrascas oscuras,
para que a Cristo sea fiel,
Simón Pedro, el timonel,
vela desde las alturas.

Si toda la Iglesia oraba
por ti, ahora tú por ella,
que eres su roca y su estrella.
Cuando se tambaleaba
tu fe, sobre el mar, te daba
Cristo fuerza con sus manos.
Boga mar adentro, y danos
-a la Iglesia, que te implora-
tu presencia guiadora
y confirma a tus hermanos.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. «Pedro: ¿me quieres?» «Señor, tú sabes que te quiero». «Apacienta mis ovejas»

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagarél al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Pedro: ¿me quieres?» «Señor, tú sabes que te quiero». «Apacienta mis ovejas»

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, y la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, y la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

LECTURA: 1P 1, 3-5

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

RESPONSORIO BREVE

R/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

R/ Sus maravillas a todas las naciones.
V/ La gloria del Señor

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Tú eres el pastor de las ovejas, príncipe de los apóstoles; te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres el pastor de las ovejas, príncipe de los apóstoles; te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

PRECES

Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

  • Padre santo, que quisiste que tu Hijo, resucitado de entre los muertos, se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
    — haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
  • Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
    — haz que el evangelio sea proclamado a toda la creación.
  • Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
    — danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.
  • Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
    — haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,
    — admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 22 de febrero

Lectio: Viernes, 22 Febrero, 2019

Matthew 16:13-19

1) Oración inicial

Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua limpios de pecado. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 16,13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

3) Reflexión

● El evangelio de hoy habla de tres puntos: la opinión de la gente respecto a Jesús (Mt 16,13-14), la opinión de Pedro respecto de Jesús (Mt 16,15-16) y la respuesta de Jesús a Pedro (Mt 16,17-19).
● Mateo 16,13-14: La opinión de la gente respecto a Jesús. Jesús hace una pregunta respecto a la opinión de la gente respecto a su persona. Las respuestas son variadas: Juan Bautista, Elías, Jeremías, un profeta. Nadie acierta. Hoy también, es grande la variedad de opiniones de la gente respecto a Jesús.
● Mateo 16,15-16: La opinión de Pedro respecto a Jesús. Enseguida, Jesús pide la opinión de los discípulos. Pedro se convierte en portavoz y dice: “¡Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!” La respuesta no es nueva. Anteriormente, los discípulos habían dicho lo mismo (Mt 14,33). En el Evangelio de Juan, Marta hace la misma profesión de fe (Jn 11,27). Significa que en Jesús se realizan las profecías del AT.
● Mateo 16,17-19: La respuesta de Jesús a Pedro. La respuesta tiene varias partes:
– Bienaventurado tú Pedro Jesús proclama Pedro “¡Bienaventurado!”, porque recibiste una revelación del Padre. Aquí también la respuesta de Jesús no es nueva. Anteriormente, el había alabado al Padre por haber revelado el Hijo a los pequeños y no a los sabios e inteligentes (Mt 11,25-27) y había hecho la misma proclamación de felicidad a los discípulos porque estaban viendo y oyendo cosas que antes nadie conocía (Mt 13,16).
Pedro es Piedra. Pedro debe ser piedra, esto es, debe ser fundamento firme para la Iglesia para poder resistir contra las puertas del infierno. Con estas palabras de Jesús, Mateo anima a las comunidades perseguidas de Siria y Palestina. A pesar de ser débiles y perseguidas, las comunidades tienen un fundamento firme, garantizado por la palabra de Jesús. La piedra, como fundamento de la fe, evoca la palabra de Dios al pueblo en exilio: “¡Escúchenme, los que van tras la justicia, ustedes, los que buscan al Señor! Fíjense en la roca de la que fueron tallados, en la cantera de la que fueron extraídos; fíjense en su padre Abraham y en Sara, que los dio a luz: cuando él era uno solo, yo lo llamé, o bendije y lo multipliqué.”. (Is 51,1-2). Indica un nuevo comienzo.
– Pedro, Piedra. Jesús da un nombre a Simón y lo llama Piedra (Pedro). Pedro es Piedra de dos formas: fundamento (Mt 16,18) y es piedra de tropiezo (Mt 16,23). En nuestra iglesia católica insistimos mucho en Pedro-piedra-fundamental. Pedro, por un lado, era débil en la fe, dividido, trató de desviar a Jesús, tuvo miedo en la huerta, se durmió y huyó, no entendía lo que Jesús decía. Por otro lado, era como los pequeños que Jesús proclamó bienaventurados. Siendo uno de los doce, se hace de ellos portavoz. Más tarde, después de la muerte y de la resurrección de Jesús, su figura creció y se volvió símbolo de la Comunidad. Pedro está firme no por mérito propio, sino porque Jesús rezó por él, para que su fe no desfalleciera (Lc 22,31-34)
Iglesia, Asamblea. La palabra Iglesia, en griego eklésia, aparece 105 veces en el NT, casi exclusivamente en los Hechos de los Apóstoles y en las Cartas. En los evangelios aparece tres veces, solamente en Mateo. La palabra significa literalmente “convocada” o “escogida”. Indica a la gente se reúne convocada por la Palabra y trata de vivir el mensaje del Reino que Jesús trae. La Iglesia o la comunidad no es el Reino, pero sí uno instrumento y una muestra del Reino. El Reino es mayor. En la Iglesia, en la comunidad tiene que aparecer a los ojos de todos, aquello que acontece cuando un grupo humano deja que Jesús reine y sea el centro de sus vidas.
– Las llaves del Reino. Pedro recibe las llaves del Reino. Este mismo poder de atar y desatar es dado también a las comunidades (Mt 18,18) y a los otros discípulos (Jn 20,23). Uno de los puntos en que el evangelio de Mateo insiste más es la reconciliación y el perdón. Es una de las tareas más importantes de los coordinadores y coordinadoras de las comunidades. Imitando a Pedro, tienen que atar y desatar, es decir, procurar que reinen la reconciliación, la aceptación mutua, la construcción de la fraternidad.

4) Para la reflexión personal

● ¿Cuáles son las opiniones que existen en nuestra comunidad sobre Jesús? Estas diferencias en la forma de vivir y expresar la fe ¿enriquecen la comunidad o perjudican el camino y la comunión? ¿Por qué?
● ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?

5) Oración final

En ti, Yahvé, me cobijo,
¡nunca quede defraudado!
¡Líbrame conforme a tu justicia! (Sal 31,2)

Comentario del 22 de febrero

En cierta ocasión, nos refiere Mateo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Por el tenor de la pregunta, parece que Jesús tiene la intención de sondear la opinión pública que se han forjado sus contemporáneos de su persona. Ellos contestan lo que han oído entre la gente: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. La opinión generalizada es que se trata de un profeta que actualiza o reproduce la misión de antiguos profetas, de profetas de fama contrastada. Pero Jesús quiere ir más lejos; desea conocer su propia opinión. Ellos han estado más cerca de él; le han acompañado en sus correrías apostólicas; han sido testigos de sus actuaciones milagrosas; han observado el asombro que provocaba su enseñanza; tienen, por tanto, un conocimiento más acendrado, al menos más inmediato y próximo, de él. ¿Quién decís, vosotros, que soy yo?Porque algo tendrán que decir; porque tendrán una opinión formada, que no tiene por qué ser la de la gente del entorno.

Leyendo el texto, da la impresión de que aquella pregunta les dejó sorprendidos, como si no tuvieran una respuesta a mano. Jesús ciertamente era su Maestro. Ellos lo habían dejado todo para seguirle. Podían equipararle, como los demás, a uno de los grandes profetas de la antigüedad. Tal vez pensasen incluso que él era el Mesías anunciado y esperado. Pero ¿tenían una idea clara de lo que esto significaba? Lo cierto es que el único que tomó la palabra fue Simón Pedro, que dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Por lo que le responde después Jesús, podemos deducir que Pedro no era del todo consciente del alcance de sus palabras, pues le habían sido reveladas de lo alto: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo!

Si no se lo ha revelado nadie de carne y hueso, tampoco lo ha deducido de su propia observación. Podía tener una idea vaga de haber encontrado al Mesías anunciado; pero difícilmente podía identificar al Ungido de Dios con el Hijo de Dios vivo. Y eso a pesar de haber oído con frecuencia a Jesús referirse a su Padre del cielo. Lo seguro es que Jesús ve en la confesión de fe de Pedro una revelación del Padre. Ello, además de otras razones, le permite darle un puesto singular entre sus discípulos: Tú eres Pedro –tal es el nombre de la vocación o de la elección-, y sobre esta piedra –que eres tú- edificaré mi Iglesia. Para desempeñar esta función de cimiento dispondrá de las llaves del Reino de los cielos y podrá atar y desatar en la tierra, quedando sellada su actuación en el cielo.

De este modo la Iglesia de Cristo se convierte en Iglesia petrina: una Iglesia que se levanta también sobre la fe de Pedro. Para cumplir su singular misión, necesitará de la potestad de abrir y cerrar (el poder de las llaves), de atar y desatar (el poder de absolver y de retener, de excomulgar y de reconciliar), es decir, la potestad de gobierno, no en solitario, porque no dejará de formar parte del colegio apostólico, pero sí en singular, como miembro preeminente de ese colegio, como «Papa». A esa función primacial corresponde la vigilancia sobre el depósito doctrinal para que no se falsee ni se deforme, la salvaguarda de la unidad en la Iglesia, la defensa de toda la grey frente a las posibles y reales agresiones, el cuidado pastoral del rebaño a él encomendado: apacienta a mis ovejas.

Pedro ha de tener sucesor porque Jesús ha querido a Pedro como «piedra» de su Iglesia. A la Iglesia de Cristo no debe faltarle nunca esta piedra que sustenta el edificio. El primado de Pedro se convierte así en un elemento esencial de esta construcción (= institución) querida expresamente por Cristo para prolongar su misión en el mundo. Apreciemos en todo su valor este elemento de la estructura eclesial y recemos en estos días tanto por el Papa que nos deja como por el que nos será dado en poco tiempo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 16. Los estatutos de la Universidad o Facultad deben determinar con toda claridad los nombres y la competencia de las autoridades académicas, las modalidades de su designación y el tiempo de su duración en el cargo, teniendo en cuenta tanto la naturaleza canónica de la Universidad o Facultad, como la costumbre de las Universidades de la propia región.

Amor gratuito

1.- Amor y perdón. Son dos palabras claves que se repiten en las lecturas de este domingo. Fáciles de pronunciar, pero difíciles de practicar. Amar a los que nos aman puede ser interesado. El mérito está en amar a aquél que no nos lo puede devolver, e incluso a aquél que nos odia. Eso hizo David cuando perdonó la vida a su perseguidor, el rey Saúl. Es lo que hizo Jesús en la Cruz cuando perdonó a los que le maltrataban: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

2.- Perdonar a nuestros enemigos. Porque Dios es el primero que nos perdona a nosotros, porque como proclamamos en el salmo “el Señor es compasivo y misericordioso”. Él no nos trata como merecen nuestros pecados y derrama raudales de misericordia con nosotros. A mi mente viene aquella anécdota en la que un niño, intrigado por las palabras de su catequista que le decía que Dios con su providencia infinita está siempre despierto velando por nosotros, le preguntó a Dios si no se aburría teniendo que estar todo el tiempo despierto. Dios le contestó al niño con estas palabras: “no me aburro, me paso el día perdonando”. Contrasta la “ternura” de Dios con esa imagen de Dios “eternamente enojado”, que me parece muy poco acorde con el Evangelio.

3.- La cadena de la violencia sólo se rompe amando. Es la mirada de amor la que puede transformar el corazón de piedra del agresor. No cabe duda de que la violencia engendra violencia y esta rueda sólo se puede parar con la fuerza del amor. Hay un lado “provocador” en las palabras de Jesús en el Sermón del Monte: poned la otra mejilla, bendecid a los que nos maldicen, amad al enemigo, no juzguéis y no seréis juzgados. El amor puede hacer que el enemigo deje de ser enemigo y se convierta en un hermano, que reconozca su mal y trate de repararlo, que cambie de forma de pensar y de actuar. Seamos sinceros al decir en el padrenuestro “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Seamos comprensivos y compasivos como lo es Dios con nosotros. Si nos es difícil vivirlo pidamos, al menos, que nos ayude…. a perdonar como Él nos perdona.

4.- Amar de forma gratuita. La existencia de muchas personas cambiaría y adquiriría otro color y otra vida si aprendieran a amar gratis a alguien. El ser humano está llamado a amar desinteresadamente; y, si no lo hace, en su vida se abre un vacío que nada ni nadie puede llenar. No es una ingenuidad escuchar las palabras de Jesús: “Haced el bien… sin esperar nada”. Puede ser el secreto de la vida, lo que puede devolvernos la alegría de vivir. Ágape, amor gratuito, es el nombre del amor cristiano. Así nos ama siempre Dios, aunque nosotros no seamos capaces de corresponderle.

José María Martín OSA

La misa del Domingo: Misa con niños

1. MONICION DE ENTRADA

Una vez más, y ojala no lo olvidemos nunca, el amor de DIOS que es grande e inagotable, nos convoca en esta eucaristía.

Estamos a punto de iniciar la Santa Cuaresma el próximo miércoles de ceniza. ¿Por qué no nos comprometemos a hacer el bien a las personas que más cerca tenemos? Pidamos al Señor, en esta Misa, que descubramos que la mayor felicidad que podemos tener es dándonos a los demás.

Que sepamos, porque es verdad, que la fuente del amor está en Jesús. Sin El es muy difícil ser buenas personas o ser como El quiere.

Nos ponemos de pie y cantamos: CRISTO TE NECESITA PARA AMAR

2. PENITENCIAL

a) La sociedad en la que vivimos nos enseña a dar siempre y cuando nos den algo a cambio.Señor ten piedad (salen dos personas. Uno vende y otro paga. Puede ser una bolsa con la palabra “cosas”)

b) Por lo que sea, en muchos momentos de nuestra vida, incluso allá donde vivimos ocultamos lo que somos: hijos de Dios. Cristo ten piedad (puede salir un niño/joven con una careta blanca)

c) Nuestro amor, por ser excesivamente humano, es muy limitado. Amamos a quien queremos, somos amigos de quien queremos y…a muchos dejamos de lado. Señor ten piedad (sale un niño/joven con una hoja donde ponga, por ejemplo, “Pedro, Ana, Miguel” simbolizando el “pequeño grupo de amigos”)

3. MONICION A LAS LECTURAS

El Señor valora mucho el cómo somos por dentro: nuestra personalidad. Las lecturas que vamos a escuchar nos traen a la memoria la humanidad del rey David, el amor sin condiciones que hemos de ofrecer a Dios (según San Pablo) y, en el Evangelio, unas señales que nos identificarán como amigos de Jesús: la generosidad, la apertura, el perdón o el amor sin fronteras. Os invito a que escuchemos con atención.

4. PETICIONES

a) Para que la Iglesia nos recuerde en todo momento que tenemos más cosas en común que diferencias. Roguemos al Señor.

b) Para que allá donde nos encontremos sepamos comprender los errores de los demás; para que no seamos duros con nuestros juicios; para que nos abramos a todos y no dejemos a nadie fuera de nuestra amistad. Roguemos al Señor.

c) Por los que trabajan en los gobiernos de la tierra. Para que sean respetuosos con sus ciudadanos. Para que no piensen que, con el poder, se puede ofender y dividir a los hombres y mujeres. Roguemos al Señor.

d) Para que no destruyamos las vidas de las personas. Pidamos, especialmente, por aquellos que mienten, difaman y venden la fama de las personas buenas. Roguemos al Señor.

e) Finalmente, pidamos al Señor que nos quitemos la máscara de la pereza, la máscara de la desilusión, la máscara de la mentira o del rencor. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

a) El amor y el trato delicado a los demás, lo queremos representar en esta Misa con este algodón. Que busquemos siempre motivos y razones para querer y ayudar a cuantos nos necesitan.

b) Ser como Jesús quiere, sin su fuerza, es imposible. Por eso mismo queremos traer hasta el altar el secreto para conseguirlo: DIOS (un cartel con la palabra DIOS)

c) Finalmente, sin nuestra presencia en la Eucaristía, se nos olvidaría muchas veces lo que somos: hermanos. Que el pan y el vino que ofrecemos a Jesús, sea nuestra promesa de vivir como El vivió y de tener las mismas actitudes que El tuvo.

6. ¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! (responderemos todos)

La de la sordera,
para que pueda escuchar con nitidez tu voz
La del odio,
para que pueda amar sin distinción
La de la maldición,
para que pueda desear siempre el bien
La de la debilidad,
para que presente mi mejilla donde sea necesario
La del egoísmo,
para que nunca mire lo qué doy ni a quién doy
La de la conformidad,
para que no exija lo que no me pertenece
¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR!

La de los malos modales,
y sea así delicado con mis hermano.
La de la maldad,
para que disfrute sembrando semillas del bien
La del usurero,
para que no busque más beneficio que el ser feliz dando
La de la dureza,
para que brote en mí la comprensión
La de la severidad,
para que sepa entender y comprender los defectos de los demás
La de la discordia,
para que vea amigos y no adversarios
¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR!

Amad a los enemigos (Oración)

AMAD A LOS ENEMIGOS

Comparte con Jesús este rato de oración. Escucha sus enseñanzas. Él es tu mejor maestro. Trata de hacer silencio. Cierra los ojos. Céntrate en la respiración. Haz varias inspiraciones profundas, llenando de aire los pulmones y expulsándolo muy lentamente. Deja que tu cuerpo se relaje.

Jesús tiene muchas maneras de encontrarse con la gente. Siempre las aprovecha para enseñarles algo importante en la vida. Hoy nos sorprenden con una propuesta muy difícil de seguir. El amor a nuestros enemigos.

El texto es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 6, 27-38):

Jesús a veces era como un maestro que daba lecciones muy importantes sobre la vida. Como un día que se puso a hablarles sobre el amor. Entonces, a quienes le escuchaban, les dijo: «Os voy a decir algo que a lo mejor os sorprende: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que hablan mal de vosotros. Si alguien te pega en una mejilla, no le respondas con violencia, aunque te quiera seguir pegando. Si alguien te quita algo tuyo, dale algo más».

La gente lo miraba un poco insegura, porque eso que Jesús les estaba pidiendo parecía muy difícil. ¿Cómo vas a amar a tu enemigo? ¿No es mejor acabar con él? Pero Jesús empezó a explicarles un poco más: «Mirad, lo importante es tratar a los demás como querrías que te traten a ti, y todos queremos que nos traten bien. Veréis, amar a la gente que es amable, eso lo hace cualquiera. Portarse bien con la gente amable también es fácil. Eso lo hace cualquiera. Pero lo que de verdad cambia las cosas es elegir siempre la bondad. Elegir siempre el amor. Elegir siempre la paz. A eso yo lo llamo ser compasivo. No juzgar, no condenar, e intentar perdonar siempre. Porque tal y como tú trates a los demás, verás que así te tratan a ti». Las personas, después de oírle, se quedaban pensando mucho, porque su enseñanza no era fácil. Pero era bonito imaginarse un mundo en el que todas las personas fueran de verdad amables y generosas unas con otras, así que pensaban que a lo mejor tenía razón.

En el fondo, lo que Jesús te pide es que perdones. Que no tengas en cuenta el daño que te causen. Y que hagas siempre el bien. Es verdad que el mundo sería más bonito y mucho menos violento si fuésemos todos amables y generosos.

Pide al Señor que te ayude a amar a todos. También a aquellos que no te caen bien o que te han hecho daño.

¿Qué sería de mí si mis padres, mis profesores, mis amigos, no olvidasen mis errores o mis malos momentos? Jesús, a veces, al estar en silencio, al observar mi interior, temo encontrarme sola. No soy gran cosas. Bien lo sabes, porque bien me conoces.

Te doy gracias porque me conoces y me amas. Porque soy una de tus amigas. Yo también deseo conocerte bien, sentirte a mi lado, oír cómo me llamas por mi nombre.

Gracias, Jesús, porque me conoces y me amas. Gracias, Jesús, por la oportunidad que me das de conocerte.

Me ayuda a pensar, me ayuda a parar..
Sé que no me gusta la violencia y puedo hablar.

No pensar en me.
Sí pensar en we.
Sé que no me gusta la violencia y puedo hablar.
 

Quiero cantar, sentirme bien,
cuando me enfado no sé bien
cómo salir, cómo arreglar la situación.

Tengo a Jesús, conmigo va,
me da la paz y la amistad,
y sé decir: hasta aquí puedo llegar.

Me da la paz y la amistad de Migueli, «El amor lo arregla todo»

Dame Señor, alegría para ser siempre amable e ilumíname para ser entusiasta. Dame Señor, amigos para echarlos una mano y amar de verdad a nuestros enemigos. Dame, Señor, suficientes cosas para poder compartir y dame también necesidades para dejarme ayudar. Dame, Señor, confianza en ti para contagiar esperanza y amor.

Gracias por estar aquí

Padre bueno,.
yo sé que estás aquí, dentro de mí.
Que me conoces y me amas.
Tú sabes que te quiero y deseo ser siempre tu amigo.
Conoces mis pensamientos, mis sentimientos y deseos.
Te doy gracias porque me conoces y me amas.
Yo también quiero conocerte bien, sentirte a mi lado,
para amarte y hacerte conocer y amar.
Gracias Jesús por estar aquí.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Comentario al evangelio – 22 de febrero

Cada 22 de febrero, celebramos en la Iglesia la Fiesta de la Cátedra de San Pedro, que nos recuerda el primado y autoridad del Apóstol Pedro, el primer Papa de la Iglesia. Esta autoridad le es conferida por Cristo cuando le dice, según el Evangelio que leemos hoy: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará».

La palabra «cátedra» significa asiento, sede o trono. Es la raíz de la palabra “catedral”, la iglesia donde un obispo tiene el asiento desde el que predica. Los obispos, como sucesores de los Apóstoles, alientan a la Iglesia a caminar y permanecer fieles al mensaje del Evangelio, en cada tiempo y lugar. Y el Papa, obispo de Roma, hace las veces de Pedro, signo de unidad y vínculo de caridad en toda la Iglesia.

En las lecturas de hoy nos recuerdan cómo es la autoridad que se debe vivir en la Iglesia. En primer lugar, el salmo nos recuerda que el “Pastor” con mayúscula es el Señor, de cuyo grupo todos formamos parte. También los que tienen una autoridad para servir a la Iglesia son “ovejas” del rebaño del Señor. Él es el Pastor que conduce hacia fuentes tranquilas, repara las fuerzas, guía por el sendero justo… prepara la mesa para nosotros.

Y en la primera lectura nos recuerda el modo de gobernar, imitando los modos de Dios: siendo pastores que motivan desde el bien, no a la fuerza; no buscando el propio interés, sino con generosidad; no como los gobernantes tiránicos de este mundo, sino siendo modelos de lo que el Señor pide a todo el “rebaño”.

En esta fiesta, pedimos por el Papa, para que siga animando y dirigiendo la Iglesia según el querer de Dios. Y junto a él, por todos los que tienen alguna autoridad en la Iglesia: en las diócesis, en las parroquias, en las congregaciones y movimientos, en las familias, en la educación cristiana… para que todos vivamos la autoridad como el servicio de “ayudar a crecer” a otros, según el corazón de Dios.

Luis Manuel Suárez CMF