Eco 27, 4-7 (1ª lectura Domingo VIII de Tiempo Ordinario)

Los libros de la sabiduría de Israel son frecuentemente considerados como una parte poco importante del AT. Sin embargo, reflejan un sector del ideal religioso de Israel que ciertamente no es igual a la fidelidad de la ley mosaica o a la obediencia de los profetas. Es verdad que no vamos en encontrar en ellos los grandes temas teológicos del AT como la promesa, la liberación, la monarquía davídica o el culto del Templo. Más que ver a Dios como redentor y dador de una alianza, la literatura sapiencial se centra en el Dios creador. Los temas de sus libros nos hablan sobre todo del comportamiento adecuado de una vida que lleve al éxito y evite sus peligros y dificultades. Su acercamiento a la vida cotidiana puede parecer a menudo un tanto secular. Muchos de sus temas no tienen nada que ver con las leyes de Israel (ver, por ejemplo, Prov 23,20-21). Sin embargo, la presencia del Dios creador está presente de una manera latente en el conjunto de la vida. Y obedecer a las leyes éticas es en cierta medida seguir el camino de la alianza.

Y así llegamos a nuestro texto. El libro del Eclesiástico es un libro tardío. Es de los que llamamos deuterocanónicos ya que no son aceptados en la Biblia hebrea y solo se encuentran en la Biblias católicas. El texto que abordamos tiene un profundo alcance antropológico ya que se nos habla de las palabras humanas, un rasgo esencial, una delas claves de la definición de la persona: «Así, cuando la persona habla, se descubren sus defectos» (v.4) y «la persona es probada en su conversación»(v.5). Todos sabemos la importancia que tiene, en nuestra relación con los demás, lo que la otra persona dice y cómo lo dice (a veces el “tono” es más importante que el discurso “objetivo”). A través de las palabras que se dicen se «revela el corazón de la persona» (v.6). Tengamos aquí en cuenta el significado del concepto de “corazón” en la antropología bíblica. Este concepto designa lo más profundo de la persona, la sede de sus sentimientos y deseos, la vida intelectiva, la voluntad y sus decisiones. Estamos, pues, hablando de la totalidad de la persona en todas sus dimensiones. Pablo, en el NT, para expresar que Dios va a transformar a la totalidad de la persona dice que Dios ha puesto su amor o su Espíritu en nuestros corazones (Rom 5,5; 2 Cor 1,22; Gal 4,6).

El Eclesiástico utiliza dos comparaciones para hablar de la persona que se revela en sus palabras: «el horno prueba las vasijas del alfarero» (v.5), si resiste, es la prueba de su calidad; y el fruto revela la calidad del árbol (v.6). Esta última comparación es un tema que recoge también el Sermón de la Montaña: «por sus frutos los conoceréis» (Mt 7,16). Por esono debemos apresurarnos a elogiar a alguien antes de escucharle hablar. Sus palabras, su discurso, serán la prueba de su persona, de sus valores, delcamino de su vida (v.7). Entonces podremos confiaren él o en ella e iniciar una relación de fraternidad.

Luis Fernando García Viana