Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 2-4

«2Y, seis días después, toma Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan y los sube en privado, a ellos solos, a un monte elevado.
Y fue transfigurado delante de ellos; 3y su ropa se volvió resplandeciente, blanca en extremo, como ningún batanero sobre la tierra podría blanquearla así.

4Y se les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús.

.- La profecía de Jesús a algunos de sus seguidores acerca de la revelación del «reinado de Dios que vendrá en poder» al cabo de poco tiempo (9,1) va inmediatamente seguida por su transfiguración gloriosa ante tres de sus discípulos: esta experiencia es así un cumplimiento parcial de aquella profecía. El pasaje es una composición simétrica con una estructura quiástica:

A: Jesús solo con los discípulos (9,2a)
B: Transfiguración (9,2b-3)
C) Aparición de Elías y Moisés con Jesús (9,4)
C’) Pedro sugiere hacer tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías (9,5-6)B’) Voz del cielo, que interpreta la Transfiguración (9,7)
A’) Jesús solo con los discípulos (9,8).

Nuestro pasaje se mueve desde un acontecimiento visionario (9,2-4), junto con la valoración equivocada de su significado (9,5-6), hasta una interpretación correcta (9,7).

.- 9,2-4: El relato comienza cuando Jesús escoge a tres de sus discípulos, Pedro, Santiago y Juan, para una revelación especial y los conduce a la cima de una montaña elevada (9,2a). Marcos revela que esta experiencia en la cumbre ocurrió «seis días después»; es probable que este detalle sea simbólicamente importante y que sugiera una semejanza entre Jesús y Moisés, conocido por haber ascendido al monte Sinaí después de esperar seis días (Ex 24,16). Este es el primero de un cierto número de paralelos entre nuestro pasaje y las tradiciones sobre Moisés.

El paralelo con Moisés continúa en el siguiente paso del relato, la descripción de la transfiguración misma (9,2b-3), ya que Moisés también se «transfiguró» en una montaña: cuando bajó del Sinaí tras su segunda estadía allá arriba, su cara brillaba tanto que la cubrió con un velo para proteger al pueblo (Ex 34,29-35). Pero Marcos, a diferencia de Mateo y Lucas, no describe como radiante la faz de Jesús, sino únicamente su ropa. Así, la vestimenta brillante y celestial no evoca a Moisés sino a Adán: la «vestimenta de gloria» de Adán era un tema de inmenso interés entre judíos y cristianos en este periodo; entre esas especulaciones estaba la creencia de que el Mesías recuperaría en el tiempo final las gloriosas vestiduras de Adán. El «llamativo» ropaje de Jesús evoca también la vestimenta de los reyes en ocasiones importantes, en especial la entronización. Así pues, la deslumbrante vestidura de Jesús es uncódigo pictórico que sugiere su estado como nuevo Adán y rey mesías en camino hacia su entronización.

En el versículo siguiente, Elías y Moisés aparecen de repente y los asombrados discípulos los ven conversando con Jesús (9,4). Marcos no nos dice de qué hablaban los tres; la fascinación no parece consistir en lo que se dijeron entre sí, sino simplemente en la capacidad de Jesús para entablar una conversación con estos dos héroes bíblicos. Así pues, la atmósfera entera es de ensueño. Jesús, Moisés y Elías parecen existir en un plano peculiar, separado de los tres mortales que miran como de lejos, atónitos.

El insólito orden «Elías-Moisés» (Moisés era más antiguo y más importante) refleja probablemente la mayor importancia de Elías en contextos escatológicos. Según el Antiguo Testamento, Elías fue trasladado al cielo en vida (2Re 2,11). Pero si Elías y, según algunos, Moisés no habían muerto en realidad, podían volver fácilmente a la vida visible y se esperaba que lo hicieran así justo antes del tiempo final (el eschaton) como un signo de que el universo entero estaba a punto de entrar en ese estado de inmortalidad en el que ellos mismos vivían ya. De ahí que la aparición repentina de «Elías con Moisés» sugiera que la Transfiguración es una anticipación de la ola de gloria divina que estaba a punto de inundar la tierra.