Jueves VII de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves 28 de febrero.

Un día más me presento ante ti, Señor. Vengo a escuchar tu palabra, a buscar tu aliento, a compartir tu espíritu. Dejo que el silencio me vaya llenando. Aparto otras preocupaciones, prisas y urgencias. Este es un tiempo para ti, para que tú me enseñes a comprender el mundo, la gente, mi propia vida. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Para ser la sal, que a tu manera, pueda dar sabor a la vida.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 9, 41-50):

En aquel tiempo,, dijo Jesús a sus discípulos: «El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hacer caer, córtatelo; más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la salva se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Que no falte entre vosotros la sal, y vivid en paz unos con otros.»

En el texto de hoy aparecen varias sentencias de Jesús muy diferentes entre sí. Hay algo que está presente en todas ellas. Un tono de rotundidad y determinación. El evangelio es siempre radical. Busca nuestras raíces, eso que hay en cada uno de más profundo y verdadero. Acoge esa rotundidad hoy, esa fuerza con que Jesús habla y te dice que no se puede vivir, creer o servir a medias.

Céntrate ahora en la imagen de la sal. Jesús habla a menudo de sal y luz. Dice: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se sazonará? Es una imagen bonita. Hay sabor en el mundo y es Dios quien lo ha puesto. La tarea de los cristianos es estar presentes en medio de la realidad, de tal manera que el sabor divino del mundo no se pierda.

El evangelio de hoy, habla de lucha, de dificultad. La sal puede perder su sabor, tu mano puede volverse contra el evangelio. Tu pie te puede llevar en dirección opuesta. Y Jesús no se anda con contemplaciones. Grita a sus discípulos, lucha, no te rindas. Al contrario, tómate en serio el evangelio. No por perfeccionismo, sino por responsabilidad hacia los más pequeños, aquellos que necesitan que no les escandalices, sino que cuides de ellos. Pregúntate ahora de quién cuidas tú.

Vuelve a leer el texto. Hazte consciente de la gravedad  y urgencia de lo que Jesús plantea. Pídele al Señor el valor para tomar en serio su llamada y su propuesta. Siéntete como esa sal de la que Jesús habla, destinada a mezclarse y a perderse. Pero para dar sentido y gracia a la vida.

Señor, me gusta ese consejo tuyo de que no falte la sal entre vosotros y vivid en paz. Me gustaría encontrarte en todo con la misma normalidad con que saboreo los alimentos. Gracias por dar sabor a mi vida. A lo bueno y alegre, y a lo difícil o triste. No me dejes vivir la vida insípidamente. Y ayúdame a encontrar el gusto y el sentido a todo, porque en todo puedo encontrarte a ti.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.