Viernes VII de Tiempo Ordinario

Hoy es 1 de marzo

Comienzo a entrar en el terreno sagrado de la oración. Voy haciendo un silencio profundo. Poco a poco. busco una posición corporal cómoda que me ayude a concentrarme. Así, siento que la presencia de Dios comienza a crecer en mi interior. Cada vez con más fuerza. Recito el nombre de Jesús despacio y con amor, una y otra vez. Respirando profundamente. Deseo llenarme de la presencia de Jesús.

Amarte a ti, Señor
en todas las cosas
y a todas en Ti.
En todo amar y servir,
en todo amar y servir.           

Tu amor me ha dado vida, tu amor me ha dado ser,
de Ti me viene todo y a Ti debe volver.
Gustoso, pues, te ofrezco mi haber, mi poseer,
tu amor y gracia dame, demás no es menester.

Amarte a ti, Señor
en todas las cosas
y a todas en Ti.
En todo amar y servir,
en todo amar y servir. 

Presente en las creaturas y activo en todo estás
en mí, como en un templo, te dignas habitar.
De Ti bondad y gracia me llueven sin cesar,
mi oficio ya no es otro sino servir y amar

Amarte a ti, Señor
en todas las cosas
y a todas en Ti.
En todo amar y servir,
en todo amar y servir.

Amarte a ti, Señor interpretado por Cristóbal Fones, «En él solo la esperanza»

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 10, 1-12):

Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba. Se acercaron unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: «¿Qué os ha mandó Moisés?» Contestaron: “Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio”. Jesús les dijo: “Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios ‘los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne’. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: “Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

Los fariseos le preguntan a Jesús para ponerlo a prueba: ¿le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? Y Jesús responde contra la terquedad de los fariseos. Jesús condena una vez más la mala práctica de interpretar las escrituras sacándolas de su sentido original para hacerlas servir a sus propios intereses. Es importantes detenerme y reflexionar sobre el plan original de Dios. ¿Qué es lo que Dios quiere que el hombre y la mujer vivan juntos? ¿Qué plenitud de vida sueña Dios para la pareja que se une en matrimonio?

Jesús recuerda, al principio de la creación, Dios los creo hombre y mujer. Y serán los dos una sola carne. La unión de la pareja se funda en el amor mutuo, no en la conveniencia social ni en intereses familiares, ni tampoco sólo en la atracción corporal. El amor cristiano se diferencia radicalmente de la conveniencia y del simple enamoramiento. ¿Entiendo el matrimonio cristiano como sacramento, es decir, como lugar de la presencia activa de Dios? ¿Cómo signo vivo y eficaz del amor de Dios?

Y Jesús termina con una gran afirmación, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Estas palabras de Jesús, ciertamente nos invitan a defender, sin ambigüedad, la exigencia de fidelidad que encierra el matrimonio. Pero tampoco podemos rechazar o marginar a las parejas que han sido víctimas de situaciones verdaderamente dolorosas. Siento la llamada que nos hace Dios para acompañar a quienes han visto fracasar a sus matrimonios. Estamos llamados a acompañarlos y que nadie se sienta fuera de la gran comunidad que es la Iglesia.

El evangelio de hoy nos ayuda a comprender el verdadero sentido que Dios quiere para el matrimonio. Jesús pone en igualdad de obligaciones a los dos sexos, volviendo a la primera intención de la creación. Lo que Dios quiere que vivamos las personas. El amor en el matrimonio es una de las mayores. Más positivas y más humanizadoras manifestaciones que puede vivir el ser humano. Leo una vez más la lectura del día de hoy para captar todo su sentido.

Al terminar mi oración le pido a Dios por cada matrimonio cristiano que conozco y que forma parte de la Iglesia. Le encomiendo, si es el caso, mi propio matrimonio o los matrimonios de mi familia. Le pido a Dios que los cuide y fortalezca en su amor. El matrimonio es una tarea a realizar. Un lugar donde se aprende a vivir, una ocasión a aprender. Es como una casa que se ha de construir sobre roca sólida, sobre la roca del amor, amor a Dios, amor al otro, amor a uno mismo. Que Dios bendita el matrimonio que es sacramento de su amor.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Liturgia 1 de marzo

VIERNES DE LA VII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la fiesta (verde)
 
Misal: cualquier formulario permitido. Prefacio común
 
Leccionario: Vol. III-impar
• Eclo 6, 5-17. Un amigo fiel no tiene precio.
 Sal 118. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
• Mc 10, 1-12. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

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Antífona de entrada Cf. Sal 12, 6
Señor, yo confío en tu misericordia: mi alma gozará con tu salvación, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Acto penitencial
Reunidos en la mesa del Señor, dispongámonos a celebrar la Eucaristía, sacramento de la comunión con Jesús y los hermanos, poniéndonos en la presencia de Cristo, que es el Redentor que perdona nuestros pecados y nos da un corazón bueno y humilde, pidiéndole que tenga misericordia de nosotros.

• Tú que eres nuestro buen Pastor. Señor, ten piedad.
• Tú que nos haces recostar en verdes praderas. Cristo, ten piedad.
• Tú que nos conduces hacia fuentes tranquilas. Señor, ten piedad.
Oración colecta
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos,
derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican
y renueva y protege la obra de tus manos
a favor de los que te alaban como creador y como guía.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, pidiéndole que nos ayude a estar dispuestos a seguir radicalmente a Jesús, renunciando a todo lo demás.

1.- Para que conceda a la Iglesia la libertad y la paz. Roguemos al Señor.
2.- Para que no falten vocaciones sacerdotales y religiosas que entreguen su vida por entero al servicio de Cristo y de la Iglesia. Roguemos al Señor.
3.- Para que se digne establecer y conservar la justicia en todas las naciones. Roguemos al Señor.
4.- Para que conceda a los desterrados la vuelta a su patria, empleo a los parados y ayuda a todos los que sufren. Roguemos al Señor.
5.- Para que Dios tenga compasión de nosotros y de los que se sienten solos. Roguemos al Señor.

Dios y Padre nuestro, que quieres que sigamos generosamente a tu Hijo, escucha las oraciones que te hemos dirigido y haz que tengamos siempre un corazón generoso y desprendido. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Al celebrar tus misterios
con la debida reverencia,
te rogamos, Señor,
que los dones ofrecidos
en reconocimiento de tu gloria
nos aprovechen para la salvación
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Cf. Sal 9, 2-3
Proclamo todas tus maravillas, me alegro y exulto contigo, y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor,
a quienes has renovado con el pan del cielo,

protégelos siempre con tu auxilio, Señor,
y, ya que no cesas de reconfortarlos,
 haz que sean dignos de la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 1 de marzo

Celebramos la fiesta de san Rosendo, obispo y abad, una de las glorias de la iglesia española en el siglo X. Fue obispo a los 18 años, más tarde gobernador de León por nombramiento de Ordoño III y abad de Celanova. Su verdadera vocación fue el monasterio y la contemplación.

Se añaden a él los santos Albino obispo de Angers, David patrón del país de Gales, Félix III papa, León de Bayona obispo mártir, León Lucas eremita y cenobita, Siviardo abad en Normandía y Suitvert evangelizador de Alemania con San Wilibrordo.

Nuestra oración a Dios la encomendamos también a los beatos Cristóbal de Milán, presbítero de la Orden de predicadores, predicador itinerante, admirado por la santidad de su vida y Juana María Bonomo, estigmatizada y enriquecida con dones místicos.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Viernes VII de Tiempo Ordinario

LAUDES

VIERNES VII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La noche, el caos, el terror,
cuanto a las sombras pertenece
siente que el alba de oro crece
y anda ya próximo el Señor.

El sol, con lanza luminosa,
rompe la noche y abre el día;
bajo su alegre travesía,
vuelve el color a cada cosa.

El hombre estrena claridad
de corazón, cada mañana;
se hace la gracia más cercana
y es más sencilla la verdad.

¡Puro milagro de la aurora!
Tiempo de gozo y eficacia:
Dios con el hombre, todo gracia
bajo la luz madrugadora.

¡Oh la conciencia sin malicia!
¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte!
Cristo de pie sobre la muerte,
y el sol gritando la noticia.

Guárdanos tú, Señor del alba,
puros, austeros, entregados;
hijos de luz resucitados
en la Palabra que nos salva.

Nuestros sentidos, nuestra vida,
cuanto oscurece la conciencia
vuelve a ser pura transparencia
bajo la luz recién nacida. Amén.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmesa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renúevame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrifio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

CÁNTICO de JEREMÍAS: LAMENTACIÓN DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y GUERRA

Ant. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su puebLo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

LECTURA: 2Co 12, 9b-10

Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

RESPONSORIO BREVE

R/ En la mañana hazme escuchar tu gracia.
V/ En la mañana hazme escuchar tu gracia.

R/ Indícame el camino que he de seguir.
V/ Hazme escuchar tu gracia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En la mañana hazme escuchar tu gracia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

PRECES

Por medio de su Hijo, Dios ha manifestado su gloria a los hombres; démosle gracias con gozo, diciendo:

Glorificado sea tu nombre, Señor.

  • Señor, haz que sepamos acogernos mutuamente,
    — como Cristo nos acogió a nosotros para dar gloria a Dios.
  • Cólmanos de alegría y paz en nuestra fe,
    — para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.
  • Con tu bondad y tu inmensa compasión, ven, Señor, en ayuda de todos,
    — y sal al encuentro de los que te desean aun sin saberlo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que llamas y santificas a los que eliges,
    — llévanos a nosotros, pecadores, a tu felicidad y corónanos en tu reino.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Ilumina, Señor, nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos, reconociéndote como nuestro guía y maestro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.