I Vísperas – Domingo VIII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO VIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

No sé de dónde brota la tristeza que tengo.
Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce,
sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo,
casi fuera de madre, derramado en el cauce.

Lo mejor de mi vida es dolor. Tú sabes
cómo soy; tú levantas esta carne que es mía;
tú, esta luz que sonrosa las alas de las aves;
tú, esta noble tristeza que llaman alegría.

Tú me diste la gracia para vivir contigo;
tú me diste las nubes como el amor humano;
y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo,
con la primera alondra que nació de tu mano.

Como el último rezo de un niño que se duerme
y, con la voz nublada de sueño y de pureza,
se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme
hacia ti, y en tus manos desmayar mi cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

SALMO 129: DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a al voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela a la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA: 2P 1, 19-21

Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.

RESPONSORIO BREVE

R/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R/ Su gloria sobre los cielos.
V/ Alabado sea el nombre del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

  • Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, que nos has librado de nuestros pecados por tu sangre,
    — no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.
  • Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
    — sean siempre fieles y celosos administradores de los misterios del reino.
  • Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones,
    — para que atiendan con interés a los pobres y postergados.
  • Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causas de raza, color, condición social, lengua o religión,
    — y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • A los que han muerto en tu amor, dales también parte en tu felicidad,
    — con María y con todos tus santos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios, gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 2 de marzo

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 10,13-16

Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.» Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

3) Reflexión

• El evangelio de ante-ayer traía consejos sobre la relación de los adultos con los pequeños y excluidos (Mc 9,41-50). El evangelio de ayer traía consejos sobre la relación entre hombre y mujer, marido y esposa (Mc 10,1-12). El evangelio de hoy trae consejos sobre la relación entre madres e hijos. Para los pequeños y excluidos Jesús pedía la máxima acogida. En la relación entre hombre-mujer, pide la máxima igualdad. Ahora con los niños, pide la máxima ternura.

• Marcos 10,13-16: Recibir el Reino como un niño. Llevaron a Jesús unos niños para que Jesús los tocara. Los discípulos trataban de impedirlo. ¿Por qué lo impiden? El texto no lo dice. Tal vez porque, según las normas rituales de la época, los niños pequeños con sus madres, vivían casi constantemente en la impureza legal. ¡Tocarlos significaba contraer impureza! Y así, si los niños tocaban a Jesús, ¡él también quedaría impuro! Pero Jesús no se incomoda con estas normas rituales de pureza legal. Corrige a los discípulos y acoge a las madres con los niños. Toca a los críos y les da un abrazo diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. Y cuando Jesús abraza a los niños y los bendice, pone sobre ellos la mano. ¿Qué significa esta frase? a) los niños reciben todo de sus padres. No consiguen merecer lo que reciben, pero viven de amor gratuito. b) Los padres reciben a los niños como un don de Dios y curan de ellos con todo cariño. La preocupación de los padres no es dominar a los críos, sino amarlos y educarlos, ¡para que crezcan y se realicen como personas!

• Un signo del Reino: Acoger a los pequeños y a los excluidos. Hay muchos signos de la presencia actuante del Reino en la vida y en la actividad de Jesús. Uno de ellos es su manera de acoger a los niños y a los pequeños. Además del episodio del evangelio de hoy, he aquí una lista de algunos otros momentos de acogida a los pequeños y a los niños:

a) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra aquellos que causan escándalo en los pequeños, esto es, que son motivo para el cual los pequeños dejan de creer en Dios. Para ellos, mejor sería tener una piedra de molino al cuello y ser arrojado al mar (Mc 9,42; Lc 17,2; Mt 18,6).

b) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, a «mí me recibe» (Mc 9,37). “Y todo lo que hacéis a uno de estos niños, a mí me lo hacéis” (Mt 25,40).

c) Hacerse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como niños. Sin esto, no es posible entrar en el Reino (Mc 10,15; Mt 18,3; Lc 9,46-48). El pone a los niños como profesores de adulto. Lo cual no es normal. Acostumbramos hacer lo contrario.

d) Defender el derecho que los niños tienen de gritar. Al entrar en el Templo, Jesús derriba las mesas de los vendedores, y son los niños los que más gritan: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticado por los jefes de los sacerdotes y de los escribas, Jesús se defiende y, en su defensa, hasta invoca las Escrituras (Mt 21,16).

e) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, yo te doy gracias.” (Mt 11,25-26) ¡Jesús reconoce que los pequeños entienden mejor que los doctores las cosas del Reino!

f) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que él acoge, cura y resucita: la hija de Jairo de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 14-15), el niño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público (Jn 4,50), el niño de los cinco panes y dos peces (Jn 6,9).

4) Para la reflexión personal

• En nuestra sociedad y en nuestra comunidad ¿quiénes son los pequeños y los excluidos? ¿Cómo está siendo la acogida que les damos?

• En mi vida, ¿qué aprendí de los niños sobre el Reino de Dios?

5) Oración final

Te invoco, Yahvé, ven presto,
escucha mi voz cuando te llamo.
Que mi oración sea como incienso para ti,
mis manos alzadas, como ofrenda de la tarde. (Sal 141,1-2)

Domingo VIII de Tiempo Ordinario

No es infrecuente que, por una incorrecta interpretación del mensaje de Jesús, entendamos que la Revelación es un rígido corsé que nos mantiene firmes y rectos, pero a cambio de apenas poder respirar. Nada de eso fue lo intentado por Dios al hablarnos a través de Jesús. Todo lo contrario: fue, y sigue siéndolo, una oferta de auténtica libertad interior.

Las enseñanzas de Jesús nos exhortan a que nos liberemos de los tentáculos del mal entre los que sí quedamos inmovilizados para toda posible elección del bien; de cualquier obra buena. Y lo que es peor, -siguiendo con el símil del pulpo- el mal nos lanza su tinta para que ni veamos la presencia de los tentáculos ni las consecuencias de quedarnos apresados por ellos.

Contra esa pérdida de libertad interior, Dios, a través de toda la Revelación, pero de modo especial en el Evangelio de Jesús, nos impulsa y orienta para que alcancemos la libertad interior, la que nos permite elegir libremente el camino que queramos seguir.

Hace quince días Jesús nos exhortaba a liberarnos no del dinero sino de sus ataduras esclavizantes. El domingo pasado hacía lo mismo con las perniciosas exigencias del falso amor propio que nos lanza a un victimismo pronto a convertirse en sangrienta venganza. Hoy, siguiendo en la misma línea, nos hará ver lo peligroso de una lengua descontrolada convertida en arma de destrucción en lugar de puente de unión y comunicación con los demás.

El código Sirácido, también conocido como el Eclesiástico, pertenece a los libros sapienciales que nos comunican la sabiduría, el conocimiento profundo de la realidad.

Tanto él (primera lectura 27, 67) como Jesús en el Evangelio (Lc. 6, 39-45) insisten en la importancia de tener muy en cuenta el habla. La prueba del hombre está en su conversación, nos decía el primer texto y de la abundancia del corazón habla la lengua, nos advertía Jesús.

Son textos que no hemos de perder de vista a la hora de valorarnos a nosotros mismos y a los demás. El “habla” es una especie de test proyectivo.

Esto nos lleva a una triple consideración

1.- Importancia de lo hablado a la hora de conocer a una persona. Si de la abundancia del corazón habla la lengua analizados los productos “hablados” podrá descubrirse la personalidad de quien los ha emitido.

Lo mismo que en las heces, los esputos y la orina los analistas descubren las enfermedades que tenemos por dentro, analizando los contenidos, si es que los hay, de las conversaciones de una persona, se puede saber lo que esa persona lleva por dentro.

Un prudente análisis de lo que los demás nos dicen nos descubre su personalidad. Analizar esos contenidos detenida y profundamente nos puede evitar serios contratiempos en nuestra vida ordinaria. Esto es muy a tener en cuenta a la hora de buscar amigos y relaciones pero, sobre todo, cuando se trata de encontrar aquella persona con la que deseas compartir toda tu vida. Muchas familias desgraciadas y no pocos divorcios se hubieran evitado de haber tenido en cuenta estas observaciones que nos ofrece la Revelación y que nos llevan a un mejor conocimiento del otro.

2.- Máxima prudencia al exteriorizarnos nosotros. No se trata de ser hipócritas y manifestar por fuera lo contrario de lo que llevamos dentro. La hipocresía es nefasta pero además, como toda mentira, tiene unas patas muy cortas. Cualquier meticuloso observador puede descubrir la diferencia entre lo que se es y lo que se aparenta. La correcta utilización de la enseñanza de los textos consiste en calibrar las consecuencias que pueden seguirse de nuestras afirmaciones, sobre todo cuando comprometen los postulados de nuestra ideología, sea religiosa, política, económica, etc. Eso de que por la boca muere el pez está vigente en todos los campos y es también una buena advertencia para los cristianos que debemos ser prudentes como serpientes. Lo dijo Jesús.

3.- Es perfectamente legítimo y necesario bucear en la personalidad de quien convive con nosotros para conocerla y tomar actitudes prudentes con ella, pero dicha “investigación” debe realizarse siempre no solo con respeto a la persona según justicia sino también con la caridad cristiana que siempre debe presidir la actitud del creyente, sea la que sea la actividad que protagonice.

También de esto habló Jesús: ¿Cómo es que ves la paja en el ojo de tu hermano si no adviertes la viga en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Deja que saque la paja de tu ojo, tú que no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás para quitar la paja del ojo de tu hermano”.

Sí, para Jesús una cosa es ser prudente y corregir al hermano y otra muy diferente ser un entrometido y faltón. La corrección fraterna es una virtud, la intromisión imprudente en la vida del otro puede ser hasta un delito, y ciertamente una falta de caridad cristiana.

Hemos reflexionado estos últimos domingos sobre las orientaciones de Jesús para alcanzar la verdadera libertad. La libertad de los hijos de Dios. Es tarea ardua pero no nos desanimemos. Recordemos el texto paulino [(segunda lectura, (1ª Cor. 15, 54-58)] “demos gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Todo es posible con fuerza de voluntad y de la mano de Dios. No lo olvidemos. AMÉN.

Pedro Sáez

Comentario del 2 de marzo

El aprecio de Jesús por los niños es realmente notable. Así ha quedado reflejado en los evangelios, en que los niños aparecen con frecuencia como modelos dignos de imitación, lo cual no deja de causar extrañeza.

En cierta ocasión, nos dice Marcos, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara. El hecho de que se los presentaran da a entender que eran realmente pequeños, llevados en brazos o de la mano de sus padres (no son los niños los que se acercan a él como formando corro a su alrededor), y que la iniciativa es de los acompañantes o familiares de los mismos. Se los presentan para que les toque. Confían, pues, en el efecto benéfico del tacto de Jesús. Entienden que de sus manos destilan bondad, y salud, y gracias celestiales.

En ese preciso instante comparecen los discípulos de Jesús para regañar a la gente que así actúa; quizá les incomode el alboroto o las interrupciones derivadas de esa acción; quizá quieran evitarle molestias a su Maestro. En cualquier caso aquella intervención provocó el enfado de Jesús que no quiere que le impidan el contacto con los niños, y lo expresa manifiestamente: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son modo ellos es el Reino de Dios. En esta frase nos dejó una bella enseñanza en relación con los niños. Estos merecen toda su atención, tanto o más que los adultos. De ellos es el Reino de Dios; porque si de los que son como ellos es el Reino de Dios, mucho más lo será de ellos. Y él está en este mundo para anunciar la cercanía de este Reino y para hacerlo presente.

Si tal es el caso, los niños pasan a tener un protagonismo inesperado en relación con el Reino, no tanto por lo que son –y que dejarán de ser-, sino por lo que representan –y hay que llegar a ser-. Para formar parte del Reino de Dios es preciso aceptarlo, y quizá no haya mejor modo de hacerlo que el de un niño. Por eso, para entrar en él hay que acogerlo como un niño, cuando ya no se es niño. ¿Y qué es acogerlo como un niño? En un niño encontramos de ordinario docilidad para dejarse guiar, aunque también ingenuidad; conciencia de la propia pequeñez y, por tanto, necesidad de recurrir a los mayores, que son quienes deben solucionar sus problemas; inocencia virginal para recibir lo que viene de fuera y no ha despertado aún su desconfianza; abandono en manos de los que son más fuertes o de quienes tienen el deber de protegerlos; asombro ante la vida y las novedades que les presenta.

Se ha hablado mucho de la infancia espiritual, tan ligada a la biografía de ciertos santos como Teresa de Lisieux: un estado del espíritu que refleja muchos de los rasgos de la infancia: inocencia, abandono, humildad, docilidad, etc. Es este hacerse como niñosnecesario para entrar en el Reino de Dios. ¡Cómo no va a ser requisito necesario para entrar en el Reino de Dios acoger al Dios de ese Reino, acoger el amor de ese Dios! Sin el amor de Dios, acogido y gozado, y presente en todos los rincones, no puede haber Reino de Dios. Y la mejor forma de acoger ese amor es hacerse como un niño. Un niño, mientras es niño, no sabe hacer otra cosa que dejarse amar. Es pura receptividad.

Esto mismo es lo que se aprecia en la narración evangélica: no eran ellos los que abrazaban a Jesús, sino Jesús quien los abrazaba y bendecía a ellos. No es extraño que los teólogos invoquen este pasaje para justificar el bautismo de los niños, bautismo en el que no son ellos (los bautizandos) los que se acercan a Jesús, sino Jesús quien se acerca a ellos, o mejor, en el que son llevados a Jesús para que él les abrace, les bendiga, les limpie, les imponga las manos, les unja y les dé una nueva vida. Aquí se resalta mucho más la gratuidad del don y la pasividad del agraciado que en el caso del bautismo de adultos.

Pues bien, ya no queda sino invitaros a haceros como niños en la presencia de Dios, de su mensaje y de sus dones. ¿No sucede que los hijos nunca dejan de ser del todo niños en relación con sus padres, y eso aun habiendo pasado a ser sus cuidadores (respectivamente, padres) en su estado de ancianidad?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 25. § 1. Para que uno pueda ser legítimamente asumido entre los profesores estables de la Facultad, se requiere:

1) que sea persona distinguida por su preparación doctrinal, su testimonio de vida y su sentido de responsabilidad;

2) que tenga el doctorado congruente, un título equivalente o méritos científicos del todo singulares;

3) que haya probado su idoneidad para la investigación científica de manera documentalmente segura, sobre todo mediante la publicación de trabajos científicos;

4) que demuestre tener aptitud didáctica para la enseñanza.

§ 2. Estos requisitos, que valen para la asunción de profesores estables, se han de aplicar proporcionalmente a los profesores no estables.

§ 3. Para la asunción de los profesores se deben tener presentes los requisitos científicos vigentes en la práctica universitaria de la región.

La nueva ley del amor

1. Todos llevamos dentro un germen de enemistad que, en determinadas ocasiones, se convierte en esa impresionante y enigmática realidad que es el odio. El odio a los enemigos es como un mal que envenena, un impulso de persecución, una inmadurez peligrosa; nunca produce satisfacción, sino angustia, dado su carácter destructivo. Pero el odio a los enemigos ha sido, por desgracia, moneda corriente. De ahí que en muchos códigos morales se dé la ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente.

2. Lucas señala dos gestos de radicalidad generosa: poner la otra mejilla a quien te golpea y dar la túnica a quien abusa de ti. De este modo quiere recalcar actitudes básicas: no sólo hay que rechazar el odio y la venganza, sino que hay que devolver bien por mal. La conducta del discípulo de Jesús se basa en el amor, en el perdón, en la defensa de la vida, sin caer en la pasividad, en la resignación o en el conformismo.

3. Para educar a sus discípulos, Jesús se dirige al corazón, a la persona, desde la instancia del amor. Pero cuando hay odio, porque falla el amor, el falla no es del Evangelio, sino de las actitudes egoístas humanas, ya que en este caso no prevalece el bien común ni el desarrollo de la persona.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Por qué nos dejamos llevar por el odio o el desprecio?

¿Cómo podemos educarnos en actitudes cristianas o de generosidad?

Casiano Floristán

La formación de los discípulos

Eclo 27, 4-7; 1 Cor 15, 54-58; Lc 6, 39-45

En el sermón de la llanura, como en el sermón del monte en la versión de Mateo, Jesús es presentado como el Maestro preocupado de la buena formación de los discípulos, que a su vez han de ser guías y maestros para otros.

Frutos de vida o de muerte

La función del discípulo de Jesús no se termina con lograr su propia formación; él mismo debe orientar y conducir a otros. Es un enviado y para eso ha de ser un testigo que vive coherentemente la fe que testifica y cumple en su vida la doctrina que enseña.

De ahí la preocupación de Jesús por la coherencia integral de los discípulos: un ciego no podrá orientar a otro ciego; si él mismo está cegado por incoherencias no podrá corregir y suscitar fidelidad espiritual en otros a los que debiera formar y alentar (cf. Lc 6, 39).

Jesús califica ahora de hipócrita, como a los fariseos que pretendían ser guía del pueblo judío, al discípulo que no convierte en vida, «fruto bueno», la doctrina que dice reconocer y enseñar (cf. v. 43). Los frutos de las obras manifiestan la bondad o malicia del corazón humano, la verdad o la mentira de la palabra del discípulo.

Lo bueno o lo malo que sale del buen tesoro del corazón (cf. v. 45), más que las palabras son las obras, que Jesús, siguiendo la imagen que utiliza el Eclesiástico (v. 6), compara con los frutos del árbol (cf. v. 43-44). La obra buena, por excelencia, de Jesús es dar vida, victoria sobre la muerte, que es, por el contrario, obra del pecado; pero que ha sido vencida definitivamente en su resurrección. Por eso podemos burlarnos de la muerte, dice Pablo, recogiendo un texto de Isaías (cf. 1 Cor 15, 55).

En el mundo de hoy, en el que están trabados en decisivo combate la vida y la muerte, la solidaridad, la justicia y la paz frente a la violencia, la injusticia y el individualismo egoísta, no es difícil responder de qué lado ha de ponerse el discípulo de Jesús. Lo realmente difícil es el discernimiento del «fruto bueno», de la obra realmente eficaz, la superación del temor y de la inercia, el sacar de nuestros ojos hipócritas las vigas de las aparentemente pequeñas incoherencias cotidianas, de desprecio, de falta de solidaridad, de condenar consecuencias sin denunciar las causas, etc. (cf. Lc 6, 42).

Coherencia entre el decir y el actuar

Jesús reclama así para el discípulo transparencia y coherencia. Son condiciones del verdadero testimonio evangelizador. La autoridad moral para anunciar la buena nueva sólo puede fundamentarse sobre la verdad y la coherencia de las palabras, de las actitudes y, de los comportamientos. La coherencia convoca. Y esta es una exigencia para la Iglesia de todos los tiempos, si ha de ser fiel a su vocación evangelizadora.

El «aguijón del pecado» que produce la muerte, como recuerda Pablo (1 Cor 15, 56), se esconde todavía en el comportamiento inconsecuente de muchos cristianos. Pablo invita a los corintios, y también a nosotros, a mantenerse «firmes y constantes. Trabajad siempre por el Señor, sin reservas» (v. 58). La firmeza en la práctica de la vida, aun en tiempos difíciles y desconcertantes, construye esa autoridad moral, que caracterizaba a Jesús y que se requiere igualmente hoy día para alentar y sostener a los que se cansan y sucumben ante la aparente fuerza de la muerte. Como creyentes en la victoria de Jesucristo sobre la muerte debemos a la sociedad entera, y especialmente a los más desamparados, el testimonio de la firmeza y de la esperanza, «convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga» (v. 58).

3. Es intolerable que unas personas o pueblos mantengan sometidos o esclavos a otros en una sociedad que se cree libre, justa e incluso religiosa. La miseria del hambre (pan injustamente repartido), del dolor (especialmente del indebido) y d odio (racismo, desprecio, marginación) debe ser abolida. Sólo la justicia es capaz de romper con el sistema diabólico. El evangelio de Lucas se mueve en un nivel social con exigencias radicales.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Cuáles son en realidad nuestros valores?

¿Creemos de verdad en el mensaje de las bienaventuranzas?

Gustavo Gutiérrez

Asunto turbio

El evangelista Lucas reúne hoy en el evangelio un ramillete de consejos, que tiene mucho de sentido común, que pertenecen al saber popular. Nos viene bien recordar estos mandatos puesto que la cuaresma está ya muy próxima y es una época en la que se nos invita a hacer un esfuerzo en el camino de la conversión. No se nos pide precisamente grandes gestos, pero si frecuentar, multiplicar las pequeñas acciones que tanto influyen en el resultado final.

Ahí van algunos ejemplos que señala Jesús: “Hay personas que se fijan en la mota que tiene el vecino en el ojo y no ve la viga que tiene en su propio ojo. No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos. El ser humano exterioriza lo que lleva dentro. Si en su corazón anida la bondad, expresará bondad.

Manifiesta lo que lleva dentro. Si su corazón asesora mezquindaz, mostrará cicatería. Es decir, el ser humano trasluce en el día a día lo que lleva dentro. Un refrán latino, que Jesús lo hace suyo hoy, dice que “la boca habla de los que le sobra al corazón”. Cito el último ejemplo: Un ciego no puede guiar a otro ciego, caerán los dos al hoyo. Jesús en este punto denuncia a los malos dirigentes.

Se pregunta Jesús en el evangelio: ¿puede un ciego guiar a otro ciego?. Su respuesta es negativa, pero sería más negativa si en vez de ser ciego el maestro, el dirigente fuera cruel. No se trata de maestros, de dirigentes inexpertos, sino crueles. Del 21 al 24 del pasado mes de febrero pasado se han reunido en el Vaticano 190 participantes de todo el mundo eclesiástico. La Conferencia había generado enormes expectativas, pero el resultado ha sido pobre. Principalmente para las víctimas. Se ha concretado poco.

Un dato de interés: las mejores ponencias han sido expuestas por las mujeres. El delito de los dirigentes no consiste en que sean inexpertos, si no en que en vez de ser guardianes, defensores, protectores han resultado ser lobos con piel de oveja. La zorra se ha dedicado a cuidar de las gallinas.

Con respecto a la plaga de los abusos sexuales a menores por parte de personas consagradas no solo se trata de un ”ciego” que está incapacitado profesionalmente para ayudar a intervenir, si no de unos ciegos despiadados que han encubierto el problema durante décadas de años y durante años se han negado a extirpar el mal.

Con esta afirmación termina Jesús el evangelio de hoy:” el hombre bueno, de la bondad que Atesora en su corazón saca el bien”

Josetxu Canibe

Desde dentro

De la bondad que atesora en su corazón, saca el bien.

«En vuestro interior está el germen de lo auténtico.» Así se podría formular una de las líneas de fuerza del mensaje de Jesús. En medio de la sociedad judía, supeditada a las leyes de lo puro y lo impuro, lo sacro y lo profano, Jesús introduce un principio revolucionario para aquellas mentes: «Nada que entre de fuera hace impuro al hombre; lo que sale de dentro es lo que le hace impuro.»

El pensamiento de Jesús es claro: el hombre auténtico se construye desde dentro. Es la conciencia la que ha de orientar y dirigir la vida de la persona. Lo decisivo es el «corazón», ese lugar secreto e íntimo de nuestra libertad donde no nos podemos engañar a nosotros mismos. Según ese «despertador de conciencias» que es Jesús, ahí se juega lo mejor y lo peor de nuestra existencia.

Las consecuencias son palpables. Las leyes nunca han de reemplazar la voz de la conciencia. Jesús no viene a abolir la Ley, pero sí a superarla y desbordarla desde el «corazón». No se trata de vivir cínicamente al margen de la ley, pero sí de humanizar las leyes viviendo del espíritu hacia el que apuntan cuando son rectas. Vivir honestamente el amor a Dios y al hermano puede llevar a una «ilegalidad» más humana que la que propugnan ciertas leyes.

Lo mismo sucede con los ritos. Jesús siente un santo horror hacia lo que es falso, teatral o postizo. Una de las frases bíblicas más citadas por Jesús es ésta del profeta Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío.» Lo que Dios quiere es amor y no cánticos y sacrificios. Lo mismo pasa con las costumbres, tradiciones, modas y prácticas sociales o religiosas. Lo importante, según Jesús, es la limpieza del corazón, el «aseo interior».

El mensaje de Jesús tiene hoy tal vez más actualidad que nunca en una sociedad donde se vive una vida programada desde fuera y donde los individuos son víctimas de toda clase de modas y consignas. Es necesario «interiorizar la vida» para hacernos más humanos.Podemos adornar al hombre con cultura e información; podemos hacer crecer su poder con ciencia y técnica. Si su interior no es más limpio y su corazón no es capaz de amar más, su futuro no será más humano. «El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal.»

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 2 de marzo

Recibir el Reino de Dios como un niño es tener una capacidad de dejarse sorprender por lo que el Señor nos regala cada día, de todo lo que Él hace por nosotros. El pasaje del libro del Eclesiástico que leemos hoy lo deja muy claro: “…revistió (a los humanos) de una fuerza como la suya y los hizo a su propia imagen […] Los llenó de ciencia y entendimiento, y les enseñó el bien y el mal […] Puso su mirada en sus corazones, para mostrarles la grandeza de sus obras […] Estableció con ellos una alianza eterna, y les enseñó sus decretos”.

Pero aún así, nos cuesta ser agradecidos con Dios. No acabamos de creer que con lo que Él nos da, nos sobra y nos basta; y buscamos la felicidad en otros lugares, sin darnos cuenta que la tenemos más cerca de lo que pensamos. No siempre tenemos una mirada de niño, como la que alaba Jesús en el evangelio de hoy. Una mirada de niño no es una mirada infantil, sino una mirada limpia, alegre, sincera, abierta, que se deja sorprender.

Déjate sorprender hoy por lo que el Señor te va a regalar en esta jornada. En este sábado, donde el ritmo de trabajo es menor, aprovecha para mirar la realidad de otro  modo, más reposadamente, fijándote en los detalles de los acontecimientos ,de las personas y de los sentimientos de tu interior. Mira con inocencia, con bondad, con agradecimiento. Contempla la vida como hizo María, con una mirada de fe, de amor, de corazón limpio, de niña.

En breve comenzamos la Cuaresma, tiempo de entrenamiento espiritual, de calentar motores, de volver la mirada al Señor. Preparémonos con la actitud de niño, es decir, de aquel que cree que es posible, porque está abierto a la novedad y a la sorpresa de Dios.

Juan Lozano, cmf