Vísperas – Martes VIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES VIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Atardece, anochece, el alma cesa
de agitarse en el mundo
como una mariposa sacudida.

La sombra fugitiva ya se esconde.
Un temblor vagabundo
en la penumbra deja su fatiga.

Y rezamos, muy juntos,
hacia dentro de un gozo sostenido,
Señor, por tu profundo
ser insomne que existe y nos cimienta.

Señor, gracias, que es tuyo
el universo aún; y cada hombre
hijo es, aunque errabundo,
al final de la tarde, fatigado,
se marche hacia lo oscuro
de sí mismo; Señor, te damos gracias
por este ocaso último.

Por este rezo súbito. Amén.

SALMO 136: JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los cauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirnos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

SALMO 137: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Col 3, 16

La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos  aotros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

  • Cristo, fortaleza nuestra, que nos has llamado a la luz de tu verdad,
    — concede a todos tus fieles fidelidad y constancia.
  • Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
    — y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.
  • Tú que, con cinco panes, saciaste a la multitud,
    — enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.
  • Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
    — sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Cuando vengas aquel día, para que en tu santos se manifieste tu gloria,
    — da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que los sentimientos de nuestro corazón concuerden siempre con las palabras de nuestra boca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 5 de marzo

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 10,28-31
Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.»

3) Reflexión

• En el evangelio de ayer, Jesús hablaba de la conversión que tiene que existir en la relación de los discípulos con los bienes materiales: desprenderse de las cosas, venderlo todo, darlo a los pobres y seguir a Jesús. Es decir, al igual que Jesús, vivir en una total gratuidad, entregando la propia vida a Dios y poniéndola en sus manos al servicio de los hermanos y de las hermanas (Mc 10,17-27). En el evangelio de hoy, Jesús explica mejor cómo debe ser esta vida de gratuidad y de servicio de los que abandonan todo por Jesús y por el Evangelio (Mc 10,28-31).
• Marcos 10,28-31: El ciento por uno, pero con persecuciones. Pedro observa: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado todo y te seguimos». Es como si dijera: “Hicimos lo que el Señor pidió al joven rico. Lo dejamos todo y te seguimos. ¿Nos explica cómo debe ser nuestra vida?” Pedro quiere que Jesús explicite un poco más el nuevo modo de vivir con espíritu de gratuidad y de servicio. La respuesta de Jesús es bonita, profunda y simbólica: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna”. El tipo de vida que resulta de la entrega de todo es lo que Jesús quiere realizar: (a) Ensancha la familia y crea comunidad, pues aumenta cien veces el número de hermanos y hermanas. (b) Hace que los bienes se compartan, pues todos tendrán cien veces más casas y campos. La providencia divina se encarna y pasa por la organización fraterna, donde todo es de todos y no habrá más necesitados. Ellos cumplen la ley de Dios que pide “entre vosotros no haya pobres” (Dt 15,4-11). Fue lo que hicieron los primeros cristianos (He 2,42-45). Es la vivencia perfecta del servicio y de la gratuidad. (c) No deben esperar ninguna ventaja en cambio, ni seguridad, ni promoción de nada. Por el contrario, en esta vida tendrán todo esto, pero con persecuciones. Pues los que en este mundo organizado a partir del egoísmo y de los intereses de grupos y personas, viven a partir del amor gratuito y de la entrega de sí, éstos, al igual que Jesús, serán crucificados. (d) Serán perseguidos en este mundo, pero, en el mundo futuro tendrán la vida eterna de la que hablaba el joven rico.
• Jesús y la opción por los pobres. Un doble cautiverio marcaba la situación de la gente en la época de Jesús: el cautiverio de la política de Herodes, apoyada por el Imperio Romano y mantenida por todo un sistema bien organizado de exploración y de represión, y el cautiverio de la religión oficial, mantenida por las autoridades religiosas de la época. Por esto, el clan, la familia, la comunidad, se estaba desintegrando y una gran parte de la gente vivía excluida, marginada, sin techo, sin religión, sin sociedad. Por esto había varios movimientos que, al igual que Jesús, buscaban una nueva manera de vivir y convivir en comunidad: esenios, fariseos y, más tarde, los celotes. Dentro de la comunidad de Jesús, sin embargo, había algo nuevo que marcaba la diferencia con los otros grupos. Era la actitud ante los pobres y excluidos. Las comunidades de los fariseos vivían separadas. La palabra “fariseo” quiere decir “separado”. Vivían separadas del pueblo impuro. Muchos fariseos consideraban al pueblo como ignorante y maldito (Jn 7,49), lugar de pecado (Jn 9,34). Jesús y su comunidad, por el contrario, vivían mezclados con las personas excluidas, consideradas impuras: publicanos, pecadores, prostitutas, leprosos (Mc 2,16; 1,41; Lc 7,37). Jesús reconoce la riqueza y el valor que los pobres poseen (Mt 11,25-26; Lc 21,1-4). Los proclama felices porque el Reino es de ellos, de los pobres (Lc 6,20; Mt 5,3). Define su propia misión como “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4, 18). El mismo vive como pobre. No posee nada suyo, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Lc 9,58). Y a quien quiere seguirle para vivir con él, manda escoger: ¡o Dios, o el dinero! (Mt 6,24). ¡Manda hacer la opción por los pobres! (Mc 10,21) La pobreza que caracterizaba la vida de Jesús y de los discípulos, caracterizaba también la misión. Al contrario d los otros misioneros (Mt 23,15), los discípulos y las discípulas de Jesús no podían llevar nada, ni oro, ni plata, ni dos túnicas, ni saco, ni sandalias (Mt 10,9-10). Debían confiar en la hospitalidad (Lc 9,4; 10,5-6). Y en caso de que fueran acogidos por la gente, debían trabajar como todo el mundo y vivir de lo que recibían a cambio (Lc 10,7-8). Además de esto, debían ocuparse de los enfermos y necesitados (Lc 10,9; Mt 10,8). Entonces podían decir a la gente: “¡El Reino de Dios ha llegado!” (Lc 10,9).

4) Para la reflexión personal

• En tu vida, ¿cómo acoges la propuesta de Pedro: “Dejamos todo y te seguimos”?
• Compartir, gratuidad, servicio, acogida a los excluidos son signos del Reino. ¿Cómo los vivo hoy?

5) Oración final

Los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios.
¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98,3-4)

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2019

«LA CREACIÓN, EXPECTANTE, ESTÁ AGUARDANDO LA MANIFESTACIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS» (Mt 24,12).

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que (…) por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. LA REDENCIÓN DE LA CREACIÓN

La celebración del Triduo Pascual de la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación -dice san Pablo-desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la reden- ción del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos -espíritu, alma y cuerpo-, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de San Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. LA FUERZA DESTRUCTIVA DEL PECADO

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas -y también hacia nosotros mismos-, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites de nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea, a quienes no tiene a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos, continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más, acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18).

Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás. Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. LA FUERZA REGENERADORA DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL PERDÓN

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una «nueva creación»: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta «impaciencia», esta expectación de la creación, encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir, cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el «trabajo» que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea, aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de «devorarlo» todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir, amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la «Cuaresma» del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a empren- der un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018
Fiesta de San Francisco de Asís

Comentario del 5 de marzo

Jesús había hablado del poderío del dinero para someter a esclavitud al corazón humano e impedirle el seguimiento que se le propone o del carácter opresor del dinero. Es entonces cuando Pedro reacciona y le dice: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Si el joven rico no fue capaz de romper el lazo que le tenía atado a sus riquezas, ellos habían dejado casa, trabajo, familia y posesiones por seguir a Jesús. Su asiento en el mundo no había sido tan fuerte como para retenerles ante la llamada del Maestro. Realmente habían dejado muchas cosas por embarcarse en esta aventura de final incierto con este singular Maestro que había ejercido sobre ellos una atracción irresistible. Jesús valora su actitud y les hace saber que no quedará sin recompensa: Os aseguro –les dice- que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna.

La recompensa prometida incrementa «en este tiempo» las posesiones dejadas«cien veces más»; no hay que esperar, por tanto, a la vida futura para obtener la recompensa con la que Dios premia a sus seguidores o a esos que han dejado tantas cosas ‘valiosas’ por Jesús y por el Evangelio, que es la causa de Jesús; porque las cosas (y personas) que se dejan, no se dejan por desprecio (o baja estima) hacia ellas, sino por el aprecio que les merece la persona y la causa de Jesús. Pues bien, Jesús promete recompensarles con más –cien veces más– casas, hermanos, padres, hijos y tierras estando aún en esta vida y tiempo; porque, llegada la edad futura, recibirán no mil veces más, sino un premio que no tiene equivalencia con nada de este mundo, recibirán vida eterna. En el tiempo presente sólo cabe multiplicar las posesiones y los afectos, pero la recompensa futura no es siquiera una multiplicación de las cosas dejadas, sino un bien de rango infinitamente superior, un bien de carácter intemporal: la vida eterna, que, en cuanto eterna, no es comparable con ningún estado temporal. La promesa de Jesús para los que han dejado cosas –realmente valiosas- por él habla a las claras de la generosidad de Dios que paga con creces la siempre limitada generosidad humana. A Dios, fuente suprema de toda bondad, no podemos ganarle en generosidad. La misma generosidad que hallamos en nosotros procede de Él, que nos ha creado así, con capacidad para amar y para gozarnos en el amor con que nos donamos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 28. La promoción a los grados superiores se hace, después de un oportuno intervalo de tiempo, teniendo en cuenta la capacidad para enseñar, las investigaciones llevadas a cabo, los trabajos científicos publicados, el espíritu de colaboración demostrado en la enseñanza y en la investigación y el empeño puesto en la dedicación a la Facultad.

Recursos Domingo I de Cuaresma

PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA

(Puede hacer esta ofrenda el presidente del Consejo Pastoral Parroquial o, en su defecto, un miembro de reconocido prestigio en la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo hoy la PALABRA que Tú nos has dado y que recoge este libro o reunión de libros. Y lo hago en nombre de toda la Comunidad que quiere comprometerse, y más en este tiempo de Cuaresma, a ser oyente de tu Palabra, pues es consciente de que ella es alimento de salvación y semilla de vida eterna.

PRESENTACIÓN DE UN HORÓSCOPO

(Esta ofrenda la puede hacer una de las mujeres de la comunidad. Y se puede presentar o bien un libro, que existen, o sencillamente un recorte de los que publican los periódicos o revistas)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo hoy un horóscopo. Lo solemos leer como un juego, pero, bien sabes, que su consulta, así como todo lo relacionado con el mundo de lo esotérico, se ha puesto de moda entre nosotros y nosotras. Hay personas que se dejan arrastrar por ellos y confían plenamente. De esta manera ponen, a sabiendas o no, en entredicho tu señorío. Nosotros y nosotras, al ofrecértelo hoy, queremos decirte que no tenemos más Señor que Tú y que nuestras vidas están puestas en tus manos.

PRESENTACIÓN DE UN TERMÓMETRO CLÍNICO

(Puede hacer esta ofrenda, una persona adulta de la comunidad y comprometida dentro de la misma)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, yo te traigo este termómetro clínico, que es símbolo de las atenciones y cuidados a los/as enfermos y enfermas. Con él, y en nombre de la comunidad, yo hoy te ofrezco nuestros deseos de tomarnos la “temperatura” de nuestra vida cristiana y de nuestro compromiso de seguimiento de Jesús. Así lo queremos vivir en esta Cuaresma. Ayúdanos en este empeño.

PRESENTACIÓN DE UN PROGRAMA ELECTORAL

(Lo debiera presentar alguien comprometido en la lucha política, sindical o ciudadana y, si no, cualquiera de la comunidad, con tal de que sea una persona adulta)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí me corresponde, Señor, traerte hoy un programa electoral de cualquiera de nuestros partidos políticos. Lo hago con la conciencia de que es una oferta de buena voluntad, pero sabiendo que ahí no se esconde la solución de todos nuestros problemas. Ésa está en tus manos y en la colaboración de todos juntos y todas juntas, cuando hacemos tu voluntad. Y en esta Cuaresma queremos conocer tu voluntad y asumirla como el CAMINO de nuestras vidas.

PRESENTACIÓN DE UNA ROPA, UN PAN Y UN VASO DE AGUA

(Pueden hacer la ofrenda dos personas distintas, mientras que una tercera aporta la palabra para esclarecer los símbolos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, ahí tienes dos símbolos de dos estilos de vida distintos. La ropa es la señal de la preocupación que vivimos los hombres y las mujeres de hoy por el tener y el consumo. El caso es que no somos felices, a pesar de que nos empeñemos en consumir más y rodearnos de más y más cosas. Pero también te hemos traído ese pan y ese vaso de agua, símbolo del ayuno cuaresmal. El pan y el agua son tan poca cosa, que es la mejor manera de decir que la felicidad está en el ser, y no en el tener. Al confrontar, Señor, esos dos estilos de vida, queremos, justo en el inicio de esta nueva Cuaresma, ofrecerte nuestros deseos de conversión. Ayúdanos, sin embargo, Tú, Señor, con tu felicidad, a saborear lo que es la alegría de la salvación.

Oración de los fieles – Domingo I de Cuaresma

Padre, en este primer domingo miramos la esclavitud de nuestro pecado y pedimos que nos ayudes a no caer en la tentación diciendo: ENSEÑANOS, PADRE, EL CAMINO DE LA CONVERSIÓN

1. – Por la Iglesia, por estos momentos de esclavitud a causa de nuestro pecado, para que seamos fieles a Dios y nos volvamos a Él. OREMOS

2. – Por los países del mundo, para, que busquen la concordia entre ellos evitando fanatismos y enfrentamientos. OREMOS

3. – Por los enfermos, para que, uniendo su dolor a la penitencia cuaresmal, lleguen pronto a disfrutar de la alegría de su curación. OREMOS

4. – Por los que viven alejados de Dios, para que encuentren en el peregrinar de estos cuarenta días un motivo para su conversión. OREMOS

5. – Por las familias cristianas para emprendiendo junto este tiempo cuaresmal, lleguen llenos de amor al día de la Pascua. OREMOS

6. – Por todos nosotros para que los actos penitenciales de estos días nos ayuden a vivir centrados en lo que es verdaderamente importante: Jesucristo. OREMOS

Padre, ayúdanos a caminar con decisión en este tiempo favorable, para conseguir una conversión sincera de corazón.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

Amén


El miércoles pasado –Miércoles de Ceniza– comenzamos nuestra conversión, recorriendo el santo tiempo de Cuaresma, pidiendo perdón por nuestras faltas. Hoy pedimos una luz que nos guíe el camino. Así rogamos al Señor: SEÑOR, ENSÉÑANOS TUS CAMINOS.

1. – Por el Papa Francisco, que la ayuda de Dios le asista siempre y en especial en este tiempo de la cuaresma. OREMOS

2. – Por los gobernantes para que sus decisiones se ajusten a las necesidades de su pueblo. OREMOS

3. – Por los enfermos, marginados, los que se encuentran solos o no encuentran sentido a su vida, para que Dios a través nuestra les de su consuelo y alegría. OREMOS

4. – Por todos los que dedican su vida al evangelio para que sea el Espíritu el que les guíe en la proclamación del mensaje. OREMOS

5. – Por todos los que han sufrido las inclemencias del tiempo, inundaciones o sequías, incendios, terremotos u otras catástrofes, para que se vean pronto socorridos tanto en lo material como en lo espiritual. OREMOS

6. – Por todos nosotros para que vivamos esta cuaresma de corazón y nuestra conversión sea sincera. OREMOS

7. – Por la paz en el mundo y en los corazones de todos los hombres y mujeres de la tierra. OREMOS

Señor, llévanos por tus caminos, sabes que sin tu ayuda no podemos caminar, concédenos lo que te pedimos y todo aquello que sabes que necesitamos.

Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen

Comentario al evangelio – 5 de marzo

El auto del libro del Eclesiastico, Ben Sirá, nos presenta en la primera lectura que leemos hoy un paralelismo entre la observancia de la ley y un acto de culto. El autor revela de ser moralista y ritualista a la vez, Ben Sirá estima que el cumplimiento de la Ley, ya por sí mismo, es un culto (observancia de la ley/ofrendas; guardar los mandamientos/sacrificios de comunión; devolver un favor/ofrenda de flor de harina; dar limosna/sacrificios de alabanza; apartarse de la injusticia/sacrificio de expiación).  

El mensaje de este texto gira entorno a dos grandes ideas, la primera tiene un sentido teológico, la segunda va en la línea ritual. El sentido teológico se basa en un gran principio: «la ofrenda del justo enriquece el altar, su perfume sube hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptable, su memorial no se olvidará» (v. 5-6). El autor pone en relación la santidad de vida (el justo) con el gesto ritual, esto nos recuerda la exigencia de la espiritualidad profética: «misericordia quiero y no sacrificios». La segunda idea reclama la generosidad en lo que se ofrece al Señor. De esta forma podemos decir que lo que le agrada al Señor es la ofrenda de nuestra propia vida.

En el Evangelio, continuación del texto de ayer, vemos la intervención de Pedro que busca ser premiado en lo que realiza y espera una compensación. En él estamos también representados nosotros, porque nos cuesta vivir desde la gratuidad. Siempre anhelamos que se nos reconozca y agradezca de algún modo lo que hacemos.  En el seguimiento de Jesús crecemos en generosidad. Él no se cansa de insistirnos que recibimos mucho más de lo que podemos dar o esperar.

Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén.

(Himno de Laudes del lunes de la segunda semana)

Edgardo Guzmán, cmf.