Vísperas – Jueves después de Ceniza

LAUDES

JUEVES DESPUÉS DE CENIZA

PERPETUA Y FELICIDAD, mártires

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienchechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: St 4, 7-8.10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificados el corazón. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor eternamente.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor eternamente.

PRECES

Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.

  • Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, presbíteros y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo,
    — para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.
  • Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo
    — y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.
  • Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu hijo
    — y que respetemos su lbiertad y su conciencia.
  • Haz que todos los hombres sean moderar sus deseos de bienes temporales
    — y que atiendan a las necesidades de los demás.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad
    — y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 7 de marzo

Tiempo de Cuaresma
  
1) Oración inicial
Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 9,22-25
Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.» Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?»
3) Reflexión
• Ayer hemos empezado la Cuaresma. Hasta ahora la liturgia diaria seguía el evangelio de Marcos, paso a paso. A partir de ayer y hasta el día de Pascua, la secuencia de las lecturas diarias será dada por la tradición antigua de la cuaresma con sus lecturas propias, ya fijas, que nos ayudarán a entrar en el espíritu de la cuaresma y en la preparación de la Pascua. Ya desde el primer día, la perspectiva es la Pasión, la Muerte y Resurrección y el significado de este misterio para nuestra vida. Es lo que nos propone el texto bien breve del evangelio de hoy. El texto habla de pasión, muerte y resurrección de Jesús y afirma que el seguimiento de Jesús implica cargar con la cruz detrás de Jesús.
• Poco antes en Lucas 9,18-21, Jesús había preguntado: “¿Quién dice la gente que soy?”. Ellos respondieron relatando las diversas opiniones: “Juan Bautista, Elías o uno de los antiguos profetas”. Después de oír las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy?” Pedro respondió: “¡El Cristo de Dios!”, es decir, el señor es aquel que el pueblo ¡está esperando! Jesús concordó con Pedro, pero prohibió de hablar sobre esto a la gente. ¿Por que Jesús lo prohíbe? Es que en aquel tiempo todos esperaban al mesías, pero cada uno a su manera: algunos como rey, otros como sacerdote, doctor, guerrero, juez, o profeta. Jesús piensa de forma distinta. Se identifica como el mesías servidor y sufriente, anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 52,13-53,12).
• El primer anuncio de la pasión. Jesús comienza a enseñar que él es el Mesías Servidor y afirma que, como Mesías Servidor anunciado por Isaías, será preso y morirá en el ejercicio de su misión de justicia (Is 49,4-9; 53,1-12). Lucas acostumbra seguir el evangelio de Marcos, mas aquí omite la reacción de Pedro que desaconsejaba a Jesús pensar en el mesías sufriente y omite también la dura respuesta: “¡Lejos de mí, Satanás, porque no piensas las cosas de Dios, sino de los hombres!” Satanás es una palabra hebraica que significa acusador, aquel que aleja a los demás del camino de Dios. Jesús no permite que Pedro lo aleje de su misión.
• Condiciones para seguir a Jesús. Jesús saca las conclusiones que valen hasta hoy: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga. En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el imperio romano castiga a los criminales marginales. Tomar la cruz y cargarla en pos de Jesús era lo mismo que aceptar ser marginado por el sistema injusto que legitimaba la injusticia. Era lo mismo que romper con el sistema. Como decía Pablo en la carta a los Gálatas: “El mundo quedó crucificado para mí y yo para el mundo” (Gl 6,14). La Cruz no es fatalismo, ni es exigencia del Padre. La Cruz es la consecuencia del compromiso libremente asumido por Jesús de revelar la Buena Nueva de que Jesús es Padre y que, por tanto, todos y todas deben ser aceptados y tratados como hermanos y hermanas. Por causa de este anuncio revolucionario, fue perseguido y no tuvo miedo a dar su vida. No hay mayor amor que dar la vida por los hermanos.
4) Para la reflexión personal
• Todos esperaban al mesías, cada uno a su manera. ¿Cuál es el mesías que yo espero o que la gente espera?
• La condición para seguir a Jesús es la cruz. ¿Cómo me sitúo ante las cruces de la vida?
5) Oración final
Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 77: «Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, «dejándoles su cargo en el magisterio»» (DV 7). En efecto, «la predicación apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar por transmisión continua hasta el fin de los tiempos» (DV 8).”

Aquí hablamos, por lo tanto, de la sucesión apostólica. Jesús elige a doce apóstoles para transmitirles a ellos, para que sean los depositarios de su mensaje revelado. Una revelación del Padre. Todo lo que le he oído a mi Padre, a Dios Padre, os lo he contado a vosotros. Ya no tengo secretos para vosotros. A vosotros no os llamo siervos, os llamo amigos, porque a un siervo no se le cuentan las intimidades, pero a un amigo sí. Los apóstoles en ese sentido son amigos. Amigos del Señor en el sentido de que les expresa su intimidad. Les comunica la revelación.

Lo primero que hay que decir es que es conmovedor, es impresionante ver la misericordia del Señor eligiendo a doce apóstoles o doce hombres rudos, la mayoría de ellos. Sencillos, de poca cultura. Hombres del pueblo y de un pueblo no precisamente de los más cultos, sino hombres de Galilea. Algunos de ellos pescadores, etc. Eligiéndolos como depositarios de una revelación. Quiere decir que llevamos un tesoro en vasijas de barro. Me parece que esto es lo que mejor lo puede definir el ser de la Iglesia. Llevamos un tesoro en vasijas de barro y por eso el Señor se ha comprometido a sostener esa vasija, a sostenerla de manera que no se rompa. Y milagrosamente esa vasija no se rompe. Igual que está ese pasaje evangélico de la pesca milagrosa. Jesús después de resucitar cuenta cómo se apareció a ellos, y en ese momento, dice san Juan, que trajeron con aquella red, arrastrándola hasta la arena, creo, no estoy seguro del número de peces que dice ahora mismo, pero creo recordar 165, no estoy seguro, y aún siendo tantos no se rompió la red. Y lo dice san Juan como un milagro. Y aun siendo tantos, no se rompió la red porque, fíjate que la red se tenía que haber roto, no hubiese aguantado tanto. Así es también el ser de la Iglesia. Que llevamos un tesoro en vasijas de barro, que somos de barro, pero que no terminamos de rompernos. Nos derriban pero no nos rematan, porque Dios sostiene a su Iglesia, que es pobre, pero la sostiene. Digo que es conmovedor ver que Jesús puso su mensaje no en manos de sabios, no en manos de perfectos, sino en manos de gente sencilla. Y llevó a cabo con ellos, una escuela apostólica. Jesús ejerce como Padre y como maestro y les va educando. En aquellos tres años Jesús va educando a los apóstoles y al mismo tiempo que les transmite la revelación, al mismo tiempo oles va educando.

Entran en esa relación con él. No les llamó porque fuesen capaces, sino más bien él capacitó a los llamados. Como digo no escogió ninguna lumbrera. Sencillamente les educó. Eran aptos para ser moldeados por las manos de Cristo. Me parece que esto es muy importante y tendrían sus defectos de carácter, que aparecen en los evangelios, pero lo importante es que eran hombres que sabían confiarse en aquel que les había llamado. En ellos depositó el mensaje de la revelación.

Llega el momento de la sucesión y enseguida se encuentran con el problema de la traición de Judas. Judas, uno de los doce, ha traicionado a Cristo y además después se ha suicidado, en su desesperación. ¿Qué hacemos porque el Señor eligió a doce? Y parece que el nombre doce, “los doce”, tenía algo de simbólico. Obviamente estaba evocando también las doce tribus del pueblo de Israel, del Antiguo Testamento. Se había suicidado Judas y qué hicieron, eligieron a Matías. Invocan al Espíritu Santo, echan a suerte y dicen que había que elegir a uno que desde el principio hubiese convivido con Jesús. Vamos a elegir entre los que han convivido, porque no sólo han convivido los doce apóstoles, también había otro grupo de discípulos que habían convivido estrechamente con Jesús aunque no habían estado elegidos como los doce más íntimos. Entre ellos se ora, se pide la luz del Espíritu Santo y se elige a Matías. Era importante esa elección porque eso fue en víspera del episodio de Pentecostés. El episodio de Pentecostés que tiene lugar precisamente en el cenáculo en el lugar en el que Jesús instituye la Eucaristía. Va a venir el Espíritu Santo y va a conformar el colegio apostólico. Viene el Espíritu Santo, está el colegio apostólico con María en medio y entonces allí, podíamos decir, que comienza la Iglesia a difundirse en todo su ímpetu. Ya estaba para entonces Matías elegido y estaban ya los doce de nuevo juntos.

Luego más tarde hay un apóstol que es elegido de una manera muy especial, que es san Pablo, a quien el Señor le sale al encuentro cuando iba camino a Damasco. Precisamente iba camino, como celoso fariseo, iba camino de Damasco para hacer prisioneros a los cristianos. Allí sale a su encuentro Jesucristo, le derriba de su caballo y entonces, después de ese encuentro y de presentarse él a los apóstoles, subir a Jerusalén y presentarse a los apóstoles, él también pasa a ser, a formar parte del colegio apostólico. Por lo tanto ya había comenzado un poco la sucesión apostólica al elegir a Matías, en vez de Judas. Después continuó la sucesión apostólica con san Pablo. Bien es verdad que su forma de ser elegido es muy especial porque tiene como una especie de manifestación de Cristo, pero luego es confirmada por los apóstoles. Es confirmada por ellos porque hay un texto importante que dice: subí a Jerusalén y me presenté ante los apóstoles, no fuera a ser que yo estuviese corriendo en vano. Se presenta ante ellos.

Luego viene la elección de Bernabé. Es decir va poco a poco poniéndose en marcha el proceso de sucesión apostólica. Es como una transmisión, es la conciencia de que los apóstoles y sus sucesores son instrumentos para transmitir. Son como una correa transmisora de la palabra de Cristo.

Hay que decir una cosa y es que además, lo vamos a ver también en el punto siguiente. Además de la palabra de Dios escrita en la Biblia, existe también la tradición como forma de estar en ella presente la vida de Jesús. Es decir, Jesús no solo le conocemos por lo que se nos ha contado escrito de él, sino que también le conocemos por lo que los apóstoles han transmitido como testigos de él. No sólo por escrito sino también de palabra, con su vida. Y entonces digamos que existen como dos conductos para transmitir la revelación: la palabra de Dios escrita y la tradición. La tradición, que especialmente la tradición se ha seguido transmitiendo a través de los apóstoles y sus sucesores, que son los obispos. Es como si aquí hay un doble componente, palabra y los testigos de la palabra. Nosotros nos hemos encontrado ya con una Biblia escrita que se nos da escrita, pero la Biblia no ha caído del cielo, ha sido, especialmente el Nuevo Testamento, ha sido escrito por los apóstoles, por los evangelistas, a los cuales también los apóstoles les encomiendan la escritura, el poner por escrito el mensaje revelado y entonces para que la Biblia pueda ser considerada palabra de Dios, ha hecho falta unos testigos, que los apóstoles mismos den testimonio de que lo que está puesto por escrito es fidedigno. Que si no hubiese existido la tradición de los apóstoles, esos testigos vivos, nosotros no tendríamos capacidad de reconocer como palabra de Dios esto es está escrito en estos libros.

Pongo un ejemplo, imaginaros que alguien escribe una carta, un testamento porque va a marchar, va a partir, o va a fallecer. El padre escribe un testamento, las últimas voluntades y parte. Pero para reconocer esta carta y darle toda la autenticidad es muy importante el testimonio de los hijos y de la esposa. Nosotros decimos que ellos son los que reconocen en esa carta y dicen sí, esto que pone allí es la palabra de él. Aquí está bien reflejada su figura y su vida. Este testimonio escrito es auténtico porque nosotros le hemos conocido y vemos que está aquí reflejado. No únicamente vale el papel escrito sino que además tiene que haber el testigo de autentifique eso que está escrito.

Algo así pasa, ocurre con lo que son la importancia de la Tradición de la Iglesia. La Tradición de la Iglesia es la que autentifica la palabra de Dios escrita. Si uno lee, si uno pretende leer esa palabra escrita fuera de la vida de la Iglesia, fuera de la familia de la Iglesia, pues la está sacando de contexto. Es como si alguien totalmente ajeno a una familia coge aquel testamento del padre y lo lee sin conocer para nada a los hijos ni a la mujer. Algo entenderá, ciertamente, porque si el otro ha escrito bien. Pero no lo va a comprender plenamente. Le van a faltar elementos de interpretación. Porque él está leyendo lo que ha escrito, sigo con este ejemplo, lo que ha escrito el padre de familia antes de morir y obviamente él va a tener que interpretar sin haber conocido y sin haber vivido la tradición de esa familia. Va a errar. Su comprensión va a ser limitada. Por eso entendemos que la palabra de Dios tiene que ser leída e interpretada en el seno de la propia Iglesia en la que se escribió, no fuera de él.

Se trata de decir aquí hay una palabra y unos apóstoles que son testigos de esa palabra. Digamos que lo que dice este punto es que con fidelidad al mandato recibido del Señor, los doce apóstoles, después de la ascensión de Jesucristo a los cielos, comienzan a completar ese número, primero con la elección de Judas, como hemos dicho, y del mismo modo que al inicio de la elección de los doce apóstoles hay una llamada de Jesús, porque Jesús le dice deja, a Mateo por ejemplo, le dice que deje sus monedas porque era recaudados de impuestos, ven y sígueme. También aquí hay una llamada sólo que la llamada, sólo que llamada no la realiza directamente Jesucristo, sino que son los propios apóstoles los que llaman a sus sucesores. Ahora es Cristo el que realiza esa llamada a través de ellos. Y este es el camino porque el continua este ministerio. Que desde la segunda generación ya se llama episcopé, el ministerio episcopal. Fijaros uno lee los evangelios, lee las cartas de san Pablo y enseguida ve que desde la segunda generación, después de los apóstoles, ya se les llama obispos. Por lo tanto los obispos son sucesores de los apóstoles y ese cambio de palabra, de apóstoles a obispos, los sucesores de los apóstoles, se puede leer perfectamente en las cartas de Pablo, etc. Esto ocurrió ya con la segunda generación.

Tal vez sea útil explicar también lo que quiere decir el término obispo. Esta palabra la traduce del griego epíscopos. Esta palabra indica a una persona que contempla desde lo alto, que mira en el corazón. Esto Benedicto XVI, que es un gran estudioso de la escritura, nos recordaba esta exégesis en una catequesis que dio sobre el tema de la sucesión apostólica. La palabra obispo significa la persona que contempla desde lo alto, que mira con el corazón. Así san Pedro, en su primera carta, llama a Jesús pastor y obispo, guardián de nuestras almas, dice 1Pe 2, 25. Y según este modelo del Señor, que es el primer obispo, guardián y pastor de las almas, los sucesores de los apóstoles se llamarán luego epíscopoi, se llamarán obispos. Aquellos que son guardián de nuestras almas. Y así la sucesión, la función episcopal se presenta como una continuidad del ministerio apostólico que es una garantía de la perseverancia en la tradición apostólica, la palabra y la vida, que nos ha encomendado el Señor. El vínculo entre el colegio de los obispos y la comunidad de los apóstoles, se entiende en línea de continuidad histórica.

Existe un testimonio histórico muy valioso del siglo II, de la segunda mitad del siglo II. Fijaros que estamos hablando de unas generaciones muy cercanas a los apóstoles, donde san Ireneo de Lyón, que era un santo Padre y un obispo, tuvo que polemizar con distintas sectas que comenzaban a surgir. Herejías que se iban fraccionando del seno de la Iglesia católica, interpretaciones desviadas de las palabras de Jesucristo. El gnosticismo fue una de las primeras herejías que era una especie de pensamiento que venía a suponer que la verdadera revelación estaba únicamente reservada para los filósofos más eruditos y por lo tanto tenían que hacer una serie de cábalas. Cábalas para llegar a los misterios escondidos. Se iban alejando del espíritu del evangelio totalmente. Entonces san Ireneo, tiene una polémica con todas estas distintas sectas que se han ido fraccionando y ellas también se consideran iglesias, también dicen que son la auténtica iglesia, y él tiene que demostrar, toma la decisión de decir yo me voy a tomar como empresa, como tarea, el demostrar ante esta proliferación de sectas que no son la auténtica iglesia de Jesucristo, aunque ellos digan serlo. ¿Qué es lo que él hace? Lo que hace es hacer como la cadena de la sucesión apostólica desde los apóstoles hasta la Iglesia católica. Demostrando con ello que existe una sucesión ininterrumpida en la transmisión apostólica entre Jesucristo, los doce apóstoles que él elige y la Iglesia católica de finales del siglo II, o de la segunda mitad del siglo II. Y sin embargo les dice a los miembros de las sectas. Sin embargo vosotros no podéis hacer este árbol de sucesión apostólica que yo hago. No podéis porque os habéis inventado a vosotros mismos, es decir, sois una secta inventada, no estáis fundadas por Jesucristo. Esto lo hace con firmeza. En su libro Adversus Aereges, escribe lo siguiente: “La tradición de los apóstoles, que ha sido manifestada por el mundo entero, puede ser percibida en toda la Iglesia por todos aquellos que quieren ver la verdad. Y nosotros podemos enumerar los obispos que fueron establecidos por los apóstoles y la Iglesia y sus sucesores hasta nosotros. En efecto, los apóstoles querían que fuesen totalmente perfectos e irreprensibles aquellos a quienes dejaban como sucesores suyos, transmitiéndoles su propia misión de enseñar. Si obraran correctamente se seguiría gran utilidad pero se hubiesen caído la mayor calamidad.”

Como veis él insiste mucho en la sucesión apostólica. Diciendo vosotros, las sectas, no podéis consideraros hijos de esa Iglesia de Jesucristo cuando resulta que os fundasteis a vosotros mismos con motivo de que en el año tal o el año cual, hubo alguien que rompió con la Iglesia y él fundó una nueva iglesia.

Este argumento es importante porque cuando alguien se nos presenta como, hoy en día, en el siglo XXI, se nos quiere presentar como la verdadera iglesia que sigue a Jesucristo y tú eres consciente que se trata de una congregación que en el siglo XX o en el siglo XIX se formó como tal, tú le dices, y si eres la auténtica iglesia que sigue a Jesucristo, dónde estabas en el siglo XIX, dónde estabas en el siglo XVII o en siglo XV, o en el siglo XII. Porque si sigues a Jesucristo tienes que haber existido desde el principio. Pero tú has nacido hace 30 ó 50 ó 300 años, o cuando sea.Tienes un origen histórico de alguien que rompió con la Iglesia y se fundó a sí mismo.Este es un argumento importante, porque la estructura de nuestra Iglesia católica, es una estructura que nosotros somos conscientes que no tenemos nada que no hallamos recibido. Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis. Lo que dice Pablo, “yo he recibido una tradición que a su vez os transmito”. Yo no me autoinvento. Y esto nos da un carácter que es muy humilde. Yo no soy dueño. No somos dueños del mensaje que llevamos entre manos. Llevamos un tesoro en vasijas de barro y no podemos pretender cambiar el tesoro, amoldarlo.

San Ireneo es un gran testigo de la conciencia de la Iglesia de la sucesión apostólica. Refiriéndose a esta red de la sucesión apostólica como garantía de perseverar en la palabra de Señor, se concentra también san Ireneo, en la iglesia más grande, más antigua y más conocida de todos, fundada, dice él y establecida en Roma, por los gloriosos apóstoles Pedro y Pablo. Estoy leyéndolo literalmente del libro de san Ireneo, del libro II. De este modo para san Ireneo y para la iglesia universal, la sucesión apostólica y especialmente la de Roma, porque ha existido siempre la costumbre, porque igual habéis visto un póster de esos grandes en los que se ven las listas de sucesión apostólica desde Pedro hasta nosotros. Gracias a Dios las conservamos. Es verdad que ha habido momentos históricos en los que ha podido faltar memoria porque en 2000 años no ha existido una recopilación bibliográfica tan fácil, pero sin embargo, aunque hay algunos momentos en los que ha costado saber quién fue el sucesor de tal papa, básicamente sí tenemos todo ese árbol de la sucesión apostólica, especialmente en Roma.

Se convierte entonces en el signo, en el criterio, la garantía de la transmisión ininterrumpida de la fe apostólica. Con esta iglesia, sigo leyendo a san Ireneo, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia. Es decir, los fieles de todas partes, pues en ella se ha conservado siempre, la tradición que viene de los apóstoles. San Ireneo, siglo II, dice quien quiera estar en la fe de Jesucristo, tiene que estar en comunión con la fe de Roma. La sucesión apostólica es criterio de la permanencia de las diversas iglesias en la tradición de la fe apostólica común. Que ha podido llegar a nosotros gracias a ese canal de la sucesión apostólica. Por este orden y sucesión han llegado hasta nosotros, dice san Ireneo, aquella tradición que procedente de los apóstoles, existe en la Iglesia y el anuncio de la verdad. Y esta es la prueba más palpable de que es una sola y la misma fe la de la iglesia, desdelos apóstoles y hasta ahora se ha conservado y transmitido en la verdad.

Luego la sucesión apostólica tiene mucha importancia y fijaros lo que supone para cualquiera de vosotros. A ti te bautizó un sacerdote, y ese sacerdote que te bautizó había sido ordenado sacerdote que te bautizó había sido ordenado sacerdote por un obispo. Y ese obispo había sido ordenado por otros obispos. Suelen ser tres obispos los que ordenan. El mínimo tiene que ser de tres obispos que ordenan a otro obispo. Y esos habían sido ordenados por otros obispos y estos por otros… Y así vamos en una cadena de sucesión y obviamente esa cadena de sucesión llega hasta Jesucristo. No se trata simplemente de una concatenación material, porque alguno podría intentar ridiculizar esto. ¿Qué pasa aquí, tiene que haber un hilito que no se rompa? Es más bien un instrumento histórico del que se sirve el Espíritu Santo para hacer presente a Jesús, cabeza de su pueblo, a través de los que son ordenados por el ministerio, mediante la imposición de las manos y la oración por los obispos. Mediante la sucesión apostólica es Cristo quien llega a nosotros. En la palabra de los apóstoles y de sus sucesores, los obispos, es Cristo quien nos habla. Mediante sus manos es Cristo quien actúa en los sacramentos. En la mirada de ellos también es la mirada de Cristo la que nos envuelve y nos hace sentirnos amados y acogidos en el Corazón de Dios. Es decir que hoy podemos decir, en el siglo XXI, que Cristo mismo es verdadero pastor y guardián de nuestras almas, al que podemos seguir con confianza, gratitud y alegría y podemos hacerlo con la mediación de sus pastores, que siguen cuidando de nosotros y siguen transmitiendo esa sucesión apostólica.

Comentario del 7 de marzo

Jesús habla de un futuro próximo y anuncia tiempos de pasión. Previendo el ya cercano desenlace de su vida, dice de sí mismo: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Jesús enuncia los acontecimientos previstos en tono de obligatoriedad (dei = «tiene que», «es preciso que», «conviene que»), como si formaran parte de un designio superior irreformable, de una voluntad que estuviera por encima de la suya. El Hijo del hombre padecerá porque tiene que padecer. Este padecimiento será consecuencia de un rechazo –por ser considerado indigno de la sociedad que le había acogido- en el que confluirán las voluntades de todos los mandatarios sociales de la nación: ancianos, sumos sacerdotes y letrados, y de una ejecución o consumación del rechazo –fuera de las murallas de Jerusalén- en la que también intervendrán el magistrado y los brazos ejecutores del imperio extranjero. Pero el anuncio del desenlace, que es mortal, no se clausura con la consumación del rechazo. Hay alguien que no lo rechazará, sino que lo levantará (egercenai) de su postración y su sepulcro al tercer día, otorgándole la corona de la victoria. Ese alguien es su Padre, Dios. Resucitará al tercer día porque Dios Padre así lo quiere, porque no puede permitir que su Hijo, el desechado por los hombres, pero el Ungido del Espíritu, permanezca yacente (cadavérico) en un sepulcro. Tal sería el signo más flagrante de su derrota.

Del anuncio de su próximo desenlace terreno, Jesús saca de inmediato una enseñanza; pues, dirigiéndose a todos, dijo: El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. Jesús saca a la luz lo que de por sí resulta evidente. El seguimiento cristiano –quizá todo seguimiento comprometido- implica una negación de sí mismo. ¿Cómo podría uno seguir a alguien con todas sus consecuencias si no estuviera dispuesto a renunciar a sus propios proyectos, a su propia independencia, a la propia voluntad incluso? Seguir a alguien como discípulo es iniciar un camino vital trazado por las huellas de ese alguien que va por delante como maestro y guía. Y este seguimiento implica necesariamente la renuncia a trazar el propio camino como pionero de la vida. Pero sólo el que pone su confianza en aquel a quien sigue encontrará motivos para negarse a sí mismo. Es la fe (confianza) que Jesús pide a sus seguidores la que les permitirá negarse a sí mismos, renunciar a sus propios planes y proyectos en la vida, para asumir el proyecto existencial implicado en este seguimiento.

Pero el seguimiento es siempre voluntario: el que quiera seguirme, que me siga. A Jesús, como a cualquier otro, le siguieron porque encontraron motivos para seguirle, a pesar de la negación de sí mismos que ello implicaba. Pero nada valioso se alcanza sin coste y sin riesgo. En el seguimiento de Cristo había costes (renuncias) y riesgos, pero también una promesa de vida sin parangón. Por otro lado, la cruz es un ingrediente tan presente en la vida humana, que es imposible pasar sin ella. ¿Quién no tiene su cruz, que puede ser un rasgo del carácter, un defecto físico o psíquico, una deficiencia de cualquier tipo, una enfermedad congénita, una compañía difícil de tolerar, un complejo educacional? Pues bien, Jesús invita a sus seguidores a cargar con su cruz cada día, la cruz que le haya tocado en suerte por razón de su nacimiento, educación, elección o accidente, y a irse con él, formando parte de su compañía y compartiendo su propio destino, que ya ha dicho que será sufriente (pasión, rechazo y ejecución) y glorioso (resurrección), aunque no a partes iguales. Sólo se accederá a la gloria pasando por el padecimiento y el rechazo. La gloria se presenta como una fase que sucederá al sufrimiento y que se alcanzará sólo a través del sufrimiento y la muerte.

Por eso no es extraño que diga a continuación: el que pierda su vida por mi causa, la salvará. Jesús está proponiendo a sus seguidores una vida martirial: no sólo propia de testigos, sino de testigos dispuestos a perder la vida de la que están en posesión por su causa, que es la misma causa por la que él perderá la vida. En cambio, los que no le sigan por no arriesgar su vida, acabarán perdiendo, como todos, esa vida que tanto quieren proteger de riesgos, pero además perderán también la vida que se les ofrece en forma de promesa. «Salvar la vida» no es mantenerla preservada de todas las acechanzas, incluida la muerte. Ni siquiera el mismo Cristo pudo preservar la vida del impacto de la muerte. Salvar la vida es obtener como premio la inmortalidad que brota del sepulcro con la resurrección, como él mismo había previsto para sí. Se trata de una promesa de vida (eterna) ligada a su seguimiento y a su causa. Porque ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo? ¿Qué podrá hacer uno con el mundo si no se tiene a sí mismo? ¿Qué podrá hacer con el mundo entero un condenado a muerte o un desahuciado? Para disfrutar del mundo uno tiene que disponer de salud y vigor. ¿De qué le sirve, por tanto, tener el mundo entero como ganancia si no se tiene a sí mismo porque carece del vigor (=vida) necesario para vivir? Pero «perderse a sí mismo» puede significar incapacitarse para vivir la vida plena y verdadera. Pidamos al Señor una fe tal en él que nos permita arriesgar la vida en su seguimiento.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 30. Se ha de determinar en los estatutos:

a) cuándo y en qué condiciones cesan los profesores en su oficio;

b) por qué razones y con qué procedimiento se les puede suspender, cesar o privar del oficio, de manera que se tutelen adecuadamente los derechos tanto del profesor como de la Facultad o Universidad, en primer lugar de sus alumnos, como también de la misma comunidad eclesial.

Es preciso robustecer la voluntad

1.- LAS PRIMICIAS.- Dios no necesita nada, lo tiene todo. Es dueño de los bosques, de las montañas, de los valles, de la llanura y de los mares. Precisamente por ser Señor de cuanto existe, es necesario que el hombre reconozca de algún modo ese señorío. Desde muy antiguo los pueblos ofrecen a Dios las primicias de los campos, los primeros frutos, las primeras crías. Al ofrecer eso que era lo más preciado, reconocían el dominio soberano de Dios, le rendían pleitesía.

Hay que ofrecer lo mejor a Dios. También hoy día, ya que también hoy Dios es dueño absoluto de todo. Ofrecer nuestra juventud, los mejores años de nuestra vida, nuestro más limpio amor, nuestro corazón sin dividir. Ofrecerle nuestro trabajo bien hecho, acabado hasta en los más mínimos detalles.

Ayúdanos, Señor, a ser muy generosos contigo. Que te demos lo mejor que tenemos. Perdona si alguna vez caemos en la tentación de presentarte lo que los hombres no aceptarían. Haznos comprender la necesidad de que nuestra ofrenda sea sin tacha, algo que tiene el mérito de lo que es nuevo, lo que más se cotiza, las primicias.

Fue Dios quien con mano segura condujo a su pueblo. Su presencia fortalecía a los suyos, les animaba en la lucha. Él fue quien los libró de la servidumbre de Egipto, el que les alimentó en el desierto. Quien hundió en las aguas a los enemigos y quien derrumbó las murallas inexpugnables de Jericó. Sí, Dios los introdujo en la rica tierra de la leche y de la miel.

En cierto modo, también tú y yo se lo debemos todo a Dios. Nacimos pobres, desnudos y frágiles como todos los hombres. Luego trabajaste porque Dios te sostenía dándote la salud y la vida. Ahora es preciso que lo tengas presente y devuelvas a Dios algo de lo mucho que él te ha dado.

Además, ten en cuenta una cosa: a Dios no hay quien le gane en generosidad. Y por uno que tú le des, él te dará ciento y, además, la vida eterna. ¿Te parece poco? No seamos necios ni egoístas y abramos nuestras manos y nuestro corazón, sepamos dar lo mejor a Dios. Él nos dará entonces mucho más de lo que hasta ahora nos ha dado.

2.- ORACIÓN Y MORTIFICACIÓN.- El Hijo de Dios se hizo hombre con todas sus consecuencias, menos en una, en el pecado. Sin embargo, quiso someterse a las asechanzas del peor enemigo del hombre, el Demonio. Aceptó sufrir la tentación, esa situación penosa en la que el hombre se ve envuelto con frecuencia. Situación tan penosa a veces que, si no se tiene la conciencia bien formada, se puede confundir y llenarse de angustiosos escrúpulos, porque en su imaginación o en sus deseos se esconden las peores aberraciones. Por eso, la primera enseñanza que hemos de sacar de este pasaje es que la tentación no es de por sí un pecado, y que si la vencemos, es incluso, un acto meritorio a los ojos del Señor.

El Señor nos enseña, además, que el mejor modo de vencer la tentación del enemigo es la oración y la mortificación. Por muy fuerte que sea la inclinación al mal que podamos sentir, siempre la venceremos con la ayuda de Dios y con nuestro esfuerzo. Si actuamos así, estaremos seguros de la victoria; de lo contrario seremos víctimas fáciles del enemigo. Este tiempo de Cuaresma es propicio para esas dos prácticas que tanto bien hacen a nuestra alma. Orar sin cesar, pensar en Dios y rogarle su ayuda continuamente. Es cierto que hay que buscar un rato para estar a solas con el Señor, pero también es cierto que podemos acudir a Dios y pensar en él en medio de nuestro trabajo de cada día, en la calle o en casa; donde quiera que estemos allí está también Dios, dispuesto a escucharnos y a echarnos una mano en nuestras necesidades. Sobre todo recurramos a él, y a su Madre santísima, cuando sintamos cerca al enemigo que nos tienta al pecado.

Y, además, la mortificación, negar a nuestro cuerpo alguna cosa, ser austeros en nuestras comidas y en nuestro modo de vivir. Luchar contra el afán de confort que reina en nuestra sociedad de consumo, el privarse de alguna cosa que realmente no es necesaria, el suprimir un gasto caprichoso y entregar ese dinero a una obra buena, o para socorrer a un pobre. Estas palabras pueden parecer extrañas e incluso desfasadas para el hombre de hoy. Sin embargo, tienen una actualidad perenne porque perenne es el Evangelio, y perenne es nuestra fragilidad para el mal, la inclinación de nuestra voluntad para lo fácil, aunque esa facilidad nos conduzca a nuestra perdición física o moral. Es preciso robustecer la voluntad mediante una ascesis que la haga fuerte y ágil, para que siga con prontitud y eficacia lo que el entendimiento descubre como mejor. Y, sobre todo, hemos de ser fieles a Jesucristo. Cosa imposible sin oración y mortificación.

Antonio García-Moreno

El Espíritu le iba llevando por el desierto. Y era tentado

Jesús, lleno de Espíritu Santo, regresó del Jordán. El Espíritu Santo lo llevó al desierto, donde durante cuarenta días fue tentado por el diablo. Durante esos días no comió nada, y al final tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús le respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre». Luego el diablo lo llevó a un lugar alto, le mostró todos los reinos del mundo en un instante y le dijo: «Te daré todo este imperio y el esplendor de estos reinos, porque son míos y se los doy a quien quiero. Si te pones de rodillas y me adoras, todo será tuyo». Jesús respondió: «Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás». Entonces lo llevó a Jerusalén, lo subió al alero del templo y le dijo: «Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: Ordenará a sus ángeles que cuiden de ti, que te lleven en las manos para que no tropiece tu pie con ninguna piedra». Jesús le respondió: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios». Y acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta el tiempo oportuno.

Lucas 4, 1-13

Comentario del Evangelio

Jesús fue tentado en varias ocasiones y de varias maneras. El diablo lo intentó de muchas maneras, pero no lo consiguió.

Es fácil caer en tentaciones. La manera más rápida es pensar que uno sabe siempre lo que hace. La falta de humildad es el camino más directo para caer en cosas que no están bien. Si nuestros amigos, nuestra familia, todo lo que vivimos van por el buen camino, será más difícil caer en cosas que no están bien.

Es importante que pensemos muchas veces lo que debemos hacer, que tengamos que decidir el camino a tomar. Dios es imprescindible para tomar siempre el camino más adecuado. De nosotros depende fiarnos de Él.

 

Para hacer vida el Evangelio

• ¿Qué es una tentación? Escribe alguna de ellas.

• ¿Es fácil caer en tentaciones? ¿Qué podemos hacer todos juntos para ayudarnos a no salirnos del buen camino?

• Escribe un compromiso que te ayude a no caer en alguna tentación.

 

Oración

Son muchas las cosas
que nos distraen de Ti, Señor,
la vida cotidiana, con su trajín diario nos dispersa,
la preocupación por cualquier nadería nos hace desconfiar,
la prisa y el agobio nos hace no dejar un hueco para Ti.
La gente que me quiere, la familia,
los míos,
también a veces son
los que me distancian de Ti,
porque me ocupo y me preocupo,
como si todo lo hiciera solo,
sin darme cuenta de que todo
en mi vida lo vivo contigo,
y disfrutando de tu compañía
la vida me pesa menos,
mis capacidades personales aumentan y sosiegas mi interior.
Sé Tú mi Dios siempre, Señor,
sé Tú mi norte y mi fin,
mi meta y mi consuelo,
se Tú la alegría de mi corazón,
el aire que respiro,
el descanso cotidiano y la templanza de mi alma.

Nos distraen de Ti

Son muchas las cosas
que nos distraen de Ti, Señor,
la vida cotidiana, con su trajín diario nos dispersa,
la preocupación por cualquier nadería nos hace desconfiar,
la prisa y el agobio nos hace no dejar un hueco para Ti.

La moda y el deseo de agradar nos ocupa la mente,
la eficacia y el trabajar sin parar nos llena la agenda,
los nuestros y sus mil necesidades nos acaparan,
el deseo de todas las cosas aleja nuestros pensar en Ti.

El ocio compulsivo, el cine, la tele, la prensa, los libros, la música,
las compras, las obligaciones, todos ellos son
ruidos que me alejan, acciones que me separan de Ti,
son ocupaciones que me entretienen y distraen de lo esencial.

La gente que me quiere, la familia, los míos,
también a veces son
los que me distancian de Ti, porque me ocupo y me preocupo,
como si todo lo hiciera solo,

sin darme cuenta de que todo
en mi vida lo vivo contigo,
y disfrutando de tu compañía
la vida me pesa menos,
mis capacidades personales aumentan y sosiegas mi interior.

Sé Tú mi Dios siempre, Señor, sé Tú mi norte y mi fin,
mi meta y mi consuelo,
se Tú la alegría de mi corazón, el aire que respiro,
el descanso cotidiano y la templanza de mi alma.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo I de Cuaresma

• Jesús “regresa del Jordán” (1), dónde se ha manifestado quien es (Lc 3,21-22).

• En toda la misión, Jesús viene a enfrentarse al mal. Así lo indica la cifra “cuarenta” (2), símbolo de un periodo de tiempo largo. Y es en toda su misión como Jesús está “lleno del Espíritu Santo” (1): es el Espíritu Santo quien conduce toda la misión de Jesús (Lc 1,35; 3,16.22; 4,14.18; 10,21).

• Ante las tentaciones (2) y dificultades el Espíritu le da fuerzas para enfrentarse con ellas. Y así Jesús da testimonio a los discípulos, que también serán tentados (Lc 22,3.31.40), y les enseña a orar por no caer “en la tentación” (Lc 11,4).

• La primera tentación (3) es la de actuar sin obedecer el Padre. La voluntad del Padre es que el “Hijo” recorra el camino de la humanidad. Jesús responde (4) que el auténtico alimento es cumplir dicha voluntad (lo hace citando Dt 8,3, dónde se expresa la necesidad que tiene la humanidad de la palabra que sale de la boca del Señor). Cumplir la voluntaddel Padre –ser hombre con todas las consecuencias– es la única cosa que puede identificar a Jesús como “Hijo de Dios”.

• La segunda tentación (5-7) consiste a creer que se puede ser señor del mundo y de las cosas, y que se puede estar por encima de los demás. Se trata de adorar (7) el poder con la adoración que tan sólo Dios, como único Señor del mundo, merece. Jesús responde (8) con la adoración al único Señor de todo (Dt 6,13),el único que está realmente por encima y que, sien embargo, ha venido a ponerse por debajo de todos (Lc 12,37; Fl 2,6-11).

• La tercera tentación (9-11) es la que se produce cuando dudamos si Dios está o no está con nosotros: tentar a Dios, exigirle señales espectaculares para demostrar que está presente. En este caso el diablo manipula la Biblia (Sal 91,11-12), se la sabe como nadie, se muestra muy astuto. Jesús (12) no pide ningún signo porque Dios es con Él (Dt 6,16).

• Esta tercera tentación nos hace contemplar a Jesús al final de su camino, en“Jerusalén” (9), dónde con su muerte y resurrección –Pascua– superará definitivamente la prueba del tentador y mostrará plenamente su obediencia al Padre (Lc 23,46).

• El Evangelio de Lucas presenta a Jesús, en su vida pública, como más poderoso que las fuerzas del mal (Lc 10,18-19). Su presencia devuelve la salud a los hombres y mujeres víctimas del mal (Lc 13,16; Hch 10,38). Pero “el diablo” siempre espera “el tiempo oportuno” (13) para actuar, y lo aprovechará, sobre todo, en el momento de la pasión (Lc 22,3.31.53). La resurrección (Lc 24) será la derrota definitiva de aquel que es el autor de la confusión y la división entre las personas.

Comentario al evangelio – 7 de marzo

Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma, un tiempo fuerte, donde tomamos una mayor conciencia de nuestra necesidad de cambio y transformación. Las lecturas de este día nos ofrecen algunas pistas para profundizar el llamado a la conversión. El texto de la primera lectura concluye la proclamación del Código deuteronómico. Privados de su tierra, los israelitas son invitados a reflexionar sobre las causas de la suerte que han tenido y acoger nuevamente la alianza del Señor con toda su exigencia. El autor expresa este anhelo mediante la contraposición vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición como propuestas para una libre elección.

Este texto del Deuteronomio nos transmite una importante convicción: la vida no es solo un don de Dios, es sobre todo participación de su misma vida. «Amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida…» (v. 20). Al iniciar la Cuaresma nos viene bien discernir nuestras acciones a la luz de esta Palabra, para acoger la llamada a la conversión no como una auto-culpabilización mal sana, para reprocharnos a nosotros mismos los errores que cometemos; sino, para hacer una opción libre y responsable por seguir el camino del Señor que nos conduce a la promesa de vida y bendición.

Este reorientar nuestra vida desde seguimiento de Jesús no es una tarea fácil. En el Evangelio vemos que esto implica negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz de cada día y seguir al Señor. Como comenta Mariola López Villanueva, rscj, «en ningún libro de autoayuda vamos a encontrar invitaciones a negarnos a nosotros mismos, ni a tener que perder algo, en una cultura que ensalza insistentemente los éxitos personales». Pero la lógica del Evangelio es muy distinta, los criterios de perdidas y ganancias no son como las del mundo en el cual nos movemos.

En nuestro día a día tenemos delante de nosotros vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición, nuestra vida de fe es probada en medio de éstas y otras encrucijadas. Al seguir al Señor, al tener una relación con Él nos toca hacer una elección no siempre obvia, nos toca ser capaces de ver al “Invisible” más allá de la apariencia. Descubrir que aún perdiendo nuestra propia vida nos salvamos, porque «lo más valioso lo recibimos cuando lo entregamos todo».

Edgardo Guzmán, cmf.