Domingo I de Cuaresma

Hace algunos años se daba en nuestras pantallas un film muy controvertido, con el título de “La última tentación de Cristo”, que provocó muy vivas reacciones por parte de no pocos Cristianos. Yo no pude ver dicho film, pero lo que por la lectura de algunas de las críticas entonces aparecidas me sorprendió en gran manera fue que hubiera Cristianos que pudieran considerar como algo totalmente escandaloso la idea misma de que Cristo haya podido ser tentado. Ahora bien, el Evangelio nos dice con toda claridad que de hecho lo fue.

 Ya desde el punto mismo de partida nos menciona cada uno de los tres Evangelios Sinópticos que Jesús fue tentado por el demonio; y las tres tentaciones que nos narran representan simbólicamente todas las tentaciones a las que nosotros, humanos, podemos vernos sometidos: tentaciones de orgullo, de codicia, de egoísmo. Otros textos de Pablo  y de la Carta a los Hebreos dicen claramente que Jesús no cometió jamás pecado alguno pero que se vio tentado con toda suerte de tentaciones, lo mismo que podemos serlo nosotros. En esa victoria sin fallo alguno sobre sus tentaciones, es donde podemos nosotros hallar el fundamento y la esperanza de nuestra propia victoria final sobre nuestras tentaciones, por encima de nuestras caídas y de todos nuestros pecados.

 Todos los años, al comienzo de la Cuaresma, escuchamos la narración de las tentaciones a que se vio sometido Jesús en el desierto tras su Bautismo. Utilizamos cada año conforme a un ciclo de tres años, la descripción de uno de los tres evangelistas sinópticos, junto con tres lecturas diferentes de Antiguo y del Nuevo Testamento en cada caso, que nos procuran una nueva luz sobre esta descripción.

 Este año nos corresponde leer el Evangelio de Lucas. La segunda lectura, tomada de la Carta de San Pablo a los fieles de Roma, nos recuerda que si es verdad que todos somos pecadores, somos también “uno” en el plan salvífico de Dios: en Cristo, nos dice él, no hay distinción entre Judío y Griego. Esta distinción, lo mismo que todas las demás distinciones que puedan separarnos pierden en Él toda importancia. Sea cual fuere nuestro origen, nuestra vocación particular, nuestra educación, nuestra profesión, etc., en Cristo Jesús no formamos más que una única familia.

 La primera lectura tomada del libro del Deuteronomio, describe los lazos tan fuertes de amor y de unidad que mantienen unida una familia, en comunión con la gran comunidad. Esta lectura describe la celebración litúrgica, o el sacrificio, que había de ser celebrado al comienzo de la estación de la cosecha. Habida cuenta de que se ofrecían a Dios las primicias de la tierra, una parte de los alimentos eran consumidos por el fuego sobre el altar, con lo que se quería dar a entender que todo viene de Dios y a Dios vuelve. Otra parte era entregada al sacerdote para el mantenimiento de su familia, y la mayor parte era entregada de nuevo a quien había ofrecido el sacrificio, a fin de que pudiera celebrar un banquete con su familia. Pero se exhortaba al cabeza de familia a que invitase a Levitas y extranjeros que vivían entre ellos, de manera que pudiesen todos gustar de los bienes que recibían de su Dios.

Lo cual se nos presenta como un modelo de vida familiar y de vida comunitaria – una vida en la no había lugar para el orgullo, la codicia y el egoísmo. Los Levitas que no tenían propiedad alguna en Israel, así como los extranjeros que no contaban con derecho alguno, participaban lo mismo que los demás en la alegría de la familia.

 Por lo que a la Cuaresma de este año se refiere, es posible que cada uno tenga una resolución especial. Pero la liturgia de este día parece invitarnos a una resolución colectiva: la de purificar, a ejemplo de Jesús,  nuestra vida comunitaria o familiar de los demonios del orgullo, de la codicia y del egoísmo.

A. Veilleux

I Vísperas – Domingo I de Cuaresma

I VÍSPERAS

DOMINGO I DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des coronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

SALMO 140: ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Ant. Acepta, Señor, nuestro corazón contrito, y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que te sea agradable, Señor, Dios nuestro.

Señor, te estoy llamando, ve de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
Un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Acepta, Señor, nuestro corazón contrito, y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que te sea agradable, Señor, Dios nuestro.

SALMO 141: TÚ ERES MI REFUGIO

Ant. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy».

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio

y mi lote en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy».

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Cristo murió por los pecados, el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo murió por los pecados, el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

LECTURA: 2Co 6, 1-4a

Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine a tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

R/ Cristo, oye los ruegos de los que te suplican.
V/ Porque hemos pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

PRECES
Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, a tu pueblo

  • Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes,
    — para que nuestro amor crezca y sea verdadero.
  • Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos
    — y tu sed en los sedientos.
  • Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte,
    — haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana.
  • Haz que todos, según el ejemplo de la Virgen María y de los santos,
    — sigan con más diligencia y perfección tus enseñanzas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección,
    — y gocen eternamente de tu amor.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Al celebrar un año más la santa Cuaresma, concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la iteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 9 de marzo

Tiempo de Cuaresma

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano poderosa. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 5,27-32

Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió.

Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas refunfuñaban diciendo a los discípulos: «¿Cómo es que coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.» 

3) Reflexión

• El Evangelio de hoy trae el mismo asunto sobre el cual hemos reflexionado ya en enero en el evangelio de Marcos (Mc 2,13-17). Sólo que esta vez está sacado del Evangelio de Lucas y es bien abreviado, concentrando la atención en la cena principal que es el llamado y la conversión de Leví y la conversión que esto supone para nosotros que estamos entrando en la cuaresma.

• Jesús llama a un pecador para ser discípulo. Jesús llama a Leví, un publicano, e este, inmediatamente, lo deja todo, sigue a Jesús y empieza a hacer parte del grupo de los discípulos. Enseguida Lucas dice que Leví preparó un gran banquete en su casa. En Marcos, parecía que el banquete era en la casa de Jesús. Lo que importa es la insistencia en la comunión de mesa de Jesús con los pecadores, lo cual estaba prohibido.

• Jesús vino no para los justos, sino para los pecadores. El gesto de Jesús provocó la rabia de las autoridades religiosas. Estaba prohibido comer con publicanos y pecadores, pues sentarse a la mesa con alguien era lo mismo que tratarle como hermano. Con su gesto Jesús estaba acogiendo a los excluidos como hermanos de la misma familia de Dios. En vez de hablar directamente con Jesús, los escribas de los fariseos hablan con los discípulos: ¡Qué! ¿El come con los pecadores y publicanos? Jesús responde: No necesitan médico los que están, sino los que están mal. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Es la conciencia de su misión que ayuda a encontrar la respuesta y a indicar el rumbo para el anuncio de la Buena Nueva de Dios. El vino para reunir a la gente dispersa, para reintegrar a los que han sido excluidos, para revelar que Dios no es un juez severo que condena y expulsa, sino un Pare/Madre que acoge y abraza.

4) Para la reflexión personal

• Jesús acoge e incluye a las personas. ¿Cuál es mi actitud?

• El gesto de Jesús revela la experiencia que tiene de Dios como Padre. ¿Cuál es la imagen de Dios que se irradia para los demás a través de mi comportamiento? 

5) Oración final

Presta oído, Yahvé, respóndeme,
que soy desventurado y pobre;
guarda mi vida, que yo te amo,
salva a tu siervo, confío en ti. (Sal 86,1-2)

Domingo I de Cuaresma

El próximo domingo, Dios mediante, reflexionaremos sobre el contenido del Misterio de la Redención.

Hoy, de la mano de las lecturas correspondientes a este primer domingo de Cuaresma, nos fijaremos en las actitudes básicas que deben estar presentes en nuestro espíritu durante este santo tiempo para que el contenido del misterio de la Redención cale lo más profundamente posible en nuestra personalidad.

El primer texto, tomado del Deuteronomio (26, 4-10) nos habla de una actitud de AGRADECIMIENTO hacia Dios por la preocupación por su pueblo. Dios tiene compasión de ellos y ellos agradecidos le ofrecen las primicias de los frutos conseguidos allí adonde los había conducido.

Esta debería ser nuestra actitud ante Dios durante toda nuestra vida pero de modo especial en este tiempo en el que vamos a meditar sobre la gesta de Jesús en favor nuestro. El Drama de Jesús que contemplaremos la semana de pasión, y al que nos iremos preparando a lo largo de estos días de cuaresma, es el drama de un loco de amor que fue capaz de dar su vida por orientar la nuestra.

Murió por ser el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas. Esas ovejas somos todos y cada uno de los que ahora tranquilamente estamos reunidos recordándolo en este templo de San Vicente Mártir.

Los sentimientos de agradecimiento mantenidos a lo largo del tiempo cuaresmal contribuirán a un mejor aprovechamiento del misterio de la Redención porque nos harán estar más atentos a su contenido.

La segunda lectura tomada de la carta de S. Pablo a los Romanos (10, 8-13) nos indica a la FE como otra de las actitudes básicas para este tiempo especial de la Cuaresma. La virtud de la fe nos invita a creer en Jesús y a creer en la obra realizada en favor nuestro: rescatarnos del paganismo y sus errores para insertarnos en una nueva vida basada en la transcendencia.

Desarrollar ampliamente esta idea será, si Dios quiere, la tarea del próximo domingo, segundo de cuaresma, pero ya desde hoy debemos excitar nuestra credibilidad en ese Jesús que nos ofrece su vida como ejemplo salvador para la nuestra. Jesús se merece ser creído por nosotros y en esa actitud hemos de mantenernos durante este tiempo preparatorio para beneficiarnos más plenamente de su obra salvadora.

En la lectura del Evangelio (San Lucas 4, 1-1) Jesús nos muestra con su comportamientootras dos actitudes básicas para que toda reflexión religiosa pueda suponer para quien la haga, un verdadero enriquecimiento espiritual.

Por una parte nos indica la necesidad de buscar espacios de SILENCIO. Un silencio imprescindible, más que nunca en este ruidoso mundo del siglo XXI, para que el “estruendo” del mundo no nos incapacite para oír a Dios. Él se fue al desierto. No podemos hacer lo mismo, la mayoría de nosotros y de las veces, pero sí podemos y debemos, incluso por salud mental, hacernos con algunos espacios de tiempo en los que sea posible oírnos y oír a Dios. Para los más ocupados podría servirles la Eucaristía dominguera intensamente vivida. Creo, sin embargo, que por muchas que sean nuestras ocupaciones, si de verdad nos decidimos a ello, más veces de las que pensamos será posible encontrar tiempos de silencios.

Por otra, Jesús nos indica el para qué de esos aislamientos: para PENSAR. Para pensar en Dios y para pensar en nosotros mismos. O si se prefiere para convertirnos en objetos de nuestra propia reflexión desde la perspectiva de Dios.

Ambas actitudes: silencio y reflexión, nos permitirán desplazar a un segundo plano las tentaciones de la mundanidad que nos seguirán acosando durante el tiempo de cuaresma tratando de distraernos de una seria valoración de la gran oferta que nos hace Jesús.

El mal a lo largo de la Cuaresma y de toda nuestra vida, seguirá sugiriéndonos -como a Jesús entonces- aunque con un lenguaje distinto, que nos despreocupemos de todo aquello que no sirva para engordar en el campo político, económico, social, etc. etc. Que no perdamos el tiempo en algo que no nos reporte beneficios materiales. Que la vida son tres días y hay que saberlos vivir a tope, sin esas preocupaciones espirituales.

Seguirán sonando en torno a nosotros cantinelas como si adoras al mal, si te pliegas a sus exigencias, si no respetas a nada ni a nadie todo lo de este mundo puede ser tuyo y que si desprecias el orden de las cosas y te muestras temerario, sin límites, podrás llegar muy lejos.

Con estas mismas innobles promesas el hombre, nosotros, cada uno de nosotros, nos sentiremos tentados a pasar por el tiempo de cuaresma y el de toda la vida sin haber hecho un serio planteamiento del sentido mismo de nuestra existencia; sin haber entrado a fondo en toda la grandeza del misterio de la Redención. Solo si hemos sido capaces de encontrar esos momentos de soledad reflexiva tendremos la suficiente munición como para retirar la malsana influencia de esas solicitaciones mundanas y poder dedicarnos a responder agradecidos y con fe a la oferta de Jesús.

El tiempo de cuaresma no es para hurgar en nuestras miserias, ni para atormentarnos por ellas, ni para apalearnos inmisericordes con ayunos y penitencias sino para acercarnos lo más íntimamente posible al gran tema de nuestra Redención. Es para ESO para lo que es imprescindible despertar esos sentimientos que nos han señalado los textos de este primer domingo de cuaresma: agradecimiento, fe, silencio y reflexión.

¡Aprovechemos el tiempo! No defraudemos a Dios ni a los hombres, ni a nosotros mismos. AMÉN

Pedro Sáez

Comentario del 9 de marzo

Estando Jesús en un banquete en casa de Leví, el recaudador de impuestos llamado por el Maestro para que formara parte del grupo de sus discípulos, es objeto de la crítica de los fariseos que se escandalizan al verle compartir mesa con los publicanos. Decir publicanos era decir pecadores; y compartir la mesa con los pecadores venía a significar entrar en comunión con ellos y con su pecado, contraer la impureza de la que eran portadores. Por eso ellos rehuían el contacto con los publicanos tanto como con los leprosos. Ante la acusación farisaica Jesús reacciona con una réplica que pretende justificar su conducta de acercamiento a los pecadores: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Su actividad mesiánica es similar a la de un médico cuyo oficio es curar a los enfermos. Los sanos no necesitan de los cuidados del médico. Por eso, no debe extrañar verle entre enfermos aún a riesgo de poner en peligro su propia salud; entre enfermos y entre pecadores, pues no se limitó a sanar enfermedades físicas y mentales, sino también a devolver la salud espiritual a los pecadores, perdonando su pecado, es decir, curando esta especie de enfermedad.

Es evidente que Jesús esquipara el pecado con una enfermedad que hace de los pecadores en cierto modo enfermos que reclaman la actuación curativa del médico. Pero se trata de una enfermedad contraída voluntariamente, esto es, culpablemente, y de la que puede uno liberarse por la vía de la conversión. Aquí el médico es alguien que invita a los pecadores a la conversión. Basta con este movimiento de acercamiento a él para obtener la medicina curativa, la remisión del pecado. A los enfermos les bastaba con tocar con fe la orla de su manto para obtener el beneficio de la salud; a los pecadores también les basta con esa conversión que implica el reconocimiento del propio pecado y la petición del perdón que es petición de la salud perdida. La equivalencia entre el enfermo y el pecador es máxima en relación con el Sanador. Y el procedimiento empleado por el Médico en la curación es muy similar. Lo único que hace falta es que se ponga el mismo empeño en recuperar la salud espiritual que el que se pone en recuperar la salud física o psicosomática. Porque la ansiedad con la que los enfermos buscaban a Jesús no solemos encontrarla, al menos en el mismo grado, en los pecadores. Y es que la conciencia de la enfermedad suele ser mucho más viva o intensa que la conciencia del pecado, exceptuando quizá casos extremos de gravedad que generan una profunda sensación de culpa.

Jesús proclama abiertamente haber venido como médico, no a llamar a los justos, sino a los pecadores. Si esto es así, y no nos reconocemos pecadores, nos estaremos automarginando del círculo de su influencia benéfica. Si no nos sentimos realmente pecadores no podremos gozar de la cercanía del que ha venido precisamente a estar entre pecadores invitándoles a someterse al tratamiento medicinal adecuado para erradicar enteramente el pecado que les oprime y esclaviza como un tirano interior de cuyo dominio es difícil escapar o como un tumor difícil de extirpar. Y pecado –como nos recuerda Isaías- es todo lo que tendríamos que desterrar de nosotros: opresiones ejercidas sobre los demás, amenazas, maledicencias, indiferencias.

Pero para desterrar el pecado (resp. egoísmo) de nuestro interior hay que ejercer sobre él una fuerza superior al dominio que él tiene sobre nosotros, y de ordinario no basta la fuerza de que dispone nuestra voluntad. Necesitamos que esa voluntad nuestra, enferma y debilitada, adquiera de nuevo el vigor necesario. Y para eso ha venido él, como médico, para sanar y robustecer nuestra voluntad enferma, para infundir en ella la fuerza de su Espíritu y hacerla capaz de vencer la malicia que la domina, el poder del pecado que se sobrepone tantas veces a su recto querer y sentir. Si finalmente, y con su gracia sanante y elevante, logramos esta victoria, nuestra oscuridad se volverá mediodía, el Señor nos dará un reposo permanente y nos sentiremos como un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena no engaña o una casa reconstruida desde sus propias ruinas.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 32. § 1. Para que uno pueda ser inscripto en la Facultad con el fin de conseguir grados académicos, debe presentar el título de estudio que se requiera para ser admitido en la Universidad civil de la propia nación o de la región donde está la Facultad.

§ 2. La Facultad determine en sus estatutos lo que eventualmente sea necesario, además de lo establecido en el §1, para iniciar los propios estudios, incluso en lo que se refiere al conocimiento de las lenguas tanto antiguas como modernas.

§ 3. La Facultad determine en sus estatutos los procedimientos para evaluar las modalidades de tratamiento en el caso de refugiados, prófugos o personas en situaciones análogas desprovistos de la regular documentación exigida.

El mesianismo de Jesús

1. La Biblia distingue entre prueba, que es un exigente y escrutador examen del hombre por parte de Dios, y tentación, caso especial de prueba en la que interviene el tentador o demonio. La tentación es una servidumbre de la vocación por la que uno se siente inclinado a seguir un ideal centrado en él mismo, no en el reino de Dios. La tentación no es en, el fondo, moral, sino religiosa: es cuestión de fe y de amor.

2. Los sinópticos sitúan las tentaciones de Jesús en los comienzos de su ministerio público. Antes de comenzar su obra, Jesús es tentado o probado por el diablo. En realidad, es tentado quien decide cambiar de vida o realizar algo importante. También fue tentado —y sucumbió a la tentación— el pueblo de Dios en el desierto, en su peregrinación hacia la Tierra Prometida. Jesús, en cambio, «lleno del Espíritu Santo», triunfó sobre la tentación. Para darnos a entender que Jesús fue tentado, los sinópticos, en una página admirable, refieren tres escenas grandiosas que tienen lugar, respectivamente, en la soledad del desierto, en la alta montaña y en el alero del templo. Jesús y el diablo (o lo diabólico) se encuentran frente a frente en un momento que representa toda una vida.

3. Las tres tentaciones pueden ser entendidas así: la prueba del «pan» es tentación del universo religioso: que Jesús sea un hechicero y que el cristianismo se convierta en religión de los milagros útiles (Jesús fue acusado de mago). La prueba de los «reinos del mundo» es tentación del universo político: que Jesús actúe aliado con los poderosos y que la Iglesia, endiosada, se convierta en un poder entre otros poderes (Jesús fue acusado de agitador). La prueba del «alero del templo» es tentación del universo mesiánico: que Jesús fracase en su misión pascual y que los cristianos no acepten el riesgo de la fe (Jesús fue acusado de blasfemo).

4. En definitiva, el objeto de las tentaciones de Jesús es que éste actúe al margen de Dios. Algo parecido pretenden las tentaciones del cristiano: que rechace su condición trabajadora (no amasar el pan), que se erija en dueño absoluto (sin liberar a los demás) y que huya de sus propias responsabilidades (preocupado sólo por sí mismo).

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Nos damos cuenta de nuestras propias tentaciones?

¿Cómo podemos salir airosos de las pruebas?

Casiano Floristán

Creer con el corazón

La cuaresma es un tiempo intenso. La liturgia de la Iglesia se esmera en presentarnos textos que deben llevar a una honda reflexión sobre nuestra vida cristiana.

Dios es Dios

Jesús es conducido al desierto «lleno del Espíritu santo», nos dice el pasaje de Lucas insistiendo en uno de sus temas favoritos: la fuerza del Espíritu está con Jesús (Lc 4, 1; cf. Lc 3, 22; 4, 18). El desierto en la Biblia es el lugar clásico del encuentro consigo mismo y en el que somos sometidos a prueba (cf. Dt 8, 1-4). Durante cuarenta años el pueblo judío hizo su camino (en el desierto no hay ruta trazada de antemano) hacia la tierra prometida. Esa marcha le permitió conocer mejor a Dios y tener una conciencia más clara de sí mismo (cf. Dt 8, 4-10).

Simbólicamente Jesús estará también cuarenta días en el desierto antes de comenzar su misión. Allí, hambriento, será tentado para que use su poder a fin de satisfacer sus propias necesidades. Pero según el texto del Deuteronomio, «no sólo de pan vive el hombre sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios» (8, 3). Todo viene de Dios, y lo que él da es para el servicio de los otros. Se le invitará también a olvidar el sentido del reino del Padre y a ponerse él mismo en primer plano. Pero sólo a Dios hay que adorar. Supera igualmente la tentación de la arrogancia, que le es presentada sutilmente apoyándola en la Escritura. Pero el Dios de Jesús no es el Dios que hace milagros para asombrar y apabullar, sino el Dios del amor y del servicio.

«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre» (Gén 12, 1). Rompe con todo lo tuyo, con tu mundo conocido para ir a «la tierra que te mostraré» (v. 1). Es el inicio de la promesa: «Haré de ti un gran pueblo» (v. 2). Esto implica una confianza plena en el Señor, ante su llamada debe ser abandonado cualquier otro tipo de seguridad.

Así lo hizo Abrahán, dejó su terreno, su universo propio y marchó hacia lo desconocido. Lo inspira la fe en el Señor. El texto nos recuerda un aspecto fundamental de esta actitud. No es posible creer en Dios y tomar al mismo tiempo otras seguridades y referencias decisivas. La fe exige una postura radical. Sólo así se está disponible para el servicio a Dios y la solidaridad con el prójimo. Es condición indispensable para comunicar la vida «por medio del evangelio» (2 Tim 1, 10). Aferrarnos a situaciones cómodas y a privilegios sociales o eclesiásticos nos hace instrumentos enmohecidos para transmitir el mensaje de Jesús que se despojó de toda prerrogativa y dio su vida. Acoger el Reino significa creer en el Dios que rechaza toda injusticia y todo despojo del hermano, en particular el más desvalido.

Gustavo Gutiérrez

Adán y Eva

Quizá la tentación más conocida de la Historia es la protagonizada por Adán y Eva con intervención del Señor Dios y la serpiente y, como escenario, el Paraíso Terrenal. En el Padre Nuestro, la oración más famosa y preferida, recibida de Jesús directamente, no pedimos que no tengamos tentaciones. Pedimos que no caigamos en ellas. Grande la diferencia entre los verbos tener y caer. Es normal que tengamos tentaciones. Lo que no tiene por qué ser normal es caer en ellas. Pedir no tener tentaciones es demasiado. Superarlas, vencerlas es positivo. El escritor Eugenio D Os afirma algo de gran interés: “Lo que da valor a la vida son las tentaciones a las que no se ha querido ceder”. Pues ya manifestó con ironía Oscar Wilde .”Puedo resistir cualquier cosa, excepto las tentaciones”.

Tentación se define como el deseo de realizar una acción inmediatamente agradable, pero probablemente dañina a largo plazo. Se conocen 70 sinónimos de la palabra tentación. Una tentación que acepta a un porcentaje elevado de católicos, es la de la inseguridad, la de la duda ante los cambios experimentados en nuestro mundo: en lo social, en lo moral, en lo familiar, en lo sexual, que ha pasado de “procreativo a recreativo”. Todo ello está creando una notable confusión.

Hace no muchos años, en 1988, fue muy comentada la película “La última tentación de Cristo”.

La cuaresma es tiempo de renovación, de sembrar, de practicar el ayuno, la limosna la oración, es recordar que nos solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de los labios de Dios. Conversión, evolución. La cuaresma es una invitación amable a crear en los 40 días de la cuaresma al hombre nuevo, a resucitar con Cristo.

Creo que el cometario es de Monseñor Romero, Arzobispo salvadoreño, un cristiano excepcional. Este confesó que él, no aspiraba a convertirse. Este verbo lo consideraba excesivamente, radical. Él se sentía más humilde, más pueblo y se contentaba con evolucionar, con ir cambiando poco a poco, paso a paso.

Todos tenemos tentaciones y además apropiadas a nuestras circunstancias. Son peligrosas por que se adaptan a lo que somos. Interesa que entremos a la cuaresma convencidos, listos para el combate contra las tentaciones, ligeros de equipaje, llenos de misericordia y paciencia.

Josetxu Canibe

Lucidez y fidelidad

No le resultó fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.

Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu, que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, «un signo del cielo», de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.

Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.

Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo, Jesús les dice así: «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas» (Lucas 22,28).

El episodio conocido como las «tentaciones de Jesús» es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.

¿Ha de pensar en su propio interés o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión o entregarse a su misión confiando en el Padre?

El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.

Para seguir a Jesús con fidelidad hemos de identificar las tentaciones que tenemos los cristianos de hoy: la jerarquía y el pueblo; los dirigentes religiosos y los fieles. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?

José Antonio Pagola