Gén 15, 5-12. 17-18 (1ª lectura – Domingo II de Cuaresma)

La primera lectura de hoy forma parte de la llamadas “tradiciones patriarcales”(Gn 12-36). Son “tradiciones” que mezclan “mitos de los orígenes” (describían la “toma de posesión” de un lugar por parte del patriarca del clan), “leyendas cultuales” (narraban cómo se había aparecido en ese lugar un dios al patriarca del clan), indicaciones más o menos concretas sobre la vida de los clanes nómadas que circulaban por Palestina y reflexiones teológicas posteriores destinadas a presentar a los creyentes israelitas como modelos de vida y de fe.

Los clanes mencionados en las “tradiciones patriarcales”, sobre todo los de Abrahán, Isaac y Jacob, tenían sus sueños y esperanzas.

El denominador común de esos sueños era la esperanza de encontrar una tierra fértil y bien irrigada, útil para tener una familia fuerte y numerosa que perpetuase la “memoria” de la tribu y se impusiese a los enemigos. El dios reconocido por ese grupo era el que hacía posible ese ideal.

En ese “ambiente” es en el que este texto nos sitúa. Ante Dios, Abrahán se lamenta (cf. Gn 15,2-3) porque su vida está llegando a su fin y su heredero será un siervo, Eliecer (conocemos contratos del siglo XV antes de Cristo donde se estipula, en caso de que falten los hijos, la adopción de esclavos que, a su vez, se comprometen a dar a su señor una sepultura conveniente. Parece ser que es a esa costumbre a la que el texto alude). ¿Cuál será la respuesta de Dios ante la lamentación de Abrahán?

La primera parte de este texto comienza presentando a Dios respondiendo a Abrahán y asegurándole una descendencia numerosa “como las estrellas del cielo” (v. 5). En la secuencia, el narrador deja a Abrahán contemplando en silencio el cielo estrellado y se dirige al lector, para comunicarle sus propios juicios teológicos (v. 6):

Abrahán creyó en Yahvé y, por eso, el Señor le consideró como justo.

La fe (se utiliza el verbo “aman”, que significa “estar firme”, “ser leal”, “creer plenamente”) de la que aquí se habla traduce una actitud de confianza total, de aceptación radical, de entrega plena a los designios de Dios; la justicia es un concepto relacional, que expresa un comportamiento correcto con respecto a una relación comunitaria existente: aquí, significa el reconocimiento de que Abrahán tuvo un comportamiento correcto en su relación con Yahvé, al confiar totalmente en Dios y al aceptar sus planes sin ninguna duda o discusión.

Pero todavía hay algo más en la promesa de futuro: la garantía de una tierra (v. 7). Los dos temas, descendencia y posesión de la tierra, van asociados en estos casos.

La segunda parte del texto presenta a Dios haciendo los preparativos de un misterioso ceremonial.

Se trata de un rito de conclusión de una alianza, conocido bajo esta u otro forma semejante en numerosos pueblos antiguos: se cortaban los animales en dos y se colocaban las dos mitades frente a frente; quien subscribía la alianza pasaba entre las dos mitades de los animales y pronunciaba contra sí mismo una especie de maldición, para el caso hipotético de que rompiera el pacto.

Siguiendo el modo como entre los hombres se garantizaba la máxima firmeza contractual, el catequista bíblico acentúa la idea de un compromiso solemne e irrevocable que Dios asume con Abrahán. La promesa de Dios queda así totalmente asegurada.

Repárese, todavía, en otro detalle: Dios no exigió nada a cambio a Abrahán, ni Abrahán tuvo que pasar por entre los animales muertos (sólo Dios pasó, como una “antorcha ardiendo”).

La promesa de Dios a Abrahán es, pues, totalmente gratuita e incondicional.

Considerad, para la reflexión, los siguientes elementos:

A pesar de la continua reafirmación de las promesas, Abrahán está viejo, sin hijos, sin la tierra soñada y su vida parece condenada al fracaso.
Sería natural que Abrahán manifestase su decepción y su frustración ante Dios; sin embargo, la respuesta de Abrahán es de confianza total en Dios, aceptando sus proyectos y poniéndose al servicio de los designios de Yahvé.

¿Esta misma confianza total es la que marca mi relación con Dios?
¿Estoy siempre dispuesto, incluso en situaciones que no comprendo, a ponerme en las manos de Dios y a confiar en sus designios?

El Dios que se revela a Abrahán es un Dios que se compromete con el hombre y cuyas promesas son garantizadas, gratuitas e incondicionales. Ante esto, estamos invitados a construir nuestra existencia con serenidad y confianza, sabiendo que en medio de las tempestades que agitan nuestra vida él estará allí, acompañándonos amándonos y siendo la roca segura a la que podemos agarrarnos cuando todo lo demás falle.