Lunes I de Cuaresma

Hoy es 11 de marzo, Lunes I de Cuaresma.

Nos adentramos en la Cuaresma profundizando en esta invitación a la oración más intensa. Los cristianos estamos invitados a vivir este tiempo como un regalo del Padre, dejando todas las seguridades es cuando acogemos al Señor con más hondura. Acogemos este momento en toda su importancia. Es como si el tiempo se detuviera. Estoy delante del Señor y le saludo. Me tomo un tiempo también para dejar que él me salude y para disponerme a estar solas con él.

El canto Iudica me Deus, es una oración de confianza. Sé tú mi juez, Señor, distingue mi causa, defiéndeme del hombre malvado porque tú eres mi fortaleza. Muéstrame tu luz y tu verdad y ellas me llevarán a tu tienda, a tu monte santo.

Iudica me Deus,
et discérne causam meam
de gente non sancta:
ab hómine iníquo et dolóso
éripe me:
quia tu es Deus meus,
et fortitúdo mea.

Ps. Emítte lucem tuam,
et veritátem tuam:
ipsa me deduxérunt,
et adduxérunt in montem
sanctum tuum,
et in tabernácula tua.

Iudica me Deus,
et discérne causam meam
de gente non sancta:
ab hómine iníquo et dolóso
éripe me:
quia tu es Deus meus,
et fortitúdo mea.

Iudica me Deusinterpretado por Cantores Gregorianos, «Dominus Redemptor»

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 25, 31-46):

Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.» Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»

Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.» Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Hay momentos en los que la vida nos exige. Y es cuando nuestros actos pueden reformar a Dios o pueden mostrar otras prioridades. Al leer este evangelio no se me invita a hacer un inventario de cosas cumplidas o incumplidas, sino a darme cuenta de cómo Jesús se me acerca en el rostro de aquellas personas que menos espero.

Más que responder a la pregunta de qué es lo que tengo que hacer, se me invita a responder dónde tiende que centrarse mi mirada. Preguntarme y pedir el don, según el caso, es saber ver al Señor en el rostro del pobre, a través de estos sencillos acontecimientos cotidianos.

Al volver a leer algunas de las palabras de Jesús, recibo la invitación a poner nombres, quizá recientes de personas que siguen mostrando hoy esta presencia de Jesús, a partir de esos acontecimientos. Me dejo empapar por una llamada que pretende movilizar mi corazón hacia la actitud contemplativa y una compasión activa.

¿Por qué?

Porque tuve hambre y compartiste conmigo tu comida,
tuve sed y me diste de beber,
fui forastero y me abriste las puertas de tu casa,
estuve desnudo y cubriste mi desnudez,
estuve enfermo y me diste tu tiempo, tu cariño y tu paciencia
estuve en la cárcel y viniste a verme
Cada vez que lo hiciste con uno de tus hermanos, conmigo lo estabas haciendo….

El Señor bendice tu vida. Es bueno detenerse y reconocer el paso de Dios en nuestra vida, dándole gracias y respondiendo a ese amor derramado en nuestros corazones con el ofrecimiento de todo lo que somos y hacemos. Conversa un rato con Dios a partir de lo que está en tu corazón y de aquello que halla podido surgir en esta oración.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Liturgia 11 de marzo

LUNES DE LA I SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Cuaresma

Leccionario: Vol. II

  • Lev 19, 1-2. 11-18. Juzga con justicia a tu prójimo.
  • Sal 18. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
  • Mt 25, 31-46. Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicísteis.

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Antífona de entrada Sal 122, 2-3
Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor Dios nuestros esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia.

Acto penitencial
En la antífona de entrada de la Misa de hoy, tomada del salmo 122, decimos al Señor Dios nuestro, que como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor Dios nuestro esperando su misericordia.

Pidamos, pues, ahora nosotros, queridos hermanos, la misericordia del Señor, para celebrar dignamente la Eucaristía, reconociendo que somos unos pobres pecadores.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra Ti.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Oración colecta
Conviértenos a ti, Dios Salvador nuestro;
ilumínanos con la luz de tu palabra,
para que la celebración de esta Cuaresma
produzca en nosotros sus mejores frutos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Hermanos; oremos ahora los unos por los otros al Señor nuestro Dios, que nos llama a ser santos, porque Él es santo.

1.- Para que en las leyes y decisiones de la Iglesia se transparente siempre la Ley nueva de Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Para que los jóvenes no tengan miedo a las llamadas que Cristo les haga. Roguemos al Señor.

3.- Para que los cuerpos legislativos de las naciones sirvan a Dios en la paz, la justicia y la prosperidad temporal. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pensamientos y el corazón de los hombres, nuestros hermanos, encuentren descanso en la palabra y en los mandatos de Dios. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros sepamos reconocer el rostro de Dios en los pobres, los enfermos, y en todos los que sufren o pasan tribulaciones. Roguemos al Señor.

Que llegue a tu presencia, Señor, el meditar de nuestro corazón, y que te agraden las súplicas de nuestra boca, para que cuantos con corazón contrito y humillado buscan tu perdón, obtengan con abundancia los bienes de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor estas ofrendas,

signo de nuestra entrega a tu servicio;
que ellas santifiquen nuestra vida
por obra de tu gracia
y nos obtenga el perdón de nuestras culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión Mt 40. 34
Os aseguro -dice el Señor- que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Oración después de la comunión
Concédenos experimentar, Señor Dios nuestro,

al recibir tu eucaristía,
alivio para el alma y para el cuerpo;
y, así restaurada en Cristo la integridad de la persona,
podremos gloriarnos de la plenitud de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
Te pedimos, Señor,
que descienda sobre tu pueblo la bendición copiosa,
para que la esperanza brote en la tribulación,
la virtud se afiance en la dificultad
y se obtenga la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 11 de marzo

Hoy recordamos a San Esteban de Obacina abad, hombre de gran vida de mortificación y piedad hasta su muerte en la observancia de la regla de San Benito en la rama del Císter, a San Sofronio patriarca de Jerusalén, gran teólogo y defensor de María madre de Dios, de la que fue también trovador,  a Benito Crispo obispo de Milán, Constantino rey de Escocia, Domingo Cam, sacerdote y mártir de origen chino, Marcos Chong y Alejo U Seyong mártires coreanos, Oengo abad irlandés, Pionio sacerdote y mártir de Esmirna, Trófino y Talo mártires de Laodicea, Vicente abad de San Claudio en León y Vindiciano obispo francés del siglo octavo. En este día, el año 1984, Juan Pablo II canonizaba en la basílica vaticana, a Paula Frassinetti, fundadora de la Congregación de Santa Dorotea.

Tres beatos dan gloria  a Dios en el cielo y son Juan Bautista de Fabriano franciscano, Juan Kearney mártir también franciscano y Tomás Atkinson decapitado por su fe durante el reinado de Jacobo I en Inglaterra. El 11 de marzo de 2001 fue beatificado el sacerdote José Aparicio Sanz con 232 compañeros mártires en la persecución religiosa española entre 1936 y 1939, los más pertenecientes a diversas diócesis, especialmente a la de Valencia, a 17 Órdenes religiosas masculinas y femeninas, algunos ancianos y 41 jóvenes de distintas profesiones, asesinados por el único delito de ser cristianos.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Lunes I de Cuaresma

LAUDES

LUNES I CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nostoros murió.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Este es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el desierto.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

SALMO 5: ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN JUSTO PERSEGUIDO

Ant. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.

Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.

Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

CÁNTICO de CRÓNICAS: SÓLO A DIOS HONOR Y GLORIA

Ant. Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso

Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.

Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso

SALMO 28: MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD

Ant. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»

El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

LECTURA: Ex 19, 4-6a

Ya habéis visto cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

PRECES

Benditamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte nos ha abierto el camino de salvación, y digámosle confiados:

Guíanos por tus senderos, Señor.

  • Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva,
    — te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti.
  • Enséános, Señor, a ser hoy alegría para los que sufren
    — y haz que sepamos servirte en cada uno de los necesitados.
  • Que procuremos, Señor, hacer lo bueno, lo recto y lo verdadero ante ti,
    — y que busquemos tu rostro con sinceridad de corazón.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Perdona, Señor, las faltas que hemos cometido contra la unidad de tu familia
    — y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Conviértenos a ti, Dios Salvador nuestro; ilumínanos con la luz de tu palabra, para que la celebración de esta Cuaresma produzca en nosotros sus mejores frutos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.