Vísperas – Jueves I Cuaresma

VÍSPERAS

JUEVES I CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bonad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso e hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: St 4, 7-8.10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.

PRECES

Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros, y digámosle:

Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.

  • Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos
    — y a servirte en cada uno de ellos.
  • Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos,
    — concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.
  • Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza,
    — y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes, esperanza a los agonizantes.
  • Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento que pudiera ver la luz,
    — ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concede la plenitud de tu amor a los difuntos
    — y  haz que un día nos contemos entre tus elegidos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, la gracia de conocer y practicar siempre el bien, y, pues sin ti no podemos ni siquiera existir, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 14 de marzo

Tiempo de Cuaresma

1) Oración

Puesto que sin ti nada podemos, concédenos, Señor, luz para distinguir siempre el bien y valor para ponerlo en práctica, a fin de que podamos vivir según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo…

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 7,7-12

Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy cita una parte del Sermón del Monte, la Nueva Ley de Dios que nos ha sido revelada por Jesús. El Sermón del Monte tiene la siguiente estructura:

a) Mateo 5,1-16: La puerta de entrada: las bienaventuranzas (Mt 5,1-10) y la misión de los discípulos: ser la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt 5,12-16).

b) Mateo 5,17 a 6,18: La nueva relación con Dios: La nueva justicia (Mt 5,17-48) que no busca méritos en la práctica de la limosna, de la oración y del ayuno (Mt 6,1-18).

c) Mateo 6,19-34: La nueva relación con los bienes de la tierra: no acumular (Mt 6,19-21), no mirar el mundo con una de mirada sufriente (Mt 6,22-23), no servir a Dios y al dinero (Mt 6,24), no preocuparse por la comida y la bebida (Mt 6,23-34).

d) Mateo 7,1-23: La nueva relación con las personas: no ver la brizna en el ojo del hermano (Mt 7,1-5); no tirar perlas a los puercos (Mt 7,6); el evangelio de hoy: no tener miedo a pedir cosas a Dios (Mt 7,7-11); y la Regla de Oro (Mt 7,12); escoger el camino difícil y estrecho (Mt 7,13-14), tener cuidado con los falsos profetas (Mt 7,15-20).

e) Mateo 7,21-29: Conclusión; no sólo hablar, sino practicar (Mt 7,21-23); la comunidad construida sobre este fundamento quedará bien firme en la tempestad (Mt 7,24-27). El resultado de estas palabras es una nueva conciencia ante los escribas y los doctores (Mt 7,28-29).

• Mateo 7,7-8: Las tres recomendaciones de Jesús. Tres recomendaciones: pedir, buscar y llamar a la puerta: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.” En general se pide algo a alguien. La respuesta depende tanto de la persona como de la insistencia del pedido. Buscar se hace orientándose hacia un criterio. Cuanto mejor sea el criterio, tanto mejor será la certeza de encontrar lo que se busca. Llamar a la puerta se hace con la esperanza de que alguien esté al otro lado de la casa. Jesús completa la recomendación ofreciendo la certeza de la respuesta: Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Esto significa que cuando pedimos a Dios, El atiende nuestra petición. Cuando buscamos a Dios, El se deja encontrar (Is 55,6). Cuando llamamos a la puerta de la casa de Dios, El atenderá.

• Mateo 7,9-11: La pregunta de Jesús a la gente. “¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? ” Hablando a los padres y las madres de familia, les pide que hagan referencia a la vida de cada día. Entrelíneas, en las preguntas se adivina la respuesta de la gente que grita: “¡No!” Pues nadie da una piedra al hijo que pide un pan. No existe un padre o una madre que dé una serpiente al hijo o a la hija que le pide un pez: “Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!» Jesús nos llama malos para acentuar la certeza de ser atendidos por Dios cuando le pedimos algo. Pues si nosotros, que no somos santos ni santas, sabemos dar cosas buenas a los hijos, cuánto más el Padre del cielo. Esta comparación tiene como objetivo sacarnos dudas respecto del resultado de la oración dirigida a Dios con confianza. ¡Dios nos atenderá! Lucas añade que Dios nos dará al Espíritu Santo (Lc 11,13)

• Mateo 7,12: A La Regla de Oro. «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.» Este es el resumen de todo el Antiguo Testamento, de la Ley y de los profetas. Es el resumen de todo lo que Dios nos tiene que decir, el resumen de toda la enseñanza de Jesús. Esta Regla de Oro no se encuentra sólo en la enseñanza de Jesús, sino también, de una manera o de otra, en todas las religiones. Responde al sentimiento más profundo y más universal del ser humano.

4) Para la reflexión personal

• Pedir, buscar, llamar a la puerta: ¿cómo rezas tú y cómo conversas con Dios?
• ¿Cómo vives la Regla de Oro?

5) Oración final

Te doy gracias Señor por tu amor y tu verdad,
pues tu promesa supera a tu renombre.
El día en que grité, me escuchaste,
aumentaste mi vigor interior. (Sal 138,2-3)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 78: “Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, es llamada la Tradición en cuanto distinta de la sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, «la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree» (DV 8). «Las palabras de los santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora» (DV 8).”

 

Ya hemos explicado cuál es la diferencia entre Tradición y Escritura. Que por otra parte seguro que hablaremos más en el futuro. Como la Palabra se sustenta en la Tradición de los apóstoles que son los que la reconocen como Palabra de Dios y de hecho ellos son los que han discernido qué textos escritos son apócrifos o heréticos o lo que ellos han distinguido. Su ser apóstol y su ser sucesor de los apóstoles está justificado en la Palabra puesta por escrito. Es como un apoyo mutuo.

Aquí añade un término nuevo que es: “las palabras De los Santos padres atestiguan la presencia vida de esa tradición”. Lo santos padres, los padres De la Iglesia, tienen mucha importancia dentro de esta sucesión apostólica. La Tradición es verdad que está sustentada en los sucesores de los apóstoles, pero también en los padres de la Iglesia, santos padres que no sean obispos, que hayan sido santos desde los primeros siglos, predicadores de la Palabra De Dios, mayoritariamente serían sacerdotes, pero tampoco es como una condición indispensable, que han ido formando el cuerpo de la Tradición De la Iglesia.

¿Por qué son tan importantes estos santos padres de los primeros siglos? Por tres razones fundamentales:

* Porque son testigos privilegiados de la Tradición de la Iglesia, porque estaban en esos primeros siglos.

* Porque nos han transmitido un método teológico que es luminoso y es seguro.

* Porque los escritos de los padres ofrecen una riqueza muy grande que hace de ellos grandes maestros de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre.

Esto es lo que ha conformado lo que se ha llamado la patrología. La patrología es como una rama de la teología que estudia lo que dijeron los padres de los primeros siglos. Igual que existe la Escritura, la mariología, la cristología, también existe la patrología. La patrología es el estudio de los escritos, también de la vida, pero principalmente de los escritos de los padres de los primeros siglos. Y que son un criterio de interpretación muy luminoso, muy seguro, de cómo se interpreta la Palabra de Dios.

Habitualmente se considera su época como la de los siete primeros siglos de la era cristiana. Naturalmente cuanto más antiguo es un santo padre, más autorizado es su testimonio. Por ejemplo hemos hablado de san Ireneo de Lyon. Su testimonio es muy autorizado porque es del siglo II. Estaba muy cerca de Jesucristo. En ellos se confluyen dos cosas, ortodoxia de doctrina y santidad de vida, que son dos notas distintivas de los padres. Ellos estuvieron muy cerca de Jesucristo y segundo, fueron muy fieles a la doctrina que se les había transmitido y eran santos. Algunos han sido declarados explícitamente santos de la Iglesia. Otros igual no están canonizados, pero se les ha considerado en la Tradición santos.

Comentario del 14 de marzo

Las palabras de Jesús que recoge el evangelio de Mateo invitan a la esperanza, esto es, a esperar la donación de lo pedido, el hallazgo de lo buscado, la apertura de la puerta que se llama, la cosecha de lo sembrado, y así podríamos continuar ad infinitum: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Estas pautas podrían valer para toda acción de petición, de búsqueda o de llamada, cosas que deben hacerse con la confianza de obtener el resultado deseado; porque hasta en el ámbito de la experiencia humana uno que pide acaba recibiendo, aunque sólo haya podido lograrlo después de muchos intentos; lo mismo sucede con la búsqueda o con las llamadas. Pero también cabe pensar que alguien se pase la vida buscando algo y no lo encuentre; aun así, puede haber encontrado otras cosas, quizá no buscadas, en el trayecto.

Jesús presenta como destinatario de nuestras peticiones, búsquedas y llamadas al mismo Dios. Es a Él a quien nos dirigimos con nuestra petición, esperando obtener respuesta. La petición esconde una búsqueda y supone una llamada a la puerta de aquel a quien nos acercamos con la súplica. No hemos salido, pues, del ámbito de la oración. Y un padre (o una madre) es el principal destinatario de las peticiones de sus hijos, sobre todo si estos son pequeños –y necesitados- y el padre está capacitado para responder a sus necesidades. Pues bien, Dios, que es nuestro Padre del cielo, vela por nosotros, sus hijos, que somos –y aun siendo- habitantes de la tierra. Jesús recurre a una comparación muy socorrida. Si Dios es Padre (nuestro), habrá de comportarse con sus hijos al menos como lo hace de ordinario un padre digno de tal nombre: Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden? La imagen ilustra bien el tema. ¿A qué padre le hemos visto nosotros dar a su hijo una piedra en lugar del trozo de pan que le pide?

Es verdad que hay comportamientos paternos indignos de su condición, que pueden hacer mucho daño a sus hijos. Pero lo normal no es que el padre busque expresamente perjudicar a su hijo, a no ser que se hayan roto del todo los vínculos naturales que les unen. Hasta los malos padres (padres irresponsables, malévolos, viciosos) saben dar cosas buenas –al menos en la intención- a sus hijos. Si esto es así, ¿qué podemos pensar y esperar del Padre del cielo, el Padre perfecto, el que es pura bondad, el que nos entregó a su Unigénito por nuestra salvación? ¿Nos va a dar una piedra si le pedimos pan o una serpiente si le pedimos pescado? Imposible. Es Padre, nuestro Padre, y es bueno, sin el más mínimo flujo de maldad. ¿Cómo entender entonces que no nos dé el pan, o la salud, o la belleza, o el bienestar, o la libertad, o la gracia que le hemos pedido, si se la hemos pedido y seguimos sin disfrutarla? Normalmente nosotros, cuando pedimos algo a Dios, no le pedimos el pan o la salud que ya tenemos, sino lo que no tenemos –porque lo hemos perdido o porque no lo tuvimos nunca- y echamos en falta.

El hombre, en su indigencia congénita, siempre echa en falta algo: salud, fuerza, vigor, juventud, agilidad, inteligencia, vida. En este mundo cambiante y temporal nunca se puede tener la satisfacción completa. Eso significa que siempre estaremos en condición mendicante. En último término, desearíamos que Dios nos librara de todos los males, o de todo lo que percibimos como mal porque nos priva de un bien, sea este material o de otro tipo; desearíamos que Dios transformara en este mismo instante nuestra tierra en cielo o nuestra vida temporal en vida eterna; pero esto sería precipitar las cosas, interrumpir el ritmo de crecimiento o de maduración que han de tener las vidas según el plan creador y salvífico de Dios. Tenemos que ver las cosas no sólo desde nuestra perspectiva temporal e inmediata, sacando la consecuencia de que Dios no nos puede o no nos quiere conceder lo que le pedimos (porque no nos quita la miseria que arrastramos), sino desde la perspectiva de Dios, que mira desde la eternidad y atrae hacia la eternidad, que mira nuestro bien definitivo para cuya consecución suelen hacer falta los males temporales del mismo modo que para acceder a la vida eterna hace falta pasar por la muerte. ¿Por qué estos trances o tránsitos tan amargos?

La respuesta última e incuestionable sólo la tiene Dios y no nos ha sido plenamente revelada; pero algo podemos adivinar. Somos progresivos; estamos sujetos al tiempo y al espacio; tenemos un cuerpo sometido a las leyes del crecimiento y del envejecimiento; existe el pecado y el mal como consecuencia del pecado; ignoramos lo que más nos conviene en orden al fin último; desconocemos qué es lo mejor para nosotros en un determinado momento de nuestra vida (si perder el avión, o haber llegado a tiempo de tomarlo); puede que lo percibido como una piedra, sea un pan sumamente nutritivo o saludable. Es verdad que Dios no siempre responde a nuestros deseos, pero esto no significa que no se comporte como Padre (que no sea bueno) con nosotros o que no nos quiera, o que no nos dé lo que realmente necesitamos. Diréis: aquí hay muchas conjeturas y tanteos de ciego. Tocamos de lleno los dominios del misterio. Pero Jesús nos asegura que Dios es nuestro Padre del cielo, en el que no cabe asomo de maldad ni de impotencia, y que nuestras peticiones dirigidas a Él serán acogidas en su entrañable misericordia. Con esto nos basta. Démosle fe.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Título VI

El plan de estudios

Artículo 37. § 1. Al hacer el plan de estudios, se observen cuidadosamente los principios y las normas que, según la diversidad de la materia, se contienen en los documentos eclesiásticos, sobre todo en los del Concilio Vaticano II; se tengan en cuenta al mismo tiempo los aportes seguros, que provienen del progreso científico y que contribuyen en particular a resolver las cuestiones hoy discutidas.

§ 2. En las distintas Facultades se adopte el método científico correspondiente a las exigencias propias de las distintas ciencias. Asimismo se apliquen oportunamente los recientes métodos didácticos y pedagógicos, aptos para promover mejor el empeño personal de los alumnos y su participación activa en los estudios.

¿Dónde podemos ver hoy a Cristo transfigurado?

1.- No podemos verlo físicamente en ningún sitio. Porque el cuerpo físico de Cristo ya no existe. Cristo dejó de existir físicamente el mismo día de su muerte. Desde el momento mismo de su resurrección Cristo sólo existe como cuerpo glorioso; la persona de Cristo ya no es una persona física, sino una persona espiritual y celestial, existente gloriosamente junto a su Padre y en todas las personas que le aman. La presencia de Cristo en todas las personas que le aman es una presencia real, pero no física. A esa presencia es a la que yo quiero llamar aquí presencia transfigurada de Cristo.

2.- Así está Cristo presente en la eucaristía. Cuando en nuestras eucaristías vemos la sagrada forma y el cáliz, no vemos la presencia física de Cristo, sino la presencia real de Cristo transfigurado en el pan y en el vino. Es una presencia real y así debemos verla y adorarla, pero no se trata de ninguna presencia física. Cuando algunas personas nos han dicho que vieron sangre física que manaba de la sagrada forma, debemos entender que si esto fue verdad es que se trató de un verdadero milagro, pero no de una consecuencia física. Así lo afirmó ya el mismo santo Tomás de Aquino.

3.- Así está Cristo presente en todas las personas que le aman y se reúnen en su nombre. Cuando Cristo nos dijo que él estaría presente en las personas que se reunían en su nombre para orar y para darle culto se refería a una presencia real, pero no física, sino transfigurada. Tan presente y de la misma forma está presente Cristo en las personas que le aman y se reúnen en su nombre, como lo está en la eucaristía. Cuando es el amor a Cristo y el amor de Cristo el que nos une y nos reúne, Cristo se hace presente en nosotros de una forma real y con una presencia transfigurada.

4.- Así está Cristo presente en los pobres, en los pecadores, en toda persona marginada injustamente social o sicológicamente. La presencia real y transfigurada de Cristo en los pobres, en los pecadores, en todas las personas injustamente marginadas, es una presencia gratuita y derivada del amor gratuito de Cristo a toda persona que sufre. Esto no quiere decir en ningún caso que todos los pobres, los pecadores, las personas marginadas amen a Cristo, sino que es Cristo el que los ama a ellos. Pero si estas personas no aman, ni quieren amar a Cristo, entonces el amor de Cristo a ellos no puede realizarse en ellos. Para que el amor una y reúna tiene que ser un amor correspondido, de lo contrario se trata de un amor gratuito, que, por supuesto, es un amor real y doblemente generoso. Así es y fue, en muchos casos, el amor de Cristo a los pobres, a los pecadores y a todas las personas marginadas.

5.- Así está Cristo presente en todas las personas que trabajan y se esfuerzan para hacer de este mundo el verdadero reino de Dios. Todos los cristianos debemos distinguirnos como personas que trabajamos para hacer de este mundo un verdadero reino de Dios. Sabemos y comprobamos todos los días que este mundo no es el reino de Dios, pero por eso mismo el trabajar para conseguirlo debe ser nuestra principal tarea. A todos nos puede venir a veces la tentación del desánimo y el desaliento, al ver lo poco que hasta ahora hemos conseguido de hecho. Conseguir hacer de este mundo un reino de Dios es una tarea a la que ningún cristiano debe renunciar. Queremos ver en este mundo la presencia transfigurada de Cristo, no la presencia del demonio y del mal. Pidámoselo así a Cristo fervorosamente en esta fiesta de la Transfiguración del Señor.

Gabriel González del Estal

Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió

Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: «Éste es mi hijo, el elegido, escuchadlo». Tan pronto como cesó la voz, Jesús se quedó solo. Los discípulos guardaron silencio, y a nadie contaron por entonces lo que habían visto.

Lucas 9, 28b-36

 

Comentario del Evangelio

En el Evangelio de hoy es bueno que nos fijemos en dos cosas muy importantes. La primera de ellas es que Jesús se transformaba cuando oraba. Algo pasaba en Él que a Pedro, Juan y Santiago les impresionaba. Sin duda alguna, la oración es algo vital para los cristianos. Si no oramos, no estamos en contacto con Dios. Y si no estamos en contacto con Dios, no podemos ser cristianos.

Y la segunda idea es que ellos están tan a gusto Moisés, Elías y Jesús que quieren quedarse allí para siempre y quieren construir unas tiendas. Pero Jesús les baja del monte, no quiere que se queden allí, sino que les lleva a la realidad. Pero, claro, ahora ellos han visto, oido y vivido cosas que han cambiado sus vidas…

Para hacer vida el Evangelio

• ¿Cómo rezas? Escribe aquí qué es lo que haces cuando rezas en casa o en la parroquia.

• ¿Podemos vivir los creyentes sin la oración? ¿Qué cosas puedes hacer para mejorar tu relación con Dios con la oración?

• Escribe un compromiso que vas a tomar para que tu oración te permita estar más cerca de Dios.

 

Oración

Si cayéramos en la cuenta del tesoro que es orar,
si pudiéramos medir el poder sanador de la oración,
si valoráramos suficiente tu impulso vital,
intentaríamos cada día sacar un rato para Ti, Señor.

Orar es hablar la vida contigo,
es vivir la amistad más profunda
y fuerte posible en la vida,
es saberse acompañado y querido por Ti.
Orar es comunicarse íntimamente contigo, Señor,

es acariciar la propia vida en tu presencia,
es reflexionar sobre tu mensaje, aplicado a uno mismo,

es dejar que el Evangelio se haga vida de mi vida.
La oración es el regalo que vivimos
tus amigos,
es la posibilidad posible de gozar
tu intimidad,
es la maravilla de sentirse entendido hasta el hondón del alma,
es el tesoro oculto que dinamiza
la historia personal.

Orar es tenerte de Amigo

Si cayéramos en la cuenta del tesoro que es orar,
si pudiéramos medir el poder sanador de la oración,
si valoráramos suficiente tu impulso vital,
intentaríamos cada día sacar un rato para Ti, Señor.

Orar es hablar la vida contigo,
es vivir la amistad más profunda
y fuerte posible en la vida,
es saberse acompañado y querido por Ti.

Orar es comunicarse íntimamente contigo, Señor,
es acariciar la propia vida en tu presencia,
es reflexionar sobre tu mensaje, aplicado a uno mismo,

es dejar que el Evangelio se haga vida de mi vida.

La oración es el regalo que vivimos tus amigos,
es la posibilidad posible de gozar tu intimidad,
es la maravilla de sentirse entendido

hasta el hondón del alma,es el tesoro oculto
que dinamiza la historia personal.

Orar es hablar de todo contigo, Señor,
es gustar la confidencia de la amistad,
es reírse juntos, llorar y contemplar acompañados,

sintiendo que la vida la vivimos
de la mano los dos.

Orar con los hermanos es no ser hijo único, es sentir el corazón
que se vuelve fraterno,
es ampliar el sentir hasta hacerse universal,
es descansar en Ti y sentirse impulsado a construir Reino.

Orar no es huir de la vida, sino implicarse,
no es mirar al cielo para evadirse de lo que ocurre,
no es levitar sino ser más terreno, más humano,
más cercano, orar es dejar que Tú, Dios mío, lleves el timón de mi vida.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo II de Cuaresma

• Pedro, Juan y Santiago (28), estos tres Apóstoles son testigos de los principales hechos del ministerio de Jesús, y son los mismos que le acompañarán en su peor momento de sufrimiento en Getsemaní (Mc14,33; Mt 26,37).

• La “montaña” (28), como símbolo, es lugar de la revelación de Dios (Ex 19,2-3) y, por esto mismo, lugar de oración(28). La “nube” (34-35) es signo de lapresencia misteriosa de Dios (Ex 40,35). Lucas señala que Jesús se puso a orar, como lo ha hecho anteriormente, antes de realizar el anuncio de su Pasión. La oración (dialogo con Dios) es la experiencia que subyace en los grandes y decisivos momentos de la vida de Jesús.

• La descripción del evangelista sobre el aspecto de Jesús, tiene resonancias en el libro del Éxodo cuando Moisés recibía la Ley: Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante , y no se atrevieron acercarse a él (Ex 34,29-30).

• Lo que ven los discípulos, a pesar del sueño (32), tiene dos aspectos: la transfiguración de Jesús (29) y la aparición deMoisés y Elías (30-31). Moisés y Elías sondos personajes que habían hablado con Dios en la montaña del Sinaí. Y los dos acaban la vida de manera extraordinaria (Dt 34,6; 2Re 2,11).

• Moisés representa la Ley y Elías los Profetas. Por lo tanto, la antigua alianza. Ley y Profetas es lo que tenía el pueblo de Israel para escuchar a Dios. Es como Dios se había manifestado anteriormente. Una tradición inspirada en el último anuncio del último de los profetas (Malaquias 3,23) aseguraba queElías vendría a preparar el pueblo para que recibiera al Mesías. Ahora se manifiesta en Jesús, el “Hijo” (35). Él es elápice –epifanía- de la manifestación his- tórica de Dios.

• “Hablaban con él de su muerte…” (31), es decir, de su “éxodo”, su muerte, resurrección y ascensión (Lc 9,51). Estos hechos, entendidos a partirdel éxodo de Egipto, tienen un carácter salvador. “Jerusalén” (31) será el escenario dónde tendrán lugar estos hechos salvadores. Lucas remarca mucho la importancia simbólica de Jerusalén, lugar que, según el Antiguo Testamento, Dios había escogido para residir y desde dónde se revelaría a todos los pueblos de la tierra.

• Los discípulos ponen al mismo nivel – ”tres tiendas”- a Jesús y a Moisés y a Elías (33). El que “los dos hombres” (32)“se alejen” (33), junto con la “voz desde la nueve” (35) que revela quién es Jesús, corrigen esta percepción de los discípulos: Jesús “es el Hijo” (35), es a Él a quien se tendrá que “escuchar” (35). Él actualiza la Ley y los Profetas, de modo que ahora es la única y definitiva Palabra de Dios, vida para la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios.

• La “voz desde la nube” (35) es semejante a la que se había escuchado, desde el cielo, en el momento del bautismo de Jesús (Lc 3,22). Entonces se dirigía al mismo Jesús, dándole identidad. Ahora (35), en cambio, se dirige a los discípulos, para animarles en la fe y que les tiene que permitir reconocer a Jesús como Hijo de Dios, y para invitarles a escucharlo.

• En la afirmación que Jesús es “el elegido” (35), resuena Is 42,1 y 49,7, textos que se refieren al siervo del Señor. Y en la invitación a escucharle resuenan las palabras de Moisés: El Señor, tu Dios, hará que en medio tuyo, entre tus hermanos, se levante un profeta como yo. Escuchadlo (Dt 18,15).

Comentario al evangelio – 14 de marzo

Rezamos hoy en la primera oración de la Misa: “Que vivamos siempre según tu voluntad los que sin ti no podemos ni siquiera existir”.

La reina Ester hace esta confesión “Yo he escuchado en los libros de mis antepasados que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad”. Esta es la fe del Pueblo de Dios de la Antigua Alianza trasmitida de generación en generación. Y Jesús dice hoy a sus discípulos: “pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”. Un padre cuando un hijo le pide algo siempre lo escucha y Dios “mucho más” a los que le pidan cosas buenas.

Seguramente también nosotros hemos experimentado en nuestra vida el poder de la oración hecha con confianza, y hemos contemplado las maravillas de Dios. Y podremos exclamar con la reina Ester: “Bendito seas Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob…”, es decir reconocer hoy también que somos grandemente bendecidos, e incluso afirmar que toda nuestra vida es una “bendición”, y repetir con el Salmista: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón porque escuchaste las palabras de mi boca”.

La oración para el cristiano es como el aire que respiramos: sin aire nos morimos, sin la oración estamos vacíos y somos como el cardo en la estepa. Pero atención: antes  de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber cómo “no cansarse nun ca”, no desanimarse nunca, ni deponer las armas ante el silencio aparente de Dios. Así lo dice Jesús: “todo lo que pidáis con fe lo obtendréis”.

“Un joven discípulo se acerca a su maestro y le pregunta: -Maestro, yo quiero encontrar a Dios”. El Maestro le contesta: – Vuelve mañana. Cada día el muchacho hacía la misma petición: -”Maestro, yo quiero encontrar a Dios”.

Entonces el Maestro le invitó a ir con él al río. Entraron en el agua. Hacía mucho calor. -“Mete tu cabeza en el agua”, le ordenó el Maestro. El obedeció y cuando estaba sumergido el Maestro le agarró fuertemente y le mantuvo sumergido. Comenzó el joven a agitarse y forcejear desesperado.

-“¿Qué te pasaba cuando estabas debajo del agua? ¿Qué es lo que más necesitabas? -Aire, contestó él. -Querido amigo, cuando desees a Dios de la misma manera, lo encontrarás.

Siguió diciendo el Maestro: -Si no tienes una sed ardiente de Dios, como lo único importante en la vida, de nada te servirán tus libros ni mis enseñanzas”.

José Luis Latorre, cmf