II Vísperas – San José

II VÍSPERAS

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

SOLEMNIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Porque fue varón justo,
le amó el Señor,
y dio el ciento por uno
su labor.

Humilde magisterio
bajó el que Dios aprende:
¡Que diga, si lo entiende,
quien sepa de misterio!
Si Dios es cautiverio
se queda en aprendiz,
¡aprende aquí la casa de David!

Sencillo, sin historia,
de espalda a los laureles,
escalas los niveles
más altos de la gloria.
¡Qué asombroso, hacer memoria,
y hallarle a tu ascensión
tu hogar, tu oficio y Dios con razón!

Y, pues que el mundo entero
te mira y se pregunta,
di tú como se junta
ser santo y carpintero,
la gloria y el madero,
la gracia y el afán,
tener propicio a Dios y escaso el pan.

SALMO 14

Ant. Los padres de Jesús lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y práctica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los padres de Jesús lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

SALMO 111

Ant. Le dijo su madre a Jesús: «HIjo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotadis a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

.Ant. Le dijo su madre a Jesús: «HIjo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

LECTURA: Col 3, 23-24

Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ El justo germinará como una azucena.
V/ El justo germinará como una azucena.

R/ Y florecerá eternamente ante el Señor.
V/ Como una azucena.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El justo germinará como una azucena.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José.

PRECES

Invoquemos a Dios, el Padre de quien toma nombre toda familia en el cielo y la tierra, diciéndole:

Padre nuestro, que estás en los cielos, escúchanos.

  • Padre santo, que revelaste al Justo José el misterio de Cristo, mantenido en secreto durante siglos eternos,
    — haz que conozcamos mejor a tu Hijo, Dios y hombre.
  • Padre celestial, que alimentas a las aves del cielo y engalanas la hierba del campo,
    da a todos los hombres el pan de cada día y el pan espiritual.
  • Padre santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo,
    guárdanos en tu nombre, para que todos seamos uno.
  • Creador de todas las cosas, que nos has encomendado tu obra,
    — haz que, por la intercesión de san José, recorramos nuestro camino tratando de complacerte.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concede propicio a los moribundos y difuntos, por medio de tu Hijo, con María, su madre y san José,
    — alcanzar tu misericordia.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 19 de marzo

José, esposo de María,
la Madre de Jesús
 Mateo 1,16.18-21.24a

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Espíritu que aleteas sobre las aguas,
calma en nosotros las disonancias,
los flujos inquietos, el rumor de las palabras,
los torbellinos de vanidad
y haz surgir en el silencio
la Palabra que nos recrea.

Espíritu que en un suspiro susurras
en nuestro espíritu el nombre del Padre,
ven a reunir todos nuestros deseos,
hazlos crecer en un haz de luz
que sea la respuesta a tu luz,
la Palabra del Nuevo Día.

Espíritu de Dios, savia de amor
del árbol inmenso sobre el que nos injertamos,
que todos nuestros hermanos
nos acompañen como un don,
en el gran Cuerpo donde madura
la Palabra de comunión.

(Fr. Pierre-Yves de Taizé)

b) Lectura del Evangelio: Mateo 1,16-24

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros». Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

c) Un momento de silencio:

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

El pasaje del evangelio de hoy se toma del primer capítulo de Mateo que forma parte de la sección referente a la concepción, nacimiento e infancia de Jesús. El centro de todo el relato es la persona de Jesús a la que se suman todos los sucesos y las personas mencionadas en la narración.. Se debe tener presente que el Evangelio revela una teología de la historia de Jesús, por eso, al acercarnos a la Palabra de Dios debemos recoger el mensaje escondido bajo los velos de la historia sin perdernos, como sabiamente nos avisa San Pablo, “en las cuestiones tontas”, guardándonos “de las genealogías, de las cuestiones y de las discusiones en torno a la ley, porque son cosas inútiles y vanas”. (Tm 3:9)

Efectivamente, este texto se conecta a la genealogía de Jesús, que Mateo compone con el intento de subrayar la sucesión dinástica de Jesús, el salvador de su pueblo (Mt 1:21). A Jesús le son otorgados todos los derechos hereditarios de la estirpe davídica, de “José, hijo de David” (Mt 1:20; Lc 2:4-5) su padre legal. Para el mundo bíblico y hebraico la paternidad legal bastaba para conferir todos los derechos de la estirpe en cuestión (cf.: la ley del levirato y de la adopción Dt 25:5 ss) Por esto, después del comienzo de la genealogía, a Jesús se le designa como “Cristo hijo de David” (Mt 1:1), esto es, el ungido del Señor hijo de David, con el cual se cumplirán todas las promesas de Dios a David su siervo (2Sam 7:1-16; 2Cr 7:18; 2 Cr 21:7; S 89:30). Por esto Mateo añade al relato de la genealogía y de la concepción de Jesús la profecía de Isaías: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había sido dicho por el Señor por medio del profeta: He aquí, que la virgen concebirá y parirá un hijo que será llamado Emmanuel, que significa Dios con nosotros” (Mt 1:21-23 + Is 7:14).

Deteniéndonos, por decirlo así, en la realidad espiritual de la adopción, podemos referirnos al hecho de que el pueblo elegido posee “la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas” porque “ellos son Israelitas y poseen la adopción de hijos” (Rm 9:4). Pero también nosotros, el nuevo pueblo de Dios en Cristo, recibimos la adopción de hijos porque “cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a aquéllos que estaban bajo la ley, para que recibiésemos la adopción de hijos” (Mt 1.21), porque Él es el “Dios con nosotros” (Mt 1:23) que nos hace hijos adoptivos de Dios.

Jesús nace de “María desposada con José” Mt 1:18a) que “se halló en cinta por obra del Espíritu Santo” (Mt 1:18b). Mateo no nos cuenta el relato de la anunciación como lo hace Lucas (Lc 1, 26-38), pero estructura la narración desde el punto de vista de la experiencia de José el hombre justo. La Biblia nos revela que Dios ama a sus justos. Pensamos en Noé “hombre justo e íntegro entre sus contemporáneos” (Gén 6:9). O en Joás que “hizo lo que era recto a los ojos del Señor” (2Re 12:3).

Una idea constante en la Biblia es el “sueño” como lugar privilegiado donde Dios da a conocer sus proyectos y planes, y algunas veces revela el futuro. Bien conocido son los sueños de Jacob en Betel (Gén 28: 10ss) y los de José su hijo, como también los del coopero y repostero prisioneros en Egipto con él, (Gén 37:5ss; Gén 40:5ss) y los sueños del Faraón que revelaron los futuros años de prosperidad y carestía (Gén 41:1ss).

A José se le aparece “en sueños un ángel del Señor” (Mt 1.20) para revelarle el plan de Dios. En los evangelios de la infancia aparece a menudo el ángel del Señor como mensajero celestial (Mt 1:20.24; 2:13.19; Lc 1:11; 2:9) y también en otras ocasiones esta figura aparece para tranquilizar, revelar el proyecto de Dios, curar, liberar de la esclavitud (cf.: Mt 28:2; Jn 5:4; Act 5:19; 8:26; 12: 7.23). Muchas son las referencias al ángel del Señor también en el Antiguo Testamento, donde originariamente representaba al mismo Señor que cuida y protege a su pueblo siempre acompañándolo de cerca (cf.: Gén 16:7–16; 22:12; 24:7; Éx 3:2; Tb 5:4).

b) Preguntas para orientar la meditación y actualización:

• ¿Qué cosa te ha llamado más la atención en este pasaje evangélico?
• En la clave de lectura hemos ofrecido bastante espacio para algunos términos: adopción, ángel, sueño, justo). ¿Qué sentimientos y pensamientos suscitan en tu corazón? ¿Qué importancia puede tener para tu camino de madurez espiritual?
• ¿Qué piensa que pudiera ser el mensaje central del pasaje evangélico?

3. ORATIO

a) Salmo 92

Es bueno dar gracias a Yahvé,
cantar en tu honor, Altísimo,
publicar tu amor por la mañana
y tu fidelidad por las noches,
con el arpa de diez cuerdas y la lira,
acompañadas del rasgueo de la cítara.
Pues con tus hechos, Yahvé, me alegras,
ante las obras de tus manos grito:
«¡Qué grandes son tus obras, Yahvé,
y qué hondos tus pensamientos!»

El hombre estúpido no entiende,
el insensato no lo comprende.
Aunque broten como hierba los malvados
o florezcan todos los malhechores,
acabarán destruidos para siempre;
¡pero tú eres eternamente excelso!

Mira cómo perecen tus enemigos,
se dispersan todos los malhechores.
Pero me dotas de la fuerza del búfalo,
aceite nuevo derramas sobre mí;
veré la derrota del que me acecha,
escucharé la caída de los malvados.

El justo florece como la palma,
crece como un cedro del Líbano.
Plantados en la Casa de Yahvé,
florecen en los atrios de nuestro Dios.
Todavía en la vejez producen fruto,
siguen llenos de frescura y lozanía,
para anunciar lo recto que es Yahvé:
«Roca mía, en quien no hay falsedad».

b) Momentos dedicados al silencio orante

4. CONTEMPLATIO

La contemplación cristiana del sueño de Dios, del plan que Dios realiza para la historia de la humanidad no produce alienación sino que nos tiene vigilantes y activas las conciencias y nos estimula para afrontar con valor y abnegación las responsabilidades que la vida nos depara.

Yo soy un niño… animista

En estos tiempos de pluralismo religioso, seguimos presentando una breve serie de relatos dando a conocer las principales religiones o confesiones que circulan por nuestra sociedad. Queremos superar mitos y desconocimientos. Pero no podemos hacerlo de un modo ni exhaustivo ni magisterial, sino esencial y coloquial. Por eso, los textos que os presentamos están puestos en boca de niños. Ellos, con su sencillez, nos ayudarán a explicarlo todo. Con el título de la religión que cada niño cuenta vamos a ir escuchando lo que nos cuenta sencillamente de sus creencias. Hoy presentamos la religión animista.

YO SOY UN JOVEN… indio americano de religión “animista”

Me habéis pedido que os cuente cómo es mi religión y me alegra mucho que os intereséis por ella. Soy de religión animista. Una creencia que, según me cuentan, es muy diferente de las que existen en vuestras tierras, pero es hermosa y me encanta poder deciros cómo es.

De entrada tengo que añadir que nuestro modo de hablar y contar es bastante diferente del vuestro. Escribimos poco; pocas veces lo necesitamos. Hablamos con ejemplos del campo, de las montañas y de las praderas. Mirad: vivimos muy unidos a la naturaleza que es de donde recibimos todo. En nuestras poblaciones no hay tiendas “en las que comprar”, ¡claro!; porque tiendas en las que vivir, tenemos todas las que necesitamos. No tenemos muchas cosas. Cuando cambiamos de lugar, nuestro equipaje es reducido. Eso nos hace

fácil el acomodarnos enseguida a cualquier lugar con tal que tengamos agua cerca. Y el sitio que abandonamos lo dejamos limpio y mejorado.

Nuestros mayores dicen que “la riqueza que más vale es la que llevamos dentro”. Ahora veo que eso es verdad.

Nos gusta el campo, poder mirar lejos, leer en el cielo el tiempo que hará, y descu- brir, en el comportamiento de los animales, si se acerca un temporal, un tifón, una lluvia o un huracán. Amamos el espacio libre, el horizonte extenso y los caminos difíciles, porque en esos se fortalece uno.

Pero os cuento: vosotros tenéis templos preciosos, silenciosos que, en muchos casos son herencia de vuestros antepasados. Me gusta entrar en ellos, porque allí se me hace sencillo hablar con nuestro “Espíritu Supremo” al que llamamos Manitú.

Nosotros templo es uno solo y grandísimo: LA NATURALEZA. Está viva, por eso cambia mucho de unas lunas a otras, y, además es un templo sin paredes. No nos gusta que se maltrate la naturaleza porque es la que nos regala todo.

Y por qué me han encargado a mí que os escriba? Mirad: hasta no hace mucho era un pequeño innominado dentro de mi tribu. Me cuidaban las mujeres y vivía con los de mi edad. Los hombres de la tribu ni me veían. Ahora sí me ven. He sido capaz de sobrevivir en las praderas sin más ayuda que la de los buenos espíritus a los que invocó en mi favor el chamán. Debía hacerme con un caballo salvaje, dominarlo, amaestrarlo y volver montado en él a la tribu después de seguir hasta llegar a unas montañas en el que debía dejar una señal para que luego supieran todos que llegué. Perseguí al caballo dos días con la noche intermedia. Sólo comía, mientras corría, “la medicina” que fabrica el chamán y que es alimento fuerte que tomamos mientras corremos los que queremos despedirnos de la infancia y pasar a ser un hombre más entre los hombres. Ahora sí tengo mi lugar entre ellos y me han dado el sobrenombre de “Pies ligeros” porque corro mucho bien.

Somos de religión animista, que quiere decir que consideramos a todos los elementos de la naturaleza como seres vivos dotados de espíritu. Los hay buenos y malos, y nuestra vida consiste en atraer sobre nosotros el favor de los buenos, además de respetarlos. Creemos en un Espíritu Supremo e inaccesible que domina el universo, aunque se hace poco visible en la tierra. Los iroqueses le llamamos MANITÚ.

No se comprende un indio que falte al respeto a los mayores o que no guarde veneración a los antepasados. Si alguno faltase no sé qué ocurriría. En mi tribu no ha pasado nunca. He visto en vuestros templos que también vosotros guardáis recuerdo y rendís culto a vuestros antepasados que llevaron una vida santa. Están sus imágenes en vuestras iglesias. Escribís sus vidas y copiáis su ejemplo. Lo que no comprendo es que vuestros jóvenes se rían de los ancianos. Esos no deberían asistir a vuestras asambleas.

Que el hombre blanco destruya la naturaleza tampoco me lo explico… Los espíritus que cuidan la tierra no los van a proteger y terminarán siendo miserables en unas praderas sin riquezas, sin caza y sin comida. Hay que saber retirarse a la montaña para escuchar a los “espíritus”. Allí aprendo “el canto de la muerte” y el de la vida. ¿Podéis vosotros oír los buenos espíritus con tanto ruido en la ciudad?

Tengo que terminar reconociendo que nuestros espíritus no han bajado a la tierra y dado su vida por nosotros. Vuestro Jesús sí lo ha hecho muriendo en la cruz. Quiero hablar un día contigo y que me cuentes despacio más cosas suyas. Las que he oído hasta ahora me dejan con la boca abierta. Sé que ha hecho cosas admirables que todos lo vieron. Y hasta resucitó a algunas personas.

Querido amigo, tienes que hablarme mucho-mucho de vuestro Dios. ¿Querrás tú hablarle de mi, pues soy tu amigo? Las cosas que me dices me hacen pesar y me ayudan a buscar la Verdad.

Que nos veamos pronto otra vez.
¡Hau, hermano! ¡Hau! No te olvides de nunca de PIES LIGEROS.

Xavier Ilundain, S.J.

Comentario del 19 de marzo

El evangelio caracteriza a san José, el esposo de María, como hombre justo (δίκαιος) en el sentido más íntegro de la palabra, justo y bueno. Y demostró realmente con su actuación ser un hombre justo y bueno a la vez. A san José le fueron confiados grandes misterios, como a la Iglesia, como al sacerdote dentro de la Iglesia. ¿Cómo no ver en él un «don de Dios» para el mundo? Y los primeros en percibir esto fueron sin duda María, su mujer, y el «hijo» que le fue confiado. Porque María, la madre de Jesús, estaba desposada con él, aunque todavía no habían empezado a vivir juntos; en ese intervalo de tiempo que podía prolongarse alrededor de seis meses o un año, entre los desposorios y la conducción a la propia casa y cohabitación, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

Pero ¿quién podía probar esto, que era debido a la acción del Espíritu Santo? José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. El esposo o prometido percibe los síntomas de maternidad de su mujer durante ese período anterior a la cohabitación. En semejante situación podía considerarse traicionado y tomar la opción de denunciarla o repudiarla públicamente con el riesgo que esto entrañaba para la vida de esa mujer, que pasaba a ser adúltera, convirtiéndose a consecuencia de ello en rea de muerte; pues la ley del Levítico, que mandaba apedrear a las adúlteras, seguía vigente como revela el posterior encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio. José no toma esta decisión, sino otra, más bondadosa, que busca salvaguardar la vida de su mujer. Decide repudiarla en secreto, o lo que es lo mismo, no acudir a por ella para llevarla a su propia casa. En semejante estado no podía aceptarla como legítima esposa; pero tampoco quiere ponerla en trance de muerte. El hecho (la no acogida) podía ser interpretado de diferente manera, hasta hacer recaer la culpabilidad incluso sobre sí mismo y su posible irresponsabilidad. En esta resolución tomada, aunque no llevada a término, ve el evangelista la bondad y la justicia de José para con su mujer.

Pero Dios, que rige los designios de la historia, haciendo de ella historia de salvación, interviene para corregir el rumbo de los acontecimientos. A José se le aparece en sueños un ángel que le dice: José, no tengas repara en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Cuando José se despertó, hizo de inmediato lo mandado por el ángel. Pero «hacer lo mandado» en este caso tenía mucho mérito. Se trataba de dar crédito a un mensaje ‘increíble’, que además le había llegado por un cauce –un sueño- poco fiable. Su tradición conocía «madres-estériles» o mujeres estériles que habían acabado siendo madres; pero no «madres-vírgenes», es decir, madres que hubieran permanecido vírgenes en su maternidad. A pesar de todo, José hizo lo mandado porque creyó en el poder de Dios. ¿Si había sido capaz de transformar a mujeres estériles en madres, por qué no a una virgen? La fe es la base de todas estas empresas o encargos de Dios que implican el cumplimiento de una misión a la que es esencial la obediencia. Así sucedió con Abrahán, y después con Moisés, y con María y José. Así sucede también con cualquier vocacionado. Sin fe no puede emprenderse un camino de obediencia; sin fe tampoco hay esperanza para perseverar en la tarea.

José fue un don de Dios para María, su mujer, y el hijo de ésta. Cualquier persona (un padre, una madre, un hijo, un amigo, un compañero de trabajo) puede ser un don de Dios para todos aquellos para quienes es padre, madre, hijo, amigo: alguien que Dios les ha dado para su provecho personal, para su gozo y su sustento, para su crecimiento, para su bien. Y si cualquier persona puede ser don de Dios para sus beneficiarios, con mayor razón podrá serlo el sacerdote, puesto por Dios en su Iglesia para distribuir sus dones, los dones salvíficos. Si apreciamos estos dones (el don de su palabra, el de la eucaristía, el del perdón, el de la vida de hijos de Dios, el de la esperanza cristiana), apreciaremos a aquel por cuyo medio nos llegan, al sacerdote como «don de Dios». Os ruego una pequeña oración por nuestros sacerdotes y por los que se preparan para el sacerdocio en nuestros seminarios. ¡Ojalá que seamos don de Dios para el mundo, incluso para ese mundo que no nos reconoce como tales!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 42. Las ejercitaciones y los seminarios, sobre todo en el ciclo de especialización, deben ser dirigidos asiduamente bajo la guía de los profesores e integrados continuamente mediante el estudio privado y el coloquio frecuente con los profesores.

Recursos – Domingo III de Cuaresma

PRESENTACIÓN DE UNA PERSONA EN SILLA DE RUEDAS

(Hace esta ofrenda alguien que trabaje en pastoral de la salud o acompañe y cuide a algún enfermo)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo quiero ofrecerte, Señor, dos cosas al mismo tiempo: el dolor de esta persona a la que cuido y el talante de mis cuidados. Las dos experiencias, Señor, son la religión que Tú quieres: asumir el sufrimiento y el mal, y saber que el mejor holocausto que te podemos ofrecer es una vida de entrega a los demás. Te pido que unas nuestras experiencias a las de tu Hijo en la Cruz y que las purifiques para que sean cada vez más semejantes a las suyas.

CARTELES (o diapositivas) DE MÁRTIRES DE HOY

(Se presentan unos carteles o unas diapositivas que reflejan la realidad de nuestro mundo: la pobreza, el hambre, la droga…; y otros carteles o diapositivas de personas o líderes ¿actuales? que han luchado y luchan a favor de la justicia y de la paz)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, sobre la mesa del altar, te ponemos las esclavitudes y luchas de la humanidad, hoy: la pobreza, el hambre, la droga…; y, también, la lucha constante y generosa de tantos hombres y mujeres para su erradicación y desaparición. Te pedimos que unas su ofrenda a la de tu Hijo Jesucristo, el único sacrificio que te es agradable; acéptala como hiciste con la muerte de Jesús. Y, también, llena nuestros corazones de deseos de libertad y comprométenos en su lucha; arrebátanos nuestros conformismos y comodidades; anímanos y danos tu gracia para convertirnos realmente y dar frutos concretos de tu amor.

PRESENTACIÓN DE UNAS MANOS VACÍAS

(Una persona adulta de la comunidad muestra sus manos, en forma de cuenco, pero vacías, mientras dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo, por mi parte, quiero añadir que a pesar de los dones que hemos recibido de tu misma bondad, nosotros y nosotras, a cambio, no tenemos nada que darte, como la higuera que no da frutos. Sólo nuestra disponibilidad para acoger de nuevo tu gracia. Eso es lo que yo hoy te ofrezco, con estas manos vacías, que esperan ser llenadas por Ti.

PRESENTACIÓN DE LA CONCHA BAUTISMAL

(Cualquier miembro adulto puede realizar esta ofrenda, después dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy esta concha que ha sido utilizada para el bautismo de muchos de nosotros y de nosotras. Con ella queremos simbolizar cómo, por tu gracia y la donación del Espíritu, Tú mismo nos has incorporado a la comunidad, a tu familia sobre la tierra, para que seamos signos de tu Reino. Que podamos vivir en cada momento de acuerdo a la dignidad a la que nos has llamado.

PRESENTACIÓN DE UN BASTÓN

(La ofrenda la puede hacer cualquier adulto de la comunidad. El bastón, de ser posible, debiera de ser el especial de un ciego)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco este bastón, porque quiero ser, así como todos/as y cada uno/a de los/as miembros de la comunidad, un lazarillo para los y las demás. Ábreme los ojos, Señor, para que no sea un ciego que guía a otros ciegos. Lléname de tu luz, para que pueda ser reflejo de ella en medio de un mundo que se mueve en la oscuridad y anda en las tinieblas.

PRESENTACION DE UNA ONG

(No como algo único y exclusivo, sino como “UNA” de ellas; las demás las iremos presentando a lo largo del año, en diversos domingos y fiestas. Se trata de presentar un folleto o proyecto que presente las acciones de esta ONG)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, queremos ofrecerte hoy toda la acción humanitaria de tantos grupos, comprometidos a favor de las personas más débiles de nuestra sociedad y cultura. Te la presentamos por medio de la acción de este grupo………………… Acéptala, Señor, porque -se sientan creyentes o no- tu Reino se hace realidad en su compromiso. Y a nosotros y a nosotras, haznos también cada día más sensibles y comprometidos-comprometidas con los-las más necesitados-necesitadas, especialmente en este camino cuaresmal.

Oración de los fieles – Domingo III de Cuaresma

Es tiempo de dejarnos ayudar por el Señor, solo estando a su lado podremos dar fruto, presentamos nuestras plegarias diciendo:

SEÑOR, AYÚDANOS A DAR FRUTO.

1. – Por el Papa Francisco, para que como hizo Moisés guíe a tu pueblo a lo largo del desierto, para llegar a la morada de Dios, la Tierra Prometida. OREMOS

2. – Por los gobernantes y los políticos para que dejando a un lado disputas y enfrentamientos, unan sus esfuerzos para el bienestar de sus pueblos. OREMOS

3. – Por aquellos que viven tristes, solos o necesitados para que encuentren en la Iglesia la alegría que Dios nos trae. OREMOS

4. – Por aquellos cuya fe es débil para que experimenten la compasión y la misericordia del Señor. OREMOS

5. – Por aquellos que se desesperan por la falta de frutos en su trabajo, para que siguiendo el ejemplo del evangelio redoblen su esfuerzos con ilusión y paciencia. OREMOS

6. – Por todos nosotros, para que en este tiempo favorable, miremos hacia dentro y cambiemos aquellas cosas que no nos acercan a Dios. OREMOS

Señor, sé paciente con tu pueblo y concédele con largueza lo que con humildad te pide. Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen.


Nos ponemos en presencia de Jesús resucitado para pedirle que escuche todas esas necesidades que hacen nuestra vida sombría y pesarosa; para poder salir al mundo, llenos de alegría, a comunicar que la vida tiene sentido.

SEÑOR, AYÚDANOS A RESUCITAR.

1. – Por la Iglesia, portadora del mensaje de salvación; para que lleve, a toda la comunidad de creyentes, esa fe auténtica que nos haga disipar tanta incertidumbre. OREMOS.

2. – Por el Papa y demás pastores de la Iglesia; para que muestren a los hombres que la resurrección no es una utopía, sino la autenticidad de una nueva vida hecha realidad por Jesús. OREMOS

3. – Por todos los que están tristes, porque carecen de lo fundamental; para que un hecho tan trascendente como la resurrección devuelva a sus almas la confianza de que para Dios no hay imposibles. OREMOS.

4. – Por los pueblos, las naciones, por todo el mundo; para que entiendan que solamente en la reconciliación, el perdón y el amor puede llegar la resurrección que tanto necesitamos. OREMOS

5. – Por las familias; para que la alegría y la esperanza presidan tantos hogares en los que se ha instalado la desesperanza, el querer tener más, llegar más alto, dominarse unos a otros, haciéndoles vivir una vida insoportable. OREMOS

6. -Por todos los que estamos aquí cuyas peticiones calladas Dios conoce; para que seamos fermento de gozo, libertad, salvación, amor… en esta sociedad que huye del compromiso y la exigencia. OREMOS

Señor, concédenos la gracia de la resurrección para que llegue la verdadera alegría y la verdadera confianza a todos nosotros.

Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

Comentario al evangelio – 19 de marzo

Varón justo

Dios, sin duda alguna, cumple sus promesas. Pero lo hace a su modo, salvaguardando siempre su libertad soberana, y superando, además, infinitamente nuestras expectativas. La promesa realizada a David y a su descendencia de una realeza para siempre no tiene el significado que, por el contexto, se entiende a primera vista. De hecho, la dinastía davídica tuvo un destino y un fin bien trágicos. Y, sin embargo, Dios restaura esa dinastía, pero no en un sentido monárquico y político, sino en la realeza de Cristo, que, vencedor del pecado y de la muerte, no pasará jamás. No será, pues, el reino de uno sobre muchos, o de unos pocos sobre todos los demás, o de un pueblo que somete y oprime al resto. Se trata de una realidad infinitamente más grande y más importante, de un valor infinitamente superior, porque supone el fin de los dominios despóticos, de las opresiones, de la violencia como forma de gobierno y de convivencia. Esas realidades, fruto del pecado, siguen vigentes, el mundo continúa caminando por sus viejas sendas, pero se abre paso en él una posibilidad nueva y superior: el Reino de Dios, la realeza de Cristo, la ley del amor y la fraternidad, que no es sólo promesa para un futuro indeterminado, más allá de la muerte, sino que está ya presente y operando en este mundo nuestro, gracias a la presencia encarnada del Hijo de Dios, el Cristo, el Ungido, en el que se cumplen definitivamente aquellas antiguas promesas de un reino sin fin, si bien no es de este mundo, pues no funciona como los reinos (y las repúblicas) mundanos.

Pero, ¿qué pinta José, el humilde carpintero, en todo esto? En primer lugar, que en él se cumple, según la ley, aquella antigua promesa. No es un rey, ni un príncipe, ni siquiera un noble, es un obrero anónimo, pero al que la Providencia salvífica de Dios ha situado en el centro de la historia. Es él el depositario legal de aquellas promesas ya remotas y casi olvidadas, el renuevo del tronco de Jesé (cf. Is 11, 1), el fruto inesperado de un árbol que parecía ya por completo seco y sin vida. Y es él, en consecuencia, el que transmite, según la ley, la sucesión davídica al verdadero David, el hijo de la Virgen, el verdadero Rey, Profeta y Sacerdote de la nueva alianza.

En José vemos con claridad una verdad de extraordinaria importancia para nuestra fe y para la vida de cada uno. Los grandes acontecimientos de la historia, esos que conmueven sus cimientos y hacen que varíe su rumbo, suceden gracias a personas humildes y anónimas que han hecho posible la aparición de los grandes y decisivos personajes. Es verdad que esto es así para bien y para mal. Los protagonistas que aparecen en los libros y las crónicas para bien y para mal no hubieran podido hacer nada sin la cooperación de muchos seres humanos anónimos, que crearon de un modo y otro las condiciones para la aparición de aquellos. No cabe duda de que no hay un acontecimiento más decisivo en la historia de la humanidad que la encarnación, la muerte y la resurrección de Cristo. Aquí es Dios quien ha intervenido. Pero lo ha hecho humanamente, humanizándose, haciéndose uno de nosotros. Y, por eso mismo, es normal que haya querido (y tenido que) contar con la cooperación en la sombra de personas que han hecho posible su venida a nuestra historia.

José es el prototipo del varón justo: el que sabe discernir la presencia de Dios, el que está dispuesto a retirarse con respeto, pero también a escuchar la voz de Dios que habla en sueños, y a actuar con diligencia, tomando decisiones, asumiendo riesgos, colaborando calladamente y en espíritu de obediencia con los planes de Dios.

Si en algo nos parecemos a José es en que somos también personajes anónimos, que viven y trabajan en la sombra de la historia mundial, cuyos focos iluminan a otros. Pero José nos enseña la importancia de ser justos, es decir, de estar abiertos y a la escucha, de trabajar con fidelidad y diligencia, de saber soñar, pero también tomar decisiones y asumir riesgos, para que en la historia sucedan acontecimientos positivos y salvíficos, en vez de las muchas catástrofes que la afligen (con las que también podemos colaborar si no vivimos como debemos); para que Dios pueda seguir viniendo a visitarnos con su voluntad salvífica, para que, en definitiva, Cristo siga reinando en nuestro mundo y las promesas de Dios, que superan toda expectativa, se puedan seguir cumpliendo.

José María Vegas, cmf