Vísperas – Miércoles II de Cuaresma

VÍSPERAS

MIÉRCOLES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des cooronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias 
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblso te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: Flp 2, 12b-15a

Seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Entregarán al Hijo del hombre a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Entregarán al Hijo del hombre a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.

PRECES

Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo:

Bendice, Señor, a tu pueblo.

  • Dirige, Señor, por los caminos de tu voluntad, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes,
    — para que procuren con empeño el bien común.
  • Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo siguieron a Cristo,
    — para que manifiesten con su testimonio la vida de la Iglesia.
  • Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya,
    — haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres.
  • Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti,
    — y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Admite a los difuntos en tu gloria,
    — para que te alaben eternamente

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste, y haz que, protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 20 de marzo

Tiempo de Cuaresma 

1) Oración inicial

Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste; y haz que, protegida por tu mano, en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 20,17-28
Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.» Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.» Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.»
Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy habla de tres puntos: el tercer anuncio de la pasión (Mt 20,17-19), la petición de la madre de los hijos de Zebedeo (Mt 20,20-23) y la discusión de los discípulos que quieren el primer puesto (Mt 20,24-28).
• Mateo 20,17-19: El tercero anuncio de la pasión. Están de camino hacia Jerusalén. Jesús los precede. Sabe que le matarán. El profeta Isaías lo había ya anunciado (Is 50,4-6; 53,1-10). Por esto, su muerte no es el fruto de un plan ya preestablecido, sino que es consecuencia de un compromiso asumido con la misión recibida del Padre junto con los excluidos de su tiempo. Por esto, Jesús alerta a los discípulos sobre la tortura y la muerte que encontrarán en Jerusalén. Pues el discípulo ha de seguir al maestro, aunque fuera para sufrir con él. Los discípulos están asustados y le acompañan con miedo. No entienden lo que está ocurriendo (cf. Lc 18,34). El sufrimiento no concuerda con la idea que ellos tienen del mesías (cf. Mt 16,21-23).
• Mateo 20,20-21: La petición de la madre que pide el primer puesto para los hijos. Los discípulos no sólo no entienden el alcance del mensaje de Jesús, sino que continúan con sus ambiciones personales. Jesús insistía en el servicio y en la entrega, y ellos seguían con sus ambiciones personales y pedían los primeros puestos en el Reino. La madre de Santiago y de Juan, llevando consigo los dos hijos, llega cerca de Jesús y pide un lugar en la gloria del Reino para sus hijos, uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús. Los dos no entendieron la propuesta de Jesús. Estaban preocupados solamente con sus propios intereses. Señal de que la ideología dominante de la época había penetrado profundamente en la mentalidad de los discípulos. A pesar de la convivencia de varios años con Jesús, no habían renovado su manera de ver las cosas. Miraban hacia Jesús con una mirada antigua. Querían una recompensa por el hecho de seguir a Jesús. Las mismas tensiones existían en las comunidades en el tiempo de Mateo y existen hoy en nuestras comunidades.
• Mateo 20,22-23: La respuesta de Jesús. Jesús reacciona con firmeza: “¡Ustedes no saben lo que están pidiendo!” Y pregunta si son capaces de beber el cáliz que él, Jesús, va a beber, y se están dispuestos a recibir el bautismo que él va a recibir. Es el cáliz del sufrimiento, el bautismo de sangre. Jesús quiere saber si ellos, en vez del lugar de primer plano, aceptan entregar su vida hasta la muerte. Los dos contestan: “¡Podemos!” Parece una respuesta de boca hacia fuera, pues pocos días después, abandonarán a Jesús y lo dejarán sólo en la hora del sufrimiento (Mc 14,50). Ellos no tienen mucha conciencia crítica, ni perciben la realidad personal. Cuanto al lugar de primer plano en el Reino al lado de Jesús, aquel que lo da es el Padre. Lo que Jesús tiene que ofrecer es el cáliz y el bautismo, el sufrimiento y la cruz.
• Mateo 20,24-27: Entre ustedes no sea así. Jesús habla, de nuevo, sobre el ejercicio del poder (cf. Mc 9,33-35). En aquel tiempo, los que detenían el poder no prestaban atención a la gente. Actuaban conforme a lo que oían (cf. Mc 6,27-28). El imperio romano controlaba el mundo y lo mantenía sometido por la fuerza de las armas y así, a través tributos, impuestos y tasas, lograba concentrar la riqueza de la gente en manos de pocos allí en Roma. La sociedad estaba caracterizada por el ejercicio represivo y abusivo del poder. Jesús tiene otra propuesta. Dice: “¡Entre vosotros no debe ser así! Quien quiere ser el mayor, sea el servidor de todos.” Enseña en contra de los privilegios y las rivalidades. Quiere mudar el sistema e insiste en el servicio como remedio contra la ambición personal.
• Mateo 20,28: El resumen de la vida de Jesús. Jesús define su misión y su vida: “¡No he venido para ser servido, sino para servir!” Vino a dar su vida en rescate de muchos. El es el Mesías siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12). Aprendió de su madre, que dijo: “¡He aquí la esclava del Señor!”(Lc 1,38). Propuesta totalmente nueva para la sociedad de aquel tiempo. 

4) Para la reflexión personal

• Santiago y Juan piden favores, Jesús promete sufrimiento. Yo, ¿qué le pido al Señor en la oración? ¿Cómo acepto el sufrimiento y los dolores que acontecen en mi vida?
• Jesús dice: “¡Entre ustedes no sea así!” Mi forma de vivir en comunidad, ¿concuerda con este consejo de Jesús? 

5) Oración final

Sácame de la red que me han tendido,
pues tú eres mi refugio;
en tus manos abandono mi vida
y me libras, Yahvé, Dios fiel. (Sal 31,5-6)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 9-10

<

p style=»text-align:justify;»>9Y, al descender del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre hubiera resucitado de entre los muertos.
10Y guardaron para sí la palabra, discutiendo entre ellos qué era eso deresucitar de entre los muertos.

9, 9-10: El pasaje comienza presentando el escenario, camino abajo del monte de la transfiguración (9,9a). La perspectiva de una vuelta a la esfera pública induce a Jesús a prohibir estrictamente, a los tres discípulos que lo acompañan, contar lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos (9,9b). Esta es la última orden que afecta al «secreto mesiánico» en el evangelio y la única que lleva unida una restricción temporal; su posición en lugar tan preponderante sugiere que tiene una importancia programática y que las prescripciones anteriores podían entenderse de igual modo.

La resurrección de Jesús representa un momento absolutamente crucial, porque está relacionada con la nueva edad en la que se revelará plenamente el poder glorioso y vivificante de Dios en consonancia con las concepciones veterotestamentarias y judías sobre la resurrección general (cf., por ejemplo, Dn 12,1-3.13). En efecto, el libro de Daniel, que influyó de una manera tan decisiva en Marcos, utiliza con mucha frecuencia un lenguaje similar al que encontramos en Mc 9,9 para hablar de la necesidad de mantener el secreto hasta que venga la nueva edad: «Pero tú, Daniel, guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin» (Dn 12,9; cf. 8,26; 12,4). Mc 9,9 sirve, por tanto, para unir la resurrección de Jesús con el momento decisivo escatológico.

Sin embargo, la orden de Jesús de guardar silencio deja confundidos a los discípulos. ¿Qué significa realmente que se pregunten entre sí «eso de resucitar de entre los muertos» (9,10)? ¡Lo realmente incomprensible, sin embargo, consiste en por qué ellos están tan confundidos! Es difícil de creer que muchos judíos del siglo I hubieran ignorado la idea de la resurrección; la noción está ya atestiguada en el Antiguo Testamento (Dn 12,2) y era una fuente importante de controversia entre las sectas judías del siglo I según los evangelios (Mc 12,18-27 y paralelos), los Hechos (23,6-8) y Josefo (Ant. 18,14.16.18). El problema de los discípulos pudo ser imaginarse el modo como los dos acontecimientos (la resurrección de Jesús y la resurrección general) podían relacionarse entre sí. Es evidente por 1Cor 15,20-28 que esta era una cuestión que ocupaba a los cristianos primitivos, pues lo que le interesa a Pablo en ese pasaje es establecer el orden correctode las resurrecciones: primero Cristo, como una suerte de «primicia»; luego, en su «llegada», la de «los suyos» (es decir, los cristianos); finalmente, quizás, la de todo el mundo (cf. 1Ts 4,13-17).

Comentario del 20 de marzo

En su trayecto hacia Jerusalén, Jesús hace partícipes a los Doce de los acontecimientos que se avecinan: el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes, será condenado a muerte y ejecutado por medio de paganos que lo llevarán a la cruz; y al tercer día resucitará. Es un recuento anticipado del kerigma o anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En este contexto se acerca la madre de los Zebedeos con sus hijos –Santiago y Juan- para hacerle una petición: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Al parecer, deseaba buenos puestos para sus hijos. Pero Jesús, que ve la ambición que esconde esta petición, les dice: No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Le responden: Lo somos. Y él añade: Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.

A juicio de Jesús, aquella petición estaba muy desorientada. Él acababa de anunciarles su muerte próxima y ellos siguen pensando en un reino terreno, similar a los reinos humanos, en los que el poder se reparte en función de las preferencias del mandatario supremo. Pero el Reino de Cristo es de otro estilo e implica compartir destino mortal con él, beber el cáliz de amargura que le va a ser entregado. Ser capaces de beber este cáliz es ser capaces de martirio. A la pregunta sobre esta capacidad martirial, ellos responden, no sabemos con qué grado de conciencia: lo somos. Pero ¿lo eran realmente? Jesús les anticipa que en su momento lo beberán, porque conocerán el martirio, como él. Pero el puesto a ocupar en el Reino no es cosa suya, sino de su Padre.

Ante la petición de los Zebedeos, cargada de ambición humana, Jesús parece significar que el acceso a su Reino pasa por la participación en su destino sufriente –el cáliz que se le dará a beber es siempre el cáliz de la Pasión y Muerte anunciadas-, es decir, por el martirio. Su Reino es esencialmente un reino de mártires, al menos potenciales, es decir, de personas dispuestas a dar la vida por su causa. Por eso, la actitud que los Zebedeos muestran en su petición es tan diametralmente opuesta a la actitud que debería tener todo aquel que desee compartir reino con Cristo. De hecho, aquella petición provocó de inmediato la indignación de sus compañeros (los otros diez), que vieron en ella una actuación poco lícita, por no decir poco limpia. También ellos rivalizan con los dos hermanos en ambiciones.

Estando así las cosas, Jesús les reúne para adoctrinarles: Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos. Son muchos los casos de tiranía y de opresión por parte de reyes y emperadores que ofrece la historia en su recorrido por el tiempo. Pero estos no deben ser nunca modelo de conducta para ellos y sus gobiernos. Entre ellos no deben regir los criterios que rigen en el mundo. El que quiera ser realmente grande –que es lo que querían los Zebedeos y los que rivalizan con ellos; quizá «lo que queremos todos»- que sea vuestro servidor.

Aquí, la grandeza se mide por la capacidad de servicio. San Pablo dirá: el más grande es el amor. Y el amor es servicial. La grandeza de una persona se mide por su capacidad de entrega al servicio de los demás (=procurando su bien) en el amor. La donación en el amor presente en una persona es la que le hace grande, porque lo más grande es el amor. Por eso es también lo que más engrandece. Siempre nos resultará difícil conciliar los miembros de esa extraña ecuación: la primacía y la esclavitud; ser primero y ser esclavo; porque el esclavo, en toda sociedad, ha sido siempre el último en dignidad, en consideración social; tan último que se le ha equiparado a un animal doméstico o a una mercancía que se puede tasar, comprar y vender. La comparación resulta extrema, pero iluminadora. A los ojos de Dios, la primacía la tienen no los esclavos forzados a serlo, pero sí los que por amor están dispuestos a servir a sus hermanos hasta el punto de prestarles un servicio de esclavos, es decir, de quienes no pueden reclamar derechos porque no los tienen.

Jesús dice más: él ha venido para dar su vida en rescate por muchos. En su servicio no nos ha dado simplemente ciertas prestaciones sociales sin exigir nada a cambio –el trabajo de un esclavo que no reclama ningún derecho-, sino su propia vida como rescate. Este es el precio de la redención y la densidad de su servicio. Por eso, Dios le otorga la primacía: el Nombre sobre todo nombre; el homenaje de la genuflexión de toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo; y el señorío sobre toda criatura para la gloria de Dios Padre. Pues bien, esa primacía podrá ser participada por todo aquel que decida, como él, dar la vida en rescate (=en bien) por los demás. Esta es la grandeza que distingue a los santos y a los mártires, la grandeza del amor, que nos ofrece la oportunidad de ocupar los puestos reservados por el Padre en el Reino de los cielos. Lo demás es ambición vana y fugaz.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 43. Defina el plan de estudios de la Facultad cuáles exámenes o pruebas equivalentes, escritos u orales, deben darse al final de cada semestre o año y sobre todo al final del ciclo, con el fin de que sea posible verificar su aprovechamiento en orden a la continuación de los estudios en la Facultad y a la consecución de los grados académicos.

Comentario Domingo III de Cuaresma

Oración preparatoria

Señor Jesús, dame Tu propio corazón, Tu mirada a la realidad, para que acierte a leerla desde aquello que en ella es germen de vida y plenitud, pero también para vivir y vivirme desde Tu tiempo, no desde mi tiempo, para dejarme cavar y abo- nar, para dejarme cuidar y hacer ese fruto que haga este mundo Tu Reino. AMEN.

 

Lc 13, 1-9

«1Pero al mismo tiempo llegaron algunos contándole lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.

2Y, respondiendo, les dijo: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3No, os digo; pero si no os convertís, todos pereceréis igual. 4O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más deudores que todos los habitantes de Jerusalén? 5No, os digo; pero si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”.

6Pero les decía esta parábola: “Uno tenía plantada una higuera en su viña, y fuebuscando fruto en ella, y no encontró.

7Dijo entonces al viñador: ‘He aquí que hace tres años que vengo buscando frutoen esta higuera y no encuentro. Córtala: ¿para qué ocupa el terreno estérilmente?’.

8Pero él, respondiendo, le dice: ‘Señor, déjala también este año, hasta que mientras cave a su alrededor y eche abono, 9por si hace fruto en adelante; pero si no, la cortarás’”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy forma parte de la sección del camino de Jesús a Jerusalén, en un momento en que tanto Jesús como su misión crean una especial disensión, incluso entre los miembros de una misma familia (Lc 12,49-53), lo que exige un particular esfuerzo para interpretar acertadamente los signos de los tiempos(12,54-59). Este tema tiene continuación con la primera parte de nuestro evangelio (13,1-5). A nuestro evangelio sigue la curación en sábado de una mujer encorvada (13,10-17) y más enseñanzas de Jesús sobre el proyecto del Reino (13,18- 21), una actividad salvadora que encuentra eco también en la segunda parte del evangelio de hoy (13,6-9). Invitación a la conversión de corazón, a la sabiduría para interpretar lo que pasa, y también, confianza en un Dios paciente y deseoso de nuestra salvación, son aspectos relevantes del texto y del contexto.

 

TEXTO

Este evangelio podemos estructurarlo en dos partes:

a) vv. 1-5: recuerda dos hechos desgraciados. Ante ellos, Jesús por una parte rechaza o corrige una mala interpretación (la muerte como castigo por el pecado), y por otra aprovecha para hacer una llamada a la conversión.

b) vv. 6-9: explicita la llamada a la conversión en el hecho de dar frutos, pero, a la vez, nos presenta la categoría de la paciencia de Dios (o de Jesús) y su empeñopor facilitarnos la tarea de fructificar.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Juzgar la realidad, cuando esta es trágica, puede llevarnos al error de pensar en “castigos divinos”. Esta interpretación es rechazada por Jesús. Esos “signos de los tiempos” deben servir para rastrear la presencia de Dios y los trazos de su voluntad, y para mirarnos por dentro, como una llamada a examinar nuestras vidas. Jesús, gran Maestro, aprovecha la oportunidad para llevar a sus interlocutores al arrepentimiento y a la conversión de corazón. Del “lamento por…” a la “oportunidad para…”: ¿qué nos sugiere este giro?

• La parábola presenta dos personajes contrapuestos en torno a una higuera“vaga”. Uno quiere cortarla, otro quiere darle una nueva oportunidad. El personaje paciente y compasivo es el que lleva “la voz cantante” y, a la postre, es el principal y se compromete a hacer todo lo posible para que la higuera dé frutos (Dios mismo o Jesús siempre dispuesto a llamar a las personas al arrepentimiento y a cambiar su corazón).

• Estos personajes, tratados desigualmente en el texto, son un espejo para nosotros: ¿con quién nos identificamos más? ¿Quién nos sirve de ejemplo? ¿Somos conscientes de que nuestras “prisas” para con los demás suelen coincidir con nuestra “paciencia” con nosotros mismos? Pero la prisa debe estar en nuestro empeño por tratar de ayudar a los otros; y la paciencia en nuestro trato con los demás.

• Si nos vemos representados en la higuera, ¿cuáles crees que son los frutos que se te piden hoy, aquí, ahora?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Cuaresma

Domingo III de Cuaresma
24 marzo 2019

Éxodo 3, 1-8a. 13-15; Salmo 102; 1 Corintios 10, 1-6. 10-12; Lucas 13, 1-9

Una Higuera sin Higos

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”. Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’”.

Reflexión

El evangelio habla de unos Galileos que Pilato mató injustamente. ¿Esto les pasó porque eran malos pecadores? Jesús dice que no. El sufrimiento existe porque algunas personas escogen el mal, como Pilato. Otras veces no comprendemos por qué, como en desastres naturales o enfermedades, pero confiamos en Dios y juntamos nuestros sufrimientos a la cruz de Jesús para que Él salve a más almas. Jesús compara cortar un árbol sin frutas a un pecador que no se arrepiente de sus pecados, y muere en la eternidad sin Jesús. Jesús nos ama mucho y nos quiere con El en la eternidad. ¿Qué pasa cuando nos arrepentimos? (Nuestro corazón se llena de Su espíritu y podemos dar frutos de buenas obras, caridad y misericordia y tener una eternidad llena de paz y amor junto a Él.)

Actividad

Hablar de las Obras de Misericordia mientras ellos las colorean. Traer una página con una foto de una persona representando las obras corporales, y otra página con una foto de una paloma representando las obras espirituales. Cortar las obras en tarjetas y que ellos pongan la tarjeta que reciben encima de la página que le corresponde. Hablar de cuales obras ellos pueden hacer.

Oración

Jesús, dame humildad para arrepentirme de mis pecados. Llena mi corazón con tu Espíritu de Amor y Bondad. Hazme sensible a las necesidades de las personas a mí alrededor para dar testimonio de Tu presencia en este mundo. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo III de Cuaresma

Miren lo que tengo. . . manzanas, naranjas, melocotones, plátanos, bananas. Hmm, hmm, hmm. Creo que tengo algo liviano para comer ahora mismo. ¿Y a ustedes, les gustaría acompañarme a comer? ¿Saben lo que creo que sería estupendo? Sería fantástico tener muchos árboles frutales en sus patios para que cada vez que ustedes quieran comer sólo tengan que salir al patio y tomar la fruta del árbol que deseen. Pero ¿qué si tuvieran un árbol que no diera fruto? Sería bueno para dar sombra, pero posiblemente para nada más.

En nuestra lección bíblica de hoy, Jesús contó una historia acerca de un hombre que plantó un árbol de higos en su jardín. Después de pasar un tiempo, fue a buscar fruto en el árbol, pero el árbol no produjo fruto alguno. Finalmente, el hombre fue al jardinero que cuidaba del árbol y le dijo: «Por tres años he estado viniendo buscando frutos de esta higuera y no he encontrado ninguno. ¡Córtalo! Está ocupando mucho espacio en el jardín».

El jardinero contestó: «Por favor, señor, dale otra oportunidad. Déjalo otro año. Le prestaré una atención especial. Cavaré alrededor del árbol y le echaré bastante abono. Si el árbol produce fruto al año que viene, estupendo, si no, entonces lo puedes cortar».

Al contar esta historia, Jesús realmente estaba hablando sobre nosotros y sobre Dios. Dios nos ha «sembrado» aquí en esta tierra y espera que llevemos buenos frutos en nuestra vida. ¿Qué clase de frutos espera? Cuando Él mira cómo vivimos nuestra vida, Él desea ver cosas como amor, gozo, paz, paciencia, bondad y gentileza. Hay ocasiones cuando Él se siente desilucionado por lo que ve, pero está dispuesto a darnos otra oportunidad.

¿Qué podemos hacer para ayudarnos a dar la clase de fruto que Dios espera? Podemos adorar regularmente, leer su Palabra y orar. Esas cosas nos ayudarán a vivir una vida fructífera. Oremos ahora y pidámosle a Dios que nos ayude.

Padre celestial, sabemos que esperas buenas cosas de tus hijos. Ayúdanos vivir una vida que sea agradable a tí. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Comentario al evangelio – 20 de marzo

La cruz y el servicio

Se suele pensar que el Antiguo Testamento sanciona un mesianismo de triunfo y de victoria, y de ahí las pretensiones de poder que tientan al grupo de los seguidores de Jesús, encarnado hoy en Santiago y Juan (y reflejado en la indignación de los otros), todavía demasiado impregnados por esa antigua mentalidad. Pero ya en los Profetas (lo vemos hoy en Jeremías) descubrimos claros indicios de que el verdadero mesianismo apunta en otra dirección, la que Jesús anuncia a los más allegados mientras va subiendo a Jerusalén. No es fácil entender ese anuncio. No lo era para los discípulos de primera hora, y no lo es para nosotros, por mucho que sepamos el dato de la muerte y resurrección de Jesús y lo recitemos sinceramente en el Credo. La tentación del éxito, del mesianismo de victoria, de la fe como garantía de salud o bienestar, nos sigue persiguiendo hoy, igual que entonces. Podemos probar a ensayar cómo traducimos nosotros en nuestra oración, de tantas y sutiles formas, la petición de la madre de los Zebedeos, revelando no sólo lo poco que entendemos el mensaje de la cruz, sino también lo poco atentos que estamos a las palabras de Cristo.

Jesús, maestro bueno, no desespera ante la cerrazón de sus seguidores, sino que aprovecha la ocasión para enseñarnos y, con su profunda pedagogía, introducirnos en la comprensión de la difícil lógica de la cruz. Es el camino del servicio. Aunque estemos tan inclinados al éxito, a ese éxito que supone la derrota de los rivales y los enemigos, podemos aprender y asumir el camino alternativo que Jesús ha escogido, el camino estrecho y empinado que lleva a la vida, por la vía del servicio. La bondad del servicio la entiende cualquiera, entre otras cosas, porque no supone la negación de la otra parte: en la lógica del poder queremos vencer, pero no que nos venzan (pues si uno vence, alguien tiene que salir derrotado); en la lógica del servicio, nos gusta que nos sirvan, sí, pero también podemos servir, haciendo a los demás lo que queremos para nosotros (cf. Mt 7, 12). Por esa vía tan sencilla y humana podemos ir aprendiendo el camino de la cruz al que nos invita Jesús, que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

José María Vegas, cmf