Vísperas – Viernes II de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Diso es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA:  St 5, 16.19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa dle justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aunque buscaban echar mano a Jesús, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aunque buscaban echar mano a Jesús, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

PRECES

Adoremos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida, y digámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

  • Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
    — para que consigamos la gloria de la resurrección.
  • Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
    — para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.
  • Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
    — para que se manifiesten en ellos los frutos de tu salvación.
  • Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz,
    — enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
    — y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua limpios de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 22 de marzo

Tiempo de Cuaresma

1) Oración

Por medio de nuestras privaciones cuaresmales, purifícanos, Señor todopoderoso, a fin de que podamos llegar con un espíritu nuevo a las próximas fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo…

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 21,33-43.45-46

Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: `A mi hijo le respetarán.’ Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.’ Y, agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras:
La piedra que los constructores desecharon,
en piedra angular se ha convertido;
fue el Señor quien hizo esto
y es maravilloso a nuestros ojos?

Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

3) Reflexión

• El texto del evangelio de hoy forma parte de un conjunto más amplio que engloba Mateo 21,23-46. Los jefes de los sacerdotes y de los ancianos habían preguntado a Jesús con qué autoridad hacía las cosas (Mt 21,23). Ellos se consideraban los dueños de todo y pensaban que nadie podía decir nada sin su permiso. La respuesta de Jesús consta de tres partes: 1) El mismo plantea una pregunta y quiere saber de ellos si Juan Bautista era del cielo o de la tierra (Mt 21,24-27). 2) Cuenta la parábola de dos hijos (Mt 21,28-32). 3) Cuenta la parábola de la viña (Mt 21,33-46) que es el evangelio de hoy.

• Mateo 21,33-40: La parábola de la viña. Jesús empieza así:

«Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre”. La parábola es un bonito resumen de la historia de Israel, sacado del profeta (Is 5,1-7). Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes, a los ancianos (Mt 21,23) y a los fariseos (Mt 21,45) y da una respuesta a la pregunta que ellos habían hecho sobre el origen de su autoridad (Mt 21,23). Por medio de esta parábola, Jesús aclara varias cosas sobre el origen de su autoridad: es el hijo, el heredero. (b) Denuncia el abuso de la autoridad de los viñadores, esto es, de los sacerdotes y ancianos que no cuidan del pueblo de Dios. (c) Defiende la autoridad de los profetas, enviados por Dios, pero masacrados por los sacerdotes y ancianos. (4) Desenmascara a las autoridades que manipulan la religión y matan al hijo, porque no quieren perder la fuente de renta que consiguieron acumular para sí, a lo largo de los siglos.

• Mateo 21,41: La sentencia dada por ellos mismos. Al final de la parábola, Jesús pregunta: “Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?” Ellos no se dieron cuenta de que la parábola estaba hablando de ellos mismos. Por esto, por la respuesta dada, decretaron su propia condena: “Dícenle: A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.”

Varias veces Jesús usa ese mismo método. Lleva a la persona a que diga la verdad sobre si misma sin que se dé cuenta de que se está condenando a si misma. Por ejemplo, en el caso del fariseo que condena a la mujer considerándola una pecadora (Lucas 7,42-43) y en el caso de la parábola de los dos hijos Mt 21,28-32).

• Mateo 21,42-46: La sentencia dada por ellos mismo es confirmada por su mismo comportamiento. Por medio de la aclaración de Jesús, los sacerdotes, los ancianos y los fariseos entendieron que la parábola hablaba de ellos mismos, pero no se convirtieron. ¡Por el contrario! Mantuvieron su proyecto de matar a Jesús. Rechazaron la “piedra fundamental”. Pero no tuvieron el valor de hacerlo abiertamente, porque temían a la gente.

• Los varios grupos de poder en el tiempo de Jesús. En el evangelio de hoy aparecen algunos de los grupos que, en aquel tiempo, ejercían el poder sobre el pueblo: sacerdotes, ancianos y fariseos. Sigue aquí una breve información sobre el poder da cada uno de estos grupos y de otros:

a) Sacerdotes: Eran los encargados del culto en el Templo. La gente llevaba el diezmo y los otros impuestos y ofertas para pagar sus promesas. El sumo sacerdote ocupaba un lugar muy importante en la vida de la nación, sobre todo después del exilio. Era escogido o nominado entre las tres o cuatro familias aristócratas, que detenían más poder y más riqueza.

b) Ancianos o Jefes del pueblo: Eran los líderes locales en las diversas aldeas y ciudades. Su origen venía de los jefes de las tribús antiguas.

c) Saduceos: Eran la elite laica aristocrática de la sociedad. Muchos de ellos eran ricos comerciantes o latifundistas. Desde el punto de vista religioso eran conservadores. No aceptaban las mudanzas defendidas por los fariseos, como por ejemplo, la fe en la resurrección y en la existencia de los ángeles.

d) Fariseo: Fariseo significa: separado. Ellos luchaban para que, a través de la observancia de la ley de pureza, ¡la gente llegara a ser puro, separado y santo como lo exigían la Ley y la Tradición! Por causa del testimonio ejemplar de su vida dentro de las normas de la época, ellos tenían una lideranza moral muy grande en las aldeas de Galilea.

e) Escribas o doctores de la ley: Eran los encargados de la enseñanza. Dedicaban su vida al estudio de la Ley de Dios y enseñaban a la gente cómo hacer para observar en todo la Ley de Dios. No todos los escribas eran de la misma línea. Algunos estaban unidos a los fariseos, otros a los saduceos.

4) Para la reflexión personal

• ¿Te has sentido alguna vez controlado/a, indebidamente, en casa, en el trabajo, en la iglesia? ¿Cuál ha sido tu reacción? ¿Cómo la de Jesús?
• Si Jesús hoy volviera y contara la misma parábola, ¿cómo reaccionaría yo?

5) Oración final

Señor, como se alzan sobre la tierra los cielos,
igual de grande es su amor con sus adeptos;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros crímenes. (Sal 103,11-12)

Comentario del 22 de marzo

Jesús continúa con su relato parabólico. Esta vez de dirige a la multitud de los judíos, pero no pierde de vista a los «dirigentes» del pueblo, a los sumos sacerdotes, que se encuentran también presentes. Les habla de un propietario que plantó una viña en su terreno, la acondicionó, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para que les entregaran los frutos que le correspondían –el 50 o el 30 por ciento de la cosecha- como propietario de la viña. Pero los labradores reaccionaron de manera violenta apaleando, matando y apedreando a aquellos emisarios. Seguidamente, el dueño les envió a otros criados, porque se creía con derecho a percibir su parte establecida por contrato. Pero con los nuevos criados hicieron lo mismo. Por último, aquel propietario decidió enviarles como emisario a su propio hijo, pensando que a éste le respetarían. Pero no fue así. Aquellos labradores sin escrúpulos, al ver al hijo, pensaron: lo matamos y nos quedamos con la herencia. Y así lo hicieron.

La pregunta que queda latiendo es: Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Los oyentes de la parábola son llamados a intervenir en la acción y le contestan: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos. Probablemente los que dieron esta respuesta eran esos «sumos sacerdotes» que se encontraban entre la multitud. Pero no cayeron en la cuenta de que, en su respuesta, estaban dictando sentencia contra sí mismos; porque Jesús les estaba significando en esos labradores malvados que, con tal de apropiarse de la cosecha que no era suya, estaban dispuesto a cometer todo tipo de atrocidades, a asesinar incluso a los mensajeros del dueño que venían reclamando el fruto preceptivo.

Y es que Jesús estaba describiendo en su parábola la historia del pueblo de Israel, la viña del Señor que le había sido entregada, a modo de arriendo, por Dios a sus dirigentes para que le devolvieran los frutos pertinentes. Dios había implicado a ciertas personas, sus profetas, en esta tarea de reclamación, pero estos habían sido ignorados, despreciados e incluso asesinados. Finalmente envió a su propio Hijo, el relator de la parábola, que, al tiempo del relato, no había sido aún apresado, empujado fuera de la viña y asesinado, pero que lo sería, tal como quedaba plasmado en la misma narración. Su propio desenlace vital formaba parte de esta historia de infidelidad e injusticia escrita por aquellos a quienes les había sido encomendada la viña del Señor, el pueblo elegido.

Cuando oyeron la ‘moraleja’ o conclusión del relato, aquellos sumos sacerdotes y fariseos comprendieron que hablaba de ellos; por eso creció su indignación contra él e intentaron echarle mano, pero no lo hicieron porque temían a esa multitud enfervorizada que le rodeaba y le tenía por profeta. Jesús había dicho: Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos. La «viña del Señor» ya no es simplemente el pueblo elegido, sino la comunidad mesiánica, el Reino de los cielos, que se había dado en arriendo a los que tenían por misión trabajar y cultivar los frutos latentes en esa viña plantada por él mismo. Esos arrendatarios, siendo simples administradores de unos bienes ajenos, han pretendido ilegítimamente hacerle con la propiedad de los mismos para manejarlos a su libre albedrío, adquiriendo sobre ellos un dominio soberano y, por tanto, arrebatándoselos a su dueño y Señor.

Este es quizá el primer pecado de aquellos labradores (=sumos sacerdotes): pretender usurpar a Dios el dominio absoluto que le corresponde en cuanto dueño de su pueblo, de su ley, de sus designios, de sus bienes; para llevar a cabo estos planes se han visto obligados a matar a los enviados de Dios que se han presentado a ellos reclamando los frutos que el Dueño pedía como suyos. Entre esos enviados estará también su propio Hijo, llegado en un último envío para reclamar lo mismo que habían reclamado los profetas anteriores a él: los frutos que Dios espera obtener de lo sembrado por él mismo en la historia de este pueblo que es el suyo, el escogido como aliado. Dado que harán oídos sordos a la reclamación de Dios por medio de su Hijo, silenciando finalmente su voz y arrancándolo de la tierra de los vivos, les será quitado sin ningún miramiento ese Reino que les había sido entregado en cuanto pueblo elegido, para serle dado a otro pueblo y a otros dirigentes que produzcan sus frutos a su tiempo. ¿No hay aquí una profecía del traspaso del Reino al nuevo pueblo de la alianza, al pueblo salido del costado de Cristo?

Pero la historia no ha acabado. Lo mismo que les fue arrebatado al pueblo judío y a sus dirigentes, les puede ser arrebatado de nuevo al pueblo cristiano porque sigue sin dar el fruto que Dios espera de él. Y el pueblo es en gran medida lo que han hecho sus dirigentes de él. De ahí el importante papel de la jerarquía de la Iglesia en la conformación y fructificación de esa Iglesia (resp. pueblo) a cuya cabeza está. Dios nos ha entregado ahora su viña, los bienes del Reino (su palabra, su ley, sus sacramentos, sus consejos, su evangelio, su Espíritu, sus dones salvíficos), para hacerla fructificar con nuestro trabajo. Si pasa el tiempo, llegan los tiempos de la recolección, silenciamos la voz de sus profetas, que Él sigue enviando tras la muerte y resurrección de su Hijo, y seguimos sin dar el fruto esperado, puede que a nosotros se nos quite también el Reino de Dios no sólo como campo de trabajo, sino también como recompensa.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Título VII

Los grados académicos y otros títulos

Artículo 45. § 1. Al final de cada ciclo del plan de estudios, puede conferirse el conveniente grado académico, que debe ser establecido para cada Facultad, teniendo en cuenta la duración del ciclo y las disciplinas en él enseñadas.

§ 2. Por tanto, en los Estatutos de cada Facultad deben determinarse cuidadosamente, según las normas comunes y particulares de la presente Constitución, todos los grados que son conferidos y cuáles condiciones se requieren.

La misa del Domingo

TERCER DOMINGO DE CUARESMA
24 de marzo de 2019
Puerta de entrada a la fe
Una de las palabras más importantes de la cuaresma es la palabra conversión. Si recodáis, en la liturgia del miércoles de ceniza cuando el sacerdote imponía ceniza sobre nuestras cabezas nos decía: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Está claro que la conversión es la puerta de entrada que nos lleva a la fe. Por eso, para los creyentes de todos los tiempos la conversión es un gran deseo porque lleva de manera directa hasta Jesús y su Evangelio, hasta la fe.

Muchas veces tenemos que reconocer que también nosotros, que quizás llevamos muchos años de vida cristiana, tenemos aún en nosotros espacios que necesitan ser tocados por Jesús y su Evangelio. Por eso, podemos entender esta llamada a la conversión que escuchamos en la cuaresma. En este tercer domingo, la liturgia habla de conversión y propone cosechar frutos de misericordia. Porque la conversión si algo nos trae es la misericordia de Dios a nuestra vida y si algo produce en nosotros son frutos de misericordia.

Volver a Dios

Quizás te puedas preguntar en qué consiste la conversión. En rigor convertirse es volver a Dios. Cuando en nuestra vida permitimos que Dios ocupe el lugar que le corresponde en nuestro corazón todas las demás cosas ocupan su lugar, quedan en nosotros menos espacios para odios y rencores, las relaciones se regeneran y el corazón se engrandece.

Si convertirse es volver a Dios, también es dejarse mirar por Dios. “He visto… me he fijado en tus sufrimientos. Voy a bajar a liberarte”. Son palabras fuertes. Hemos escuchado una parte de la historia de Moisés, uno de los grandes profetas de la historia de Israel. Aquel día Moisés estaba cuidando el rebaño de su suegro Jetró, estaba haciendo las faenas del pastor, y, sorprendentemente, siente que Dios viene a su encuentro, tiene una palabra única para él. Aquel encuentro marcó la vida de Moisés. Es posible que todos nosotros recordemos momentos de la vida en los que hemos sentido que Dios ha venido a mí, me ha buscado, ha pronunciado una palabra que ha llegado hasta lo profundo del corazón.

Dar frutos de misericordia

En este domingo el evangelio habla de conversión y propone dar frutos de misericordia. Convertirse es pasar de la frialdad a la misericordia, de la desesperanza a la esperanza, de la infidelidad a la fidelidad.

¿Alguien está esperando de ti apoyo, cercanía, ayuda, compañía? No enfriemos el corazón. Hagamos misericordia. Esta empieza con bien poco, con un pequeño paso, un pequeño gesto. Te confianza en Dios que Él confía en ti. Fíjate como acaba el evangelio: “yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto”. El Señor siempre espera de nosotros frutos de misericordia y, Él mismo, nos va trabajando porque no pierde su confianza en nosotros, aunque a veces nosotros estemos a otras cosas.

El sacramento de la misericordia

En este contexto no es extraño que se nos invite al sacramento de la misericordia, el sacramento de la reconciliación. Dios está siempre dispuesto al perdón. No se cansa de perdonar. Quizás sea bueno que nos acerquemos a su gracia y amor. Es un tiempo oportuno para acercarnos al perdón.

Koldo Gutiérrez, sdb

La misa del Domingo: Misa con niños

DOMINGO III de CUARESMA (C)
“La Samaritana”
24 de marzo de 2019
(Aunque el ciclo C nos propone otro evangelio también permite considerar el del ciclo A. El evangelio de hoy, y los de los dos próximos domingos, eran una preparación inmediata para quienes iban a recibir el bautismo en la Vigilia Pascual: el agua (la samaritana); la luz (el ciego de nacimiento); la vida resucitada (Lázaro). Por lo tanto, se puede dar una cierta unidad a las celebraciones de los tres últimos domingos de Cuaresma.

  • Un signo para la celebración: Un recipiente digno con agua.
  • Se puede bendecir o estar ya bendecida. En un momento de la celebración (cuando se crea oportuno) se puede invitar a que algunos niños y adultos se acerquen hacia el recipiente con agua y, tomando agua en los dedos, hagan la señal de la cruz. Mientras tanto se canta: “El agua del Señor”.
  • Una canción para la celebración: “El agua del Señor” (Kairoi). Para resaltar las palabras del Evangelio: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”).

1. MOTIVACIÓN

Amigos: Siempre hemos tomado el agua como un elemento que da vida a la naturaleza y a las personas. Jesús nos invitará hoy a experimentar “el agua que da Vida”. No te quedes sin participar. Merece la pena entrar en esta celebración que nos acerca más a las personas y a Jesús. Amigos, vamos a celebrar. Comenzamos cantando.

2. CANTO DE ENTRADA

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN (Hoy se puede cantar éste u otro canto de perdón después de que lo hubiera motivado el sacerdote)

Vengo ante ti, mi Señor, reconociendo mi culpa,
con la fe puesta en tu amor, que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón, y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas, quiero llenarme de Ti.

Que tu Espíritu, Señor, abrase todo mi ser,
hazme dócil a tu voz, transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz, transforma mi vida entera.

5. PRIMERA LECTURA (Éxodo 17, 3-7)
Monición: En esta Lectura que vamos a escuchar se explica cómo el agua que Dios da quita la sed y también la sequía del corazón.

Lectura del Libro del Éxodo:

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
– ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo:
– ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
– Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Palabra de Dios

5. SALMO RESPONSORIAL: Se repite o se canta: “Danos un corazón grande para amar”. (Se puede recitar el salmo del día, propuesto en el Leccionario, o cantar una canción apropiada).

6. EVANGELIO (Juan 4, 5-42) “Si conocieras el don de Dios…”

NARRADOR: Lectura del santo evangelio según san Juan. En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dice:

JESÚS: Dame de beber.

NARRADOR: Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dijo:

SAMARITANA: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?

NARRADOR: Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:

JESÚS: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

SAMARITANA: Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

JESÚS: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

SAMARITANA: Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

JESÚS: Créeme, mujer: se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

NARRADOR: Entonces le dijo la samaritana

SAMARITANA: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.

NARRADOR: Y Jesús se dio a conocer diciendo

JESÚS: Soy yo, el que habla contigo

NARRADOR: Palabra del Señor.

7. COMENTARIO

  • El pueblo sediento en el desierto.
  • Dios les da el agua que quita la sed material, pero también les ayuda a “llegar hasta Él”.
  • La sed de la samaritana.
  • La sed de tantas personas de hoy, tantos niños y niñas que “tienen muchas cosas”, pero tienen “sed”.
  • Jesús ayuda a la samaritana a entender que no sólo se trata de quitar la sed material.
  • Él es el agua que da Vida.
  • Los cristianos lo expresamos con el agua del bautismo.

8. GESTO DE HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ

(Se invita a que algunos niños o personas adultas puedan acercarse hasta el recipiente con agua bendecida, tomar agua en los dedos, y hacer la señal de la cruz. Como gesto de aceptar la invitación del agua que Jesús nos da. Durante este momento se puede cantar o escuchar una música apropiada).

El agua del Señor
sanó mi enfermedad,
el agua del Señor Jesús (bis).

El que quiera y tenga sed,
que venga y beba gratis.
El que quiera y tenga sed,
beba el agua de la vida.

El que beba de esta agua
jamás tendrá sed.
El que beba de esta agua
jamás tendrá sed.

9. ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Para que todos los que formamos la Iglesia seamos capaces de llegar hasta la fuente de agua viva, Jesucristo. Roguemos al Señor.
  2. Para que demos a todos el ejemplo de ser personas felices, que viven la vida cristiana y saben ayudar a la gente. Roguemos al Señor.
  3. Para que nadie pase “sed” y hambre en el mundo. Roguemos al Señor.
  4. Para que nos preparemos bien a las fiestas de Pascua, haciendo un camino de conversión a Jesús. Roguemos al Señor.

10. PARA LA VIDA

(Se inculca un compromiso para la semana: Informarse en casa sobre cómo fue el día de tu bautismo).

Dios apuesta por mí (Oración)

DIOS APUESTA POR MÍ

Un día más nos reunimos con Jesús para oír lo que quiere enseñarnos. Antes de escucharle vamos a hacer un poco de silencio por dentro y por fuera de nosotros. Y también vamos a relajarnos poniendo el cuerpo en una postura cómoda y respirando muy hondo tres veces seguidas.

Las cosas que cuenta Jesús son muchas veces muy sencillas, nos habla de amor, de cuidarnos, de ayudarnos, de perdonarnos. Intenta explicar lo mismo con mil ejemplos distintos, como la parábola de hoy.

El texto es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 13, 1-9):

Jesús siempre hablaba con imágenes de la vida diaria. Como muchos de los que le escuchaban eran agricultores, les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña (la higuera es un árbol que da higos, que es un fruto muy rico). Pues ese hombre fue a buscar los frutos de su higuera, y no había dado ni uno. Se enfadó tanto que le dijo a un viñador que trabajaba para él: «Hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno?”

Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Y si no da fruto, entonces la cortas».

Jesús quería que entendieran que Dios es como ese campesino que trabaja en la viña, que siempre intenta darnos otra oportunidad.

¿Qué crees que quiso decir Jesús con el ejemplo de la higuera? Piénsalo un momento con calma. Y te iremos dando unas pistas.

Tal vez yo soy como esa higuera.

Lo tengo todo para dar buenos frutos a los demás.

            Pero a veces me quedo esos buenos frutos para mí.

Y sin embargo Jesús, sigue apostando  por mí, porque me cree capaz de dar lo mejor.

Ya ves, toda esta historia que nos cuenta Jesús sirve para explicar que todos tenemos mucho bueno que dar. Y el Padre Dios siempre espera de nosotros que así lo hagamos, y aunque a veces no queramos dar ese fruto, él nos da otra oportunidad para que lo hagamos.

Sí, porque Dios me ha hecho una alianza, un trato. Nos ha prometido apostar siempre por nosotros y no nos falla, porque su fidelidad es desbordante.

Dios eligió a un pueblo esclavizado, desesperado y en duda.
Él lo nombró como pueblo, y salvó a quienes fueron su futuro.
Rebajó al pueblo fuerte, al pueblo dominador,
acompañó a su pueblo, con él quiso ser Dios.
Yo soy el Señor, libero al débil,
ahora vais a ver Quién es vuestro Dios.
El pueblo falló y la alianza quebró,
la espalda le dio a aquél que tanto le amó.
Pero el amor reventó la tierra y con su hijo con ofreció
nueva Alianza, nuevo camino de liberación.
Dios de la historia,
Dios de la Vida,
Dios de la tierra,
Dios de Verdad.
Dios en la historia,
Dios en la Vida,
Dios tierra y fuego, viento y mar.
Dios en lo humilde,
Dios de pobreza,

Dios desbordante fidelidad.

            Alianza interpretado por Ruah, «15 olas»

Imagina ahora que Jesús, que es el agricultor, explica la parábola y trata de responder acogiendo lo que te dice.

Coloquio del viñador

Yo soy el viñador
(Tú eres el viñador)
Quiero que tú des fruto
(Quieres que yo dé fruto)
Frutos de amor y de bondad
(Frutos de amor y de bondad)
Por eso te cuido (Por eso me cuidas)
Y siempre te cuidaré (Y siempre me cuidarás)

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 22 de marzo

La viña del Señor y sus frutos

La parábola de la viña expresa el amor, la fidelidad y el cuidado de Dios hacia el pueblo elegido, y la contumaz infidelidad de este último. Dios es el que ha creado a este pueblo, lo ha liberado, le ha propuesto una alianza de amor; pese a las infidelidades no ha dejado de enviarle emisarios, los profetas, que han hablado en nombre de Dios y han exhortado a renovar la alianza. Aunque con excepciones, el pueblo y sus dirigentes, han desoído una y otra vez esas llamadas, se han revuelto contra los enviados, los han despreciado, perseguido, matado. Cuando Jesús llega al cénit de su narración: “Por último les mandó a su hijo”, ya no habla del pasado: él es el hijo enviado por Dios como último recurso y como extrema expresión de su amor hacia su viña. Y la reacción de los labradores es una profecía de la de los sacerdotes y ancianos contra él.

Con su denuncia, Jesús les dirige una última llamada a ser fieles y a cumplir con su misión. Porque la elección no es un privilegio, sino un servicio sacerdotal, de mediación entre Dios y la humanidad. Igual que una viña no da frutos para sí, sino que los ofrece a todos, así los que Dios espera de Israel son frutos de santidad, justicia y salvación ofrecidos a todos los hombres sin excepción.

El fracaso de Israel, que rechaza a Jesús como Mesías y lo conduce a la cruz, pone de manifiesto el poder y la providencia de Dios, que no manipula la historia, pero sabe sacar bien del mal, vida de la muerte. Así, la infidelidad de Israel es ocasión para la apertura universal de la revelación bíblica, entregada a otro pueblo que produzca frutos, fundado sobre Jesucristo, la piedra desechada por los arquitectos, y convertida en piedra angular. Ese pueblo es la Iglesia, depositaria de una nueva alianza, que no pasará ya nunca, precisamente porque su fundamento es el mismo Cristo.

Ahora bien, la conciencia de ser el nuevo pueblo de Dios, y de que el vínculo que nos une con él no será revocado jamás, no debe hacernos olvidar que se trata también de una vocación sacerdotal, de mediación y de servicio. Hemos sido llamados a la viña del Señor no para holgar, sino para trabajar en ella, y para producir frutos de buenas obras, de santidad, de paz, de fraternidad y de justicia, y para ofrecer esos frutos a toda la humanidad, invitando sin coacción a quien quiera a unirse en este trabajo, a Cristo como los sarmientos a la vid (cf. Jn 15 1-6). Ser cristiano consiste en asumir una actitud de servicio y apertura.

En esta tarea que Jesús nos confía tenemos que tener una conciencia lúcida de nuestra debilidad, del peligro de ser infieles, como Israel. Sabiendo que la nueva alianza es definitiva, si nosotros no respondemos a la llamada de Dios con fidelidad, ¿dónde quedará la esperanza de la humanidad? ¿Quién salará la sal desvirtuada? (cf. Mt 5, 13). Lo que Jesús les dice hoy a los sumos sacerdotes y a los ancianos, nos lo dice también a nosotros. Nos invita a examinarnos del peligro de pretender hacernos dueños de la viña, de hacer de ella un coto cerrado, de ser incapaces de reconocer a los criados que Dios nos envía, los profetas de nuestro tiempo por medio de los cuales nos habla Dios.

El Evangelio de hoy es una dramática llamada de atención a todos los cristianos a salir de la modorra, a tratar de responder con fidelidad a la llamada de Dios, para poder dar frutos de santidad para la vida del mundo.

José María Vegas, cmf