Viernes II de Cuaresma

Hoy es 22 de marzo, viernes II de Cuaresma.

Porque sigo viviendo con prisas, porque muchas veces no consigo hacer silencio, porque el ruido de mi día a día no me deja tantas veces escuchar tu voz. Por eso, necesito que seas tú, Señor, el que ora en mí. Envíame tu Espíritu para que él me guíe en este rato de oración, para que él acalle mis ruidos y me permita centrarme solo en ti.

La lectura de hoy es del libro del Génesis (Gen 37, 3-28):

José era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José: «Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos.»

José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: «Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños.» Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: «No le quitemos la vida.» Y añadió: «No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él.» Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre.

Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: «¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra.» Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas. Éstos se llevaron a José a Egipto.

La historia de José y sus hermanos es una historia de pecado, de envidia y de avaricia. No es tolerada la suerte de José ni la preferencia de su padre. ¿Hay cerca de mí historias de avaricia, de envidias o de venganzas? ¿Y en mí?

El conflicto no lleva a su muerte porque José es reconocido como hermano nuestro y carne nuestra por sus hermanos. ¿Se mira así a los demás en el mundo de hoy? ¿Es esa mi mirada hacia los otros?

José era de los más pequeños y concebido en la vejez de Israel. Era, por tanto, el último, el más débil. Por eso era su preferido. Dios actúa del mismo modo, con un cierto amor preferente por los últimos, los marginados, los más débiles. ¿Soy capaz de mirar de la misma manera que Dios, o me genera recelos?

Mientras leo de nuevo la lectura, voy a dejarme interpelar por ella. Voy a meterme en la historia y a ser parte de ella. ¿Qué personaje me identifica mejor? ¿Por qué?

Sigue habiendo soñadores

…Y ahí seguimos, Señor, en un mundo donde las envidias, la incomprensión y el odio siguen existiendo. Donde hermanos siguen despojando a hermanos, arrebatándoles la alegría, la esperanza, la dignidad…

Donde hay soñadores que sueñan con un futuro mejor, y adivinan las posibilidades escritas en la entraña del mundo. Pero molestan por la belleza de sus sueños.

Hay pozos vacíos donde se encierra a los que nada tienen. Veinte monedas sirven para vender a un hermano, para prostituir a una cría, para exigir un peaje por pasar una frontera, para manipular al que nada tiene…

Pero también hay gente como Rubén, que intercede por el hermano golpeado. Quizás sin demasiada fuerza, pero al menos lo intentan.

Sigue habiendo ancianos que aman a sus hijos, e hijos que aman a sus padres.

¡Señor! en este mundo turbulento, danos lucidez para ponernos del lado del amor.

 (Rezandovoy)

El mundo está triste, herido y sangrando, todo parece acabar.
Ya no hay más esperanza, no se ve una sonrisa, una flor, algún cantar.
Mas cuando el brillo del día irrumpe en las nubes
viene un sueño feliz, el despertar.

Cuando los lazos de amor me abrazan, me conducen a Dios
yo siento en mi la esperanza que me eleva y me pone de pie.
Y es cuando me abro a su fuerza que todo lo puede…
dejo atrás el temor, me pongo a andar.

Hay que dejar que lo nuevo despierte, soltar la ilusión
que nos engaña, encandila, brilla, explota como pompas de jabón.
Y armarse de nuevas certezas, amarse con toda ternura,
y entregarse al amor que sólo Dios sabe dar.
Y armarse de nuevas certezas, amarse con toda ternura,
y entregarse al amor que sólo Dios sabe dar.

Cuando encontramos el mismo camino nace el pueblo de Dios,
que de noche va peregrino, cantando con fe.
Y nada detiene el deseo de ir paso a paso
buscando al Señor, el reino de Dios.

Lazos de amor (Quando do amor os arroubos) de Casimiro Irala, sj (letra). Marcelo Richtman (Música) interpretado por Cristóbal Fones, «Ite inflamate omnia»

Termino mi rato de oración hablando con Dios Padre. Teniendo de fondo las avaricias presentes en el mundo y a mi alrededor. Le cuento los sentimientos que me nacen ante un mundo así y le presento, a modo de petición, lo que intuyo que mi mundo y yo necesitamos.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.