Vísperas – Viernes III de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES III CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

SALMO 134

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: St 5, 16. 19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

PRECES

Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle:

Compadécete, Señor, de tu pueblo

  • Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza,
    — para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.
  • Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio;
    — y dando testimonio de el por su fe, esperanza y caridad.
  • Conforta, Señor, a los que están tristes,
    — y danos a nosotros el deseo de consolar a nuestros hermanos.
  • Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos,
    — para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos
    — y dales parte en tu gloriosa resurrección.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 29 de marzo

Tiempo de Cuaresma

1) Oración inicial

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 12,28b-34

Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

3) Reflexión

• En el Evangelio de hoy (Mc 12,28b-34), los escribas y los doctores quieren saber de Jesús cuál es el mayor mandamiento. Hoy también mucha gente quiere saber qué es lo más importante en la religión. Algunos dicen: ser bautizados. Otros: la oración. Otros dicen: ir a Misa o participar en el culto del domingo. Otros: amar al prójimo y luchar por un mundo más justo. Otros se preocupan sólo de las apariencias y de los cargos de la iglesia.

• Marco 12,28: La pregunta del doctor de la Ley. Poco antes de la pregunta del escriba, la discusión había sido con los saduceos entorno a la fe en la resurrección (Mc 12,23-27). Al doctor, que había asistido al debate, le había gustado la respuesta de Jesús, y había percibido en él una gran inteligencia. Quiso aprovechar la ocasión para plantear una pregunta y recibir una aclaración: “¿Cuál es el mayor de todos los mandamientos?” En aquel tiempo, los judíos tenían una gran cantidad de normas para reglamentar la práctica y la observancia de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Algunos decían: “Todas estas normas tienen el mismo valor, pues vienen todas de Dios. No nos compite introducir distinciones en las cosas de Dios”. Otros decía: “¡Algunas leyes son más importantes que otras y, por ello, obligan más!” El doctor quiere saber la opinión de Jesús.

• Marcos 12,29-31: La respuesta de Jesús. Jesús responde citando un pasaje de la Biblia para decir que el mandamiento mayor es “¡amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con toda la fuerza!” (Dt 6,4-5). En el tiempo de Jesús, los judíos piadosos recitaban esta frase tres veces al día: por la mañana, a medio día y por la noche. Era tan conocida entre ellos como entre nosotros el Padre Nuestro. Y Jesús añade, citando de nuevo la Biblia: “El segundo es éste: ‘Amarás tu prójimo como a ti mismo’ (Lev 19,18). No existe otro mandamiento mayor que estos dos”. Respuesta breve y ¡muy profunda! Es el resumen de todo lo que Jesús ha enseñado sobre Dios y sobre la vida (Mt 7,12).

• Marcos 12,32-33: La respuesta del doctor de la ley. El doctor concuerda con Jesús y concluye: “Sí, amar a Dios y amar al prójimo es mucho más importante que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Es decir, el mandamiento del amor es más importante que los mandamientos relacionados con el culto y los sacrificios del Templo. Esta afirmación viene de los profetas del Antiguo Testamento (Os 6,6; Sal 40,6-8; Sal 51,16-17). Hoy diríamos que la práctica del amor es más importante que las novenas, las promesas, las misas, los rezos y las procesiones.

• Marcos 12,34: El resumen del Reino Jesús confirma la conclusión del doctor y dice: “¡No estás lejos del Reino de Dios!” De hecho, el Reino de Dios consiste en unir los dos amores: amor a Dios y amor al prójimo. Pues si Dios es Padre/Madre, nosotros todos somos hermanos y hermanas, y tenemos que mostrarlo en la práctica, viviendo en comunidad. «¡De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas!» (Mt 22,40) Los discípulos y las discípulas tienen que ponerse en la memoria, en la inteligencia, en el corazón, en las manos y en los pies esta ley mayor, pues no se llega a Dios de no ser a través la entrega total al prójimo.

• Jesús había dicho al doctor de la Ley: «¡No estás lejos del Reino!» (Mc 12,34). El doctor ya estaba cerca, pero para poder entrar en el Reino tenía que dar un paso más. En el AT el criterio del amor al prójimo era: “Amar el prójimo como a sí mismo”. En el NT, Jesús ensancha el sentido del amor: “¡Este s mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado! (Jn 15,12-13). Ahora el criterio será: “¡Amar al prójimo como Jesús nos amó!”. Es el camino seguro para llegar a una convivencia más justa y más fraterna.

4) Para la reflexión personal

• Para ti, ¿qué es lo más importante en la religión?
• Nosotros hoy, ¿estamos más cerca o más lejos del Reino de Dios del doctor que fue elogiado por Jesús? ¿Qué piensas?

5) Oración final

Señor, ningún dios como tú,
no hay obras como las tuyas;
pues eres grande y haces maravillas,
tú solo eres Dios. (Sal 86,8.10)

Comentario del 29 de marzo

En cierta ocasión, nos dice el evangelista, se acercó a Jesús un letrado con una pregunta que no parece escondiera ninguna intención aviesa: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Evidentemente, no se trata de «primero» en el orden expositivo, sino en el orden estimativo: el primero en importancia; el primero por ser aquel que debe ser tenido más en cuenta o que sostiene todos los demás. Probablemente era una cuestión planteada en las discusiones escolares mantenidas por los rabinos.

La respuesta de Jesús es en sus comienzos la que cabía esperar de un rabino familiarizado con los escritos de la Ley (Pentateuco): El primero es: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». A esta formulación deuteronómica del primer mandamiento, tomada en su literalidad, añade: El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que éstos. Para un judío, nada es más importante que Dios. Por eso el primer mandamiento para el que forma parte del pueblo de Dios es el reconocimiento de este Dios como único Señor; y en cuanto único debe ser apreciado y amado de manera única, por encima de todo y con todo nuestro ser, alma, mente y corazón.

Jesús también reconoce la primacía de Dios y coincide con el Deuteronomio en calificar este mandamiento como primero. Pero hay un segundo mandamiento que, siendo segundo, es equiparable al primero en importancia; ningún otro mandamiento es mayor que estos dos. En realidad, están tan estrechamente unidos que constituyen las dos caras de la misma moneda. El segundo mandamiento también consiste en «amar», pero el destinatario de este amor no es ahora Dios, sino el prójimo, un igual en naturaleza. En su formulación, Jesús ofrece, siguiendo el dictado de la antigua regla de oro, la medida del amor al prójimo: como a ti mismo. Desear para el prójimo el bien que deseamos para nosotros mismos es una buena medida, aunque pueda estar expuesta al error, dado que podemos confundir un bien con un mal. Por eso en otros lugares se nos ofrecerá una medida superior: como yo os he amado: Amaos unos a otros como yo os he amado. Esta es la medida suprema del amor: como Cristo nos ha amado (y nos ama), que es el mejor reflejo del amor de Dios en la tierra.

Amar es un verbo en activa que implica acción: la acción de dar y de darse en bien de los demás. El que ama busca el bien de la persona amada. Supone, por tanto, una actitud benevolente y benéfica que debe traducirse en obras o en actos; sólo éstos demuestran la verdad o la seriedad de las actitudes. Al prójimo amado y necesitado le podemos colmar de bienes materiales o tangibles (comida, vestido, vivienda, dinero) y espirituales o intangibles (¿) –educación, consuelo, afecto, apoyo, ánimo, perdón, esperanza-; pero a Dios, ¿con qué bienes le podemos enriquecer?, ¿qué le podemos dar que no hayamos recibido antes de Él?, ¿en qué modo le podemos demostrar nuestro amor?

Es evidente que en cuanto «Perfecto» Dios no necesita nada de nosotros. Sólo podemos demostrarle nuestro amor reconociéndole como lo que es respecto de nosotros, reconociéndole como único Señor. Eso debe generar en nosotros actitudes de adoración y de alabanza; pero también de obediencia amorosa. No se trata sólo de decir «Señor, Señor», sino de cumplir su voluntad; en definitiva, porque reconocemos en esa voluntad una voluntad benéfica, que quiere el bien para sus criaturas y sus hijos, pues se trata de la voluntad de un Padre que es suprema bondad. En relación con Dios «amar» es esencialmente dejarse amar o dejarse fecundar por el amor de Dios; y así, fecundados, amaremos todo lo que Dios ama, al mismo Dios y a cualquiera de sus criaturas que son hechura de sus manos, especialmente a esas criaturas que conservan la «imagen y la semejanza de Dios» en sí mismas y que han sido elevadas a la dignidad de hijos. En último término, amar a Dios es amar «desde Dios» todo lo que Dios ama.

Cuando el letrado oyó la respuesta de Jesús, contestó dando su aprobación: Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es único y no hay otro más que él y hay que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Al parecer, aquel letrado había entendido muy bien el valor que Jesús concedía al amor al prójimo, tanto que lo situaba por encima de las mismas ofrendas –holocaustos y sacrificios- presentadas a Dios. Esto no significaba hacer del primer mandamiento (el amor a Dios) segundo y del segundo (el amor al prójimo) primero; pero sí hacer del amor (tanto a Dios como al prójimo) algo más valioso que esos actos de culto –hechos de sacrificios- que podían estar fácilmente faltos de amor y, por tanto, vacíos.

La expresión del letrado, que le hace decir a Jesucristo: No estás lejos del Reino de Dios, puesto que muestra tener una mentalidad muy próxima a la suya, no dista de aquella otra: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos. Y la misericordia sólo se puede tener con el prójimo –es, por tanto, amor al prójimo-; Dios carece de miserias para poder tener misericordia de Él. Luego Dios manifiesta tener más aprecio por la misericordia con que remediamos las miserias de nuestros hermanos que por los sacrificios que podamos ofrecerle a Él. Y si le agradan nuestros sacrificios, como le agradó el sacrificio de su Hijo, es porque son expresión de amor (y obediencia) y porque son fuente de misericordia para con nuestro prójimo. Pensar así es comulgar con el pensamiento de Cristo; es «no estar lejos del Reino de los cielos», y ello a pesar de no ser, como aquel letrado, todavía cristiano. Pero nosotros lo somos, al menos porque hemos recibido el bautismo; no obstante, hemos de preguntarnos si en nuestro modo de pensar estamos «cerca o lejos» de Jesucristo que es estar cerca o lejos del Reino de los cielos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

La misa del Domingo

DOMINGO IV de CUARESMA (C)
31 de marzo de 2019

 

Introducción

Uno de los problemas que puede tener el evangelio de este domingo es que nos suena tan conocido… Ya nos sabemos la moraleja, nos hemos aprendido el mensaje. Nuestra capacidad de asombro está muy mermada porque ya nos sabemos lo que va a pasar… Pero en el fondo estamos un poco fuera como el hijo mayor, fuera del corazón del padre. Por tanto, esta parábola es una excelente síntesis de lo que significa el Evangelio: una Buena Noticia para todos los hombres, especialmente para aquellos que están más perdidos.

El hijo pródigo

El hijo menor busca independizarse, romper con su familia, dilapidar la herencia… “Padre, dame…” que me voy de aquí… Quiere experimentar la libertad, abandonar el yugo paterno. Se marcha y dilapida la fortuna de su padre. El dinero se acaba y, con él, se acaban los amigos y las amistades. Ya no necesitan de él. Le dejan como él dejo a su padre: triste y solo. Busca trabajo y se dedica a cuidar cerdos, animal impuro para los judíos. Esta era la libertad que iba a disfrutar al abandonar su casa. Ha tocado fondo. Mira dentro y se decide a volver a casa y pedir perdón Esa palabra llena de esperanza su corazón y le devuelve a los días felices. Cuando el padre lo ve de lejos se acerca corriendo. Un abrazo incondicional y ropa limpia, fiesta, anillo… ¡Estás en casa! El amor del padre vuelve a hacer nuevas todas las cosas.

El hijo mayor

Siempre había vivido en casa, pero –quizás– nunca se había sentido en casa. Tal vez el trabajo, las normas sin corazón no son suficientes para estar en casa, para sentirse hijo y hermano. Cuando se dirige a su padre ofuscado le dice «tu hijo», no «mi hermano»; no quiere tener nada que ver con este hermano. La envidia el resentimiento aparecen en su corazón y hacen difícil que el reencuentro sea pleno. Se autoexcluye de la fiesta porque no es capaz de perdonar y amar a su hermano.

Conclusiones

Los dos hijos son pecadores. Uno lo sabe y vuelve arrepentido. El otro no lo reconoce y no cambia su actitud. Dios viene para todos, sale al encuentro de ambos, para el que lo sabe y el que no lo sabe. Llama la atención el corazón inmenso del padre que busca acoger a los dos. Así es el corazón de Dios.

Los dos usan la libertad para alejarse de Dios, para romper con Él. El hermano pequeño se marcha fuera, lejos. El mayor se queda en la casa, pero no ha entrado nunca porque no se ha sentido hijo. No entiende el amor del padre.

En este camino de Cuaresma este evangelio es una invitación a renovar nuestras ganas de amar como Dios. Sin límites, sin exclusiones. Asombrados ante el amor de Dios.

Sergio Huerta Moyano, sdb

La misa del Domingo: misa con niños

DOMINGO IV de CUARESMA (C)
“El hijo pródigo”

31 de marzo de 2019

(El evangelio de hoy, la Parábola del hijo pródigo, nos sitúa en el corazón de la cuaresma y en sintonía con los grandes mensajes de este tiempo: el bautismo, el perdón, la luz. Puede ser una buena ocasión para motivar alguna celebración de la penitencia que se vaya a tener en la parroquia o en el colegio.

• Un signo para la celebración: El cuadro del “Hijo Pródigo”, de Rembrandt, con la explicación que se presta para el momento de la homilía. También se puede emplear el signo de un anillo hermoso, llamativo… que se coloca al niño o al joven cuando ha vuelto a casa.

• Una canción para la celebración: “Vuelvo ante ti, mi Señor”. “Ilumíname, Señor, con tu Espíritu”).

1. MOTIVACIÓN

Amigos: Vamos avanzando en nuestro camino hacia la Pascua, ya falta menos para que, como cristianos, celebremos la fiesta de Pascua, la Resurrección de Jesús. Seguro que has experimentado alguna vez la alegría del perdón, cuando en casa o un amigo te han perdonado. De esto se nos va a hablar en el evangelio: el hijo que se marcha de casa y vuelve arrepentido. Amigos, vamos a celebrar. Vamos a participar.

2. CANTO DE ENTRADA y PROCESIÓN

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN

1. A ti, Padre bueno, te decimos: Señor, ten piedad.
2. A ti, Padre, que nos amas, te decimos: Cristo, ten piedad.
3. A ti, Padre, que no nos dejas solos, te decimos: Señor, ten piedad.

5. PRIMERA LECTURA (Corintios5,17-21)

Lectura de la segunda Carta del apóstol san Pablo a los Corintios:

Hermanos: El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos ha reconciliado consigo y nos encargó el servicio de reconciliar. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado, Dios le hizo expiar nuestros pecados para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

Palabra de Dios.

6. CANTO: “Vengo ante ti, mi Señor”

Vengo ante ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa,

con la fe puesta en tu amor,
que tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,

despojado de mis cosas,
quiero llenarme de ti.

Que tu espíritu, Señor,
abrase todo mi ser,
hazme dócil a tu voz,

transforma mi vida entera.
Hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

7. EVANGELIO (Lucas 15, 1-3. 11-32) “Me levantaré, iré a la casa de mi padre”

Lectura del santo evangelio según san Lucas:

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola:

Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde”. Y el padre les repartió la hacienda.

Pasados unos días, el hijo menor se fue a un país lejano y malgastó todo su dinero. Entonces vino un hambre terrible en aquella tierra y empezó a pasar necesidad. El hijo pequeño pensó:

“Me levantaré, iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros”.

Con estos sentimientos se puso en camino hacia la casa de su padre. Estando todavía lejos, lo vio su padre y, emocionado, corrió a abrazarle y le besó con mucho cariño.

El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a los criados: “Sacad el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado”.

Palabra del Señor.

8. COMENTARIO

• Se puede explicar y comentar el cuadro de “El regreso del Hijo Pródigo”.
• Las actitudes del hijo pequeño y el padre: orgullo y bondad.
• ¿Conoces algún hecho parecido a tu alrededor, en el colegio, en la calle?
• Nuestra actitud: nos alejamos, pero Dios espera.
• Este gesto en cuaresma: el sacramento del perdón.
• El símbolo de un anillo bonito: Dios siempre nos quiere como hijos y nos quiere con vestidos de fiesta.

9. ORACION DE FIELES. PETICIONES

1. Por el Papa y nuestros Obispos, para que nos ayuden a ver la vida con la luz de Jesús. Roguemos al Señor.

2. Por los niños y niñas que no han conocido la alegría del perdón que Jesús les puede dar. Roguemos al Señor.

3. Por nuestros familiares y amigos que todavía andan sin luz, buscando el camino. Roguemos al Señor.

4. Por los jóvenes que sienten dentro la llamada de la vocación, para que sean valientes en seguir esa llamada. Roguemos al Señor.

10. ACCIÓN DE GRACIAS: “Ilumíname, Señor, con tu Espíritu”

Ilumíname, Señor, con tu Espíritu,
transfórmame, Señor, con tu Espíritu,
ilumíname, Señor, con tu Espíritu,
ilumíname y transfórmame, Señor.

Y déjame sentir el fuego de tu amor
aquí en mi corazón, Señor.

Y déjame sentir el fuego de tu amor
aquí en mi corazón, Señor.

Resucítame, Señor, con tu Espíritu,
Conviérteme, Señor, con tu Espíritu,
Resucítame, Señor, con tu Espíritu,
Resucítame y conviérteme, Señor.

Fortaléceme, Señor, con tu Espíritu,
consuélame, Señor, con tu Espíritu,
fortaléceme, Señor, con tu Espíritu,
fortaléceme y consuélame, Señor.

11. PARA LA VIDA

(Se inculca el compromiso para la semana: Rezar a Dios, que es un Padre bueno, diciendo “Padre Nuestro”).

Iñaki Lete, sdb

El abrazo de Dios (Oración)

EL ABRAZO DE DIOS

Padre, siempre que hablo contigo, me haces sentir mejor. Pero hoy es especial. Por eso abro mi corazón y mis sentidos para sentir entender bien lo que significa el regalo de este día, el perdón. Creo que hoy podré sentir, como nunca, tu abrazo, porque me encantan los abrazos.

Todos hemos perdonado y pedido perdón, pero a veces, no entendemos bien lo que significa perdonar. De eso nos habla hoy Jesús con un ejemplo muy sencillo.

El texto es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 15, 1-3.11-32):

Jesús les contó esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el más pequeño era un poco caprichoso y un día le dijo a su padre: “Papá, dame la parte que me toca de la herencia”. Porque no quería esperar a que su padre muriera para disfrutar de tanto dinero y pasarlo bien gastándoselo. Así que el padre le dio a cada uno su parte.

Pocos días después, el hijo pequeño reunió lo que le correspondía, se marchó a un país lejano y se lo gastó todo en juergas, diversiones y todos los caprichos que se le ocurrieron.

Y ni siquiera escribía a casa para contar cómo estaba. Y como en esos tiempos no había teléfonos, su padre estaba muy triste sin saber nada de él. Entonces llegó una época de crisis, y mucha gente pasaba hambre. Y como a él se le había acabado el dinero, empezó a sufrir necesidad. Pidió trabajo a un señor de aquel país y estuvo cuidando sus cerdos. Pero le pagaban poquísimo. Y pasaba tanta hambre que le entraban ganas de llenarse el estómago de lo que comían los cerdos.
Pensó un poco y se dijo: “Los trabajadores de mi padre tienen qué comer mientras yo aquí me muero de hambre. Volveré a casa y le pediré a mi padre que por lo menos me admita para trabajar en su casa. Le diré: ‘Papá, me he equivocado. Te pido perdón y pido perdón a Dios. No he sido un buen hijo. Considérame como a uno de tus trabajadores’”. Entonces inició el camino de regreso.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se puso a llorar de alegría, porque había estado preocupadísimo por él todo ese tiempo. Echó a correr, lo abrazó y lo llenó de besos. Su hijo le dijo: “Papá, te pido perdón y pido perdón a Dios. He sido un mal hijo”.

Pero el padre dijo a sus empleados: «Vestidlo con el mejor de los trajes; y organizaremos una buena cena, porque este hijo mío estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando volvió a casa y oyó la música y el baile, preguntó qué pasaba. Uno de los trabajadores le dijo: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre está celebrando una fiesta porque tu hermano pequeño ha vuelto a casa”. Él se enfadó mucho y no quería entrar, así que su padre salió a hablar con él a ver qué pasaba. Él le dijo a su padre: “Siempre he hecho lo que me has pedido y nunca me has organizado una fiesta con mis amigos. Sin embargo, a este caradura que ha malgastado tu dinero le has organizado un gran banquete”.

El padre le dijo: “Hijo, ¿no te das cuenta de que tú estás todos los días conmigo y todo lo mío es tuyo? Anda, alégrate porque tu hermano se había perdido y lo hemos encontrado”».

Pienso en esta historia, en el padre y sus hijos. Mientras escucho el canto y le pido a Jesús que nos abrace.

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
Perdona nuestras sombras.
Ten piedad, Señor. Señor, ten piedad,

(Tú has venido a salvarnos).
Señor, ten piedad.
(A curar las heridas)
Perdona nuestras sombras.
(Transformar en latidos)
Ten piedad, Señor.
(Piedras del corazón)

Cristo,
(Tú no apagas la llama que tiembla,)
Cristo,
(Tú no rompes la rama torcida.)
Perdona nuestras sombras.
(Siempre tiendes la mano)
Ten piedad, Cristo
(Al que quiere volver.)

Señor, ten piedad,
Señor, ten piedad.
Tú siempre nos perdonas,
Ten piedad, Señor.

Señor, ten piedad,
(Tú sales al encuentro)
Señor, ten piedad.
(Nos regalas tu abrazo)
Perdona nuestras sombras.
(Una fiesta de nuevo)
Ten piedad, Señor.
(Y volver a empezar)
Señor, ten piedad.

Ten piedad de Toño Casado interpretado por Coro Salesianos, «Misa joven 1. De otra manera.» 

Me sorprende la actitud del padre que no regaña ni castiga a su hijo por lo que hace. Supongo que me podrás perdonar, pero cuando sé que he hecho algo más me gustaría que me abrazaran sin pedirme cuentas de nada.

Claro, algunas veces nos equivocamos, como el hijo menor y otras somos como el hijo mayor, que está ciego de envidia y sólo quiere que cada uno tenga su merecido. Pero todos nos equivocamos y para eso está el perdón, que nos libera y nos acerca de nuevo al padre.

Esto me recuerda a cuando mis padres me perdonan. Me siento tan aliviado. Está claro que el hijo menor se portó mal, pero el padre no se fija en eso. Ni siquiera le pide explicaciones. Sólo espera  con los brazos abiertos como si no hubiera pasado nada.

Es verdad, Jesús quiere que nos fijemos en eso. Nos habla de la palabra PERDÓN, con mayúsculas. De lo que es perdonar con la cabeza y con el corazón. Porque Dios vuelve a abrazar siempre que lo necesites.

Hoy me quedo con el abrazo de Dios Padre. Ese abrazo calentito y especial que me da. Cada vez que me cueste pedir perdón, desearé, con todas mis fuerzas ese abrazo. Entonces sabré lo que tengo que hacer. Gracias Padre.

Padre bueno, a veces hago cosas que no están bien. En el momento no me doy cuenta, o me doy cuenta pero las hago igual. Tú me perdonas y me abrazas, Jesús.

Después me arrepiento y quiero cambiar. Siento que me equivoqué. Hay algo dentro de mí que me dice lo que está bien y lo que está mal. Tú me perdonas y me abrazas, Jesús.

Seguro que es tu voz que siento tan cercana. Ayúdame a cambiar y que otra vez no me equivoque como hoy. Tú me perdonas y me abrazas, Jesús.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Comentario al evangelio – 29 de marzo

El encuentro con este hombre de buena voluntad, doctor de la Ley,  y sobre todo buscador de la verdad, fue para Jesús una gran alegría. ¡Lo vio tan cerca del reino de Dios!

También en los tiempos  de Jesús había una seria preocupación por conocer en concreto la voluntad de Dios, pues un número exagerado de disposiciones y normas impedía ver con claridad lo que era realmente importante y decisivo para encontrarse con el Dios del cielo.

La respuesta de Jesús se caracteriza por la claridad con que reconoce el buen deseo de este doctor de la Ley. Ha sabido unir el amor a Dios y el amor al prójimo. Jesús reforzará esta afirmación.  Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo, y sólo cuando amamos de verdad al prójimo demostramos que es verdadero nuestro amor a Dios nuestro Padre.

Los santos nos enseñan con su vida y ejemplos esta verdad tan maravillosa del evangelio.

Decía santa Teresa de Calcuta:

«Yo creo en la relación de persona a persona. Para querer a una persona, hay que acercarse a ella. Si esperamos  tener un buen número de personas, nos perdemos en los números. Cada persona para mi es Cristo, y puesto que hay un único Jesús, la persona que tengo delante  es para mí la única persona en el mundo en aquel momento.

Además, como no podemos ver a Cristo, no podemos expresar nuestro amor por Él.

Pero al vecino podemos verle y podemos hacer por él lo que haríamos por Cristo si le viéramos.

Por eso para que nuestro trabajo sea fructífero y hermoso debemos hacerlo con mucha fe.

Con fe en Cristo que nos dice: «Tenía hambre, estaba desnudo, enfermo, sin casa, era extranjero… y me ayudaste”.

Carlos Latorre, cmf