Comentario al evangelio – 30 de marzo

La parábola que acabamos de escuchar en el evangelio de hoy contrapone a dos personas muy diferentes: uno, llamado fariseo, piensa  que tiene ganada la salvación por su propio esfuerzo; el otro, llamado publicano, reconoce su condición de pecador y pide a Dios la gracia del perdón.

El fariseo le recuerda a Dios todas las cosas buenas que hace y le pide  la paga. Y de paso desprecia al publicano, porque lo considera un hombre malo y se siente mucho mejor que él. Él no necesita nada de Dios y menos el perdón. El orgullo y la vanidad se han apoderado de su corazón: se cree bueno, pero está podrido.
Jesús desenmascara esta actitud y abiertamente declara que toda persona que delante de Dios se siente necesitada de amor y de compasión, vuelve a su casa perdonada. Pero el que se cree mejor que los demás y los desprecia, carga con el pecado más grave de todos.

En este tiempo de Cuaresma el Señor nos invita una y otra vez a acercarnos a Él con verdadero sentimiento de dolor por nuestras culpas y pecados –dice el evangelio que el publicano no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios ten compasión de mí porque soy un pecador”.

Las vidas de los santos nos ofrecen ejemplos maravillosos de arrepentimiento y conversión a Dios de verdad. Recordemos la oración de San Agustín: «Tarde te amé, hermosura tan antigua, y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba yo, y me arrojaba sobre esas cosas y personas que tú creaste tan bellas. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me mantenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Llamaste y gritaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia, la respiré y suspiro por ti; te gusté y tengo hambre y sed de ti; me tocaste el corazón y me abrasé en tu amor».

San Agustín encontró a Dios y durante toda su vida experimentó su presencia. Fue el encuentro con la Persona de Jesús el que cambió su vida, como cambia la de cuantos, hombres y mujeres, en cualquier tiempo y lugar de esta tierra, tienen la gracia de encontrarse con Él. Pidamos al Señor que nos dé esta gracia y nos haga encontrar así su paz y su alegría.

Carlos Latorre, cmf

Sábado III de Cuaresma

Hoy es 30 de marzo, sábado III de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 18, 9-14):

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: – «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.» El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.» Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Con la voz potente de los profetas, en este caso de Oseas, se repite el mensaje central de la Cuaresma. Dios está dispuesto a dejarse llevar por la misericordia y perdonar siempre.

Con frecuencia, el pueblo judío rompió la alianza que había sellado con Dios de seguirle y tenerle como su único Dios y Señor. La verdad es que, demasiadas veces, se fue detrás de otros dioses. Las promesas y la misericordia de muchos del pueblo judío, son débiles, pasajeras, “como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora”. Pero bien saben ellos que la misericordia de Dios no es así, sino que es eterna, para siempre y que nunca Dios permanece en su enfado. Por eso, se atreven a decir: “¡Ea, volvamos al Señor! Él nos desgarró, él nos curará; él nos hirió, él nos vendará. En dos días nos sanará, al tercero nos resucitará y viviremos delante de él”. Tienen la seguridad de obtener el perdón de Dios, el que afirma: “Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Jesús, cuando se llegó hasta nosotros, y como no podía ser de otra manera, siguió el comportamiento de su Padre Dios. Siempre perdonó y acogió a todo el que arrepentido se acercaba a él… y nos pidió que nosotros hiciésemos otro tanto, siendo capaces de perdonar a nuestros ofensores “hasta setenta veces siete”. Dios es amor, Jesús es amor y nosotros, hechos a imagen de Dios, también somos amor… y el amor lleva consigo el perdón.

Todos estamos hechos del mismo “material” humano, No somos dioses. Nuestra natural limitación nos lleva a encontrarnos en nuestras manos el mal que no queremos cometer pero que, de vez en cuando, cometemos. Nadie se puede presentar ante Dios con su hoja limpia de pecado. Nadie puede presentarse ante Dios como el erguido fariseo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres”… que son pecadores. Lo nuestro es como lo del publicano. Reconociendo nuestras faltas y con el corazón dolorido por lo hecho y arrepentidos de verdad, decirle a nuestro Padre Dios: “Ten compasión de este pecador”. Y ya que estamos en dialogo amoroso con nuestro Dios, pedirle también que nos siga regalando su ternura, su amor y las fuerzas necesarias para serle fiel a su amistad.

Liturgia 30 de marzo

SÁBADO DE LA III SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Cuaresma

Leccionario: Vol. II

  • Os 6, 1-6. Quiero misericordia, y no sacrificio.
  • Sal 50. Quiero misericordia, y no sacrificio.
  • Lc 18, 9-14. El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

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Antífona de entrada Sal 102, 2-3
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas.

Acto penitencial
Avanzando en el camino hacia la Pascua, la antífona de entrada de hoy nos invita a que bendigamos al Señor con toda el alma, y que no olvidemos sus beneficios; puesto que Él perdona todas nuestras culpas. Hagamos ahora, pues, al comenzar la Eucaristía, un pequeño momento de silencio, en el que cada uno reconozcamos nuestros pecados y le pidamos perdón al Señor por ellos.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra Ti.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Oración colecta
Llenos de alegría,
al celebrar un año más la Cuaresma,
te pedimos, Señor,
al unirnos a los sacramentos pascuales,
que gocemos plenamente de su eficacia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, con la misma humildad con la que el publicano oró en el templo, poniendo en las manos de Dios todas nuestras necesidades.

1.- Para que el Señor, que borra toda culpa, conceda a su Iglesia el don de la penitencia. Roguemos al Señor.

2.- Para que muchos jóvenes se decidan a dejarlo todo y seguir al Señor en el sacerdocio y la vida consagrada. Roguemos al Señor.

3.- Para que el Señor, que enaltece a los que se humillan, se manifieste a los que se esfuerzan en conocerle. Roguemos al Señor.

4.- Para que el Señor, que cura al que se vuelve a Él, haga que los satisfechos de sí mismos se vuelvan indigentes.

5.- Para que el Señor, que no desprecia un corazón quebrantado y humillado, tenga misericordia de nosotros, pobres pecadores. Roguemos al Señor.

Dios de misericordia, que conoces lo más profundo de nuestro pobre y mezquino corazón; escucha nuestras súplicas y mira con benevolencia a los que nos presentamos ante ti con la humilde ofrenda de un corazón arrepentido y humillado. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
O
h, Dios,

cuya gracia nos permite,
purificados nuestos sentidos,
acercarnos a tus santos misterios,
concédenos rendirte una alabanza adecuada,
al celebrar solemnemente lo que nos has entregado en ellos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión Lc 18, 13
El publicano, quedándose atrás, se golpeaba el pecho diciendo: «Oh, Dios, ten compasión de este pecador».

Oración después de la comunión
C
oncédenos, Dios misericordioso,

celebrar con sincera entrega
las realidades santas que nos alimentan continuamente,
y recibirlas siempre con espíritu de fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
E
xtiende, Señor, sobre tus fieles

tu mano derecha como auxilio celestial,
para que te busquen de todo corazón
y merezcan conseguir todo lo que piden dignamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 30 de marzo

Conmemoramos este día a san Pedro Regalado, vallisoletano del que el pueblo se hacía lenguas de sus virtudes y milagros, canonizado por Benedicto XIV casi tres siglos después de que el pueblo lo venía aclamando como santo. La provincia de Valladolid le profesa una gran devoción.

Los mexicanos recuerdan a Julio Álvarez Mendoza, sacerdote fusilado en México en 1927, que murió perdonando de vida voz al pelotón de fusilamiento. El santoral distingue también a san Leonardo Murialdo, pionero de la educación especializada entre los jóvenes obreros del siglo XIX italiano.

El santoral trae también a un grupo de sacerdotes y catequistas asesinados en Corea con su obispo Antonio Daveluy, a san Juan Clímaco abad y maestro de la vida espiritual, Osburda abadesa, Zósimo obispo de Sicilia, Domnino mártir de Tesalónica, los Mártires de Constantinopla, Régulo obispo, Sagundo mártir y Zósimo obispo de Sicilia.

Son beatos Amadeo IX, duque de Saboya protector de los huérfanos, viudas y pobres y Ludovico de Casoria, fundador en Italia de dos Congregaciones para la atención a los necesitados. Todos celebran con Cristo la eterna eucaristía del cielo.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado III de Cuaresma

LAUDES

SÁBADO III CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Dame tu mano, María,
la de las toscas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: «Ave, María»?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa,
a ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María. Amén.

SALMO 118

Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.

CÁNTICO de la SABIDURÍA: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.

LECTURA: Is 1, 16-18

«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos —dice el Señor—. Aunque vuestro pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sea rojos como escarlata, quedarán como lana.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El publicano quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El publicano quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que, para hacer de nosotros criaturas nuevas, ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su cuerpo, y supliquémosle, diciendo:

Renuévanos con tu gracias, Señor

  • Señor Jesús, tú queres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad y humildad,
    — y haz que tengamos paciencia con todos.
  • Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren,
    — para imitarte a ti, el buen Samaritano.
  • Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio,
    — para que vivan su virginidad en bien de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concédenos la abundancia de tu misericordia
    — y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales, y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.