Domingo IV de Cuaresma

Hoy es 31 de marzo, domingo IV de Cuaresma.

¿Quién no se ha sentido alguna vez frágil, equivocado, pecador? ¿Quién no ha metido la pata hasta el fondo con alguien que quería? ¿Quién no ha sido incapaz de comprender la fragilidad ajena? Hoy el Señor nos convoca a todos los que alguna vez nos hemos sentido pecadores, para aprender lo que significa misericordia y encontrar la fuerza para enderezar el camino. Haz silencio, adéntrate en la historia como si la escucharas por primera vez y contempla.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 15, 1-3; 11-32):

Los publicanos y los pecadores solían acercarse a Jesús a escucharle. Y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”.

Entonces Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte que me toca de la fortuna’. El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

También yo en ocasiones me dejo guiar por mis apetitos, mis deseos, mis conveniencias, sin tener en cuenta que tal vez mis actos provocan mal a otros. Contemplo por un momento el contraste entre la diversión del hijo menor y la añoranza del padre y el hermano que lejos se han quedado tan solos.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo: ‘Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros’.

Se puso en camino adonde estaba su padre;

Contemplo ahora a ese muchacho que ha fracasado. Me imagino sus distintos estados de ánimo. La sorpresa cuando descubre que está arruinado, dándose cuenta ahora de que ha metido la pata. El dolor y la vergüenza cuando va tocando fondo y no encuentra salida. Pero también el resquicio de esperanza que se enciende al acordarse del hogar lejano. Dios es siempre esa memoria que ayuda a esperar.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre dijo a sus criados: ‘Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado’.

Y empezaron el banquete.

Me fijo ahora en el padre. En su tristeza cuando el hijo se va. En su dolor por no saber nada de él, en su paciencia, siempre esperando y en su alegría impetuosa cuando al fin lo ve lejos por el camino. El padre, que es Dios, siempre está dispuesto a abrirme la puerta de casa y también a mí me dice, pasa, vuelve a casa y celebremos el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Éste le contesto: ‘Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud’.

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre: ‘Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado’.

El padre le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porqueeste hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado’.”

Pienso por último en el hermano mayor. Sería fácil acusarlo de egoísta, pero es necesario ver también su dolor, su sensación de injusticia  y de abandono. Su equivocación al no darse cuenta del amor del padre. Sólo el amor puede devolverle la alegría. Eso es lo que sabe el padre, que por eso le dice, y me dice también hoy, hijo mío, hija mía, tú siempre estás conmigo  y todo lo mío es tuyo, alégrate por ti y por tus hermanos.

Hijo, tú siempre estás conmigo
Todo lo mío es tuyo.

Padre, dame mi parte
quiero marcharme
Voy a dejarte.

Hijo, tú siempre estás conmigo
Todo lo mío es tuyo.

Solo, estoy tan solo
lo he vivido todo

Hijo, tú siempre estás conmigo
Todo lo mío es tuyo.

Padre, vienes corriendo
eres Padre de abrazos,
Padre de besos.

Hijo, tú siempre estás conmigo
Todo lo mío es tuyo.

Risas, música y danzas
a mi hermano una fiesta,
Para mí nunca nada.

Hijo, tu hermano estaba muerto,
Ha vuelto a la vida, alegrémonos.

Hijo, tú siempre estás conmigo
Todo lo mío es tuyo.

Hijo, tú siempre estás conmigo
Todo lo mío es tuyo.
Hijos, mis amados hijos.

Hijos interpretado por Colegio Mayor Kentenich, «Como un niño»

Perdón sin condiciones

Tú nos regalas el perdón.
No nos pides negociarlo contigo
a base de castigos y contratos.
“Tu pecado está perdonado.
No peques más.
Vete y vive sin temor.
Y no cargues el cadáver de ayer
sobre tu espalda libre”.

No nos pides sanear
la deuda impagable
de habernos vuelto contra ti.
Nos ofreces una vida nueva
sin tener que trabajar
abrumados por la angustia,
pagando los intereses
de una cuenta infinita.

Perdonas siempre.
Setenta veces siete
saltas al camino
para acoger nuestro regreso,
sin cerrarnos el rostro
ni racionarnos la palabra,
por nuestras fugas repetidas. 

Te pedimos en el Padrenuestro:
“Perdónanos como perdonamos”.
Hoy te pedimos más todavía:
enséñanos a perdonar a los demás
y a nosotros mismos
como tú nos perdonas a nosotros.

 (Benjamín González Buelta sj)

Que esta enseñanza te pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en tu interior, una y otra vez esa promesa, tú siempre estás conmigo…; tú siempre estás conmigo…

Liturgia 31 de marzo

DOMINGO DE LA IV SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa del Domingo (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Sin Gloria. Credo. Prefacio propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. I (C)

  • Jos 5, 9a. 10-12. El pueblo de Dios, tras entrar en la tierra prometida, celebra la Pascua.
  • Sal 33. Gustad y ved qué bueno es el Señor.
  • 2Cor 5, 17-21. Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo.
  • Lc 15, 1-3. 11-32. Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.

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Antífona de entrada Cf. Is 66, 10-11
Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos.

Monición de entrada
La liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma nos invita a la alegría de la reconciliación con Dios y al gozo del regreso a la casa paterna; pues no podemos gustar lo bueno que es el Señor si no nos acercamos a Él.

Acto penitencial
Pues, al encuentro con el Señor, que sale a buscarnos, reconociendo, como el hijo pródigo del evangelio, que nos hemos equivocado al separarnos de Dios, y que hemos pecado contra Él y contra nuestros hermanos.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra Ti.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Oración colecta
Oh, Dios, que, por tu Verbo,
realizas de modo admirable
la reconciliación del género humano,
haz que el pueblo cristiano
se apresure, con fe gozosa y entrega diligente,
a celebrar las próximas fiestas pascuales.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Proclamemos ahora nuestra fe en el único Dios, el Dios que nos libera del pecado y nos salva.

Oración de los fieles
Unidos a toda la Iglesia, presentamos nuestras plegarias a Dios Padre, que escucha al afligido y lo salva de sus angustias.

1.- Por la Iglesia, encargada de transmitir el mensaje de la reconciliación; para que se muestre siempre acogedora y compasiva con todo el mundo. Roguemos al Señor.

2.- Por  las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que nunca falten sacerdotes santos al servicio de nuestra diócesis, ni les falle el relevo generacional. Roguemos al Señor.

3.- Por nuestra sociedad, hipócrita e injusta; para que sea capaz de dar siempre nuevas oportunidades a aquellos que las necesitan. Roguemos al Señor.

4.- Por los pecadores; para que recapacitando sobre su vida, se pongan en camino y se dejen reconciliar con Dios. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros; para que nunca nos sintamos superiores y mejores que los demás, sino pecadores perdonados por la misericordia divina. Roguemos al Señor.

Dios, rico en misericordia, que acoges con el abrazo del perdón a tus hijos que, arrepentidos, retornan a ti; escucha nuestras oraciones, perdona nuestras culpas y revístenos con vestiduras de fiesta, para que podamos participar en el banquete pascual. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Señor, al ofrecerte alegres
los dones de la eterna salvación,
te rogamos nos ayudes
a celebrarlos con fe verdadera
y a saber ofrecértelos de modo adecuado
por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio
SIGNIFICADO ESPIRITUAL DE LA CUARESMA

El Señor esté con vosotros

Levantemos el corazón

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro.

Por él concedes a tus fieles
anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado,
los sacramentos pascuales,
para que, dedicados con mayro entrega
a la oración y a la caridad fraterna,
por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida,
lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.

Por eso,
con los ángeles y arcángeles,
tronos y dominaciones,
y con todo los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, santo, santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión Lc 15, 32
Deberías alegrarte, hijo, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.

Oración después de la comunión
O
h, Dios,

luz que alumbras a todo hombre
que viene a este mundo,
ilumina nuestros corazones con la claridad de tu gracia,
para que seamos capaces
de pensar siempre, y de amar con sinceridad,
lo que es digno y grato a tu grandeza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
D
efiende, Señor, a los que te suplican,

fortalece a los débiles,
vivifica siempre con tu luz a los que caminan
en sombras de muerte,
y, libres de todo mal por tu compasión,
concédeles llegar a los bienes definitivos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 31 de marzo

Recordamos a la Sierva de Dios, María Luisa Godeau Leal, agustina. Pertenece a un grupo de seis mujeres que emitieron sus votos el 25 de abril de 1943 en la ciudad de México, dando inicio a la Congregación de Agustinas de Nuestra Señora del Socorro. Había nacido en esa ciudad en 1874. Ejerció antes de maestra de primaria durante 28 años y otros veinte estuvo dedicada al cuidado de ancianos y enfermos. Infundió a todos los niños el espíritu del buen samaritano, así como a sus hermanas agustinas, además de la devoción a la eucaristía y a la Virgen María, que constituían los pilares de su espiritualidad. Murió un 31 de marzo de 1956 y sigue su marcha la causa de beatificación.

Otra gloria de la Orden de san Agustín es el Siervo de Dios Clemente Fuhl, que murió visitando a los misioneros de Bolivia el 31 de marzo de 1935. Había nacido en Aidhuausen (Alemania) e ingresó en el noviciado de Würburg en 1894. Por su preparación teológica y su santidad ocupó importantes cargos en la Orden antes de ser nombrado general de la misma. A él le debe principalmente un gran florecimiento después de la última guerra mundial en la renovación de la vida espiritual, aumento de vocaciones y de los estudios. Fundó una comunidad agustina en Bona (Argelia), la antigua Hipona, después que el obispo le entregara la basílica de san Agustín en 1933. Su causa de beatificación fue admitida por la Congregación de los santos el año 1998.

Abre el santoral de este día con el profeta Amós, pastor de Técoa y cultivador de higos. Guiado por el Espíritu Santo se sintió obligado a predicar contra las injusticias y desigualdades que existían en su tierra. Al profeta le importa la dignidad de la persona humana, su vida y su integridad. Quiere que se dé a Dios un culto sencillo y sincero y ofrece a sus oyentes la misericordia de Dios.

La ciudad de Colonia en Alemania celebra la fiesta de san Agilolfo, que fue obispo de esta ciudad en el siglo VIII, la iglesia de Roma a Santa Balbina, los pocos cristianos persas a san Benjamín diácono y mártir, los italianos de Rávena a Guido, abad benedictino en dos monasterios diferentes.

Hoy sólo recordamos a un beato: Buenaventura Tornielli, sacerdote de la Orden de los Servitas, que dedicó toda su vida a la predicación por las diversas regiones de Italia.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Domingo IV de Cuaresma

LAUDES

DOMINGO IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el desierto.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Alabad al Señor por sus obras magníficas.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor por sus obras magníficas.

LECTURA: Ne 8, 9a.10

Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis; pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

R/ Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
V/ Ten piedad de nosotros.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Padre, he pecado contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Padre, he pecado contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

PRECES

Glorifiquemos a Dios, cuya bondad es infinita, y elevemos a él nuestra oración por medio de Jesucristo, que está siempre vivo para interceder a favor nuestro; digámosle:

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor

  • Dios de misericordia, haz que hoy nos entreguemos generosamente a las obras de amor al prójimo,
    — para que tu misericordia, a través de nosotros, llegue a todos los hombres.
  • Tú que en el arca salvaste a Noé de las aguas del diluvio,
    — salva por el agua del bautismo a los catecúmenos.
  • Concédenos vivir no sólo de pan,
    — sino de toda palabra que sale de tu boca.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Haz que, con tu ayuda, venzamos toda disensión,
    — y podamos gozarnos en el don de tu paz y de tu amor.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por eso, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, que reconcilias contigo a los hombres por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar la próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

I Vísperas – Domingo IV de Cuaresma

I VÍSPERAS

DOMINGO IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des cooronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias 
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vamos alegres a la casa del Señor.

SALMO 129: DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a al voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela a la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

LECTURA: 2Co 6, 1-4a

Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vino en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es tiempo de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrairo, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

R/ Cristo, oye los ruegos de los que te suplican.
V/ Porque hemos pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo ha reconciliado al mundo con Dios; el que es de Cristo es una criatura nueva.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo ha reconciliado al mundo con Dios; el que es de Cristo es una criatura nueva.

PRECES
Bendigamos a Dios, solícito y providente para con todos los hombres, e invoquémosle, diciendo:

Salva, Señor, a los que has redimido.

  • Oh Dios, fuente de todo bien y origen de toda verdad, llena con tus dones al Colegio de los obispos,
    — y haz que aquellos que les han sido confiados se mantengan fieles a la doctrin de los apóstoles.
  • Infunde tu amor en aquellos que se nutren con el mismo pan de vida,
    — para que todos sean uno en el cuerpo de tu Hijo.
  • Que nos despejemos de nuestra vieja condición humana y de sus obras,
    — y nos renovemos a imagen de Cristo, tu Hijo.
  • Concede a tu pueblo que, por la penitencia, obtenga el Perdón de sus pecados
    — y tenga parte en los méritos de Jesucristo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Haz que nuestros hermanos difuntos puedan alabarte eternamente en el cielo,
    — y que nosotros esperemos confiadamente uninos a ellos en tu reino.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, que reconcilias contigo a los hombres por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar la próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 30 de marzo

Tiempo de Cuaresma

1) Oración inicial

Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Lucas 18,9-14

A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.’ En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’ Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado.»

3) Reflexión

• En el Evangelio de hoy, Jesús cuenta la parábola del fariseo y del publicano para enseñarnos a rezar. Jesús tiene una manera distinta de ver las cosas. Ve algo positivo en el publicano, aunque todo el mundo decía de él: “¡No sabe rezar!” Jesús vivía tan unido al Padre por la oración que todo se convertía para él en expresión de oración.

• La manera de presentar la parábola es muy didáctica. Lucas presenta una breve introducción que sirve de clave de lectura. Luego Jesús cuenta la parábola y al final Jesús aplica la parábola a la vida.

• Lucas 18,9: La introducción. La parábola es presentada por la siguiente frase: «A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola.” La frase es de Lucas. Se refiere al tiempo de Jesús, pero se refiere también a nuestro tiempo. Hay siempre personas y grupos de personas que se consideran justas y fieles y que desprecian a los demás, considerándolos ignorantes e infieles.

• Lucas 18,10-13: La parábola. Dos hombres van al templo a rezar: un fariseo y un publicano. Según la opinión de la gente de entonces, los publicanos no eran considerados para nada y no podían dirigirse a Dios, porque eran personas impuras. En la parábola, el fariseo agradece a Dios el ser mejor que los demás. Su oración no es que un elogio de sí mismo, una exaltación de sus buenas cualidades y un desprecio para los demás y para el publicano. El publicano ni siquiera levanta los ojos, pero se golpea el pecho diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador!» Se pone en su lugar ante Dios.

• Lucas 18,14: La aplicación. Si Jesús hubiera dejado opinar a la gente y decir quién de los dos volvió justificado a su casa, todos hubieran contestado: «¡El fariseo!» Ya que era ésta la opinión común en aquel tiempo. Jesús piensa de manera distinta. Según él, aquel que vuelve a casa justificado, en buenas relaciones con Dios, no es el fariseo, sino el publicano. Jesús da la vuelta al revés. A las autoridades religiosas de la época ciertamente no les gustó la aplicación que él hace de esta parábola.

• Jesús reza. Sobretodo Lucas nos informa de la vida de oración de Jesús. Presenta a Jesús en constante oración. He aquí una lista de textos del evangelio de Lucas, en los que Jesús aparece en oración: Lc 2,46-50; 3,21: 4,1-12; 4,16; 5,16; 6,12; 9,16.18.28; 10,21; 11,1; 22,32; 22,7-14; 22,40-46; 23,34; 23,46; 24,30. Leyendo el evangelio de Lucas, es posible encontrar otros textos que hablan de la oración de Jesús. Jesús vivía en contacto con el Padre. La respiración de su vida era hacer la voluntad del Padre (Jn 5,19). Jesús rezaba mucho e insistía, para que la gente y sus discípulos hiciesen lo mismo, ya que en el contacto con Dios nace la verdad y la persona se encuentra consigo misma, en toda su realidad y humildad. En Jesús, la oración está íntimamente enlazada con los hechos concretos de la vida y con las decisiones que tenía que tomar. Para poder ser fiel al proyecto del Padre, trataba de permanecer a solas con El para escucharle. Jesús rezaba los Salmos. Como cualquier otro judío piadoso, los conocía de memoria. Jesús compuso su propio salmo. Es el Padre Nuestro. Su vida era una oración permanente: «¡Yo no puedo hacer nada por mi cuenta!» (Jn 5,19.30). Se aplica a él lo que dice el Salmo: «¡Me acusan, mientras yo rezo!» (Sal 109,4).

4) Para la reflexión personal

• Mirando de cerca esta parábola, ¿yo soy como el fariseo o como el publicano?
• Hay personas que dicen que no saben rezar, pero hablan todo el tiempo con Dios. ¿Conoces a personas así?

5) Oración final

Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa ternura borra mi delito,
lávame a fondo de mi culpa,
purifícame de mi pecado. (Sal 51)

El perdón de Dios

1. A la luz de la Biblia, el pecado es ruptura con Dios, con el hermano necesitado y con uno mismo. Pecar equivale a romper la alianza, traicionar la caridad y alejarse de la comunión con los hermanos. Para Jesús, peca quien no vive la alianza o las exigencias del reino de Dios. En última instancia, pecado es lo contrario del amor. Es un mal, una relación negativa con Dios (oposición al reino) y con el hermano (corrupción de la persona). El pecado anida en la raíz del comportamiento, en el núcleo central de la persona, en lo que la Biblia llama «corazón».

2. Lucas manifiesta en sus «parábolas de la misericordia» que el pecado tiene una naturaleza religiosa, aparte de una dimensión moral. No es mera falta contra la propia conciencia o contra la ley. Es deuda en relación a las exigencias de Dios, Padre de todos. Es infidelidad o injusticia, rechazo de Dios que es amor, ruptura de solidaridad fraternal y autodestrucción personal. Por eso, el centro de la parábola es Dios. Debiera titularse «parábola del padre misericordioso». También podría llamarse «parábola del hermano endurecido», que se tiene por justo cuando está lleno de envidia, de rencor y de muerte.

3. El pecado del mundo reside en la hostilidad a Dios: mentira en lugar de verdad, homicidio en lugar de vida; tinieblas en lugar de luz. En la sociedad actual se está produciendo un desplazamiento del pecado, más que una pérdida de su sentido, a causa de la evolución de las costumbres, la secularización de la sociedad, la importancia que hoy se da a las estructuras sociales, la difusión de los datos psicológicos, la influencia de los medios de comunicación, que todo lo relativizan, y el descrédito de ciertas prácticas religiosas rituales. Vivimos en una sociedad permisiva. Pero, al mismo tiempo, esta situación contribuye a rechazar un falso concepto de pecado e incluso a redescubrirlo con un nuevo sentido, a partir de una perspectiva personalista y social, bautismal y eclesial. Con frecuencia hemos situado el pecado en una esfera legalista o moral (no religiosa), en un plano individual (no comunitario), en un contexto sexual (no social), bajo una moral de actos negativos (no de actitudes positivas).

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Nos reconocemos pecadores delante de Dios?

¿Por qué motivos deseamos reconciliarnos?

Casiano Floristán

Domingo IV de Cuaresma

La primera lectura, tomada de Josué (5, 9a , 10-12) nos muestra la alegría del pueblo judío por verse reconciliado con Dios.

San Pablo, segunda lectura (2ª Cor. 5, 17-21) nos recuerda que toda reconciliación se ha conseguido por medio de Jesús.

Jesús en el Evangelio, (Lc.15, 1-, 11-32) nos garantiza, mediante una parábola, la firme voluntad de Dios de aceptar nuestra conversión.

El domingo pasado reflexionamos sobre la conversión “perfectiva”, es decir, aquella que nos lleva a unos comportamientos cada vez más parecidos a los que tenía Jesús, que es lo mismo que decir, aquellos que nos hacen avanzar hacia la perfección que, en lenguaje religioso, se denomina santidad.

Esta mañana Jesús nos habla de otro tipo de conversión y nos la presenta como el gran recurso para aquellos casos en los que la debilidad humana no ralentiza el progreso hacia la perfección sino que nos aparta radicalmente de su camino.

Tal conversión la expuso Jesús en la parábola del hijo pródigo. En ella podemos distinguir dos partes: una que nos anima al reencuentro con Dios, cuando nos hemos comportado con Él como aquel hijo rebelde, y otra, que nos orienta sobre nuestro comportamiento con aquellos que lo han hecho con nosotros.

Comenzamos con la primera de las enseñanzas: La que hace referencia a nuestros desplantes a Dios.

Esta parte es extraordinariamente consoladora al mostrarnos a Dios en actitud paternal, llena de compasión y misericordia.

La figura del padre en la parábola es gigantesca tanto en su comportamiento con el hijo infiel como con el fiel.

Con el infiel, el que se marchó de casa dejándole con el corazón destrozado:

No le elimina de sus preocupaciones de padre. Por eso salía a ver si volvía.

No le deshereda. Cuando vuelve le considera con todas las prerrogativas propias de un hijo.

No le castiga, ni siquiera le da tiempo para excusarse. Le recibe con los brazos abiertos y le prepara un festín.

Se muestra alegre no porque le ha recuperado para la familia sino porque estaba perdido, él, el hijo malo, y ahora estaba otra vez a salvo. El buen padre no piensa en él, piensa solo en la felicidad de su hijo.

Con el hijo fiel. El que se ha quedado en casa junto a su padre y trabajando por la hacienda.

También sale a buscarlo para hacerle reflexionar sobre lo bueno que es que su hermano, que se había convertido en un desgraciado, hubiera vuelto a casa, volviera a ser feliz en un hogar.

Ante su queja de no haber tenido un cordero para una celebración con sus amigos, cariñosamente le dice: es que tú estabas en casa y todo lo mío era ya tuyo, no es el caso de tu pobre hermano que no tenía donde caerse muerto.

Es un padre fenomenal que despierta toda nuestra admiración. Se olvida de todo para poder dedicarse a consolar y tranquilizar al hijo que le había hecho daño con su marcha y al que se lo estaba haciendo ahora con sus críticas y quejas.

Antes de pasar a la reflexión sobre las enseñanzas para nosotros cuando seamos los ofendidos, parece oportuno reconocer que una pequeña parte de verdad le asistía al hijo bueno. De alguna manera tenía razón en quejarse. Su padre le garantiza que todo lo de la casa era de él. SÍ, es verdad, pero parece ser que su padre nunca se lo había dicho. Es un defecto muy común este de no saber agradecer, de no manifestar nuestro parabién a la gente buena, a la que cumple con su deber.

Debemos mostrar nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que hacen algo en favor nuestro, aun cuando eso que nos hacen nos sea debido. Sobre todo, hemos de tener esto muy presente dentro del ámbito familiar, en el que, demasiadas veces, damos por supuesto que agradecemos lo que nos hacen pero sin manifestarlo abiertamente. Eso duele. Cuanto más íntima es la relación, cuanto más lógica nos parece la actitud del otro miembro de la familia porque es mi padre, mi madre, mis esposo o esposa o mis hijos, tanto más, hemos de manifestar clara y frecuentemente nuestro agradecimiento. Nunca debemos darlo por hecho. De bien nacidos es ser agradecidos y MANIFESTARLO.

La segunda idea contenida en la parábola es la referente a nuestro comportamiento con los hijos pródigos, con aquellas personas que nos han hecho sufrir.

Si queremos parecernos a nuestro Padre Celestial, que es a lo que nos invitaba Jesús el domingo pasado, no nos queda más remedio que actuar nosotros de una manera semejante a la del buen padre de la parábola.

No cortar afectivamente dejando al ofensor abandonado. Esperarle, salirle al encuentro si es necesario y luego perdonarle con signos claros de aceptación de su arrepentimiento. Es lo que hizo el padre del hijo pródigo. Si así lo hacemos iremos volando tan alto que daremos a la caza alcance, que nos decía el domingo pasado S. Juan de la Cruz. Iremos haciendo posible lo de acercarnos a la perfección del Padre Celestial que, a primera vista, nos parece tan lejano.

Como en otras ocasiones, no para amenazarnos sino para “animarnos” a realizar el bien, Jesús nos recuerda que con la misma medida que midamos seremos medidos y que muy frecuentemente le pedimos que nos perdone, ¡ojo con lo que decimos! COMO nosotros perdonamos. No nos pongamos nosotros mismos el lazo en el cuello.

Por supuesto que la confianza en la misericordia de Dios no debe facilitar nuestras caídas. Sería una tremenda falta de lealtad, que pondría de manifiesto uno de nuestros peores lados morales: abusar de la bondad del otro.

Lo que ha pretendido Jesús con la parábola no es dar pie al abuso de la misericordia de Dios sino despertar en nosotros una gran confianza en un Dios que sobre todo quiere manifestarse con nosotros como un padre comprensivo que nos perdona y que nos pide, que también nosotros hagamos lo mismo con los demás.

Otra vez vuelve a aparecer la revelación como una orientación que no solo nos conduce al Cielo sino también nos anima y ayuda a vivir dignamente y con elegancia nuestro paso por la tierra siendo hombres y mujeres bondadosos, creadores de paz. Que así sea.

Pedro Sáez

Comentario del 30 de marzo

Como en otras ocasiones, san Lucas señala el ‘motivo’ de la parábola de Jesús: por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás. Esta revelación nos permite orientar en la buena dirección –la del autor- la interpretación de la misma. Antes de escuchar la narración conocemos ya el motivo que la inspira. Jesús alude a dos hombres que suben al templo a orar. Su finalidad, por tanto, es hacer oración; y ambos la hacen, pero cada uno a su manera. El fariseo –no es necesario diseñar sus perfiles-, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.

No tenemos por qué desconfiar de la sinceridad de su oración. Se trata de una oración interior. Sólo Dios lo escucha. No tiene que aparentar nada ante nadie. Quizá su postura corporal –erguido– pudiera delatar su actitud farisaica, la seguridad en sí mismo y en sus propias acciones. Porque eso es lo que pone de manifiesto su oración, una aparente acción de gracias que no hace otra cosa que pasar revista a sus propios méritos. En su oración el fariseo da gracias a Dios porque no es ni ladrón, ni injusto, ni adúltero, como otros muchos de sus contemporáneos; tampoco es como ese publicano al que puede ver en la parte trasera del templo sin atreverse a levantar los ojos al cielo. Además, cumple religiosamente todos los preceptos de la ley: la observancia del ayuno, dos veces por semana, y el pago del diezmo. Este hombre se siente realmente justo: ¿Qué más le puede pedir Dios?

Y aunque ‘mentalmente’ da gracias a Dios por las virtudes con que le ha adornado, en realidad le está presentando un catálogo de sus múltiples méritos. Tanto es así que no puede dejar de compararse con los que no son como él para despreciarlos como indignos de la presencia de Dios como aquel publicano que comparte con él espacio en el templo. No tiene nada que reprocharse. No encuentra en sí mismo el más leve rasgo de injusticia. Dios no puede tener para él más que palabras de elogio y de gratitud. Es Dios en realidad el que tendría que darle gracias a él por ser como es, por tener a un siervo tan fiel y cumplidor. Su aparente acción de gracias se ha convertido casi al instante en un alegato en su favor promovido por la vanidad, ese sentirse seguro de sí mismo con el consiguiente desprecio de los demás.

La oración se ha transformado en su mente en un acto de autoenaltecimiento. Pero todo el que se enaltece será humillado. Esta es la ley que rige en la entraña del cristianismo. Por eso, el fariseo no pudo salir justificado del templo. El que se acerca a Dios con la actitud del justo que no espera otra cosa que la confirmación de su propia justicia por parte del Juez supremo, no saldrá justificado de su presencia. ¿Qué necesidad tiene de ser justificado el que ya es –o al menos se siente- justo? Pero nadie puede sentirse justo ni santo ante la suprema Justicia. Aquel fariseo había perdido el sentido de la realidad. Su concepción legalista de la religión le había llevado probablemente a confeccionar una idea equivocada de sí mismo, una imagen de perfección que distaba mucho de la verdadera perfección.

La imagen que el publicano tenía de sí mismo era, en cambio, la de un pecador. Se lo recordaban a diario los fariseos. La sociedad entera le señalaba como un pecador que merecía el desprecio de un pagano. Por eso no extraña su actitud en el templo: apenas se atreve a entrar, porque se siente realmente indigno de pisar ese espacio sagrado; se queda en la parte posterior del templo y sin osar levantar los ojos del suelo. Sólo acierta a golpearse el pecho, diciendo de manera casi compulsiva: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.

No se trata de una pose. Si lo fuera, si la cabeza inclinada y los golpes de pecho fueran una pose sin verdadero acompañamiento interior, perdería todo su significado el detalle de la parábola. En el publicano hay auténtica contrición. Se sabe realmente pecador y por eso pide compasión. Su oración es una súplica sincera, y como tal es escuchada, porque la oración es esencialmente ‘escucha’ de una palabra que merece ser oída, la palabra de nuestro Dios. Y si a lo largo de nuestra vida hemos capitalizado algunos méritos, no hace falta que los relatemos al que ya los conoce, porque Él mismo está detrás de ellos haciéndolos posible. Es su gracia la que promueve y corona nuestros méritos. Además, una auténtica acción de gracias contempla por encima de todo los dones que proceden de Dios –no las obras que emanan de nuestras facultades- y no va teñida en ningún caso de desprecio hacia los «pecadores».

Pues bien, si la oración del fariseo no fue acepta a Dios, la del publicano que imploraba compasión sí. Éste pudo bajar a su casa justificado (a los ojos de Dios), mientras que aquél no pudo. Y la razón la da no sólo el proemio de la parábola, sino también la conclusión: Porque todo el que se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Es Dios el que enaltece elevándonos a la altura a la que nos destina. También es Él el que justifica o hace justos. Los demás enaltecimientos o autoenaltecimientos son vanos e inconsistentes. No hay egolatría o culto a la personalidad que resista el paso del tiempo. Al concepto de perfección cristiana pertenece el de humildad. No hay perfección cristiana sin humildad; y la humildad declara y soporta la humillación. Pero el que se humilla será enaltecido por el que enaltece a los humildes.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Título VIII

Cuestiones didácticas

Artículo 53. Para la consecución de los propios fines específicos, y en particular para llevar a cabo la investigación científica, en cada Universidad o Facultad habrá una biblioteca adecuada, que responda a las necesidades de los profesores y alumnos, convenientemente ordenada y dotada de oportunos catálogos.