El amor entrañable del Padre

Se acercaban a Él todos los publicanos y pecadores para oírle, pero los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Éste recibe a los pecadores y come con ellos». Entonces les propuso esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos. El más joven dijo a su padre: “Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde”. Y les repartió la hacienda. A los pocos días, el hijo menor, reuniéndolo todo, se marchó a un país lejano, donde malgastó su fortuna viviendo con desenfreno. Cuando lo hubo gastado todo se declaró un hambre extrema en aquella región y comenzó a pasar necesidad. Fue y se ajustó con un hombre de aquel país que le mandó a su hacienda a guardar cerdos. Deseaba saciar su hambre con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Recapacitó y se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, iré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y fue hacia su padre. Cuando todavía estaba lejos, lo vio su padre, y lleno de compasión corrió a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Le explicó el hijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “¡Sacad enseguida el mejor vestido y ponédselo! Ponedle un anillo en su mano y sandalias en sus pies. Traed el ternero cebado y matadlo. Comamos y celebremos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”. Y comenzaron a festejarlo. El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la música y los cánticos, y llamando a uno de los criados le preguntó qué pasaba. Éste le dijo: “Ha llegado tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado por haberle recobrado sano”. Se enfadó y no quería entrar, pero su padre salió y trató de convencerlo. Él contestó a su padre: “Ya ves cuántos años que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya y nunca me has dado un cabrito para festejarlo con mis amigos, y ahora que ha llegado ese hijo tuyo que disipó tu fortuna con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Pero él respondió: “Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Convenía festejarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”».

Lc 15, 1-3.11-32

Cuando contemplo esta escena y esta parábola del amor entrañable del Padre, de la forma de actuar de los hijos, tanto de uno como de otro, me lleno de ternura, de cariño y de amor. No puedo menos de quedarme asombrada de ese amor tan grande que tienes y que lo haces a través de esta parábola. Tú eres ese Padre y yo soy ese hijo pródigo o ese otro hermano también envidioso. Así eres Tú, Jesús: Tú eres un amor infinito, Tú tienes siempre un amor de Padre entrañable, tienes un amor paternal. Y cómo nos amas, cómo y con qué ternura, con qué paciencia, con qué aguante… Muchas veces mi vida es como la del hijo pródigo: quiero salir del hogar de tu corazón, quiero dejar todo, una vida mejor —según mis criterios—, y me voy de tu corazón. Y qué vida… Siento tristeza, soledad… No comprendo una vida sin ti. Y cuando estoy en lo profundo de mi miseria, en lo profundo de mis vacíos, dejo todo y camino a los brazos tuyos… y allí estás Tú, esperándome, saliendo a mi encuentro.

Cómo me emocionan los verbos de la parábola: su padre “lo vio” y “se conmovió” y echando a “correr” se le “echó al cuello” y se puso a “besarlo”. Así eres Tú: corres a encontrarte conmigo, corres a darme todo tu amor ante esta pobreza y esta forma de ser. Él es el que corre y está loco de amor por mí. Así eres… Y cómo oigo: “Vestidlo. Ponedle el mejor traje. Ponedle un anillo en la mano”. Nos invita a participar de su banquete, de su amor. Me emociono con esta actitud tuya, Jesús, me emociono… ¡Qué importante es el amor!

Ese hijo también mayor que le dice: “¿Pero por qué te pones así? Todo lo mío es tuyo”. Una parábola para llenarnos de ternura y para darme todo el amor que Tú tienes. Y pienso tanto, tanto en mi forma de actuar… Pienso en que me esperas, aunque venga descarriada. ¿Y qué me empuja a volver? Como el hijo pródigo: el hambre de ti, el deseo de estar en tu casa. ¿Y por qué te he abandonado de esta manera? Por querer llevar mi propia vida. Pero ¿cómo? Aprovechándome de lo tuyo, de tu herencia.

Gracias, Jesús, por este encuentro y gracias por esos momentos… Y Tú me dices que tenga misericordia, que todo lo tuyo es mío. No condenas a ninguno. ¡Qué impacto! ¡Qué impresión de parábola! A uno lo amas como viene… y al otro lo amas como viene. Éste es el amor, éste es el cariño, ésta es la ilusión de un Padre que ama hasta el extremo, hasta el límite, hasta dar la vida. Se queda sin nada. Amor, misericordia, perdón… Gracias, Jesús. Perdona mis faltas de amor, perdona mis alejamientos de ti, perdona el aprovechamiento de tus dones, pero correré, iré, volaré hacia ti y caeré en tus brazos para aprender lo que es el verdadero amor.

Jesús, quiero releer muy despacito esta parábola, quiero leer y ver cómo actúas Tú en todos los momentos, cómo actúa este hijo pródigo, y cómo actúa este otro hijo, que siente esa envidia y ese malestar porque hacen fiesta por su hermano que ha venido. Y me quedo ahí, reconociendo tu bondad, tu misericordia, tu perdón. Que aprenda a amar, que aprenda a perdonar, que aprenda a reconocer mis faltas, mis alejamientos de ti. Y me quedo con estos verbos que me impactan tanto: su padre lo vio… y se conmovió… y echando a correr… se le echó al cuello… y se puso a besarlo… Ponedle el traje… ponedle el anillo en la mano…

Le pido a la Virgen que me ayude a reconocerme como este hijo pródigo, que me dé esa hambre de ti para que vuelva a casa, que entre en el banquete de tu corazón y que me deje limpiar, vestir y ponerme el traje de la alegría y de la fiesta porque estoy disfrutando del amor de tu corazón. Y termino pensando:

El amor entrañable del Padre.

Francisca Sierra Gómez

Domingo IV de Cuaresma

Como ya hemos podido ver, esta parábola nos quiere enseñar hasta qué extremo la bondad de Dios no tiene límites. Pero, además, la parábola es también la crítica que Jesús le hace al «Dios de los fariseos». Y también al fariseísmo. Porque hay dos maneras de entender a Dios y de relacionarse con Dios. El «Dios de los fariseos» y el «Dios de los perdidos». El Dios de los fariseos es el «Dios-patrono». El Dios de los perdidos es el «Dios-acogedor». El Dios-patrono está representado en el padre, tal como lo sentía el hijo mayor, el cumplidor, el obediente. El Dios-acogedor está representado en el padre, tal como lo sintió el hijo menor, el perdido, el fracasado, el arruinado.

Si uno ve a Dios como un «patrono», se relaciona con Dios con la mentalidad del que vive cumpliendo un contrato con su patrono, lo que se traduce en la «obediencia» perfecta. Es la mentalidad del que se somete al patrono para sacarle la debida recompensa. Esto es lo que el hijo mayor (el fariseo) le echa en cara al padre cuando ve que el hijo perdido es recibido con abrazos, fiesta y banquete, después de las muchas desvergüenzas que ha cometido.

Hay gente que «cree» en Dios para «sacarle» a ese Dios lo que puede. Es la gente que «se somete» a Dios para que Dios le ayude en esta vida (cuando eso sea necesario) y para tener siempre la esperanza de que la muerte se vea como algo soportable. De un Dios así, brota un perfecto fariseo: observante y hasta ejemplar, pero sin entrañas de bondad. Esto explica por qué hay tantos cristianos tan observantes de normas y ritos sagrados, pero con tan malas entrañas ante el sufrimiento de los demás.

José María Castillo

El Padre bondadoso

La cuaresma no puede hacer olvidar que toda fiesta cristiana está marcada por la alegría. Y por el perdón también.

De la muerte a la vida

Como siempre fariseos y escribas están al acecho. Censuran la acogida que Jesús da a los considerados pecadores públicos y, en consecuencia, marginados y despreciados por ellos (cf. Lc 15, 1). Esto da lugar a que Lucas nos transmita tres bellas parábolas que expresan la razón de la actitud del Señor. Las dos últimas son propias de este evangelio. La que se lee este domingo es la tercera. Conocida tradicionalmente como la parábola del hijo pródigo, podría ser llamada mejor la del padre bondadoso.

En efecto, en ella el personaje central es el padre. El hijo menor se arrepiente de su comportamiento, y habiendo dilapidado su herencia se encuentra reducido a la miseria; conociendo a su padre sabe que puede ir a pedirle perdón (cf. v. 11-19). Por experiencia conoce el amor de su padre, es importante subrayarlo. Pero la reacción de éste lo abrumará. Había preparado mentalmente su fórmula de arrepentimiento. El padre no le deja hablar, es él quien corre al encuentro del hijo, él toma la iniciativa de abrazarlo. El hijo recita la frase largamente meditada, pero ante el amor del padre ella se convierte en una formalidad (cf. v. 20-21). Más que del pecador arrepentido el perdón es cosa de quien acoge. Perdonar es dar vida.

Amar y festejar

La alegría del padre, como toda verdadera alegría, busca comunicarse, no queda en él. Por eso organiza una fiesta para que otros también se alegren de la amistad rehecha (cf. v. 21-24). El hijo mayor, el que siempre se había portado bien, no entiende lo que sucede. Es más, se irrita con el padre y reclama lo que considera sus derechos (cf. v. 25-30). Su actitud recuerda aquella que Mateo relata en la parábola de los trabajadores de la hora undécima (cf. 20, 1-16). Aquellos que habían estado laborando desde el comienzo del día no aceptan que a los recién llegados se les pague lo mismo que a ellos. Jesús les dirá que tienen «ojo malo»; es decir, que son incapaces de entender la gratuidad del amor. Eso pasa con el hijo mayor. El gozo del padre se debe a que el hijo que ha regresado a casa ha vuelto a la vida.

No percibir la gratuidad del amor es no entender el evangelio. Convirtiéndolo en un simple conjunto de obligaciones, de reglas exteriores, o en aval de autoridades sin solvencia moral, hacemos una caricatura de él. Sólo la gratuidad del amor garantiza su capacidad creadora de caminos para expresarse y que, por consiguiente, podamos decir: «Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado» (2 Cor 5, 17). La novedad viene del amor permanente de Dios que hace siempre nuevo nuestro amor por los demás (cf. v. 18-19). Somos «enviados» de esa novedad que nos revela Cristo Jesús (cf. v. 20)

Gustavo Gutiérrez

Parábola del hijo pródigo

Notas introductorias:

Esta parábola solamente aparece en Lucas.

Es considerada por los críticos como la más extraordinaria de las que han quedado recogidas en la tradición evangélica. No se advierten en ella manipulaciones ni intervenciones de la comunidad. Por consiguiente es una de las típicas parábolas en las que se ve la mano original de Jesús: Por mucho que se la analice no se descubre en ella añadidos ni interpolaciones.

Es un relato sencillo, una narración extraordinaria y muy del estilo de Jesús.

Esta parábola, por otra parte, ha sido muy mal predicada, pues se acentúan aspectos que no son los más importantes. El verdadero protagonista no es el hijo pródigo sino el padre que trata con amor al hijo mayor y al hijo menor. El hijo mayor tiene también una importancia enorme. La parábola se debería titular: “La parábola del amor de un padre no comprendido por sus hijos”. Este es el verdadero tema de la narración.

Veamos esta diferencia: en la parábola de la viña, Dios aparece bajo la figura del dueño generoso: ésta Dios es presentado bajo la figura del Padre que sabe hacer fiestas, sabe gozar perdonando a sus hijos.

La parábola tiene dos partes:

1ª: (11-24) En ella se describe la actitud del hijo menor y sobre todo la alegría del padre al volver a encontrar a su hijo que lo creía muerto.

2ª: (24-34) En ella se narra la actitud del hijo mayor y en esta parte está la verdadera enseñanza de la parábola: el hijo que está todo el tiempo en casa, al final es el que se queda fuera de ella. Es el que no comprende la actuación del padre: él que creía que todo lo hacía bien: “jamás dejé de cumplir orden tuya”. Y esto… es muy triste, que después de no haber dejado de cumplir ninguna orden del padre, termine sin saber cómo es el padre.

Al final de la segunda descripción sobre el hijo mayor, se repite la actuación bondadosa del padre que comprende y abre una puerta a este hijo mayor.

Las dos partes terminan con el mismo estribillo: “este hijo mío estaba muerto y…”

Narración de la parábola

A) La actuación del hijo menor : Este comienza por perder la fe en su padre, y en esto estará su pecado: no creer que su padre le puede hacer feliz, que puede llenar su vida y entonces pide la herencia. Según el Deuteronomio, al hijo mayor le correspondía el doble que a los otros hijos. Por consiguiente siendo dos hermanos, al mayor le correspondía los 2/3 y 1/3 al segundo. El hijo menor pide lo que le corresponde en dinero y se marcha a una tierra lejana. Para un judío tierra lejana era igual a tierra pagana. En tiempo de Jesús había una emigración muy grande: en Palestina había más o menos medio millón de habitantes y en la diáspora unos 4.000.000 de judíos. Por eso, Jesús habla de algo muy real. El pecado del hijo no está en su entrega al libertinaje sino en que no se fía de su padre; prefiere una vida autosuficiente, independiente. Así más tarde tendrá precisamente esta impresión: “He pecado contra el cielo y contra tí.

B) A qué resultados llega: La parábola nos describe en breves trazos la miseria en que cae. Jesús es un gran narrador. Este hijo buscaba la liberación, la independencia de su padre y cae en la esclavitud de un pagano, de un extranjero y termina viviendo no gozosamente sino trabajando en un trabajo considerado maldito por los judíos: cuidar puercos, animales impuros, inmundos. El que cuidaba estos animales caía en un estado de impureza ritual total. Dice un dicho rabínico del tiempo de Jesús: “Maldito el hombre que cría cerdos”. Este hijo, que quería buscar el gozo, la felicidad, termina de hambre, sin poder alimentarse ni con el alimento de los animales impuros en una tierra pagana… Para una mentalidad judía está bien destacada la enorme distancia entre la primera situación del hijo que vivía en el hogar, junto a su padre que le quiere y esa situación de esclavitud a que llega.

C) Reacción del hijo menor: Sin embargo este hijo reacciona, reflexiona: “entró en sí mismo…” recordó la felicidad que tenía junto a su padre. Y no se queda en una reflexión teórica sino que reconoce su culpa, no se justifica, se da cuenta de que, una vez repartida la herencia, no tiene derecho a presentarse como hijo, no le corresponde nada en el hogar. Piensa, sin embargo, que podría ser aceptado como jornalero. Y se decide a volver y pone en práctica su decisión que es lo importante: “Se levantó y partió hacia su padre”.

D) La acogida del padre: El padre es el verdadero protagonista de la parábola.

La parábola lo presenta de una manera exagerada: “Estando todavía lejos, el padre echó a correr”. El echar a correr es poco digno para un oriental. Los orientales, con un poco de dignidad, nunca echan a correr y menos si son ancianos. Pero parece que a este padre no le importa nada… y echa a correr, lo besa, lo abraza efusivamente e interrumpe la confesión de su hijo y hace una serie de gestos que indican toda su alegría por el retorno de su hijo.

El padre pide a sus siervos le traigan:

El vestido: En Oriente y sobre todo en tiempo de Jesús no existían condecoraciones, se daba más importancia al vestido. Aquí hay que entender el vestido del hijo para que no se confunda con uno de los siervos.

El anillo: El anillo solo podían llevarlo el dueño y sus hijos y solía tener un sello.

Las sandalias: ya que los esclavos iban descalzos. El hijo viene descalzo como señal de esclavitud.

Organización de la fiesta: Matar un ternero cebado como signo de la alegría que tiene que reinar en la familia.

Toda la actuación del padre narrada por Jesús tiene la finalidad de destacar toda la felicidad, toda la alegría, todo el perdón de este padre que ha recuperado a este hijo al que creía muerto.

La actuación de este padre destaca más si pensamos en cómo podía haber reaccionado: podía haber rechazado al hijo que ya había perdido todos sus derechos y, en todo caso, podía haberlo recibido como jornalero; o también haberlo recogido como hijo pero en silencio, un poco avergonzado ante los vecinos por haberlo recibido. Pero… armar fiesta, armar todo ese tinglado… parece excesivo y como si el hijo mayor tuviese razón.

Esta es la primera parte de la parábola, que hubiera podido terminar aquí si Jesús hubiera querido decir solamente que Dios es bueno con el pecador que se arrepiente. Pero tiene otra intención más importante todavía. Por eso continúa con:

Actuación del hijo mayor: Llega éste a casa y se indigna ante la actuación del padre: le escandaliza el comportamiento paterno, no le puede comprender porque… y éste es un dato de los más importantes este hijo mayor no ha salido de casa, no ha pecado, ha cumplido todas las órdenes, está sirviendo en casa del padre y… no le conoce: se escandaliza del amor, del perdón y de la compasión de su padre. Movido como por un sentimiento de justicia, protesta porque cree que el amor del padre es exagerado. Es incapaz de comprender la inmensa alegría del padre y su perdón.

Concretando, veamos la postura que adopta:

a) Ante el padre, él se siente como el hijo fiel: “Jamás he dejado de cumplir una orden tuya”: es exactamente la postura del fariseo. Ante el padre se siente seguro e injustamente tratado.

b) Ante el hermano, adopta una postura de superioridad y desprecio. No quiere llamar hermano al menor: “ha venido este hijo tuyo”. Esta postura es totalmente la del fariseo: la de sentirse seguro ante Dios y despreciar a los que no son tan buenos.

Y de nuevo, la postura del padre: ama también al hijo mayor, ama a los dos. La respuesta al hijo mayor está llena de amor. Le llama hijo: “hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”.

Le quiere hacer ver que él no goza de menos afecto: que él lo tiene todo y que de hecho comparten juntos la felicidad del hogar y le vuelve a insistir: “el hijo que ha llegado es hermano tuyo” pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse porque este hermano tuyo estaba muerto…”

La enseñanza de la parábola

A) El amor paternal de Dios al pecador: es la parábola que con más fuerza destaca el amor paternal de Dios para con los hombres, para con los pecadores: para con los que buscan el hogar, es decir, a Dios y al hombre. Tiene un amor ilimitado para todo el que un día descubre que en la vida no se puede vivir solo, aislado, independiente: para esos Dios es perdón, es acogida, es el Dios de los hijos perdidos, el de los últimos… Dios es alguien que se alegra por el retorno de los hijos perdidos.

B) La actuación injusta de los fariseos: La parábola termina con la reacción del hijo mayor… y siempre las parábolas suelen tener la enseñanza principal al final.

El hijo mayor, prototipo de la incomprensión, representa la postura farisea: hace valer sus derechos ante el padre, se siente cumplidor perfecto de la ley: …como a veces nos sentimos nosotros: cumplimos la ley, lo normal, no hay en nuestra vida grandes fallos, grandes equivocaciones o errores… nos sentimos seguros ante Dios.

Por otra parte desprecia y no quiere llamar hermano al que realmente lo es aunque sea pecador.

Por eso Jesús nos quiere descubrir una vez más el enorme contraste que existe entre la postura farisea del hijo mayor y la postura bondadosa del padre. Mientras que Dios, es de un amor inmenso, de un amor paternal infinito, los fariseos son de una mentalidad estrecha e incapaces de entender todo el amor de Dios a los pecadores.

La parábola es una crítica a esa postura nuestra en la que vamos -quizás sin darnos cuenta- criticando a los demás, considerándonos con más derechos que ellos al amor de Dios. Pensamos que otros no saben la verdad, que no van por el buen camino, sin darnos cuenta de que esta gente que nos parece perdida puede estar siendo comprendida, llamada por Dios con un amor que ni podemos sospechar. Y puede ocurrir que, a pesar de sentirnos en casa y pasar toda la vida cumpliendo las órdenes del padre… al final, podemos “quedarnos fuera de casa” y no comprender ni a Dios ni a los hombres.

C) Jesús justifica su actuación con los pecadores: Si Jesús acoge a los pecadores es porque quiere ser como el Padre: porque el Padre es la misma bondad, Jesús no hace más que actualizar, encarnar a ese Dios que ama a los pecadores. Dirá continuamente: los fariseos se deberían alegrar y participar en la fiesta pero no lo hacen. Y viene con una Buena Nueva a acoger a los pecadores y ellos no quieren participar en la fiesta …y este es el problema.

Esta es la gran enseñanza de Jesús: los hombres deberíamos participar en esa gran alegría que es el Evangelio y saber que Dios es para los pecadores, los malos, los pobres, los últimos.

Jesús se defiende de la crítica de los grupos fariseos y se atreve a meter en su mismo grupo a un publicano: Leví, el hijo de Alfeo. Comía con publicanos y pecadores y perdía la fama… pero no le importaba. Lo único que decía era ésto: “No necesitan los sanos de médico sino los enfermos” “no he venido a llamar a justos sino a pecadores”. En la vida es muy peligroso sentirse justo y… en el fondo, sí que nos sentimos más o menos santos que los demás.

De todas formas, la parábola termina dejando una puerta abierta al hijo mayor pero no sabemos qué pudo hacer…

La enseñanza de la parábola HOY

Esta parábola ha sido utilizada para hablar de la confesión, la reconciliación, el pecado, etc.. También puede hablarse de eso. Pero ANTES hay que decir:

A) La parábola se presta a presentar a Dios como amor paternal: es decir, que de la manera de presentar la parábola tiene que surgir la idea, la vivencia de un Dios capaz de hacer fiesta por un pecador arrepentido, capaz de acogerle como hijo y un Dios que ofrece su hogar a todo el que lo busca.

B) Si Dios es tan bueno, nadie puede sentirse tratado injustamente y nadie, nadie puede adoptar la postura de incomprensión del hijo mayor ni escandalizarse ante la actuación de Dios porque los demás no merecen o merecen menos que nosotros: nadie puede protestar.

Todos nos tenemos que sentir amados infinitamente por Dios y nadie puede adoptar una postura crítica justificable ante Dios.

Por otra parte, si Dios es Padre de todos, incluso de los que van contra El, de los pecadores, nosotros no podemos adoptar una postura de rechazo ante nadie.

Si Dios es alguien que ofrece hogar a todo hombre, nosotros, de ninguna manera, por ninguna razón, podemos adoptar una postura de rechazo ante nadie, sea cual fuere su postura, diga lo que diga y tenga la mentalidad que tenga.

C) La comunidad primitiva, la comunidad elegida (como el hermano mayor), es decir, la Iglesia lo comparte todo con el Padre: vivir en la Iglesia es tener la gracia de conocer el Evangelio y poder estar dentro del hogar, poder tener gestos sacramentales de amor con Dios. Los creyentes tenemos que sentirnos invitados a compartir la alegría de Dios que acoge a los pecadores que están fuera del hogar.

La parábola es una invitación a la alegría y al optimismo por tantos hombres que quizás no estén en casa pero no importa. Miles, millones de hombres que no están dentro de la Iglesia pero que no están olvidados de Dios sino comprendidos y acogidos, quizás únicamente por El.

La parábola es una advertencia para todos aquellos que no se sienten hijos pródigos.

Al final de la parábola, es el hijo mayor el que es el que de hecho se queda fuera de casa, el que se queda lejos del padre y del hermano y el que no entra a la fiesta. Por lo tanto, se puede vivir toda la vida junto al padre, cumpliendo estrictamente todas sus órdenes y sin embargo se puede no conocer al padre y no comprender al hermano. Entonces, el estar lejos o cerca de Dios no depende solamente de permanecer en casa o fuera de ella sino de comprender el amor de Dios. Está cerca del Padre el hermano que comprende el amor del Padre y sabe adoptar una postura de amor, de perdón, de comprensión con los demás hermanos. Desde el momento que no adoptamos esta postura ante alguien, ya estamos fuera de casa, lejos del padre.

La parábola se presta a toda una enseñanza sobre el pecado y también es una descripción de la conversión.

Descripción del pecado:

A) Según la descripción de Jesús, el pecado del hijo pródigo consiste en una falta de fe: no cree en la felicidad que puede aportarle el hogar.

B) Este hijo se aleja del hogar del padre y del hermano.

C) La postura de este hombre es de autosuficiencia, independiente: querer independizarse de Dios, eso es pecar: bastarnos a nosotros mismos.

D) Su vida se concreta después en una vida inmoral y libertina.

E) El pecado le lleva a una situación de miseria, de esclavitud, de hambre. El que peca no es libre. En la medida en que en nuestra vida hay pecado, no puede haber libertad. Esta nos la pueden quitar desde fuera pero también nos la quitamos desde dentro: esclavitud, miseria…

Descripción de la conversión

A) Según la parábola, la conversión supone reflexión: hay que detenerse en la vida a pensar. Muy hábilmente somos capaces de pasar años sin enfrentarnos en serio a nosotros mismos. Es muy difícil entrar en uno mismo pero por ahí hay que empezar.

B) El hijo puede recordar la felicidad que tenía junto a su padre y esto es muy importante a medida que pasan los años: se nos olvida la felicidad que nos puede dar Dios. Llega un momento en que nos puede parecer que no nos quiere nadie, ni Dios: entonces se está en peligro de cualquier barbaridad.

C) Este hombre se decide a retornar junto al Padre.

D) Confiesa humildemente su pecado y pide perdón. No tiene ninguna justificación. Es que es muy peligroso ponerse a sacar argumentos y justificarnos ante Dios. Es mejor dejarlo.

E) Este hombre se levanta, pone en práctica su decisión y su conversión y tiene el abrazo reconciliador del padre. No es suficiente que levante: se requiere que el padre le salga al camino y le abrace.

La conversión termina en una aceptación del hijo, en una fiesta y en un banquete.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 30 de marzo

La parábola que acabamos de escuchar en el evangelio de hoy contrapone a dos personas muy diferentes: uno, llamado fariseo, piensa  que tiene ganada la salvación por su propio esfuerzo; el otro, llamado publicano, reconoce su condición de pecador y pide a Dios la gracia del perdón.

El fariseo le recuerda a Dios todas las cosas buenas que hace y le pide  la paga. Y de paso desprecia al publicano, porque lo considera un hombre malo y se siente mucho mejor que él. Él no necesita nada de Dios y menos el perdón. El orgullo y la vanidad se han apoderado de su corazón: se cree bueno, pero está podrido.
Jesús desenmascara esta actitud y abiertamente declara que toda persona que delante de Dios se siente necesitada de amor y de compasión, vuelve a su casa perdonada. Pero el que se cree mejor que los demás y los desprecia, carga con el pecado más grave de todos.

En este tiempo de Cuaresma el Señor nos invita una y otra vez a acercarnos a Él con verdadero sentimiento de dolor por nuestras culpas y pecados –dice el evangelio que el publicano no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios ten compasión de mí porque soy un pecador”.

Las vidas de los santos nos ofrecen ejemplos maravillosos de arrepentimiento y conversión a Dios de verdad. Recordemos la oración de San Agustín: «Tarde te amé, hermosura tan antigua, y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba yo, y me arrojaba sobre esas cosas y personas que tú creaste tan bellas. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me mantenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Llamaste y gritaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia, la respiré y suspiro por ti; te gusté y tengo hambre y sed de ti; me tocaste el corazón y me abrasé en tu amor».

San Agustín encontró a Dios y durante toda su vida experimentó su presencia. Fue el encuentro con la Persona de Jesús el que cambió su vida, como cambia la de cuantos, hombres y mujeres, en cualquier tiempo y lugar de esta tierra, tienen la gracia de encontrarse con Él. Pidamos al Señor que nos dé esta gracia y nos haga encontrar así su paz y su alegría.

Carlos Latorre, cmf

Sábado III de Cuaresma

Hoy es 30 de marzo, sábado III de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 18, 9-14):

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: – «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.» El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.» Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Con la voz potente de los profetas, en este caso de Oseas, se repite el mensaje central de la Cuaresma. Dios está dispuesto a dejarse llevar por la misericordia y perdonar siempre.

Con frecuencia, el pueblo judío rompió la alianza que había sellado con Dios de seguirle y tenerle como su único Dios y Señor. La verdad es que, demasiadas veces, se fue detrás de otros dioses. Las promesas y la misericordia de muchos del pueblo judío, son débiles, pasajeras, “como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora”. Pero bien saben ellos que la misericordia de Dios no es así, sino que es eterna, para siempre y que nunca Dios permanece en su enfado. Por eso, se atreven a decir: “¡Ea, volvamos al Señor! Él nos desgarró, él nos curará; él nos hirió, él nos vendará. En dos días nos sanará, al tercero nos resucitará y viviremos delante de él”. Tienen la seguridad de obtener el perdón de Dios, el que afirma: “Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Jesús, cuando se llegó hasta nosotros, y como no podía ser de otra manera, siguió el comportamiento de su Padre Dios. Siempre perdonó y acogió a todo el que arrepentido se acercaba a él… y nos pidió que nosotros hiciésemos otro tanto, siendo capaces de perdonar a nuestros ofensores “hasta setenta veces siete”. Dios es amor, Jesús es amor y nosotros, hechos a imagen de Dios, también somos amor… y el amor lleva consigo el perdón.

Todos estamos hechos del mismo “material” humano, No somos dioses. Nuestra natural limitación nos lleva a encontrarnos en nuestras manos el mal que no queremos cometer pero que, de vez en cuando, cometemos. Nadie se puede presentar ante Dios con su hoja limpia de pecado. Nadie puede presentarse ante Dios como el erguido fariseo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres”… que son pecadores. Lo nuestro es como lo del publicano. Reconociendo nuestras faltas y con el corazón dolorido por lo hecho y arrepentidos de verdad, decirle a nuestro Padre Dios: “Ten compasión de este pecador”. Y ya que estamos en dialogo amoroso con nuestro Dios, pedirle también que nos siga regalando su ternura, su amor y las fuerzas necesarias para serle fiel a su amistad.

Liturgia 30 de marzo

SÁBADO DE LA III SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Cuaresma

Leccionario: Vol. II

  • Os 6, 1-6. Quiero misericordia, y no sacrificio.
  • Sal 50. Quiero misericordia, y no sacrificio.
  • Lc 18, 9-14. El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

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Antífona de entrada Sal 102, 2-3
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas.

Acto penitencial
Avanzando en el camino hacia la Pascua, la antífona de entrada de hoy nos invita a que bendigamos al Señor con toda el alma, y que no olvidemos sus beneficios; puesto que Él perdona todas nuestras culpas. Hagamos ahora, pues, al comenzar la Eucaristía, un pequeño momento de silencio, en el que cada uno reconozcamos nuestros pecados y le pidamos perdón al Señor por ellos.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra Ti.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Oración colecta
Llenos de alegría,
al celebrar un año más la Cuaresma,
te pedimos, Señor,
al unirnos a los sacramentos pascuales,
que gocemos plenamente de su eficacia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, con la misma humildad con la que el publicano oró en el templo, poniendo en las manos de Dios todas nuestras necesidades.

1.- Para que el Señor, que borra toda culpa, conceda a su Iglesia el don de la penitencia. Roguemos al Señor.

2.- Para que muchos jóvenes se decidan a dejarlo todo y seguir al Señor en el sacerdocio y la vida consagrada. Roguemos al Señor.

3.- Para que el Señor, que enaltece a los que se humillan, se manifieste a los que se esfuerzan en conocerle. Roguemos al Señor.

4.- Para que el Señor, que cura al que se vuelve a Él, haga que los satisfechos de sí mismos se vuelvan indigentes.

5.- Para que el Señor, que no desprecia un corazón quebrantado y humillado, tenga misericordia de nosotros, pobres pecadores. Roguemos al Señor.

Dios de misericordia, que conoces lo más profundo de nuestro pobre y mezquino corazón; escucha nuestras súplicas y mira con benevolencia a los que nos presentamos ante ti con la humilde ofrenda de un corazón arrepentido y humillado. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
O
h, Dios,

cuya gracia nos permite,
purificados nuestos sentidos,
acercarnos a tus santos misterios,
concédenos rendirte una alabanza adecuada,
al celebrar solemnemente lo que nos has entregado en ellos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión Lc 18, 13
El publicano, quedándose atrás, se golpeaba el pecho diciendo: «Oh, Dios, ten compasión de este pecador».

Oración después de la comunión
C
oncédenos, Dios misericordioso,

celebrar con sincera entrega
las realidades santas que nos alimentan continuamente,
y recibirlas siempre con espíritu de fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
E
xtiende, Señor, sobre tus fieles

tu mano derecha como auxilio celestial,
para que te busquen de todo corazón
y merezcan conseguir todo lo que piden dignamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 30 de marzo

Conmemoramos este día a san Pedro Regalado, vallisoletano del que el pueblo se hacía lenguas de sus virtudes y milagros, canonizado por Benedicto XIV casi tres siglos después de que el pueblo lo venía aclamando como santo. La provincia de Valladolid le profesa una gran devoción.

Los mexicanos recuerdan a Julio Álvarez Mendoza, sacerdote fusilado en México en 1927, que murió perdonando de vida voz al pelotón de fusilamiento. El santoral distingue también a san Leonardo Murialdo, pionero de la educación especializada entre los jóvenes obreros del siglo XIX italiano.

El santoral trae también a un grupo de sacerdotes y catequistas asesinados en Corea con su obispo Antonio Daveluy, a san Juan Clímaco abad y maestro de la vida espiritual, Osburda abadesa, Zósimo obispo de Sicilia, Domnino mártir de Tesalónica, los Mártires de Constantinopla, Régulo obispo, Sagundo mártir y Zósimo obispo de Sicilia.

Son beatos Amadeo IX, duque de Saboya protector de los huérfanos, viudas y pobres y Ludovico de Casoria, fundador en Italia de dos Congregaciones para la atención a los necesitados. Todos celebran con Cristo la eterna eucaristía del cielo.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado III de Cuaresma

LAUDES

SÁBADO III CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Dame tu mano, María,
la de las toscas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: «Ave, María»?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa,
a ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María. Amén.

SALMO 118

Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.

CÁNTICO de la SABIDURÍA: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.

LECTURA: Is 1, 16-18

«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos —dice el Señor—. Aunque vuestro pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sea rojos como escarlata, quedarán como lana.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El publicano quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El publicano quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que, para hacer de nosotros criaturas nuevas, ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su cuerpo, y supliquémosle, diciendo:

Renuévanos con tu gracias, Señor

  • Señor Jesús, tú queres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad y humildad,
    — y haz que tengamos paciencia con todos.
  • Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren,
    — para imitarte a ti, el buen Samaritano.
  • Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio,
    — para que vivan su virginidad en bien de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concédenos la abundancia de tu misericordia
    — y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales, y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Vísperas – Viernes III de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES III CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

SALMO 134

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: St 5, 16. 19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

PRECES

Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle:

Compadécete, Señor, de tu pueblo

  • Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza,
    — para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.
  • Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio;
    — y dando testimonio de el por su fe, esperanza y caridad.
  • Conforta, Señor, a los que están tristes,
    — y danos a nosotros el deseo de consolar a nuestros hermanos.
  • Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos,
    — para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos
    — y dales parte en tu gloriosa resurrección.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.