Is 43, 16-21 (1ª Lectura Domingo V de Cuaresma)

El Deutero-Isaías (autor de este texto) es un profeta anónimo, de la escuela de Isaías, que cumplió su misión profética entre los exiliados. Estamos en el siglo VI a. de C., en Babilonia.

Los judíos exiliados están frustrados y desorientados, pues la liberación tarda y Dios parece haberse olvidado de su Pueblo. Sueñan con un nuevo éxodo, en el cual Yahvé se manifieste, otra vez, como el Dios liberador.

En la primera parte del “libro de la consolación” (Is 40-48), el profeta anuncia la inminencia de la liberación y compara la salida de Babilonia y la vuelta a la Tierra Prometida con el éxodo de Egipto.

En este contexto es donde debe ser encuadrada la primera lectura de hoy.

Este oráculo de salvación comienza por recordar a la “madre de todas las liberaciones” (la liberación de la esclavitud de Egipto).

Pero, evocar esa realidad no puede ser una huída nostálgica hacia el pasado, un curarse en salud, un refugiarse por miedo al presente (si así fuera, ese pasado oscurecería la visión del Pueblo, impidiéndole reconocer los signos que se manifiestan ya y que anuncian un futuro de libertad y de vida nueva).

El recuerdo del pasado es válido cuando alimenta la esperanza y prepara para un futuro nuevo. En la acción liberadora de Dios en favor del Pueblo oprimido por el faraón, el judío creyente descubre un modelo: el Dios que así actuó es el Dios que no tolera la opresión y que está del lado de los oprimidos; por eso, no dejará de manifestarse en circunstancias análogas, efectuando la salvación del Pueblo esclavizado.

De hecho, dice el profeta, el Dios libertador en quien creemos y en quien esperamos no retrasará su intervención.

Se acerca el día de un nuevo éxodo, de una nueva liberación. Sin embargo, ese nuevo éxodo será algo grandioso, que eclipsará al antiguo éxodo: el Pueblo liberado recorrerá un camino fácil de regreso a su Tierra y no conocerá el desierto de la sed y de la falta de alimento porque Yahvé va a hacer brotar ríos en el paisaje desolado del desierto.

La actuación de Dios manifestará, de forma clara, el amor y la solicitud de Dios por su Pueblo.

Ante la acción de Yahvé, el Pueblo tomará conciencia de que es el Pueblo elegido y dará una respuesta adecuada: alabará a su Dios por los dones recibidos.

Reflexionad a partir de las siguientes líneas:

Nuestro Dios es el Dios liberador, que no se conforma con ninguna esclavitud que robe la vida y la dignidad del hombre y que está, permanentemente, pidiéndonos que luchemos contra todas las formas de opresión.
¿Cuáles son las grandes formas de esclavitud que impiden, hoy, la libertad y la vida?

¿En este tiempo de transformación y de cambio, qué es lo que puedo yo hacer para que la esclavitud y la injusticia no destruyan la vida de los hombres mis hermanos?

La vida cristiana es un caminar permanente, rumbo a la Pascua, rumbo a la resurrección.
En este tiempo de Cuaresma, se nos invita a dejar definitivamente atrás el pasado y adherirnos a la vida nueva que Dios nos propone.

Cada Cuaresma es un terremoto que nos desinstala, que pone en entredicho nuestra comodidad, que nos invita a mirar hacia el futuro y a ir más allá de nosotros mismos, en busca del Hombre Nuevo.
¿Qué es lo que, en mi caminar por la vida, necesita ser transformado?

¿Qué es lo que todavía me mantiene alienado, prisionero y esclavo?
¿Qué es lo que me impide imprimir a mi vida un nuevo dinamismo, de forma que el Hombre Nuevo se manifieste en mí?