Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 14-16

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p style=»text-align:justify;»>«14Y, yendo a los discípulos, vieron mucha muchedumbre en torno a ellos y a unos escribas discutiendo con ellos. 15Y, de inmediato, toda la muchedumbre, viéndole [a Jesús], quedó sorprendida y, echando a correr, lo aclamó.
16Y les preguntó: “¿De qué discutíais con ellos?”.

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p style=»text-align:justify;»>Después de la magnífica experiencia de la Transfiguración en la cumbre de la montaña (9,2-8) y del diálogo sobre temas escatológicos al bajar de ella (9,9-13), Jesús y sus discípulos más cercanos vuelven al mundo inferior para enfrentarse a la miseria, la enfermedad y la falta de sensibilidad humana, aunque también a sus esperanzas a pesar de la desesperación. El relato contiene varias repeticiones y torpezas, lo que ha hecho que algunos lo vean como la refundición de dos fuentes. Por ejemplo, hay dos descripciones de la enfermedad (9,17-18 y 21-22); se presenta dos veces al muchacho para su curación (9,17.20); hay dos identificaciones del demonio (9,17.25); este reacciona dos veces a la presencia de Jesús (9,20.26) y, por último, parece difícil que la muchedumbre, que está ya en la escena en 9,14, parezca llegar por vez primera en 9,25. 
El pasaje tiene cuatro partes: 1) la vuelta de Jesús a la esfera pública (9,14-16); 2) su conversación con el padre del muchacho poseído (9,17-24); 3) el exorcismo propiamente tal (9,25-27) y 4) la conclusión del relato por medio de una conversación privada de Jesús con los discípulos (9,28-29). De estos elementos, el segundo -la conversación con el padre del muchacho- es especialmente importante, pues acapara la mitad de versículos del relato para un diálogo acerca de la relación entre el poder espiritual, la fe y la incredulidad. 


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p style=»text-align:justify;»> 9,14-16: Después de la Transfiguración (9,2-8) y del diálogo durante el descenso de la montaña (9,9-13), Jesús vuelve «al mundo del pecado y el dolor», para encontrar que ese mundo es un alboroto causado por una discusión entre los escribas y los discípulos que no habían subido con Jesús al monte de la Transfiguración (9,14). Aunque los discípulos no desempeñen un papel principal en el resto del pasaje, las referencias a ellos al principio y el final son importantes ya que la perícopa está situada dentro de una sección del evangelio que tiene que ver con el seguimiento de Jesús (8,22-10,52). Considerada en este contexto, la presentación del padre del muchacho poseído, que tiene y no tiene fe, ha de entenderse como un ejemplo de los discípulos que tienen y no tienen fe a la vez, al igual que la descripción del ciego que ve y aún no ve (8,22-26) refleja su visión espiritual imperfecta. 
No es sorprendente que, después de los rasgos mosaicos de la Transfiguración, el pasaje siguiente sea de algún modo similar a la vuelta de Moisés del Sinaí (Ex 32). En ambos casos, al bajar, el dirigente ve un espectáculo terrible marcado por la continua presencia del pecado y de la dureza de corazón en un mundo que, sin embargo, está en el camino de la redención. Finalmente, ya que nada sugiere en el relato un motivo suficiente para la reacción aterrada de la muchedumbre ante Jesús en 9,15, podemos sugerir que en este rasgo puede haber una alusión a Ex 34,29-30, donde Moisés, que desciende de la montaña, inspira temor por su faz resplandeciente.