Miércoles IV de Cuaresma

Hoy es 3 de abril, miércoles IV de Cuaresma.

Dispongo mi corazón en este momento para volver a sentir la presencia del Señor en mi vida. Él tiene que ver conmigo, con mis fortalezas y debilidades, con mis carencias y mis derroches. Escucho su palabra y la dejo anidar en mi corazón. Las palabras de san Juan de la Cruz sobre el silencio de amor, me sirven para disponerme a acoger la verdad de Dios.

Existe un silencio de amor
Es un silencio fecundo
No hacen falta las palabras
Todo se dice en silencio,
Es un silencio de amor

A veces no se escucha nada
Queriendo escuchar al amado
El permanece en silencio
En un silencio de amor 

El alma se siente perdida
Añora la voz del Amado
Como en los días de fiesta
Y teme no estar a su lado

Pero el Amado está allí
Como escondido o dormido
En el corazón del alma,
En un silencio de amor.

Silencio de amor interpretado por Jesed, «silencio de amor»

La lectura de hoy es de la profecía de Isaías (Is 49, 8-15):

Así dice el Señor: “En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: ‘Salid’, a los que están en tinieblas: ‘Venid a la luz’. Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin.

Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: ‘Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado’. ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.

Bendito el día, mi Señor, en el que has decidido hablarme, comunicarte conmigo, decirme al oído tus palabras, que me ayudan a tener un poco de serenidad en la vorágine de la vida. Me quieres dar respuestas. Deseas profundamente defenderme y me invitas a cuidar de todos. Tu deseo es repoblar los corazones desolados con deseos de amor.

En el camino he podido encontrar sufrimiento y calamidades. Pero tu promesa es otra. En este tiempo sagrado de Cuaresma, he podido vislumbrar la necesidad que tengo de tu salvación. En mis desiertos pondrás pastos. En mis bochornos fuentes que me sacien y en los baches de mi camino, llanuras para reposar el alma. Porque en la oscuridad soy llamado a tu luz. ¿Dónde la encuentro? ¿Dónde intuyo en mi vida la luz que me salva?

Y a pesar del dolor y la miseria, sé que el Señor es puro derroche. Se compara con una madre y la supera. Es un amor mayor aún. A las puertas de revivir tu sufrimiento, mi Señor, de entender que vamos a pasar juntos por el odio y la oscuridad, por la dificultad y el miedo, intuyo que tú vas a estar fuerte a mi lado. Se acerca Jerusalén y lo único que resuena en mi corazón son tus palabras. Yo no te olvidaré.

Leo de nuevo las palabras que el Señor me dirige en este momento. En este tiempo de Cuaresma, encuentro, en mis rato de oración, motivos para seguir esperando. Palabras de esperanza para mí y para el mundo.

Repaso sentimientos y emociones que he vivido durante mi oración y los agradezco. Pido a María que me acerque a su hijo, que me ponga a su lado para encender mi corazón con deseos de seguimiento. Ella, que estuvo hasta el final, me acompañará.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Liturgia 3 de abril

MIÉRCOLES DE LA IV SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Cuaresma

Leccionario: Vol. II

  • Is 49, 8-15. Te he constituido alianza del pueblo para restaurar el país.
  • Sal 144. El Señor es clemente y misericordioso.
  • Jn 5, 17-30. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

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Antífona de entrada          Sal 68, 14
Mi oración se dirige a ti, Señor, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.

Acto penitencial
Hermanos, comencemos la celebración de la Eucaristía pidiendo humildemente perdón por nuestros pecados a Dios, que nunca abandona al hombre, y supliquemos que nos escuche su gran bondad, y que su fidelidad nos ayude.

–  Señor, ten misericordia de nosotros.
o Porque hemos pecado contra Ti.

–  Muéstranos, Señor, tu misericordia.
o Y danos tu salvación.

Oración colecta
OH, Dios,

que concedes a los justos el premio de sus méritos,
y a los pecadores, por la penitencia,
les perdonas sus pecados,
ten piedad de nosotros,
para que la humilde confesión de nuestras culpas
nos obtenga tu perdón.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Hermanos, oremos confiadamente a Dios Padre, que es clemente y misericordioso, para que venga en nuestro auxilio y nos dé su salvación.

1.- Para que todos los que formamos la Iglesia proclamemos la Palabra de Dios y atraigamos a todos a Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.- Para que los hogares cristianos de nuestra diócesis se sientan testigos del Evangelio y fomenten la vocación cristiana, sacerdotal y religiosa de sus hijos. Roguemos al Señor.

3.- Para que el Señor conceda su paz a todos los pueblos, y surjan en todos los corazones los mismos sentimientos de Cristo que vino a salvarnos. Roguemos al Señor.

4.- Para que los difuntos escuchen la voz de Dios y resuciten el día del juicio para la vida eterna. Roguemos al Señor.

5.- Para que al partir el Pan y celebrar nuestra fe, se renueve en nuestras vidas el deseo y la decisión de cumplir la voluntad de Dios. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, nuestras súplicas, y ya que nos respondes en el tiempo de gracia y nos auxilias en el día de salvación, haz que experimentemos tu fuerza que nos sostiene y tu gracia que nos da vida. Por Jesucristo nuestro Señor. 

Oración sobre las ofrendas
T
E pedimos, Señor,

que la eficacia de este sacrificio
borre nuestra condición antigua con la misericordia
y nos haga crecer en la novedad de la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión           Jn 3, 17
Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Oración después de la comunión
D
ESPUÉS de recibir los dones del cielo,

te pedimos, Señor,
que no sean motivo de juicio para nosotros,
pues los instituiste como medicina para tus fieles.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
Q
UE tus siervos, Señor,

se sientan protegidos por tu amor,
para que, haciendo el bien en este mundo,
logren llegar a ti, suma bondad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 3 de abril

Conmemoramos en este día a san Ricardo Wych, nacido en Inglaterra en el siglo XII con una vida paralela a la de san Edmundo, al que siguió en las persecuciones y el destierro. Pocas noticias tenemos de otro santo venerado hoy, Sixto I, que ocupa el sexto lugar en la sucesión de san Pedro como Papa de Roma. Sabemos que fue Papa y mártir por san Ireneo y Eusebio de Cesarea que se refieren de paso a él.

Celebramos también la memoria de Crespo y Papio mártires, Gandulfo de Vinasco, el monje José, Juan de Nápoles obispo, Nicetas abad y Ulpiano mártir de Bitinia y defensor del culto a las imágenes. El último en engrosar la lista de los santos este día ha sido Luis Scrosoppi, gran admirador de san Felipe Neri, sacerdote y fundador de las Hermanas de la Providencia, dedicadas al cuidado de toda clase de personas abandonadas. Fue un hombre perfectamente equilibrado entre la vida contemplativa y la vida activa del apostolado.

La Iglesia recuerda igualmente a los beatos Juan de Pena mártir italiano, Thurtanio Hunt y Roberto Middleton mártires de Isabel I.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Miércoles IV de Cuaresma

LAUDES

MIÉRCOLES IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Llorando los pecados
tu pueblo está, Señor.
Vuélvenos tu mirada
y danos el perdón.

Seguiremos tus pasos,
camino de la cruz,
subiendo hasta la cumbre
de la Pascua de luz.

La Cuaresma es combate;
las armas: oración, 
limosnas y vigilias
por el reino de Dios.

«Convertid vuestra vida,
volved a vuestro Dios,
y volveré a vosotros»,
esto dice el Señor.

Tus palabras de vida
nos llevan hacia ti,
los días cuaresmales
nos las hacen sentir. Amén.

SALMO 107: ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO

Ant. Dios mío, mi corazón está firme. +

Dios mío, mi corazón está firme,
+ para ti cantaré y tocaré, gloria mía.
Despertad, cítara y arpa
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario;
«Triunfaré, ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»

Pero, ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxilianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios mío, mi corazón está firme.

CÁNTICO de ISAÍAS: ALEGRÍA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN

Ant. El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.

Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciando por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.

SALMO 145: FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS

Ant. Alabaré al Señor mientras viva.

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabaré al Señor mientras viva.

LECTURA: Dt 7, 6.8-9

El Señor, tu Dios te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y gardan sus preceptos, por mil generaciones.

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Quién escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna», dice el Señor.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Quién escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna», dice el Señor.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que por la acción de su Espíritu purifica nuestros corazones y los llena de su amor, y digámosle:

Danos, Señor, tu Espíritu Santo.

  • Concédenos, Señor, el espíritu de fe y de acción de gracias,
    — para recibir siempre con gozo lo bueno y soportar con paciencia lo adverso.
  • Haz que busquemos la caridad no únicamente en los acontecimientos importantes,
    — sino, constantemente, en la vida ordinaria.
  • Concédenos observar el ayuno que te agrada
    — compartiendo nuestro pan con los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Danos llenar en nuestros cuerpos la muerte de tu Hijo,
    — tú que nos has vivificado en su cuerpo.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus mértiso, y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.