Quien esté libre de pecado (Oración)

QUIEN ESTÉ LIBRE DE PECADO

La semana pasada, con el relato del hijo pródigo, aprendíamos que Dios perdona. Hoy vamos a ver cómo Jesús perdonaba cada día a las personas que lo necesitaban.

En tiempos de Jesús había una mujer que había sido infiel a su marido, y eso estaba castigado por las leyes judías. La mujer estaba muerta de miedo porque le iban a tirar piedras, y seguramente moriría. La agarraron y la llevaron  al templo ante Jesús. Así que, además de matarla iba a pasar más vergüenza por tener que seguir reconociendo lo que había hecho mal delante de Jesús. Pero… Jesús nos sorprende. Atento.

El texto es una adaptación del evangelio de Juan (Jn 8, 1-11):

Jesús estaba un día en el templo, enseñando a la gente como hacía a menudo. Entonces le trajeron a una mujer y la pusieron en medio. La mujer había sido infiel a su marido y, según la ley de Israel, el castigo era tirarle piedras hasta matarla. Le preguntaron a Jesús, “¿Qué te parece, tenemos que hacer lo que nos dice la ley o no?” Lo decían para pillarle, porque Jesús siempre estaba hablando del perdón, pero si ahora decía que no había que cumplir la ley, era una falta muy gorda. Entonces Jesús se puso a escribir en la arena del suelo. Todos esperaban que dijese algo. Al final se levantó, los miró, y les dijo: “El que nunca haya pecado, que tire la primera piedra”. Los dejó sorprendidos. Porque la verdad es que todos habían pecado alguna vez y, claro, se daban cuenta de que ellos no eran tan perfectos como para castigar con dureza a la mujer. Así que todos se fueron marchando sin castigarla.
Jesús se quedó con la mujer, y la ayudó a levantarse. Ella estaba nerviosa y agradecida. Jesús le dijo: “¿Al final, ninguno te ha condenado?” Ella dijo: “Ni uno, Señor”. Entonces Jesús la miró con cariño y le dijo: “Pues yo tampoco te condeno. Vete, pero no peques más”.

¡Madre mía! Me encanta ver cómo perdona Jesús, porque, ¡anda que no he hecho yo algunas cosas mal! ¡Anda que no intento ocultar cosas a mis padres o a otras personas! Por miedo o por vergüenza. A mí también me cuesta mucho reconocer lo que hago mal.

Confía en Jesús, en su cariño, en su ternura. Mira como él ve más allá de los pecados de la gente. Él trata a las personas de tal manera que las transforma, las cambia. No las hace sentir avergonzadas, sino que desean cambiar de nuevo, como la mujer infiel. Seguro que desde entonces intentó hacer las cosas mejor.

Mientras escuchas la canción, piensa en dos cosas. Solo dos cosas de las que te arrepientes mucho y por  las que nunca te has atrevido a pedir perdón.

Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti Señor,
hoy soy feliz porque te conocí,
gracias por amarme a mí también.

Yo quiero ser, Señor
amado, como el barro en manos del alfarero.
Toma mi vida, hazla de nuevo.
Yo quiero ser un vaso nuevo.
Toma mi vida, hazla de nuevo.
Yo quiero ser un vaso nuevo.
Te conocí y te amé.
Te pedí perdón y me escuchaste.

Sí, te ofendí;
perdóname, Señor,
pues te amo y nunca te olvidaré.

Yo quiero ser, Señor.
amado, como el barro en manos del alfarero.
Toma mi vida, hazla de nuevo.
Yo quiero ser un vaso nuevo.
Toma mi vida, hazla de nuevo.
Yo quiero ser un vaso nuevo.

Vaso nuevo interpretado por Armonía coral, «Vaso nuevo»

Te proponemos que, ahora que está terminando la Cuaresma, hagas el esfuerzo de ser humilde, de reconocer lo bueno y lo malo que haces y seguir adelante. O puedes contarle a tus padres aquello que llevas tiempo queriéndoles decir, y no lo haces. Puedes acercarte a esa persona a la que le has hecho daño y hablar con ella.

Gracias por amarme

Cuando veo todo oscuro… …gracias por amarme.
Cuando veo todo con ilusión… …gracias por amarme.
Cuando trato mal a los demás… …gracias por amarme.
Cuando trato bien a los demás… …gracias por amarme.
Cuando me atrevo a pedir perdón… …gracias por amarme.
Cuando no me atrevo a pedir perdón… …gracias por amarme.
Gracias porque ese amor me ayuda a cambiar, Jesús.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.