I Vísperas – Domingo V de Cuaresma

I VÍSPERAS

DOMINGO V DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des coronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

SALMO 140: ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Ant. Meteré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

Señor, te estoy llamando, ve de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
Un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Meteré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

SALMO 141: TÚ ERES MI REFUGIO

Ant. todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio

y mi lote en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.

LECTURA: 2Co 6, 1-4a

Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por vuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

RESPONSORIO BREVE

R/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

R/ Cristo, oye los ruegos de los que te suplican.
V/ Porque hemos pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Existimos en Cristo, no con la justicia de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Existimos en Cristo, no con la justicia de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo.

PRECES
Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, a tu pueblo

  • Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes,
    — para que nuestro amor crezca y sea verdadero.
  • Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos
    — y tu sed en los sedientos.
  • Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte,
    — haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana.
  • Haz que todos, según el ejemplo de la Virgen María y de los santos,
    — sigan con más diligencia y perfección tus enseñanzas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección,
    — y gocen eternamente de tu amor.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 6 de abril

Tiempo de Cuaresma 

1) Oración inicial

Que tu amor y tu misericordia dirijan nuestros corazones, Señor, ya que sin tu ayuda no podemos complacerte. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 7,40-53
Muchos entre la gente, que le habían oído estas palabras, decían: «Este es verdaderamente el profeta.» Otros decían: «Este es el Cristo.» Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano.
Los guardias volvieron a los sumos sacerdotes y los fariseos. Éstos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?» Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre.» Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos.» Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente a Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?» Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta.»
Y se volvieron cada uno a su casa. 

3) Reflexión

• En el capítulo 7, Juan constata que en medio de la gente había diversas opiniones y mucha confusión respecto a Jesús. Los parientes pensaban de una forma (Jn 7,2-5), la gente pensaba de otra forma (Jn 7,12). Unos decían: “¡Es un profeta!” (Jn 7,40). Otros decían: “¡Engaña a la gente!” (Jn 7,12) Unos lo elogiaban: “¡Hace el bien!” (Jn 7,12). Otros lo criticaban: “¡No ha estudiado!” (Jn 7,15) ¡Muchas opiniones! Cada uno tenía sus argumentos, sacados de la Biblia o de la Tradición. Pero nadie recordaba al mesías Siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12; 61,1-2). Hoy también se discute mucho sobre religión, y cada cual saca sus argumentos de la Biblia. Como en el pasado, hoy también acontece muchas veces que los pequeños son engañados por el discurso de los grandes y, a veces, hasta por el discurso de gente de iglesia.
• Juan 7,40-44: Una confusión en medio de la gente. La reacción de la gente es de lo más variada. Algunos dicen: es un profeta. Otros: es el Mesías, el Cristo. Otros rebaten: no puede ser, porque el mesías vendrá de Belén y éste viene de Galilea. Estas diversas ideas sobre el Mesías producen división y disputas. Había gente que quería detenerle y darle muerte, pero no lo hicieron. Probablemente, porque tenían miedo de la multitud (cf. Mc 14,2).
• Juan 7,45-49: Los argumentos de las autoridades. Anteriormente, ante las reacciones de la gente favorable a Jesús, los fariseos habían enviado a guardias para detenerle (Jn 7,32). Pero habían vuelto sin Jesús. Se habían quedado impresionados por su manera de hablar: “Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre”. Los fariseos reaccionaron: “¿Vosotros también os habéis dejado embaucar?” Para los fariseos “esa gente que no conoce la ley” se deja engañar por Jesús. Es como se dijesen: “¡Nosotros los jefes conocemos mejor las cosas y no nos dejamos engañar!” Ellos atribuyen al pueblo el adjetivo de ¡”maldito”! Las autoridades religiosas de la época trataban a la gente con mucho desprecio.
• Juan 7,50-52: La defensa de Jesús hecha por Nicodemo. Ante este argumento estúpido, la honestidad de Nicodemo se rebela y levanta su voz para defender a Jesús: “¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?” La reacción de los otros es escarnio: “¿También tú eres de Galilea? ¡Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta!” Ellos están seguros. Con el librito del pasado en la mano se defienden en contra del futuro que llega incomodando. ¡Esto ocurre también hoy! Sólo acepto lo nuevo si está de acuerdo con las ideas mías que son del pasado. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son hoy las diversas opiniones sobre Jesús que existen en medio de la gente? Y en tu comunidad ¿existen diferentes opiniones que generan confusión? ¿Cuáles? Cuéntalas.
• Hay personas que sólo aceptan lo nuevo si están de acuerdo con sus ideas que pertenecen al pasado. ¿Y yo? 

5) Oración final

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. (Sal 50)

¿Está brotando algo nuevo?

Para convencernos de que los seres humanos no somos todos iguales basta que abramos los ojos. Nos ayudan escenas como las que nos presenta el evangelio de este domingo. Ante una mujer que es sorprendida en adulterio destacan las reacciones del grupo denunciante y la de Jesús. Un grupo ruidoso conduce a una mujer sorprendida en adulterio a los pies de Jesús, que se halla en el gran patio de Jerusalén. Se acercan a Jesús con el siguiente mensaje: “Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú que dices”. En primer lugar llama la atención el hecho de que solo aparece la mujer: Una mujer. El varón está ausente. Sin embargo para que se dé el adulterio se necesita de un cómplice. Es una prueba más de que eso de los derechos de la mujer no son iguales a los del hombre. Quizá en la teoría, pero en la práctica desde luego que no. Y esta injusticia, este desequilibrio lo venimos arrastrando desde tiempos remotos. No se trata, por tanto, de un invento de recientes partidos políticos. Tanto el grupo denunciante, compuesto por escribas y fariseos, por un lado, y como Jesús por otro rechazan el adulterio si bien por distintos motivos y sobre todo con distintas formas. Jesús se muestra sereno, educado. Manifiesta su desacuerdo con el adulterio, pero lo hace condenando, no a la persona sino al pecado. En el desarrollo del dialogo entre Jesús y el grupo de los denunciantes destaca la famosa, célebre frase: ”El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. De hecho, aquél grupo que acompañaba a la mujer, no era un cínico o hipócrita descarado, pues ninguno tiró piedras. En este aspecto hoy creo que somos menos sensibles y es más difícil que alguien se ponga colorado, se avergüence después de haber cometido un fallo, un error, un pecado (esta última palabra no se usa apenas).

La imagen que proyecta Jesús hablando con la adúltera expande lealtad, honestidad. Una oportunidad para compararle con los distintos dirigentes políticos que se presentarán a las próximas elecciones del mes de mayo. Así se comprende que San Pablo considere “todo basura con tal de ganar a Cristo”. Él es el amigo que cura, dignifica, humaniza. No le echa un sermón, por el contrario invita a la conversión, fortalece los impulsos nuevos, no condena (ni nos condena) porque nos quiere. Todo contacto con Él rejuvenece, renueva, restaura. ”No necesitas que te expliquen de manera más razonable los dogmas de la Iglesia; que haría bien, pero no te serviría de mucho. Lo importante no es que discutas sobre religión para tratar de aclarar dudas; no adelantarías gran cosa. Para tomar en serio tu fe necesitas experimentar que creer en Dios te hace bien. Es normal (…) todos estamos ya escarmentados de promesas, ideologías y doctrinas que no sirven. Hoy solo es posible creer en alguien si experimentas que te ayuda a vivir”.

Verbos muy distintos los utilizados por el evangelista al describir la retirada: Se “escabullieron” uno a uno, empezando por los más viejos. “Escabullir” significa retirada cobarde, dando a entender que se alejaron avergonzados. Hagamos nuestro el consejo de J.A. Pagola: “No vivas como una persona que cree que lo sabe todo. No es verdad.” Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Los científicos más prestigiosos de nuestro tiempo se encuentran tan impotentes como los humildes analfabetos para contestar a las preguntas decisivas de los seres humanos: “¿Es la vida un paréntesis entre dos grandes “vacíos”?,¿Cuál es el destino último de la humanidad?. ¿Nos espera algo o alguien después de la muerte?. “Un Dios crucificado nos obliga a cuestionar todas la imágenes que nosotros nos hacemos de Dios: Piensa un poco: ¿Qué hace Dios en una cruz?. La crucifixión rompe todos nuestros esquemas. Jamás se nos hubiera ocurrido imaginar a Dios así”.

Josetxu Canibe

Comentario del 6 de abril

Los discursos pronunciados por Jesús en la explanada del Templo de Jerusalén provocaron una gran diversidad de opiniones sobre su persona. Unos decían: Éste es de verdad el profeta. Otros: Éste es el Mesías. Pero su supuesto origen galileo –Jesús era conocido como ‘el Nazareno’, aunque había nacido en Belén de Judá, de familia davídica-, generaba dificultades: ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David? Así era, en efecto; pero el criado y crecido en Galilea había nacido realmente en el lugar profetizado, en Belén de Judá. Tras el debate, vino la discordia. Algunos querían prenderlo –nos informa el evangelista-; de hecho, los sumos sacerdotes ya habían dado orden de arresto, pero esta orden no se ejecutó. Los guardias del templo habían acudido a sus jefes con las manos vacías. Y a la pregunta de sus superiores: ¿Por qué no lo habéis traído?, ellos responden: Jamás ha hablado nadie así. Se han sentido desarmados por sus palabras.

Los fariseos reaccionan ante la pasividad de los guardias y les acusan de haberse dejado embaucar por un discurso engañoso. Y tratan de desprestigiarle: ningún jefe o fariseo, es decir, ningún hombre de valía reconocida ha creído en él; sólo se ha ganado la confianza de esa gente ‘despreciable’ que no entienden de la ley y que, por lo mismo, merecen ser considerados unos “malditos”. Pero esto no era del todo cierto; también había fariseos que se habían dejado tocar por el mensaje de Jesús. Era el caso de Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo de incógnito y que ahora habla en su defensa: ¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho? La ley no lo permitía, pero ellos, tan legalistas, están dispuestos a ignorar la ley cuando las circunstancias lo exijan. Por eso, a la propuesta de Nicodemo, reaccionan malhumorados con argumentos ad hominem: ¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas? Aunque con sus acciones y palabras Jesús pueda acreditarse como profeta, ellos nunca aceptarán esta posibilidad, porque sus numerosos prejuicios se lo impiden. La Galilea de los gentiles es una tierra que no puede dar profetas; y Jesús viene de esa región.

Siempre podremos encontrar motivos para no abrir nuestro corazón a Dios y a su profeta. Nuestra mente puede estar sembrada de prejuicios que lo impidan: prejuicios filosóficos, científicos, experienciales. Es verdad que para los que hemos nacido en el seno de una tradición creyente y cristiana, las creencias educacionales pueden ejercer de prejuicios favorables, si es que no hemos reaccionado a esa educación como una imposición intolerable contra la que luchamos denodadamente para librarnos de ella; pero también puede formar parte de nuestra educación esa filosofía de la sospecha que lo cuestiona todo o esa mentalidad cientifista que no admite otra vía de conocimiento que la proporcionada por el método empírico y que lleva a rechazar todo dato que no pase por este crisol. Las mismas experiencias decepcionantes de la vida pueden sumarse a este escepticismo que nos hace desconfiar de todo testimonio y de toda promesa u oferta de salvación. Sólo la apertura de la mente y del corazón hace posible el acercamiento a esta realidad cuyo fondo resulta inalcanzable para la ciencia y la razón humanas por mucho margen de progreso que se las reconozca.

Jesucristo nos pide el obsequio de nuestra fe. ¿Seremos capaces de dárselo? Él ha venido de parte del Padre como su enviado e Hijo, como su Hijo amado. Éste es su coherente testimonio, mantenido hasta el final de su corta existencia. ¿Creeremos en él? Todavía es tiempo de conversión. Todavía estamos a tiempo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Atraídas por Jesús en medio de la prostitución

El testimonio de mujeres que ejercen la prostitución. Es realmente una buena noticia. Son mujeres que están tomando parte en grupos donde, acompañadas por las Hermanas Oblatas, reflexionan y oran con la ayuda de mi libro Jesús. Aproximación histórica. He quedado conmovido al captar la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres de alma sencilla y corazón bueno. ¿No nos volvería a repetir Jesús aquello que gritó en Galilea: «Las prostitutas entran antes que vosotros en el Reino de Dios»?

Un abrazo grande y agradecido a vosotras mujeres creyentes, por vuestro testimonio, y a vosotras, hermanas Oblatas, que compartís con ellas vuestra fe. José Antonio.

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– Me sentía sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora, me siento con ganas de seguir viviendo porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento.

– Dios esta dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. ¡Este Jesús me entiende…!

– He experimentado la presencia de Dios en un viaje a Europa, mi compañera murió en el camino. Dios estaba cerca, lo sentí a mi lado. En aquella mañana sentí que la mano de Dios me guió y su presencia fue muy fuerte…

– Ahora, cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho de mi sufrimiento.

– Jesús quiero cambiar de vida, guíame porque tú solo conoces mi futuro…

– ¿Dónde estabas? Cada día que pasa siento más el amor de Dios y me siento acariciada por las personas que Dios pone en mi camino…

– Para mí, el simple hecho de sentir amor en el corazón es prueba de tener a Dios en el corazón…

– Me siento afortunada de haber conocido a este Jesús…

– Yo pido a Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida. Siempre que me ocurre algo, yo le llamo y Él me ayuda. Él esta cerca de mí, es maravilloso…

– Él me lleva en sus manos, Él me carga, siento la presencia de Él…

– En la madrugada es cuando más hablo con Él. Él me escucha mejor porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada, me arrodillo y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo lucharé por Él.

– Mi vida en el pasado era un vacío, un vaso quebrado, le coloqué un corazón y se unieron los trozos…

– Un día yo estaba apoyada en la plaza y dije: Oh Dios mío, ¿será que yo sólo sirvo para esto? ¿Solo para la prostitución?… Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargándome ¿entendiste? Transformándome. Fue en aquel momento. Tanto que yo no me olvido. ¿Entendiste?…

– Yo ahora dialogo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú viste lo que le sucedió a mi compañera (se refiere a una colega que fue asesinada en un hotel). Te ruego por ella y pido que nada malo suceda a mis compañeras, yo no hablo pero pido por ellas pues ellas son personas como yo.

– Ahora, cuando tengo tiempo, voy a su capilla hecha de troncos cortados por la mitad y de palmas. Se llama la iglesia de la naturaleza. Tienen una capilla para la adoración. Y me encuentro conmigo misma… y no digo “Señor dame esto o aquello” estoy sin hacer nada. Solo a veces canto mi canción favorita «anima Christi» especialmente porque es mi favorita. Yo le canto a Jesús en mis pensamientos.

– Solo en Jesús puedo confiar… a través de mis lágrimas y orando para sobrevivir.

– Estoy furiosa, confundida, triste, dolida, rechazada, nadie me quiere, no sé ni a quien culpar o sería mejor odiar a la gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí en ti y has permitido que esto me pasara. Ya estoy cansada de echar la culpa a Dios. Pero no me hagas daño. Te doy otra oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero por favor no me dejes de nuevo.

– En Jesús he encontrado el verdadero amor que he deseado conocer y experimentar.

Domingo V de Cuaresma

Este relato falta en los mejores manuscritos griegos. Pero su contenido guarda el recuerdo del Jesús histórico. Aunque probablemente provenga del siglo II y tenga su origen en Egipto. Esto no quiere decir que sea falso. Lo más probable es que está colocado fuera de su sitio, que sería el evangelio de Lucas, en los enfrentamientos de los líderes religiosos con Jesús, en vísperas de la pasión. La Iglesia lo acepta y lo enseña como un relato auténtico.

El episodio es indignante. No tanto por el adulterio de la mujer, sino sobre todo por el cinismo y la hipocresía de los que la acusan, todos ellos hombres. Aquellos “doctos” letrados y aquellos “observantes” fariseos le traen a Jesús una mujer sorprendida en flagrante adulterio. Como es lógico, en aquel adulterio, tenía que haber, no solo una “adúltera”, sino además (y con ella) un “adúltero”. Los acusadores basan su acusación en la ley de Moisés, que dice esto: Si uno comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos adúlteros son reos de muerte 20, 10; cf. Deut 22, 22). Pero resulta que, a juicio de los “doctos” y “observantes”, quien merecía la muerte era solamente la mujer. ¿Y el que adulteró, posiblemente, fue uno de los que se fueron escabullendo (Jn 8, 9).

Jesús no condena a la mujer. Jesús despenaliza el adulterio. Y lo más fuerte: Jesús desenmascara la hipocresía de los “profesionales de la religión”, un colectivo en el que abundan los censores sin piedad cuando se trata de los pecados y delitos de los demás, al tiempo que ocultan, con descarada desvergüenza, esos mismos pecados y delitos cuando los comete el clero. Esto pasaba en tiempo de Jesús. Y sigue pasando ahora. Es una mentalidad frecuente entre clérigos, por más que bastantes entre ellos sean hombres ejemplares por su integridad y el ejemplo de su vida.

José María Castillo

Domingo V de Cuaresma

El resumen de las enseñanzas de este 5º Domingo de Cuaresma sería: Dios por medio del profeta Isaías (1ª lect. 433, 16-21) anuncia a su pueblo, cautivo de los babilónicos, que va a realizar algo nuevo para  ellos.

San Pablo (2ª lect. Flp. 3, 8-14) les dice a los cristianos de Filipos que seguir a Jesús en eso nuevo que va a aparecer le compensa de todos los esfuerzos que ello le cuesten.

Jesús (3ª lect. Jn. 8, 1-11) exige, para que pueda aparecer eso nuevo sobre cada uno de nosotros,   un serio y sincero  conocimiento de sí mismo que evite toda falsedad e hipocresía. 

Centrándonos en el Evangelio son múltiples  las  enseñanzas que podríamos sacar de él,  por ejemplo,   que Jesús es misericordioso con la pecadora,  (yo tampoco te condeno) que sin embargo es rígido con el pecado  (no peques más),  que no debemos ser hipócritas como aquellos que querían apedrear a la adúltera, que debemos imitarle  cuando tratemos con un pecador, que como Él  debemos desenmascarar a los farsantes y defender a los débiles, etc. etc.

Pero hay una enseñanza especialmente subrayable dentro del esquema que seguimos.  Estos dos últimos domingos hemos reflexionado sobre el punto de “llegada”  de la conversión según se trate de una conversión radical: reencontrarnos con Dios,  como el hijo pródigo o de una conversión “perfectiva”: acercarnos a la perfección,  a la manera como una semilla se convierte poco a poco en árbol frondoso.

Jesús con su comportamiento ante la adúltera,  nos indica la extraordinaria importancia que tiene, en el proceso de la conversión, poseer  un conocimiento lo más exacto posible del punto de partida: conocernos de verdad, saber quiénes somos y dónde estamos en el campo de la moral.

La proposición  de Jesús de que quien esté libre de pecado tire la primera piedra tiene  muy mala idea aunque está hecha  con una muy buena intención: Enfrentar a cada uno de aquellos siniestros jueces consigo mismo. Les obligó a mirarse a sí mismos  a descubrir su intimidad,  a reconocerse en su verdadera realidad.

Jesús nos ofrece en este pasaje uno de los más importantes consejos con los que trató de ayudarnos a ser personas maduras, coherentes y responsables de nuestros actos.

El conocimiento de uno mismo es imprescindible para comenzar cualquier tarea   de perfeccionamiento personal

Si no sabemos cómo somos, con qué contamos como punto de partida jamás sabremos cuales son nuestras  posibilidades reales de mejorar.

El conocimiento de uno mismo es tan importante que ya  aparece  como exhortación  en el Templo de Delfos: “conócete a ti mismo”

Una expresión que fue muy utilizada en la filosofía moral de Sócrates,  luego por  su fiel discípulo Platón  y  más tarde en el Renacimiento  sobre todo por influencia de Marsilio  Ficino que instituyo la academia en Florencia. Es un consejo permanentemente válido. Quien es un desconocido para sí mismo jamás podrá hacer de él algo verdaderamente valioso.

También Jesús, al margen del campo filosófico, con su divina sabiduría,  insistió en esa importancia   en varias de sus actuaciones. Por ejemplo cuando dice que: Quien edifica una casa (Mateo 7, 24-27) debe saber sobre qué la va a edificar para prever su consistencia y duración.

En otra ocasión dijo  (Lc. 14,31) ¿Qué rey, yendo a hacer guerra contra otro rey, no se sienta primero y consulta si con diez mil puede salir al encuentro del que viene contra él con veinte mil?

Antes de comenzar una tarea, sea la que sea, hay que saber exactamente con que elementos se cuenta para emprenderla.

En la construcción  de nuestra personalidad tanto humana como religiosa es absolutamente imprescindible que dediquemos más de un esfuerzo en  tratar de conocernos íntimamente, desnudándonos de las caretas, prejuicios, rutinas, de todo aquello que enmascara nuestra verdadera personalidad. Hemos de hacer como las radiografías: pasar los límites de la piel y de la carne para ver el esqueleto que realmente sustenta nuestra personalidad. Debemos saber,  como en los análisis de sangre,  nuestro nivel de egoísmo, malevolencia, susceptibilidad, violencia, hipocresía, pereza, debilidad, hedonismo, imprudencia, etc. para evitar tener una personalidad moralmente enferma. Nos hacemos análisis para evitar  tener alto el colesterol, la glucosa, la creatinina, etc. y está bien porque cualquier exceso de ellos  supone un factor serio de riesgo que nos puede minar la salud corporal pero igualmente deberíamos hacernos chequeos  para conocer  “cómo estamos” espiritualmente por dentro.  En ello nos va la salud moral, ética, con su enorme influencia en nuestra vida social, familiar, profesional, lúdica, política, etc. etc.

En el intento por descubrir cómo somos realmente,  es muy útil ayudarnos  de las valoraciones que los demás hagan de nosotros.

Es muy lógico esto. Nadie es buen juez en causa propia. La tentación de “cocinar”  a nuestro gusto los datos que vayamos adquiriendo  sobre nosotros es muy grande. A nadie le gusta descubrir y aceptar sus limitaciones, sus defectos, sus malos hábitos. Los otros  nos ven más asépticamente. No deberíamos echar en saco roto las críticas que, con el deseo de ayudarnos,  nos hagan sobre todo las personas más próximas a nosotros.

Incluso  también son utilizables las críticas que nos hagan personas que no nos tengan excesivo afecto y que nos las manifiesten  más con el deseo de zaherirnos que de otra cosa. Con seguridad que aumentarán nuestros defectos  pero podrán ayudarnos a descubrir zonas de nuestra personalidad que nos esforzamos por disimular o esconder.    

Es un buen servicio que también nosotros debemos prestar  con absoluta caridad  a los que conviven con nosotros.

El autoconocimiento no solo nos vendrá bien para crecer nosotros en valores sino también para ser comprensivos, misericordiosos con los que conviven con nosotros. Sabernos deficientes nos ayudará a comprender las deficiencias de los demás. Fue precisamente con esa intención con la que sacó el tema Jesús.

También en esta materia  fue  un gran  maestro. Nos enseñó a ser duros con el pecado pero comprensivos y misericordiosos con los pecadores. Al pecado hay que erradicarlo del mundo y en esa guerra los cristianos tenemos que ser fuertes, constantes y tajantes. A  los pecadores, por el contrario,  hay que recuperarlos para el bien, lo cual nos exige paciencia, comprensión y esfuerzo. Ser un buen pastor no es un  “título”   literario  sino una tarea ardua y perseverante. Pero, así es Dios con nosotros, paciente y misericordioso, y así hemos de ser también nosotros con los demás. AMÉN.

Pedro Sáez

Creer en el perdón

BASTANTES piensan que la culpa es algo introducido en el mundo por la religión: si Dios no existiera, no habría mandamientos, cada uno podría hacer lo que quisiera y, entonces, desaparecería el sentimiento de culpa. Suponen que es Dios el que ha prohibido ciertas cosas, el que pone freno a nuestros deseos de gozar y el que, en definitiva, genera en nosotros esa sensación de culpabilidad.

Nada más lejos de la realidad. La culpa es una experiencia misteriosa de la que ninguna persona sana se ve libre. Todos hacemos en un momento u otro lo que no deberíamos haber hecho. Todos sabemos que nuestras decisiones no son siempre transparentes y que actuamos más de una vez por motivos oscuros y razones inconfesadas.

Es la experiencia de toda persona: no soy lo que debía ser, no vivo a la altura de mí mismo. Sé que podría muchas veces evitar el mal; sé que puedo ser mejor, pero siento dentro de mí ‘algo’ que me lleva a actuar mal. Lo decía hace muchos años Pablo de Tarso: «No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero (Rm. 7,19). ¿Qué podemos hacer?, ¿cómo vivir todo esto ante Dios?

El Credo nos invita a «creer en el perdón de los pecados». No es tan fácil. Afirmamos que Dios es perdón insondable, pero luego proyectamos constantemente sobre él nuestros miedos, fantasmas y resentimientos oscureciendo su amor infinito y convirtiendo a Dios en un ser justiciero del que lo primero es defenderse.

Hemos de liberar a Dios de los malentendidos con los que deformamos su verdadero rostro. En Dios no hay ni sombra de egoísmo, resentimiento o venganza. Dios está siempre volcado sobre nosotros apoyándonos en ese esfuerzo moral que hemos de hacer para construirnos como personas. Y ahora que hemos pecado, sigue ahí como «mano tendida» que quiere sacarnos del fracaso.

Dios sólo es perdón y apoyo aunque, bajo el peso de la culpabilidad, nosotros lo convirtamos a veces en juez condenador, más preocupado por su honor que por nuestro bien. La escena evangélica es clarificadora. Todos quieren «echar piedras» sobre la adúltera, todos menos Jesús. Todos quieren convertir a Jesús en «juez condenador», pero él, lleno de Dios, reacciona de manera sorprendente: «No te condeno. Anda y, en adelante, no peques más».

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 6 de abril

Hay momentos en la vida en los que hay que estar dispuestos y preparados para “dar la cara”, situaciones en las que no debemos dar marcha atrás, que deben ser afrontadas con firmeza, valentía y decisión. Son situaciones difíciles, inevitables, para las que no acabamos de estar del todo preparados y ante las cuales no es legítimo huir, pues debemos pasar por ellas.

El profeta Jeremías pone voz a la queja amarga de Jesús, una queja dura: “Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí: -Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre contra su pueblo Israel porque no cumple la alianza que había pactado: «no escucharon, caminaban según sus ideas, me daban la espalda-”.

Pero Jesús dio la cara, aceptó y se enfrentó a su destino. Confianza absoluta, entrega por entero, abandono en el Padre, amor hasta dar la vida. Estamos a punto de asistir a este misterio máximo de amor que ha cambiado el curso de la historia, pero cuyo desarrollo y expansión va a seguir dependiendo de que nosotros lo pongamos en práctica, lo llevemos decididamente a la vida.

Acompaña en tu oración de hoy al Señor en estos momentos previos a su Pasión; ponte en su lugar y pídele que Él también te acompañe en los momentos cruciales de tu vida donde se te pida un gesto de amor, aunque te duela, momentos para los que nunca acabamos de estar del todo preparados, pero ante los cuales nunca estaremos solos si dejamos al Señor estar a nuestro lado. María lo estuvo, lo acompañó hasta el final y también está dispuesta a acompañarnos a nosotros en el camino de la fe y de la vida, sin rehuir la cruz, dando la cara, como también hizo ella. “Ahí tienes a tu Madre”.

Juan Lozano, cmf