¿Está brotando algo nuevo?

Para convencernos de que los seres humanos no somos todos iguales basta que abramos los ojos. Nos ayudan escenas como las que nos presenta el evangelio de este domingo. Ante una mujer que es sorprendida en adulterio destacan las reacciones del grupo denunciante y la de Jesús. Un grupo ruidoso conduce a una mujer sorprendida en adulterio a los pies de Jesús, que se halla en el gran patio de Jerusalén. Se acercan a Jesús con el siguiente mensaje: “Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú que dices”. En primer lugar llama la atención el hecho de que solo aparece la mujer: Una mujer. El varón está ausente. Sin embargo para que se dé el adulterio se necesita de un cómplice. Es una prueba más de que eso de los derechos de la mujer no son iguales a los del hombre. Quizá en la teoría, pero en la práctica desde luego que no. Y esta injusticia, este desequilibrio lo venimos arrastrando desde tiempos remotos. No se trata, por tanto, de un invento de recientes partidos políticos. Tanto el grupo denunciante, compuesto por escribas y fariseos, por un lado, y como Jesús por otro rechazan el adulterio si bien por distintos motivos y sobre todo con distintas formas. Jesús se muestra sereno, educado. Manifiesta su desacuerdo con el adulterio, pero lo hace condenando, no a la persona sino al pecado. En el desarrollo del dialogo entre Jesús y el grupo de los denunciantes destaca la famosa, célebre frase: ”El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. De hecho, aquél grupo que acompañaba a la mujer, no era un cínico o hipócrita descarado, pues ninguno tiró piedras. En este aspecto hoy creo que somos menos sensibles y es más difícil que alguien se ponga colorado, se avergüence después de haber cometido un fallo, un error, un pecado (esta última palabra no se usa apenas).

La imagen que proyecta Jesús hablando con la adúltera expande lealtad, honestidad. Una oportunidad para compararle con los distintos dirigentes políticos que se presentarán a las próximas elecciones del mes de mayo. Así se comprende que San Pablo considere “todo basura con tal de ganar a Cristo”. Él es el amigo que cura, dignifica, humaniza. No le echa un sermón, por el contrario invita a la conversión, fortalece los impulsos nuevos, no condena (ni nos condena) porque nos quiere. Todo contacto con Él rejuvenece, renueva, restaura. ”No necesitas que te expliquen de manera más razonable los dogmas de la Iglesia; que haría bien, pero no te serviría de mucho. Lo importante no es que discutas sobre religión para tratar de aclarar dudas; no adelantarías gran cosa. Para tomar en serio tu fe necesitas experimentar que creer en Dios te hace bien. Es normal (…) todos estamos ya escarmentados de promesas, ideologías y doctrinas que no sirven. Hoy solo es posible creer en alguien si experimentas que te ayuda a vivir”.

Verbos muy distintos los utilizados por el evangelista al describir la retirada: Se “escabullieron” uno a uno, empezando por los más viejos. “Escabullir” significa retirada cobarde, dando a entender que se alejaron avergonzados. Hagamos nuestro el consejo de J.A. Pagola: «No vivas como una persona que cree que lo sabe todo. No es verdad.” Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Los científicos más prestigiosos de nuestro tiempo se encuentran tan impotentes como los humildes analfabetos para contestar a las preguntas decisivas de los seres humanos: “¿Es la vida un paréntesis entre dos grandes “vacíos”?,¿Cuál es el destino último de la humanidad?. ¿Nos espera algo o alguien después de la muerte?. “Un Dios crucificado nos obliga a cuestionar todas la imágenes que nosotros nos hacemos de Dios: Piensa un poco: ¿Qué hace Dios en una cruz?. La crucifixión rompe todos nuestros esquemas. Jamás se nos hubiera ocurrido imaginar a Dios así”.

Josetxu Canibe