Introducción a la Pasión

La lectura de la Pasión es tan extraordinariamente rica en contenido que  puede ofrecernos materia suficiente para alimentar espiritualmente toda nuestra  vida.

En “La Pasión”  se hacen evidentes “muchas cosas”

El amor de Jesús hacia nosotros, su enorme fortaleza ante el dolor y el sufrimiento, la absoluta fidelidad a la tarea encomendada por el Padre, su entrega total al servicio de una  humanidad desorientada.  El centurión supo proclamar solemnemente la enorme grandiosidad de Jesús: “Verdaderamente, este era Hijo de Dios”.

Pero igualmente,  como advertencia para todos nosotros,    queda  patente   toda la enorme  ruindad  de quienes la tramaron y ejecutaron dominados por  tremendas pasiones.

A Jesús le mataron “varios” hombres concretos pero que representaban la existencia de enormes fuerzas de pecado. Herodes   dominado por el hedonismo más abyecto, los sumos sacerdotes  poseídos por la soberbia.  El gobernador Pilato, egoísta que solo pensaba en sus problemas con Roma. Judas, traidor a la confianza que Jesús había depositado en él.  El pueblo sediento de espectáculos sin conciencia moral alguna. Los soldados embrutecidos por el frecuente derramamiento de sangre en sus crueles  conquistas.

A Jesús le mataron los pecados que dominaban a aquellos siniestros personajes que intervinieron en su ejecución.

Es importante esta reflexión porque esos mismos pecados siguen vivos en nuestro siglo XXI y siguen provocando los mismos tremendos acontecimientos que sus antepasados. Entonces se vendió y escarneció a Jesús, hoy se vende al amigo, se sigue actuando  por interés, se valora según el placer, se evitan las complicaciones que puedan producir las preocupaciones por los demás, se pisa a quien sea si resulta necesario para triunfar, se miente, se calumnia. Parece valer todo cuando se trata de autoafirmarse uno; da lo mismo lo que pase a los demás.

Hoy se sigue crucificando a mucha gente porque siguen  vigentes aquellas mismas actitudes pecaminosas que costaron la vida a Jesús.

Los cristianos, reflexionando sobre todo esto,   debemos sacar al menos cuatro serios compromisos:

Uno: Luchar para que esos instrumentos de dolor sean erradicados de la tierra. No podemos cruzarnos de brazos lamentándonos sin hacer nada por eliminarlos. Jesús nos convoca a la lucha por el bien.

Dos. Tenemos que ser como otro cirineo que les ayude a llevar esas tremendas cruces que el mal pone sobre sus hombros.

Tres. No reproducir en nuestra vida  ninguno de los vicios  que causaron tal monstruosidad.  Que nadie pueda decirnos que representamos en su vida uno de esos trágicos personajes que les está destrozando su paz, su felicidad, su vida.

Cuatro. Salvar a Jesús. Aquella gente prefirió salvar a barrabás.  Si me lo preguntaran  a mi ¿A cuál  de los dos salvaría o estoy salvando yo hoy?

A Jesús que representa el Bien o a Barrabás que personaliza el mal.

Pedro Sáez