Sábado V de Cuaresma

Hoy es 13 de abril, sábado V de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 11, 45-57):

En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: – «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.» Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: – «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.» Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: – «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Conocemos la alianza de amor de Dios con su pueblo, el pueblo judío: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Con frecuencia, la mayoría del pueblo, siempre hubo un pequeño resto fiel, dio la espalda a su Dios yéndose detrás de otros dioses, de ídolos, lo que le acarreó el destierro a tierra extranjera. Dios, permitiendo estas situaciones dolorosas de su pueblo, nunca le abandonó. Fue siempre fiel a la palabra dada. Llegado el momento oportuno, hizo revivir su alianza de amor con su pueblo, como nos indica la lectura de hoy del profeta Ezequiel. “Con ellos moraré, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor, el que consagra a Israel, al estar mi santuario entre ellos para siempre”.

Bien sabemos que “llegada la plenitud de los tiempos” Dios nos envió a la tierra a su propio Hijo para que sellase una nueva alianza de amor, pero esta vez con toda la humanidad. Nos indicó, para romper nuestras tinieblas, el camino que hemos de seguir para encontrar el gozo de vivir. Nos prometió estar siempre con nosotros en el trayecto terreno antes de llegar al nuevo paraíso, después de nuestra muerte y resurrección, de la felicidad total cuando Dios y solo “Dios sea todo en todos” para toda una eternidad, eliminando para siempre sus enemigos.  

Las autoridades religiosas judías de entonces empezaban a estar nerviosas. Convocaron el Sanedrín para ver qué decisiones tomar, porque lo de Jesús se les estaba escapando de las manos. Muchos judíos se iban detrás de él, mermando las filas del judaísmo. Además tenían miedo de que ante este panorama “vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación”. Ante esta situación “aquel día decidieron darle muerte”.

Es verdad que por esto Jesús “ya no andaba públicamente con los judíos”, pero se mantuvo en sus trece. Ninguna decisión humana, aunque fuese la del Sanedrín, le iba a impedir realizar su misión. La misión que el Padre le encomendó de proclamar el evangelio del amor, del amor a Dios Padre y del amor a los hermanos que son todos los hombres. De haberse callado y retirado hasta el final pacífico de sus días, no le habrían crucificado. Pero nos habríamos quedado sin su persona y sin su evangelio. Sabemos que las autoridades consiguieron su propósito crucificándole, pero nos consiguieron su deseo de darle muerte para siempre y que cayese en el olvido del pueblo, porque el Padre Dios le resucitó. Y su persona y su mensaje liberador sigue iluminado y salvando a sus seguidores de todos los tiempos.

Liturgia 13 de abril

SÁBADO DE LA V SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de sábado (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio de Cuaresma.

Leccionario: Vol. II

  • Ez 37, 21-28. Los haré una sola nación.
  • Salmo: Jer 31, 10-13. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
  • Jn 11, 45-57. Para reunir a los hijos de Dios dispersos.

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Antífona de entrada          Sal 30, 10. 16. 18
Piedad, Señor, que estoy en peligro, líbrame de mis enemigos que me persiguen; Señor, no quede yo defraudado tras haber acudido a ti.

Acto penitencial     
Hermanos, agradecidos a Dios por el don de su benevolencia, y reconociendo que somos en su presencia, como reza la antífona de entra de la Misa de hoy, unos gusanos, vergüenza de la gente y desprecio del pueblo, le suplicamos que no se quede lejos, y que venga corriendo a ayudarnos. Y lo hacemos pidiéndole perdón por nuestros pecados al comenzar la Eucaristía. 

– Señor, ten misericordia de nosotros.
* Porque hemos pecado contra Ti.

– Muestranos, Señor, tu misericordia.
* Y danos tu salvación

Oración colecta
PERDONA las culpas de tu pueblo, Señor,

y que tu bondad nos libre de las ataduras del pecado,
que hemos cometido a causa de nuestra debilidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:
OH, Dios, que en este tiempo
otorgas con bondad a tu Iglesia
imitar devotamente a santa María
en la contemplación de la pasión de Cristo,
concédenos, por la intercesión de la Virgen,
adherirnos cada día más firmemente a tu Hijo unigénito
y llegar finalmente a la plenitud de su gracia.
Él, que vive y reina contigo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios Padre, que por medio de su Hijo Jesucristo ha salvado a su pueblo y nos guarda como un pastor a su rebaño.

1.- Para que la muerte y resurrección de Jesús, el Señor, reúna eficazmente a todos los cristianos en la única Iglesia, santuario de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Para que los llamados por Jesucristo, firmes en Él y en su fidelidad, se abandonen con confianza en sus manos y le sirvan con generosidad. Roguemos al Señor.

3.- Para que nuestro mundo llegue a ser uno, buscando la paz para todos y cada uno de los pueblos de la tierra. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que sufren por cualquier motivo vean converida su tristeza en gozo por la victoria de Jesucristo sobre el pecado. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos tengamos un corazón nuevo y un espíritu nuevo, a fin de que con nuestras buenas obras podamos corresponder a la gracia de la redención. Roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro, que por medio de la Sangre de tu Hijo, derramada en la cruz, nos has dado la vida; escucha las súplicas de tu Iglesia y concede a tu Iglesia la reconciliación y la paz, para que, purificados de sus pecados, todos tus hijos formen un solo pueblo consagrado a la alabanza de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
C
ONCÉDENOS, Dios misericordioso,

servir siempre a tu altar con dignidad
y alcanzar la salvación por la participación constante en él.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I de la Pasión del Señor

Antífona de comunión          Cf. 1 Pe 2, 24
Jesús llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia; con sus heridas somos curados.

Oración después de la comunión
Q
UE nos acompañe, Señor,

la continua protección del sacramento recibido
y aleje siempre de nosotros todo mal.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
DIOS todopoderoso, concede a tus siervos,

deseosos de la gracia de tu protección,
que, libres de todo mal, te sirvan con ánimo sereno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 13 de abril

La Iglesia celebra hoy también y recuerda en la Eucaristía a san Martín I Papa y mártir, defensor implacable de las dos voluntades en Cristo. El emperador Constante, monotelita, lo deportó a una de las islas del Egeo. Posteriormente y después de un irrisorio proceso lo deportó al Peloponeso, donde murió. Se le considera mártir por haber muerto a consecuencia de tantos sufrimientos.

Viene en segundo lugar san Hermenegildo, convertido del arrianismo a la Iglesia, que se sublevó contra su padre Leovigildo, rey visigodo residente en Toledo. Su padre lo cercó con sus tropas, lo hizo prisionero y lo castigó con la muerte. Un obispo arriano quiso darle la comunión en la cárcel como señal de arrepentimiento y de que se convirtiera al arrianismo. San Hermenegildo se negó y su padre lo mandó matar. Murió abriéndole la cabeza en el calabozo.

Recordamos también a san Sabas Reyes, mártir de la persecución contra la Iglesia el año 1927, en México. Fue canonizado el 21 de mayo de 2000.

Otros santos, que Dios bien conoce, son Carádoco presbítero, monje y eremita, Carpio obispo de Tiatira, Papilo diácono y su hermana Agatónica, Urso obispo de Ravenna y Zoilo mártir de Córdoba. El 13 de abril de 1986 era canonizado, en la plaza de san Pedro, el sacerdote italiano de la Orden de los Hermanos Menores conventuales Francisco Antonio Fasani.

Son conmemorados también los beatos Albertino, Escubilión, Francisco Dickenson, Milo Gerard, Juan Lockwood y Eduardo Catherick, mártires en Inglaterra, Ida, virgen de Lovaina y Margarita de Cittá di Castello, dominica y ciega. Llevó siempre en su boca el nombre de Jesús.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado V de Cuaresma

LAUDES

SÁBADO V CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Dame tu mano, María,
la de las toscas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: «Ave, María»?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa,
a ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María. Amén.

SALMO 118

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

CÁNTICO del ÉXODO: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Alabad al Señor todas las naciones. +

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor todas las naciones.

LECTURA: Is 65, 1b-3a

Decía: «Aquí estoy, aquí estoy» al pueblo que no invocaba mi nombre. Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que andaba por el mal camino, siguiendo sus antojos, pueblo que me provocaba en la cara, continuamente.

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús murío para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús murío para reunir a los hijos de Dios dispersos.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que, para hacer de nosotros criaturas nuevas, ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su cuerpo, y supliquémosle, diciendo:

Renuévanos con tu gracias, Señor

  • Señor Jesús, tú queres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad y humildad,
    — y haz que tengamos paciencia con todos.
  • Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren,
    — para imitarte a ti, el buen Samaritano.
  • Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio,
    — para que vivan su virginidad en bien de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concédenos la abundancia de tu misericordia
    — y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú realizas sin cesar la salvación de los hombres y concedes a tu pueblo, en los días de Cuaresma, gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.