La «campaña» de Jesús

Este año, la Semana Santa se va a desarrollar en plena campaña electoral. Los representan-tes de los partidos políticos van a llevar a cabo diferentes actividades, sin escatimar medios ni esfuerzos, buscando el voto de los electores. Pero junto con la atención que, como ciudadanos, debemos prestar a la campaña electoral, esto no debe despistarnos de la gran “Campaña” que Jesús, todos los años, prepara para nosotros con la Semana Santa, sin escatimar esfuerzos por su parte, entregándose hasta el extremo, buscando nuestra salvación. Y conviene que no nos perdamos ninguna de las “etapas” de la Campaña de Jesús, y que nos fijemos en ella, para decidir si le vamos a dar nuestro “voto de confianza”, si va-mos a depositar en Él nuestra fe.

La primera etapa de la “Campaña” de Jesús comienza en el Monte de los Olivos. Se dispone a hacer su entrada en Jerusalén y cuida los detalles para que este acto resulte impactante: va a entrar montado en un borrico, para que la gente tenga presente la profecía de Zacarías 9, 9: Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna. Y con este gesto, Jesús se da un auténtico “baño de masas”: la gente alfombraba el camino con los mantos… la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos… Incluso parece que Él se deja llevar por el entusiasmo de la gente y dice una frase triunfalista: Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras. Si Jesús fuera un líder político y en ese momento se hubiera hecho una encuesta de intención de voto, podríamos decir que Jesús lleva todas las de ganar. Pero como acabamos de escuchar en el relato de la Pasión, la “Campaña” de Jesús, contra todo pronóstico humano, da un vuelco inesperado:

Uno de sus “colaboradores más directos” le ha traicionado: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa; y otro va a negarle: Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado conocerme. No sólo eso: los otros miembros de su “equipo” también le fallan: los encontró dormidos.

Jesús es detenido, maltratado, sometido a un juicio fraudulento y calumniado con falsos testimonios y acaba siendo condenado injustamente, porque el pueblo que lo había aclamado al entrar en Jerusalén, ahora con idéntico entusiasmo grita: ¡Crucifícalo, crucifícalo!

Si hubiera sido una campaña electoral, la carrera política de Jesús habría terminado en el más absoluto fracaso. Pero Jesús no es un líder político; Él ya había anunciado lo que le esperaba en Jerusalén: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día (Lc 9, 22), porque quería mostrarnos y que aprendiéramos que la “pasión es el camino de la resurrección” (Prefacio de la Transfiguración).

Jesús no busca nuestro voto, quiere nuestra salvación. Por eso, ante la “Campaña” de Jesús, no debemos situarnos como el pueblo que se deja llevar por el entusiasmo fácil y la vistosidad de los Ramos en este día, como si eso fuera lo más importante; tampoco como Judas, que traicionó a Jesús porque no actuó como él hubiera querido; ni como Pedro, que por miedo a lo que puedan decirle o hacerle niega conocerlo; ni debemos “maltratar” esta Semana dedicándonos a otros quehaceres y distracciones olvidándonos de que celebramos lo fundamental de nuestra fe y “condenando” a Jesús con nuestra ausencia en las celebraciones.

Ante la “Campaña” de Jesús, durante esta Semana Santa, debemos orar para no caer en la tentación, para no estar “adormecidos” y distraídos mientras Jesús actualiza su entrega por nosotros.

La contemplación de las mentiras e insultos que Jesús padeció nos debe motivar a profundizar en nuestra fe, aprovechando los medios de formación que se nos ofrecen para saber dar razón de la misma y responder a las falsedades que también hoy se dicen sobre Él.

La humildad y mansedumbre de Jesús durante su pasión y crucifixión, sus palabras de perdón porque no saben lo que hacen, su confianza total en el Padre (a tus manos encomiendo mi espíritu) deben hacer surgir de nosotros las palabras del centurión: «Realmente, este hombre era justo».

Aprovechemos los días que quedan de la “Campaña” de Jesús para depositar en Él nuestro voto de fe y confianza y así, por su pasión y su cruz, podamos un día llegar a la gloria de la resurrección.