Lunes Santo

Hoy es 15 de abril, Lunes Santo.

Al comenzar la Semana Santa, siente que se te invita a acompañar en estos días a Jesús en su camino. Él es el siervo, el elegido, la palabra definitiva de Dios. Prepárate para contemplar y escucha. En palabras de Isaías, este es el elegido, el enviado de Dios (Is 42, 1-7):

Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará,
hasta implantar el derecho en la tierra,
y sus leyes que esperan las islas.
Así dice el Señor Dios, que creo y desplegó los cielos,
consolidó la tierra con su vegetación,
dio el respiro al pueblo que lo habita y el aliento a los que se mueven en ella.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

Señor, que me ilumine tu gloria,
Que amanezca mi alma a un nuevo mañana
Señor, que me desborde tu amor,
Que sea lazo de misericordia.
Señor, de mi esperanza Jesús,
Luz de mis pasos en mis noches de vigilia,
Inúndame con tu presencia,
Déjame recorrer tus huellas
De pastor y padre
Señor de mis silencios más profundos,
Jesús, me regalas la vida de tu Espíritu,
En la fuerza de tu nombre, das plenitud.
Y sentido a mis sueños
Señor de mis silencios más profundos,
Jesús, me regalas la vida de tu Espíritu,
En la fuerza de tu nombre, das plenitud
Y sentido a mis sueños
Señor de mis silencios más profundos, Jesús.

Señor de mi silencio interpretado por Colegio Mayor Kentenich, «Hoy quiero cantarte»

Ante este Señor, el Hijo, el siervo, el Señor de nuestros silencios, intento comprender su forma de actuar. Imagino que hoy, en este lunes santo, también yo estoy presente en casa de Lázaro, con los amigos de Jesús (Jn 12, 1-11):

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él en la mesa.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?” (Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando)

Entonces Jesús dijo: “Déjala: lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis”.

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

La lectura de hoy, es del evangelio de Juan. Contemplo a María, en ella están todos los hombres y mujeres que aman a Jesús, sin condiciones, seducidos por su proyecto, por su reino, por su verdad. Enamorados de su palabra y su vida. Dispuestos a seguirle, también yo quiero ungir tus pies, Señor.

Contemplo a Judas. En él están todos aquellos que no consiguen comprender el evangelio. Atrapados por otras lógicas, por engaños e ídolos, que prometen la vida, pero sólo traen la muerte, por la violencia, el odio o el poder. Te pido Señor, que me ayudes a estar siempre de tu parte.

Contemplo por fin a Jesús, el hijo, el siervo, el que trae la liberación como lo habían prometido los profetas. Su anuncio de libertad choca con los poderes injustos y lleva al conflicto. Le imagino intranquilo, quizás asustado, pero también decidido a seguir adelante con su misión. También yo quiero ir contigo, Jesús.

Tú, Jesús eres el camino, la verdad y la vida. Gracias por ayudarme a avanzar contigo por la senda hacia Dios, hacia el prójimo y hacia la verdad más profunda de mi ser. Que esta Semana Santa la pueda recorrer contigo hasta el final.

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.