Vísperas – Miércoles Santo

VÍSPERAS

MIÉRCOLES SANTO

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Victoria!, tú reinarás.
¡Oh cruz, tú nos salvarás!

El Verbo en ti clavado, muriendo nos rescató;
de ti, madero santo, nos viene la redención.

Extiende por el mundo tu reino de salvación.
¡Oh cruz fecunda, fuente de vida y bendición!

Impere sobre el odio tu reino de caridad;
alcancen las naciones el gozo de la unidad.

Aumenta en nuestras almas tu reino de santidad;
el río de la gracia apague la iniquidad.

La gloria por los siglos a Cristo libertador,
su cruz nos lleva al cielo, la tierra de promisión.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Dijeron los impíos: «Atropellemos al justo, que se opone a nuestras acciones».

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dijeron los impíos: «Atropellemos al justo, que se opone a nuestras acciones».

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblso te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

LECTURA: Ef 4, 32-5, 2

Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor, como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R/ Porque con tu cruz has redimido al mundo.
V/ Y te bendecimos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Maestro dice: «Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Maestro dice: «Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»

PRECES

Aclamemos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida, y digámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

  • Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
    — para que consigamos la gloria de la resurrección.
  • Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
    — para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.
  • Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
    — para que se manifiesten en ellos los frutos de su salvación.
  • Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
    — enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
    — y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 17 de abril

Tiempo de Cuaresma 

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 26,14-25
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?» Él les dijo: «Id a la ciudad, a un tal, y decidle: `El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.’» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. A atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.» Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Tú lo has dicho.» 

3) Reflexión

• Ayer el evangelio habló de la traición de Judas y de la negación de Pedro. Hoy nos habla de nuevo de la traición de Judas. En la descripción de la pasión de Jesús de los evangelios de Mateo se acentúa fuertemente el fracaso de los discípulos. A pesar de la convivencia de los tres, nadie de entre ellos se queda para tomar la defensa de Jesús. Judas lo traiciona, Pedro lo niega, todos huyen. Mateo cuenta esto, no para criticar o condenar, ni para causar desaliento en los lectores y lectoras, sino para indicar que la acogida y el amor de Jesús superan la derrota y el fracaso de los discípulos. Esta forma de describir la actitud de Jesús era una ayuda para describir la actitud de Jesús hacia las comunidades en la época de Mateo. A causa de las frecuentes persecuciones, muchos se sentían desanimados y habían abandonado la comunidad, preguntándose: “¿Será posible volver? ¿Será posible que Dios nos acoge y perdona?” Mateo responde sugiriendo que nosotros podemos romper con Jesús, pero que Jesús nunca rompe con nosotros. Su amor es mayor que nuestra infidelidad. Este es un mensaje muy importante que recibimos del evangelio durante la Semana Santa.
• Mateo 26,14-16: La decisión de traicionar a Jesús. Judas toma la decisión, después que Jesús no acepta la critica de los discípulos respecto de la mujer que gastó un perfume muy caro solamente para ungir a Jesús (Mt 26,6-13). El fue hasta los sacerdotes y preguntó: “¿Cuánto me vais a dar si os lo entrego?” Combinaron treinta monedas de plata. Mateo evoca las palabras del profeta Zacarías para describir el precio combinado (Zc 11,12). Al mismo tiempo, la traición de Jesús por treinta monedas evoca la venta de José por sus propios hermanos, valorado por los compradores en veinte monedas (Gn 37,28). Evoca asimismo el precio de treinta monedas que hay que pagar si se hiere a un esclavo (Ex 21,32).
• Mateo 26,17-19: La preparación de la Pascua. Jesús era de Galilea. No tenía casa en Jerusalén. Pasaba la noche en el Monte de los Olivos (cf. Jn 8,1). En los días de fiesta de pascua, la población de Jerusalén se triplicaba por la cantidad de peregrinos que venían de todas partes. No era fácil para Jesús encontrar una sala grande para poder celebrar la pascua junto con los peregrinos que habían llegado con él desde Galilea. Manda a los discípulos para que se encuentre con una persona en cuya casa decidió celebrar la Pascua. El evangelio no ofrece ulteriores informaciones y deja que la imaginación complete las informaciones. ¿Era una persona conocida por Jesús? ¿Era un pariente? ¿Un discípulo? A lo largo de los siglos, la imaginación de los apócrifos completó la falta de información, pero con poca credibilidad.
• Mateo 26,20-25: Anuncio de la traición por Judas. Jesús sabe que va a ser traicionado. A pesar de que Judas está haciendo las cosas en secreto, Jesús está sabiendo. Sin embargo, trata de confraternizar con el círculo de amigos del que Judas forma parte. Estando todos reunidos por última vez, Jesús anuncia quién es el traidor. Es “aquel que ha metido conmigo la mano en el plato”. Esta manera de anunciar la traición acentúa el contraste. Para los judíos la comunión en la mesa, colocar juntos la mano en el mismo plato, era la máxima expresión de amistad, de intimidad y de confianza. Mateo sugiere así que, a pesar de que la traición esté llevada a cabo por alguien muy amigo, ¡el amor de Jesús es mayor que la traición!
• Lo que llama la atención es la manera en que Mateo describe estos hechos. Entre la traición y la negación coloca la institución de la Eucaristía (Mt 26,26-29): la traición de Judas, antes (Mt 25,20-25); la negación de Pedro y la huida de los discípulos, luego (Mt 25,30-35). De este modo, destaca para todos nosotros la increíble gratuidad del amor de Jesús, que supera la traición, la negación y la huida de los amigos. Su amor no depende de lo que los demás hacen por él. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Soy capaz de ser como Judas y de negar y traicionar a Dios, a Jesús, a los amigos y amigas?
• En semana santa es importante reservar algún momento para darme cuenta de la increíble gratuidad del amor de Dios para mí. 

5) Oración final

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor,
y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. (Sal 68)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 20-24

<

p style=”text-align:justify;”>20Y lo trajeron ante él.
Y, al verlo, el espíritule convulsionó de inmediato[al muchacho] y, cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos por la boca.
21Y preguntó a su padre: “¿Cuánto tiempo hace que le está sucediendo esto?”.
Y él dijo: “Desde la niñez. 22Y muchas veces lo ha echado al fuego y a las aguas para destruirlo. Pero, si algo puedes, ayúdanosteniendo compasión de nosotros”.
23PeroJesús le dijo: “¿Si puedes? ¡Todas las cosas son posibles al que cree”.
24De inmediato, gritando el padre del niño, decía: “Creo;ayudaa mi incredulidad”.

9,20-24: La llegada del muchacho endemoniado ante Jesús desencadena una reacción abrupta y violenta: el demonio posesivo, al ver al sanador, arremete inmediatamente contra su víctima con uno de esos ataques epilépticos que acaban de ser descritos, provocando convulsiones al muchacho, abatiéndolo, haciéndole echar espuma por la boca y rodar sobre la tierra (9,20). Se podría considerar falto de sensibilidad que, ante el muchacho que rueda convulso a sus pies, Jesús pregunte calmadamente a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le está sucediendo esto?» (9,21a). Esta pregunta, sin embargo, tiene al menos tres objetivos. Primero, en términos narrativos, sirve para obtener del padre una declaración que acentúe la duración del estado de su hijo, aumentando la magnitud de la próxima curación. Segundo, en términos de técnica exorcista, representa una operación de recogida de datos; Jesús recibe información sobre la naturaleza del demonio, que será vital para la tarea de la expulsión. Tercero, en términos de la historia de la salvación marcana, la pregunta une la terminación del reinado demoníaco en el muchacho con la acción escatológica de Dios en la historia por la muerte de su Enviado ya que recuerda la pregunta de Jesús: «¿Hasta cuándo estaré con vosotros?» (9,19).

El padre contesta que su hijo ha estado sufriendo tales ataques desde la niñez (9,21b) y añade un detalle que acentúa la naturaleza destructiva del espíritu: a veces lo «lanza al fuego o a las aguas para destruirlo» (9,22a). En el relato total marcano, estas palabras repiten la queja de otro demonio -«¿Has venido para destruimos?» (1,24)- y son un recordatorio de la enemistad mortal entre Jesús, el libertador y sanador de los seres humanos y el mundo del Diablo que procura su opresión y destrucción.

El recuerdo por parte del padre de la frecuencia con la que el espíritu ha conducido a su hijo al borde de la muerte lo mueve a concluir suplicando apasionadamente ayuda a Jesús: «Pero, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ¡ayúdanos!» (9,22b). La identificacióndel padre con el destino de su hijo está aquí afectuosamente indicada por el empleo de la primera persona plural del pronombre: «Ten compasión de nosotros y ayúdanos». La súplica parece repetir también fórmulas litúrgicas del Antiguo Testamento que urgen a Dios a tener compasión «de nosotros» (por ejemplo, Sal 123,2-3; Eclo 36,1) o a «ayudarnos» (2Cro 14,11; Sal 79,9, por ejemplo). Además, estas plegarias litúrgicas invocan con frecuencia el amor de Dios como motivo para tal ayuda y contrastan la suficiencia divina con la ineficacia humana (Sal 44,26; Sal 60,11; Sal 108,12). El relato está situando a Jesús enuna posición análoga a Dios. Jesús parece ignorar en su respuesta una dimensión emocional, poniendo en cambio en el centro la cuestión de la confianza en Dios. Jesús rechaza la frase condicional del padre: «Si puedes hacer algo»; Jesús confronta la carencia de confianza implícita en estas palabras con el aserto de que todas las cosas son posibles «al que cree» (9,23). Los exegetas están divididos acerca de la importancia de esta respuesta: ¿es la fe del padre la que podría hacer posibles todas las cosas, curación de su hijo incluida, o que todas las cosas, incluido este exorcismo, son posibles para Jesús, el hombre de la fe perfecta? Esta discusión exegética es similar a la que hay entre los intérpretes paulinos sobre si la pistis Iésou, que justifica a los seres humanos, es la fe en Jesús o la fe/fidelidad de Jesús.

Los testimonios marcanos acerca del significado de la frase «el que cree» son ambiguos. Por un lado, en este caso, el hombre parece tomarla como una referencia a sí mismo ya que responde asegurando a Jesús que él cree de verdad, aunque imperfectamente. En otros lugares del evangelio, además, la fe de los solicitantes a Jesús aparece vinculada a la curación milagrosa (5,34; 10,52), a la vez que la fe nunca se atribuye directamente a Jesús mismo. Por otra parte, los otros dos casos marcanos de la expresión panta dynata («todas las cosas son posibles»: 10,27; 14,36) atribuyen la omnipotencia a Dios y no a la capacidad humana, y acabamos de ver que nuestro relato parece situar a Jesús en una posición análoga a la de Dios. Además, la pregunta implícita que ha precipitado la declaración de Jesús sobre la completa suficiencia de la fe es si él, Jesús, puede curar al hijo del solicitante («Si puedes…»); esto tendría sentido si su respuesta se refiriera a su propia fe más que a la del solicitante. Con tales señales contrarias en el texto, lo mejor podría ser aceptar que la declaración de Jesús es deliberadamente ambigua y propone dejar espacio para ambas interpretaciones: al padre se le pide que mude su atención desde su propia situación, aparentemente desesperada, hacia el Dios Fiel que tiene todo el poder en su mano y a la vez se denomina «fe» a ese acto de reorientación.

Pero ¿de dónde debe venir tal fe? El padre exclama con «un grito atormentado» (que, por su gran honestidad, constituirá un inmenso alivio para aquellos cristianos que se encuentran análogamente situados en la incierta frontera entre la fe y la duda): «Creo; ¡ayuda a mi incredulidad!» (9,24). La especificación enfática del solicitante como «el padre del niño» acentúa de nuevo la cercana relación entre él y su hijo. En realidad, no hay necesidad alguna de designar al actor, e incluso si así fuera, el sintagma «del niño» resultaría superfluo; sin embargo, en la lógica de la presente historia marcana, la relación entre el padre y el hijo no es el centro de la atención, sino simplemente el pretexto para el diálogo crucial sobre la fe y la incredulidad. EI conflicto interno de un hijo tan querido fuerza al padre a enfrentarse a su propia división interior, a su condición simultánea de creyente e incrédulo. «Creo» – afirma- y la mayor parte del relato hasta el momento apoya esta afirmación: ha llevado a su niño enfermo a Jesús; ha persistido en la tentativa de conseguir su curación incluso después de que los discípulos resultaran ser incompetentes y de que Jesús mismo respondiese con una actitud indiferente en apariencia. Pero añade: «Ayuda a mi incredulidad». El padre del epiléptico alberga todavía alguna duda sobre si Jesús es en realidad capaz de socorrerlo. No quiere ceder terreno a esta duda, pero se siente incapaz de evitarlo por sí mismo, otro ejemplo del tema de la incapacidad humana que penetra todo el pasaje. Estas últimas palabras suyas son tanto un reconocimiento de su pertenencia a la generación incrédula que ha rechazado las aseveraciones de Jesús, como una aceptación de que si debe conseguir la fe, esta debe venir como un don de lo alto.

Por consiguiente, el padre del muchacho epiléptico es, por esa doble situación de creyente e increyente, justo y pecador, un símbolo perfecto para el discípulo cristiano. Aunque la fe y la incredulidad se hallan contrapuestas en el ámbito de la lógica, en la experiencia cristiana son una realidad simultánea; el que cree está siempre implicado simultáneamente en una batalla contra la incredulidad. Resulta significativo que en la transición de la súplica de 9,22 a la de 9,24, el padre se mueva desde un imperativo aoristo («ayúdanos» como una acción puntual) a un imperativo presente, que implica una acción en curso («Ayuda [continuamente] a mi incredulidad»). Esta concepción de la fe -a saber: que sufre un constante ataque y que necesita consecuentemente buscar el socorro divino en todo momento- encaja muy bien con la exhortación posterior de Jesús a los discípulos a orar continuamente teniendo en cuenta su doble condición de buena disposición de espíritu pero debilidad de la carne (14,38). Ello concuerda también con la representación general marcana de los discípulos como gente de fe, que dejan todo para seguir a Jesús y que obran milagros en su nombre, pero que se muestran también miserablemente «incrédulos» en coyunturas cruciales del relato.

Comentario del 17 de abril

La versión de Mateo añade algún detalle narrativo, pero no difiere en esencia de la de Juan. Nos informa de que Judas Iscariote, uno de los Doce, antes de reunirse con los demás en la última cena, fue a ver a los sumos sacerdotes para proponerles el precio de la traición: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Quiere sacar el mayor rendimiento posible de su acto de entrega. Aquí se funden la deslealtad y la codicia. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y tras lo convenido, sólo quedaba buscar la ocasión más propicia para el arresto, procurando evitar tumultos o alteraciones del orden público. Pero la ocasión se la iba a proporcionar el mismo Jesús retirándose con sus discípulos al huerto de Getsemaní.

Jesús presiente que su momento está cerca y se dispone a celebrar su última Cena pascual con el grupo de los Doce. Con este fin da instrucciones a sus discípulos para que preparen la cena. Y al atardecer se puso a la mesa con los Doce. En el trascurso de la misma Jesús ya no puede contenerse y confiesa que uno de ellos está a punto de entregarle a los que le buscan para matarle. Aturdidos y consternados, aquellos discípulos, quizá conscientes de sus propios miedos, preguntan: ¿Soy yo acaso, Señor? Parecen desconfiar hasta de sí mismos. Y él les da una señal: El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. Y añade a continuación: El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!, más le valdría no haber nacido.

Son palabras proféticas que anuncian graves consecuencias: el traidor consumará su traición; el Hijo del hombre será realmente entregado a la muerte; pero más le valdría no haber nacido al traidor. Y así fue; tanto le pesó la vida –por razón de la culpa- que decidió quitársela. Es la triste historia de un elegido para formar parte del grupo de los íntimos de Jesús que, tras haber respondido a su llamada, no supo mantenerse fiel, porque se dejó arrastrar por sus ambiciones y codicias y se hundió en el desafecto más ingrato y desconsiderado.

Judas no es un caso único en la historia de la humanidad. Cuántas personas se muestran desleales con sus bienhechores y amigos. ¡Cuántos olvidos del bien recibido! ¡Cuántas traiciones, ruindades, desafectos hacia los padres, los educadores, los amigos, la Iglesia! ¡Cuántas negaciones y apostasías silenciosas o ruidosas! ¡Y qué halo de tristeza dejan en el ambiente familiar o social! Pero el pecado deja siempre su marca –y su cicatriz- en el corazón humano; y hay culpas que pesan tanto que son intolerables. Se trata de heridas que sólo las lágrimas del arrepentimiento y la esperanza en la misericordia divina pueden aliviar y curar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID,
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 71. § 1. La Verdad revelada debe ser considerada también en conexión con los adelantos científicos del tiempo presente, para que se comprenda claramente «cómo la fe y la razón se encuentran en la única verdad»[85] y su exposición sea tal, que, sin mutación de la verdad, se adapte a la naturaleza y a la índole de cada cultura, teniendo especialmente en cuenta la filosofía y la sabiduría de los pueblos, excluyendo no obstante cualquier forma de sincretismo o de falso particularismo[86].

§ 2. Se deben investigar, escoger y tomar con cuidado los valores positivos que se encuentran en las distintas filosofías y culturas; pero no se deben aceptar sistemas y métodos que no puedan conciliarse con la fe cristiana.


[85] Cf. Declaración sobre la Educación Católica Gravissimum educationis, 10: AAS 58 (1966), pág. 737; Juan Pablo II, Veritatis splendor, 6 de agosto de 1993: AAS 85 [1993] págs. 1133-ss; Id., Fides et ratio, 4 de septiembre de 1998: AAS 91 [1999] págs. 5-ss.

[86] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, 22: AAS 58 (1966), págs. 973 ss.

Comentario Domingo de Resurrección

Oración preparatoria

Señor Jesús, dame ojos y corazón para pasar del ver al creer, para adentrarme en los signos de vida y resurrección que hay en las realidades que me rodean, y que sea ocasión para dejar atrás lo que apunta a la muerte recuperando lo que llama a la vida, Tu Vida resucitada y resucitadora. AMEN.

 

Jn 20, 1-9

«1Pero el primer día de la semana María la Magdalena va de madrugada, estando todavía oscuro, al sepulcro, y ve la losa quitada del sepulcro. 2Así que echa a co- rrer y va donde Simón Pedro y el otro discípulo al que amaba Jesús, y les dice:“Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto”.

3Así que salieron Pedro y el otro discípulo, e iban al sepulcro. 4Pero corrían los dos juntos, y el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro.

5E, inclinándose, ve en el suelo los lienzos; pero no entró.

6Así que llega también Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro y contem- pla los lienzos en el suelo 7y el sudario que estaba sobre su cabeza, no con los lienzos en el suelo, sino plegado en un lugar aparte.

8Así que entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero alsepulcro; y vio y creyó, 9porque hasta entonces no habían comprendido la Escri- tura: que él debía resucitar de entre los muertos».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Con el capítulo 20 comienza un nuevo día, el día de la Resurrección. La escena anterior corresponde a la sepultura de Jesús (Jn 19, 38-42), momento final de la Pasión y Muerte de Jesús, que en Juan tiene unas características muy particulares. El primer relato para tratar la Resurrección es este que consideramos hoy, el relato del sepulcro vacío (20, 1-10). Después, vendrán dos relatos de apariciones: a María Magdalena (20, 11-18) y a los discípulos (20, 19-29). En ningún evangelio se nos narra la Resurrección en cuanto tal, pero cuentan con dos tradiciones (el sepulcro vacío y las apariciones) para expresar un hecho tan absolutamente nuevo y trascendental.

 

TEXTO

El evangelio pascual recoge prácticamente toda la perícopa (deja el v. 10). Tiene una parte introductoria (vv. 1-2), el cuerpo del texto, su parte central (vv. 3-9) y el versículo final (v. 10). En el cuerpo central podemos advertir tres movimientos: el que culmina con la llegada al sepulcro del “otro discípulo”, Juan, sin entrar (vv. 3- 5); la llegada y entrada al sepulcro de Pedro (vv. 6-7); la entrada de Juan, que termina el proceso ver-creer (vv. 8-9). La comunidad joánica reconoce la primacía de la petrina (aunque Juan llega primero, espera a que “entre” Pedro), pero sereserva para sí el paso primero a la fe pascual. La “cámara” del narrador se centra en el sepulcro (vv. 1.2.3.4.6.8), en los lienzos por el suelo (vv. 5.6.7), para que comprendamos que la historia de la pasión ha quedado definitivamente atrás ydel ver pasemos al creer (vv. 1.5.6.8).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• María Magdalena había visto la losa quitada pero no sabe interpretar: en vez de anunciar que estaba quitada la losa, anuncia que han quitado al Señor. Lo que era señal de vida lo interpreta como signo de muerte. Por otra parte, el texto fija nuestra mirada en el sepulcro y en las señales de muerte (lienzos y sudario). Pedro las contempla pero no interpreta. Sólo “el otro discípulo” ve e interpreta bien, cree. Tenemos que ser conscientes del proceso de fe, de nuestras (posibles) falsas interpretaciones para comprender la Resurrección y las nuevas huellas del Resucitado entre nosotros, de nuestra (posible) superficialidad a la horade “leer” los acontecimientos. ¿Eres consciente de esto? ¿Eres un creyente pasivo o superficial, o te preocupas por entender bien el misterio de la fe y sus consecuencias para tu vida?

• El texto insiste en la premura, en el correr (todos los personajes corren). ¿Qué te sugiere esto? ¿Vives una fe y un compromiso “amodorrados”? ¿En qué aspectos has de poner más prisa para llegar a Jesús?

• Entrar/no entrar: el discípulo que llega primero no entra hasta que llega el segundo, Simón Pedro. Es muestra de deferencia y educación, pero, conocidas las negaciones de Pedro (18,15-17.25), es también un gesto de aceptación y reconciliación. La verdadera finura espiritual no presume ni se engríe, sino que sabe esperar al que va por detrás; es más un apoyo que un rival. Pero no se conforma “a la baja”: Juan pone en contraste a los dos discípulos al señalar solamente la fe del discípulo amado, que siempre había “precedido” a Pedro (13,23.25; 21,7).

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo de Resurrección

Domingo de Pascua
21 de abril 2019

Hechos 10, 34a.37-43, Salmo 117, Colosenses 3, 1-4, Juan 20, 1-9

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró. En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Reflexión

Dios resucitó a Jesús porque la muerte no puede tener la última palabra. Opuesto a Adam and Eva quienes habían desobedecido a Dios y cerrado las puertas del Cielo, Jesús obedeció hasta la muerte en la Cruz, así abriéndonos las puertas del Cielo. Una mujer que en aquella sociedad estaba marginada y maltratada, es la que recibe la noticia de la resurrección. Magdalena quería mucho a Jesús y por eso lo fue a buscar, a pesar de los peligros que corría, ya que los amigos de Jesús eran perseguidos. ¿Buscas a Jesús en tu vida todos los días, aunque tus amigos no lo busquen? Imagínate que vas a la tumba de alguien conocido y la encuentras vacía. ¿Qué harías? ¿Sentirías miedo, preocupación o alegría? ¿Estas agradecido de lo que hizo Jesús por ti?

Actividad

En la siguiente página, colorear, cortar, decorar y pegar la cruz en otro papel de color y colgar con una cinta. También, Elijan un grupo de personas que han sido olvidadas por los demás o que están enfermos o solos.

 

Oración.

Señor Jesús, Tu obediencia venció la muerte y nos abrió las puertas del Cielo. Gracias por darnos nueva vida y alegría todos los días en medio de nuestras dificultades. Ayúdanos a ser razones de alegría y esperanza para todo el mundo. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo de Resurrección

La vida está llena de sorpresas, algunas buenas y otras no tan buenas. Quizás hayas tenido una fiesta de cumpleaños de sorpresa. Esa es una buena sorpresa. Un día, caminando por mi vecindario, al mirar hacia abajo, vi un billete de veinte dólares. Eso es una tremenda sorpresa. ¡Recuerdo una Navidad cuando abrí uno de mis regalos para ver que eran pijamas cuando esperaba una patineta! Esa no fue una buena sorpresa.

Algunas veces lo que parece ser una no tan buena sorpresa llega a ser la sorpresa más maravillosa que puedas imaginarte. Eso fue lo que le sucedió a María Magdalena en la lección bíblica de hoy.

Jesús había sido crucificado el viernes y su cuerpo puesto en una tumba. Temprano el siguiente domingo, mientras todavía estaba oscuro, María Magdalena fue a visitar la tumba y encontró que la piedra que la tapaba había sido removida. Estaba sorprendida y molesta. Corrió y se encontró a Simón Pedro y otro de los seguidores de Jesús. “Se han llevado del sepulcro el cuerpo de nuestro Señor y no sé dónde lo han puesto.”

Pedro y el otro discípulo corrieron rápidamente hacia la tumba. El otro discípulo llegó primero y se inclinó para mirar dentro la tumba. Todo lo que vio fueron pedazos de tela enrollados allí. Pedro llegó luego y entró a la tumba. Efectivamente, Jesús no estaba allí.

María estaba cerca de la tumba llorando. Mientras lloraba, miraba hacia la tumba y vio a dos ángeles sentados vestidos en ropas blancas, uno a la cabecera y otro a los pies de donde el cuerpo de Jesús había estado. Ellos le preguntaron: “Mujer, ¿por qué lloras?”

“Alguien se ha llevado a mi Señor,” dijo, “y no sé dónde le han puesto.” Después de decir esto, se giró y vio a Jesús allí, pero no lo reconoció. Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”

Pensando que era el hortelano, María le respondió: “Señor, si te lo llevaste, dime dónde lo pusiste para buscarle y cuidarle.

Jesús le dijo: “María”.

Cuando escuchó a Jesús llamarle, lo miró y le dijo: “¡Raboni!, que quiere decir Maestro en hebreo

Entonces Jesús le dijo a María: No me toques porque aún no he subido a mi Padre, mas ve a mis hermanos, y diles: ‘Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.’” Así que María fue y les dijo a los discípulos que había visto a Jesús y les dijo a todos lo que Jesús le había dicho.

Cuando María encontró la tumba vacía, ella se sorprendió, peno no estaba feliz, pensando que su cuerpo había sido robado. Cuando María vio a Jesús, se sorprendió, pero estaba feliz sabiendo que estaba vivo. Sí, la vida está llena de sorpresas.

Padre nuestro, estamos agradecidos por esta gloriosa celebración de Jesús nuestro Señor y Salvador. No estamos sorprendidos de que la tumba estuviera vacía, pues Él ha resucitado, tal como dijo que haría. En su nombre oramos. Amén.

Comentario al evangelio – 17 de abril

Hace varios años que el filósofo judío Levinas me ayudó a caer en la cuenta de lo que significa el rostro humano. Es la parte de nuestro cuerpo que nosotros nunca podemos ver directamente. Y, sin embargo, la parte que los demás ven. Más aún: el rostro es como una concentración de nuestro cuerpo entero para los demás. Son los demás quienes nos dicen: “Te veo hoy con mala cara” o “Tienes buena cara”. Nuestro rostro es la ventana por la cual se comunica lo que somos. Comunican nuestros ojos y comunican nuestros labios. Una frente fruncida es señal de preocupación. Unos labios apretados indican rabia. Una sonrisa transmite alegría.

Si el rostro es un concentrado de humanidad, ¡qué fuerza adquieren las palabras del profeta Isaías (“No oculté el rostro a insultos y salivazos”) o las del salmo 68 (“La vergüenza cubrió mi rostro”)!
 
Junto al sentido del oído, hoy ponemos a punto también el sentido de la vista para contemplar el rostro de Jesús durante los próximos días. Se trata de un mapa en el que están registrados los gozos y sufrimientos de todos los hombres.

En vísperas de su muerte, el rostro de Jesús resume la entera trayectoria de su vida terrena: sus largos años de laboratorio nazareno y sus pocos meses o años de itinerancia misionera por tierras de Galilea y de Jerusalén.

¿Cómo veían el rostro de Jesús sus discípulos cuando le preguntaban, uno tras otro, incluido Judas, la pregunta del millón: “¿Soy yo acaso, Señor?”. ¿Verían preocupación, rabia, frustración, derrota? ¿O verían un rostro luminoso, sobrecargado de amor en cada una de sus millones de células?

“Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”. Esta es la súplica que brota en un día como hoy en el que millones de personas se ponen en camino hacia los lugares donde van a pasar los días del triduo sacro.

¿Se puede vivir el triduo sacro estando de vacaciones? ¿Se ha convertido la Semana Santa en un simple período vacacional, salpicado con algún rito folclórico religioso a modo de relleno para tranquilizar la conciencia? Quizá podemos responder con sencillez. Se puede vivir el triduo sacro en cualquier lugar … con tal de que no tengamos miedo a buscar y contemplar el rostro de Cristo. No importa tanto el lugar cuanto el coraje de dirigir nuestros ojos a ese rostro cubierto de insultos y salivazos y, sin embargo, hermoso, radiante, perdonador. Ese rostro se muestra en la liturgia de la iglesia y se muestra en las personas sufrientes que, sin duda, iremos encontrando. Por mucho derecho que tengamos al descanso, no podemos mirar en otra dirección, porque en el familiar con problemas o en el que nos sirve en un hotel podemos descubrir al Cristo que sigue sufriendo hoy. Volver la espalda a esos rostros tan reales es volver la espalda al Cristo que nos mira.

“Oculi nostri ad Dominum Jesum” canta la liturgia. “Nuestros ojos están vueltos al Señor Jesús”. Ojalá podamos aguzar la vista para contemplar este rostro en cualquier lugar en el que nos encontremos durante los próximos días.

Jesús Losada