Jueves Santo

Hoy es 18 de abril, Jueves Santo.

Señor, hemos llegado juntos a Jerusalén. Me dispongo a compartir contigo este Triduo Pascual. Estos días tan cargados de sentido. Te pido, al comenzar hoy mi oración, que me ayudes a contemplar, a participar y a comprender tu forma de traer la salvación. Te pido que me des fuerza para seguirte y lucidez para elegir tu camino. Y ahora, es momento de hacer silencio  y contemplar.

Sigue habiendo tantos pies que lavar
sigue habiendo tanta oscuridad que iluminar
tantas cadenas que romper
pan y vino para el pobre quiero ser.
Sigue habiendo tantos pies que lavar
sigue habiendo tanta oscuridad que iluminar
tantas cadenas que romper
fortalece, Señor, mi poca fe.

Sigue habiendointerpretado por Ixcís, «Confio»

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 13, 1-15):

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Imagino esta escena del lavatorio. Intento recrear el momento. Hay tranquilidad en el ambiente. Se escuchan los sonidos de la tarde, el viento, voces y cantos que vienen de otras casas, ruidos de fiesta en todo Jerusalén. Miro como Jesús se levanta, como cambia su manto por una toalla y se agacha. Y empiezo a imaginar como lava los pies de sus discípulos.

Me fijo en Judas. Su corazón debe ser un torbellino. Ya ha decidido entregar a Jesús y sin embargo Jesús le lava los pies. Quizás se cruzan los ojos de los dos y hay un destello de pena, por la incomprensión, la dificultad, por saber que algo se ha roto. Pero Jesús sigue con su mano tendida. En ese banco, con Judas, están todos los que de alguna forma, vuelven la espalda al evangelio.

Me fijo ahora en Juan, el discípulo amado. El mismo que con tanta familiaridad, recuesta en ocasiones su cabeza en el pecho del amigo. El gesto del lavatorio resulta para ambos natural. Lleno de confianza, de delicadeza, de paz. En ese banco, con Juan, están todos los que se sienten seducidos por el evangelio.

Por último presto atención a Pedro. Veo su resistencia, su incomodidad. No comprende que su maestro se agache a servir. Quiere evitarlo, se niega, su lógica es que el que más alto está, más alto sube. Le cuesta aceptar que los jefes deben servir. Sólo la insistencia de Jesús vence su reticencia. En ese banco, con Pedro, están todos los que sienten las tensiones y las incomprensiones que nacen del evangelio.

Ahora soy yo el que me siento en el banco. Vengo con todas mis urgencias. Mis problemas, inquietudes, deseos, heridas y alegrías. Dejo que Jesús vierta el agua sobre mis pies. Y con la toalla los seque. No hay nadie más alrededor. Jesús me mira, quizás incluso me habla. ¿Qué me querrá decir un día como hoy?

Tomad

Tomad y comed,
que esto es mi cuerpo,
curtido por el sol de los caminos,
forjado en el encuentro cotidiano
con quien no tiene sitio
en otras mesas.
Cuerpo que habla
con caricias sanadoras,
con miradas benévolas
y una mano extendida
hacia quien la necesite.

Tomad y bebed
la vida a borbotones,
el amor generoso
la justicia inmortal,
Hasta que no haya más sed
en las gargantas resecas.
Bebed, apurad hasta el fondo
el cáliz de la vida
dispuesta a servir,
que la sangre derramada
será semilla de esperanza
para quien hoy llora.

Y después,
haced vosotros lo mismo

(Rezandovoy)

O Senhor está aquí,
para me abraçar
Com o pâo o e vinho,
me transformará
O Senhor está aquí,
para me abraçar
Com o pâo o e vinho,
me transformará. 

Jesús alimento que dá vida,
Jesús sou mais filho do Pai
Jesús, como aguá viva,
Quero levar o teu amor
Jesús alimento que dá vida,
Jesús sou mais filho do Pai
Jesús, como aguá viva,
Quero levar o teu amor.
Aos homens Senhor. 

O Senhor está aquí,
para me abraçar
Com o pâo o e vinho,
me transformará
O Senhor está aquí,
para me abraçar
Com o pâo o e vinho,
me transformará. 

Jesús alimento que dá vida,
Jesús sou mais filho do Pai
Jesús, como aguá viva,
Quero levar o teu amor
Jesús alimento que dá vida,
Jesús sou mais filho do Pai
Jesús, como aguá viva,
Quero levar o teu amor.
Aos homens Senhor

Jesús alimento que da vidainterpretado por Colegio Mayor Kentenich, «Ciudad Multicolor»

Señor, tras contemplar y de algún modo participar en tu cena, termino este momento como los discípulos. Siento tu amor por nosotros, por mí. Soy consciente de que, a menudo, no soy capaz de responder, pero ante todo deseo poder responder a tu voz que me llama amigo.

Alma de Cristo, santifícame,
Cuerpo de Cristo, sálvame,
Sangre de Cristo, embriágame,
Agua del costado de Cristo, lávame,
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme,
no permitas que me aparte de ti,
del maligno enemigo, defiéndeme.
y en la hora de mi muerte, llámame,
y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos.
Amén.

Liturgia 18 de abril

JUEVES SANTO EN LA CENA DEL SEÑOR

Misa vespertina de la Cena del Señor (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria (mientras se canta el himno, de acuerdo con las costumbres locales, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta el «Gloria a Dios» de la Vigilia pascual), sin Credo, Prefacio I Eucaristía, embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. No se dice «Podéis ir en paz».

Leccionario: Vol. I (C)

  • Éx 12, 1-8, 11-14. Prescripciones sobre la cena pascual
  • Sal 115. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo.
  • 1 Cor 11, 23-26. Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.
  • Jn 13, 1-15. Los amó hasta el extremo.

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Antífona de entrada           Cf. Ga 6, 14
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, por él hemos sido salvados y liberados.

Monición de entrada
Al atardecer del Jueves santo, la víspera de su muerte, Cristo celebró con sus apóstoles la última Cena, instituyendo en ella la Sagrada Eucaristía, el Sacerdocio ministerial, y dejándonos como testamento el mandamiento de amarnos los unos a los otros.

También nosotros nos hemos reunido esta tarde para recordar y celebrar sacramentalmente presente aquella misma Cena en la que el Señor Jesús se entregó por nuestro amor y nos dio el misterio de su muerte y resurrección bajo las especies del pan y del vino; pues esta celebración que ahora comenzamos, es, en verdad, la misma Cena del Señor, y su sacrificio en el Calvario.

Como entonces hicieron los apóstoles, nosotros escucharemos su palabra, comeremos su Cuerpo y beberemos su Sangre. Tratemos, como ellos, de vivir intensamente esta celebración, con la que inauguramos el Santo Triduo Pascual, participando en el sacramento de nuestra fe.

Acto penitencial
Acerquémonos, pues, con fe a Jesús, reconozcámoslo como Señor y Salvador, y pidámosle, al comenzar la celebración, que tenga piedad de todos nosotros, que somos unos pobres pecadores.

  • Tú que nos has amado hasta el extremo. Señor, ten piedad.
    • Tú que has aceptado la muerte para reunirnos en la unidad. Cristo, ten piedad.
    • Tú que has dado tu vida por nosotros, tus amigos. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria. Mientras se canta el himno, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta la Vigilia pascual, a no ser que el obispo diocesano juzgue oportuno establecer otra cosa. Así mismo durante este tiempo puede usarse e! órgano y otros instrumentos musicales solo para sostener el canto.

Oración colecta
OH, Dios,

al celebrar la Cena santísima
en la que tu Unigénito,
cuando iba a entregarse a la muerte,
confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno
y el banquete de su amor,
te pedimos alcanzar,
de tan gran misterio,
la plenitud de caridad y de vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la proclamación del Evangelio, el sacerdote pronuncia la homilía, en la cual se comentan los grandes misterios que se celebran en esta misa: la institución de la sagrada Eucaristía y del orden sacerdotal, y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna.

Lavatorio de los pies

Monición lavatorio de los pies
En el evangelio hemos escuchado cómo Jesús lavó los pies de los discípulos, significando así su amor y su entrega. Ahora, al repetir este gesto, recordamos que eso es lo que tenemos que hacer cada también nosotros si de verdad queremos seguir el camino de Jesús: amarnos unos a otros, como Él nos ha amado. 

Antífona 1          Cf. Jn 13, 4. 5. 15
El Señor, después de levantarse de la Cena, echó agua en la jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos. Éste fue el ejemplo que les dejó.

Antífona 2          Cf. Jn 13, 12. 13. 15
El Señor Jesús, después de haber cenado con sus discípulos, les lavó los pies y les dijo: «Comprendéis lo que yo, Señor y Maestro, he hecho con vosotros? Os he dado ejemplo para que vosotros también lo hagáis».

Antífona 3          Jn 13, 6. 7. 8 
R/.   Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
        Jesús le contestó: «Si no te lavo los pies, no tienes parte conmigo».
V/.   Llegó a Simón Pedro y éste le dice: R/.
V/.   «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; pero lo comprenderás más tarde». R/.

Antífona 4         Cf. Jn 13, 14
Si yo, vuestro Señor y Maestro, os he lavado los pies, cuánto más vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.

Antífona 5          Cf. Jn 13, 35
R/. «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».
V/. Dijo Jesús a sus discípulos: R/.

Antífona 6          Cf. Jn 13, 34
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado, dice el Señor.

Antífona 7          1 Cor 13, 13
R/.   Permanezcan en vosotros la fe, la esperanza, el amor, estas tres: la más grande es el amor.
V/.   Ahora quedan la fe, la esperanza, el amor, estas tes: la más grande es el amor. R/.

No se dice Credo.

Oración de los fieles
Elevemos ahora nuestras súplicas confiadas a Dios Padre, que en Jesucristo, nuestro sumo y eterno sacerdote, nos ha amado hasta el extremo.

1.- Por la Iglesia; para que se manifieste como signo de unidad y de caridad ante todos los pueblos. Roguemos al Señor.

2.- Por el Papa, los obispos y los sacerdotes; para que guíen al pueblo de Dios con el ejemplo y el testimonio de su vida. Roguemos al Señor.

3.- Por la paz en el mundo entero; para que en el corazón de todos los hombres broten sentimientos de amor y de concordia, y entre todos construyamos una sociedad más justa. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los que sufren por cualquier motivo; para que Dios les conforte en sus padecimientos y nos ayude a contemplar en ellos el rostro sufriente de Jesucristo. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros; para que cumplamos el mandamiento nuevo de Cristo de amarnos como hermanos. Roguemos al Señor.

Al celebrar el memorial de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y el misterio de su Cuerpo y de su Sangre, te rogamos, Dios Padre Omnipotente, que atiendas nuestras peticiones, y te pedimos que, de tal modo muramos y seamos sepultados con el crucificado, que creamos y sintamos que también nosotros vivimos con él. Por Jesucristo nuestro Señor. 

Liturgia eucarística

Al comienzo de la liturgia eucarística se puede organizar una procesión de los fieles en la cual, con el pan y el vino, se pueden presentar dones para los pobres. 

Mientras tanto se canta el siguiente himno u otro canto apropiado.

Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.

V/. Congregávit nos in unum Christi amor.
V/. Exsultémus et in ipso iucundémur.
V/. Timeámus et amémus Deum vivum.
V/. Et ex corde diligámus nos sincéro.

Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.

V/. Simul ergo cum in unum congregámur:
V/. Ne nos mente dividámur, caveámus.
V/. Cessent iúrgia malígna, cessent lites.
V/. Et in médio nostri sit Christus Deus.

Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.

V/. Simul quoque cum beátis videámus
V/. Gloriánter vultum tuum, Christe Deus:
V/. Gáudium, quod est imménsum atque probum,
V/. Saecula per infiníta saeculórum. Amen.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,

participar dignamente en estos sacramentos,
pues cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo,
se realiza la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y único sacerdote,
al instituir el sacrificio de la eterna alianza
se ofreció el primero a ti como víctima de salvación,
y nos mandó perpetuar esta ofrenda en memoria suya.
Su carne, inmolada por nosotros,
es alimento que nos fortalece;
su sangre, derramada por nosotros,
es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
con los tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

I. Cuando se utiliza el Canon romano se hace todo como se indica en los nn. 18ss.

II. Cuando se utiliza la plegaria eucarística II, en el relato de la institución se dice El cual, en esta misma noche, cuando iba a ser entregado a su pasión.

III. Cuando se utiliza la plegaria eucarística III, en el relato de la institución se dice habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo y, mientras cenaba con sus discípulos.

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:
que aceptes

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas estos † dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el papa N.,
con nuestro obispo N.,

[con el obispo coadjutor (auxiliar) N. 

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.

CONMEMORACIÓN DE LOS VIVOS
Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.]

Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue:

y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

CONMEMORACIÓN DE LOS SANTOS
Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
para celebrar el día santo
en que nuestro Señor Jesucristo
fue entregado por nosotros,
veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago y Felipe,
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente,
Sixto, Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Con las manos extendidas prosigue:
Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa,
que te presentamos en el día mismo
en que nuestro Señor Jesucristo
encomendó a sus discípulos
la celebración del sacramento
de su Cuerpo y de su Sangre;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que sea para nosotros
Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

El cual, hoy,
la víspera de padecer por nuestra salvación
y la de todos los hombres,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,

Eleva los ojos.
y elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:

tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

Luego dice una de las siguientes fórmulas:

Éste es el Misterio de la fe.

     O bien:

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

     O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

     O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

26. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo;
pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue:

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,

Se endereza y se signa diciendo:

seamos colmados de gracia y bendición.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

CONMEMORACIÓN DE LOS DIFUNTOS
Con las manos extendidas, dice:
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos [N. y N.],
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue:

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.

Junta las manos:

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Con la mano derecha se golpea el pecho diciendo:
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,

Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia y Anastasia]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.

Junta las manos:
Por Cristo, Señor nuestro.

Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.

Toma la patena con el pan consagrado, y el cáliz, y elevándolos, dice:
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

A continuación, sigue el rito de comunión.

Oportunamente, el sacerdote, en el momento de la comunión, entrega la Eucaristía tomada de la mesa del altar, a los diáconos, acólitos u otros ministros extraordinarios, para que seguidamente sea llevada a los enfermos que han de comulgar en casa.

Antífona de comunión           Cf. 1 Cor 11, 24-25
Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, dice el Señor; haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía.

Acabada la distribución de la comunión, se deja sobre el altar el píxide con el pan consagrado para la comunión del día siguiente. La misa acaba con la oración después de la comunión.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,

alimentados en el tiempo
por la Cena de tu Hijo,
concédenos, de la misma manera,
merecer ser saciados
en el banquete eterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Traslado del Santísimo Sacramento

Antes de trasladar el Santísimo al «Monumento»
Siguiendo la costumbre tradicional del Jueves Santo, terminamos la celebración de la Misa de la Cena del Señor trasladando el Santísimo Sacramento al “Monumento”, el lugar preparado para su reserva para la comunión de mañana. Esta reserva nos dará, en las horas que quedan del día, la oportunidad de permanecer en oración silenciosa y contemplativa ante Él, recordando aquella larga sobremesa del Señor con los suyos después de la Última Cena, y de agradecerle su amor por nosotros.

A las (hora) de esta noche, nos reuniremos para orar ante su presencia misteriosa, en espera de celebrar mañana, a las (hora) la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, en espera de la gran celebración de la Vigilia Pascual, a la que ninguno debemos faltar. 

Santoral 18 de abril

En este día tenemos a los santos Antusia hija del emperador Constantino Coprónimo, distinguida por su amor a los pobres, Apolonio de Roma apologisa y mártir, Atanasia asceta en una de las islas de Grecia, Eusebio obispo, Francisco Regis presbítero y mártir en China, Galdini obispo de Milán, Hermógenes y Elpidio mártires de Armenia, Juan Isauro monje, Lasesiano abad y obispo, Perfecto presbítero y mártir de Córdoba, Pusicio mártir en Persia y Ursmaro abad y obispo.

Recordamos también a Marcelino José Champagnat, fundador del Instituto de los Hermanos de María, Giovanni Calabria, fundador de los Pobres Siervos de la Providencia y Agustina Livia Pietrantoni, religiosa de las Hermanas de la Caridad, canonizados en la Plaza de San Pedro el 18 de abril de 1999.

Los beatos son: Andrés, de la Orden de Hermanos Menores, asceta y predicador, Idesbaldo abad, José Moreau sacerdote y mártir de la revolución francesa, Sabina Petrelli fundadora de la Congregación de las Hermanas Pobres de Santa Catalina y Sibilina virgen y contemplativa. Sobresalen entre los beatos Andrés Hibernón, nacido en Murcia en el siglo XVI, religioso franciscano, renovador de la descalcez, que supo hermanar acción y contemplación, tenido por santo en vida y María de la Encarnación, religiosa carmelita descalza nacida en París en 1566 y fiel discípula de Santa Teresa de Ávila en todo.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Jueves Santo

LAUDES

JUEVES SANTO

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO   

Jesús de maría, 
Cordero santo,
pues miro vuestra sangre,
mirad mi llanto.

¿Cómo estáis de esta suerte,
decid Cordero casto,
pues, naciendo tan limpio,
de sangre estáis manchado?
La piel divina os quitan
las sacrílegas manos,
no digo de los  hombres,
pues fueron mis pecados.

Bien sé, Pastor divino,
que estáis subido en alto,
para llamar con silbos
tan perdido ganado.
Ya os oigo, Pastor mío,
ya voy a vuestro pasto,
pues como vos os dais
ningún pastor se ha dado.

¡Ay de los que se visten
de sedas y brocados,
estando vos desnudo,
sólo de sangre armado!
¡Ay de aquellos que manchan
con violencia sus manos,
los que llena su boca
con injurias y agravios!

Nadie tendrá disculpa
diciendo que cerrado
halló jamás el cielo,
si el cielo va buscando.
Pues vos, con tantas puertas
en pies, mano y costado,
estáis de puro abierto
casi descuartizado.

¡Ay si los clavos vuestros
llegaran a mí tanto
que clavaran al vuestro
mi corazón ingrato!
¡Ay si vuestra corona,
al menos por un rato,
pasara a mi cabeza
y os diera algún descanso! Amén.

SALMO 79: VEN, SEÑOR, A VISITAR TU VIÑA

Ant. Mira, Señor, fíjate que estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mira, Señor, fíjate que estoy en peligro, respóndeme en seguida.

CÁNTICO de ISAÍAS: ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO

Ant. Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré.

Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado.

Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Aquel día diréis:
«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel.»»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré.

SALMO 80: SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA

Ant. El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta.

Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca que te la llene.»

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;

los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.

LECTURA: Hb 2, 9b-10

Vemos a Jesús coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
V/ Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

R/ De toda raza, lengua, pueblo y nación.
V/ Con tu sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

PRECES

Oremos a Cristo, Sacerdote eterno, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo para que proclamara la redención a los cautivos, y digámosle:

Señor, ten piedad.

  • Tú quesubiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria,
    — conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
  • Tú que exaltado en la cruz quisiste ser atravesado por la lanza del soldado,
    — sana nuestras heridas.
  • Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida,
    — haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que clavado en la cruz perdonaste al ladrón arrepentido,
    — perdónanos también a nosotros, pecadores.

Fieles a la recomendación del Salvador, digamos con filial confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestra salvación, Señor, es quererte y amarte; danos la abundancia de tus dones y, así como por la muerte de tu Hijo esperamos alcanzar lo que nuestra fe nos promete, por su gloriosa resurrección concédenos obtener lo que nuestro corazón desea. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.