El gran día (Oración)

EL GRAN DÍA

Hoy es el gran día. El que estábamos esperando. La vida ha vencido a la muerte. La alegría ha vencido a la tristeza. Es Domingo de Resurrección. El mundo se llena de luz y de color. Suenan las campanas y los pájaros del campo cantan melodías de fiesta. Se escuchan ritmos y bailes de esperanza. ¿Los oyes? Sí. Ahí dentro, en tu interior.

Abro mi corazón para que lo llenes de tu fuerza y de tu vida. Esa vida que sabemos que ya no tiene fin. Me dispongo a rezar con lo que pasó aquel domingo muy de mañana. Y te pido, Jesús, que hoy me des la alegría de sentir que estás aquí, conmigo. Que vives para siempre y que hoy te pueda ver con los ojos del corazón.

El texto es una adaptación del evangelio de Juan (Jn 20, 1-9):

Habían pasado tres días desde que Jesús murió. Y una mañana, tan temprano que aún era de noche, María Magdalena fue a donde lo habían enterrado. Iba como a veces van las personas al cementerio, para rezar, para despedirse de su amigo, para llorar un poco porque estaba triste. Pero Jesús no estaba enterrado como enterramos hoy a las personas. En su época los ponían como en unas cuevas que llamamos sepulcros, y la puerta del sepulcro era una roca enorme muy pesada y difícil de mover.

Al llegar, María vio que esa losa del sepulcro de Jesús estaba apartada. Le dio un susto tremendo, y como no sabía si entrar o qué hacer, se fue a buscar a otros amigos de Jesús. Al llegar donde estaban Pedro y Juan, dos de sus mejores amigos, les dijo: «Creo que alguien se ha llevado el cuerpo de Jesús a algún sitio que no sabemos» (porque ella aún no se imaginaba que Jesús pudiera estar vivo).

Los dos amigos de Jesús empezaron a correr. Juan, que era más joven y estaba más delgado, iba muy rápido. Juan miró desde la puerta, y se quedó sorprendido porque las vendas con las que habían envuelto el cuerpo de Jesús estaban tiradas en el suelo. Cuando llegó Pedro se atrevió a entrar, y vio las vendas en el suelo y otra tela con la que habían cubierto la cabeza de Jesús, bien doblada. Juan entró también. Y allí empezaron a comprender lo que había pasado. Sintieron que nadie se había llevado el cuerpo de Jesús a otro sitio, sino que estaba vivo. Y por fin entendieron lo que algunas veces les había dicho de que al final resucitaría. Por eso empezaron a sonreír, contentísimos.

Mirad, cuando alguien pierde a un ser querido, está muy triste. Natural. Porque sabemos que no lo vamos a volver a ver en la tierra. Eso le pasaba a María Magdalena, que era muy amiga de Jesús. Pero… ¿qué pensaría cuando no lo encontró en el sepulcro? Y lo mismo Juan y Pedro. Pues se dieron cuenta de que había resucitado. ¡Era verdad lo que había dicho!

Sí, esa era la promesa que les había hecho. Que en la gran casa del cielo, el Padre Dios tiene preparado un sitio para nosotros. Si tienes algún conocido o familiar en el cielo, hoy es un buen día para sonreír y celebrar que están disfrutando con Jesús. ¡Qué maravilla saber que la vida vence a la muerte!

Ahora vas a hacer una cosa. Usa tu imaginación. Si tuvieras que dibujar la alegría de la vida, ¿qué harías? ¿Qué colores combinarías? Escoge tus colores preferidos. Los más bonitos, los más alegres. Y dibuja lo que te salga del corazón. Puede ser cualquier cosa, por ejemplo una casa. La del cielo llena de luz y color. deja que Jesús pinte contigo tu alegría. Cuando acabe esta oración busca papel y pinturas y haz tu dibujo de resurrección.

Para los amigos de Jesús la resurrección es la respuesta a muchas preguntas. Saber que pase lo que pase, la última palabra siempre la tiene el amor del Padre Dios, que ha resucitado a Jesús para siempre. Y mientras escuchas la canción, pídele a Jesús resucitado que te abrace con su inmenso amor.

Yo soy el Pan de vida.
El que viene a mí no tendrá hambre.
El que cree en mí no tendrá sed.
Nadie viene a mí, si el Padre no lo llama.

Yo le resucitaré
en el día final.

Yo soy el pan de vida de Martín Verde Barajas interpretado por Coro Cantaré, «Cantaré (Pan de vida).»

         Por tu resurrección

Por tu Resurrección, mi corazón se llena de esperanza.
Por tu Resurrección, sé que la gran casa del cielo también es mi casa.
Por tu Resurrección, gritamos a los cuatro vientos que tenías razón.
Por tu Resurrección, canto y bailo con alegría infinita.
Por tu Resurrección, el mundo se llena de color.

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p style=»text-align:justify;»>Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.