Domingo de Resurrección

Hoy es 21 de abril, Domingo de Resurrección.

Señor de la vida, tras una Semana Santa intensa, amanece este domingo en el Jerusalén de entonces y en el mundo de ahora. Tras la tormenta ha salido el sol. Y aparecen destellos que demuestran que la última palabra no la ha tenido la cruz. Dejo que el corazón se esponje, se alegre. Me voy haciendo consciente de que tu voluntad inquebrantable es una voluntad de vida eterna, plena, para todos.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 20, 1-9):

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Un día más en esta semana, me pongo en el lugar de los tuyos. Contemplo a Magdalena, fiel, herida, triste, y aún así dispuesta a seguir dando la cara por ti. Veo su sorpresa cuando se da cuenta de que la losa está quitada. Veo un destello de emoción en sus ojos, al recordar tu promesa. Y la veo sonreír.

Veo ahora a Pedro y Juan. Los dos han pasado esta semana contigo. Han compartido la cena, tus enseñanzas, los dos, cada uno de una forma diferente, te han fallado y se sienten indignos. Pedro por negarte, Juan por huir en la hora del prendimiento. Pero las palabras de Magdalena ponen un brillo en sus ojos. Echan a correr y llegan hasta la cueva. Los veo sonreír.

Y yo, soy ahora también protagonista. También yo te fallo a veces. Te quiero pero no te respondo. Escucho tu evangelio pero no siempre lo vivo. Te veo en la cruz pero no la comparto. Y sin embargo la Pascua es tu palabra definitiva. No te cansas de nosotros y no nos abandonas. Pienso en eso y quizás también yo por fuera o por dentro sonrío.

El resucitado está envuelto en misterio. Lo que hay son destellos, signos, señales de su presencia. Una losa movida, un sepulcro vacío, vendas en el suelo. Al volver a leer el texto y contemplar la escena, piensa en tantas realidades en este mundo, que apuntan hacia el Dios vivo. Cada gesto de amor gratuito, cada opción por la justicia, cada palabra de misericordia.

Yo me atengo a lo dicho

Yo me atengo a lo dicho:

La justicia,
a pesar de la ley y la costumbre,
a pesar del dinero y la limosna. 

La humildad,
para ser yo, verdadero. 

La libertad,
para ser hombre.
Y la pobreza,
para ser libre.

La fe, cristiana,
para andar de noche,
y, sobre todo, para andar de día.

Y, en todo caso, hermanos,
yo me atengo a lo dicho:
¡la Esperanza!

 (Pedro Casaldáliga)

Gracias por la luz,
por cada día nuevo que amanece, y casi sin saber,
la vida entera por tu amor se mueve
Sólo con nombrar, todo fue Bueno,
y tu Palabra fue soñar,
¡Gracias por desear!

Gracias por sembrar en mi interior
la sed que me ha llevado a Ti
gracias por aullar, por impulsar mi acción, mi corazón,
gracias Señor, porque para Ti no hay nada imposible

Gracias por nacer de aquella entraña humilde
y ser tan frágil como yo
uno de tantos, nuestro Dios y hermano
Gracias por ser fiel amando hasta el extremo
y entregarnos tu existir
¡tu mismo Espíritu habita en mí!! 

Gracias por sembrar en mi interior
la sed que me ha llevado a ti
gracias por aullar, por impulsar mi acción, mi corazón,
gracias Señor, porque para Ti no hay nada imposible,
nada imposible.

Gracias interpretado por Ruah, «15 olas»

Señor, al terminar hoy mi oración quiero darte las gracias. Por no rendirte, por seguir con nosotros, por volver a empezar para siempre. Gracias. Aleluya. Esa será mi oración esta semana. La gratitud y la alabanza, la alegría y el testimonio de que estás vivo. Repito lentamente estas palabras: Gracias, aleluya…; Gracias, Aleluya.

Liturgia 21 de abril

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Misa del Domingo (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias, es conveniente sustituir el acto penitencial por la aspersión con el agua bendecida en la Vigilia Pascual, Gloria, Credo, Prefacio Pascual I «en este día», embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».

Leccionario: Vol. I (C)

  • Hch 10, 34a. 37-43. Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
  • Sal 117. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
  • Col 3, 1-4. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
  • Secuencia. Ofrezcan los cristianos.
  • Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos.

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Antífona de entrada          Cf. Sal 138, 18. 5-6
He resucitado y aún estoy contigo, aleluya; me cubres con tu mano, aleluya; tu sabiduría es sublime, aleluya, aleluya.

O bien:          Cf. Lc 24, 34; Ap 1, 6

Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad, aleluya, aleluya.

Monición de entrada
Para todos aquellos que creemos en Cristo Jesús, hoy es el día más grande de todo el año, pues celebramos el misterio de su resurrección, fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y podemos decir, junto a los apóstoles, que Cristo, después de su pasión y muerte en cruz, ha resucitado glorioso para nunca más morir y para resucitar con Él a cuantos sigan sus pasos.

Este Cristo resucitado está aquí entre nosotros. Sepamos reconocerlo y acogerlo en esta celebración eucarística que nos disponemos a comenzar recordando nuestro Bautismo; el día en el que, por la acción renovadora del Espíritu Santo, Cristo Resucitado se hizo presente en nuestras vidas, arrancándonos del abismo de la muerte y haciéndonos criaturas nuevas. Recibamos con gozo y alegría el agua bautismal, recordando con agradecimiento que somos hijos de Dios en su Hijo amado Jesucristo.

(Aspersión con el agua bendita por el templo, o bien todos pasan por la pila bautismal y toman el agua santiguándose)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino. 

Gloria  
Cantemos ahora la gloria de Dios, que es nuestra vida, nuestra luz, nuestro gozo; y aclamemos a su Hijo, resucitado de entre los muertos, porque Él es el Cordero de Dios, el único Santo, el único Señor, el único Altísimo. 

Oración colecta
OH, Dios,

que en este día, vencida la muerte,
nos has abierto las puertas de la eternidad
por medio de tu Unigénito,
concede, a quienes celebramos
la solemnidad de la resurrección del Señor,
que, renovados por tu Espíritu,
resucitemos a la luz de la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Renovación de las promesas bautismales: El día de nuestro Bautismo participamos de una manera misteriosa y sacramental de la muerte y la resurrección de Cristo. Ahora, en esta Eucaristía de Pascua, renovemos nuestro sí a Dios y confesemos con los labios y el corazón nuestra fe, que es la fe de la Iglesia, haciendo el firme propósito de renunciar al pecado con la gracia de Dios y nuestro esfuerzo, y afirmando nuestra fe, que nos pone en comunión con los apóstoles, los primeros testigos de la resurrección de Cristo.

– ¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios? 

– ¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado?

– ¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?

Prosigue el sacerdote: Y confesad abiertamente:

– ¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

– ¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

– ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna? 

Oración sobre las ofrendas
En este día santísimo en que la fuerza del Espíritu nos crea como hombres nuevos a imagen de Cristo resucitado, y hace de todos nosotros un pueblo santo, elevemos nuestras plegarias para que la alegría pascual se extienda por todo el mundo.

1.- Por la Iglesia; para que cada día sea más consciente de ser la comunidad pascual generada por Cristo, humillado en la cruz y glorificado en la resurrección. Roguemos al Señor.

2.- Por todos los bautizados; para que en la aspersión de la sangre y del agua que brotan del costado abierto de Cristo, el Redentor, renueven la gracia de su nacimiento en el Espíritu. Roguemos al Señor.

3.- Por toda la humanidad; para que se extienda por el mundo el alegre anuncio de que en Cristo se han hecho las paces del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y del hombre con sus hermanos. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los difuntos; para que sean comensales del reino eterno, mientras esperan la resurrección de sus cuerpos al final de los tiempos. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros y nuestras familias; para que celebremos el acontecimiento pascual en sinceridad y verdad, y compartamos el don de la fe con los pobres y los que sufren. Roguemos al Señor.

Padre, que en la resurrección de Cristo, tu Hijo, ahuyentas todos los miedos y haces posible lo que nuestro corazón no se atreve a esperar; escucha nuestras oraciones y concede a todos los cristianos renovarse en el pensamiento y en las obras, con la fe de quien se siente resucitado en el Bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor. 

Oración sobre las ofrendas
R
EBOSANTES de gozo pascual,

ofrecemos, Señor, este sacrificio
en el que tan maravillosamente
renace y se alimenta tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I: en este día

Antífona de comunión           Cf. 1 Cor 5, 7-8
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Aleluya. Así, pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya, aleluya.

Oración después de la comunión
P
ROTEGE, oh, Dios, a tu Iglesia con misericordia perpetua,

para que, renovada por los sacramentos pascuales,
llegue a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne 
• Que os bendiga Dios Todopoderoso
en la solemnidad pascual que hoy celebramos y,
compasivo, os defienda de toda asechanza del pecado.

• El que os ha renovado para la vida eterna,
en la resurrección de su Unigénito,
os colme con el premio de la inmortalidad.

• Y quienes, terminados los días de la pasión del Señor,
habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua,
podáis llegar, por su gracia, con espíritu exultante
a aquellas fiestas que se celebran con alegría eterna.

• Y la bendición de Dios todopoderoso
Padre † Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre todos vosotros.

Para despedir al pueblo, durante toda la octava, hasta el II domingo de Pascua:
Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Santoral 21 de abril

Destaca en el santoral de hoy san Anselmo de Canterbury, muerto en esta ciudad inglesa, pero originario de Italia. Es obispo y monje benedictino y Doctor de la Iglesia, cuyas enseñanzas la iluminan todavía. Gran teólogo y filósofo inventor del célebre argumento llamado ontológico por el que pasa de la idea de Dios a su realidad, no como santo Tomás partiendo de las criaturas. Pero ante todo, es un hombre profundamente espiritual, maestro de espiritualidad y obispo apóstol de Cristo. Está enterrado en Canterbury, sede de los Primados ingleses actuales.

San Román Adarne Rosales, presbítero y mártir viene en segundo lugar. Murió mártir en la persecución mexicana de 1927. Lo fusilaron junto a la fosa que tenían preparada y cayó a ella a los dos primeros disparos. Fue canonizado el 21 de mayo de 2000. Son también santos de hoy Anastasio I patriarca de Constantinopla, Anastasio el Sinaíta abad del monasterio de este lugar, Apolonio filósofo y mártir, Conrado de Parzham capuchino, Melrubio abad en Escocia y propagador de la fe en toda la región.

También tenemos a los beatos Bartolomé Cerveri, mártir dominico, predicador de la fe en la región subalpina en el siglo XX y Clara Bosatta.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Domingo de Resurrección

LAUDES

DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unión con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

LECTURA: Hch 10, 40-43

Dios resucitó a Jesús al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, y que por su poder nos resucitará también a nosotros, y digámosle:

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

  • Cristo, luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la vida y salvador de los que han muerto,
    — concédenos vivir hoy en tu alabanza.
  • Señor Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la cruz,
    — concédenos que, unidos a ti en el dolor y en la muerte, resucitemos también contigo.
  • Hijo del Padre, maestro y hermano nuestro, tú que has hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes,
    — enséñanos a ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Rey de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu manifestación gloriosa,
    — para poder contemplar tu rostro y ser semejantes a ti.

Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.