Vísperas – Jueves I de Pascua

VÍSPERAS

JUEVES DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis.» Aleluya.

LECTURA: 1P 3, 18.21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que resucitó de entre los muertos el primero de todos, y supliquémosle, diciendo:

Tú que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.

  • Acuérdate, Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y extendida hasta los confines del mundo:
    — que tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.
  • Tú, Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
    — levanta y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.
  • Tú que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
    — libra a los prisioneros y oprimidos, y da pan a los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú, Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don de la inmortalidad,
    — concede a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede a los que han renacido en la fuente bautismal una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 25 de abril

Tiempo de Pascua  

1) Oración inicial

¡Ho Dios!, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre; concede a los que han renacido en la fuente bautismal una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 24,35-48
Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.» Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como no acababan de creérselo a causa de la alegría y estaban asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pescado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.» Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras y les dijo: «Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. 

3) Reflexión

• En estos días después de Pascua, los textos del evangelio relatan las apariciones de Jesús. Al comienzo, en los primeros años después de la muerte y resurrección de Jesús, los cristianos se preocuparon de defender la resurrección por medio de las apariciones. Ellos mismos, la comunidad viva, era la gran aparición de Jesús resucitado. Pero en la medida en que iban creciendo las críticas de los enemigos contra la fe en la resurrección y que, internamente, surgían críticas y deudas al respecto de varias funciones en las comunidades (cf. 1Cor 1,12), ellos comenzarán a recordar las apariciones de Jesús. Hay dos tipos de apariciones: (a) las que acentúan dudas y resistencias de los discípulos en creer en la resurrección, y (b) las que llaman la atención sobre las órdenes de Jesús a los discípulos y las discípulas confiriéndoles alguna misión. Las primeras responden a las críticas venidas de fuera. Ellas muestran que los cristianos no son personas ingenuas y crédulas que aceptan cualquier cosa. Por el contrario. Ellos mismos tuvieron muchas deudas en creer en la resurrección. Las otras responden a las críticas de dentro y fundamentan las funciones y tareas comunitarias no en las cualidades humanas siempre discutibles, pero sí en la autoridad y en las órdenes recibidas de Jesús resucitado. La aparición de Jesús narrada en el evangelio de hoy combina los dos aspectos: las deudas de los discípulos y la misión de anunciar y perdonar recibida de Jesús.
• Lucas 24,35: El resumen de Emaús. De retorno a Jerusalén, los dos discípulos encontraron a la comunidad reunida y comunican la experiencia que tuvieron. Narran lo que aconteció por el camino y cómo reconocieron a Jesús en la fracción del pan. La comunidad reunida les comunica, a su vez, cómo Jesús apareció a Pedro. Fue un compartir mutuo de la experiencia de resurrección, como hasta hoy acontece cuando las comunidades se reúnen para compartir y celebrar su fe, su esperanza y su amor.
• Lucas 24,36-37: La aparición de Jesús causa espanto en los discípulos. En este momento, Jesús se hace presente en medio de ellos y dice: “¡La Paz esté con vosotros!” Es el saludo más frecuente de Jesús: “¡La Paz esté con vosotros!” (Jn 14,27; 16,33; 20,19.21.26). Pero los discípulos, viendo a Jesús, quedan con miedo. Ellos se espantan y no reconocen a Jesús. Delante de ellos está el Jesús real, pero ellos se imaginan que están viendo un espíritu, un fantasma. Hay un desencuentro entre Jesús de Nazaret y Jesús resucitado. No consiguen creer.
• Lucas 24,38- 40: Jesús los ayuda a superar el miedo y la incredulidad. Jesús hace dos cosas para ayudar a los discípulos a superar el espanto y la incredulidad. Les muestra las manos y los pies, diciendo: “¡Soy yo!”, y manda palpar el cuerpo, diciendo: “Porque un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.” Jesús muestra las manos y los pies, porque en ellos están las marcas de los clavos (cf. Jn 20,25-27). Cristo resucitado es Jesús de Nazaret, el mismo que fue muerto en la Cruz, y no un Cristo fantasma como imaginaban los discípulos viéndolo. El mandó palpar el cuerpo, porque la resurrección es resurrección de la persona toda, cuerpo y alma. La resurrección no tiene nada que ver con la teoría de inmortalidad del alma, enseñada por los griegos.
• Lucas 24,41-43: Otro gesto para ayudarlos a superar la incredulidad. Pero no basta. Lucas dice que por causa de tanta alegría ellos no podían creer. Jesús pide que le den algo para comer. Ellos le dieron un pedazo de pescado y él comió delante de ellos, para ayudarlos a superar la deuda.
• Lucas 24,44-47: Una llave de lectura para comprender el sentido nuevo de la Escritura. Una de las mayores dificultades de los primeros cristianos fue aceptar a un crucificado como siendo el mesías prometido, pues la ley misma enseñaba que una persona crucificada era “un maldito de Dios” (Dt 21,22-23). Por eso, era importante saber que la Escritura había anunciado ya “que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones”. Jesús les mostró que esto ya estaba escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos. Jesús resucitado, vivo en medio de ellos, se vuelve la llave para abrir el sentido total de la Sagrada Escritura.
• Lucas 24,48: Ustedes son testigos de esto. En esta orden final está la misión de las comunidades cristianas: ser testigos de la resurrección, para que quede manifiesto el amor de Dios que nos acoge y nos perdona, y querer que vivamos en comunidad como hijos e hijas suyos, hermanos y hermanas unos de otros. 

4) Para la reflexión personal

• A veces, la incredulidad y la duda se anidan en el corazón y procuran enflaquecer la certeza que la fe nos da ante la presencia de Dios en nuestra vida. ¿Has vivido esto alguna vez? ¿Cómo lo has superado?
• Ser testigos del amor de Dios revelado en Jesús es nuestra misión, es mi misión. ¿Lo soy? 

5) Oración final

¡Señor, dueño nuestro,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? (Sal 8)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 84: “El depósito” (cf. 1 Tm 6,20; 2 Tm 1,12-14) de la fe (depositum fidei), contenido en la sagrada Tradición y en la sagrada Escritura fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia. “Fiel a dicho depósito, todo el pueblo santo, unido a sus pastores, persevera constantemente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones, de modo que se cree una particular concordia entre pastores y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida” (DV 10).”

 

Estamos en el contexto de la revelación. Dios se ha revelado y nos ha transmitido esa revelación. Hoy nos planteamos la siguiente pregunta: ¿cómo se interpreta ese depósito de la fe que Dios nos ha transmitido?

El depósito de la fe, depósito sagrado, se confía a la totalidad de la Iglesia. Hay dos textos que se nos dan para nuestra meditación. 1Tim 6, 20, que por cierto es la conclusión, las últimas palabras de la primera carta a Timoteo. Y dice: Timoteo, guarda el depósito, evita las palabras profanas y también las objeciones de la falsa ciencia. Algunos que la profesaban se han apartado de la fe. La gracia sea con vosotros.Como vemos hay una encomienda a Timoteo, me despido y guarda el depósito de la fe. Quizás la palabra “depósito” en nosotros puede tener unas reminiscencias que no pueden ser las correctas. Es verdad que nosotros la podemos identificar con algo que se mete en una caja fuerte y ahí se quede aislado. Lo deposito en el banco y yo hago mi vida por otra parte, teniendo eso allí depositado por si acaso algún día me hace falta. Este ejemplo puede tener una imagen que ayuda, pero en parte también estorba, para entender qué es el depósito de la fe. Es verdad que es algo que tenemos que guardar y que debemos esforzarnos en que no nos sea robado, que no sea profanado, que no sea adulterado. Pero no se trata en que yo lo meta, como en una caja fuerte, y entonces allí quede depositado, pero que mi vida esté al margen de eso que he dejado allí dentro. Más que un tesoro que meto en una caja fuerte, habría que decir que el depósito de la fe es como una fuente inagotable, no contaminada, de la que estoy siempre bebiendo.

También lo de meter en banco o en la caja de ahorros, ese ejemplo podría valer en el sentido de que ese depósito que está allí está siempre rentando, está siempre produciendo. Los ejemplos, como siempre decimos, sirven o estorban y en la medida que estorben, dejémoslos a un lado. La palabra el depósito sagrado, quiere decir que alguien nos lo ha dado, y que los depositarios somos nosotros. A ti te han dado este depósito. Tienes la responsabilidad tan grande de cuidarlo, de que no se profane, pero al mismo tiempo hacerlo producir, es decir, fundar tu vida en él. No únicamente lo entierro aquí para que nadie me lo robe, estoy llamado a difundirlo, a expandirlo y a que mi vida sea un fiel testimonio de lo que esta fe es capaz de hacer y realizar en el hombre. No se trata de que yo meramente lo predique, sino que yo sea una predicación de eso. Mi vida sea un testimonio vivo de eso que me ha sido depositado.

En la palabra depósito, significa que no es nuestro, que viene de lo alto, porque el depósito, el dueño cuando lo deposita en un sitio, no pierde la propiedad. No es lo mismo que te encomiendo una cosa que te la doy, es tuya y a partir de ahora haces lo que te dé la gana con ella. No somos dueños, somos depositarios, que es distinto. Hemos sido depositarios. Somos depositarios del mensaje de Jesucristo. Esta es una faceta importante, la faceta de decir no somos dueños. Uno de los problemas principales que tiene la Iglesia es que, con frecuencia, es percibida y es juzgada bajo categorías que son ajenas a nosotros. No como si fuésemos una institución secular más. Y lo cierto es que la naturaleza de la Iglesia es muy específica y singular, porque tiene su origen en Jesucristo. Y cuando a veces se dice: ¿por qué la Iglesia no cambia muchas cosas de su vida interna, no sería más práctico que se adaptase al mundo presente, subiéndose al tren de los cambios culturales? Y así como los ciudadanos eligen en cada momento el marco político que consideran más adecuado a la coyuntura actual, cambiando de leyes, cambiando de gobierno… ¿Por qué la Iglesia no puede cambiar su marco estructural y ser más semejante al resto de la sociedad? Y sin embargo sabemos que la Iglesia no se reconoce a sí misma como dueña de lo que lleva entre manos, desde hace veinte siglos. Sino se reconoce como depositaria. Mientras que la Iglesia tiene como primer cometido custodiar el depósito revelado por Cristo para cumplir su misión de transmitirlo fielmente a nuestros días.

Por ejemplo hubo, no hace mucho tiempo, un caso que es aleccionador. La Congregación para la Doctrina de la Fe, que es el Dicasterio de la Santa Sede que tiene encomendado por el Papa el cuidado de la fe, hacía pública la respuesta a dos preguntas que le habían sido formuladas en referencia a una práctica irregular que se había registrado en algunas parroquias de Inglaterra. La cuestión era: ¿Es válido que el bautismo, en vez de practicarse por la fórmula yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, cuando se ha hecho con la fórmulayo te bautizo en el nombre del Creador, y del Liberador y del Sustentador, porque parecerá raro lo que estoy diciendo, pero en algunas parroquias de Inglaterra alguno introduciría eso como una especie de supuesta innovación, en vez de Padre, Hijo, Espíritu Santo vamos a decir Creador, Liberador y Sustentador. Y la respuesta de la Santa Sede fue, nosotros no nos consideramos con la autoridad de cambiar la fórmula que Cristo nos dio para bautizar, con lo cual esa fórmula no es válida y a esos niños hay que volver a bautizarlos, porque no tenemos nosotros autoridad para cambiar la fórmula venida de Jesucristo.Esto es un caso concreto para entender lo que es la doctrina de la Iglesia de que no somos dueños, somos depositarios, ¿Quién soy yo para cambiar la fórmula del bautismo tal y como la hemos recibido de Jesucristo?

En resumen. Este primer Texto 1Tim 6, 20 ya nos pone en guardia frente al peligro de la profanación. El segundo texto 2Tim 1, 12-14, he sido constituido heraldo, apóstol y maestro. Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos, pero no me avergüenzo porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe. Y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día. Ten por norma las palabras sanas que oíste de mi en la fe y caridad de Cristo. Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros.

Si sumásemos las palabras, los conceptos que se han transmitido en este texto de 2Tim más el anterior de 1Tim, se dice: ten cuidado con demasiadas palabras profanas.

Primera cuestión, ten cuidado con las objeciones de la falsa ciencia. Ten por norma las palabras que oíste de mi, conserva el depósito. Estas palabras quieren distinguir entre lo que es Palabra revelada y Palabra de los hombres. Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.Uno de los males mayores que podemos tener entre nosotros es no distinguir lo que es Palabra revelada y lo que son teoría de los hombres. Resulta que alguien viene con una teoría que puede parecer sugerente pero que es una teoría suya. Si un teólogo dice que ha dicho… que si le han entrevistado en la televisión y que si no sé qué… Y parece como que eso puede poner en el corazón de gente que les falta formación, en duda su fe, la fe predicada por la Iglesia desde hace 2000 años. Porque no distinguimos, porque confundimos, entre lo que es la Palabra revelada y las teorías de los hombres.

Habla la 1Tim en ese texto de las palabrerías profanas. Cuántas cosas han sido presentadas como novedosas y al cabo de cinco años ya son viejas. Sin embargo el evangelio sigue siendo pasaba eterna, hoy como hace 1000 años o 1500 años. Mientras que las palabras de los hombres, la inflación de palabra, de teoría, de ideología… Distingamos entre ideologías nuestras o revelación De Dios. Lo que es un error mortal es el hecho de que entreguemos el corazón a ideologías, a teorías humanas que dentro de pocos años están obsoletas. Como cuando vemos una foto de hace unos años y nos llama la atención la ropa, los peinados… Y en poquísimo tiempo se ha quedado obsoleto, porque la moda ha cambiado. Eso pasa con las ideologías, vienen, cambian, le dan la vuelta y quedan obsoletas en cuanto pasen unos años. Pero la revelación De Dios es eterna.

Termina este punto diciendo que en el punto 10 de la DV, que el pueblo entero está unido a sus pastores a la hora de recibir el depósito de la. Fe. No es que digamos que Jesucristo entregó el depósito de la fe al Papa y sus apóstoles, se lo entregó al pueblo entero, al pueblo fiel y el pueblo entero, unido a los pastores, tiene la encomienda de guardar el depósito de la fe. Persevera en la doctrina, en la unión, en la eucaristía, en la oración. Tenemos la tarea de conservarlo, practicarlo y profesarlo. Son tres palabras las que utiliza aquí el catecismo, conservar, practicar y profesar. Lo tengo que conservar tal y como me lo han dado. No pretendo yo amoldarlo a mi ideología. Cuidado con ideologizar el depósito de la fe. Cuidado con que yo, como tengo una determinada sensibilidad e ideología, lo recibo en la medida en que conjuga con mi ideología y si tengo que cambiarlo para que conjugue mejor, cambió el depósito de la fe. Tengo que conservarlo. Y si algo tiene que cambiar, seré yo el que tenga que cambiar.

Por eso aquel texto del evangelio. Jesús les dice aquello de que el que recibe, recibe al modo del recipiente. Si tú recibes agua, el agua se amolda a la jarra, se amolda al vaso. Pero en este caso hay que decir: a vino nuevo, odres nuevos. Somos nosotros los que tenemos que cambiar. No el vino nuevo, no el agua limpia de revelación. Seré yo el que tengo que amoldarme a lo que Cristo dijo y no amoldar lo que Cristo me dijo a mi sensibilidad. Por eso lo primero es conservarlo.

Lo segundo es practicarlo porque no basta con tener ortodoxia, sino también ortopraxis. No basta con que yo me adhiera en teoría a las palabras de Cristo, sino que mi vida, mis actitudes, tiene que ser una expresión viva, ortodoxia y ortopraxis. Y las dos cosas no están en contradicción, sino que una es expresión de la otra.

Conservar, practicar y profesar. Porque no lo he recibido sólo para mí, sino que lo he recibido como un privilegio, como un don de Dios para ser testigo viviente de ello. Conservar, practicar y profesar.

Comentario del 25 de abril

Según los relatos evangélicos, las apariciones de Jesús se fueron sucediendo de manera imprevista en lugares y tiempos diversos. San Lucas refiere que mientras los dos de Emaus cuentan a los demás discípulos lo que les ha pasado por el camino y cómo llegaron a reconocerlo al partir el pan, Jesús de nuevo se presentó en medio de ellos y les saludó con el saludo pascual: Paz a vosotros. La aparición les pilla de sorpresa y les infunde temor. Creen ver un fantasma y, por tanto, un producto de su propia imaginación, una ‘fantasía’. Tienen, pues, la impresión de estar siendo víctimas de una alucinación; y Jesús tiene que confirmarles en la veracidad de su percepción sensible: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Y para certificar sus palabras les mostró las manos y los pies. Pero como no salían de su asombro y seguían atónitos, les pidió de comer, y ellos le ofrecieron un trozo de pez asado, y él lo tomó y comió delante de ellos. A continuación les dijo: Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.

De nuevo la referencia a las Escrituras y a su cumplimiento, como veremos hacer después a todos los grandes teólogos de la antigüedad cristiana. Y Jesús se aplica a la misma operación de hacerles entender el contenido de estas Escrituras proféticas. Todo estaba escrito y, por tanto, previsto. Otra voluntad más grande que las voluntades humanas regía los designios de la historia. No había que alarmarse como si hubieran empezado a adueñarse del mundo, escribiendo su historia con trazos tenebrosos e infames, las fuerzas del mal. Estaba escrito que el Mesías, esto es, el ungido de Dios, habría de padecer hasta la muerte; pero también que habría de resucitar de entre los muertos al tercer día y que en su nombre habría de predicarse la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén, el lugar de su martirio y aparente fracaso y de su resurrección y triunfo.

Jesús presenta, pues, su muerte y resurrección como algo previsto por el Señor de la historia que no puede permitir en ningún caso la prevalencia del mal. La crucifixión de Jesús podía aparecer ante el mundo como el triunfo del mal sobre el bien o del pecado sobre la inocencia; pero aquélla no era el punto y final de la historia de este movimiento iniciado por Jesús. Era sólo un final provisional. Porque a la crucifixión y muerte sucederá la resurrección al tercer día; y a ésta el testimonio de los testigos, de los que comieron y bebieron con Jesús tras su resurrección; y al testimonio, la predicación del perdón de los pecados y la llamada a la conversión, empezando por Jerusalén y, en consecuencia, por sus mismos jueces y verdugos, es decir, por todos aquellos que lo habían llevado a la cruz. ¿Cómo no iba a ofrecer el perdón a todos aquellos por quienes había pedido el perdón estando en el suplicio de la cruz: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen?

El mal que se había cebado con el Inocente quedaría anegado por poder de la resurrección y el agua balsámica del perdón que brotaba del sepulcro con el Resucitado. El mal no podía prevalecer sobre el bien. No sólo estaba escrito; es que el Dios, que es bondad por esencia, no lo podía permitir. Y Dios es tan poderoso que puede sacar siempre bien del mal; y es que ni siquiera el mal podría darse sin el bien de esa naturaleza en la que se da, como un accidente, o que lo produce, como un efecto. Toda naturaleza creada es buena; así lo proclama el Génesis: Y vió Dios que era bueno. Si esto es así, el mal no puede ser naturaleza creada, sino sólo efecto o accidente de la misma. Por eso tenemos esta convicción: Dios no puede permitir que este accidente arruine enteramente su obra. Si fuese así, desaparecería la misma naturaleza y con ella el mismo mal que es efecto de la misma. Pues bien, como no puede prevalecer el mal sobre el bien, hoy se sigue predicando en nombre de Jesús la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, incluyendo a los congregados en su Iglesia. Pero se sigue predicando, porque sigue habiendo pecados y, por tanto, mal; porque aún no se ha logrado la victoria definitiva sobre el mal, ni en el mundo ni en nosotros mismos. Jesús resucitado es nuestra esperanza. Apoyémonos en él y en su Espíritu y lo lograremos en su día.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 79. § 1. Para las disciplinas prescritas en el primer ciclo, la Facultad puede servirse de los cursos tenidos en otras Facultades, siempre que sean reconocidos por ella como correspondientes a las propias exigencias.

§ 2. El segundo ciclo se concluye con la licenciatura y el tercero con el doctorado.

§ 3. El plan de estudios de la Facultad debe definir los requisitos particulares para la consecución de los grados académicos, habida cuenta de las prescripciones de la Congregación para la Educación Católica.

Hoy también es el domingo de la misericordia

Hoy concluye la Octava de Pascua. Durante estos ocho días hemos celebrado la alegría de la Resurrección como si de un solo día se tratase. A partir de hoy, continuamos con la cincuentena pascual que concluirá con la solemnidad de Pentecostés. Hoy, ocho días después de la resurrección, escuchamos en el Evangelio la aparición de Cristo resucitado a los apóstoles y la incredulidad de Tomás. Celebramos además el Domingo de la Misericordia, fiesta instituida por san Juan Pablo II. La palabra de Dios nos muestra hoy tres efectos de la Pascua en nosotros:

1. Hemos nacido de nuevo. Comenzábamos la Cuaresma con el lema del mensaje del Papa Francisco para este tiempo cuaresmal: “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”. La Pascua, que es la meta de la Cuaresma, nos da una vida nueva, transforma todas las cosas, cambia nuestro corazón y redime la creación entera. Por eso, los que hemos renacido con Cristo en la Pascua, somos criaturas nuevas. San Pedro nos recuerda en la segunda lectura de hoy: “Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva”. La Pascua es la fiesta de una novedad: Cristo, por su resurrección, ha hecho nuevas todas las cosas. Por eso nosotros somos unas personas nuevas. Cristo, con su muerte y resurrección, ha derrotado el pecado, ha vencido sobre la muerte. Por ello, los cristianos no podemos seguir viviendo en el pecado, sino que hemos de caminar con la luz de la resurrección. La misma comunidad de discípulos fue transformada por la resurrección del Señor. Así, la primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, narra cómo las primeras comunidades cristianas vivían unidas, en comunión, “constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. De este modo, la misma vida de los cristianos era un testimonio para todos los que los veían. Así es como comenzó a crecer la Iglesia, por el testimonio de los primeros cristianos. Hoy, nosotros también estamos llamados a vivir de este modo, llenos de Dios, unidos como verdaderos hermanos. Éste es el primer efecto de la Pascua: una vida nueva que nace de la alegría de la resurrección y que es testimonio para todos aquellos que nos ven.

2. La alegría y la paz, signos de la Resurrección. En el pasaje del Evangelio de hoy hemos escuchado de nuevo un relato de la aparición de Cristo resucitado. En esta ocasión leemos cómo los discípulos estaban encerrados en una casa por miedo a los judíos. La muerte del Señor ha dejado a los discípulos sumidos en el miedo. Si Dios no está con nosotros, nos vienen los miedos, los temores. Pero en medio de la casa, aunque las puertas estaban cerradas, aparece Cristo Resucitado, les da su paz y los discípulos se llenan de alegría al ver al Señor. Éste es el segundo efecto que produce en nosotros la resurrección. La alegría es el signo propio de los cristianos, pues nosotros creemos en un Dios que está vivo y presente entre nosotros. Era cierto lo que Jesús había dicho: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Cristo, tras su muerte, no nos ha abandonado, sino que permanece a nuestro lado para siempre. Y ésta es la mayor de las alegrías que podemos tener. Ya no hay miedo, pues Cristo vive. Además, Cristo nos trae la paz pues, si el pecado es el odio, la ira, la envidia, las críticas, la soberbia, y tantas otras cosas que nos llevan a la muerte, la Resurrección ha vencido al pecado, y por ello Cristo Resucitado es portador de la paz. Es la paz del corazón, la paz que nos une de nuevo a Dios y a los demás, de los que nos habíamos separado por culpa del pecado. Todos nosotros necesitamos de la alegría y de la paz que Cristo nos trae con su resurrección.

3. Domingo de la misericordia. Finalmente, el tercer efecto de la resurrección de Cristo es la misericordia, o mejor, darnos cuenta de verdad que la misericordia del Señor es ciertamente eterna. Así lo hemos rezado juntos en el salmo de hoy: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Que lo digan los fieles del Señor, que lo diga la Iglesia entera, que lo digan todas las criaturas: la misericordia del Señor no tiene fin, es eterna, pues Dios ha vencido a la muerte, ha destruido el pecado, nos ha salvado con su resurrección. San Pedro nos recuerda en la segunda lectura que la misericordia de Dios es grande, y que por esa misericordia nos ha salvado, nos ha hecho vivir de nuevo, nos ha dado una esperanza viva. Es hermoso que san Juan Pablo II dedicara este segundo domingo de Pascua para celebrar la misericordia de Dios, pues si tuviéramos que resumir la Pascua, la pasión muerte y resurrección de Cristo en una sola palabra, tendríamos que decir: es eterna su misericordia. El pecado ha abierto en nosotros unas heridas que nos duelen, que nos dan muerte. Pero Dios, por misericordia, ha cerrado esas heridas al abrir las heridas de su Hijo en la cruz. Ahora, las llagas que quedan para siempre en el cuerpo resucitado de Cristo, esas mismas llagas que Tomás tuvo que tocar para creer en la resurrección, son para nosotros una prueba de que Dios es misericordioso y con sus heridas nos ha curado.

Vivamos con gozo esta fiesta de la Pascua. Cristo resucitado nos da paz y alegría, ha perdonado para siempre nuestros pecados y nos ha hecho renacer de nuevo. No seamos incrédulos como Tomás, que necesitó de una prueba tangible para creer en la resurrección. Vivamos con fe este tiempo de gozo. Cristo vive entre nosotros, él ha dado su vida por nuestros pecados y ha vuelto a la vida. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Francisco Javier Colomina Campos

A los ocho días, llegó Jesús

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros». Después sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos». Tomás, uno de los doce, a quien llamaban «el Mellizo», no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Él les dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo». Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás contestó: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús dijo: «Has creído porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto». Otros muchos milagros hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

Juan 20, 19-31

Comentario del Evangelio

Jesús desea la paz a los apóstoles. Los cristianos debemos estar en paz con los demás y en paz con nosotros mismos.

El pasado fin de semana han pasando cosas muy tristes. Atentados en lugares santos para matar al mayor número de personas. Y algunos de los atentados son dirigidos contra los cristianos. Pero debemos recordar que debemos estar en paz y hacer todo lo posible para que la violencia desparezca de este mundo.

 

Para hacer vida el evangelio

• Podéis compartir en el grupo lo que la gente dice de los atentados que han ocurrido la pasada semana.

• ¿Qué debemos hacer los cristianos cuando aparece la violencia contra nosotros?

• Escribe un compromiso sencillo que os permita hacer algún gesto o acción a favor de la paz y la tolerancia entre todas las personas.

 

Oración

Señor Jesús,
gracias por la fe cristina
y aumenta mi fe
para que viva según ella
y para que sepa comunicarla,
o facilitarla a otras personas.
Gracias por esa fe

que da sentido a mi vida
y me hace ver las cosas
de una manera especial.
Gracias por esa fe

que en todo está presente:
en el trabajo
y en las relaciones humanas,
en lo que como y en lo que leo.
Gracias, Señor y Dios mío,
por esa fe que me hace proclamar:
SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO.

Un cristiano triste… no sigue a Cristo

Porque Tú nos pones el corazón contento,
invitándonos a ser sal de la tierra.
Porque nos despreocupas, recordándonos
que a cada día le basta con su afán.
Porque nos sosiegas, llamándonos a Ti,
cuando estamos cansados y agobiados,
para aliviarnos.

Porque nos quitas los miedos, diciéndonos
que Tú estarás con nosotros

hasta el fin de los días.
Porque nos perdonas, invitándonos a perdonar
y perdonarnos, hasta setenta veces siete…
Porque nos curas, recordándonos

que eres el médico que necesitamos
los que no estamos sanos

Porque nos desenfadas,
proponiéndonos ser mansos

y constructores de un mundo de paz.
Porque nos invitas a la felicidad siendo pobres,

ya que no se puede servir a Dios y al dinero
Porque nos propones trabajar por la justicia
y así lograremos tratarnos todos como hermanos.

Porque nos colmas de nuestros deseos y ansiedades,
invitándonos a beber un agua
que calmará la sed.
Porque nos propones vivir tranquilos,
conscientes de dónde hemos puesto

la confianza.
Porque tu propuesta es de plenitud
y realización,
ya que has venido para que tengamos Vida y vida en abundancia.
Gracias, Dios mío.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo II de Pascua

• Los discípulos están reunidos en un mismo lugar (19 y 26), expresión de que son comunidad eclesial; también “el primer día de la semana” o “domingo” es expresión de lo mismo −ambas apariciones (19 y 26) se producen en domingo−:es el día en que nos reunimos como Iglesia para celebrar que el Resucitado está en medio de nosotros.

• Según el evangelista Juan ya habíamos visto que los seguidores de Jesús tenían “miedo de los judíos” (19): en el relato del ciego de nacimiento (Jn 9,22).
 

* Hay que tener presente que en el Evangelio de Juan la expresión “los judíos” no tiene un sentido étnico, no designa el pueblo de Israel como tal, sino que toma un sentido religioso y se refiere concreta- mente a los dirigentes religiosos del pueblo que no creen en Jesús. En el momento que estamos viviendo, conviene ser delicados con denominaciones como esta.

* También hay que tener en cuenta que la comunidad a la que va destinado el Evangelio de Juan había vivido la dura experiencia de que los fariseos, a partir del año 70 dC, marcaron el judaísmo que provocaron una ruptura total con los cristianos: habían acordado expulsar de la sinagoga a todo el mundo que confesara que Jesús era el Mesías (Jn 9,22).

• Pese a “las puertas cerradas” (19), el Resucitado toma la iniciativa y se hace presente en medio de los discípulos.

• En esta iniciativa, Jesús da “la paz” (19), su paz, la que el mundo no da(14,27), tal y como lo había anunciado.

• Mostrar “las manos y el costado” (20),que son los lugares con las marcas de la muerte en cruz, es una manera de incidir en que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.

• La expresión “como el Padre” (21) o, en otros lugares, “lo que he hecho con vosotros” (Jn 13,15) indica como tiene que ser la vida del discípulo: dejarse modelar según Jesús, como Él se ha dejado modelar por el Padre.

• Lo que define a Jesús es la misión, el ser “enviado”. También sus discípulos, y la Iglesia como tal, serán definidos por la misión que Él les da (21): “como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado” (Jn 17,18).

• La Iglesia reunida, la paz, la misión… todo arranca de la Pascua. Será el don del Espíritu quien lo active. El“aliento” o “soplo” (22) de Jesús sobre los discípulos expresa que su Resurrección abre el paso a una creación nueva: “Entonces el Señor-Dios modeló al hombre con barro de la tierra, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo”. (Gn 2,7). Jesús había rogado el Padre que diera un Defensor a los discípulos (Jn 14,16), es decir, quien pueda ser invocado para auxiliar, acompañar y ayudar, pero también para aconsejar y consolar, y para interceder. Es el Espíritu Santo. Con él llegan el recuerdo y el conocimiento (Jn 14,26) que marcan el comienzo de la fe (Jn 7,39). El Espíritu es, en Juan, un maestro que ilumina. Y es quien da al creyendo su identidad propia de testigo de Jesús (Jn 15,26-27). Podríamos decir que el Espíritu es el verdadero autor del Evangelio, porque de Él viene el recuerdo de aquello que Jesús hizo y dijo, y la comprensión de este recuerdo.

• Las palabras de Jesús sobre el perdón(23) nos recuerdan las que recoge Mateo dirigidas a Pedro (Mt 16,19) y a toda la comunidad (Mt 18,18). Palabras en las que“atar y desatar” significa excluir o admitiren la comunidad. El Resucitado deja este don precioso y tan delicado en manos de la propia comunidad de los discípulos, portadora para el mundo de la vida nueva. Una grande responsabilidad.

• La misión evangelizadora, y el mismo Evangelio, adquieren sentido con la bienaventuranza (29) que el Resucitado dirige a los creyentes que no hemos conocido al Jesús histórico. Es decir, la finalidad de la evangelización es que quienes no conocen a Jesús sean “dichosos” conociéndolo, sean “dichosos” con la fe (30.31).

Comentario al evangelio – 25 de abril

La novedad de la resurrección no cabe el en lenguaje corriente; no se puede ver con la mirada habitual y con la lógica de lo sensible. La resurrección de Jesús es un acontecimiento inédito, desborda hacia delante y hacia  la vida anterior del Mesías. Pero no es un milagro aislado; está dentro de la lógica de la Escritura: “resucitará de entre los muertos al tercer día”.

El resucitado no es un fantasma. Es el mismo Jesús crucificado; lleva las señales de cuerpo; “soy yo en persona”. Desde esa necesidad de afirmar la identidad entre el crucificado y el resucitado se explica la insistencia del evangelio de hoy en el carácter material del resucitado. Tiene manos y pies, se le puede tocar, come pez asado delante de ellos. Teniendo en cuenta el conjunto de los datos del NT, estas expresiones quieren decir simplemente que no es un fantasma, que es el mismo Jesús encarnado. No se pueden interpretar como afirmación directa sobre el carácter material, histórico y mortal del cuerpo resucitado de Jesús.

El discurso de Pedro nos trasmite el primitivo kérigma cristológico. El Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús. Son significativos los nombres que se dan a Jesús: justo, siervo, santo, pionero de la vida…La  glorificación por parte de Dios se contrapone a la acción destructora de los judíos al entregar y rechazar a Jesús. La segunda antítesis contrapone a Jesús y a Barrabás: los judíos renegaron de Jesús y pidieron el indulto de un asesino. La tercera antítesis: matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Lucas insiste en la continuidad de la historia de la salvación según la Escritura: somos los hijos de los profetas, los hijos de la alianza.

Bonifacio Fernández, cmf