Fíate de tus amigos (Oración)

FÍATE DE TUS AMIGOS

Una vez que ha pasado la Semana Santa, los próximos domingos nos vamos a encontrar con un Jesús que es más fuerte que la muerte. Antes de escuchar la lectura de hoy, imagina que eres uno de sus amigos que están tristes y asustados, después de todo lo que ha pasado con la muerte de Jesús. Imagínate que estás con tus compañeros, temeroso de que os descubran, pero deseando compartir con ellos la tristeza de los últimos días. Imagínate que has oído hablar a otros de que han visto a Jesús vivo, pero tú no te lo puedes creer.

El texto es una adaptación del evangelio de Juan (Jn 20, 19-31):

Muchos de los amigos de Jesús aún no sabían que estaba vivo y pasaban mucho miedo por si las autoridades los perseguían a ellos también. Así que una noche estaban juntos en la casa que compartían en Jerusalén, con la puerta cerrada y muy asustados.

Y sin saber muy bien cómo, de golpe apareció Jesús en medio de ellos.

Lo miraban sin saber qué hacer. Entonces les enseñó las manos, con las heridas de los clavos, y el costado, con la herida de la lanza que le habían hecho en la cruz, y les dijo: «Paz a vosotros». Como esa era la forma de saludar siempre de Jesús, ya lo reconocieron, y se pusieron contentísimos. Todos hablaban a la vez, se reían, y querían entender cómo era que estaba vivo. Cuando se calmaron un poco, Jesús les dijo: «Mi Padre me envió al mundo para compartir una buena noticia. Pues ahora soy yo el que os envío a vosotros, para que contéis las cosas buenas que habéis aprendido de mí». También les dijo que les iba a mandar el Espíritu Santo, y que eso les daría autoridad para perdonar. Luego desapareció tal y como había venido.

El pobre Tomás se lo perdió porque ese día había ido a hacer la compra, así que cuando se lo contaron pensaba que le estaban tomando el pelo, y no se lo quería creer. Pero ellos insistían en decírselo una y otra vez. Al final, para que le dejaran en paz, les dijo: «Yo solo me lo creo si meto los dedos en el agujero de sus manos y veo que son de verdad las heridas de Jesús». Fue un poco bruto, pero es que Tomás era así.

Justo una semana después, volvían a estar en la casa, y esta vez Tomás también estaba. Y apareció Jesús, igual. También les dijo: «Paz a vosotros». Todos miraban hacia Tomás, como si quisieran decirle: «¿Ves? ¡Ya te lo habíamos dicho!». Él estaba que no sabía si creérselo o si seguían tomándole el pelo. Pero Jesús mismo se acercó a él y le enseñó las manos mientras le decía: «Si quieres, puedes meter el dedo en el agujero, ya verás cómo es verdad». Pero ya ni hizo falta, porque Tomás lo había reconocido. Y gritó, lleno de alegría: «¡Señor mío y Dios mío!», que era su forma de decir a la vez lo contento que estaba, que le daba pena haber dudado, que lo había echado muchísimo de menos… en fin, todo eso y mucho más. Jesús dijo entonces: «Mira que eres cabezota por no fiarte de tus amigos. Has tenido que verme para creer. Felices serán los que crean aunque no me vean así».

Pues yo entiendo un poco a Tomás. A veces me cuesta creer algo que no he visto con mis propios ojos. y algunas de las cosas que hizo Jesús son tan increíbles que yo misma tendría mis dudas.

¿Y piensas que eso no nos pasa también a los mayores? Creer en Jesús es algo que nos pide confianza. Si sientes que Jesús fue alguien muy especial, que aún hoy tiene algo que decir a nuestras vidas. Si lo consideras como un amigo al que escuchar, ¿no te fiarías de él?

De eso se trata, la palabra que nos dejó Jesús es palabra de amigo en quien confiar.

Tu palabra, Señor, es una fuente clara.
Tu palabra, Señor, es arroyo de luz,
Tu palabra, Señor, es descanso del alma.
Tu palabra, Señor.

Tu palabra, Señor, es palabra de amigo,
que limpia nuestros ojos y nos llena de luz.

Tu palabra, Señor, es gaviota que vuela.
Tu palabra, Señor, es camino de paz.
Tu palabra, Señor, es lucero y estrella.
Tu palabra, Señor.

Palabra de amigo de Alejandro Fernández, «Palabra de amigo.» 

Confiar en ti

Señor Jesús,
te pido que nos ayudes a confiar en ti.
A fiarnos de tu palabra de amigo,
que nos dice que sigues vivo entre nosotros
y que tienes un camino bueno que enseñarnos.
Amén.

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p style=»text-align:justify;»>Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.