Comentario al evangelio – 27 de abril

El final del evangelio de Marcos es un añadido; y da la noticia de las apariciones del resucitado. El Cristo resucitado se hace encontradizo, se hace ver y se da a conocer: a María Magdalena, a los discípulos de Emaús… El que es encontrado por él no puede menos de contar lo que ha visto y oído. La experiencia de encuentro incluye la misión de anunciarlo. Verlo y anunciarlo son dos caras de la misma  experiencia. El anuncio es llamada a la fe; es invitación a creer. El texto del evangelio insiste  en que los destinatarios no creen. Jesús mismo reprocha a los once su incredulidad porque no creen en el testimonio de los que le han visto resucitado y vivo. Ya en la etapa pre-pascual Jesús reprochaba la dureza de corazón de los discípulos a la hora de entender el camino de Jesús, sus actitudes y prácticas.

En la etapa  post-pascual, la comunidad cristiana sigue escuchando el mandato de Jesús: Id y proclamad… Y la Iglesia siente que no puede menos de contar lo que ha visto y oído. Siente la necesidad de seguir proclamando la misericordia eterna del  Señor y contando sus hazañas. Especialmente la gran proeza de la resurrección de Jesús y los milagros que los testigos siguen haciendo en su nombre…

¿Sentimos nosotros la urgencia de anunciar la resurrección de Jesús? ¿Necesitamos nosotros creer y esperar en la resurrección? ¿Estamos contentos y satisfechos con esta vida presente y no anhelamos más?

Bonifacio Fernández, cmf

Sábado I de Pascua

Hoy es 27 de abril, sábado I de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 16, 9-15):

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: – «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

Curiosa la actitud de “los sumos sacerdotes, los ancianos y los letrados”. Después de haber conseguido la muerte de Jesús, quieren prolongar su muerte. Quieren que nadie del pueblo le recuerde y menos aún que le consideren vivo y le sigan. Ya pueden los apóstoles, empezando por Pedro y Juan, proclamar que Jesús ha resucitado y se les ha aparecido, ya pueden curar en nombre de Jesús resucitado a un lisiado… nada les hará cambiar de actitud ante Jesús.

Llamaron a Pedro y Juan y “les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús”, pensando que, desde su reconocida autoridad, les iban a hacer caso. Pero los dos apóstoles, “hombres sin letras y sin instrucción”, aunque con la convicción profunda de haber sido testigos no solo de la vida, muerte y predicación de Jesús, sino también de su resurrección, alegan una autoridad mayor que la de estos letrados, la autoridad de Jesús, el Hijo de Dios, y la autoridad “de lo que hemos visto y oído”. No pueden callarse y seguirán predicando a Jesús y todo lo que él les mandó que predicasen.

Jesús se lo había anunciado a sus apóstoles antes de su muerte varias veces y de distintas maneras. Ahora, antes de mostrarse a ellos directamente les da la noticia por medio de María Magdalena y “otros dos”. Pero ni a una ni a los otros les creyeron la noticia de que había resucitado. Tuvo que acercarse a ellos para que cayesen en la cuenta de que verdaderamente había resucitado.

A partir de ese momento, los apóstoles son otros. De estar medio escondidos, con el miedo en el cuerpo y en alma en una casa por temor a los judíos y sus autoridades, Jesús resucitado, su Maestro y Señor, va a llenar sus corazones de alegría y de valentía para predicar el “evangelio a toda la creación”.

Era verdad. Todo lo de Jesús era verdad, se podían fiar de él. Dios Padre le había respaldado devolviéndole a la vida. Había vencido a la muerte. Ahora les pedía a sus apóstoles que extendiesen esta buena noticia por todo el mundo, capaz de alegrar el corazón de cualquier hombre y mujer. La vida humana tiene sentido. No acaba en la muerte, en el vacío, en el fracaso. Acaba en la vida y en la vida de completa felicidad y para siempre. “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera vivirá y vivirá para siempre”. 

Liturgia 27 de abril

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

Misa del sábado de la Octava (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias, es conveniente sustituir el acto penitencial por la aspersión con el agua bendecida en la Vigilia Pascual, Gloria, Prefacio Pascual I «en este día», embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».

Leccionario: Vol. II

  • Hch 4, 13-21. No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.
  • Sal 117. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
  • Secuencia. (Opcional) Ofrezcan los cristianos.
  • Mc 16, 9-15. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Antífona de entrada           Cf. Sal 104, 43
El Señor sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo. Aleluya.

Aspersión con el agua
Hermanos, al comenzar la celebración de la Eucaristía, pidamos a Dios, nuestro Padre, que la aspersión de esta agua, bendecida en la Noche Santa (en el día santo) de Pascua, reavive en nosotros la gracia del Bautismo, por el cual fuimos sumergidos en la muerte redentora del Señor Jesús, para resucitar con Él a una vida nueva.

(Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

Gloria
En este día de gozo y de gloria, recitemos el himno de alabanza, invocando a Jesucristo, nuestro mediador, sentado a la derecha del Padre.

Oración colecta
OH, Dios,

que no cesas de aumentar
con la abundancia de tu gracia
el número de los pueblos que creen en ti,
mira con amor a tus elegidos,
para que los renacidos en el bautismo
se revistan de la inmortalidad dichosa.
Por nuestro Señor Jesucristo. 

Oración de los fieles
Oremos a Dios, que es fuente de toda gracia y en la resurrección de Jesucristo nos ha manifestado su gran bondad.

1.- Para que la Iglesia extienda por todas partes el amor de Cristo y los hombres vivamos como hijos del mismo Padre. Roguemos al Señor.

<

p style=»text-align:justify;»>2.- Para que nunca falten en nuestra diócesis sacerdotes que anuncien en 
nuestras comunidades y parroquias la Buena Noticia de la resurrección de Jesús que vive para siempre y nos salva. Roguemos al Señor.

3.- Para que las autoridades de nuestro país y de todo el mundo favorezcan y promuevan los medios que conducen al verdadero bien de los hombres. . Roguemos al Señor.

4.- Para que los enfermos encuentren a su vera quien alivie el dolor de su cuerpo y quien los ayude a tener fortaleza de alma.

5.- Para que todos nosotros sepamos corresponder al don de la fe que hemos recibido de Dios con nuestra disponibilidad para obedecerlo en todo y servirlo con nuestra vida.

Dios y Señor nuestro, que en la resurrección de tu Hijo nos has manifestado la fuerza de tu poder, escucha nuestras súplicas y concédenos la firmeza de la fe para que seamos constantes en tu alabanza y en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,

alegrarnos siempre por estos misterios pascuales,
y que la actualización continua de tu obra redentora
sea para nosotros fuente de gozo incesante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I

Antífona de comunión          Gál 3, 27
Cuantos habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Aleluya.

Oración después de la comunión
MIRA, Señor, con bondad, a tu pueblo

y, ya has querido renovarlo
con estos sacramentos de vida eterna,
concédele llegar a la incorruptible resurrección
de la carne que habrá de ser glorificada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

<

p style=»text-align:justify;»>Bendición solemne
— Que os bendiga Dios Todopoderoso
en la solemnidad pascual que hoy celebramos
y, compasivo, os defienda de toda asechanza del pecado.
Amén.

— El que os ha renovado para la vida eterna,
en la resurrección de su Unigénito,
os colme con el premio de la inmortalidad.
Amén.

— Y quienes, terminados los días de la pasión del Señor,
habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua,
podáis llegar, por su gracia,
con espíritu exultante a aquellas fiestas
que se celebran con alegría eterna.
Amén.

— Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo † y del Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
R. Amén.

Despedida
Hermanos, anunciad a todos la alegría del Señor resucitado. Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

Santoral 27 de abril

Hoy celebran los catalanes a la Virgen María con el nombre de Montserrat. Su santuario es el centro principal de espiritualidad y gracia en Cataluña. Le pedimos una bendición especial para su tierra catalana y sus gentes, que con tanto cariño le llaman «La Moreneta». Los monjes benedictinos, que custodian su santuario desde el siglo XI son testigos de las muchas conversiones que tiene lugar alrededor de aquellos riscos bendecidos por ella.

Pero no olvidamos a los santos Pedro Canisio, que fue célebre teólogo y declarado Doctor de la Iglesia. Perteneció a los primeros jesuitas que conocieron a San Ignacio. Sus innumerables escritos, como el famoso Catecismo de Trento, rezuman espiritualidad.

Celebramos también a san Pedro Amengol, ilustre catalán del siglo XIII, que pasó de bandolero a religioso mercedario y redentor de cautivos en África ofreciéndose como rehén, siendo modelo de sacrificio por el prójimo y de amor sin límites.

Santa Zita es patrona de las empleadas del servicio doméstico, por haberse santificado en su oficio de criada de la familia Fatinelli, celebrada como santa en vida por su piedad y buen trabajo diario.

Otros santos de este día son también Asicio obispo, Juan de Constantinopla abad, Lorenzo Nguyen mártir vietnamita, Polión lector y mártir, Simeón obispo de Jerusalén y mártir y Teodoro de Tabena abad. En Valladolid  se encomiendan a santo Toribio de Modrovejo.

Entre los beatos recordamos a Catalina de Cáttaro virgen de alta contemplación y caridad, Jacobo Varinger de Bitecto religioso franciscano, María Antonia Bandrés Elósegui, religiosa de la Congregación de las Hijas de Jesús, muerta en Salamanca en 1919, Nicolás Roland gran educador de la juventud y fundador en Francia de la Congregación de Hermanas del Niño Jesús. este día de 2003 fueron declaradas beatas por Juan Pablo II las españolas Dolores Sopeña y Juana María Condesa Lluch. En la diócesis de Barbastro se encomiendan a los beatos Domingo y Gregorio, sacerdotes, en Tenerife a Pedro de San José Betancourt, los dominicos a la beata Hosanna de Kotor, virgen, los burgaleses al beato Rafael Arnaiz.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado I de Pascua

LAUDES

SÁBADO DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Alegría!, ¡alegría!, ¡alegría!

La muerte, en huida,
ya va malherida.
Los sepulcros se quedan desiertos.
Decid a los muertos:
«¡Renace la Vida,
y la muerte ya va de vencida!»

Quien le lloró muerto
lo encontró en el huerto,
hortelano de rosas y olivos.
Decid a los vivos:
«¡Viole jardinero
quien le viera colgar del madero!»

Las puertas selladas
hoy son derribadas.
En el cielo se canta victoria.
Gritadle a la gloria
que hoy son asaltadas
por el hombre sus «muchas moradas». Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

LECTURA: Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, pan de vida, que en el último día resucitará a los que se alimentan con su palabra y con su cuerpo, y digámosle:

Señor, danos paz y alegría.

  • Hijo de Dios, que, resucitado de entre los muertos, eres el príncipe de la vida,
    — bendice y santifica a tus fieles y a todos los hombres.
  • Tú que concedes paz y alegría a todos los que creen en ti,
    — danos el vivir como hijos de la luz mientras nos alegramos de tu victoria.
  • Aumenta la fe de tu Iglesia, peregrina en la tierra,
    — para que dé al mundo testimonio de tu resurrección.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que, habiendo padecido mucho, has entrado ya en la gloria del Padre,
    — convierte en gozo la tristeza de los afligidos.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que con la abundancia de tu gracia no cesas de aumentar el número de tus hijos, mira con amor a los que has elegido como miembros de tu Iglesia, para que, quienes han renacido por el bautismo, obtengan también la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.