Si no meto la mano en el costado…

No sé a quién, ni cómo, pero quiero compartir mis sentimientos de impotencia y de pena por los atentados cometidos en Shri Lanka la semana pasada. Creo que se puede afirmar que el cristianismo es la religión más perseguida del mundo. Creo que se puede sostener después de conocer el brutal ataque en la capital de Shri Lanka, donde han muerto más de 300 personas y más de 500 han resultado heridas, como consecuencia de unos atentados producidos en cadena. No hallo explicación.

Pues, para empezar, es un mensaje- el cristiano- que predica con insistencia el perdón. Ninguna religión es tan exigente en este capítulo como el cristianismo. Una de los sacerdotes que trabaja (o trabajaba) en una de la parroquias reventada en Shri Lanka ha manifestado ante la amenaza de extenderse el estallido de la violencia: “nuestro Dios no exige venganza si no amor y perdón”. Hace falta tener valor para expresarse así, en un ambiente agresivo como el que se respira ahora en Colombo.

Jesús “pasó por el mundo haciendo el bien” y sin embargo fue condenado a muerte y crucificado. Hoy, los textos evangélicos nos presentan dos comunidades cristianas que se diferencian en su comportamiento y en sus reacciones. En una de ellas, los enfermos son curados, crece el número de creyentes. Enumera varias exigencias para creer: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos si no meto la mano en su costado, no lo creo”. Pienso que, cuando llegó el momento de cumplir su palabra, no se atrevió a dar el paso. Por el contrario caería derrotado, avergonzado.

Un dato de interés. Jesús se apareció a sus amigos, los apóstoles, el domingo a la mañana. También a los cristianos de hoy se nos aconseja que participemos de la Eucaristía, de la misa. Nosotros también necesitamos juntarnos con Jesús, que se sitúe en medio de nosotros y nos transmita paz, valentía, optimismo, ánimo, nos empuje a vencer el miedo. Sencillamente, cargar las baterías para seguir caminando con brío.

Tomás descubrió a Jesús a través de las cicatrices, a través de las heridas. Parece ser que este es el camino más auténtico: descubrir a Jesús a través de las cicatrices.

Josetxu Canibe