Vísperas – Miércoles II de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llando
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las ciaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Que no tiemble vuestro corazón, tan sólo creed en mí. Aleluya.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que no tiemble vuestro corazón, tan sólo creed en mí. Aleluya.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblso te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA: Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdote que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios. Aleluya.

PRECES

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

  • Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús resucitándolo de entre los muertos,
    — convierte nuestros corazones, para que andemos en una vida nueva.
  • Tú que, cuando andábamos descarriados como ovejas, nos ha hecho volver al pastor y guardián de nuestras vidas,
    — consérvanos en tu felicidad al Evangelio, bajo la guía de los obispos de tu Iglesia.
  • Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel,
    — haz que los hijos de este pueblo reconozcan el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.
  • Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
    — y no permitas que vivan en la soledad, ya que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que llamaste a ti a Esteban, que confesó que Jesús estaba de pie a tu derecha,
    — recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrecicón futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

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Lectio Divina – 1 de mayo

Tiempo de Pascua 

1) Oración inicial

Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según san Juan 3,16-21
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.» 

3) Reflexión

• El evangelio de Juan es como un tejido, hecho con tres hilos diferentes pero parecidos. Los tres se combinan tan bien entre sí que, a veces, no da para percibir cuando se pasa de un hilo al otro. (a) El primer hilo son los hechos y las palabras de Jesús de los años treinta, conservados por los testigos oculares que guardaron las cosas que Jesús hizo y enseñó. (b) El segundo hilo son los hechos de la vida de las comunidades. A partir de su fe en Jesús y convencidas de la presencia de Jesús en medio de ellas, las comunidades iluminaban su caminar con las palabras y los gestos de Jesús. Esto ha tenido un impacto sobre la descripción de los hechos. Por ejemplo, el conflicto de las comunidades con los fariseos del final del primer siglo marcó la forma de describir los conflictos de Jesús con los fariseos. (c) El tercer hilo son comentarios hechos por el evangelista. En ciertos pasajes, es difícil percibir cuando Jesús deja de hablar y cuando el evangelista empieza a hacer sus comentarios. El texto del evangelio de hoy, por ejemplo, es una bonita y profunda reflexión del evangelista sobre la acción de Jesús. La gente casi no percibe la diferencia entre las palabras de Jesús y las palabras del evangelista. De cualquier forma, tanto las unas como las otras, son palabras de Dios.
• Juan 3,16: Dios amó el mundo. La palabra mundo es una de las palabras más frecuentes en el Evangelio de Juan: ¡78 veces! Tiene diversos significados. En primer lugar, mundo puede significar la tierra, el espacio habitado por los seres humanos (Jn 11,9; 21,25) o el universo creado (Jn 17,5.24). Mundo puede significar también las personas que habitan esta tierra, la humanidad toda (Jn 1,9; 3,16; 4,42; 6,14; 8,12). Puede significar también un gran grupo, un grupo numeroso de personas, en el sentido de la expresión “todo el mundo” (Jn 12,19; 14,27). Aquí, en nuestro texto, la palabra mundo tiene el sentido de humanidad, de todo ser humano. Dios ama la humanidad de tal modo que llegó a entregar a su hijo único. Quien acepta que Dios llega hasta nosotros en Jesús, éste ya pasó por la muerte y ya tiene vida eterna.
• Juan 3,17-19: El verdadero sentido del juicio. La imagen de Dios que aflora de estos tres versículos es la de un padre lleno de ternura y no la de un juez severo. Dios mandó a su hijo no para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Quien cree en Jesús y lo acepta como revelación de Dios no es juzgado, pues ya ha sido aceptado por Dios. Y quien no cree en Jesús, ya ha sido juzgado. Se excluye él mismo. Y el evangelista repite lo que ya ha dicho en el prólogo: muchas personas no quieren aceptar a Jesús, porque su luz revela la maldad que en ellas existe (cf. Jn 1,5.10-11).
• Juan 3,20-21: Practicar la verdad. Existe en todo ser humano una semilla divina, un rasgo del Creador. Jesús, como revelación del Padre, es una respuesta a este deseo más profundo del ser humano. Quien quiere ser fiel a lo más profundo de sí mismo, aceptará a Jesús. Es difícil encontrar una visión ecuménica más amplia que lo que el Evangelio de Juan expresa en estos versículos.
• Completando el significado de la palabra mundo en el Cuarto Evangelio. Otras veces, la palabra mundo significa aquella parte de la humanidad que se opone a Jesús y a su mensaje. Allí la palabra mundo toma el sentido de “adversarios” u “opositores” (Jn 7,4.7; 8,23.26; 9,39; 12,25). Este mundo contrario a la práctica libertadora de Jesús está gobernado por el Adversario o Satanás, también llamado “príncipe de este mundo” (Jn 14,30; 16,11). El representa el imperio romano y, al mismo tiempo, los líderes de los judíos que están expulsando a los seguidores de Jesús de las sinagogas. Este mundo persigue y mata las comunidades, trayendo tribulaciones a los fieles (Jn 16,33). Jesús las liberará, venciendo al príncipe de este mundo (Jn 12,31). Así, mundo significa una situación de injusticia, de opresión, que engendra odio y persecución contra las comunidades del Discípulo Amado. Los perseguidores son aquellas personas que están en el poder, los dirigentes, tanto del imperio como de la sinagoga. En fin, todos aquellos que practican la injusticia usando para esto el nombre de Dios (Jn 16,2). La esperanza que el evangelio trae a las comunidades perseguidas es que Jesús es más fuerte que el mundo. Por esto dice: “En el mundo tendréis tribulaciones. Pero ¡ánimo: yo vencí el mundo!” (Jn 16,33).

4) Para la reflexión personal

• Tanto amó Dio al mundo que llegó a entregar a su propio hijo. Esta verdad ¿ha llegado a penetrar en lo más profundo de mi ser, de mi conciencia?
• La realidad más ecuménica que existe es la vida que Dios nos da y por la que entregó a su propio hijo. ¿Cómo vivo el ecumenismo en mi vida de cada día? 

5) Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 28-29

<

p style=»text-align:justify;»>28Y, tras entrar él en una casa, sus discípulos le preguntaron en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”.
29Y les dijo: “Esa clase no puede ser expulsada sino con oración”.

<

p style=»text-align:justify;»>9,28-29: Diálogo conclusivo con los discípulos. Mas ¿por qué los discípulos, que parecían antes compartir el poder de Jesús de expulsar los demonios (3,15; 6,7.13), fueron incapaces de exorcizar este espíritu particular? Esta es la pregunta formulada por ellos a Jesús después de que se hubieron retirado con él, en privado, a una casa (9,28), un artificio marcano para suscitar cuestiones que son de interés para su propia comunidad (cf. 7,17-23 y 4,10-20.33-34; 13,3-37). La respuesta de Jesús es que «esta clase» de demonios solo puede ser desalojada por la oración (9,29). 
La réplica de Jesús suscita tantas preguntas como respuestas ya que Jesús mismo, a pesar de haber prescrito la oración como antídoto para el espíritu epiléptico, no aparece rezando antes de expulsar al demonio. Puede ser que haya que sobrentender su rezo, o que Marcos haya ya caracterizado suficientemente a Jesús como un hombre de oración de modo que no necesite hacerlo aquí (cf. 1,35; 6,46; 14,32-42). Es asombroso, de todos modos, que en 9,29 Jesús formule una regla para el exorcismo que él mismo no pone en práctica. Y ¿por qué el relato del exorcismo identifica la fe como factor crucial en la realización del milagro cuando Jesús, en la instrucción privada a los discípulos, destaca la oración? Estos son los tipos de dificultades del relato, que se relaciona con los dos niveles de la naturaleza de los relatos evangélicos: en un nivel el evangelista está contando una historia sobre lo que pasó en otro tiempo, en los momentos de Jesús; pero en otro nivel narra una historia sobre lo que está pasando en 
ese momento en su propia comunidad cristiana, y la combinación de estos dos planos del relato contribuye a la generación de incongruencias literarias. Así, en el período postpascual, el contacto físico con Jesús no es ya posible, pero la oración sí lo es; de ahí la respuesta de Jesús a los discípulos en 9,29. Además, Jesús es de algún modo en nuestro pasaje el objeto y no el sujeto de la plegaria.

Pero hay un personaje en la historia que sí reza y es el padre del muchacho. Como se ha mostrado anteriormente, las palabras que dirige a Jesús evocan una súplica litúrgica, y Marcos presenta su postura de «creer y no creer a la vez» como una imagen del modo como el cristiano está ante Dios y ante Jesús en la oración. Así pues, hay un puente que une los dos niveles del relato marcano, a saber, considerar la plegaria de la iglesia como una expresión de fe y, a la vez, ver la súplica del padre ante Jesús, que cree al mismo tiempo que confiesa incredulidad, como una especie de plegaria.

Lo que ocurre «en la casa» es un reflejo a menudo de lo que pasa en las iglesias domésticas que componen el grupo marcano y otras comunidades cristianas; igualmente, la queja de los discípulos, «¿Por qué nosotros no fuimos capaces de expulsarlo?», repite probablemente algo que la gente decía dentro de la comunidad cristiana de Marcos. Si el maestro de los cristianos es, como ellos afirman, un ser omnipotente a quien Dios ha vindicado por la resurrección, ¿por qué no conservan sus seguidores la fuerza operadora de milagros que él poseyó durante su vida? Esta cuestión en particular ocasionaría tensión en una comunidad marcana situada temporalmente cerca de la guerra judía, en la que otros pretendientes mesiánicos realizaban signos y prodigios que suscitaban la fe en su estatus sobrenatural y constituían así una poderosa tentación para los cristianos marcanos (cf. 13,21-22).

La respuesta de Marcos a esta tentación es doble. Por un lado, el evangelista da a entender que el poder de operar milagros está todavía disponible para los cristianos por la gracia de Jesús y de Dios; aún se puede desarraigar montañas y echarlas al mar (11,23). La frecuencia de historias de sanación y de exorcismos dentro del evangelio, así como las narraciones de los éxitos de los apóstoles en las curaciones, sugieren que tales acontecimientos extraordinarios eran todavía reconocibles en tiempo de Marcos. Por otro, el evangelio muestra también, sobre todo en su segunda mitad, que de vez en cuando el poder divino de Jesús parece eclipsarse. Aunque Dios omnipotente pueda inspirar todavía plegarias eficaces para activar el poder que opera milagros, puede elegir también inspirar oraciones como la de Jesús en Getsemaní: «No lo que yo quiero, sino lo que tú quieres» (14,36). En el caso de Jesús, esa oración suya, de una fidelidad suprema, conducirá finalmente a una eclosión final e incomparable de poder divino en el mundo; pero como muestra el siguiente pasaje, tal eclosión solo puede ocurrir cuando el que pronuncia la oración es entregado a la voluntad hostil de una generación incrédula, «que hará con él lo que quiera» (9,13).

Comentario del 1 de mayo

El evangelista sitúa a Jesús en la sinagoga de Nazaret. Allí enseña tomando como punto de partida la palabra proclamada: un texto del Antiguo Testamento, la Escritura sagrada para un judío. El evangelio se hace eco de la admiración provocada por su actividad, que incluye enseñanza y acciones milagrosas. Decía la gente que lo veía actuar: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él.

Jesús era conocido en su tierra como «el hijo del carpintero». Durante esos años de ‘existencia escondida’ no había dado muestras de otra cosa. Ni siquiera le mencionan por su nombre. Para ellos, es simplemente el hijo del carpintero, como si en la localidad no hubiera habido otro carpintero que José. También conocen a su madre, María, y a sus parientes, aquí nombrados como «hermanos» y «hermanas». Todos ellos constituían su ámbito familiar. Y les resultaba difícil explicar las muestras de sabiduría y de poder que daba en ese preciso instante. Les desconcertaba encontrar en el hijo del carpintero, un hombre al que creían dotado únicamente para la carpintería, habilidades propias de un sabio o de un profeta. No lograban conciliar ambos status; por eso desconfiaban de él.

Pero Jesús había pasado de ser el hijo del carpintero a ser el profeta de Nazaret. En él se revelaba ahora una dimensión que había mantenido oculta durante gran parte de su vida: su verdadera dimensión mesiánica; aquello para lo que había venido a este mundo enviado por Dios Padre; aquello para lo que había nacido: para dar a conocer el Evangelio, la buena noticia de Dios a los hombres, el mensaje de la verdad. Este cambio, sin embargo, desconcertó a sus paisanos. El conocimiento que tenían de él como simple ‘hijo del carpintero’ les dificultaba enormemente para acogerle como profeta. De ahí el dicho al que se remite Jesús: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.

Y es que el profeta, antes de sentirse llamado por Dios a la misión profética, es un simple habitante de su tierra y un miembro de su familia cumpliendo un determinado oficio en la vida. En este sentido, la biografía de Jesús no dista mucho de la de otros profetas de la antigua alianza. También él sintió un día la necesidad de abandonar familia, trabajo y tierra para cumplir la misión para la que estaba en este mundo. Pero fue precisamente en su tierra donde encontró mayores obstáculos para el ejercicio de su misión: No hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe. La fe es realmente ‘puerta’. Sólo la fe podía hacerles receptivos a los beneficios emanados de él; sólo con fe podían aceptar sus palabras como palabras portadoras de verdad; sólo con fe podían experimentar los efectos extraordinarios de su poder misericordioso. La eficacia de la misión de Jesús no depende únicamente de su actuación irreprochable; depende también de nuestra disposición o acogida, esto es, de nuestra fe. Dios quiere que todos los hombres se salven; pero lo quiere con un ‘querer’ condicionado por nuestro querer; aunque no deja de ser verdad que el querer de Dios es mucho más poderoso que el nuestro, voluble y débil.

La fiesta de hoy fue instituida por Pío XII en 1955 para exaltar cristianamente el trabajo humano. Ya ha quedado reflejado que Jesús trabajó, probablemente a una edad temprana, en el taller de su ‘padre’. Dejado este trabajo de índole manual, inició otro, impulsado por la llamada de Dios a ocuparse de las cosas de su Padre. Era su obra mesiánica de anuncio e implantación del Reino: un trabajo que, aún consumado, pareció dejar incumplido, puesto que encomendó a sus discípulos la tarea de proseguirlo en el tiempo. Jesús se sometió, por tanto, a la ley del trabajo asociada a la vida humana y a su dinamismo de crecimiento. El trabajo, además de ser elemento potenciador del desarrollo humano, es el cauce ordinario por el que ponemos en ejercicio nuestras facultades; y al tiempo que las ejercitamos, crecemos en dominio sobre nosotros mismos y la naturaleza circundante. El trabajo dignifica al hombre. Por eso resulta tan frustrante no ejercer la tarea para la que uno se ha venido preparando durante años. El trabajo no es sólo cosa del hombre, sino también de Dios.

El libro del Génesis nos habla del trabajo realizado por Dios en la obra de la creación y concluido el día séptimo. En realidad, ese día, el día del descanso divino, no ha llegado, puesto que Dios sigue trabajando en su obra: un trabajo de mantenimiento y acrecentamiento de lo iniciado. Se trata de un trabajo creador en el sentido más propio del término: Dios saca de lo que no es –lo que llamamos nada– lo que es y sostiene su potencia original en camino hacia una plenitud inimaginable. Es un trabajo de creación, de conservación y de potenciación para el que se basta con su hablar todopoderoso. Su trabajo no es sino actualización de su poder soberano. No requiere ningún esfuerzo; no implica ninguna penalidad. Nuestro trabajo, en cambio, sí que va acompañado de esfuerzo y resulta muchas veces penoso en razón del desgaste energético, de la falta de lucidez mental, de las difíciles condiciones laborales, de la competitividad llevada hasta la confrontación y el conflicto de intereses, de las deficiencias en la seguridad o en la higiene, de las tensiones generadas por el orgullo o el afán de dominio, de las desarmonías e incomprensiones, de las malas retribuciones, etc. Son esos factores que hacen del trabajo algo ingrato o poco gratificante.

Pero el trabajo en cuanto tal es algo que dignifica al hombre, porque le permite actualizar sus facultades y porque le enriquece y le perfecciona. Si en ocasiones se convierte en una carga penosa e insoportable es a causa de elementos añadidos y teñidos de pecado. No es un trabajo en el paraíso, sino en una tierra que da también abrojos y espinas, en un lugar de destierro, puesto que no es patria definitiva. A pesar de todas esas penalidades y deficiencias asociadas, el trabajo es nuestro medio ordinario de realización y de crecimiento. Además, el sufrimiento que tantas veces le acompaña puede convertirse en uno de los mayores instrumentos de purificación. Es precisamente en nuestro trabajo donde podemos sentirnos no sólo útiles, sino colaboradores de Dios en su obra de perfeccionamiento de la creación y servidores de nuestros hermanos. El trabajo nos permite cumplir este doble servicio: a Dios, colaborando con Él en su obra; y al hombre, respondiendo a su demanda o necesidad. Y por este camino nos realizamos como personas y llevamos a cabo el proyecto de Dios sobre cada uno de nosotros. Y cuando ya carezcamos de fuerzas para trabajar, siempre podremos seguir colaborando con Dios en su obra redentora como hizo Cristo desde la cruz, haciendo de nuestra vida ofrenda por la salvación del mundo. Que el Señor nos conceda esta gracia de trabajar con él y para él.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Título IV

Otras facultades

Artículo 85. Además de las Facultades de Teología, de Derecho Canónico y de Filosofía, han sido erigidas o pueden ser erigidas canónicamente otras Facultades eclesiásticas, teniendo en cuenta las necesidades de la Iglesia, con objeto de conseguir algunas finalidades particulares, como por ejemplo:

a) un conocimiento profundo en algunas disciplinas de mayor importancia entre las disciplinas teológicas, jurídicas, filosóficas e históricas;

b) la promoción de otras ciencias, en primer lugar las ciencias humanas, que tengan más estrecha conexión con las disciplinas teológicas o con la labor de evangelización;

c) el estudio profundo de las letras, que ayuden de modo especial tanto a comprender mejor la Revelación cristiana, como a desarrollar con mayor eficacia la tarea de evangelización;

d) finalmente, una más cuidada preparación tanto de los clérigos como de los seglares para desempeñar dignamente algunas funciones apostólicas especiales.

Comentario Domingo III de Pascua

Oración preparatoria

Señor Jesús, que pueda yo acercarme a Ti y a todo ser humano desde el amor, con amor, por amor. Dame mirar mis relaciones, mi comunidad, mi familia, mis compañeros de trabajo, desde tu corazón integrador. Empápame de tu palabra para que pueda vivir desde tu presencia luminosa y resucitada en mi día a día. AMEN.

 

Jn 21, 1-19

«1Después de estas cosas, se manifestó Jesús, él mismo, de nuevo a los discípulos en el mar de Tiberíades. Pero se manifestó de esta manera:

2Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado el Mellizo, y Natanael, el de Caná de Galilea, y los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.

3Les dice Simón Pedro: “Voy a pescar”.

Le dicen: “Vamos también nosotros contigo”.

Fueron y subieron a la barca, y en aquella noche no cogieron nada.

4Pero estando ya amaneciendo, se presentó Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

5Así que les dice Jesús: “Muchachos, ¿no tenéis algo para comer?”.
Le respondieron: “No”.
6Pero él les dijo: “Echad la red a la parte derecha de la barca y encontraréis”. Así que la echaron, y no tenían fuerza para sacarla, por la cantidad de peces.7Así que dice aquel discípulo, a quien amaba Jesús, a Pedro: “Es el Señor”.

Así que Simón Pedro, al oír que era el Señor, se puso la túnica (porque estaba desnudo) y se echó al mar.

8Pero los otros discípulos fueron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, arrastrando la red de los peces.

9Así que, cuando saltaron a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.

10Les dice Jesús: “Traed de los peces que habéis cogido ahora”.
11Así que subió Simón Pedro y arrastró a tierra la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, siendo tantos, no se rasgó la red.12Les dice Jesús: “Venid, almorzad”.

Pero ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle “tú ¿quién eres?”, conociendo que era el Señor.

13Viene Jesús y toma el pan y se lo da; y lo mismo el pez.
14Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, una vez resucitado de entre los muertos.
15Así que cuando ya habían comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que estos?”.
Le dice: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.
Le dice: “Apacienta mis corderos”.
16Le dice de nuevo por segunda vez: “Simón de Juan, ¿me amas?”. Le dice: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.
Le dice: “Pastorea mis ovejas”.
17Le dice por tercera vez: “Simón de Juan, ¿me quieres?”.

Se entristeció Pedro porque le dijo por tercera vez “¿me quieres?” y le dice: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”.

Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas. 18En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando envejezcas, extenderás tus manos, y otro te ceñirá y te llevará donde no quieres”.

19(Pero con esto indicó la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios). Y dicho esto, le dice: “Sígueme”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El pasaje precedente es la primera conclusión del evangelio (20,30-31). El capítulo 21, con el que comienza el evangelio de hoy, es considerado obra de la comunidad joánica y es una profundización de la fe en el acontecimiento pascual: la misión de Jesús pasa ahora a la comunidad del Resucitado, la Iglesia. El evangelista, después de haber presentado a Jesús confiriendo la misión a sus discípulos, nos ofrece aquí un episodio paradigmático de la misión, con objeto de señalar cuáles son las condiciones para el fruto y el papel de Jesús en dicha misión.

 

TEXTO

Es un texto con un alto valor simbólico. Los discípulos ya no están dentro de casa (20,26), sino que salen a la actividad y a la misión (21,3). Estamos ante latercera manifestación de Jesús a los discípulos, pero en otro lugar: el mar de Tiberíades, y al amanecer, tiempo del trabajo, no “al atardecer” (cf. 20,19), tiempo de la reunión comunitaria. El relato tiene dos partes:

1.- vv. 1-14: esta parte se abre y se cierra con el verbo “manifestarse” (vv. 1 y 14)y está organizado en torno a la solemne declaración del discípulo amado: Es el Señor (v. 7a). Jesús, Señor, se manifiesta a los discípulos, a la Iglesia, resolviendo así su fracaso misionero (vv. 2-3), puesto que, con su presencia y sus indicaciones, el fracaso se convierte en éxito (vv. 4-6). Jesús, Señor, atrae a sí mismo a los discípulos (vv. 7b-8) y les da de comer, les brinda el alimento (vv. 9-13).

2.- vv. 15-19: el primado dado a Pedro, a través del Amor, al que le es confiado el encargo de apacentar a todo el rebaño, en tres fases impactantes que se resuelven con el imperativo final: Sígueme (v. 19).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La vida de la comunidad cristiana presenta una alternancia entre ‘dentro’ y ‘fuera’, entre vida en común y actividad misionera. La presencia de Jesús se requiere en ambas. Sin él, ni la comunidad ni la misión funcionan.

• La vida de la comunidad se debate entre ‘la noche’ y ‘el día’, fracaso y éxito forman parte de su historia. Pero el fracaso está unido a la ausencia de Jesús en esa vida común y el éxito (misionero), en cambio, a la presencia luminosa del Señor, a quien hay que obedecer. El fruto de la misión depende de la docilidad a la palabra de Jesús.

• La misión cristiana, en unión con el Señor Jesús, se alimenta en la comunión del grupo con él en la eucaristía. En ella, Jesús nos da su alimento, su propia persona, que resuelve las noches y los fracasos, y nos capacita para continuar su misión salvadora.

• El seguimiento de Jesús exige la entrega a una labor como la suya, llegando hasta el don de la vida, en servicio a los demás. Pastorear las ovejas es una consecuencia de la relación de amor entre Jesús y los suyos, y por tanto debe ser una labor hecha desde el amor, con amor, por amor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Pascua

III Domingo de Pascua
5 de mayo 2019

Hechos 5, 27b-32. 40b-41; Salmo 29; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Ellos le respondieron: «También nosotros vamos contigo». Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada. Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿han pescado algo?» Ellos contestaron: «No». Entonces él les dijo: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces». Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados. Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: «Es el Señor». Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros. Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar». Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: «Vengan a almorzar». Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Por segunda vez le preguntó: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Pastorea mis ovejas». Por tercera vez le preguntó: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas… Después le dijo: «Sígueme».

Reflexión

Jesús resucitado se aparece por tercera vez a los discípulos, pero no lo reconocen. Ellos habían vuelto a la vida de siempre de ser pescadores y no habían pescado nada. Juan se dio cuenta que era Jesús y se lo dice a Pedro. ¿Cómo sabe Juan que era Jesús? (Por la pesca milagrosa.) ¿Cuándo pasó esto anteriormente? (Cuando primero conocieron y siguieron a Jesús.) ¿Cómo reacciona Pedro? (Se tira al agua para llegar rápido a Jesús.) ¿Cómo se sentía Pedro? ¿Cómo reaccionan los otros discípulos? (Llegaron arrastrando las redes llenas de peces.) ¿Cuándo alguien que ustedes aman mucho llega a la casa, que hacen? ¿Cómo se sienten? ¿Después de darles el pan y pescado para comer (Jesús nos alimenta), que le pregunta Jesús a Pedro tres veces? (¿Me amas?) ¿Que le pide Jesús? (Apacienta a mis ovejas.) ¿Qué significa esto? (Pastorear Su pueblo.) Jesús le dice “Sígueme.” ¿Cuándo dijo esto anteriormente? (La primera pesca milagrosa que le dijo que iban a ser pescadores de hombres.) (Pedro fue el primer Papa por su gran amor a Jesús.) Jesús demuestra que Él está vivo y hay que cambiar y seguirlo. ¿Qué quiere Jesús más que nada de nosotros? (Que lo amemos mucho y lo sigamos.)

Actividad

En la segunda página que sigue, cortar, colorear, escribir nombre. Después, poner uno a la vez alrededor de una foto de Jesús orando: Jesús te Amo Mucho. Cantar siguiente canción.

Oración

Señor, a veces tienes que decirnos las cosas varias veces para entenderte. Ayúdanos a conocer el Amor inmenso que tienes por nosotros. Ayúdanos a reconocerte en las obras buenas. Danos la gracia de amarte mucho, amarnos unos a otros, y seguirte siempre. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo III de Pascua

Cuando alguien te dice algo que parece imposible de hacer, ¿te es difícil creerlo? Por ejemplo, supón que alguien te dice: “Esta presilla puede flotar en este vaso de agua.” Eso no hace sentido, ¿no es así? La experiencia nos dice que al poner esta presilla en el agua, se hundirá. Así, que si te digo que la presilla flotará, encontrarías eso difícil de creer, ¿no?

Bueno, veamos si esta presilla flota o no. (Ponga un cuadrito de papel toalla en la superficie del agua y, con mucho cuidado, ponga la presilla sobre el pedazo de papel toalla. Cuando el papel toalla se satura, se hundirá, pero a presilla se quedará flotando en la superficie del agua.) ¡Esto es increíble! ¡La presilla está flotando! No lo creería si no lo hubiera visto con mis propios ojos.

No es rara oír a personas decir: “Tengo que verlo para creerlo,” ¿cierto? De esto se trata nuestra historia bíblica de hoy.

En la tarde del primer domingo después de Jesús ser crucificado, sus discípulos estaban juntos en un cuarto cerrado. Ellos estaban temerosos de que aquellos que habían crucificado a Jesús desearan llevarles a su muerte también. De pronto Jesús se apareció a los discípulos allí en el cuarto cerrado. Era difícil para los discípulos créelo, pero lo vieron y Jesús les enseñó las heridas de sus manos y su costado, así que sabían que era Él.

Uno de los discípulos, cuyo nombre era Tomás, no estaba con los otros cuando Jesús se les apareció. Cuando le dijeron a Tomás que ellos habían visto a Jesús, él no les creyó. Él había visto a Cristo crucificado y enterrado, ¿cómo podía estar vivo? Tomás dijo: “Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo, no lo creeré.”

Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa, y Tomás estaba con ellos. Nuevamente Jesús se les apareció y, poniéndose en medio de sus discípulos le dijo a Tomás: “Pon tu dedo aquí; mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Deja de dudar y cree.”

Tomás se arrodilló y le dijo a Jesús: “¡Señor mío y Dios mío!”

Jesús le dijo: “Porque me has visto, has creído; dichosos los que no han visto y sin embargo han creído.”

Tú y yo nunca hemos visto a Jesús con nuestros propios ojos. La pregunta es, ¿seremos uno de los que dudan o seremos uno de los que Jesús dijo que eran bendecidos porque creen, aunque no lo hayan visto?

Amado Padre, ayúdanos a creer en nuestros corazones aquellas verdades que encontramos en tu Santa Palabra, aun cuando no las hayamos visto con nuestros ojos. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Comentario al evangelio – 1 de mayo

Hoy celebramos el día internacional del Trabajador, bajo el patronazgo de San José Obrero. Iniciamos agradeciendo la ardua labor de tantos, hombres y mujeres, que buscan con su trabajo no sólo el sustento sino la transformación de este mundo.

El texto de Hechos nos narra el encarcelamiento de los apóstoles por haber desobedecido a las autoridades. Se resalta la valentía, decisión y claridad de quienes, sabiendo el camino que les marcó Jesús, no se dejan atrapar por el miedo y la indiferencia. Esto nos pone en sintonía con la realidad que viven los defensores y defensoras de derechos humanos y del ambiente que, actualmente, incomodan por sus fuertes denuncias hacia quienes detentan el poder político y económico.

Se hace urgente despertar, en nosotros y en nuestras comunidades, la voz profética que pueda sumarse a la de los que no se callan ante las injusticias. Un cristiano no puede hacerse cómplice de todo lo que atenta contra la vida de las personas y del planeta.

En Pascua, como bien lo señala el evangelista, estamos invitados a iluminar como Jesús toda la realidad, principalmente la que se encuentra en tinieblas. Nuestra tarea de creyentes, en Jesús Resucitado, es la de colaborar con el plan salvador-redentor de Dios. Un Dios humanizando y encarnado en este mundo que se pierde en el consumo abusivo y desmedido de los bienes de la creación.

Recordemos que «un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social» (LS 206) para que no se continúen produciendo cosas fútiles o dañinas. ¡Todavía estamos a tiempo! ¿Te animas a generar cambios en tu estilo de vida ayudando, a otros y a este mundo, a vivir con esperanza de futuro?

Fredy Cabrera, cmf