Vísperas – San Felipe y Santiago

VÍSPERAS

SAN FELIPE Y SANTIAGO, apóstoles

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Benditos son los pies de los que llegan
para anunciar la paz que el mundo espera,
apóstoles de Diso que Cristo envía,
voceros de su voz, grito del Verbo.

De pie en la encrucijada dle camino
del hombre peregrino y de los pueblos,
es el fuego de Dios el que los lleva
como cristos vivientes a su encuentro.

Abrid pueblos, la puerta a su llamada,
la verdad y el amor son don que llevan;
no temáis, pecadores, acogedlos,
el perdón y la paz serán su gesto.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero,
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Felipe, quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Aleluya.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagarél al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Felipe, quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Aleluya.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Si me amáis guardaréis mis mandamientos. Aleluya.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si me amáis guardaréis mis mandamientos. Aleluya.

LECTURA: Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

R/ Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

R/ Sus maravillas a todas las naciones.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Aleluya.

PRECES

Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

  • Padre santo, que quisiste que tu Hijo, resucitado de entre los muertos, se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
    — haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
  • Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
    — haz que el evangelio sea proclamado a toda la creación.
  • Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
    — danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.
  • Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
    — haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,
    — admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios Nuestro, que nos alegras todos los años con la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, concédenos, por su intercesión, participar en la muerte y resurrección de tu Hijo, para que merezcamos llegar a contemplar en el cielo el esplendor de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 3 de mayo

1) Oración inicial

Tu Hijo, Señor, después de subir al cielo, envió sobre los apóstoles el Espíritu Santo, que había prometido, para que penetraran en los misterios del reino; te pedimos que repartas también entre nosotros los dones de este mismo Espíritu. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Juan 14,6-14

Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy, fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago, es el mismo que meditamos durante la cuarta semana de Pascua, cuando el apóstol Felipe pide a Jesús: “Muéstranos al Padre y esto nos basta”.

• Juan 14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Tomás había preguntado: «Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos conocer el camino?” Jesús responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Tres palabras importantes. Sin un camino, no se anda. Sin verdad, no se acierta. Sin vida, sólo ¡hay muerte! Jesús explica el sentido. El es el camino, porque «¡nadie viene al Padre sino por mí!» Pues, él es la puerta por donde las ovejas entran y salen (Jn 10,9). Jesús es la verdad, porque mirándole a él, estamos viendo la imagen del Padre. «¡Si vosotros me conocierais, conoceríais también al Padre!» Jesús es la vida, porque caminando como Jesús caminó, estaremos unidos al Padre y tendremos la vida en nosotros.

• Juan 14,7: Conocer a Jesús es conocer al Padre. Tommaso preguntó: «Señor, no sabemos dónde vas. ¿Cómo podemos conocer la calle?» Jesús contesta: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.» Y añade: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Jesús habla siempre del Padre, pues el Padre era su vida y transparenta en todo lo que Jesús hace y dice. Esta referencia constante al Padre provoca la pregunta de Felipe, cuya fiesta celebramos hoy.

• Juan 14,8-11: Felipe pregunta: «Muéstranos al Padre, ¡y esto nos basta!» Ver y experimentar al Padre era el deseo de los discípulos; era el deseo de muchas personas en las comunidades del Discípulo Amado de Asia Menor y, hasta hoy, continúa siendo el deseo de muchos de nosotros. ¿Cómo experimentar la presencia del Padre de la que tanto habla Jesús? La respuesta de Jesús es muy bonita y vale hasta hoy: «Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces? ¡El que ha visto a mi, ha visto al Padre!» La gente no debe pensar que Dios está lejos de nosotros, como alguien distante y desconocido. Aquel que quiere saber cómo y quién es Dios Padre, basta que mire a Jesús. El lo ha revelado en las palabras y en los gestos de su vida. «¡El Padre está en mi, e yo estoy en el Padre!» A través de su obediencia, Jesús está totalmente identificado con el Padre. En cada momento él hacía lo que el Padre le mostraba para que lo hiciera (Jn 5,30; 8,28-29.38). Por esto, en Jesús ¡todo es revelación del Padre! ¡Y los signos o las obras de Jesús son obras del Padre! Como dice la gente: «¡El hijo es la cara del padre!» En Jesús y por Jesús, Dios está en medio de nosotros.

• Juan 14,12-14: Promesa de Jesús. Jesús hace una promesa para decir que la intimidad con el Padre no es privilegio sólo de él, sino que es posible para todos y todas aquellos que creen en él: El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Nosotros también, a través de Jesús, podemos llegar a hacer cosas bonitas para los demás como las hacía Jesús para la gente de su tiempo. El intercederá por nosotros. Todo lo que la gente le pide, él lo va a pedir al Padre, y lo conseguirá, siempre que sea para servir. Jesús es nuestro defensor. El se va pero no nos deja sin defensa. Promete que va a pedir al Padre que mande a otro defensor o consolador, al Espíritu Santo (Jn 14,15-17). Jesús llega a decir que el precisa irse ahora, pues, de lo contrario, el Espíritu Santo no podrá venir (Jn 16,7). El Espíritu Santo realizará las cosas de Jesús en nosotros, si observamos el gran mandamiento de la práctica del amor.

4) Para la reflexión personal

• Jesús es el camino, la verdad y la vida. Sin camino, sin verdad y sin vida no se vive. Trata de dejar penetrar esto en tu conciencia.
• Dos preguntas importantes: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?

5) Oración final

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
el firmamento anuncia la obra de sus manos;
el día al día comunica el mensaje,
la noche a la noche le pasa la noticia. (Sal 19,2-3)

Comentario del 3 de mayo

Jesús tenía el nombre del Padre constantemente en la boca. Y ya sabemos que «lo que rebosa del corazón lo habla la boca». Pero penetrar en el dominio del Padre (Dios) es para el hombre entrar en el terreno de lo ignoto. No es extraño, por tanto, que al aludir al conocimiento del Padre, Felipe le diga: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Jesús les había dicho: Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.

Semejante aseveración no convence a Felipe, que espera una mostración más directa de Dios. Al parecer no le basta con haber conocido y haber visto a Jesús. En Jesús ve a un hombre extraordinario; pero Dios sigue oculto a su mirada. Por eso, su petición: muéstranos al Padre; no basta con que te muestres a ti mismo con todo tu poder y misericordia; no basta con que te presentes como enviado del Padre. Sólo si nos muestras al mismo Padre quedaremos satisfechos. He aquí la exigencia, expresada en forma de petición, de Felipe. Y Jesús le replica: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?… El Padre que está en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

Jesús se concibe de tal manera identificado con el Padre que entiende que verle a él –que está patente a toda mirada- es ver al Padre –que permanece oculto a toda mirada terrestre-. Él es la muestra humanada del Padre, su reproducción cabal en este mundo. En él es posible ver el poder, la sabiduría y la bondad del Padre, aunque –es verdad- en un contorno humano; pues Jesús no puede desprenderse de su humanidad cuando se deja ver y cuando obra a la vista de sus coetáneos. Semejante identificación no es confusión personal: el Hijo y el Padre son dos; pero sí es mutua implicación o inhabitación: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Estos son los términos en los que se expresa Jesús. De tal manera está el Padre en él que verle a él es ver al Padre; pero el Padre está en él porque él está en el Padre.

Este mutuo estar que brota del común ser es también una implicación en el operar. Las obras que hace Jesús son al mismo tiempo obras que el Padre hace en él. Ello es posible porque está y permanece en él. En las obras de Jesús se transparenta (=se deja ver), pues, el operar divino. Por eso, viendo tales obras se puede advertir la presencia o la mano del artífice divino que las realiza junto con el agente humano. Y esto permite creer en tal presencia escondida a la mirada (corporal) humana. De ahí que Jesús remita a sus obras como medio de credibilidad, ya que ellas muestran el poder, la misericordia, la bondad del mismo Dios Padre. Son obras que están gritando la presencia activa de Dios en Jesús, o del Padre en el Hijo humanado. Jesús parece conceder un mayor poder de persuasión a sus obras que a sus palabras: si no me creéis a mí, creed al menos a mis obras.

Jesús no deja de encontrarse nunca con la incredulidad humana, presente incluso entre sus discípulos más próximos, que siguen reclamando una y otra vez: «muéstranos, muéstranos a ese de quien nos hablas con tanta familiaridad y que a nosotros nos resulta desconocido; anticípanos algo de eso que nos prometes; haz algún signo para que creamos en ti». La necesidad de ver (para creer) es una exigencia tan arraigada en el corazón humano que parece no podemos prescindir de ella, y sin embargo cuántas veces nos vemos obligados en la vida ordinaria a dar fe a lo que no vemos o a confiar en quienes no sabemos si merecen nuestra confianza.

Os lo aseguro –concluye Jesús en este pasaje-: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Jesús parece transmitir su poder de obrar maravillosamente a sus seguidores, de tal manera que el que crea en él obtendrá la capacidad de obrar de modo semejante o incluso superior. Podrá hacer obras aún mayores, y ello en razón de su intervención junto al Padre. Jesús se compromete a hacer lo que sus creyentes pidan en su nombre.

Jesús concede a sus seguidores la capacidad de obrar como a él le concedió su Padre, las mismas obras que su Padre realiza por su medio. Y esto ha tenido su realización histórica en los numerosos milagros que se han producido a lo largo de los tiempos, milagros que han tenido por protagonistas a sus apóstoles o a los santos de las diferentes épocas históricas. Ellos han actuado en nombre de Jesús, han invocado la fuerza de su Espíritu, no han perseguido ninguna rentabilidad económica o política; quizá sí evangélica o misionera; pero lo que realmente les ha movido es lo mismo que movía a Jesús a curar, la compasión; ellos han creído firmemente en la fuerza de la fe, que es la fuerza del mismo Dios en quien se pone la fe. Y aparte de estas obras mayores que son estos prodigios de difícil explicación natural que solemos llamar ‘milagros’, están las numerosas y constantes obras de misericordia que el creyente realiza en nombre de Jesús.

Aquí, en su nombre viene a significar ‘en su representación’, es decir, haciendo presente al mismo Cristo que sigue actuando por medio de las manos y la boca de su representante. De este modo, y en virtud de estas obras, el Padre será glorificado en el Hijo, porque en tales obras –ya sean ordinarias o extraordinarias- se reconocerá la acción del Padre y del Hijo. Pero el hacer supone el pedir, como la oración supone la fe. Jesús hará si pedimos y no pediremos si no tenemos fe en la capacidad de Dios para intervenir en los fenómenos de nuestro mundo sin por ello tener que alterar leyes naturales; quizá incluso recurriendo a potencias para nosotros aún desconocidas, pero presentes en la misma naturaleza creada. Sólo Dios conoce a fondo su creación y sus virtualidades, ésas que los científicos van descubriendo paulatinamente con tanto esfuerzo y constancia. La petición hecha con fe tendrá siempre efecto, aunque éste no sea necesariamente el pretendido por el peticionario; pues aquí también interviene la sabiduría y la voluntad del que hace posible la realización de la súplica.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 87. También las Facultades y los Institutos para los cuales no han sido dadas aún normas especiales, deben redactar los propios estatutos en conformidad con las normas comunes establecidas en la primera parte de esta Constitución y teniendo en cuenta la naturaleza particular y las finalidades específicas de cada Facultad o Instituto.

La misa del Domingo

Tercer Domingo de Pascua
5 de mayo de 2019
Algunos discípulos de Jesús habían sido expertos pescadores. La Escritura cuenta que el Señor les había sacado de la tarea de la pesca y había dicho que haría de ellos “pescadores de hombres”. Acabamos de escuchar un texto donde se narra la historia de un grupo de discípulos de Jesús que deciden ir a pescar, pero Jesús no está con ellos y no consiguen pescar nada.

¡Sin mí no podéis hacer nada!

Recordemos que Jesús había dicho a sus discípulos: “sin mí no podéis hacer nada”. El evangelio de este domingo hace ver que estas palabras del Señor eran ciertas. Aquellos discípulos sabían mucho de pesca, deciden ir a pescar, Jesús no está con ellos, y no consiguen nada. Esta secuencia recoge la experiencia de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia que reconocen que sin Jesús nada pueden Quizás sea esta tu misma experiencia. Es posible que hayas rezado de esta manera: “Jesús sin ti me pierdo… estoy a oscuras… me siento vacío… nada puedo”.

Éste habla de un fracaso y de una esperanza. El fracaso es constatar que sin Jesús nada podemos. ¿Dónde está la esperanza? Es motivo de esperanza poder constatar que Jesús no se olvida de nosotros, se hace presente en nuestra vida incluso cuando has fracasado. Jesús se hace presente cuando nos damos cuenta de nuestros fracasos: “¡Qué torpe he sido! ¡Qué pretencioso!”. Ten esperanza el Señor no te va a dejar solo. Él va a buscarte allí donde estés. Aunque estés muy lejos, muy perdido, va a hacerse presente en tu vida porque para Jesús eres valioso, no eres insignificante. Ten esperanza.

¡Es el Señor!

El apóstol Juan grita: ¡Es el Señor! La escena se ilumina con este grito de alegría. Pedro, que estaba desnudo, impulsado por esta alegría, se arroja al agua en busca de Jesús. Pedro no va con ropajes, ni con el título de experto en pesca, va desnudo, sin nada, con el fracaso de no haber pescado nada. ¿Cómo explicar este arrojo de Pedro? Solo se explica por amor. Porque Pedro quería al Señor: ¡Jesús le había dado tantas muestras de amor!

¿Me quieres más que estos?

Continuemos con el texto del evangelio. El dialogo entre Jesús y Pedro es delicioso. Quizás esta parte del evangelio sea uno de tus textos preferidos porque tú también quieres profundamente al Señor. ¡Él ha tenido tantos gestos de amor contigo! El amor del Señor es un amor de todos los días; un amor que cura y levanta; un amor de reconciliación y perdón; un amor que se entrega; un amor que pide ayuda.

Jesús pregunta a Pedro: ¿Me quieres más que estos? Parece que Pedro vacila. No es que no quiera al Señor, todo lo contrario, lo que pasa es que Pedro es muy consciente de su debilidad. Es como si Pedro dijera a Jesús: “¿Cómo puedes fiarte de mí si ya te he decepcionado en otras ocasiones? Pedro se siente muy débil. Jesús quiere hacer profundizar a Pedro en su amistad y en su amor. Y porque es su amigo Jesús le va a pedir que cuide de su rebaño; y también, porque es su amigo, Pedro glorificará a Dios muriendo en la cruz. Jesús le invita a seguirlo. Sígueme es la última palabra del evangelio de San Juan. Está dirigida a Pedro, pero también a todos nosotros.

¿Es tan importante amar al Señor?

¿Tú que dirías? Nosotros queremos seguir a Jesús. Ser discípulo no depende tanto de nuestras fuerzas sino del amor del Señor. Ser discípulo depende primordialmente de tener una relación personal con Jesús. Ser discípulo depende de amar al Señor. Es una maravilla difícil de explicar el que Dios haya querido comunicarse personalmente con nosotros, elegirnos, compartir nuestra historia, llamarnos a su intimidad. Nos parece que no estamos preparados para acoger semejante don. Reza hoy en tu corazón con las palabras de Pedro. “Señor tú sabes que te quiero”. Él te invita al seguimiento y con fidelidad te acompañará en todos los momentos de la vida.

Koldo Gutiérrez, sdb.

La misa del Domingo: misa con niños

DOMINGO III DE PASCUA (C)
“Tomó el pan y se lo dio”
5 de mayo de 2019

(Estamos de lleno en el tiempo de Pascua. En este contexto de Pascua continúan las narraciones sobre el resucitado. Hoy se presenta Jesús con realismo ante sus discípulos: no es un fantasma. Jesús toma la comida que le ofrecen. El evangelio de hoy es muy plástico. Se presta para el comentario, la escenificación…También mención al “Día de la madre”, y al mes de mayo.

Un signo para la celebración: una pequeña mesa, con su mantel, con un pan, o un cesto con panes.

Canciones para la celebración: “Gloria”, de la misa juvenil “De otra manera”; “Te conocimos al partir el pan”).

1. MOTIVACIÓN

Amigos: ¡Con qué alegría vivimos este tiempo de primavera y de resurrección! Así nos quiere Jesús, siempre presente en nuestras vidas. Hoy también el evangelio nos va a presentar a Jesús resucitado como alguien que se interesa por la vida de sus amigos, y hasta come con ellos.

Nosotros vamos a acoger a Jesús en nuestra fiesta, que es su fiesta de la eucaristía. Además, hoy en la sociedad se celebra “el día de la madre”. Rezamos por ella. Comenzamos la celebración y comenzamos cantando un canto de alegría.

2. CANTO “La fiesta del Señor” (Erdozain). Aleluya, aleluya, es la fiesta del Señor.

Aleluya, aleluya, el Señor resucitó (bis).

Ya no hay miedo, ya no hay muerte;
ya no hay penas que llorar;

porque Cristo sigue vivo,
la esperanza abierta está.

Cuando un hombre a tu lado ya no sabe caminar.
No le dejes de la mano,
dale tu felicidad.

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN

  • Porque no te reconocemos al partir el pan de la Eucaristía. Señor ten piedad.
  • Porque no te reconocemos en tu Palabra de vida. Cristo ten piedad.
  • Porque no te reconocemos en las personas que caminan junto a nosotros. Señor, ten piedad.

5. GLORIA (Misa “De otra manera”)

Gloria, gloria a Dios (4 veces)

Por tu inmensa gloria te alabamos, bendecimos tu amor, te adoramos. Damos gracias al rey celestial,
a Dios bueno, a Dios Padre, gloria a Dios.

6. PRIMERA LECTURA (Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41)

Lectura de los Hechos de los Apóstoles:

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo:

– ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.

Pedro y los apóstoles replicaron:

– Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. “El Dios de nuestros padres

resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero”.

Azotaron a los apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Consejo contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Palabra de Dios.

7. CANTO: “Resucitó” (Kilo A.)
Resucitó, resucitó, resucitó, aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya, resucitó.

La muerte, ¿dónde está la muerte?
¿dónde está mi muerte?

¿dónde su victoria?

Alegría, alegría hermanos,
que si hoy nos queremos es que resucitó.

8. EVANGELIO (Juan 21, 1-19). Jesús se acerca, toma el pan y se lo da.Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón, Pedro, Tomás, apodado el mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:
– Me voy a pescar.

Ellos contestan:
– Vamos también nosotros contigo.

Salieron y se embarcaron, pero en aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:
– Muchachos, ¿tenéis pescado?

Ellos contestaron:

– No.

Él les dice:
– Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro.

– Es el Señor.

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:• Vamos, almorzad.

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado.

Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

9. COMENTARIO

  • Jesús cercano, amigo. Quiso comer con sus discípulos.
  • Echaron la red en el nombre de Jesús… ¿y tú, a quien pides ayuda?
  • Aquí tenemos el símbolo del pan: “le reconocieron al partir el pan”.
  • Si no participamos de la eucaristía vamos olvidando quién es Jesús.
  • “Los discípulos no se atrevían a preguntarle quién era…”
  • Nosotros sí queremos hablar y estar junto a Jesús.

10. ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Para que todos nosotros seamos portadores de la alegría por la resurrección de Jesús. Roguemos al Señor.
  2. Por el Papa Francisco, para que el Señor le ayude a ser imagen de su bondad. Roguemos al Señor.
  3. Para que nos sigamos formando en la fe por medio de la catequesis, los grupos o diversas lecturas formativas. Roguemos al Señor.
  4. Para que los compañeros nos vean alegres y les demos testimonio de que queremos ser buenos cristianos. Roguemos al Señor.

11. ACCIÓN DE GRACIAS. (Canto: “Te conocimos al partir el pan”).

Andando por el camino te tropezamos, Señor.
Te hiciste el encontradizo nos diste conversación;
tenían tus palabras fuerza de vida y amor, ponían esperanza
y fuego en el corazón.

Te conocimos, Señor, al parir el pan,
Tú nos conoces, Señor, al parir el pan. (bis).

Llegando a la encrucijada Tú proseguías, Señor.
Te dimos nuestra posada, techo, comida y calor. Sentados como amigos,
a compartir el cenar, allí te conocimos,
al repartirnos el pan.

12. PARA LA VIDA

(Participar en “la comida” con Jesús. Invitar a algún amigo/a a venir a la eucaristía del domingo. Hoy también se puede hacer un comentario si va a haber próximamente Primeras Comuniones o Confirmaciones. Anunciarlas).

El perdón de Jesús (Oración)

EL PERDÓN DE JESÚS

Estamos en tiempo de Pascua, donde celebramos que Jesús ha resucitado, que está con nosotros. Y de verdad que está, nos lo recuerda cada vez de una manera nueva. Siempre nos sorprende. Hoy Jesús se acerca a nosotros y nos regala el perdón.

Relájate, cierra los ojos y escucha el texto. Trata de ponerte en el lugar de Pedro, ver lo que siente. ¿Cómo te sentirías tú si te pasara lo que le pasó a Pedro?

El texto es una adaptación del evangelio de Juan (Jn 21, 1-19):

Un día estaban juntos Pedro, Tomás, Natanael, Santiago, Juan y otros dos amigos de Jesús. Aún no sabían bien qué hacer, ahora que Jesús ya no estaba con ellos. Entonces a Pedro se le ocurrió: «Me voy a pescar» –porque ellos, antes de conocer a Jesús, habían sido pescadores–. A todos les pareció muy buena idea y se fueron con él. Pasaron toda la noche intentando pescar, pero fue un desastre, porque no picó ni un solo pez.

Ya al amanecer vieron a alguien en la orilla. Era Jesús, pero ellos no lo sabían. El hombre de la orilla les dijo:

 – ¿Habéis pescado mucho?

– ¡Nada! –le respondieron.

– Pues echad las redes al otro lado y ya veréis.

Lo hicieron, y pescaron tanto que no tenían fuerza ni para sacar las redes del agua. Entonces Juan le dijo a Pedro: «Yo creo que ese es Jesús».

Y Pedro se puso tan nervioso que se tiró tal y como estaba al agua y echó a nadar hacia la orilla, mientras los demás acercaban la barca.

Cuando llegaron a la orilla, el hombre había preparado una hoguera, y los invitó a asar algo del pescado que habían conseguido, y se pusieron a comer juntos. Como no les decía que era Jesús, ellos tampoco sabían si preguntarle. Era porque ahora que estaba resucitado, Jesús parecía un poco distinto. Pero, comiendo juntos, se acordaban de la última cena, y estaban seguros de que era él. Al acabar de comer, Pedro y Jesús se fueron a pasear juntos. Pedro tenía muchas ganas de hablar a solas, pues todavía se sentía fatal porque, cuando detuvieron a Jesús, él lo había abandonado, y quería pedirle perdón. Pero antes de que pudiera empezar a hablar, Jesús le preguntó: «Pedro, ¿tú me quieres?». Y él le contestó que sí. Entonces Jesús le dijo: «Pues cuida bien de mis amigos». Pedro se sintió fenomenal, al ver que, a pesar de todo, Jesús seguía confiando en él.

Pero Jesús le volvió a preguntar: «Pedro, ¿me quieres?». A Pedro le pareció un poco raro, pero respondió lo mismo, que sí. Y otra vez Jesús le dijo: «Pues cuida bien de mis amigos». Entonces se lo volvió a preguntar por tercera vez. Ahora Pedro se sintió un poco triste, porque se acordaba de que también había negado a Jesús tres veces. Y contestó, con mucha pena: «Señor, tú sabes todo. Tú sabes que te quiero». Entonces Jesús le dijo: «Mira, Pedro, te encargo que cuides de mis amigos. Y sé que lo harás bien. Has aprendido muchas cosas desde que eras joven. Antes pensabas que tú podías hacerlo todo. Ahora ya sabes que tienes que dejar que otros te acompañen y te guíen también a ti. Antes tenías miedo. Pero sé que en el futuro estarás dispuesto a recorrer el mismo camino que yo, hasta dar la vida». Pedro se emocionó mucho, porque comprendió que Jesús lo había perdonado.

La vida de Pedro no debió ser fácil. Saber que traicionó a Jesús, sentirse muy mal por ello. No saber cómo pedir perdón. Pero esto es lo bueno. Jesús ya le había perdonado. Entendía que era débil y frágil y que como todas las personas se equivocaba.

Piensa en qué situaciones has sentido que has fallado, que has hecho algo al revés de cómo crees que tenías que hacerlo, aquella vez que metiste la pata con alguien… aquella vez en que quizá te escondiste cuando alguien te necesitaba o incluso defendías haber hecho mal a esa persona.

Recuerda esa situación en la que después esa persona a la que hiciste mal se acercó a ti, te buscó, te perdonó o tal vez tú te acercaste a ella, tímidamente, intentando arreglar todo.

Da gracias por esa persona, por su perdón, por el perdón que hoy te regala Dios mientras escuchas la canción.

Gracias, Señor, me siento perdonado.
Gracias, Señor, por tu perdón.
Has cambiado mi luto en danza.
Ha salido de nuevo el sol.
Gracias, Señor.

Y yo creía que no podría
de este pozo nunca salir
y Tú lo has hecho por mí.

Y yo creía que no podría
volver a tener ilusión.
Ahora me basta tu amor.

Me siento perdonado interpretado por Ixcís, «Teselas de luz y barro»

Me siento perdonado

Porque me siento débil… …gracias, Señor, me siento perdonado.
Porque fallo constantemente… …gracias, Señor, me siento perdonado.
Porque a veces no defiendo a mis amigos… …gracias, Señor, me siento perdonado.
Porque en casa podría esforzarme más… …gracias, Señor, me siento perdonado.
Porque me siento muy bien cuando pido perdón y cuando me perdonan… …gracias, Señor, me siento perdonado.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 3 de mayo

En el día de los apóstoles Felipe y Santiago estamos llamados a reforzar nuestra identidad cristiana. Ahondar en nuestras raíces nos dará la garantía de que vamos por buen camino o bien nos ayudará a evaluarnos. Seguimos a Jesús el campesino de Nazaret («pobre entre los pobres»), que se apuntó para ser un profeta itinerante anunciando buenas nuevas a los marginados y empobrecidos. Aquel que, en un espacio comunitario pequeño, estableció relaciones igualitarias (de dignificación) para derribar las estructuras sociales de poder imperante (incluído el patriarcado).

Somos discípulos y discípulas de aquel que, a precio de su vida, buscó la transformación y liberación de su pueblo. Convencidos de que tenemos el espíritu del crucificado-resucitado, hemos de continuar multiplicando los espacios donde seamos capaces de defender y dignificar la vida en todas sus formas (incluida la vida de la Madre Tierra).

El riesgo que corremos como Iglesia es el de olvidar a qué Jesús seguimos o relativizar su causa. En el evangelio Jesús se presenta ante sus discípulos como «el camino, la verdad y la vida», es decir, la ruta para conocer al Dios encarnado en nuestra historia.

Todavía hoy, nos asalta la duda como a Tomás o la incertidumbre como a Felipe pero, con mayor claridad, debemos orientar nuestra brújula hacia un estilo de vida sencillo y solidario. Sepamos con certeza que toda experiencia de liberación y dignificación será como la «hoja de ruta» que nos hará continuadores del reino inaugurado por Jesús.   

Fredy Cabrera, cmf