Viernes II de Pascua

Hoy es 3 de mayo, fiesta de San Felipe y Santiago.

Santa Teresa de Ávila dice en uno de sus poemas que el alma humana es la casa del Señor, su aposento. Yo quiero ser tu casa, Señor. Ven a arrimarte a mi alma durante esta oración. En tu presencia quiero encontrarme. Dame la gracia de hallar lo que busco en el fondo de mi corazón, que es también tu corazón. Quiero construirte una casa, Señor.

La lectura de hoy es de la primera carta de Pablo a los Corintios (1Cor 15, 1-8):

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.

Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí.

El evangelio es transmitido, es decir, ha pasado de persona en persona, de comunidad en comunidad hasta llegar a mí. Soy parte de una misma comunidad a lo largo de la historia. Soy parte de una tradición que ha ido comunicando la buena noticia de Cristo, siglo tras siglo. No hay encuentro con Cristo sin la mediación  de la comunidad. ¿Me siento parte de una misma tradición a lo largo de la historia? ¿Amo y cuido esa tradición?

El Señor sigue apareciéndose. Es generoso en su presencia resucitada. Se apareció a Cefas, a los doce, a 500 reunidos, a Santiago, a Pablo. Y sigue apareciéndose a mucha gente. Su presencia resucitada es sutil, no es invasiva ni espectacular. Es sencilla y profunda como fue toda su vida en Galilea. ¿Creo en ese modo suave y humilde en que el Señor se aparece hoy?

Con San Pablo también puedo decir hoy, por último, se me apareció a mí. En mi niñez, ¿qué experiencia de Jesús guardo con especial amor? En mi juventud, ¿qué muestras de que está vivo y resucitado me ha dado? Los últimos meses, ¿dónde se me ha aparecido el Señor?

Vuelvo a leer la carta de San Pablo. Lo imagino escribiendo estas palabras en la soledad de su habitación. Pensando en cada uno de los corintios que conoció en sus visitas. Dejo que su misiva me toque a mí como los tocó a ellos.

Señor Jesús,  te alabo porque no cesas de transmitirnos tu verdad, tu justicia, tu paz. Sigues comunicándote con tu Iglesia, pese a nuestros olvidos, nuestras tibiezas. Por eso me uno a santa Teresa en este ofrecimiento.

Vuestra soy (fragmento)

Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra pues que me llamastes,
vuestra porque me esperastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿qué mandáis hacer de mí?

 (Teresa de Jesús)

Vuestra soy para vos nací
¿Qué mandáis hacer de mí?

Soberana majestad,
eterna Sabiduría
Bondad buena al alma mía,
Dios, Alteza, un Ser, Bondad,
la gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues me criasteis;
vuestra, pues me redimisteis;
vuestra, pues que me sufristeis;
vuestra, pues que me llamasteis;
vuestra, pues que me esperasteis;
vuestra, pues no me perdí;
¿Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma;
mi cuerpo, mi vida y alma;
mis entrañas y afición.
Dulce esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí,
¿Qué queréis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí,
¿qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando,
Quiero por amor holgar,
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando,
decid dónde, cómo y cuándo,
decid, dulce amor, decid,
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy interpretado por Maite López, «Deseos»

Liturgia 3 de mayo

VIERNES. SANTOS FELIPE Y SANTIAGO, apóstoles, fiesta

Misa de la fiesta (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio de Apóstoles, conveniente la Plegaria Eucarística I. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • 1Cor 15, 1-8. El Señor se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles.
  • Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.
  • Jn 14, 6-14. Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces?

Antífona de entrada
Estos son los varones santos a quienes eligió el Señor amorosamente y les dio la gloria eterna. Aleluya.

Monición de entrada
Hermanos, al celebrar la fiesta de dos santos apóstoles: San Felipe, y Santiago el Mayor; de los cuales desconocemos prácticamente su actividad misionera y la causa de su martirio, reafirmemos nuestra fe en Jesús, la fe que nos ha llegado por el testimonio de los apóstoles y evangelistas.

Acto penitencial
Y para mejor hacerlo, comencemos la celebración de la Eucaristía pidiendo perdón a Dios porque nuestra fe y nuestras obras no siempre van unidas vida y nuestro apostolado cristiano deja mucho que desear.

  • Tú que fortaleces a tu Iglesia con el testimonio de los santos apóstoles.
  • Tú que por medio de los apóstoles nos has hecho llegar tu Buena Noticia.
  • Tú que resucitado de entre los muertos eres vida para todos los que te siguen.

Gloria

Oración colecta
OH, Dios,
que nos alegras todos los años
con la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago,
concédenos, por su intercesión,
participar en la pasión y resurrección de tu Unigénito,
para que merezcamos llegar a contemplarte eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos ahora confiadamente a Dios Padre, que ha enriquecido a su Iglesia con la vida, predicación y fidelidad de los apóstoles Felipe y Santiago el Menor.

1.- Por la Iglesia, edificada sobre el fundamento de los apóstoles; para que viva con integridad la fe que de ellos recibió y la transmita mediante la predicación fiel al Evangelio de Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada; para que nunca falten en nuestra diócesis quienes, como los apóstoles, vivan con firmeza su fe y la anuncien con ilusión, valentía y generosidad. Roguemos al Señor.

3.- Por los que gobiernan nuestra nación y todos los pueblos del mundo; para que trabajen con entrega y honestidad por la justicia y la paz. Roguemos al Señor.

4.- Por los que ven declinar sus fuerzas y se preparan para dejar este mundo; para que, purificados por la misericordia de Dios, gocen de la plenitud de su gloria. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros y por todos los que nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo; para que estemos atentos a su voz que nos habla en cada acontecimiento y vivamos en íntima comunión con Él y con nuestros hermanos. Roguemos al Señor.

Dios y Padre nuestro, mira con bondad a tu pueblo que se alegra al celebrar la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago, y bendícenos generosamente, para que imitando su entrega podamos ser testigos del Evangelio hasta los confines de la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Señor, las ofrendas que te presentamos
en la fiesta de tus santos apóstoles Felipe y Santiago,
y concédenos practicar
una religión pura y sincera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los apóstoles.

Antífona de comunión          Jn 14, 8-9
Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Felipe, quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Aleluya.

Oración después de la comunión
SEÑOR, dígnate purificar nuestros corazones
por estos dones santos que hemos recibido,
y haz que, contemplándote en tu Hijo,
con los apóstoles Felipe y Santiago,
merezcamos poseer la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
Señor,
que se alegre el pueblo cristiano
porque glorificas a los miembros insignes de tu Hijo;
y, pues devotamente celebra la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago,
concédele participar de su suerte
y gozar un día con él de tu gloria eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 3 de mayo

Hoy son dos apóstoles a los que podemos pedir su intercesión ante Dios: san Felipe y Santiago. Entre las diversas intervenciones que tiene Felipe de Betsaida en los evangelios la más hermosa es cuando dijo a Jesús: «Enséñanos al Padre» y le respondió el Señor: «Felipe el que me ve a mí ve a mi Padre». Santiago el Menor era «pariente del Señor». El apóstol san Pablo asegura que Cristo resucitado se apareció a Santiago. Presidió la comunidad cristiana de Jerusalén cuando Pedro se marchó a Antioquía y Roma. Según el historiador judío contemporáneo, Flavio Josefo, fue condenado a muerte y lapidado el año 62.

Podemos también pedir su intercesión a los santos Ansfrigo obispo de Utrech, Conleto obispo de Kildare en Irlanad, Evencio, Alejandro y Teódulo mártires de Roma, Juvenal primer obispo de la Umbría italiana, Teodosio de Peccersk abad y Timoteo y Maura mártires en la Tebaida (Egipto).

Hacemos memoria también de los beatos Eduardo José Rosaz obispo de Susa (Italia), Emilia Bicchieri virgen y monja. Estanislao sacerdote polaco, canónigo en Roma y muy sensible con los pobres y, finalmente, la beata María Leonia Paradis virgen, fundadora de las Hermanas de la Sagrada Familia. Merece también nuestro recuerdo el todavía Siervo de Dios Miguel Fenollera, sacerdote valenciano, fundador de las Operarias del Divino Maestro.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Felipe y Santiago

LAUDES

SAN FELIPE Y SANTIAGO, apóstoles

La fiesta de estos dos apóstoles está unida a la dedicación de la basílica de los Doce Apóstoles, en Roma.

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Vosotros que escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.

Vosotros que invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso, del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.

Vosotros que tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.

Vosotros que lo visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces Felipe? Quién me ha visto a mí ha visto al Padre. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces Felipe? Quién me ha visto a mí ha visto al Padre. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estncias. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estncias. Aleluya.

LECTURA: Ef 2, 19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los nombrarás príncipe sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya.
V/ Los nombrarás príncipe sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya.

R/ Harán memorable tu nombre, Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los nombrarás príncipe sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret. Aleluya.

PRECES

Queridos hermanos, habiendo recibido de los apóstoles la herencia de los elegidos, demos gracias a nuestro Padre por todos sus dones, diciendo:

El coro de los apóstoles te ensalza, Señor.

  • Por la mesa de tu cuerpo y de tu sangre, que nos transmitieron los apóstoles,
    — con la cual nos alimentamos y vivimos:
    El coro de los apóstoles te ensalza, Señor.
  • Por la mesa de tu palabra, que nos transmitieron los apóstoles
    — con la cual se nos comunica la luz y el gozo:
    El coro de los apóstoles te ensalza, Señor.
  • Por tu Iglesia santa, edificada sobre el fundamento de los apóstoles,
    — por la cual nos integramos en la unidad:
    El coro de los apóstoles te ensalza, Señor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Por la purificación del bautismo y de la penitencia, confiada a los apóstoles,
    — con la cual quedamos limpios de todos los pecados:
    El coro de los apóstoles te ensalza, Señor.

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios Nuestro, que nos alegras todos los años con la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, concédenos, por su intercesión, participar en la muerte y resurrección de tu Hijo, para que merezcamos llegar a contemplar en el cielo el esplendor de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.