Vísperas – Miércoles III de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llando
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las ciaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Visperas – Miercoles III.xhtml

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA: Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdote que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre, y digámosle:

Oh Cristo, siempre vivo para interceder por los hombres, escucha nuestra oración.

  • Acuérdate, Señor, de los que se han consagrado al ministerio pastoral;
    — que sean para tu pueblo ejemplo de santidad.
  • Concede, Señor, el espíritu de justicia y de paz a los que gobiernan las naciones
    — y haz que trabajen para que todos podamos vivir según tu ley.
  • Concede la paz a nuestros días
    — y multiplica los bienes de la tierra, para que los pobres puedan gozar de las riquezas de tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Oh Cristo, que con tu triunfo has iluminado el mundo entero y has llamado a la vida a toda la creación, que estaba sometida a la frustración,
    — concede la luz eterna a nuestros hermanos difuntos.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Ven, Señor, en ayuda de tu familia, y a cuantos hemos recibido el don de la fe concédenos tener parte en la herencia eterna de tu Hijo resucitado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 8 de mayo

1) Oración inicial

Ven, Señor, en ayuda de tu familia, y a cuantos hemos recibido el don de la fe concédenos tener parte en la herencia eterna de tu Hijo resucitado. Que vive y reina.

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 6,35-40

Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»

3) Reflexión

• Juan 6,35-36: Yo soy el pan de vida. Entusiasmado con la perspectiva de tener el pan del cielo del que hablaba Jesús y que da vida para siempre (Jn 6,33), la gente pide: «¡Señor, danos siempre de este pan!» (Jn 6,34). Pensaban que Jesús estuviese hablando de un pan especial. Por esto de forma interesada piden: “¡Danos siempre de este pan!” Este pedido de la gente recuerda la conversación de Jesús con la Samaritana. Jesús había dicho que ella podría tener dentro de sí la fuente de agua que brota para la vida eterna, y ella de forma interesada pide: «¡Señor dame de esta agua!» (Jn 4,15). La Samaritana no percibe que Jesús no está hablando de agua material. Asimismo, la gente no se da cuenta de que Jesús no está hablando del pan material. Por eso, Jesús responde bien claramente: «¡Yo soy el pan de vida! El que venga a mí no tendrá hambre y el que venga a mí no tendrá nunca sed”. Comer el pan del cielo es lo mismo que creer en Jesús. Es creer que él vino del cielo como revelación del Padre. Es aceptar el camino que él enseñó. Pero la gente, a pesar de estar viendo a Jesús, no cree en él. Jesús percibe la falta de fe y dice: “Me habéis visto y no creéis”.

• Juan 6,37-40: Hacer la voluntad de aquel que me envió. Después de la conversación con la Samaritana, Jesús había dicho a los discípulos: «Mi alimento es hacer la voluntad del Padre que está en los cielos» (Jn 4,34). Aquí, en la conversación con la gente sobre el pan del cielo, Jesús se refiere al mismo asunto: “Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.” Este es el alimento que el pueblo debe buscar: hacer la voluntad del Padre del cielo. Es éste el pan que sustenta la vida de las personas y les da rumbo. Aquí comienza la vida eterna, vida que es más fuerte que la muerte. Si estuviésemos verdaderamente dispuestos a hacer la voluntad del Padre, no tendríamos dificultad en reconocer al Padre presente en Jesús.

• Juan 6,41-43: Los judíos murmuran. El evangelio de mañana comienza con el versículo 44 (Jn 6,44-51) y salta los versículos de 41 a 43. En el versículo 41, empieza la conversación con los judíos, que critican a Jesús. Aquí damos una breve explicación del significado de la palabra judío en el evangelio de Juan para evitar que una lectura superficial alimente en nosotros los cristianos el sentimiento de anti-semitismo. Antes de todo, es bueno recordar que Jesús era judío y lo sigue siendo (Jn 4,9). Judíos eran sus discípulos y discípulas. Las primeras comunidades cristianas eran todas de judíos que aceptaban a Jesús como Mesías. Solo después, poco a poco, en las comunidades del Discípulo Amado, griegos y paganos comenzaban a ser aceptados en pie de igualdad con lo judíos. Eran comunidades más abiertas. Pero esta apertura no era aceptada por todos. Algunos cristianos venidos del grupo de los fariseos querían mantener la “separación” entre judíos y paganos (He 15,5). La situación era muy crítica después de la destrucción de Jerusalén en el año 70. Los fariseos se convierten en la corriente religiosa dominante en el judaísmo y empiezan a definir directivas religiosas para todo el pueblo de Dios: suprimir el culto en lengua griega; adoptar únicamente el texto bíblico en hebraico; definir la lista de los libros sagrados eliminando los libros que estaban sólo en la traducción griega de la Biblia: Tobías, Judith, Ester; Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y los dos libros de los Macabeos; segregar a los extranjeros; no comer ninguna comida sospechosa de impureza o de haber sido ofrecida a los ídolos. Todas estas medidas asumidas por los fariseos repercutían en las comunidades de los judíos que aceptaban a Jesús como Mesías. Estas comunidades habían caminado mucho. La apertura para los paganos era irreversible. La Biblia en griego ya era usada, desde hacía mucho tiempo. Así, lentamente, crece un distanciamiento mutuo entre cristianismo y judaísmo. Las autoridades judaicas en los años 85-90 empiezan a discriminar quienes siguen aceptando a Jesús de Nazaret como Mesías (Mt 5, 11-12; 24,9-13). Quien seguía permaneciendo en la fe de Jesús era expulsado de la sinagoga (Jn 9,34). Muchas de las comunidades cristianas temían esta expulsión (Jn 9,22), ya que significaba perder el apoyo de una institución fuerte y tradicional como la sinagoga. Los que eran expulsados perdían los privilegios legales que los judíos habían conquistado a lo largo de los siglos dentro del imperio. Las personas expulsadas perdían hasta la posibilidad de tener un entierro decente. Era un riesgo muy grande. Esta situación de conflicto del final del primer siglo repercute en la descripción del conflicto de Jesús con los fariseos. Cuando el evangelio de Juan habla de judíos no está hablando del pueblo judío en general, sino que está pensando mucho más en aquellas pocas autoridades farisaicas que estaban expulsando a los cristianos de las sinagogas en los años 85-90, época en la que el evangelio fue escrito. No podemos permitir que estas afirmaciones sobre los judíos hagan crecer el antisemitismo entre los cristianos.

4) Para la reflexión personal

• Anti-semitismo: mira bien dentro de ti y arranca cualquier resto de anti-semitismo.
• Comer el pan del cielo es creer en Jesús. Esto ¿cómo me ayuda a vivir mejor la eucaristía?

5) Oración final

Aclama a Dios, tierra entera,
cantad a su nombre glorioso,
dadle honor con alabanzas,
decid a Dios: ¡Qué admirables tus obras! (Sal 66,1-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 30-32

<

p style=»text-align:justify;»>«30Saliendode allí, caminabana través de Galilea, y no quería que nadie lo supiera, 31porque enseñaba a sus discípulos y les decía:
“El Hijo del Hombrees entregadoa manos de hombres y lo matarán, y una vez matado, resucitarádespués de tres días”.

32Pero ellos no entendíanlo dicho y tenían miedode preguntarle».

<

p style=»text-align:justify;»>Tras vencer a un demonio obstinado al que sus discípulos no fueron capaces de doblegar, y tras devolver la vida a un muchacho que parecía muerto (9,14-29), Jesús sigue su viaje con esos mismos discípulos, instruyéndolos más en el misterio de su próxima muerte y resurrección. Este pasaje es sustancialmente una composición marcana. Está lleno de vocabulario típico del evangelista («saliendo», «Galilea», «lo supieran», «enseñanza», «discípulos», «y les decía», «preguntarle») y tanto el versículo introductorio (9,30) como la conclusión (9,32) reflejan el tema marcano del secreto mesiánico, que tiene poco sentido a nivel histórico. 
La perícopa consiste en tres sentencias. La primera y la tercera (9,30.32) son breves y acentúan las limitaciones de la revelación; la segunda (9,31) es más amplia y muestra el mensaje central del pasaje: la necesidad divina de la muerte y la resurrección de Jesús. Así pues, como es típico en el evangelio de Marcos, la verdad de Dios revelada en la enseñanza de Jesús está enmarcada por la ignorancia de los seres humanos. 


<

p style=»text-align:justify;»>9,30-32: El pasaje comienza con el relato de un Jesús que sale de la escena del exorcismo del muchacho epiléptico y que camina de incógnito a través de Galilea (9,30). La razón de este viaje con poca publicidad es que Jesús imparte enseñanza a sus discípulos sobre su próxima muerte y resurrección (9,31).
Considerada lógicamente, esta motivación es desconcertante: ¿por qué debería Jesús tratar de evitar que se conozca su presencia en Galilea, solo porque imparte enseñanza a sus discípulos acerca de su muerte y resurrección? Si tuviera que instruirles en algo no pensado para los oídos de todos, sería más fácil y mucho más sencillo aislarse con ellos durante un breve período, como hace en otros lugares en el evangelio, el más reciente en 9,28-29. Nuestro pasaje, pues, no es probablemente una reminiscencia histórica, sino una pieza de teología marcana que refleja la idea de que la necesidad de la muerte y la resurrección de Jesús solo quedó clara en el período postpascual; antes de aquella época, ni siquiera los discípulos de Jesús podían entenderlo y no lo hicieron. 
La «enseñanza» impartida a medida que caminaban, según 9,30, es la más sencilla de todas las predicciones de la Pasión y consiste únicamente en la profecía de 1) el Hijo del Hombre será entregado a manos de sus enemigos; 2) su muerte a manos de aquellos y 3) su resurrección (9,31). Sin embargo, esta profecía al parecer sencilla trasluce una profunda preocupación marcana reflejada en la repetición de la palabra anthrópos («el hombre, el ser humano»): «El Hijo del Hombre es entregado a manos de hombres». Esta reiteración contiene 
una inversión terrible. Sería natural esperar que el Hijo del Hombre, el representante global de la humanidad, sería recibido por sus colegas humanos con alegría. En cambio, será entregado a sus impulsos violentos; los «hombres» se han convertido en enemigos de su propio «Hijo».
Una clave para resolver el misterio de esta inversión horrible «de lo que debería ser» puede radicar en la yuxtaposición de nuestro pasaje con el exorcismo en 9,14-29: el mismo poder endemoniado que había deformado la vida del epiléptico es el responsable de la misteriosa hostilidad de los seres humanos contra el Hijo del Hombre que ha venido para salvarlos (10,45). Algo parecido es visible también en 7,1-30, donde las referencias negativas a la perversidad de los hombres (7,7.15.20-21.23) van seguidas inmediatamente por el exorcismo de un espíritu inmundo (7,24-30).

Los discípulos de Jesús reaccionan a la profecía de la muerte y resurrección de Jesús con un silencio aturdido, pero tienen miedo de preguntarle sobre ello (9,32). A nivel narrativo, la reserva de los discípulos puede ser en parte una respuesta a lo que había ocurrido en 8,31-33, donde Pedro protestó contra la primera predicción clara de la pasión de Jesús, solo para encontrarse tanto él como implícitamente el resto de los Doce con un rotundo reproche del Maestro.

Sin embargo, el miedo a pedir a Jesús explicaciones acerca de la predicción de su Pasión no presagia nada bueno para ellos. El lugar importante atribuido aquí a la carencia de preguntas haría sonar la señal de alarma a los lectores antiguos, alertados desde que Platón había atribuido un lugar central al método de preguntas y respuestas para el descubrimiento de la verdad. De un modo similar, la tradición judía daba mucho valor a las preguntas: preguntar y responder es una de las virtudes del estudio de la Torá. Por tanto, es un asunto serio el que -en el momento presente- los discípulos no pregunten a Jesús sobre la profecía de su muerte y resurrección, sobre todo porque este vaticinio afecta al núcleo mismo del misterio cristiano. En el contexto marcano, la renuncia de los discípulos a preguntar es un signo de enfermedad espiritual, como queda sugerido por la comparación con pasajes anteriores en los que se menciona su falta de comprensión:

<

p style=»text-align:justify;»>6,52: Pues no habían entendido lo de los panes, sino que su corazón seguía embotado.
8,17: ¿Aún no percibís ni entendéis? ¿Es que tenéis embotado vuestro corazón?
8,33: Ponte detrás de mí, Satanás. Porque no tienes tus pensamientos en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
9,32: Pero ellos no entendieron lo dicho y tenían miedo de preguntarle.
Esta comparación sugiere que el estado psicológico de los discípulos en esos momentos, lo que podríamos llamar su «miedo a preguntar», era parte de un desorden más profundo del alma («la dureza de corazón») que en última instancia puede remontarse a Satanás.
Así pues, nuestro pasaje termina con una nota de silencio e incomprensión por parte de los apóstoles. Pero no todo es oscuridad y desorden satánico. Al principio de la siguiente perícopa, Jesús se hará a sí mismo una pregunta y retomará de este modo la iniciativa perdida por la reticencia de los discípulos. Como buen maestro que era, Jesús no permitirá que la inhibición y confusión de sus discípulos estropee la lección; por el contrario, gracias a su propia pregunta Jesús enmarca de nuevo el tema implicándoles existencialmente. El siguiente pasaje progresará, pues, lógicamente desde la muerte y la resurrección de Jesús hasta el modo como sus tambaleantes seguidores pueden compartir su exaltación, a pesar de sus errores, participando en su humillación.

Comentario del 8 de mayo

Juan prolonga la réplica de Jesús a los judíos: Todo el que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera; porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Jesús hace depender todo el éxito de su misión de una voluntad superior, que es la voluntad del Padre. Sólo vendrá a él el que su Padre le dé; pero el que venga a él será bien recibido. La fe de los que crean en él, aceptándole como enviado de Dios, se hace depender del mismo Dios que mueve a dar este paso. Para Jesús, sus seguidores son don de Dios, personas que su Padre le ha dado y él, evidentemente, no ha despreciado, ha aceptado. No son, por tanto, mera conquista personal, personas ganadas para la causa en virtud de sus portentosas acciones o de sus irresistibles palabras. Muchos han resistido su atracción y se han mantenido en la incredulidad. No les ha bastado con haber sido testigos de sus milagros o atentos oyentes de sus discursos. La fe requiere en último término de la moción de Dios; sin ésta, todo lo demás –argumentos, signos de credibilidad, milagros- resulta inútil.

Jesús, en cuanto enviado del Padre, se sabe sujeto a su voluntad. No ha bajado del cielo a la tierra para hacer su voluntad, sino la voluntad del que lo ha enviado. Y esa voluntad es que no se pierda nada (resp. nadie) de lo que le dio, sino que pueda compartir con él la resurrección y, por ella, obtenga la vida eterna. Perderse es quedarse en la corrupción del sepulcro, no resucitar; perderse es no alcanzar la vida eterna. Pero la voluntad de Dios es hacer partícipes de esta vida –la eterna- a todo el que le ha sido dado a Jesús, pudiéndole ver y creer en él con una fe –la visión corporal es lo que menos importa- que posibilita la comunión con él, haciéndonos consortes, esto es, partícipes de su misma suerte o destino final, que es un destino glorioso y eterno, ese estado de vida al que se accede por la resurrección.

Nosotros no podemos dudar de que le hemos sido dados a Jesús por el Padre. Son muchas las señales de esta donación. Fuimos bautizados en nuestra niñez; recibimos instrucción catequética; hemos conocido a Jesús; hemos creído en él como enviado y como Hijo de Dios; sentimos aprecio por él; nos confesamos sus amigos; escuchamos con atención y devoción las palabras que de él nos transmitieron sus discípulos; lo tenemos presente en nuestro recuerdo y nuestra oración; nos dirigimos a él porque le creemos vivo en sus presencias sacramentales; conversamos con él en el rincón de una iglesia o una capilla. ¿Cómo no pensar que le hemos sido dados a Jesús por el Padre y que él no nos ha echado fuera? Este sentirnos acogidos por él nos tiene que dar confianza, a pesar de nuestras muchas deficiencias e infidelidades, para el futuro y para el momento decisivo, que es el momento de nuestra entrega final. También ahí podremos sentirnos acogidos por el que nos ha acompañado en el camino de la vida y nos espera para hacernos partícipes de su propio destino.

También nosotros, como él, estamos en la tierra no para hacer nuestra propia voluntad, como si ésta fuera absoluta o autosuficiente, sino la voluntad del que nos ha enviado a la tierra a través de la conjunción de los genes de nuestros padres para realizar una determinada tarea, un proyecto de vida siempre inconcluso, porque, tratándose de una vida limitada, lo que interesa no es la conclusión de ese proyecto –imposible de concluir-, sino la realización del proyecto de Dios que contempla el acceso a una plenitud de vida que rebasa los límites del espacio y del tiempo. Que el Señor nos confirme en esta fe que no es sino fe en el poder creador de Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis gaudium – Francisco I

Artículo 92. Las Facultades que tienen vinculación jurídica con las autoridades civiles podrán, si es necesario, disponer de un período más largo de tiempo para revisar los estatutos, con la aprobación de la Congregación para la Educación Católica.

Comentario Domingo IV de Pascua

Oración preparatoria

Señor y hermano nuestro Jesús, Tú eres el Buen Pastor que cuidas con mimo de tus ovejas:
– llámanos por nuestro propio nombre,
– guíanos en los andares de nuestra vida,
– cuídanos en todos los avatares de nuestro caminar,
– y repara nuestras fuerzas en la mesa de tu Palabra y de tu Pan.
Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos. AMEN.

 

Jn 10, 27-30

«27Mis ovejas escuchan mi voz; y yo las conozco y ellas mesiguen. 28Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.

29Mi Padre, el que me las ha dado, es mayor que todos y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre.

30Yo y el Padre somos uno».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Desde el capítulo 5 se suceden en el evangelio una serie designos de revelación de Jesús, la oposición que encuentra y los discursos sucesivos. Así, el cap. 5 nos presenta la curación de un enfermo en la piscina de Betesda y el discurso sobre la Obra del Hijo; el cap. 6 relata la multiplicación de los panes y el discurso del Pan de vida; el cap. 9 narra la curación de un ciego de nacimiento, a la que sigue, en el cap. 10, el discurso del Buen Pastor (10,1-18), que vuelve a encontrar, como ya ocurría antes, una abierta oposición (10,19-21). En ese momento cambia el escenario (10,22-23) y Jesús se encuentra con los judíos (término que no hace referencia a los habitantes de Judea, sino que se refiere a un personaje colectivo del evangelio, que se caracteriza por su oposición a Jesús) y vuelve a retomar en su discurso el argumento del Buen Pastor (10,25-30), al que pertenece nuestro evangelio. Después se narra la furibunda reacción delos judíos (10,31-33) y la respuesta soberana de Jesús que acaba escabulléndose (10,34-42). Tras esto, la resucitación de Lázaro (cap. 11) será el motivo definitivo para la decisión final de matar a Jesús.

 

TEXTO

Es invierno, Jesús está en Jerusalén y se pasea por el pórtico de Salomón. Se celebra la fiesta de la Dedicación del Templo.Los judíos aprovechan para interrogarle para que Jesús les diga quién es. Pero Jesús está harto de sus preguntas y de su endurecido corazón cerrado a la Verdad. “No sois ovejas mías” les dice abiertamente en las últimas palabras quepreceden al evangelio de hoy. Y continúa, en nuestro texto, hablando de sus ovejas. El texto forma una pequeña unidad con tres partes. La primera está centrada en el Yo (dos veces, vv. 27-28); la segunda, centrada en el Padre (dos veces, v. 29); la tercera, en la unión de ambos (v. 30). Pese a su brevedad, el texto es de una densidad teológica impresionante.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Destaca la centralidad de Jesús: nótese la cantidad de pronombres personales y adjetivos posesivos referidos a Jesús. ¿Podría hablar así si se refiriera a nosotros? ¿Nuestra vida, nuestro tiempo, nuestras opciones, nuestras palabraspertenecen así de claramente a Jesús?

• Lo que deben hacer las ‘ovejas’: escuchar la voz de Jesús y seguirle: ¿son éstas las características dominantes en nuestra vida de fe? ¿A quién escuchamos? ¿A quién seguimos?

• Lo que reciben las ‘ovejas’: la vida eterna, no perecer, noser arrebatadas de la mano de Jesús ni del Padre: ¿Simplespalabras ‘raras’ o experiencia pascual gozosa? ¿Cuál esnuestra experiencia de Jesús y del Padre? ¿Qué hemos recibido?

• La centralidad de Jesús no es obstáculo para que su referencia vital sea el Padre: Jesús es siempre un puente entre los seres humanos y Dios, entre las criaturas y el Creador. Bien centrados en Cristo podremos ejercer nuestrosacerdocio como puente comunicante entre Dios y las personas.

• Yo y el Padre somos uno, hermoso final de nuestro evangelio, radical examen para nuestra fe. Quizá nos cueste aceptar que realmente Jesús es el Hijo de Dios y que, por ello, es uno con el Padre. Si nos convencemos plenamente dejaremos que el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús y que habita en nosotros, actúe en nuestras vidas y nos resucite a una existencia más plena. Sin duda, tenemos aún mucho que recibir del misterio de Dios, nosotros debemoscreer y confiar. Y adherirnos plenamente a la persona de Jesús y a su proyecto de salvación.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo IV de Pascua

IV Domingo de Pascua
12 de mayo 2019

Hechos 13, 14. 43-52; Salmo 99; Apocalipsis. 7, 9. 14b-17; Juan 10, 27-30

Mis ovejas escuchan mi voz.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno».

Reflexión

Jesús se identifica como nuestro Pastor y nosotros somos sus ovejas. ¿Qué hace el Pastor? (Cuida sus ovejas de peligro como lobos; las lleva a pastar en hierba fresca y a tomar agua en el rio; las devuelve a su establo si hay tormenta y a dormir por la tarde, sale a buscarlas cuando se pierden…) ¿Cómo son las ovejas? (Son obedientes, mansas, siguen al pastor.) Jesús dice que sus ovejas escuchan su voz. ¿Cómo escuchamos a Jesús? (Cuando hacemos silencio y le hablamos en nuestro corazón; escuchando las escrituras y el sacerdote en la Iglesia.) ¿Qué hace Jesús por nosotros? (Nos ama, nos cuida, nos guía, nos alimenta, nos busca…) Jesús dice que nos da un regalo muy valioso. ¿Cuál es? (La vida eterna) ¿Cómo se imaginan la vida eterna con Jesús? Jesús dice que nosotros somos un regalo para Él de Dios. ¿Se sienten como un regalo especial? Dice que Dios es superior a todos y que Él y Dios son uno. ¿Qué significa esto? (Jesús es Dios y es todopoderoso.)

Actividad

Cortar a Jesús y las ovejas y pegarlas en cartulina de color. Colorear a Jesús, cortar caritas y pegarlas a las caras de las ovejas. Pegar algodón a las ovejas. Cantar canción. Poner a niños en un extremo de la clase. Ir de uno en uno haciendo preguntas de que diría Jesús (cortar cartas en otra página y mezclarlas) y caminar pasos adelante o detrás, dependiendo de que dicen. El primero en llegar al otro lado de la clase, gana.

Oración

Jesús, ayúdame a escucharte todos los días y a seguir tu
voz. Gracias por cuidarme y guiarme y amarme siempre.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo IV de Pascua

¿Tienes un yo-yo? ¿Sabes hacer trucos con el yo-yo? Compré un yo-yo esta mañana para poderles enseñar algunos trucos simples.

Lo primero que casi todos aprendan es hacer el movimiento básico de «tirarlo hacia abajo¨. Estoy seguro de que todos ustedes pueden hacer eso. Simplemente pones tu mano frente a ti con la palma de la mano hacia arriba. Moviendo la muñeca, tiras el yo-yo directamente hacia abajo. Cuando el yo-yo llega al final de la cuerda, haces un pequeño movimiento de la muñeca hacia arriba y el yo-yo regresa a la palma de tu mano.

Otro truco es el «pasarlo hacia el frente». Es muy similar al de «tirarlo hacia abajo» excepto que en lugar de tirarlo hacia abajo, lo tiras frente a ti. Cuando el yo-yo llega al final de la cuerda le das un haloncito con la muñeca y lo coges en la palma de tu mano.

Ya que has aprendido el «tirarlo hacia abajo» y el «pasarlo hacia el frente», estás listo para uno de los mejores trucos del yo-yo. Se llama el «dormilón». Comienza igual que el de «tirarlo hacia abajo». Es decir, tiras el yo-yo moviendo tu muñeca y directamente hacia abajo, pero cuando llega al final de la cuerda, no lo halas inmediatamente. Lo dejas quedarse abajo . Verás que el yo-yo se queda dando vueltas. Cuando estés listo, lo halas y vendrá nuevamente a la palma de tu mano.

El último truco que deseo enseñarles se llama «alrededor del mundo». Comienza igual que el «pasarlo hacia el frente», pero cuando el yo-yo llega al final de la cuerda, no lo halas sino que lo giras por encima de tu hombro formando un círculo y cuando regresa al sitio original, entonces halas la cuerda y traes el yo-yo a casa. Este es un poco más difícil y a veces no me sale. ¿Listos? ¡Aquí vamos! ¡Diache! La verdad es que no me salió, ¿no es así? Bueno, no hay problema. Sencillamente volveré a encabullar el yo-yo y estaré listo para hacerlo nuevamente.

¿Notaste que cada uno de estos trucos comenzaron y terminaron de la misma manera? Cada truco comenzó y terminó con el yo-yo aquí…en la palma de mi mano. Creo que eso nos puede ayudar a aprender algo aceca de Jesús.

Un día, algunas personas le preguntaron a Jesús que si realmente él era el Cristo. Jesús les contestò diciendo: «Ya lo he dicho , pero no me creen porque no son mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Les doy vida eterna y nunca perecerán; nadie las puede arrebatar de mi mano».

Cuando le das tu corazón a Jesús y pones tu vida en sus manos, tienes su promesa de que estás seguro y que nada te arrebatará de su mano. Oh, puedes tener tu «altas y bajas». Puedes hasta alejarte o desviarte de tu camino, pero con un sólo movimiento podrás ser halado hacia la palma de su mano. Aún si verdaderamente cometes errores grandes, como hice en «alrededor del mundo», él te recoge y te coloca donde tienes que estar: en la palma de su mano. ¡Qué tremenda promesa! Jesús te tiene en la palma de su mano y nada te puede sacar de ella!

Padre, estamos agradecidos que Jesús nos mantiene seguros en la palma de su mano y que nada nos puede arrebatar de ella. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Comentario del evangelio – 8 de mayo

En este tiempo de Pascua hacemos una lectura continua del libro de los Hechos de los Apóstoles. El texto que leemos hoy nos presenta la violenta persecución que se desató después del martirio de Esteban. La comunidad de Jerusalén se tiene que dispersar por Judea y Samaría. Es una dispersión que lleva a todas partes el Evangelio, aun en medio de la persecución los primeros cristianos eran capaces de reproducir el modo de ser y de actuar de Jesús. Esos signos que veían de los primeros discípulos y misioneros es lo que llenaba de alegría los lugares donde iban.

Este texto de los Hechos también nos recuerda la dimensión difícil de la fe, la Resurrección de Jesús no nos exime de la incomprensión o las persecuciones.  La Iglesia de hoy, como la de entonces, se enfrenta con circunstancias donde vivir el mensaje de Jesús es a precio de la propia vida. Pensemos en los cristianos que son perseguidos en países donde son minoría religiosa, o tantos sacerdotes, religiosos y laicos que han sido asesinados por defender el derecho y la dignidad de los pobres. Resulta incómodo para este mundo las personas que se toman en serio la vivencia del Evangelio.

La luz de la Pascua debe abrirse paso en medio del dolor, la muerte o la tribulación. Somos llamados a ser portadores de esa luz aún en medio de la noche más oscura. ¿Podría decir como aparece en el libro de los Hechos que aun en medio de las dificultades soy capaz de llevar alegría? ¿La vivencia de mi fe me lleva a reproducir el modo de ser y actuar de Jesús? El testimonio de la primera comunidad cristiana nos sigue invitando a llevar paz donde hay violencia, perdón donde hay rencor, amor donde hay odio. 

Esta es la vida nueva que nos comunica Jesús Resucitado, el pan que sacia nuestra hambre y sed más profunda. A la luz de este texto y de todo el discurso del «Pan de vida» podemos resignificar nuestra experiencia eucarística, la cual no se limita solo al ámbito litúrgico y sacramental. Cuando decimos que comulgamos el cuerpo-pan de Cristo: ¿qué comulgamos? Como dice el Papa Francisco: «El deseo de dejar en el centro de su corazón a Jesús», «comulgar significa pensar como él, amar como él, ver como él, caminar como él». Por el proceso de deglución lo que uno come se transforma en parte de uno, si aplicamos esta metáfora del comer a nuestra vivencia espiritual, al comer el Pan de vida nos transformamos en eso que comemos, por eso afirma Jesús: «el que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás… y yo lo resucitaré en el último día».

Edgardo Guzmán, cmf.